"Sweet Little Things"
Por Vejibra Momiji (Lady Padme Naberrie)

"En tu mirada puedo encontrar la inocencia,
El tiempo pasa tan rápido, pero tus sueños,
Aún permanecen... la inocencia"

12. Inocencia:

El llanto infantil llegó a sus oídos, despertándolos a altas horas de la madrugada con su incesante llamado, un poco cansado por las pocas horas de sueño, Zuko se levanto con cuidado depositando un beso sobre el hombro desnudo de Katara, que había dejado el camisón al deslizarse un poco por su piel, para encaminarse hacía la cuna cercana al lecho matrimonial. Su cuerpo tambaleaba un poco, mientras trataba de enfocar sus ojos dorados en la oscuridad de la habitación, realmente su mente se encontraba más dormida que despierta mientras caminaba hacia la cuna...

Himeko tenía dos meses de edad, con ello había alcanzado el peso y la salud normal de un bebé nacido a los nueve meses por lo que los cuidados especiales, habían terminado, dejando a cargo a los jóvenes padres de su pequeña hija.

Durante aquella semana, no habían dormido, excepto unas cuantas horas; Katara fácilmente podía conciliar el sueño, talvez era el cansancio o el estrés hormonal que su cuerpo estaba pasando que provocaba ciertos cambios de humor en la muchacha, además de que sus senos habían aumentado impresionantemente de tamaño en menos de dos semanas, lo cuál no le desagrada para nada...

Sonrió para él, entre alimentar, cuidar, bañar, cambiar de pañales a Himeko, su nueva experiencia como padres, definitivamente no era algo para lo que estaban preparados. Era una situación completamente inesperada... sin embargo era maravillosa.

Aún con el sueño sobre sus hombros, observo a la pequeña bebé mientras está lloraba desconsoladamente, con una sonrisa en sus labios y un brillo amorosos en sus ojos dorados, tomo a la pequeña entre sus brazos.

-"¿Qué sucede Himeko...?"- murmuró suavemente mientras trataba de calmar a la pequeña, los pequeños ojos dorados se encontraban rojizos por la cantidad de lágrimas derramadas, Zuko la acomodo contra su pecho, meciéndola con cuidado mientras acaricia su espalda. Tal acto al parecer relajaba la infante que inmediatamente calló su llanto, sin embargo aún permanecía algo inquieta. Con cuidado coloco su mano en el pañal que llevaba bajo su pequeña ropita, sintiéndolo mojado.

-"¿Se... encuentra bien...?"- murmuró Katara desde la cama, mirando a su joven esposo con la niña entre sus brazos.

-"Necesita un cambio de pañal..."- bostezó levemente –"¿Dónde encuentro uno?"-

-"En la bolsa rojiza... y puedes cambiarla aquí en la cama"- poco a poco Katara comenzaba a abrir sus ojos también, inclinándose para sentarse en la cama mientras estiraba su espalda, un leve quejido vino de sus labios.

-"¿Te encuentras bien?"- preguntó mientras regresaba a la cama con la niña en brazos, y el bolso en una mano.

-"Si... es solo que algunos días, duelen..."- murmuro mientras observaba sus pechos –"No creo que esto sea normal... conocí a muchas mujeres en la tribu de agua que tuvieron un bebé y jamás las vi... con unos tan grandes como los míos"- estiro su camisón para ver directamente sus morenos senos, los cuales un mes atrás no se encontraban tan grandes como en ese momento. –"¡Son... enormes!"- no podía evitar pensar que parecía como si los hubieran inflado con una gran cantidad de agua.

-"Bueno... debes tomar en cuenta que la mayoría de las mujeres de tu pueblo siempre usaba grandes abrigos sobre sus cuerpos, lo que debía dificultar observar bien si los tenían tan grandes o no... "- acomodó a la bebé en la cama mientras retiraba el pequeño pantaloncillo de tela para cambiar el pañal húmedo.

-"No te desagradan para nada, ¿no es así?"- preguntó mientras entrecruzaba sus brazos y enarcaba una ceja –"Es más creo que los miras, de frente y te agradan mucho más que antes..."-

-"Katara... la bebé..."- sus mejillas se tornaron rojizas –"¿Y qué pasa si me gustan más ahora...?"- sus ojos dorados la miraron, mientras le indicaba que le diera un pañal de tela limpio para cambiar a Himeko –"Siempre me gustaron... como estaban antes... y no puedo negarte que no me desagraden ahora... me gustan mucho, me gustan demasiado... cuando los miro y deseo tocarlos..."- Katara se sonrojó intensamente ante las palabras de su esposo –"Pero no son solo tus senos... sino tus caderas, tu cuerpo entero... se ve... más completo... hermoso..."- bajo su mirada a su pequeña bebé, mientras terminaba de colocarle el pañal limpio –"Pero por ahora creo que ellos son la fuente de alimento de Himeko, así que debo respetarlos"- mostró una sonrisa tímida, algo avergonzada... tomo a la pequeña entre sus brazos –"creo que debes alimentarla"-

-"Si..."- con el leve sonrojo entre sus mejillas, Katara deslizo con suavidad el camisón para dejar al descubierto uno seno moreno, con cuidado y emoción la bebé tomo el pezón moreno y comenzó a succionar de el, extrayendo el líquido materno, mientras los ojos dorados de su padre observaban.

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Sokka observaba el mapa entre sus manos recelosas, perdido en sus pensamientos mientras trataba de ubicar un nuevo lugar donde toda su familia estuviera segura, miro a su joven esposa, la misma mantenía sus ojos cerrados, estaba recuperándose completamente, sin embargo la fuerza de la fiebre que la había azotado, dejo secuelas en su cuerpo.

Su mano estaba débil y ya no podía escribir como antes, sus ojos se encontraban cansados y ya no podía seguir alimentando a su hijo, lo cuál provoco que el pequeño Heisuke, terminara siendo alimentado por él, por las provisiones de alimento que podía darle.

Miro a su durmiente hijo, sonrió levemente ante las grandes posibilidades a las cuales se enfrentaban, sonrió. Este era su futuro... no podía cambiarlo por más que lo deseara, observó la luna por su venta, miro al cielo y suplico que su amada Yue protegiera a su familia un poco más... lo suficiente para poder sobrevivir.

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Suki bajo la última piedra que sostenía entre sus manos, sus ojos claros observaron a su alrededor la pila de tumbas una junto a otra hechas de tierra, mientras sus soldados comenzaban a limpiarse las manos. No tenía la menor idea, al menos no hasta ese momento, que enterrar una serie de cuerpos tomará... tanta energía, no solo psicológica sino también física.

Miró a su lado a los soldados terminando de construir las pequeños tumbas de tierra y arena de los destrozados pedazos que quedaron de los cuerpos humanos; en su mente Suki trataba de negarse así misma que está fue la obra perfecta de una persona que conocía, hace tanto tiempo, después de todo ahora sabía que tenía que encontrarla antes de que fuera demasiado tarde, la mente de aquella muchacha se había convertido en un tumultuoso centro de terror y dolor que debía ser tranquilizado.

Suki enterró sus uñas en la tierra cubierta de sangre seca, mientras luchaba por no llorar; tantos seres que había apreciado, querido y valorado en su iba... todos estaban muertos, tal vez no solo físicamente sino en sus mentes y esa realidad la golpeaba como mil dagas filosas. Un pensamiento cruel la cruzó ¿entonces, cuando la guerra llegaría para terminar con los últimos vestigios de humanidad que le quedaban?, esa era una pregunta que Suki, no quería, responder porque estaba cansada de perder a sus seres queridos, día tras día, momento a momento. La guerra continúa los estaba destruyendo.

-"Sokka, desearía que estuvieras aquí..."- susurró la muchacha con tristeza, habían pasado varios años desde la mención del nombre del chico que alguna vez fue su novio.

-"¡Capitán!"- escuchó un grito que la llamaba, limpiando sus manos de la tierra en ellas, se levantó corriendo hacia sus hombres.

-"¿Sucede algo?"- preguntó lentamente con una mirada seria.

-"Tenemos una pista, miré"- el muchacho le indicó un collar destruido y envuelto en tierra ensangrentada, Sukki abrió los ojos.

-"¡Es su collar!"- sus ojos se iluminaron de emoción –"¿Creen que podremos encontrarla con esto?"-

-"No se preocupe capitán, sé de una persona que podrá encontrarla en menos de lo que esperamos"- la sonrisa amable del muchacho soldado, relajó los músculos de Suki, quién levemente le mostro una sonrisa por igual.

-"Entonces vamos por ella... antes de que sea demasiado tarde"- Suki se movió hacia el horizonte, dando una señal a sus soldados, pronto, dejaron el lugar, enterrado en sombras, cenizas y venganza.

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El soldado de ojos castaños claros, observaba atentamente la figura inconsciente de la soberana de la nación del fuego; tenía un deseo incontrolable por tocar aquel rostro pasivo dormido. Azula, era una persona muy diferente cuando permanecía dormida. Kanaye, no podía sacar las palabras de las ancianas que acompañaban a Azula; esencialmente no podía imaginar en ninguna circunstancia como, él, un "simple" soldado podría... con ella, engendrar un hijo. Sus mejillas se tiñeron de un suave rosa pálido ante sus pensamientos. Conocía de los oscuros placeres de la reina de la nación del fuego y soldado tras soldado que siempre salía de su habitación. Kanaye era fiel a Azula hasta la profundidad de sus propios huesos, esculpidos en la tierra de fuego, por eso, jamás, se imaginó en el lugar de aquellos soldados, en la cama y los aposentos de Azula... siendo su amante.

Además conocía los temores naturales de Azula hacía un hijo, su obsesión constante por el poder la llevaban a evitar a toda costa un hijo en su vientre. El ocultaba los secretos que la reina usaba para evitar un embarazo, él sabía, muy bien, cada uno de los secretos de Azula, y aún ahora, mientras la miraba dormir plácidamente con las heridas aún sangrantes y la fiebre presente, no podía dejar de pensar en lo que las ancianas mujeres le habían dicho.

Dio un largo respiro frustrante, mientras pensaba pasaba sus manos por su cabello desordenado, estaba perdiendo la compostura por la mera mención de las aquellas viejas mujeres. Un leve movimiento de la durmiente Azula, lo sacó de sus pensamientos, volviendo a mirarla, notó que sus labios se encontraban entreabiertos, demasiado... atrayentes para su gusto. Unos segundos, dejó que la tentación llenará su interior, y levantó su mano para acercar uno de sus dedos a los suaves labios rojizos, tan tentadores, deseables y lujuriosos que el joven soldado imaginó en su mente pensamientos poco apropiados para con Azula. Sin embargo, no logró tocar su delicada piel femenina, porque la soberana abrió los ojos dorados brillantes y tomó su muñeca bruscamente para detenerlo; aún sudando por la fiebre, los ojos de Azula destellaron con peligroso y agresividad.

-"¿Qué pensabas hacer, Ka-na-ye?"- siseó el nombre del muchacho con un tinte venenoso como una serpiente apunto de atacar a su víctima, mientras estrechaba la mirada.

-"No pensaba hacer nada, su majestad, tenía un insecto sobre su rostro"- Kanaye pensó inquieto que Azula, no era tan estúpida para creerse semejante mentira o excusa tonta, sin embargo la joven reina soltó su muñeca lentamente mientras sus labios se curvaban en una sonrisa cruel.

-"¿Me deseas Kanaye?"- susurró con un tono deliciosamente lujurioso.

-"No, su majestad"- trató de excusar nuevamente sus palabras bajo una máscara llena de seriedad, pero sabía que Azula, miraba sus ojos y en ellos encontraba como su alma y su cuerpo quemaba deseosos del toque de la reina. Azula soltó una carcajada cruel que hirió al muchacho, aunque supo aparentar una quieta sobriedad.

-"No eres bueno para mentir..."- la risa se detuvo mientras sus ojos dorados miraban al joven soldado –"Tal vez... algún día, Kanaye... tu y yo..."- Azula volvió a cerrar los ojos, quedando sumida en la inconsciencia de su mente.

-"¿Ha dicho algo?"- escuchó una voz anciana a su espalda, Kanaye aún conmocionado por la semi propuesta de la reina, miró a la anciana mujer que se encontraba a la entrada de la carpa real.

-"No mucho"- susurró levemente tratando de mantener su rostro serio.

-"Lo ha mencionado, no es así"- la mujer curvo sus viejos y resecos labios en una sonrisa –"Te ha propuesto ser su amante"-

-"Su majestad, no se encuentra en las mejores condiciones en este momento, sus pensamientos son confusos y sin sentido acto de la fiebre"-

-"Azula, siempre fue una niña confusa, obsesionada con el poder y la admiración de Ozai"- otra voz anciana se hizo presente.

-"Pero cuando Ozai murió a manos del Avatar y Azula, asesinó al Avatar, tomó el lugar que desde el vientre le correspondía"- la otra mujer habló como si estuvieran sincronizadas.

-"Su poder es lo que necesita, pero necesita también un heredero"-

-"Tuvimos un sueño, un sueño poderoso"-

-"Aún está con vida el otro hijo de Ozai, el enemigo de nacimiento de Azula"-

-"¿Se refieren al príncipe Zuko?"- Kanaye se quedo pensativo y mediante –"He sabido que se le despejó de su título y no se sabe de su paradero..."- en parte era mentira y en parte verdad, Azula había pasado cazando la sombra de su hermano meses atrás, además de intentar encontrar a la supuesta encarnación del nuevo avatar en el mundo tras a la destrucción de la nación del agua en el norte. Pero Azula siempre parecía estar cazando a su pasado... los ojos de Kanaye se dirigieron a la joven reina. –"Es complicado y dificultoso que Azula, piense en cazar a su hermano desaparecido"-

-"Príncipe Zuko siempre será una amenaza al linaje de Azula"-

-"El muchacho lleva la sangre de Ursa, una sangre mestiza, una sangre que no es nuestra"-

-"Tenemos la sospecha, que él hará lo mismo"-

-"¿A que se refieren con "hará lo mismo"?"-

-"En sus venas corre la sangre de una mujer cuya sangre no era pura..."-

-"Era la madre de Azu…"- Kanaye no pudo terminar sus palabras porque una de las anciana lo interrumpió levantando su mano y cerrando su boca con una orden silenciosa.

-"¡Silencio, mortal!"- los ojos dorados de la anciana brillaban con crueldad –"La sangre de Azula es pura, como ninguna, nació con la sangre de Ozai y su el alma de Agni en ella, jamás será como su hermano, ni la madre que la concibió. Azula es una hija del fuego..."-

-"Pero no su hermano, el muchacho lleva una sangre maldita, su sangre llamará a una sangre igual y yacerán juntos en el lecho"-

Kanaye trataba de completar las palabras que las ancianas parecían decirle con cierta ironía; si las mujeres tenían razón entonces el antiguo príncipe de la nación del fuego podía ¿tener una amante, era un pensamiento demasiado increíble para el joven solado, pero después de todo el ex príncipe era un hombre y todos los hombres tenían necesidades.

-"Si yacen en un lecho, la sangre de nuestra sangre se mezclará y nacerá una criatura enemiga del poder de Azula, si Azula no tiene su propio heredero..."-

-"Su hermano podrá proclamar el derecho al trono por tener un hijo"-

-"Pero... ¿si esta muerto?"-

-"No lo está, nunca lo ha estado, todos estos meses desde el ataque a la nación del fuego hemos tenido visiones"-

-"Nos muestran el futuro, en nuestras manos pero si la guiamos por el camino correcto"- los ojos de las ancianas brillaron con un secreto bajo ellos; mientras parecían consumir con sus viejos y cansados ojos el cuerpo de Kanaye y de Azula.

-"Tu eres fuerte, muchacho, eres fiel a Azula"-

-"No eres como todos esos soldados de sangre vana que Azula lleva a su lecho, con quienes ensucia su cuerpo en las noches, no... tu podrás darnos un buen heredero"-

-"¡No!"- Kanaye se levantó de su posición junto a Azula, pasando sus manos por su capa antes de mirar a las dos mujeres ancianas con mucha seriedad –"No tengo el menor interés en ser una marioneta de dos mujeres seniles"- dicho esto se levantó y retiró hacia la entrada de la carpa –"No, haré, nada que Azula no desee"- amabas ancianas sonrieron con triunfo, entonces al instante de que Kanaye abrió las cortinas de la carpa se encontró cara a cara con el rostro avergonzado de un joven soldado, casi un niño, Kanaye enarcó una ceja, sin embargo mantuvo la mirada seria. –"¿Se te ofrece algo?"- preguntó pacientemente pero con un tono peligroso.

-"¡Ah!"- el muchacho levantó la cabeza y prontó se incorporó mostrando una señal de respeto a su superior –"...Tenemos noticias, de un rumor..."- el tonó del muchacho era nervioso.

-"¿Qué clase de rumores?"- Kanaye enarcó una ceja.

-"Sobre un poblado oculto entre las montañas..."-

-"Existen miles de poblados entre las montañas"- Kanaye estaba comenzando a perder la paciencia.

-"No, mi señor, no lo entiende"- el muchacho se aclaró la garganta –"Dicen que la soberana de esa tierra... que ahí..."- el joven tragó saliva.

-"¡Habla de una vez!"- gritó Kanaye perdiendo por completo la paciencia.

-"Dicen que su majestad, el ex príncipe de la nación del fuego está ahí"- ante la mención de su del título de Zuko, los ojos de Azula se abrieron de golpe, mientras una carcajada cruel resonaba en la carpa.

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Mai estaba comenzando a perder la paciencia, sus ojos miraba de un lado a otro la gran cantidad de papeles que tenía que firmar, además de dirigir; nunca había imaginado que ser "soberana" impuesta por unos meses hasta que Azula llegará, sería tan... tedioso. Soldando el pincel de pluma de sus dedos, dio un largo suspiro mientras una joven doncella sirviente se acercaba bajando la cabeza a ella.

-"¿Sucede algo?"- preguntó seria al ver la cabeza gacha de la muchacha.

-"Mi señora, se trata de vuestro esclavo... tenemos problemas con él"-

Mai estrechó los ojos mientras apretaba sus puños en frustración –"¿Qué clase de problemas, supongo que la celda donde se encuentra no tiene nada que la rodee de tierra, no es así?"- Mai se levantó de su asiento y caminó a la sirvienta mientras ella le daba una respuesta corta moviendo su cabeza negativamente.

–"No, mi señora, no tiene nada que ver con eso... es solo que hemos tratado de darle de comer, otra vez, pero el hombre no quiere… señora, tenemos miedo de que muera muy pronto y seamos castigados por su muerte"-

-"¿Así que no ha vuelto a comer?"- Mai frunció el ceño mientras pasaba una mano por su cabello negro, lacio y largo. Mientras sus bellos ojos dorados se mantenían sin emoción alguna al igual que su rostro -"¡Llévame con él!"- susurró dando una señal a su sirvienta a lo que la muchacha la guió levantando su cabeza y dirigiendo el camino.

No tardo mucho tiempo en llegar a donde deseaba, aún así mientras caminaba por los pasillos del palacio podía escuchar los rumores y los chismorreos de la servidumbre del lugar; después de todo no era normal que una mujer noble de la casa de la nación fuego, viuda de uno de los capitanes militares más importantes de Azula, fuera y tuviera un esclavo de la nación de la tierra, enemigos naturales en la guerra contra su pueblo.

Pero a Mai, no le importaban esas cosas, tenía que admitir que Haru había llamado su atención desde el primer momento que lo había conocido; un extraño giro de eventos, lo habían llevado a su lado y tal vez era su prisionero, pero él joven hombre se torturaba a si mismo en lugar que ella lo hiciera. Cuando entraron a la celda, Mai observó que se encontraba maniatado con cadenas levanto sus manos sobre su cabeza mientras el cabello largo le cubría el rostro. Su torso masculino estaba desnudo a la vista de ambas mujeres y solo tapaba su parte más íntima un pequeño taparrabos de color blanco.

Mai estrechó las cejas, la última vez que había visto a Haru, estaba comiendo y definitivamente llevaba algo más de ropa de lo que estaba puesto en ese momento, vio a su lado como la joven sirvienta bajaba su cabeza llena de un rubor natural. Mientras Mai continuaba mirando al joven hombre, entonces levantando su mano y con la mirada seria en la muchachilla le habló.

-"¡Retírate!"- la voz de Mai era firme y seria.

-"Pero mi señora, no sería correcto..."-

-"¡Retírate y espera afuera!"- Mai casi gritó, pero mantuvo su voz firme sin ninguna clase de emoción en ella. La muchacha solo hizo una reverencia y salió de la celda, cerrando la puerta de metal tras de ella con un sonoro chirrido del metal.

Cuando estuvieron solos, Mai volteó la mirada una vez más al casi desnudo muchacho, dando pasos lentos se acercó a él; los ojos de Haru estaban cubiertos por el largo cabello castaño que lo cubrían aún así ella podía sentir su respiración cálida contra su rostro; con lentitud retiró los mechones de cabello que cubrían su cara.

-"... ¿Qué fue lo que sucedió?"- preguntó con calma mientras miraba los morenotes en el rostro del joven hombre, si ahora sabía –"¿Los soldados te atacaron, no es verdad?"-

-"Somos enemigos, era lo que debían hacer..."- movió sus manos con fuerza en los grilletes –"¡Si no tuviera estas cosas en mis manos, te aseguro que se arrepentirían de lo que me hicieron!"- la voz de Haru era llena de ira y discordia. Mai estrechó los ojos.

-"¿También te quitaron la ropa?"- Haru volteó su rostro en otra dirección, mientras sus mejillas se teñían de un rosa pálido.

-"Supondré que eso es un si"- Mai comenzó a pasear de un lado a otro mientras colocaba su mano bajo su mentón a modo de estado pensativo –"Me dijeron que no has estado comiendo, ¿es verdad?"- Haru solo gruñó en respuesta –"Supongo que eso es otro si"-

-"Ninguna persona tiene hambre cuando es humillada por sus peores enemigos"-

-"¿Y yo, soy también tu enemigo?"-

-"Eres de la nación del fuego, soy tu prisionero... ¿acaso debería verte de otra forma?"-

-"Pensé que después de nuestra conversación anterior, las cosas serían diferentes..."- Mai comenzó a dar pasos hacia la puerta de la celda, sin embargo Haru la detuvo con un gruñido suave, complacida la joven mujer dio la vuelta –"¿Me quieres decir algo?"-

-"Dijiste que serían tres días sin alimentos, ahora no deseo comer por ser torturado, pero... quiero mis ropajes"- Haru miró en otra dirección –"Haré lo que me pidas"-

-"¿Acaso... es un acto de rendición?"-

-"No me estoy rindiendo ante una mujer de la nación del fuego"- sus ojos verdes brillaron con una furia bastante atractiva, al menos para Mai. Manteniendo su rostro sin expresión alguna, sea acercó al muchacho.

-"¿Entonces...?"-

-"Seré tu sirviente, haré lo que me pidas, pero no me humillaré ante tus pies"- la respuesta de Haru era contradictoria, sin embargo Mai, sonrió complacida, después de todo si necesitaba la ayuda de un ex militar; aunque claro, debía tener cuidado de no informarle nada de lo que no debía saber.

-"Entonces... somos ¿aliados?"- Mai extendió su mano para colocarla sobre el pecho del muchacho a lo que este se sonrojo ligeramente.

-"Aliados"-

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Katara se encontraba en una esquina de la casa antigua; mientras sus ojos azules observaban con atención a su joven esposo con su pequeña hija. La nieve se había disipado días antes por el inicio de la primavera, así que los médicos de la casa de Guan-Yin habían dicho que estaba bien si sacaban a la pequeña bebé de la habitación.

Zuko no esperó una segunda opinión, tomó a Himeko, arropada en un trajecito color verde hecho de lana cálida y la saco a los jardines exteriores de la casa de Guan-Yin, Katara se habían mantenido a la distancia, mientras el joven padre se quedaba con Himeko. Observándolos, mientras Zuko hacía pequeñas voces para la niña y parecía contarle el mundo, sacando risas inocentes de su pequeña hija. Katara no dejaba de pensar que Zuko era un buen padre, y un buen esposo. Movió su cabeza liberando aquellos pensamientos, pese a que dormían en una misma cama, la relación de ambos aún era turbulenta; en el fondo Katara no podía perdonar lo sucedido con Guan-Yin.

-"¿Es un buen padre, no piensas?"- una voz suave y delicada susurró a su espalda, por unos segundos Katara se tensó, cuando al joven vidente paso a su lado, intentó relajar sus músculos.

-"Si, es un buen padre"-

-"Aún así no puedes perdonarlo con sinceridad"-

-"¿Cómo sabes algo así?"- la voz de Katara era tensa, seria, no le gustaba que otras personas le dijeran lo que ella ya sabía –"Claro, ya lo he perdonado"-

-"Entonces me estas mintiendo"-

-"Eso es un asunto que no pienso discutir contigo"- Katara estaba a punto de retirarse cuando Guan-Yin la detuvo de la muñeca.

-"Katara, Zuko es un hombre complicado, no puedes negarle el derecho de su esposa, porque la única mujer a la que ama eres tú"-

-"¿Entonces porque te besó?"-

-"Fue... un ligero desliz de sus intenciones"- la joven vidente cerró sus ojos –"Zuko, no tiene sentimientos profundos hacia mi ser"- dicho esto dio un largo suspiro. Katara enarcó una ceja mientras se cruzaba de brazos.

-"¿Te decepciona ese hecho?"- preguntó un poco celosa, sin embargo Guan-Yin soltó una corta carcajada.

-"No, claro que no, es un estado de alivio, después de todo siempre me preocupaba por esos sentimientos confundidos de su majestad"- descansó una mano en su pecho

-"¿Su majestad?"- Katara miró a la vidente sumamente confundida –"Zuko era el príncipe de la nación del fuego, pero cuando salimos con vida... aquel día, perdió todo poder sobre ese título"-

-"Un hijo de una casa real Katara, siempre será un hijo de la casa real"- Guan-Yin observó atentamente a padre e hija en sus jardines –"Además, ahora tiene un heredero, no importa si el heredero sea una niña, ni que su sangre sea..."- no encontraba palabras para completar su oración, pues no quería herir los sentimientos de la joven madre a su lado.

-"¿Una mestiza?"- los ojos de Katara se entristecieron unos segundos –"Aún si Himeko es una mestiza, es mi hija y la amo con toda el alma... además, no creo que la nación del fuego aceptarían a una mujer de la tribu de agua..."- apretó sus puños.

-"¿También eres de una casa real, no es así?"-

-"¿Qué?"- Katara se ruborizó un poco -"No, claro que no, en el polo sur no existían casas reales, éramos solo nosotros..."- sus palabras fueron interrumpidas por la joven vidente.

-"Se la historia de tu pueblo, Katara de la tribu de agua, pero sabes... que eres la hija del jefe de la tribu, eso te hace ante los ojos de cualquier nación, hija de casa real"- los ojos de Guan-Yin se estrecharon con confusión –"Aunque puede que varios pueblos, no lo vean así..."-

-"La nación del fuego, por ejemplo es una"- Katara se cruzó de brazo ante un recuerdo pasado –"Cuando nos conocimos Zuko, usualmente me llamaba "campesina" porque ante sus ojos eso era para él..."- dio un largo suspiro –"no me importa mi origen estoy orgullosa de ello y mi hija, es importante, no importa su origen"-

-"Zuko, la bautizó según su familia..."-

-"Si, pero aún tengo mi oportunidad, en los días siguientes que me sienta mucho mejor..."-

-"¿Planeas decírselo?"-

-"¿Decirle qué?"- sus ojos se dirigieron a Zuko –"Él no me tomó en cuenta cuando decidió nombrar a Himeko..."-

-"¿Acaso lo culpas?"- los labios pálidos de Guan-Yin se curvaron en una mueca –"Veo, que aún no lo perdonas"- cerró sus ojos –"en el fondo no te importa lo que haya sucedido con el bautismo de fuego... te importa el beso"-

-"Si, pero es un asunto que no quiero discutir contigo"-

-"Yo no lo amo Katara, no permitas que la falta de perdón que alberga tu corazón para con tu esposo te deje sin amor"- ante las palabras de Guan-Yin, Katara frunció el ceño molesta.

-"No te atrevas a mencionar mi vida..."-

-"Creo que ese asunto lo debes hablar con él... pese a que comparten una cama, creo que les hace falta... un poco de intimidad"- ahora se sonrojó profundamente.

-"¿¡Qué!?"- le quemaban las mejillas –"Una cosa no tiene nada que ver con la otra..."-

-"Oh, si la tienen, sientes que lo necesitas..."- Guan-Yin sonrió suavemente, casi como si ocultará un secreto –"pero no te dejas llevar, pronto se acabará el período de tiempo en los cuáles debías alejarte de tu esposo... sugiero que esta noche..."-

-"¡Eso, no tiene nada que ver con Zu...!"- Katara no tuvo tiempo para tener mi sus palabras porque otra voz suave la interrumpió.

-"¿Hablaban de mi?"- Zuko sostenía a su pequeña hija en los brazos, sorprendido vio como Guan-Yin solo daba una ligera reverencia y se retiraba a la sombras del palacio –"¿Katara?"- sus ojos dorados miraban las mejillas rojas de su esposa –"¿Sucede algo, Katara?"- sus ojos se encontraron.

-"No es nada..."- susurró tomando a la pequeña niña de los brazos de su padre y caminando de regreso a sus habitación. –"No es nada"-

Zuko permaneció en su lugar, mientras contemplaba a las dos mujeres en su vida ir desapareciendo por los pasillos oscuros de la mansión en el bosque, lentamente, sin ser visto soltó un puño contra la pared rojiza a su lado.

La frustración consumía al ex príncipe, porque sabía que pese a que ambos, Katara y él, habían acordado mantenerse juntos, inclusive durmiendo en la misma cama; la relación no iba a ningún lado. Zuko sabía que pese al inicio de la primavera, aún... su propia vida podía quedarse estancada en un frío invierno.

En la distancia, lejos del joven hombre; las flores rosadas de los árboles de cerezo daban al ambiente del jardín un majestuoso y maravilloso paisaje lleno de vida, encanto e inocencia, talvez marcando un inicio hacia una vida diferente.

Para la pequeña Himeko, quién reía entre los brazos de su amorosa madre, la primera era tan solo el inicio de su corta existencia y a su alrededor, estaban todas las personas valiosas que ella necesitaba y que ajenos al mundo que aún se consumía en llamas, permanecían en un paraíso terrenal, que sin que ellos lo supieran, pronto sería consumido en oscuridad.

Continúa...


Notas: ¡Saludos a todos mis lectores!. Primero, quiero disculparme por no actualizar esta historia en un año, Dios, ha pasado tanto tiempo y les debo muchas disculpas, pero en la vida pasan tantas cosas y también los bloqueos de escritores, tenía pensando acabar la historia antes del final de la serie del avatar... pero a veces nada pasa como planeamos xD. En fin, traigo a ustedes un nuevo capítulo, espero que les haya gustado, ¡no olviden dejar un review, siempre animan a continuar!, y agradezco a todos, absolutamente a todos los que me han dejado sus comentarios. Muchas gracias y espero verlos, pronto, prometo no demorar. Nos vemos en el siguiente capítulo.

Atte:
Lady Padme Naberrie.

Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, tanto Zuko como Katara, así como otros personajes de la serie "Avatar" pertenecen a Nickelodeon y sus respectivos autores; los personajes inventados aquí (Himeko, Kanaye, etc), me pertenecerán a mí. La historia no tiene ningún fin de lucro, tan solo es por entretenimiento.