- Tú... ¿es que quieres matarme, Bulma? Si te fijas, todos loas aparatos que haces van todos a matarme. - y puso una cara de entre enfado y sarcasmo.

- ¡Oh, vamos, cariño! - y le hizo un guiño con el ojo. - Bueno, ¿no es eso lo que te hace más fuerte?

(Vegeta con una gotita en la cabeza)

- Los he desprovisto de AI, así que no se te rebotarán. Podrás desconectarlos cuando quieras.

Vegeta debía admitir que su mujer era una genio en la mecánica terrestre (y casi extraterrestre).


Capítulo 15: Un sayan más

El silencio de esa noche era intranquilo e incómodo. Cada vez faltaba menos para que los androides llegaran, eran conscientes del paso del tiempo y de lo que podría llegar a pasar. Aunque Vegeta podía ir creciéndose constantemente diciendo que él los vencería a todos y que se estaba volviendo más fuerte, no tenía todo su orgullo con él y quedaba un resquicio de inseguridad que no quería admitir. El niñato de pelo lila había puesto el nivel de esos androides como invencible y él mismo, Vegeta, había visto que el niño se transformaba en súper guerrero, lo cual quería decir que no era tan flojo como lo criticaba. Por otra parte, Bulma también se preocupaba. Tenía miedo de poder perder todo, básicamente comodidades (¡con lo creída que es ella) pero también los amigos, y de estar sumida en un mundo completamente destructivo y bajo el doctor Guero, lo que significaría, seguramente, que ella tendría que trabajar para sus investigaciones malignas o que, directamente, la mataría por considerarla una amenaza de avance tecnológico.

Luego ambos recordaron el cuerpo del otro. Teniendo los pensamientos tan catastrofistas que estaban teniendo, a Vegeta le entraron ganas de estrechar a Bulma entre sus brazos, hacerla suya de verdad, sentirla. Y a Bulma también le apetecía sentir a alguien en su cuerpo.

Empezaron con caricias y luego se fueron dando besitos por diferentes partes de la cara y el cuello. No tenían pensado hacerlo, pero un roce incitaba a otro nuevo y así consecutivamente el deseo aumentaba. Vegeta amplió el terreno de tacto a otras zonas como el trasero de ella y Bulma se acercaba a él para sentir su delantero. Los besos se iban intensificando y Vegeta, muy excitado, se puso de encima de ella. En ese momento no pudo más. En su planeta él estaba en una edad de procrear perfecta y eso también lo hacía algo "más sensible" (aunque a los guerreros no les gustara esa palabra) a juntarse con féminas. Así que en ese arrebato, casi de locura, le mordió suavemente el cuello.

- Pensé que no te gustaba eso. - se sorprendió ella.

- Nunca dije eso.

Siguió besándola y excitándola. Estaban llegando a un éxtasis increíble. Creían nunca haberse sentido así. Estaban colorados y sudados y él no dudó en intentar llegar más lejos. Lo había pedido y quería hacerlo, aún sabiendo las consecuencias. Le acabó metiendo todo su miembro en el momento perfecto para ella, el momento perfecto para que ella gimiera de placer, y empezó a moverse de manera salvaje. Ella pidió con su cuerpo ponerse encima, él se lo permitió y empezó a ir arriba y abajo, sin pensar nada más que en el goce de los movimientos y el roce que sentía ahí abajo. Lo estaban realmente disfrutando y lo llevaron hasta el final, sin preocuparles nada de lo que estaban haciendo o lo que pudiera pasar en el futuro, si es que había uno en el que estuvieran vivos.

Bulma acabó agotada. Para ella era como hacer una gran maratón corriendo. Él también estaba cansado, lo había disfrutando tanto, que a pesar de su entrenamiento, le pareció haber hecho un intensivo a más de 400G. ¿Cómo era posible que el mero hecho de tener sexo, y con una terrícola, le creara esa sensación de agotamiento tan profunda? Incluso le venían ganas de dormirse...

Al final, esa noche se convirtió en un momento de inhibición y lujuria, después de relajación y de cansancio físico positivo.


Los días transcurrían normalmente. Bulma con sus investigaciones y Vegeta con sus entrenamientos en su amada cámara de gravedad y cacharritos "para destruir". Bulma percibió que se notaba un poco diferente, pero no reconocía sobre qué, hasta que hizo cuentas y se dio cuenta que hacía veinte días que le debería haber venido el periodo. Decidió llamar al doctor y éste le confirmó sus sospechas.

- Por favor, no diga nada a nadie... prefiero que sea una... ¡una sorpresa, sí!

- De acuerdo, señorita, pero prométame que se cuidará y me llamará si nota cualquier sensación rara o tiene alguna duda.

