Hola a todos! He vuelto! Y con un nuevo fic! Habia empezado a trabajar en esta hace ya un tiempo, pero por falta de ideas tuve que posponerlo, pero ahora si tengo muchas ideas. Inicialmente esto iba a ser de un solo capitulo, pero se me alargó, jejeje... Pero igual sera corto, dos capitulos solamente.

Este fic se trata sobre los efectos que puede tener la adolescencia en un dia muy caluroso y las consecuensias que eso trae consigo, ademas de como funcionan e influyen las hormonas tanto en los hombre como en las mujeres, en esa etapa de la vida, sumandole a eso los sentimientos que hay de por medio y lo facil que puede llegar a volar la imaginacion en momentos de aburrimiento.

Bueno, no les puedo decir mas o si no les estaria contando la historia. Espero les guste!


"Ice, Ice, Baby!!!"

By 'Ayumi'.

ºººººººººººººººººººººººººººººº

Chapter one: Primera parte.

"The Hottest Summer."

¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬

--------- Yamato's P.O.V. ----------

Calor…

Hace demasiado calor…

Calor, calor, calor, calor, calor, calor, calor…

¡MALDITO CALOR!

Daría lo que fuera por tener de nuevo ese aire acondicionado… o algo bien frió… o estar en la piscina…

¡Pero, no…!

Estoy aquí, encerrado en una habitación, prácticamente asándome por el calor que hace. Todas las ventanas están abiertas y, aun así, el calor es sofocante y la brisa que hay es aun peor.

No corre ni una miserable alma por las calles, pero es de esperarse, seguramente las personas están disfrutando de una deliciosa zambullida en la piscina municipal, o en sus propias piscinas, o en la playa o… ¡que se yo!

Y si no fuera por ese maldito apagón que hubo en toda la cuidad, estaría muy a gusto con el aire acondicionado…

Se preguntaran…

¿Y donde están mis amigos?

Sencillo, ellos disfrutan de un maravilloso día en la playa mientras yo estoy aquí encerrado…

Menudos amigos, mira que abandonarme en momentos como este, pero ya verán…

¿Cómo se atreven a dejarme aquí, en este día soleado y caluroso, en este sábado sofocante?

Porque para colmo, es sábado y yo no puedo largarme de aquí…

Normalmente lo haría, pero ahora…

Solo esperen a que los vea mañana, me vengaré y esos que se hacen llamar mis amigos, me las pagarán…

Si…

Escuché un suspiro de resignación, que me hizo salir bruscamente de mi pequeña meditación. Aparté mí vista de la ventana y me enfoqué en la persona que estaba frente a mí, al otro lado del escritorio. Lo que me llevó a pensar, que no todos mis amigos se estaban divirtiendo, no… Ella había decidido quedarse ahí conmigo, sin importarle cuanto le insistí en que fuera con los chicos a la playa y se divirtiera, que yo me haría cargo del ensayo… Pero ella no me escuchó, no entendió razones, diciendo que también debía aportar algo para el ensayo. A veces podía ser tan testaruda, pero eso ya no importaba, lo único que importaba era que se había quedado conmigo, para terminar el ensayo…

Me quedé observándola…

El ensayo… Ese era el motivo del por que estábamos ahí encerrados dentro de esa habitación, sin poder salir, sofocándonos por el calor… Ese era, sin duda, uno de los veranos más calurosos en la historia de Japón… Y nosotros ahí estábamos, a una semana de comenzar las tan ansiadas vacaciones de verano, haciendo ese estúpido ensayo, aun ya habiendo terminado los exámenes finales del semestre… Entonces ¿Por qué estábamos ahí, cuando deberíamos estar celebrando que ya no hayan mas exámenes ni nada de eso?... Pues, muy simple, fue por lo que había sucedido el día anterior, en clases… Todo era culpa del maestro de historia… Tan solo pensar en eso, me hace hervir la sangre…

Esa mañana comenzó como cualquier otra.

Como ya me era costumbre, me levanté más temprano de lo habitual. A mi padre eso ya no le sorprendía, puesto que llevaba haciéndolo desde ya haces unos cuantos meses. Tampoco se imaginaba el por que de mi cambio de hábito, nadie se lo imaginaba… Nadie conocía mi mayor secreto, pero así estaba mejor, no quería causarles problemas a ciertas personas… Además, si sacrificar unas horas de sueño, significaban que podría verla y pasar un tiempo a solas con ella, entonces lo haría encantado… Y esa era la verdadera razón de mi repentino cambio… Ella…

Mi amiga de infancia, Sora Takenouchi…

Fue hace unos meses, cuando comenzó mi repentino cambio. Una mañana me había despertado mas temprano de lo habitual, dos horas antes, y no podía volver a dormir, por lo que había decidido salir a dar un paseo antes de ir a la Preparatoria, ya que tenia tiempo de sobra. Caminé sin rumbo por unos minutos, luego decidí ir a mi lugar privado, un pequeño acantilado cerca de la Preparatoria. Solía ir ahí cada vez que quería pensar, o pasar un tiempo solo. ¿Cuál fue mi sorpresa al llegar? Me encontré con ella, con Sora… Estaba sentada observando el paisaje de Odaiba, con los primeros rayos del sol… Se veía realmente hermosa… Me acerqué a saludarla, ella se sorprendió mucho al verme a esas horas de la mañana, pero se alegró también. Me senté a su lado y comenzamos a conversar. Me confesó que iba a ese lugar todas las mañanas, antes de ir a clases, esa fue una muy agradable sorpresa, también me dijo que nadie mas sabia eso, claro, excepto yo. Seguimos hablando de nada en particular, y luego le dije que yo solía ir ahí en las tardes, cada vez que quería estar solo. Ella solo me sonrió ante eso.

