23 de Agosto de 2009. Nota de la autora:

He editado el fanfic para corregir faltas, dedazos y el uso de guiones principalmente, pero seguramente también algunos detalles que me dan ganas de meter la cabeza bajo tierra como las avestruces. Probablemente no notéis las diferencias, sólo he intentando hacer a Hermione menos llorona (bueno y a todo el mundo xD no sé qué tenía en la cabeza por aquel entonces xD) y he rebajado un poco el nivel de cursilería, pero no he cambiado profundamente ninguna escena.

Comencé a publicar la historia del 2 de Agosto de 2006 y soy consciente de que el fic está plagado de faltas, fallos y de cosas que me gustaría cambiar, pero creo que ya no tiene sentido modificarlo profundamente, sólo adecentarlo en lo más básico. Sigo en línea y lamento no responder a los reviews de este fic. En su momento lo intenté pero me vi desbordada y dejé de hacerlo. De eso ha pasado mucho tiempo así que no tiene caso hacerlo ahora. No obstante sigo leyendo y agradeciendo cada review.

Antes de empezar a leer la historia hay algunas cosas que deberías saber:

- La historia se sitúa en el séptimo curso de Draco y Hermione en Hogwarts.

- Es un AU donde los acontecimientos de "Harry Potter y el príncipe mestizo" no han tenido lugar nunca.

- En la publicación original del fic incluí letras de canciones. Posteriormente edité los capítulos y eliminé las letras ya que los songfics están prohibidos en la página.

-"Lija y Terciopelo" fue mi primer longfic, así que sed clementes xp.

Aviso Importante:

"Lija y Terciopelo" ha sido plagiado una docena de veces (sin exagerar). No concedo autorizaciones a terceras personas para publicar mis fics –ni éste, ni ninguno-, así que si encuentras el fic publicado en cualquier otro foro, fotolog o web, te ruego que me avises por pm o review porque se tratará sin duda de un plagio. No importa que digan que es mío, es mi deseo que mis fics estén únicamente en esta página y nadie tiene derecho a publicarlos por mí. Perseguiré a todo aquel que me robe hasta las últimas consecuencias. Gracias por la comprensión y abajo el plagio.

Disclaimer para todo el fanfic: todos los personajes, hechizos, escenarios, etc, pertenecen a J.K. Rowling, excepto algunos que he inventado y que iréis viendo a lo largo de la historia. Agradezco a Rowling por prestarme el mágico mundo que ha creado.

Eso es todo, disfrutad de la lectura.

Con mucho cariño, Dry.


LIJA Y TERCIOPELO

Capitulo 1: Chispas en el andén 9 y ¾

Furioso, Draco se alejó de su padre por el andén 9 y ¾ de la estación de King's Cross en Londres. A su derecha descansaba el Expreso de Hogwarts al que por sus numerosas puertas subían docenas de alumnos cargados con baúles y mascotas. El andén estaba abarrotado de los mismos y sus familiares que se despedían o ayudaban a los estudiantes a subir sus cosas al tren. No cabía ni un varita así que Draco se iba abriendo paso violentamente, golpeando, empujando y apartando a alumnos aquí y allá, dejando un rastro de estudiantes asustados, asombrados o molestos a los que de vez en cuando obsequiaba con algún "Quítate de en medio, inútil". Pero ninguno de ellos se atrevió a decirle nada, y Draco tenía la seguridad de que no lo harían. No en vano era Draco Malfoy, la gente le temía o le envidiaba y eso le encantaba.

La mueca arrogante que afloró a su rostro se borró al recordar la discusión con su padre y sintió como la furia se acrecentaba en su interior. Apretó el paso y en su rabia, Malfoy ni siquiera vio a una chica parada en el andén a la que arrolló, casi haciéndola caer. En el mismo instante en que su cuerpo impactó con él de la chica, sintió un chispazo, como una corriente eléctrica recorriéndole por completo y se alejó como repelido por esa energía. Como dos imanes.

—Ten más cuidado, Malfoy—dijo la chica suavemente frotándose los brazos. Draco alzó el rostro bruscamente, aún impactado por lo que acababa de suceder y entonces la vio. Le llevó unos largos segundos reconocer a la joven que estaba ante él con apariencia calmada pero contrariada y cuando lo hizo se quedó atónito. Había crecido unos cuantos centímetros más desde la última vez que la vio, su cabello castaño, alborotado y desordenado caía hasta más allá de la mitad de su espalda, enmarcándole un rostro que se había afinado perdiendo la redondez infantil, y la ropa muggle que llevaba, especialmente sus vaqueros, se adherían perfectamente a su cuerpo, que como Draco pudo comprobar, había ganado nuevas e interesantes curvas. Estaba...cambiada.

—Granger—musitó asombrado. Ella le miró extrañada sin comprender su expresión. Draco, recobrando su aplomo, irguió el rostro altivo y entonces vio a Harry Potter y Ronald Weasley flanqueando a la chica. Draco les miró y frunció sus labios en una mueca de desdén y superioridad.

—Me extraña saber que has pasado a séptimo, comadreja—dijo refiriéndose al pelirrojo que enrojeció hasta las orejas —En cuanto a la Sabelotodo y al Gran Potter, el preferido de Dumbledore, era de esperar...aunque tenía la esperanza de no tener que soportar a tantos traidores a la sangre un año más...por suerte será el último.

—Siempre puedes volver a casa con tu madre, Malfoy —replicó Harry secamente —no vaya a ser que pierda la expresión que tiene de estar oliendo mierda si tú no estás cerca.

Dracó entrecerró los ojos furioso y rápidamente sacó su varita de entre los pliegues de su capa y apuntó con ella a Harry. Éste había hecho lo propio y ahora los dos se hallaban frente a frente, con las varitas en alto en medio del andén 9 y ¾, con los cuerpos tensos y listos para atacar, y lanzándose chispas por los ojos.

—Chicos, por favor —comenzó Hermione mirando nerviosamente a todas partes por si se aproximaba algún adulto —Podríais herir a alguien.

Ninguno de los dos pareció escuchar a la chica, demasiado ocupados en asesinarse con la mirada. Ella se retorció las manos nerviosa y se aproximó a Harry, tomándole por el brazo que no sujetaba la varita.

—Harry, ni siquiera hemos llegado a Hogwarts, no te metas en líos todavía. Aquí podríais herir a algún alumno y... —la chica miró por encima del hombro de moreno —y ahí se acerca la Señora Weasley, creo que os ha visto.

Ante esa mención, Harry miró a Malfoy durante unos largos y tensos instantes pero finalmente cedió a los ruegos de su amiga y bajó lentamente la varita sin romper el contacto visual con el Slytherin, que echaba fuego por los ojos. Draco siguió apuntándole durante unos segundos, debatiéndose entre lanzarle un hechizo o no, pero cuando vio a la rolliza señora Weasley demasiado cerca, guardó elegantemente su varita en la capa y antes de alejarse, dijo:

—Al menos yo tengo madre, Potter —les lanzó una última mirada de asco y desapareció entre la marabunta de alumnos.

Hermione que no había soltado el brazo de Harry tuvo que agarrarle con fuerza para que no fuera detrás de Malfoy dispuesto a, probablemente, abrirle la cabeza al estilo muggle.

—¿Todo bien, chicos? —inquirió la Señora Weasley llegando hasta ellos y mirándoles con suspicacia.

Harry sólo soltó un gruñido liberándose de Hermione.

—Sí, señora Weasley —repuso Hermione rápidamente y lanzó una mirada a Ron para advertirle que no hablara—Deberíamos subir ya al Expreso o no encontraremos compartimentos libres.

Hermione se despidió rápidamente de la Señora Weasley, y mientras Harry y Ron hacían lo mismo, se subió al Expreso. Inconscientemente miró a ambos lados del pasillo que se extendía frente a ella y sintió una cierta decepción al no encontrar lo que buscaba. Se preguntó qué era lo que estaba buscando y justo en el momento en que la imagen de un chico de cabellos platino y ojos de hielo acudía a su mente, Ron y Harry seguidos de Ginny subieron al tren tras ella.

—Vamos a buscar un compartimento —dijo Harry aún furioso por el encuentro con Malfoy.

—Ronald y yo tenemos que ir al vagón de los prefectos y patrullar un rato, después iremos con vosotros —dijo Hermione suavemente.

—Bien —gruñó Harry y sin decir más se alejó por el pasillo a zancadas seguido de Ginny. Ron observó a su amigo y a su hermana alejarse con aire compungido y después miró a Hermione.

—Está vez Malfoy se ha pasado un montón —comentó, Hermione sólo guardó silencio y se encaminó al vagón de los prefectos.

El vagón de los prefectos era el último del Expreso de Hogwarts, un lugar de paredes de madera, asientos forrados de cuero negro con mesitas de palisandro aquí y allá, y las P de las insignias estampada por todas partes. Los dos Gryffindor entraron en el vagón ya ocupado por casi todos los demás prefectos de Hogwarts. Hermione se descubrió echando un vistazo al vagón para ver donde se encontraba Malfoy y lo vio sentado en un sillón, con las piernas cruzadas despreocupadamente, los pies posados sobre una mesita de palisandro, la vista perdida por la ventana y la varita fuertemente apretada en las manos. La chica supuso que también seguía rabioso por el encuentro con Harry. Como si sintiera su mirada sobre él, Malfoy miró a Hermione que enrojeció instantáneamente y desvió sus ojos a otra parte.

—Hola Hermione —la saludó Ernie McMillan de Hufflepuff con reverencia —¿Qué tal el verano? Estás muy...morena.

—Oh, bien, Ernie. Me fui de vacaciones con mis padres a Marsella —respondió Hermione algo distraída sin dejar de mirar por el rabillo del ojo a Parkinson que se aproximaba a Malfoy— ¿Y el tuyo cómo fue?

Ernie no respondió, de hecho no parecía haberla escuchado, estaba demasiado ocupado observándola. Ron fulminándole con la mirada le dio un codazo que devolvió a Ernie a la realidad.

—¿Qué? Eh...ah, sí, bien...muy bien, sí —logró balbucear sonrojándose un poco y evitando la mirada del pelirrojo —Yo creo que me iré a sentar ahí, con Hannah. Me alegro de haberte visto, