Hola a todos!!! He vuelto y con el ultimo capitulo de este fic, si lo se, triste, pero tenia que llegar a su fin, y este es el fin.

Han pasado... casi 6 meses, cielos, no tengo perdon de dios!! Pero bueno, espero que disfruten este capitulo, en serio.

Y una advertencia, este fic no es lemon, ya veran por que les digo esto. Ademas de que hay una escena que involucra Yamato, Sora y una ducha, XD, no digo mas, tienen que leerlo por su cuenta.

Gracias a todos los que han seguido este fic. Disfruten!!!



Chapter two:

"Burning in Fire! Get me some Ice!"

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--------- Author's P.O.V. ----------

Dios dijo: "Hágase el silencio."

… Y el silencio se hizo…

Tanto así, que era casi sofocante, aun más sofocante que el calor.

Por un momento el tiempo pareció congelarse en el acto, ninguno de los dos jóvenes se atrevía a mover un solo músculo, ambos temiendo que si lo hacían despertarían de un sueño… un hermoso sueño (para uno de ellos). Estaban paralizados por sus propias emociones. Y una parte de ellos deseaba que en realidad estuvieran soñando, mientras que la otra… bueno, la otra parte de ellos no sabía que pensar… no que estuviera en condiciones de hacerlo, debido a su actual estado.

Tras unos momentos de total y absoluto silencio, Sora empezó, lentamente, a volver en sí, saliendo de su temporal estupor. Parpadeó un par de veces, tratando de así poder comprender del todo lo que veían sus ojos. Yamato estaba aun ahí, sentado al otro lado del escritorio, mirando descaradamente cada parte (visible) de ella, tomándose su tiempo, como si los minutos no transcurrieran en lo absoluto, como si nada más que ella importara para él. Ante ese pensamiento, algo se removió dentro de Sora, haciendo que su corazón empezara a latir rápidamente y que los colores subieran a su rostro. No, no podía dejarse llevar por sus sentimientos ahora, tenía que averiguar que le ocurría a su amigo (a pesar de que se hacía una idea muy clara de que le podía haber pasado). Respiró profundamente y se dispuso a sacar a Yamato de su… pequeño ensimismamiento.

'Es mas como una pequeña fantasía no tan pequeña…' pensó la pelirroja.

Abrió la boca para hablar, pero las palabras murieron en su garganta en el momento en que esos ojos azules (que aun seguían recorriendo su cuerpo) se enfocaron en los de ella. En ese instante, Sora podía haber jurado ver pasión, una pasión que (era obvio) el muchacho había estado conteniendo hace mucho tiempo (ya que la magnitud en que se mostró ese sentimiento la impresionó, por decir lo menos) y deseo, un deseo ya incontenible; pero también vio algo más, otro sentimiento, que antes había sido difícil para ella descifrarlo y que en ese momento lo vio con claridad… Esos zafiros, además de pasión, expresaban amor… un amor profundo y sincero. Y ese último sentimiento fue el que más la cautivó, y el que le impidió hablar. Sin embargo, también la dejó totalmente confundida.

'Sé lo que vi… Estoy segura que lo vi, pero… ¿Por qué?... ¿Por qué esta ahí?' pensó.

Los ojos de Yamato, por otro lado, seguían con su incansable tarea de observar; siguiendo todas y cada una de las gotas de agua que se deslizaban desde el mentón de Sora, pasando por su cuello, atravesando su pecho, hasta que se perdían entre sus adorables senos. No perdían detalle alguno. Y mientras más la veían sus ojos, más la deseaba su cuerpo. A Yamato ya no le importaba ser descubierto, no que se hubiera dado cuenta, ya que estaba demasiado ocupado observando como para percatarse de que su mirada ponía a Sora cada vez más nerviosa. El muchacho tragó duro, sintiendo levemente cómo una pequeña gota de sudor caía de su frente, deslizándose por su mejilla, hasta llegar a su mentón. Su mente hacía lo imposible para controlar a su cuerpo, que le exigía a gritos a la muchacha delante de él, hacía lo inhumano para controlar sus locas hormonas (que ya se encontraban fuera de control) y sus (igualmente) descontrolados sentimientos. Todos aquellos factores que estaban en su contra, empezaron a atacarlo todos a la vez, dificultándole más y más pensar con claridad. Su razón solo le gritaba que saliera de esa habitación, corriera al baño, se metiera a la ducha tal y como estaba y dejara correr el agua fría sobre él, ya que no había otro método de calmarse. Mientras que su instinto solo le decía, pacientemente, una cosa, que, irónicamente, resultaba ser mucho más tentadora que una ducha de agua fría; este le decía: BÉSALA. MUÉSTRALE LO QUE SIENTES POR ELLA. Aun así, no sabía qué hacer, pero estaba seguro de una cosa; si ella hacía o decía algo, lo que fuera, él ya no tendría control sobre sí mismo.

Era tan intensa la batalla que se desataba dentro de él, que no se dio cuenta del momento en que Sora dejó su lugar frente a él, hasta que ésta estuvo a un paso de tocar su mejilla.

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Sora seguía consumida en su confusión, hasta que volvió a sentir un fuerte escalofrió, desviando su atención hacia el joven frente a ella, quien, nuevamente, escrutaba su cuerpo de forma descarada, como si no hubiera un mañana. La pelirroja se removió en su asiento, sintiendo la incomodidad surgir en ella ante la intensa mirada de su amigo. Y no es que le molestara, de hecho, estaba empezando a encontrar (un poco) gratificante el que la mirara así. A pesar de su inicial temor (que no fue más que su inicial satisfacción), estaba empezando a disfrutar esa mirada… Y muy a su pesar (y eso era solo debido a la vergüenza que sentía de sí misma), comenzó a revivir las pocas fantasías, que alguna vez imaginó en estos últimos meses, sobre Yamato y ella haciendo cosas que se podían denominar de cualquier manera, menos inocentes. Sintió un calor subir a su rostro, cubriéndolo de un rojo intenso, al revivir uno de sus sueños más osados. No le gustaba la idea de fantasear de esa manera con su rubio amigo, al menos no del todo, porque tenía que admitir que sus fantasías eran bien placenteras, pero sentía que no era correcto. Aun así ¿quién podía culparla? No es como si ella lo hiciera a propósito, no tenía control sobre su mente en esos momentos. Volvió a enfocarse en su acompañante, solo para intensificar su rubor…

Yamato estaba, prácticamente, desnudándola con sus ojos.

'Y si realmente lo hiciera, no es mucho lo que tendría que sacar, ya que no es mucho lo que me cubre por el momento…' pensó, sacudiendo su cabeza casi al instante en que ese pensamiento se materializó. 'No, Sora, no pienses en eso, solo empeorará las cosas… Ahora solo debes sacar a Yamato de su trance y… luego buscar algo que te cubra más… sin importar el calor…'

Con una leve afirmación, Sora se levantó de su lugar y rodeó lentamente el escritorio. Yamato no perdía detalle de sus movimientos, pero tampoco parecía haberse percatado del todo que ella se había levantado de la silla. Sora dio un profundo respiro y, lentamente, casi temerosa de lo que pudiera suceder, acercó una de sus manos a la mejilla del rubio. Y justo antes de establecer contacto con su piel, Yamato abrió sus ojos enormemente, saliendo de su trance, y saltó de la silla hacia atrás, tropezando con la misma y cayendo estrepitosamente al piso; su reacción fue tan repentina que Sora dio un pequeño salto hacia atrás, sin embargo, por una décima de segundo logró ver claramente temor en esos ojos azules, que no duró mucho, ya que luego pasó a ser nerviosismo, y no entendió por qué.

'¿A qué le teme?' pensó confundida y decidió aclarar lo que pasaba. "¿Yamato?"- le llamó preocupada, mientras lo veía ponerse de pie.

Yamato solo pudo hacer levemente una mueca de dolor al oír su voz, alejándose lentamente de ella, como si temiera de lo que ella pudiera hacerle (cuando, en realidad, era temor a lo que él podría hacer); y para que las cosas se le hicieran aun mas difíciles, ella estaba preocupada por él. Respiró profundamente, tratando de calmarse, mientras guardaba su distancia. Sabía que cualquier paso en falso de su parte, cualquier roce que ellos tuvieran, por más mínimo que fuera, le ocasionaría perder el control y él estaría sobre ella tal y como un náufrago hambriento lo estaría sobre un suculento banquete.

'Solo se cuidadoso y mantén tu distancia.' se dijo mentalmente.

"¿Yamato, estás bien?"- volvió a preguntar la pelirroja, acercándose un poco a él y como respuesta, el muchacho se alejó. '¿Qué le pasa?'

El rubio asintió efusivamente, no confiaba en su voz; no quería arriesgarse a cometer el error de decir algo indebido o inoportuno (especialmente si se trataba de sus sentimientos), ya que él estaba cien por ciento seguro de que Sora solo lo veía como su amigo del alma.

"¿Seguro? Porque te veo algo incomodo y estas actuando extraño."- dijo suavemente, una genuina preocupación se reflejaba en sus ojos, así como en su voz. "Y si hay algo que yo pueda hacer para ayudarte solo dímelo."- comentó, acercándose aun mas al muchacho.