Desde esa mañana en adelante, comencé a levantarme mas temprano, solo para verla y pasar un tiempo a solas con ella… Fue cuando me empecé a dar cuenta de mis verdaderos sentimientos hacia ella… Pero aun así, al comienzo creí que solo me gustaba, después de todo, es muy atractiva…

Aunque no fue así…

¿Quién iba a decirlo? El gran Yamato Ishida, el chico más popular de la Preparatoria Odaiba, el Play Boy, el Dios de las fantasías femeninas, estaba perdidamente enamorado de su amiga de infancia, Sora Takenouchi… Y no se cuando ocurrió, es decir, es cierto que ella siempre llamó mi atención con su carácter y su forma de ser, siempre preocupada por los demás; eso era algo que siempre me ha gustado en ella, pero antes era solo eso, un simple gusto, nada más… Pero cuando empecé a observarla, a realmente observarla, vi cosas en ella que nunca antes había visto… Su sonrisa… Esa sonrisa que era capaz de iluminar el mundo… mi mundo… me cautivó por completo. Y sus ojos, esos preciosos rubíes que son como una entrada a su alma, y que son capaces de leerme como un libro abierto, me tenían completamente hechizado. Luego, pasó lo que tenia que pasar, pasamos de la pubertad a la adolescencia. Ya no éramos unos niñitos, no, ya éramos adolescentes. Yo ya no podía ver a Sora de la misma forma, ya no la veía con los mismos ojos, mis estúpidas hormonas hicieron que me percatara de detalles que antes no había querido ver. Sora se estaba convirtiendo en toda una mujer, su cuerpo se había desarrollado, acentuando sus curvas, haciéndolo mas hermoso y mas deseable, y el Tenis le ayudó bastante… Todo mi cuerpo, mi alma, mi corazón, todo mi ser la exigía a gritos… Fue entonces cuando ese simple gusto, esa simple atracción física, pasó a ser… amor.

El más profundo, sincero e infinito amor.

Al comienzo no quería creerlo, pero mientras mas tiempo pasaba a su lado, más me convencía de que realmente me había enamorado de ella.

Pero bueno, no seguiré desviándome del tema principal: La razón por la que estábamos haciendo un estúpido ensayo en un sábado. Como ya había dicho, todo es culpa del maestro de historia… Odio esa clase…

Todo comenzó ayer por la mañana, en el momento en que abrí mis ojos, debí haber sabido que ese no seria un buen día para mi…

Flash Back…

Cuando desperté, me sorprendí al no sentir mi despertador. Estiré mi brazo para tomar el reloj, lo acerqué para ver la hora… y casi me da un infarto. Eran las seis y media, el despertador no sonó, y tenía media hora de retraso para encontrarme con Sora en el acantilado. Salí de un salto de mi cama y corrí al baño. Me bañé rápidamente, salí de la ducha y corrí a mi habitación, me vestí más que rápido, tomé mi mochila y corrí a la cocina. Vi la hora y me sorprendí, me había tomado solo cinco minutos bañarme y vestirme. Sin perder más tiempo, saqué un yogurt del refrigerador y me dirigí a la entrada. Me coloqué mis zapatos, tomé mis llaves y salí corriendo del departamento. Increíblemente, ni siquiera alcancé a arreglar mi cabello y aun estaba mojado, pero ya no me importaba, por lo menos era más dócil que antes, cuando era niño, pero eso se debía a que era más largo.

¿Cómo pudo pasar esto? Estoy seguro que programé el maldito aparato… ¿o no?... ¡Ahh! Ya ni lo recuerdo… Pero tenia que escribir esa canción ¿verdad?... ¿Por qué me tuve que enamorar de ella?

Me regañé a mi mismo, pero luego mi enfado se esfumó, dando paso a una expresión dulce. Sonreí. "Porque ella es… simplemente maravillosa…"- dije en un susurro, respondiendo mi propia pregunta.

Aun tenía rastros de sueño. La noche anterior me había quedado despierto hasta muy tarde, porque estaba escribiendo una nueva canción, inspirada en Sora. Pero no pude terminarla, el cansancio me venció y caí rendido sobre mi cama, durmiéndome en el acto. Aun así, el calor no me permitió dormir bien, era demasiado sofocante.

Seguí corriendo, sin detenerme a descansar. Ya habría tiempo para eso. A lo lejos vi la entrada a nuestro pequeño lugar secreto. Corrí más fuerte. Al llegar ahí, Sora ya había llegado, pero era de esperarse, ella era muy puntual. Pero a diferencia de otras mañanas, no observaba el amanecer, estaba leyendo sus apuntes. Supe inmediatamente por que. Estaba estudiando para el examen de historia que tendríamos en el primer periodo, el último examen del semestre. El mismo examen para el cual no había estudiado.

¿Cómo pude olvidarlo?

Me acerqué a ella lentamente.

"Te retrasaste…"- dijo, sin levantar su vista de su cuaderno.

"Ehh… Si, lo lamento, me quedé dormido…"- dije, sentándome a su lado, bajo el árbol.

"¿Por qué?"- me preguntó, aun sin mirarme.

"No dormí muy bien que digamos… Demasiado calor…"- respondí.

Sonrió ligeramente, cerró sus ojos y se apoyó en el tronco del árbol. "Ya veo… Estaba empezando a pensar que no vendrías…"- dijo.

"Nada de eso… Jamás te defraudaría…"

Ante eso, su sonrisa se amplio.

"Lo se."- murmuró. "Pero ¿sabes? Yo tampoco llegué a tiempo esta mañana… Al igual que tu, anoche no dormí muy bien por el calor."- dijo, riendo un poco.

"¿Hace cuanto que estas aquí?"- pregunté.

"Hace un par de minutos."

"Ahh… Y yo me estaba preocupando que te fueras a enfadar conmigo por llegar tarde."- dije con un tono infantil.

Reímos un poco ante eso.