- Vale. - a partir de ese momento su mente empezó a dar vueltas.- ¿Estoy embarazada? ¿Y ahora qué hago, se lo digo o no? Me imagino su reacción desproporcionada, seguro que me deja y me ve como una carga "terrícola" o me dice que no ha sido más que un error y que soy una mujer estúpida... en parte me hace ilusión tener a este crío, sino se me pasará el tiempo y me quedaré... sola...

Bulma empezó a meterse en sus cavilaciones, sin darse cuenta que casi ignoraba a todo el mundo porque estaba en las nubes y en sus pensamientos. Vegeta olía algo. Su instinto animal le decía lo que estaba ocurriendo y, lo que en parte, esperaba o más bien sabía que era consecuencia de su acción. Pero decidió no aventurarse y seguir entrenando a su ritmo, todavía no conocía demasiado bien el mundo terrícola.

Finalmente los pensamientos de Bulma se aclararon y se puso a trabajar acorde a ellos: se puso a reparar la cámara de gravedad de su padre (la vieja, la que estaba en el exterior). Sus modificaciones eran todo mejoras, incluso en algunos momentos superando a la nueva cámara en la que actualmente entrenaba Vegeta. Para evitar cualquier problema con su estado, se tomaba descansos y reposaba el tiempo necesario, pero siempre sin olvidar su idea, comía normal pero vigilaba el no excederse.

Vegeta, de vez en cuando a escondidas, la vigilaba y se preguntaba qué hacía:

- ¿Para qué narices está reparando ahora esa chatarra? La cámara en la que entreno es mucho más grande y potente... a pesar de las abolladuras que le he hecho y las veces que me he cargado el núcleo...

Nimiedades a ojos del sayan puesto quien lo reparaba todo y se cansaba era Bulma...


Al poco Bulma ya había terminado de "actualizar" la vieja cámara de gravedad. Ya estaba preparada: Le iba a decir a Vegeta que estaba embaradaza. Tomó aire y se fue hacia donde el futuro padre estaba entrenando.

- Vegeta.

- ¡Qué! ¿No ves que entreno?

- Necesito hablar contigo.

Vegeta se mosqueó, pero aún así salió de la cámara de gravedad, cogió una toalla y se secó el sudor de la cara y el cuello. Bulma prosiguió:

- Estoy embarazada... y creo... que fue de aquella noche...

- Lo sabía, mi instinto no me falla... me lo tengo merecido por haberla deseado así, ¡se lo pedí con aquel mordisco! ¿Cómo he podido caer tan bajo- la miró a los ojos con su típico ceño fruncido y algo dolorido, y dijo - Me voy a entrenar fuera.

Bulma ya se imaginaba eso. La estaba abandonando... seguro que al haber pasado esto, él se sentía herido en el orgullo y... pero Vegeta le cortó ese pensamiento:

- Es para evitar que vosotros dos os hagáis ningún daño. - Aclaró con voz muy baja.

Eso hizo levantar de golpe la mirada de Bulma. ¡No se lo esperaba! No pensaba que Vegeta se fuera a preocupar por ella y por el pequeño ser que estaba creciendo en su vientre.

- Ven, Vegeta.

Se fueron ambos al gran jardín que tenían. Bulma se sacó del bolsillo una cápsula no blanca sino azul oscuro y la tiró para que se descomprimiera. De allí salió la cámara de gravedad que había estado mejorando. Luego se giró hacia Vegeta y le miró a lo ojos. El no dijo nada.

- Ella lo había predecido. Fuera lo que pensara, sabía que me iba a ir de todas formas, así que había estado preparándome la cámara por si ese momento llegara...

- La cámara ha sido mejorada con el nivel de la que estabas entrenando ahora, incluso en según que puntos es superior por su versatilidad. En la parte inferior tienes robots de lucha y trajes. - Se acercó a la cámara y la volvió a comprimir en una cápsula.

Vegeta no sabía cómo reaccionar, ni siquiera se le ocurría de qué forma irse. ¿Se debía despedir, cómo, o mejor no? Su mente en ese momento era un seguido de preguntas sobre qué tenía que hacer y cómo. No quería no decirle nada, al fin y al cabo, ella le importaba, aunque no quisiera admitirlo. ¿Cómo podía haber llegado a tal nivel? Se había rebajado a amar a una humana mientras en el planeta Vegeta, todas las guerras estarían detrás de él. No quería verla llorar por una cosa insignificante como que él se fuera, cuando ella misma sabía que lo hacía por su protección. Pero las mujeres terrícolas eran tremendamente extrañas y de reacciones muy especiales. Sin embargo su semblante, a ojos de Bulma, era duro y concentrado en la cámara de entrenamiento.

Bulma tampoco sabía qué hacer. No sabía si dar media vuelva e irse o decirle que ya hacía tarde en irse (típico carácter suyo, discutir hasta el final). Vegeta había demostrado que no quería que ella saliera herida, era un paso, ¡pero no estaba diciendo nada! Estaba ensimismado en la actualizada cámara sin prestarle atención a ella. Típico de un sayan, el entrenamiento antes que la vida social...

Ninguno de los dos se atrevía a nada y el silencio se tornó incómodo.

Al final Vegeta, aún reacio a sus propias convicciones, se acercó a Bulma, le acarició la mejilla y le dio un beso en la frente. Era un beso tan tierno... le estaba diciendo que volvería. Para Vegeta, era mejor eso que utilizar palabras.

- Considérate afortunada de que yo haya hecho eso.

- Lo haré, mi príncipe.

Y al poco ya la figura de Vegeta había desaparecido en el cielo azul.


Sobre los 8-9 meses nació Trunks. La familia Brief estaba encantada con la criatura y no paraban de atosigarlo. Bulma, a pesar de todos sus miedos que surgieron mientras estaba embarazada, estaba demostrando ser una madre competente y a la vez capaz de llevar parte de las investigaciones de Capsule Corp. Pero en quien más pensaba era en Vegeta. No había día que se preguntara cómo estaba o cómo estaba entrenando...

- ¡Maldito Vegeta, mira que escaquearse de mis caprichos de embarazada con la escusa de entrenar! ¡Cuando venga le voy a hacer cambiar pañales sin parar!

Pero de lo que Bulma no fue consciente esa misma noche que ella hacía esa promesa, Vegeta entró por la ventana del pequeño Trunks. Se acercó a lo que parecía una cama en miniatura, aunque con barrotes, y asomó la cabeza. Ahí yacía un pequeñín niñito con cola de mono que, a pesar de sus tranquilos sueños, tenía el ceño fruncido como su padre.

- Parece sano y fuerte. Pero antes de seguir con mi entrenamiento debo hacer algo...

Cogió al crío, mal, claro, es decir, de lo pies y dejándolo boca abajo, y se dispuso a arrancarle la cola, pero el peque se había despertado. Sus ojos enfocaron hacia Vegeta con un toque de curiosidad (y mira que en su postura le era difícil). No lloró ni nada, se dejó coger tranquilamente.

- Quizás esto te duela, pero si eres un guerrero y llevas mi sangre no llorarás. - Le susurró.

Y en un rápido movimiento le quitó la cola. Trunks empezó a poner cara de dolor y con lagrimillas amenazando salir, pero como si hubiera entendido a su padre, se tragó todo eso y respiró agitadamente con el ceño más fruncido como reprochándole el haberle hecho daño. Y la verdad, es que Trunks en esa edad era también tan orgulloso como su padre y su madre.

- Bien. - y escondió una pequeña sonrisilla.

Era curioso que Bulma no se la hubiera cortado ya, puesto que sabía qué podía pasar si el pequeño guerrero miraba la luna llena, pero le quitó importancia, pues él ya lo había hecho.

No sabía que en realidad Bulma la había conservado para poder mantener la memoria de "su" príncipe mono engreído que tanto echaba de menos.

Volvió a dejar a Trunks en su cunita, y se fue por donde había llegado (por la ventana, claro).


Al día siguiente.

- ¡Aaaaaaaaah, Trunks, qué le ha pasado a tu cola, dónde está!

Y, bueno, he aquí el final de esta historia, pues todos ya sabéis cómo prosigue.


Comentarios de la autora:


Espero que os haya gustado y disculpad las molestias de publicación a tampoco tiempo de acabarla.

Muchos besos a todos y gracias por haber leído esta historia hasta el final.


Respuestas de la autora:


Androide 18:

¡Me encanta tu comentario! Me has escrito muchas cosas y eso me hace feliz, en serio. Me alegro de todo corazón que te esté gustando mi fic. Espero que el final no te decepcione, pues siempre la cago ahí (XD).

Sobre las escenas de sexo... ¡me gusta mucho escribirlas! Sobre todo las primera veces en que los personajes se ponen a hacerlo. Luego ya voy bajando la intensidad y le doy también más importancia a otras cosas.

Y sí, efectivamente, soy de Cataluña y ya sabía lo del 3XL, pero por el ajetreo que llevo normalmente, pues no he podido verlo. Igualmente no sufro puesto que tengo los cómics y cada cuánto me da el venazo de empezar a leer la historia de nuevo. Muchas gracias por decírmelo igualmente.