'Me ayudarías bastante si te alejaras de mí en estos momentos.' pensó, pero sabía que no podía decirle eso, heriría sus sentimientos y ella solo se preocupaba por él. "S-si, e-es-estoy b-bien."- dijo con mucho esfuerzo, tratando de sonar lo más normal posible, pero sin éxito.

Yamato siguió retrocediendo hasta que sintió la pared, entonces comenzó a sudar; estaba atrapado, ya no podría alejarse más de Sora y ésta, al parecer, no tenía intenciones de alejarse, puesto que aun no se detenía. Se pegó aun más a la pared cuando su amiga se detuvo a solo unos escasos centímetros de él, podía sentir claramente el calor que emanaba de ella y eso solo hacía la situación mucho peor.

Sora miraba al muchacho rubio con preocupación, sabía que algo estaba mal y quería ayudar. Levantó una de sus manos, con intenciones de tocar el rostro de Yamato, para ver si éste tenía fiebre o algo por el estilo, pero ni siquiera llegó a rosarle la piel cuando un grito de pánico la detuvo.

"¡NO ME TOQUES!"

Sora miró a su amigo algo asustada por su repentino grito de pánico. ¿A qué se debía? No lo sabía, solo podía observar a Yamato cerrar sus ojos fuertemente, mientras ponía sus brazos delante de él, como si quisiera protegerse de algo.

"No me toques. No… me toques. No me… toques. No me toques."- balbuceó Yamato, abriendo sus ojos lentamente. "No… me… toques… ¿Sora?"- dijo, su preocupación surgiendo al ver la repentina mirada de dolor de su amiga.

Sora, mientras lo observaba, comenzó a pensar en las posibilidades de la actitud que había tomado su amigo en esos últimos momentos. Y solo pudo llegar a una conclusión, una dolorosa conclusión.

Respiró con dificultad, tratando de reprimir las lágrimas que se aproximaban. "Oh, entiendo…"- dijo suavemente, sintiendo un fuerte dolor en su pecho. "Entiendo… Yo… lamento esto… Lamento haberte confundido tanto, Yamato…"- se dio media vuelta, dándole la espalda al rubio. "Lamento no ser quien tu esperabas…"- susurró tristemente.

Yamato la miró confundido y se acercó un poco a ella, aun sin llegar a tocarla. "Sora… de… ¿de qué estás hablando?"

Sora, sin embargo, no lo escuchó. "Fue tonto de mi parte pensar que esa mirada era para …"- susurró.

Yamato le dio un leve golpecito al hombro de la chica, solo para llamar su atención. "¿Qué mirada?"- preguntó, sintiéndose incomodo ante la proximidad de ambos.

Sora olvidó su tristeza y su dolor al oír aquella pregunta y sintió un inexplicable enojo. "¡Esa mirada de deseo que tenías minutos atrás, cuando me mirabas de manera descarada y lo digo literalmente!"- gritó, volteándose hasta quedar de pie frente a él, nuevamente, solo había unos escasos centímetros entre ellos.

Yamato se sorprendió. ¿Cuándo la había mirado así…? Bueno eso era obvio, lo había hecho casi todo el tiempo desde que entraron al departamento, pero cuando había sido tan notorio… Quizás había sido cuando… Se maldijo por dentro. Si, había sido durante ese breve momento después de verla refrescarse con el hielo. Aun así, estaba casi seguro que no había sido tan descarado… ¿o sí?... No lo recordaba, tampoco es como si hubiera estado pensando claramente en ese instante.

'Maldición…' pensó. "Sora…"- dijo, pero fue interrumpido.

"Seguramente no era a mí a quien viste en ese momento, sino que era una de esas… esas… esas… esas rameras con las que sales a divertirte. Probablemente esta calor sofocante te jugó una mala pasada y te hizo ver algo que no era…"- dijo Sora, su enojo ya extinguido. "Si, seguramente fue el calor…"- susurró, bajando la mirada.

"¡No!"- exclamó Yamato, haciendo que la pelirroja lo mirara. "¡No es lo que tú piensas, Sora!... Yo… yo no estaba viendo a nadie más que a ti…"- el muchacho se detuvo, dándose lentamente cuenta de las palabras que acababa de decir, palabras que eran casi una declaración.

Sora se ruborizó justo en el instante en que las palabras abandonaron esa boca que la tenía obsesionada, sin creer lo que aquella frase significaba.

"Sora, yo… yo… ehh… esto, bueno…"

"Yamato…"

El silencio volvió a reinar en la habitación por los siguientes minutos, en donde Yamato se vio nuevamente acorralado en la pared. Ninguno de los dos había establecido contacto físico aun; Sora, porque se sentía muy nerviosa por el momento, y Yamato, porque trataba de evitarlo a toda costa. Finalmente, fue Yamato quien rompió con el silencio y habló (sin importarle lo temblorosa que sonaba su voz en ese instante).

"Sora… escucha, yo… solo estaba pensando en ti, así que… no pienses algo equivocado… Ahh… Sora, necesito estar solo unos minutos para… calmarme y aclarar mi mente…"- dijo. "Y no es por ti, en serio… Pero ahora no puedo pensar claramente y no podre explicarte bien lo que me pasa, por eso… necesito aire."- se apresuró a agregar, cerrando sus ojos.

Sin embargo, Sora no lo escuchó, o solo eligió ignorarlo, porque en vez de alejarse de él, se acerco aun más y sin previo aviso, tomó el rostro del muchacho y lo besó. Yamato se paralizó por completo al sentir los tibios labios de Sora sobre los suyos. No se atrevió a mover ni un musculo, por temor a perder la poca razón que le quedaba, pero eso no le serviría de mucho. Con la misma rapidez con la que esos labios se posaron sobre los suyos, se alejaron de nuevo, llevándose con ellos su autocontrol. Un beso tierno, dulce e inocente. Y solo eso bastó, solo un pequeño roce de sus labios y su mente dejó de funcionar, acabando con el poco control que le quedaba, dando paso a su instinto, a sus deseos y a sus sentimientos.

Sora se había decidido, le confesaría sus verdaderos sentimientos a Yamato, ya no se callaría nada más. Y con un suspiro de valor habló. "Yamato, yo…"- enmudeció de repente, al sentirse prisionera de unos fuertes brazos.

Sora se paralizó un segundo. El abrazo era suave, pero firme y muy posesivo. Sabía que si trataba de soltarse, no lo lograría. Alzó la mirada lentamente, como temiendo lo que encontraría en el rostro del rubio, pero en el momento en que hizo contacto visual con Yamato, quedó sin aliento. Sintió un fuerte estremecimiento recorrerle el cuerpo; Yamato tenía la misma mirada de hace unos minutos atrás, solo que esta era más intensa, más ardiente. Lo cual la llevó a pensar¿Había hecho bien en besarlo en ese instante? No estaba segura de la respuesta a esa pregunta, pero sí estaba segura de que su beso había hecho algo en Yamato, solo que no sabía si ese algo era bueno… o malo.

Yamato hizo más firme el abrazo, apegando a Sora más a su cuerpo. Lentamente, sin prisa, descendió su rostro al de la pelirroja, cerrando sus ojos al momento en que sus labios hicieron contacto entre sí. Sonrió para sus adentros al sentir que su beso era correspondido, entonces supo que ya nada lo detendría, ni su estúpida razón ni la hermosa muchacha que tenía entre sus brazos. Con mucho cuidado, casi de forma imperceptible, Yamato comenzó a avanzar hacia la cama, obligando a su prisionera a retroceder sin que se diera cuenta de lo que hacía, y con el mismo cuidado, recostó el cuerpo de la chica sobre la cama, posesionando el suyo propio sobre el de ella. En ningún momento se rompió el apasionado beso que compartían en esos momentos. Con toda la calma del mundo, él se acomodó hasta tener uno de sus brazos libres para poder moverlo sin restricciones. Entonces fue cuando comenzó con su juego de caricias, que solo era el principio de lo que él sabía sería una tarde (y noche, si es que se daba la ocasión) inolvidable.

Sora se sentía en el paraíso, jamás en su vida se había sentido así. Era verdad que siempre sintió un fuerte hormigueo en su cuerpo cada vez que se besó con Yamato, pero eso… lo que estaba sintiendo en esos momentos… era un fuerte mar de llamas recorriéndole el cuerpo. La forma en que el chico rubio la besaba en ese momento… era como si ella fuera el manjar más suculento que jamás hubiera probado y él que había probado muchos. Tenía que admitir que jamás hubiera esperado que Yamato tuviera una forma tan… sensual… de acariciarla, como si no quisiera asustarla. Sintió una fuerte ola de calor proveniente de su interior y apenas se pudo dar cuenta que la razón de ese repentino calor era ni nada más ni nada menos que las caricias de Yamato, que ahora se abrían paso por su muslo izquierdo hacia arriba con una dolorosa y placentera lentitud que, si no fuera porque su boca aun estaba prisionera, casi la hizo suplicar. Sora se percató de que era ella quien no permitía la ruptura del beso, pues tenía sus brazos alrededor del cuello de Yamato, acercándolo cada vez más a ella. Soltó su agarre solo un poco, pero lo suficiente para darle un poco de libertad al muchacho.

Yamato se alejó de Sora lentamente al sentirla soltar su agarre. Aun había una pequeña parte de él que le decía que se detuviera mientras podía, pero esa parte estaba en demasiada profundidad en comparación con el resto como para prestarle atención. Comenzó su provocación dando cortos y suaves besos de mariposa alrededor del rostro de Sora: en su mejilla, en su mentón, en la comisura de los labios, plantando uno que otro beso en estos de vez en cuando y descendiendo por su cuello, solo para volver a repetir su recorrido. Sentía a Sora estremecerse debajo de él, tratando de suprimir los incontenibles gemidos que querían surgir desde el fondo de su garganta, sin mucho éxito, ya que la mayoría de estos encontraban una que otra forma de salir a la superficie. ¿Cómo sería oírla gritar su nombre en medio de un desbordante clímax? Porque si los leves gemidos que emitía ahora eran un pequeño indicio de lo erótica que le podía resultar su voz en momentos como ese, entonces, oírla gritar su nombre con fervor en medio de un acto de pasión, de seguro sería lo más maravilloso y excitante que pudiera oír jamás. Siguió abriéndose paso con sus manos, cuidando de no tocar algo a lo que no tenía autorización…aun. Ascendió por el suave y lizo abdomen de su preciosa pelirroja, acariciándola a medida que recorría esa parte de su piel, se topó con el top blanco que llevaba puesto y, muy sutilmente, introdujo su mano debajo de este, siguiendo con lo que hacía. Rosó la base de los senos de la chica con uno de sus dedos y la excitación llegó a su cuerpo. Pero antes de poder establecer contacto con esos suaves senos (al menos eso era lo que él creía) un fuerte empujón se lo impidió, enviándolo al piso. Alzó la vista algo aturdido por el golpe y por la ardiente pasión que aun sentía, solo para ver a Sora mirándolo con la cara desencajada.

Le encantaba. Tenía que admitirlo. Le encantaba todo lo que Yamato le hacía. Sus manos, que parecían dejar un agradable hormigueo en cada parte que acariciaba, quemándole la piel. Sus labios, que a cada roce que hacían, la dejaban sin aliento, haciéndole desear probarlos nuevamente, como si su vida dependiera de ellos. Todo eso le encantaba. Pero quería más, mucho más. Quería que sus fantasías dejaran de ser solo fantasías, pero eso era inaceptable por ahora, era demasiado pronto. Tendría que conformarse con lo que tenía ahora. Se estremeció al sentir la mano de Yamato acariciando su abdomen y trató, una vez más en vano, suprimir un gemido que se estaba formando en su garganta, pero este igual logró escapar. Sintió un escalofrío cuando sintió la mano de Yamato rosarle uno de sus senos, entonces salió por completo de su pequeño momento de placer, empujando al rubio fuertemente para alejarlo de ella. Sabía que si se miraba al espejo, encontraría su cara desencajada. Vio que Yamato había quedado algo aturdido, pero aun era preso de su propio deseo. Eso no estaba bien. Lo que Yamato estuvo… lo que estuvo a punto de hacer… no, eso no estaba bien, para nada de bien. Se había sentido bien, eso era cierto, muy bien, pero… pero… ¡aun no era el momento! Incluso si Yamato le había dicho que la quería (no con esas palabras, pero era casi lo mismo) lo estuvo a punto de pasar no era nada bueno, no ahora. Fue solo entonces, mientras lo veía ponerse de pie lentamente, que recordó lo que él había dicho, lo que explicaba su comportamiento.

"Ahh… Sora, necesito estar solo unos minutos para… calmarme… no es por ti…Pero ahora no puedo pensar claramente… necesito aire."

Y ahora lo entendía. Ella era la que lo tenía así, fuera de control. Por eso él estuvo tratando de evitar contacto con ella, para mantener su control… ¡Y a ella se le ocurría besarlo!

'Yamato no sabe lo que hace… Él solo esta obedeciendo a su deseo…' pensó. Vio al muchacho acercarse a ella, lo que la hizo reaccionar. 'Debo dejarlo solo, sino lo hago, pasara algo que lamentaremos luego… que él lamentara luego… ¡Tengo que salir de aquí!'

Con ese último pensamiento, saltó de su cama y se apresuró hacia la puerta, tratando de no tocar a Yamato. Ahora era ella quien lo evitaba a toda costa. Se sentía como un cazador siendo cazado por su presa. Finalmente alcanzó la puerta, pero antes de poder abrirla completamente, una fuerte mano la volvió a cerrar de una forma un poco violenta. Sora se paralizó, no queriendo ver al chico detrás de ella, temía que si lo veía toda su convicción de alejarse se iría por el caño. Aquella mano se posó sobre su hombro y comenzó a descender por su espalda, acariciando su piel en el proceso y haciéndola estremecer violentamente.

"¿A dónde pretendías huir… Cielo?"- preguntó Yamato de forma seductora, mientras seguía con sus suaves caricias.

"Yo… ahh…"- gimió Sora, arrimándose más a la puerta para tratar de escapar de esa caricia, pero lo cierto era que estaba siendo acorralada por el cuerpo del rubio.

"¿Tu…? No pretendías huir de mi… ¿verdad?"- susurró al oído de la pelirroja con el mismo tono seductor que antes, plantando un suave beso en su cuello.

"Ahhh…"- logró decir, sintiendo como Yamato rodeaba su cintura, para luego voltearla y así quedar ambos frente a frente. "Yamato…"

"¿Cuál es el problema, Cielo?"- preguntó, mientras seguía besando su cuello y ascendiendo. "Sé que tu lo deseas tanto como yo."

"N-no es… eso…"- volvió a estremecerse.

Yamato besó levemente sus labios y la obligó a mirarlo a los ojos. "¿Entonces qué? Prometo que será una experiencia que jamás olvidarás, la más excitante y placentera… Será como viajar al paraíso…"

"Yamato, no…"- murmuró. Estaba cediendo y lo sabía, a ese paso accedería a lo que él quería.

"No te dolerá, lo prometo. Seré cuidadoso, jamás me atrevería a lastimarte. Por favor…"- la besó una vez más.

Sora abrió los ojos exageradamente. Él…él… le estaba… ¿le estaba proponiendo… eso? No se lo creía. Esa era su más grande anhelo, su más grande fantasía. ¿Pero era lo correcto en este momento? Yamato no estaba pensando con claridad, el lo había dicho, aunque en ese momento se veía y oía bastante lucido, sus ojos lo delataban; podía ver claramente que él se estaba dejando llevar por sus deseos. Ella así no podía… no si no había…

"No… puedo…"- dijo, desviando su mirada.

Yamato sonrió. "¿Por qué? Tu lo deseas y lo sabes…"- dijo como si fuera un hecho.

"Si… pero no puedo… No si no hay sentimientos de por medio… Así no puedo…"- dijo, mirando a Yamato a los ojos con un deje de tristeza. Luego bajó la mirada. "Tu… hasta ahora… solo has hablado de deseo y… yo no puedo hacerlo si no hay a…"- no pudo continuar, puesto que unos intrusos labios la callaron.

Yamato no supo por qué, pero de pronto sintió unas incontenibles ganas de borrar esa mirada de tristeza y remplazarla por una de felicidad y casi por impulso se acercó a Sora y la besó, callando su pequeño dialogo. El beso era suave y lleno de ternura, lentamente se fue haciendo cada vez más ansioso y apasionado. Yamato estaba complacido de que Sora comenzaba a corresponderle nuevamente, sucumbiendo a su propio deseo. Solo entonces su cerebro comenzó a procesar lo que ella le había dicho.

"Si… pero no puedo… No si no hay sentimientos de por medio… Así no puedo…"

No si no hay sentimientos…

… Si no hay sentimientos…

… Sentimientos…

El rubio se alejó abruptamente de Sora, aunque no lo suficiente, y se quedó mirándola. Su cerebro había vuelto a razonar, devolviéndole un poco del control perdido. Abrió los ojos asustado. Oh dios, oh dios. ¿Qué había hecho? No… ¿Acaso él… le había propuesto…? Solo le bastó observar una sola vez el sonrojado rostro de Sora para saber la respuesta… y era exactamente la respuesta que no deseaba. Apoyó sus manos a ambos lados de Sora y cerró sus ojos, comenzó a tomar profundos respiros para calmarse, lo que no le servía nada. ¡Ya no podía seguir así! Tenía que decirlo… tenía que confesarle a Sora sus sentimientos, el silencio lo estaba matando, lo estaba volviendo loco. Ya no podía esperar más. Tenía que decírselo, sin importar las consecuencias. Escuchó su dulce voz llamarlo y él abrió los ojos. Si, ya no había marcha atrás, se lo confesaría todo.

Sora se sorprendió cuando Yamato se alejo con brusquedad de ella. ¿Qué había pasado con él? Al comienzo parecía muy seguro de seguir con las cosas hasta el final, un final que solo en sus mejores fantasías había vivido, y cuando ella decidió ceder, el decide detenerse. ¿Qué le ocurría? Vio su expresión de susto y una vez más, no supo por qué. Lo vio tratando de regular su respiración y calmarse. Esperó. Esperó hasta que creyó era seguro hablarle, le llamó. Yamato reaccionó inmediatamente a su voz y abrió sus ojos, clavándolos en los suyos. Y lo que vio la dejó helada. Ahí, en esos zafiros había determinación, una determinación que nunca había visto ahí.

'¿Por qué tengo este extraño presentimiento…?' pensó.

De repente y sin previo aviso, Yamato la elevó en sus brazos y la colocó en su hombro. Sin siquiera darle tiempo a Sora de reaccionar, abrió la puerta de golpe y salió al corredor, con paso veloz se dirigió a su destino.

"Ya… ¡Yamato…! Que… ¿Qué haces?... ¿A dónde vamos?"- preguntó Sora, quien, en su posición, no podía ver hacia donde la llevaba el rubio.

"Confía en mí."- fue todo lo que el joven dijo.

Entraron en otra habitación y solo ahí Sora se percato en donde estaban. "El… ¡¿El baño?!"- exclamó totalmente nerviosa. 'Que… ¿Qué planea?' pensó.

Estaba nerviosa y asustada. ¿Por qué la había traído al baño? Él no… no podía estar pensando en… Se estremeció por completo, sonrojándose exageradamente. Oh dios, él simplemente no podía esperar hacer… algo… con ella ahí en el baño, no podía. Escuchó correr el agua por la ducha y empezó a tratar de soltarse del agarre del rubio, pero este no cedía y solo hizo su agarre más firme. La mente de Sora empezó, rápidamente, a formar imágenes de las posibles posibilidades de lo que Yamato planeaba hacer (ninguna de ellas desagradables) y también a recrear algunas de sus más osadas fantasías de nuevo. Se sintió presa del pánico, pero luego, como una luz de salvación en un oscuro camino, recordó que Yamato le había dicho que confiara en él. Entonces se calmó. Si el muchacho le había pedido eso, era porque realmente lo sentía. Y eso haría, confiaría en él. De repente, se encontró de pie frente a Yamato y sintió algo frío.

"¡Ahhh! Esta fría…"- gritó Sora, al momento en que el agua hizo contacto con su piel.

Ahora entendía lo que Yamato planeaba. Si podían apaciguar aquel calor infernal que había dentro de sus cuerpos, ninguno tendría problemas en controlar sus locas hormonas, que se habían descontrolado demasiado desde esa mañana. Y si ambos se mantenían en control y no se dejaban llevar por el momento, podrían pensar con claridad para analizar bien las cosas y así aclarar aquella confusión que se había provocado desde el momento en que Yamato comenzó a actuar extraño hasta ahora. Sora alzo la vista para contemplar a Yamato. Se veía verdaderamente irresistible así como estaba: sus ojos cerrados, ambas manos apoyadas en la muralla que había detrás de ella, dejando que el agua fría le calara hasta los huesos. Entonces se percato que el joven rubio la cubría de la mayor parte del agua que caía. De repente y sin motivo aparente, Sora comenzó a reír.

Yamato, perplejo ante tal acto, abrió los ojos de golpe. "¿Qué es tan gracioso?"- preguntó sorprendido.

Sora respiró profundamente, tratando de calmar su risa lo suficiente como para poder hablar. "No es nada, yo… Solo me pareció divertida la situación, es todo."- dijo entre risas.

Segundos después Yamato la acompaño en las risas, permaneciendo así por varios minutos. Cuando se detuvieron, el silencio reino sobre ellos. Por unos breves instantes se miraron intensamente, tratando así de decirse todo lo que no podían decir con palabras y en un arranque de pasión, se volvieron a besar, solo que esta vez, ambos estaba consientes de lo que hacían. Yamato deslizó sus brazos alrededor de la cintura de Sora, apegando sus cuerpos aún más. Sora respondió moviendo sus brazos alrededor de su cuello, terminando de cerrar la poca (casi nada) distancia que había entre ellos. Los besos se hacían más y más apasionados con cada segundo que pasaba. El agua que aun corría por sus cuerpos parecía ya no importar más, había pasado a segundo plano.

Yamato dejó de besar esos deliciosos labios para poder probar, nuevamente, la suave y tersa piel de la chica. Comenzó por el cuello, saboreando cada rincón de aquella zona, avanzó por su hombro, provocando leves temblores en la muchacha; sus manos, nada perezosas, habían comenzado a explorar su espalda, memorizando cada detalle de esta, quiso ir más abajo, pero no quería arruinar el momento, por lo que se contuvo. Ya habría tiempo para eso. Volvió a besar esa boca que lo tenía obsesionado. Sora, por su parte, estaba extasiada con los besos de Yamato, adoraba la forma en que su boca se deslizaba por su piel, pero eso no era todo, también adoraba la forma que él tenía tocarla, con tanta delicadez. Tanto sus besos como sus caricias expresaban una pasión que jamás creyó experimentar. Claro ella no se quedaba atrás, sus manos, casi por iniciativa propia, habían comenzado a acariciar la espalda de Yamato, delineando cada musculo, memorizando, disfrutando. Le gustaba lo que estaba sintiendo y deseaba que ese momento no se acabara nunca.

Yamato tomó una decisión. Dentro de toda la confusión que aun había en su mente, había una parte de él que le decía que ese era el momento. El momento perfecto para confesar sus sentimientos. Y con eso en mente, separó sus labios de los de Sora con mucha dificultad. La pelirroja se sorprendió por la repentina pausa y l miró cuestionando su acción, pero Yamato no se dio cuenta, ya que trataba de recuperar su aliento.

"¿Qué… ocurre, Yamato?"- preguntó por fin.

Yamato la miró fijamente a los ojos. "Sora, debo decirte algo que me he estado guardando desde hace ya mucho tiempo… y no puede esperar otro segundo mas."- dijo seriamente.

Sora se ruborizo, su corazón latía rápidamente. "Di-dime."- murmuró.

Yamato respiró profundamente, calmando un poco los inoportunos nervios. "Sora… Yo te…"

TOC. TOC. TOC.

Ambos adolecentes se paralizaron ante el estrepitoso sonido de retumbó por todo el departamento. Les tomó unos cuantos minutos y unos cuantos sonidos más para darse cuenta de que alguien estaba golpeando la puerta del departamento. Ninguno de los dos sabía qué hacer. Y se sintieron de repente muy incómodos por la situación tan comprometedora en la que se encontraban. El momento había sido completamente arruinado por la persona que aun seguía golpeando la puerta impacientemente. Yamato cerró la llave de la ducha, pues ya no la necesitaría. Y como el agua que se iba por el drenaje, así se iba el valor que había reunido para confesarse. Se separó de Sora lentamente, sintiendo lastima de sí mismo. Sora salió de la ducha rápidamente. Esto hizo que Yamato fijara su atención en ella y solo entonces se percató de lo empapada que ella estaba, tanto así que la diminuta blusa blanca que llevaba puesta se le traslucía toda. Sintió un familiar calor recorrerle el cuerpo ante lo que sus ojos veían y antes de caer en la tentación (de nuevo), desvió su mirada, saliendo de la ducha él también.

"Yo… debo ir a ver quién es…"- dijo Sora, dirigiéndose hacia la puerta del baño, pero fue detenida a medio camino. Se volteó a ver a Yamato, pero este no la miraba o trataba de no hacerlo.

"Espera un momento, Sora…"- dijo Yamato, soltando suavemente el brazo de Sora, cogió una toalla.

"¿Qué… qué ocurre?"- peguntó ella algo sorprendida.

"Cúbrete."- fue todo lo que él dijo, entregándole la toalla.

Sora no entendió al principio, pero luego se echó un vistazo a ella misma y entendió lo que pasaba. Tomó rápidamente la toalla y se cubrió con ella. "Gracias."- murmuró y salió del baño.

Yamato suspiró entre resignado y aliviado, tomó una toalla para él y comenzó a secarse lo mejor que pudo. 'Diablos…'

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Sora se dirigió hacia su habitación por algo con que cambiarse la blusa mojada, pero nada más entrar a su cuarto y los golpes en la puerta se hicieron más insistentes. Soltó un gruñido, maldiciendo internamente a la persona que estaba al otro lado de la puerta haciendo ese ruido molesto. Sabía que no era su madre, ella hubiera entrado con sus llaves y su padre estaba fuera de la ciudad. Y no le importaba si eran sus amigos, los regañaría por la interrupción. ¡Le habían interrumpido el momento perfecto para una declaración y Yamato estuvo a punto de declararse! O eso creía, lo cual era muy probable. El molesto golpeteo en la puerta continuó y en su frustración, Sora no hallaba que ponerse, entonces vio sobre la mochila de Yamato una camiseta negra sin mangas, de él obviamente, y sin pensarlo más, la cogió. Arrojó la toalla a un lado, se quitó su blusa mojada y se colocó la camiseta de Yamato. Por un momento el tiempo pareció congelarse y solo se dedicó a inhalar el varonil aroma del muchacho que estaba impregnado en la prenda. Los golpes de la puerta la sacaron de su ensoñación y volvió a soltar un gruñido. Quien quiera que fuera, tendría que tener una buena excusa para venir, de lo contrario…

"¡Ya voy, ya voy! Espere un segundo."- dijo, caminando en dirección a la puerta, se cruzó con Yamato al salir de la habitación, pero el muchacho no pareció notarlo, iba como en su pequeño mundo. El golpeteo en la puerta siguió, más persistente que antes. "¡Ya voy, espere!"- al llegar a la puerta, la abrió con todas las intenciones de regañar a la persona que se encontraba al otro lado, pero al ver a dicha persona quedó paralizada. "Shinji…"

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Yamato entró a la habitación sintiéndose frustrado y muy desesperanzado. Todo el coraje que había reunido en el baño se había ido por el drenaje, junto con el agua… y todo por un estúpido golpe en la puerta. Ya detestaba a la persona que estaba afuera esperando ser atendido. Ahora no sabía cuándo volvería a tener el suficiente valor para declarársele a Sora, tal vez esa había sido su única oportunidad. La vida definitivamente era muy injusta con él. Soltó un gran suspiro y decidió continuar con el ensayo, para matar el tiempo que Sora demorara en atender a la inesperada (y no deseada) visita y de paso, poder despejar su mente de su fracaso. Se sentó en la silla e iba a comenzar con lo suyo, cuando vio su lápiz destrozado sobre los papeles.