"Imposible. Yo jamás podría enfadarme contigo, por mas que quisiera, simplemente no podría."- dijo, abriendo sus ojos. Volteó a verme y comenzó a reír.

"¿De que te ríes?"- pregunté extrañado.

"Tu… cabello… Yamato… ¡Es un desastre!"- dijo entre risas.

Ese comentario, me hubiera molestado, si hubiera provenido de alguien más, pero no de ella. Además, su risa es música para mis oídos. Por lo que solo pude reír también. Estuvimos así, durante largos minutos, hasta que nuestros estómagos ya no soportaron más.

"A ver… Permíteme…"- dijo ella, de improviso. Dejó sus cosas a un lado y se hincó a mi lado.

"¿Qué vas a hacer?"- cuestioné.

Me sonrió. "¿Pues que crees? Arreglar este desastre."- dijo, refiriéndose a mi cabello. Luego me miró directamente a los ojos. "¿Puedo…?"

Eso me tomó por sorpresa. Ella no necesitaba pedir permiso, pero seguramente me había escuchado decir que yo no dejo que nadie toque mi cabello. Eso era cierto, pero si ella quería hacerlo, por mi no había problema.

"Por supuesto…"- musité.

Ella solo me sonrió. Tomó mi rostro, con una expresión pensativa. Permaneció un momento así y luego, sin vacilar, se sentó en mi regazo a horcajadas, tomándome por sorpresa. Me ruboricé como loco. Alcé mi vista y la vi igual o más ruborizada que yo. Hicimos contacto visual.

"Así… estaremos mas cómodos…"- dijo en un susurro. Yo solo asentí.

Comenzó a pasar sus dedos por entre mis cabellos, peinándolo de la misma forma que en yo lo hacia con el gel, solo que esta vez no había gel de por medio. Su acción me pareció una caricia. Cerré mis ojos, para disfrutar el sentimiento tan placentero que me producía el contacto de sus suaves manos. Era tan delicada, tan… amorosa. Poco a poco me fui relajando.

"Es increíble…"- susurró ella, sacándome de mi pequeña fantasía.

"¿Qué cosa…?"- pregunté en un susurro.

"Tu cabello es muy suave y dócil, muy bien cuidado… Yo pensé que seria, no lo se, de otra forma… Tu sabes, por todo el gel que usas…"- dijo suavemente, sin dejar de acariciar mi cabello.

Y ella tenía razón. Mi cabello debería estar duro, por que en realidad yo usaba bastante gel, pero no era así, increíblemente era muy suave. Alcé la vista para mirarla a los ojos y, en el momento en que hicimos contacto visual, sus ojos empezaron a brillar de una manera espacial. Tenían un brillo que nunca antes había estado ahí, era nuevo. Además, sus ojos mostraban un sentimiento que no pude descifrar, pero que definitivamente no estaba ahí antes. Podría ser… ¿deseo?

Posé mis manos en su cintura y ella tomó mi rostro. Lentamente, nuestros labios se acercaron, hasta encontrarse en un dulce beso. Pero antes de poder profundizar el beso, comenzó a sonar mi teléfono móvil. Y una tremenda frustración se apoderó de mí. Sora se alejó rápidamente de mi, algo nerviosa. Se levantó lentamente y se sentó a mi lado. Luego de unos cuantos segundos, decidí que tal vez debería contestar, pero no tenia ganas de hablar con la persona que había interrumpido ese momento que tanto había anhelado. Saqué el aparato de mi bolsillo.

¡Maldición!

Miré la pantalla del aparato y lo apagué, sin siquiera molestarme en contestar. Era una de las tantas chicas con las que suelo divertirme por ahí de vez en cuando. Nunca es algo serio. Volteé a mirar a Sora, buscando algún indicio de si quería volver a repetir lo que hicimos, porque yo si que lo quería. Era lo que había estado anhelando desde lo ocurrido en aquella fiesta que hizo Mimi, hace un año. Pero solo me miraba ruborizada, con una expresión neutra, pero en sus ojos había… ¿arrepentimiento?

Genial, lo que me faltaba…

"¿Te… parece si… estudiamos?"- preguntó.

"Seguro…"

Estuvimos estudiando, hasta que era hora de ir a clases. Nos levantamos y nos dirigimos a la escuela. Sora me ayudó a entrar al recinto por la parte de atrás, ya que todas mis fans, estaban esperándome en la entrada. Yo no tenia intenciones de llegar tarde al examen… No de nuevo. Y menos si era esta clase. Entramos al salón, segundos antes que el maestro Tetsuka, quien nos indico que fuéramos a nuestros asientos. El mío, por suerte, estaba detrás de Sora. El maestro comenzó a entregar los exámenes enseguida.

"Sr. Ishida… Me sorprende que haya llegado a tiempo para el examen. Veo que la compañía de la Srta. Takenouchi a sido buena influencia para usted."- dijo, mientras entregaba mi examen.

Me quedé callado, no quería que me sacara del salón. No ahora.

Comencé a buscar mi lápiz en mi mochila y no lo encontré. Me percate de que tenia los libros del las clases del día anterior. Entonces recordé que había dejado mi lápiz sobre mi escritorio… o quizás en el suelo, cuando me dormí la noche anterior.

Grandioso, las cosas no pueden ser peor…

"Sora…"- susurré.

"¿Qué…?"

"¿Tienes un lápiz extra que me puedas prestar…?"

"¿Qué paso con el tuyo…?"

"Lo olvidé…"

"Espera un momento…"- dijo y comenzó a hurgar en su bolso, sacando un lápiz. "Aquí tie…"- pero no pudo dármelo.

"¡ISHIDA, TAKENOUCHI!"

Sip. Si pueden ser peor…

El grito del maestro hizo que todo el salón diera un pequeño salto por el susto. Sora y yo nos pusimos de pie, esperando lo que vendría. Estaba molesto, muy molesto. Nosotros no hacíamos nada malo, además, yo le pedí el lápiz. No tenia por que castigarla por tratar de ayudarme. Era mi culpa.

"¡A dirección y espérenme ahí!"- dijo.

"Pero, maestro…"- dijo Sora.

"¡Nada de pero señorita, a dirección!"

"¡Ella no tiene la culpa, yo fui el que le habló!"- le contesté. Odiaba a la gente que se atrevía a levantarle la voz a Sora.

"Y ella le respondió, Ishida. Le recomiendo que se mantenga en silencio, sino quieres que los haga reprobar a ambos."

Iba a responderle, pero la mano de Sora sobre mi brazo me lo impidió. La mire y ella negó con la cabeza. Tomamos nuestras cosas y salimos del salón. Me sentía culpable, yo sabia que Sora había estudiado mucho para ese examen, mas que yo. Y seguramente hubiera aprobado con una alta calificación. Pero por mi descuido, ambos tendríamos que dar un examen especial o algo quizás peor.

Estúpido viejo… Como lo odio.

Miré a Sora de reojo y la vi cabizbaja. Me sentí aun peor. Escuché un sollozo y me sentí miserable.

Oh, genial. La hice llorar.

Suspiré. "Sora… lo siento, lamento esto, por mi culpa el maestro nos castigó… Te prometo que trataré de convencerlo para que no te repruebe a ti…"- dije, deteniéndome.

Ella se volteó a verme, sorprendida, por decir lo menos.

"No… ¡No, Yamato! No es tu culpa. Es solo que, en estas ultimas semanas he estado algo sentimental, es todo…"- dijo, negando efusivamente con la cabeza. "No te preocupes, ya se me pasará"- agregó, regalándome una sonrisa.

Le devolví el gesto y entramos a rectoría. Esperamos por unas horas, a que terminara el primer periodo, en silencio. Hasta que escuchamos la campana que indicaba el término del periodo.

"Yamato…"- me llamó.

Volteé a verla enseguida. Ella prosiguió.

"Cuando el maestro venga… por favor, no discutas lo que tenga que decir…"- comenzó, mirándome de una forma casi suplicante. "Tú sabes que el maestro Tetsuka es muy estricto y… por alguna razón, tú no le simpatizas mucho… Por eso, quería que me prometieras que vas a permanecer en silencio, mientras el este hablando… ¿Me lo prometes?"- dijo.

Estaba seguro de que Sora sabía muy bien por que el maestro me odiaba, pero nunca lo ha mencionado. Al menos ella no. Porque el resto de las chicas… Digamos que los rumores vuelan. Como sea…

Yo iba a protestarle, pero su mirada no me lo permitió. Ella tenía ese efecto en mí. Pero antes de darle una respuesta, el maestro entró. Nos miró unos momentos, estaba molesto, pero cuando posó su mirada en mi, me di cuenta que su molestia era únicamente por mi. No me importó, de todas formas, yo sabia que el me odiaba y que siempre buscaba una forma de perjudicarme, sin éxito; desde que se enteró que yo tuve una pequeña aventurita con su nieta, Asuka, hace poco menos de un año, diez meses para ser exactos, ha estado intentado hacer que el director de la Preparatoria me expulse, pero jamás ha tenido una buena razón y yo no pensaba darle en el gusto de hacer algo para que me expulsaran. Además estaba seguro que el Sr. Tetsuka sabía que yo lo odiaba también. Por otro lado, el tan solo pensar en que, sin mí en la Preparatoria, todos esos buitres que andan detrás de Sora verían su oportunidad de acercársele, me hierve la sangre.

Se sentó frente a nosotros, sin decir nada por unos segundo, luego habló.

"Realmente me sorprende que no haya escapado Sr. Ishida…"- dijo. Y si no hubiera sido porque Sora, puso inmediatamente su mano sobre mi muslo, le hubiera partido la nariz. "Pero, ese no es el caso… Debido a su falta en el examen, me veo en la obligación de tomar medidas para remediarlo, y a causa de que este era el ultimo día para los exámenes, por ordenes de mis superiores, no podré preparar otro examen para que puedan rendir…"- hizo una pausa.

Pude ver la tristeza de Sora, de reojo.

"Pero, tampoco puedo reprobarlos, ya que, ciertamente, no hicieron trampa… Por lo que la única solución que veo a esto, es que ustedes me entreguen un ensayo sobre la materia que vimos durante el semestre, pero como eso seria regalarles la calificación… Decidí que el tema de su ensayo, de no menos de cien páginas, será la mitología griega…"- dijo.

Quise protestar, pero el suave apretón que me dio Sora en el muslo, me calló.

"No hay problema, maestro."- dijo Sora.

"Y, ya que la cantidad de paginas es mucha, para una persona, harán el ensayo entre los dos… Ustedes saben como me gustan a mi los ensayos, todo claramente detallado, y escrito con sus palabra, no quiero nada sacado textual de un libro o de la Internet… Y Srta. Takenouchi… no quiero que usted haga todo el trabajo…Quiero el ensayo para el lunes, a primera hora. Pueden retirarse."- con eso finalizó.

Salimos de rectoría. Yo tenía unas ganas de golpear a ese infeliz, pero me tuve que contener. Solo teníamos dos días y unas horas para hacer el maldito ensayo. Volteé a ver a Sora y la vi… feliz.

¿Feliz?

"¿Qué ocurre?"- pregunté.

Me sonrió. "Nada, es solo que me alegra que solo sea tengamos que hacer un ensayo y…"- se acercó a mi, estaba muy cerca. Se puso de puntillas y se acercó a mi oreja. "Pero me alegra aun mas la idea de que tendré que trabajar contigo… a solas… para eso."- susurró. Luego se alejó un poco, a una distancia aceptable. "¿Te parece si nos juntamos mañana temprano en el parque, para trabajar en el ensayo en mi departamento?"- preguntó.

Salí de mi pequeña ensoñación, sonrojándome levemente. "S-si, claro."- logré decir.

"Muy bien. Busca toda la información que puedas encontrar sobre el tema, hoy en la tarde, para que así mañana comencemos a trabajar de inmediato."

"Bueno. ¿A que hora nos encontraremos en el parque?"

"Después de mi practica."- dijo.

Eso es muy temprano…

"Muy bien, ahí estaré."- dije. La vi alejarse a su próxima clase y yo solo me quedé ahí parado como un tonto.

Fin Flash Back.

El resto de la tarde, pasó desapercibida para mí. Estaba muy emocionado, como para prestar atención a lo demás. Y creo que aun lo estoy, por eso no he logrado concentrarme en hacer mi parte del ensayo. No que me importe mucho en esos momentos, es decir, aun si no terminamos hoy (lo cual no haremos), tendremos todo el día de mañana. Y aunque tratara de concentrarme, no podría, el calor me lo impide.

Yo no he hecho nada de mi parte y ella tiene, sino es la mitad de su parte, es bastante… Pero, al tener a Sora frente a mi… vestida así… no me ayuda en lo absoluto…

¿Y por que culpo la forma de vestir de Sora por mi falta de concentración? Bueno, es simple y no es que me moleste su forma de vestir, ni nada, de hecho me encanta, es solo… Bueno, se los explicaré desde principio…

Y el principio es esta mañana…

Flash Back…

La práctica de Sora terminaba a las ocho y treinta de la mañana, pero yo llegue diez minutos antes. Como el calor era insoportable, decidí ponerme unos pantalones corto, que me llegaban a la rodilla, una camiseta sin mangas y unas zapatillas. Pero el calor era tanto, que estuve tentado a quitarme la camiseta en cuanto llegue al parque, sin embargo, por las miradas que me daban todas las chicas que pasaban, pensé que, por mi bien, me la dejaría puesta. En mi mochila tenia toda la información que había encontrado para el ensayo, tanto en Internet como en algunos libros que hay en mi departamento.

Minutos después de llegar al parque, vi a Sora corriendo animadamente hacia a mi, con una dulce sonrisa en su rostro, esa sonrisa que iluminaba mi día. Mientras la veía correr en mi dirección, no pude evitar… mirar… su cuerpo. Y se que estuvo mal, pero… ¡no pueden culparme! Es decir, soy un chico, a unos cuantos meses de cumplir diez y ocho años y con las hormonas al cien… Es normal que este mirando el cuerpo de una chica, mas aun si es una tan hermosa como Sora. Además, a diferencia de otros chicos, yo si puedo controlar las acciones de todo mi cuerpo en presencia de chicas lindas. Y se que ella es mi mejor amiga y que confía en mi, pero simplemente ya no puedo evitar que mis ojos la miren.

Y eso es justificable. Es decir, hay muchos factores que juegan en mi contra: Su belleza natural, ya que no tiene la necesidad de usar maquillaje; su hermoso y bien proporcionado cuerpo, que si bien hay otras chicas que son mas voluptuosas, simplemente no es lo mismo; su personalidad atrayente, y es que ella tiene algo que llama la atención de todos los hombres; y su sonrisa angelical, capaz de iluminar al mundo entero. Todos esos factores, sumándoles mis locas y activas hormonas, están en mí contra (aunque si solo fuera eso, podría ignorarlo, como lo hago con otras chicas), pero es solo un factor, el que no me permite ignorar los anteriores… Y ese factor es… el amor… Es por eso que no puedo controlar mis ojos, por los sentimientos que tengo hacia Sora. Y lo que es aun peor, es que conforme pasa el tiempo, el amor que siento por Sora sigue creciendo, haciéndome cada vez más difícil poder controlar mis acciones alrededor de ella.

Eso me aterra.

El tan solo pensar que pueda hacerle algo a Sora, de lo que, estoy seguro, me arrepentiré luego, me provoca un inmenso terror…

Ahora, claro, si ella quiere que yo le haga algo… Bueno…

Agité mi cabeza rápidamente, ese no era un buen momento para pensar en esas cosas. Además, ya me desvié del tema…

¿Dónde estaba…? Ah, si… No pude evitar mirar a Sora cuando llegó al parque… La ropa que usa para sus practicas de Tenis, tampoco me ayudaban mucho. Esa blusa de mangas cortas, ligeramente ajustada, acentuando preciosamente su cintura y sus… ya saben; y esa falda corta, aunque no tan corta, solo un poco mas arriba de la mitad del muslo, que dejaban ver una magnifica vista de sus hermosas piernas… ¿Cómo podría ignorar tal regalo de los dioses? Y no se los demás, pero cuando Sora dejó el Fútbol por el Tenis, yo fui el que mas apoyó su decisión… Creo que ya deben saber por que. Por otra lado, Sora, a veces, también me ve de la forma en que yo la veo; no soy ciego, muchas veces la he visto mirándome , y cuando se da cuenta que la he descubierto se sonroja; o en otras ocasiones cuando volteo a mirarla y la encuentro sonrojada. Pero no le hago ningún comentario.

Cuando llegó a mi lado, le regalé una sonrisa. Ella me devolvió el gesto.

"Hola."- me dijo.

"Hola…"- dije. "Realmente Sora, sigo creyendo que eres mejor para el Tenis que para el Fútbol."- agregué, ampliando mi sonrisa.

Ella se sonrojó un poco. Luego volvió a sonreír más confiada.

"¿Por qué lo dices?"- preguntó, sin darme tiempo a contestar. "Porque realmente me ha ido bastante bien y soy muy buena, o… porque te gusta como me veo en el uniforme del club."- dijo sin reparos, mientras comenzamos a caminar a su departamento.

Fingí pensarlo un segundo, luego con una sonrisa, le contesté. "Por ambas, pero creo que mas por la segunda razón."

Se volvió a ruborizar, desviando su mirada. "No digas eso."- dijo apenada.

"¡Pero es verdad! No deberías sentirte apenada, Sora. Porque en realidad creo que te ves muy linda en ese uniforme."- dije.

A cada palabra que salio de mi boca, Sora se ruborizó aun más. Se veía adorable.

"Ya para…"- dijo con una sonrisa nerviosa.

"En serio…"- le dije, inclinándome hacia atrás. "Además, con esa faldita, te ves irresistible…"- agregué de forma juguetona, mientras tomaba el borde de la falda, tratando de mirar debajo de esta.

"¡Yamato!"- exclamó, apartando mi mano.

Yo no tenia intenciones de ver debajo de su falda, bueno tal vez si las tenia, pero no iba hacerlo y Sora sabia que yo no seria capaz de eso. Yo solo quería que ella perdiera la vergüenza. No pasó mucho tiempo, cuando nos empezamos a reír.

"Bueno, yo no soy la única que se ve bien con lo que esta vistiendo."- dijo, luego de nuestro ataque de risa.

"¿A que te refieres?"- pregunté, aun sabiendo de que hablaba.

"Solo digo que tu no te ves nada mal… Es decir, con todas esas chicas que se te han quedado mirando. Yo creo que les gusta mucho lo que llevas puesto."- respondió.

"¿Y que hay de ti?... ¿Te gusta como me veo?"

Me miró de reojo, mostrando una dulce sonrisa. "Si… Te ves muy bien."- dijo.

Cuando llegamos al departamento, me dejó en su habitación esperándola, mientras ella se cambiaba en el baño. Aproveché el tiempo que demoró en cambiarse, para ver su habitación con detenimiento. Si, ciertamente, yo ya había estado en ese departamento, esa era la primera vez que entraba a la habitación de Sora. Observé los alrededores. La decoración era bastante sencilla y acogedora, pero bueno, hablábamos de Sora después de todo, ella era una chica sencilla. Estaba su cama, que tenía unos cojines y un peluche de Biyomon, lo que me pareció muy tierno. Había una mesita de noche, junto a la cama, donde tenía un bonito arreglo floral y su reloj-despertador. También había un escritorio y dos sillas.

Me acerqué al escritorio y empecé a ver las fotografías que tenía ahí. Tenía una fotografía de sus padres y ella, cuando era una niña. También tenía una fotografía de nuestra primera aventura en el Digimundo, hace seis años. Seguí mirando y me encontré con una foto de la segunda aventura digital, donde los pequeños fueron los protagonistas, ahí estábamos todos, los doce elegidos; yo también tenia esa fotografía, era una de mis favoritas. Sonreí. Recuerdo lo nervioso que estaba antes de que la tomaran, en el momento en que abracé a Sora, me sentí vulnerable, temiendo una negativa de su parte y que se molestara conmigo por mi atrevimiento; pero en lugar de eso, solo me sonrió, apegándose un poco más a mí y aceptando mi abrazo. En ese momento me sentí muy feliz.

Lamentablemente, en ese entonces, lo nuestro no duro mucho. Unos pocos meses después de que Sora se me declarara en esa Navidad, cuando me dio las galletas, que fue también cuando le pedí que fuera mi novia y que ella gustosa aceptara. Nos enteramos de que Taichi estaba enamorado de ella, y era lógico que sufriera por nuestro noviazgo. Yo no quería ver a mi amigo así, después de todo, Taichi era casi como un hermano para mí, así que decidí hablar con Sora. Fui sincero con ella, le dije que realmente me gustaba mucho, pero no quería que mi mejor amigo sufriera, así que le dije que creía que lo mejor era terminar. Ella entristeció, pero dijo que me comprendía, ya que se sentía igual, a pesar de eso, me ofreció su amistad, diciendo que no quería que nos alejáramos. Yo le acepté la propuesta, tampoco quería alejarme de ella.

Lo curioso del asunto ese, es que un tiempo después de que termináramos, unos cuantos meses, nos enteramos de que Taichi estaba saliendo con Mimi. Y cuando yo le pregunté que ocurría con Sora, él me miró extrañado, diciendo que con Sora nunca hubo nada, que solo había sido un error, que el amor que sentía por ella, era el mismo que sentía por su hermana, un amor fraternal. Pero cuando me dijo eso, Sora había comenzado a salir con un chico, Shinji se llamaba; y yo ya me había ganado fama de rompecorazones.

Continué observando las fotografías, llevándome una sorpresa. Había una foto del San Valentín de ese año, pero no recordaba cuando la tomaron. Tomé el marco con la foto, acercándolo a mí. Me di cuenta de que la fotografía había sido tomada sin que Sora y yo nos diéramos cuenta. Recordaba ese momento perfectamente, lo tenia grabado en mi cabeza.

Ese día habíamos ido al parque todo el grupo, ya que no solo se festejaba el amor de pareja, sino que todos los tipos de amores. Sora y yo, habíamos estado bastante juntos mutuamente y bastante alejados del resto de los chicos, como si estuviéramos aparte del resto del grupo. Mientras paseábamos, yo había comenzado a flirtear con Sora, a ella no pareció molestarle, porque me seguía el juego. En un momento nos alejamos del resto, nos dirigimos a un pequeño puente que había en el parque y nos pusimos a ver el lago, que estaba cubierto por una fina capa de hielo, por lo que no se podía patinar. Estaba atardeciendo, por lo que la temperatura estaba bajando. Sora había comenzado a temblar ligeramente.

"¿Tienes frío?"- le había preguntado.

"Solo un poco…"- me dijo, sonriéndome.

Entonces le abracé por la espalda, pasando mis brazos alrededor de su fina cintura. Cualquiera que nos hubiera visto, hubiera pensado que éramos una pareja de enamorados. Aunque actuábamos como tal.

"¿Y que tal así?"- le había vuelto a preguntar, susurrándole al oído.

"Así esta bien…"- había respondido, posando sus manos sobre las mías, dándoles un leve apretón.

La abracé con un poco mas de fuerza, acercándola más a mi cuerpo, haciendo nula la distancia que había entre nosotros. Comenzamos a conversar, hablando en susurros, sobre lo curioso de ese día, ya que todos estaban en parejas y nosotros (los elegidos) habíamos ido en grupo. Pero ella luego dijo algo cierto. En ese día no solo se celebraba el amor, sino que también la amistad. Entonces callamos, luego de unos minutos, yo la llamé, muy suave, que creí no me había escuchado, pero si lo hizo. Volteó su cabeza hacia mí y nos quedamos mirándonos a los ojos, como si el tiempo se hubiera detenido.

"Hikari tomó esa fotografía sin que nos percatáramos de ello…"- escuché a Sora a mis espaldas.

Di un pequeño brinco por el susto, volteándome rápidamente. Sora tenía una dulce sonrisa en su rostro, no parecía molesta y no lo estaba. Se acercó a mí, parándose a mi lado, para ver la fotografía que aun tenia en mis manos. Yo no dije nada ante lo que ella confesó.

"Ella me dijo que nos veíamos tan bien juntos y que lucíamos tan tiernos así, que no pudo resistir la necesidad de capturar ese momento."- dijo, tomando la foto de mis manos. "Cuando me la regaló, me dijo que la había tomado justo antes de que Taichi y los demás empezaran a gritar, animándonos para que nos besáramos."- rió luego de decir eso.

Yo solo sonreí. Sora dejó el marco donde estaba. Solo entonces, me percaté de lo que vestía. Y los colores subieron rápidamente a mi rostro y, a pesar de que estaba encendido el aire acondicionado, yo sentía que ardía por dentro. Si en su uniforme del club de Tenis creía que se veía irresistible. Con lo que tenía puesto, se veía endemoniadamente sexy. Llevaba puesto un top blanco con tirantes, ajustado, que dejaba ver su ombligo y parte de su abdomen; y un short de mezclilla muy, pero muy corto, que solo le cubría su lindo y redondo…, dejando a la vista sus hermosas piernas. De repente, ella se giró para verme, obligándome a mirarla a los ojos.

"Comencemos a hacer el ensayo ¿te parece?"- dijo.

Yo solo pude asentir, sintiéndome totalmente acalorado.

Fin Flash Back.

He pasado las últimas dos horas, tratando de concentrarme por todos los medios; sin éxito. Sora tiene toda mi atención. Y por más que intente hacer mi parte del trabajo, mis pensamientos siempre vuelven a Sora. No importa con que trate de distraerme, para no pensar en ella; al final, siempre termino fantaseando con su persona. Es como una droga que no aun no he probado y que me tiene totalmente obsesionado.

La escuché suspirar frustrada. La miré; tenía su cabeza apoyada sobre sus manos, moviéndola de lado o lado.

"¿Ocurre algo, Sora?"- le pregunté.

Ella me miró y volvió a suspirar. "No puedo pensar con este calor y así no puedo trabajar."- dijo.

En ese punto, concordaba con ella. Este calor no dejaba trabajar bien. Pero para mí, no solo era el calor. Sora se inclinó hacia atrás, apoyando su espalda en el respaldo de la silla, echó su cabeza atrás. Se que ella hizo eso sin ninguna mala intención, pero no pude evitar sentir la necesidad de lanzarme sobre ella y comérmela a besos; se veía tan sexy.

"¿Yamato?"

Di un salto del susto, al creer que me había descubierto mientras la miraba; pero por la expresión que tenia, me di cuenta de que ella no me descubrió.

Estuvo cerca…

"¿Dime?"- le dije.

"¿Quieres algo de beber?"- preguntó, poniéndose de pie.

Asentí efusivamente. "Agua fría, muy fría… y con hielo, mucho hielo… por favor."-dije.

"Muy bien. Ahora regreso."- dijo y salio de la habitación.

Ay, dios…

Observé hasta el más mínimo movimiento que realizó al salir. Talvez ella no lo sabia, pero… su forma de caminar… de moverse… era muy sensual. Suspiré. Esa chica me estaba volviendo loco. Y no sabia cuanto mas iba a poder controlarme si seguía encerrado en esa habitación con ella. Porque, como iban las cosas, lo mas probable era que el ensayo iba a pasar a un segundo plano.

Sora… ¿Qué hiciste para tenerme así… a tu merced?

Lo cierto es que ella no hizo nada, además de ser como es, tan pura e inocente. A veces me sentía como un depravado al tener ese tipo de pensamientos referente a ella; no lo se, era como estar… deshonrándola.

Deja de pensar así de ella, Yamato… Sora es demasiado pura como para que alguien se atreva a tener esa clase de pensamientos sobre su persona… Demasiado…

Me levanté, caminando hacia la ventana. Soplaba una brisa tibia, lo que me ayudo un poco a refrescarme. Me quité la camiseta, arrojándola hacia donde estaba mi mochila. En esos momentos hubiera dado lo que fuera por una ducha de agua fría. Pensar en eso me ayudaba a tener a Sora lejos de mis pensamientos, lo que estaba empezando a considerar que era lo mejor.

Ella merece algo mejor que yo… ¿Verdad?...

Al menos eso era lo que quería creer, digo, ella jamás se fijaría en mi, no con mi reputación. Pero no podía evitar sentir celos de cada tipo que se le acercaba e inconscientemente le ahuyentaba a todos los pretendientes; Sora tenia a muchos chicos en la escuela babeando por ella, pero por mi no se le acercaban. Irónico ¿no? Tomando en cuenta que ella nunca ha hecho eso con las chicas que se me acercan, pero eso es porque ella solo me ve como su mejor amigo (junto con Taichi). Y eso me confunde, si solo soy un amigo para ella, entonces ¿Por qué me besó en la fiesta de Mimi… y por que me besó ayer por la mañana? Bueno la fiesta era justificable; jugábamos a Verdad o Castigo y no teníamos otra opción, todos aceptamos jugar sin importar que. ¿Pero que hay de ayer por la mañana?

De repente sentí a alguien picarme en los costados, haciéndome cosquillas. Y si no fuera porque yo era muy sensible en los costados de mi abdomen, no me hubiera importado, pero lo era, motivo por el cual comencé a reír. Al comienzo traté de controlar mi risa, pero se me estaba haciendo muy difícil, hasta que al final cedí ante mi atacante y empecé a reír como si fuera un niño pequeño. No podía parar de reír y Sora (quien mas, sino es ella) no me daba tregua. Pude oírla reír entre mis carcajadas. Traté de hacer que se detuviera, pero fue inútil, me estaba doliendo el estomago de tanta risa y ya no daba mas, así que tuve que rendirme.

"¡Ya!... ¡Me… rindo!... ¡Me rindo, me rindo!"- exclamé entre carcajadas.

Sora siguió haciéndome cosquillas, sin parar de reír, hasta que finalmente se detuvo. Me percaté de que yo estaba recostado en el suelo, boca abajo, con Sora sentada sobre mi espalda. Respiré profundamente, tratando de recuperar el aliento. No recuerdo en que momento precisamente terminamos ahí en el suelo, pero bueno, no era importante. Además, no fue tan malo después de todo, hacía años que no me reía de esa manera.

Sora se apoyó en mis hombros, respirando profundamente. "Hace años que no te oía reír así."- dijo, aun riendo un poco.

Que les dije.

"Si… Supongo que hace tiempo que no tenía un buen motivo para reír así… Pero, hey, eso no fue justo."- dije, levantándome aun con ella sobre mi espalda.

La sentí abrazarse a mí fuertemente, seguramente por temor a caer, pero yo jamás la dejaría caer. Me puse de pie, sujetando sus piernas alrededor de mi cintura. Luego de unos instantes, se relajó, haciendo su agarre más suave. Volteé mi cabeza ligeramente para verla sonreírme.

"Se que… no fue justo… Pero en el amor y la guerra, todo se vale."- dijo. "Ya puedes bajarme."

La bajé de mi espalda con cuidado, luego me volteé hacia ella. "Aun así…"- dije.

"Fue tu culpa… Yo te estuve llamando por un buen tiempo y tú no me contestabas… Tenia que hacer algo para llamar tu atención ¿no?"- dijo, caminando hacia el escritorio.

Pero si tú ya tienes toda mi atención…

"¿No querías agua?"- me preguntó, ofreciéndome un vaso.

Solté un suspiro en forma de resignación. Me acerqué a ella y tomé el vaso, bebiendo todo el contenido de un trago. Me sentí mejor al sentir mi cuerpo refrescarse por el agua.

"Al parecer si."- comentó ella, sonriendo divertida.

"Gracias."- dije, algo avergonzado.

Nos sentamos en nuestros respectivos lugares, tratando, una vez mas, hacer el ensayo, aunque fue en vano. Sora había llevado una jarra con agua y mucho hielo, también una fuente con solo hielo. En los minutos siguientes, me bebí alrededor de unos siete vasos de agua. Pero aun así no había podido apagar ese fuego que sentía en mi interior. Luego de eso, y milagrosamente, pude enfocarme en mi parte del ensayo, por lo que el silencio en la habitación no era incomodo, al menos no para mi. Al fin había logrado sacar a Sora de mi cabeza y no iba a correr el riesgo de caer de nuevo en la tentación; bueno, lo más probable era que volvería a caer, pero al menos para entonces ya tendría una buena parte escrita.

No se cuanto tiempo pasó después de eso, porque realmente me había concentrado en mi parte del estúpido ensayo; talvez minutos, horas, no lo se. Pero me detuve, porque nuevamente me encontraba pensando en Sora, solo que esta vez fue a causa del tema del ensayo. Como nos asignaron la mitología griega, Sora tuvo la gran idea de dividir la cantidad de dioses que hay. Y a mi me tocó escribir sobre casi todas las diosas griegas. No me molestó en lo absoluto, pero en el momento en que llegué a Afrodita, la diosa de la belleza… Adivinen que fue lo primero que se me vino a la mente…

Me pregunto… ¿Qué diría Sora si supiera que ella es mi Afrodita, solo que mucho mas bella?

Seguramente pensaría que solo estoy bromeando… Como cada vez que trato de decirle que ella es más que una amiga para mí…

Si me ponía a recordar bien, eso era bastante cierto. Cada vez que trataba de decirle a Sora que ella me gustaba más que como una amiga, siempre me sonreía diciendo que dejara de bromear. Bueno, es cierto que solo trataba de decirlo a través de indirectas, pero aun así eran bastante obvias… o al menos lo eran para mí. Aunque también puede que eso se deba a que, antes de percatarme de mis sentimientos hacia ella, siempre solíamos bromear con eso.

La vida no puede ser mas injusta para mi ¿vedad?

Volteé a ver la ventana, observando en cielo en ese día soleado. Hubiera dado lo que fuera por ir a la playa. Solté un suspiro. No había caso seguir pensando en eso, ya que no pasaría, lo mejor seria terminar con mi parte del ensayo, así podría descansar un poco. Me decidí a hacer eso, pero en cuanto volteé a ver hacia al frente, me quedé paralizado.

Ay… Mi… Dios…

Tsuzuku…