'Maldición…'

Se levantó pesadamente de su lugar y caminó hasta su mochila, de repente se sintió sin gana de nada. Buscó entre sus cosas otro lápiz y, afortunadamente, encontró uno. Antes de volver a su lugar, notó algo extraño con sus cosas, algo faltaba. Estuvo un par de minutos observando su mochila, hasta que se percató de que su camiseta no estaba por ningún lado. Revisó la habitación, pero no la encontró.

"Estoy seguro de que la dejé sobre mi mochila… Quizás Sora la dejó en otro lugar… Será mejor preguntarle."- murmuró para sí mismo y salió de la habitación en busca de la joven.

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La pelirroja se quedó por varios minutos observando al joven delante de ella, como si se tratara de una aparición. La verdad era que, después de todo ese alboroto con Yamato, había olvidado por completo el mensaje que el susodicho había dejado hace unas horas atrás. Y ahora… y ahora ella no sabía qué hacer… Si Yamato lo veía…

"Hola, Sora… ¿Cómo estás?"- dijo Shinji, rompiendo el incomodo silencio que se había formado entre ellos.

"Hola, yo estoy muy bien…"- respondió Sora, no sabiendo que mas decir. Se formó otro incomodo silencio, hasta que Sora se dio cuenta de que el muchacho esperaba para ser invitado a pasar, lo cual no era lo que ella quería, pero era lo que se debía hacer. "Ehh… Disculpa mis modales… Adelante, pasa."- dijo, haciéndose a un lado.

Shinji dio las gracias y entró. "Espero no llegar en un mal momento."- comentó.

"No, para nada…"- mintió. 'Solo llegaste en un pésimo momento.' pensó. "Adelante, toma asiento."

"Gracias."- dijo, sentándose en el sofá más cercano al él.

"¿Quieres algo de beber? Un jugo… ¿agua?"

"Agua, por favor."

"Bien…"

Sora se dirigió hacia la cocina, haciendo que el muchacho se percatara de su actual estado. Shinji notó (lo cual era fácil) que Sora estaba completamente empapada, con excepción de la camiseta que llevaba puesta que solo estaba algo mojada. Eso le pareció bastante extraño, incluso si ella había querido refrescarse, lo cual era lógico con esa calor infernal, le pareció que era un poco exagerado, por no decir demasiado. Bueno, podría preguntarle que ocurrió y de paso entablar una conversación agradable, antes de abordar el tema que realmente venía a tratar con ella.

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Yamato caminó lentamente por el pasillo que daba a la entrada del departamento, algo deprimido por lo que había ocurrido y seguía deprimiéndose más y más cada vez que recordaba la interrupción. Realmente había sido el momento perfecto y se lo habían arruinado… El muchacho rubio escuchó voces desde la entrada y se detuvo en seco.

"Hola, Sora… ¿Cómo estás?"

Reconocería esa voz en cualquier parte. Se acercó sigilosamente a la entrada y se oculto a unos metros de esta para no ser visto. Entonces lo vio. Tal y como lo había imaginado, la supuesta visita era…

"Shinji…"- susurró.

No se necesitaban palabras para saber cómo se sentía Yamato con la llegada del muchacho, solo bastaba con mirarle la cara de desagrado que tenía en ese momento y uno lo sabría inmediatamente. Gruño para sí mismo al oír lo que Sora dijo luego.

"Ehh… Disculpa mis modales… Adelante, pasa."

'¡¡NO!!' rugió el muchacho en su mente.

¿Por qué ella tenía que ser tan educada y amable con ese desgraciado cuando este estuvo a punto de golpearla?

"Espero no llegar en un mal momento."

'Claro que no… Llegaste en un ¡pésimo momento!'

"No, para nada… Adelante, toma asiento."

Yamato volvió a gruñir por lo bajo, tratando de no ser escuchado. Estaba ardiendo en furia, queriendo únicamente ir allí y propinarle un buen golpe a ese cerdo y luego sacarlo del departamento, pero si hacía eso, entonces no podría saber a que había venido.

"Gracias."

"¿Quieres algo de beber? Un jugo… ¿agua?"

Al oír eso, el rubio entró en pánico. Si Sora lo descubría aquí, se molestaría, a ella nunca le gusto que alguien oyera las conversaciones ajenas y menos si eran las suyas. Desesperado buscó un lugar donde esconderse, pero no había nada, el pasillo estaba vacío.

"Agua, por favor."

"Bien…"

'¡Maldición!'

Yamato sin siquiera pensarlo demasiado se metió en una habitación que había a sus espaldas, rogando que no se tratara de la habitación de los padres de Sora. Y, afortunadamente, no lo era, solo era un pequeño armario en donde guardaban las cosas del aseo. Suspiró aliviado. Escuchó a Sora pasar por fuera del armario y luego de unos minutos la escuchó regresar. Cuando pensó que era seguro salir, lo hizo y volvió a su posición detrás de la mesita del teléfono para oír su conversación.

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Sora entró a la cocina y soltó un quejido. ¿Qué se supone que debía hacer ahora? No podía estar mucho tiempo hablando con Shinji, ya que Yamato de seguro se preocuparía y vendría a ver que la mantenía tan ocupada. Tampoco podía ir y decirle a Yamato que Shinji estaba en el departamento, ya que este se molestaría y no se preocuparía por disimularlo, además de que querría estar con ellos en la sala para ver qué pasaría. Podía decir que estaba ocupada, pero ¿ocupada en qué? Si le decía a Shinji que tenía un ensayo que hacer, seguramente el se ofrecería a ayudarla, y si ella se negaba, a él le resultaría extraño, sin mencionar que era pésima mintiendo. ¿Qué más podía decirle?. ¿Qué iba a salir? Seguramente se ofrecerá a acompañarla. ¿Qué Yamato estaba ahí? No, esa no era una opción.

'¿Por qué me haces esto Dios?... ¿Acaso he actuado mal?' se preguntó.

Suspiró. Sacó n vaso y lo llenó de agua, luego regresó a la sala, tratando de poner su mejor sonrisa. Al entrar encontró al muchacho leyendo una de las revistas que su madre dejaba debajo de la mesa de centro. El muchacho dejó la revista en su lugar cuando la vio.

"Aquí tienes."- dijo Sora, entregándole el vaso, luego se sentó el sofá que estaba al otro lado de la mesita.

"Gracias."- dijo Shinji, bebió un poco de agua y luego dejó el vaso sobre la mesa. "Por cierto, Sora, quería preguntarte algo…"

"Dime."

"¿Por qué estas toda empapada? Digo, entiendo que quisieras refrescarte con este calor, pero… ¿no crees que eso es demasiado?"

Ante aquella pregunta, Sora dirigió su mirada en forma instantánea hacia su cuerpo. Era cierto, con la prisa con la que se tuvo que secar no alcanzó a hacerlo bien, se notaba que estaba aun estaba empapada. Era una suerte que la camiseta de Yamato le quedara grande y que esta le llegara hasta la mitad del muslo, no hubiera querido que Shinji la viera con lo que se había puesto en la mañana, ya que… si era honesta con ella misma… se había vestido así para ver si Yamato reaccionaba como la mayoría de los chicos lo hace cuando ven a una chica usar ropa diminuta, y si que había reaccionado, solo no como ella había imaginado.

'Realmente fue mi culpa lo que pasó…' pensó y soltó un suspiro. "Bueno, yo… Lo que pasó fue que… Veras, lo que sucede…"- no sabía que decir, pero realmente no lo necesitó.

"Había una cañería averiada y cuando tratamos de arreglarla, se rompió, pero ya terminé de repararla."

Sora se dio vuelta, solo para ver a Yamato caminar hacia ella, hasta detenerse a sus espaldas.

"¿Verdad, Sora?"- agregó Yamato.

Y el silencio cayó sobre ellos.

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Yamato, en el segundo que oyó la pregunta de Shinji, supo que tendría que hacer algo al respecto; Sora no era buena mintiendo y su moral no se lo permitiría de cualquier manera, así que la situación estaba en sus manos, de él dependía solucionar el problema.

"Lo que sea que tenga que pasar, que pase…"- susurró y salió de su escondite. "Había una cañería averiada y cuando tratamos de arreglarla, se rompió, pero ya terminé de repararla."- dijo, respondiendo la pregunta, eso había sido lo primero que se le había ido a la mente y era bastante lógico.

Caminó hasta llegar al lugar donde estaba Sora y se detuvo detrás de ella. Sora no le dijo nada, solo lo miraba bastante sorprendida y Shinji estaba igual de sorprendido que ella, pero no le duró mucho, puesto que segundos después comenzó a lanzarle mirada asesinas.

"¿Verdad, Sora?"- dijo, volteando a ver a la chica.

Hubo unos minuto de silencio. Sora no sabía cómo reaccionar a la situación, se sentía atrapada. ¿Que debía hacer? Decir la verdad no podía, eso solo empeoraría las cosas, pero ¿podría ser capaz de mentir lo suficientemente bien como para convencer a Shinji?... Las cosas no podían ponerse peor que eso… Shinji, por su parte, solo miraba entre Yamato y Sora, quienes no dejaban de mirarse a los ojos. Lo que Yamato había dicho parecía lógico, considerando el aspecto de ambos, pero ¿sería realmente eso lo que pasó?

"¿Sora?"- dijo Shinji, sacando a los otros jóvenes de su trance.

La pelirroja lo miró y solo atinó a asentir, ya no confiaba en sus palabras.

"Bien, si tu lo dices, entonces lo creeré."- dijo y luego volteo a ver al rubio, quien lo miraba despectivamente. "No sabía que fuera plomero. ¿Qué acaso tu banda fracasó?"- preguntó con claras intenciones de insultar.

Pero el rubio sabía cómo mantener su compostura, además los comentario que él hiciera no le podrían importar menos. "No, de hecho nos está yendo bastante bien, no me quejo. Pero tocar el bajo y cantar no son mis únicas cualidades, Takamura, se hacer muchas cosas, soy una persona multifacética, no hay nada que no pueda hacer… o por decirlo de otra manera… no soy un inútil."- dijo con una sonrisa engreída.

Shinji se puso de pie, claramente molesto. "¿Qué dijiste?"

"Ya me oíste. ¿O es que acaso tu pequeño cerebro no es capaz de procesar tan simples palabras?"- dijo Yamato, caminado hasta quedar de pie junto a Sora.

Shinji tuvo claras intenciones de abalanzarse sobre Yamato y golpearlo, pero Sora se interpuso rápidamente entre ambos.

"Chicos, por favor, tranquilícense!"- les dijo.

Pero Shinji estaba lejos de tranquilizarse. "¿Dónde está tu camiseta Yamato, o es que acaso ser un stripper es parte de esas muchas cosas que sabes hacer?"- preguntó.

"Por supuesto que no, no necesito serlo. Además ¿qué no es obvio? Sora la lleva puesta, porque a diferencia de ti, yo soy un caballero y no podía permitir que se quedara con su blusa mojada."

"Pero ella tiene su propia ropa."

"Si, pero con un desquiciado golpeando la puerta como si hoy fuera el fin del mundo no tuvo tiempo de cambiarse apropiadamente."

"Yamato, creo que ya fue suficiente."- dijo Sora, tratando de acabar con la discusión.

"Díselo a él, Sora, yo no comencé esta discusión."- dijo Yamato en su defensa.

Sora miró a Shinji. "Shinji…"- dijo.

El joven se logró calmar, pero aun estaba molesto. "Lo lamento…"- dijo con algo de esfuerzo.

Yamato solo soltó un quejido.

Sora volvió a suspirar. "¿A qué viniste, Shinji? Porque algún motivo debe tener tu visita."

"Si, Shinji¿a qué viniste? Porque nosotros estamos muy ocupados, tenemos que entregar un ensayo el lunes por la mañana y tu nos estas retrasando. Además, me sorprende que tengas valor para venir a su departamento después de lo que hiciste en la fiesta de Mimi."- dijo Yamato.

"Yamato…"- le reprimió Sora.

"Lo siento…"

"Lo que yo tenga que decirle a Sora no es asunto tuyo, Ishida."- dijo Shinji. "Y preferiría hablar de eso contigo en privado, Sora."- le dijo.

Sora iba a responderle, pero Yamato se le adelantó.

"¿Por qué?. ¿Qué tienes que decirle que yo no pueda oír? Me voy a enterar de cualquier manera, así que ¿para que la privacidad?"

"Ya te lo dije, no es tu asunto."

"Yamato…"- le llamó Sora.

Yamato volteó a verla. "¿Qué?"

"¿Puedes ir a esperarme en la habitación, por favor? Yo iré en cuanto termine de hablar con Shinji, lo prometo."- dijo ella.

"Pero, Sora… ¿No esperarás que te deje con este tipo aquí sola?"- protestó Yamato.

"Por favor, Yamato, nada va a pasar, confía en mí."- le suplicó.

Yamato, sin embargo, no quería dar su brazo a torcer, pero Sora no le ponía las cosas fáciles. "Pero…"- trató de protestar.

"Por favor…"- lo miró, rogándole con la mirada para que confiara en ella.

Y eso basto para que la convicción de Yamato se viniera abajo. Asintió resignado. "Muy bien."- dijo y se dispuso a retirarse, pero antes de salir de la sala, volteó a ver a Shinji de reojo. "Te lo advierto, Takamura… tu le pones un solo dedo encima y te arrepentirás."- dijo y sin más, desapareció por el pasillo.

Sora se volteo hacia Shinji y le indicó que se sentara. "¿Y bien? Te escucho."

Shinji suspiró nerviosamente, no sabía por dónde empezar, pero ya no podía echarse para atrás. "Bueno… supongo que escuchaste el mensaje que te dejé en la maquina contestadora."- dijo.

"Si…"- dijo Sora con suavidad, tuvo el presentimiento de que se trataba de eso y, a pesar de que no quería tratarlo en esos momentos, sabía que tendría que hacerlo tarde o temprano y parecía ser que ese sería el momento.

"Sora… Yo se que actué mal, pero en serio estoy arrepentido…"

Sora lo miró tristemente. "Lo sé… y no te preocupes, yo ya te disculpé por eso."

"Si, Sora… No es por eso que vine, la verdad… La verdad es que vine a pedirte que me des otra oportunidad. Quiero que seamos pareja de nuevo, yo… yo se que esta vez todo saldrá bien."- dijo el muchacho, esperando alguna reacción de su parte, pero no obtuvo nada. "Sora…"

"Lo lamento, Shinji… lamento haberte utilizado de la forma que lo hice."- dijo ella.

Shinji esperó a que la chica prosiguiera.

Sora se puso de pie y camino hacia al ventanal que daba al balcón. "Cuando… Yamato y yo terminamos me sentí destrozada, a pesar de que fue un acuerdo mutuo… Y fue aun peor cuando Yamato empezó a salir con otras chicas, durante esos meses yo estaba muy vulnerable… Mis amigos me ayudaron un poco, pero no era lo que yo quería… Entonces apareciste tú y yo pensé que eso era lo que yo necesitaba, un novio, para olvidar a Yamato, y quizás con el tiempo llegaría a quererte… Pero no resultó…"- dijo, haciendo una pausa, luego se volteó a mirar al muchacho. "Las cosas empeoraron después de eso. Tú te veías tan contento a mi lado que no quise acabar con esa felicidad diciéndote la verdad y decidí esperar el momento adecuado, pero ese momento nunca llegó, tú sabes que no me gusta herir a las personas… Y luego sucedió eso en la fiesta de Mimi... tú ya sabes el resto."

Shinji se acercó a ella. "No creo estar entendiéndote, Sora."

"Shinji, yo solo acepte ser tu novia, porque creí que así podría olvidar a Yamato, pero no funcionó… Yo nunca sentí algo por ti… Eres una buena persona, Shinji, pero no creo que podamos ser algo más que amigos… Lo siento."- dijo Sora tristemente.

"Pero podemos intentarlo, Sora…"

"No, no podemos, porque…"- calló de repente; no se había dado cuenta, pero ella nunca había admitido su amor por Yamato a otra persona, ni siquiera se lo había admitido a ella misma en voz alta, todo siempre era en su mente.

"¿Por qué, Sora?"- preguntó Shinji, suavemente.

Sora lo miró por unos largos minutos. 'Respóndele, Sora… Él merece saberlo y tu mereces oírlo…' pensó. "Porque… yo aun estoy enamorada de Yamato…"- dijo y sintió como si un gran peso se hubiera desprendido de ella.

Shinji sonrió apenado, ya no podía hacer nada mas, ella lo había admitido. "Así que siempre fue por Ishida ¿eh?"

Sora asintió levemente.

"¿Él lo sabe?"

"No…"

"Bueno, creo que deberías decírselo… Merece saberlo…"- dijo Shinji, soltando un suspiro. "Bien, será mejor que me vaya, solo había venido a eso…"

Sora asintió y lo acompaño a la entrada en silencio, pensando detenidamente lo que Shinji le había dicho.

Shinji salió del departamento y volteo hacia Sora. "Fue un gusto volver a verte, Sora, lamento haberte molestado."- dijo.

Sora negó con la cabeza. "No te preocupes."

"Nos vemos."- y con eso el joven se fue.

Sora cerró la puerta, cuidando de no hacer ruido. Apoyó su frente en la puerta y cerró los ojos, permaneciendo así varios minutos. Luego se enderezó y se giró sobre sus talones, abrió los ojos mostrando su determinación. Había tomado una decisión.

'Si… Yamato también merece saberlo…' pensó y se encaminó hacia su habitación.

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Yamato entró en la habitación enfurecido. Hervía en furia y necesitaba desquitarse con algo. Quería golpear algo, pero ahí no podía, no quería romper algo de la habitación de Sora. Soltó un gruñido amenazador, como si se tratara de un animal salvaje que se enfrenta ante un cazador. De repente se sintió atrapado, acorralado, como si las paredes se cerraran a su alrededor. Comenzó a pasearse por la habitación. ¿Cómo había sido posible que hubiera accedido a la petición de Sora? El tipo era peligroso y ella no era lo suficientemente fuerte como para defenderse. Miró la puerta de la habitación con recelo. No había querido cerrarla, solo en caso de que algo pasara en la sala, él podría salir rápidamente a partirle la cara a ese malnacido. Aun escuchaba sus voces, pero solo murmullos, nada claro. Volvió a gruñir.

"Muy bien, tranquilízate, Yamato, relájate, solo están conversando, Takamura no es tan idiota como para intentar hacerle algo a Sora, no conmigo aquí."- se dijo.

Siguió paseándose por la habitación por varios minutos más. Cualquiera que lo viera se hubiera dicho que estaba actuando como un león enjaulado. ¿Pero que tanto hablaban? Nada que proviniera de él puede ser tan importante como para mantener a Sora lejos de él tanto tiempo. Maldición. ¿Qué acaso Takamura no entendía que Sora era solo suya y de nadie más?

'¡Sora es mía, mía, mía!' pensó posesivamente, tanto así, que hasta él mismo se sorprendió de lo que estaba sintiendo, deteniéndose en seco.

¿Tanto detestaba que otros chicos se le acercaran, que ni siquiera era capaz de pensar que eso era posible?... ¿Tanto así, que la quería solo para él?... ¿Tan fuertes eran sus sentimientos hacia ella, que no soportaba la idea de que ella amara a otro hombre?

¿Tan grande era su amor por ella, que sería capaz de darlo todo con tal de verla feliz?

Yamato analizó detenidamente lo que pasaba dentro de él. Y sonrió. 'Oh Dios… La amo demasiado… más de lo que imagine…' pensó.

Se sentó en el piso, frente a la ventana y comenzó a observar el cielo azulado. Ya no le importaba lo que Takamura le haya dicho a Sora, que seguramente era lo que él creía, pero si Sora quería estar con Shinji, él tendría que aceptarlo… si la felicidad de Sora estaba con otro, entonces él lo aceptaría. Ya que si Sora era feliz, él también sería feliz, claro que no estaría particularmente feliz con eso, pero estaría feliz por ella.

Fue así como Sora encontró a Yamato al entrar a su habitación: sentado en el piso, mirando el cielo. Se acercó a él lentamente hasta detenerse a su lado. Yamato la miró y se puso de pie. Permanecieron en silencio unos momentos, tratando de decidir que iba a decir. Fue sora la que habló primero.

"Shinji ya se fue."- dijo, esperando un comentario sarcástico por parte del rubio, pero lo que escuchó luego la sorprendió.

"Ya veo…"- dijo Yamato, tranquilamente.

"¿Disculpa?"

Yamato arqueó una ceja al ver la cara de sorpresa de su amiga. "¿Pasa algo o dije algo malo?"

"¿Qué dijiste?"- preguntó Sora, ignorando la pregunta dirigida a ella.

"Te pregunte si pasaba algo…"- dijo Yamato, siendo interrumpido.

"No, antes de eso."

"Ehhh… ¿Ya veo?"- preguntó dudoso.

"Si. ¿Por qué dijiste eso?"- dijo Sora.

"Sora, no creo entender a lo que te refieres…"

"Siempre haces algún comentario sarcástico acerca de Shinji, pero ahora…"- detuvo abruptamente su oración.

Sora miró atentamente a Yamato. El rubio se veía tranquilo y ella podía asegurar que así era, pero francamente no entendía por qué estaba así de calmado. Cuando salió de la sala estaba totalmente furioso y ahora, solo minutos después de eso, estaba completamente calmado. Y ni siquiera había hecho uno de sus comentarios sarcásticos. Yamato miró a Sora un momento y luego sonrió, ahora entendía la sorpresa de la chica.

"Así que eso era, te sorprende el que esta calmado ¿no es así?"

Sora asintió. "Lo siento…"- dijo.

"No te disculpes, yo también me sorprendí…"

Sora decidió que ese era el momento perfecto para decirle todo a Yamato, respiró profundamente y se paró frente a él. Yamato la miró curioso por la repentina convicción que demostraba.

"Yamato, hay algo que debo decirte…"

Yamato cerró los ojos, suspirando. Tal y como había imaginado, ella había elegido a Shinji y ahora se lo iba a decir y pediría su apoyo, después de todo eran amigos, los mejores.

"Sé lo que vas a decir, así que no es necesario que hables…"- dijo suavemente.

Sora lo miró sorprendida. "¿Lo sabes?"- preguntó.

Yamato abrió sus ojos, ocultando su dolor y sonrió. "Si, y déjame decirte que tienes todo mi apoyo… Tu sabes que siempre te apoyaré en todas tus decisiones, Sora, y pase lo que pase, yo siempre seré tu mejor amigo."- dijo.

La pelirroja no entendió lo que el rubio le decía. ¿Apoyarla?. ¿Pasara lo que pasara? "Ahora soy yo la que no entiende, Yamato…"

"Me refiero que si quieres estar con él, está bien por mí, siempre tendrás todo mi apoyo."- dijo Yamato, tomando sus manos.

¿Él?... No… Yamato no podía estar pensando que ella…

"¿Qué?"

"Está bien, Sora, no tienes que decirlo, en serio."

"Pero, Yamato…"

El rubio soltó las manos de la chica y le sonrió nuevamente. "Sera mejor que volvamos a trabajar en el ensayo… No tienes por qué explicarme nada…"- dijo.

"No, Yamato, no es eso, escúchame."- dijo Sora, pero fue ignorada.

"Se nos hará tarde…"- dijo el muchacho, desviando la mirada.

Sora no soportó eso, una cosa era que no quisiera escucharla, pero evadir su mirada, eso nunca lo había hecho. "¡Maldición, Yamato, escúchame!"- gritó, tomando su rostro en ambas manos, obligándolo a mirarla. "Escúchame…"

"Sora…"

"Yo no amo a Shinji… Nunca lo amé y nunca lo amaré. Creí que tú sabías eso."

"¿No lo… amas?"

"¡No! Porque… porque yo…"- calló y no entendió que pasó. Ya lo había admitido, a ella misma e incluso a Shinji, entonces ¿por qué no se lo podía decir a Yamato.

"¿Por qué no, Sora?"- preguntó Yamato suavemente, mirándola directamente a los ojos.

Sora bajó su mirada, sintió como el rubor cubría su rostro rápidamente. Se sentía igual que aquella vez en el concierto de Noche Buena, hace tres años.

"¿Por qué no, Sora?"- volvió a insistir Yamato, solo que esta vez su voz sonaba tierna.

"Porque… mi corazón pertenece a otro hombre y…"- murmuró.

Yamato la escuchó, a pesar de lo suave que ahora sonaba su voz y sonrió. Y sin saber que fue lo que lo impulsó, rodeó el pequeño cuerpo de la muchacha con sus brazos y la atrajo hacia él. Un tierno abrazo que detuvo el balbuceo de Sora. Yamato suspiró contento y se alejó lo suficiente como para ver el rostro de Sora. Ella solo lo miraba sorprendida, sin entender lo que pasaba, con una expresión de absoluta confusión y, lo que la hacía aun mas adorable, con sus mejillas ruborizadas. Yamato apoyó su frente contra la de ella y amplió su sonrisa.

"Te amo, Sora."- le dijo, en un susurro que solo ella pudo escuchar.

Sora contuvo el aliento, solo podía pensar que estaba soñando y que en cualquier momento despertaría en su cama, como lo hizo esa mañana. Pero podía sentir todo lo que estaba sucediendo con ella y, extrañamente, con Yamato también, además de sentir sus brazos alrededor de ella y sus frentes apoyadas una contra la otra. Y aun así no podía creer que lo que pasaba fuera real.

Yamato tomó el silencio de la chica como un indicio de seguir hablando. "Más de lo que cualquiera podría imaginar…"- dijo. "Más de lo yo podría imaginar…"

Yamato se alejó lentamente de Sora para poder observarla y volvió a sonreír. Tomó su rostro entre sus manos y los acercó al de él. Sora soltó el aire retenido con lentitud, tratando de calmarse, ya estaba convencida de que estaba soñando. Jamás había visto tanta ternura en Yamato en la realidad, solo en sus sueños. Por eso no se inmutó cuando el rubio comenzó a acercar sus rostros.

"Esto es… un sueño…"- murmuró y seguidamente cerró la distancia entre ella y Yamato, juntando finalmente sus labios, pero en lugar de despertar, solo sintió una agradable sensación recorrerle el cuerpo y eso la desconcertó por completo.

Yamato la besó con ternura por unos breves minutos y luego rompió el beso. "No es un sueño… porque aun estamos aquí…"- se alejó de ella, retrocediendo unos cuantos pasos y esperó por alguna reacción de su parte.

Sora solo atinó a llevarse una mano a sus labios. "Wow…"- suspiró.

El rubio tuvo que reprimir una pequeña risa, negando levemente con la cabeza. Parece que la confesión y el beso fueron demasiado para Sora, pero eso no importaba, lo único que era realmente importante era que ella ya sabía lo que él sentía, lo demás… dependía de ella. Recogió su mochila y caminó hacia el escritorio, guardó todos los papeles, lo de él y los de Sora. Regresó junto a Sora para ver si ya había vuelto en sí, pero no fue así, la pelirroja aun seguía fantaseando.

"Me llevaré tu parte del ensayo, Sora, yo lo terminaré… y no te preocupes, prometo entregárselo al maestro a tiempo."- dijo.

Sora solo asintió sin mirarlo y no realmente escuchando lo que había dicho.

"Bien, nos vemos el lunes en clases."- dijo y le beso la mejilla, luego se fue.

Sora se quedó por varios minutos de pie en el centro de su habitación, ni siquiera reaccionó al oír la puerta de entrada cerrarse. Fue solo cuando una brisa que entró por la ventana voló todas las hojas que había en su escritorio, revolviendo de paso su cabello, que reaccionó. Cayó lentamente al piso, reviviendo todo lo que sucedió desde la confesión de Yamato hasta que este se fue.

"Me ama… Yamato me ama…"- susurró y soltó un quejido.

Yamato le había confesado su amor y ella solo se quedó paralizada, sin saber qué hacer, y lo dejó ir, sin siquiera poder darle una respuesta.

"¡Ahhhh, Sora eres una idiota!"- gritó frustrada consigo misma.

-------------------

Al salir del departamento, Yamato soltó un suspiro, sonriendo ampliamente. Se sentía bien, más tranquilo. ¿Quién iba a pensar que eso era lo que necesitaba hacer para calmar sus locas hormonas? Pero bueno, las cosas empezaban a andar bien para él, al parecer Dios se había cansado de jugar con su destino y decidió darle un descanso. Comenzó a caminar hacia el elevador y solo ahí se percató de que no tenía su camiseta; no era que le importara mucho, pero no quería ser perseguido por sus fans (lo cual era un hecho) hasta su departamento, no se sentía con ánimos de arruinar su tarde.

"Llamaré un taxi."- dijo y entró en el elevador.

------------------- Lunes por la tarde. -------------------

Sora caminaba por los desierto pasillos de la escuela, su práctica había terminado hace ya un tiempo, pero ella prefirió quedarse un poco más en la cancha, tratando de eliminar toda la tensión que había estado acumulando desde el sábado en la tarde, cuando Yamato se fue de su departamento. Y después de varios servicios fallidos y una pelota pinchada, decidió que ya era suficiente práctica por el día, sin mencionar que terminó aun más frustrada. Así que, rápidamente se duchó y vistió, luego fue a su casillero para sacar sus libros y ahí estaba ahora, caminando hacia la salida de la escuela.

Al llegar a la escuela esa mañana, se llevó una gran sorpresa al no encontrar a Yamato en el salón y no lo vio durante el resto de las clases ni durante las horas que estuvo practicando, eso sí que la desconcertó, especialmente después de que él le dijo que se verían ese día en clases, era como si ni siquiera hubiera asistido a la escuela y si no fuera porque el maestro Tetsuka le entregó el ensayo revisado y calificado durante la última clase, así lo hubiera creído. El maestro los había calificado con un cien, por lo que Yamato pudo aprobar la clase, pero el ensayo era lo último que le importaba. Más tarde, cuando iba de camino a su práctica, se encontró con Taichi y este le dijo que Yamato se había pasado toda la mañana y se pasaría toda la tarde ensayando con la banda, ya que tendrían que dar un concierto a mediados del verano, también le dijo que nadie podía interrumpirlos, acabando con su oportunidad de verlo ese día.

Sora suspiró, deteniéndose en el portón de la escuela. Miró el camino que debía tomar para ir a su casa, el mismo que tomaba todos los días. Y luego miró el camino contrario, aquel que llevaba al pequeño acantilado que estaba detrás de la escuela. Necesitaba relajarse y ese lugar era el más adecuado en esos momentos, además ella no había alcanzado a ir esa mañana, puesto que se había quedado dormida gracias a una noche de repetitivos sueños. Sueños que prefería no recordar por el momento. Así, sin un segundo pensamiento, se dirigió al su lugar secreto.

'Me hará bien relajarme unos minutos…' pensó.

Al llegar ahí se extraño al oír un suave tarareo y más aun cuando reconoció aquella voz, que solo podía pertenecer a una persona. Salió cuidadosamente de entre los arbustos y, tal y como lo había imaginado, encontró a Yamato, quien estaba recostado sobre el pasto con los ojos cerrado. Se veía tan tranquilo. Sora caminó hacia él sigilosamente, hasta detenerse a su lado, se agachó un poco para verlo mejor, sujetando su falda para evitar que Yamato viera algo que no debía. Entonces, esperó… No pasó mucho tiempo y Yamato abrió sus ojos, mirando a Sora detenidamente, le sonrió.

"Hola, Sora…"- dijo, incorporándose hasta quedar sentado.

Sora se sentó a su lado. "Hola…"- dijo.

"¿Y qué haces por aquí? Tu no acostumbras a venir a estas horas, ya es algo tarde y tu practica debió terminar hace una hora."- dijo Yamato.

"Bueno, es verdad, terminó hace una hora, pero quise quedarme un poco más para eliminar tensión… Además, como no pude venir esta mañana, decidí hacerlo ahora… Necesitaba relajarme un poco, despejar mi mente…"- dijo Sora. "¿Y tú qué haces aquí? Creí que ya no acostumbrabas a venir en la tarde…"

"Bueno, tampoco pude venir en la mañana, tu sabes, tenía que entregar el ensayo, así que vine ahora. A propósito ¿cómo nos fue con el ensayo?"

Sora sonrió. "Tuvimos un cien."

Yamato le devolvió la sonrisa. "Genial."

"Si… ¿Yamato?"

"Dime."

"¿Qué no deberías estar ensayando con la banda?"

El muchacho sonrió, riendo nerviosamente. "Bueno, es que… me aburrí y me escapé de los chicos."- dijo.

Sora lo miró extrañada. "¿Te escapaste?"

"Si, es que… no tenía ganas de ensayar hoy, pero los chicos insistieron en que era necesario y cuando salieron a comprar sus almuerzos, me escapé."

"Ahh…"

Permanecieron en silencio por unos segundos, hasta que Yamato decidió entablar una conversación, solo para alivianar la tensión. Hablaron por un buen tiempo, de nada en particular, solo de cosas triviales, logrando eliminar la tensión que había entre ellos. Así se les fue la tarde y cuando se dieron cuenta, ya estaba anocheciendo.

"Vaya, esta anocheciendo, ya se nos hizo muy tarde… El tiempo vuela cuando uno se divierte."- comentó Yamato.

"Si…"- dijo Sora, extrañamente tranquila, parecía haberse perdido en su propio mundo.

Yamato notó su raro comportamiento. "¿Estás bien, Sora?"

Sora salió lo miró y le sonrió. 'Es ahora o nunca…" pensó. "Sí, estoy bien."- dijo.

Yamato asintió y se puso de pie, ofreciéndole su mano a Sora para ayudarla a levantarse.

"Creo que lo mejor será que te acompañe a casa, Sora, podría ser peligroso que fueras tu sola."- dijo el rubio y se volteó.

Antes de que pudiera dar un paso, Sora lo detuvo tomándole su mano.

"Yo también te amo, Yamato…"- dijo suavemente.

Su voz era tan suave que Yamato creyó imaginarlo, fue por eso que se volteó a mirarla, cuestionándola con sus ojos azules.

Sora entendió los que sus ojos querían decir y, esta vez con más convicción, volvió a decir. "Te amo, Yamato. Más de lo que te puedes imaginar."- dijo.

Yamato la miró un momento y luego le regalo su mejor sonrisa. Y antes de darse cuenta de lo que hacía, había cerrado la distancia entre ellos, abrasándola fuertemente, para luego besarla como si su vida dependiera de ello. Sora gustosa respondió a aquel beso, después de todo eso era lo que ella tanto deseaba. Minutos después, ambos se separaron un poco para recuperar su aliento, ambos con una linda sonrisa en la cara. No sabían que habían hecho para merecer tan divino regalo, pero fuera lo fuera, definitivamente había valido la pena. Además, ya no les importaba que fuera lo que les deparara el futuro, o si Dios decidía ponerse a jugar con sus vidas de nuevo, mientras estuvieran juntos, ya nada les importaba.

Y lo que era aun mejor…

… Ya no tendría que preocuparse nunca más por el calor.

Owari.


64 paginas y 29.144 palabras despues este fic llegó a su fin. Espero que todos lo hayan disfrutado leyendolo, yo me diverti mucho escribiendolo sin duda alguna. Bueno, sera hasta la proxima.

Ja ne!!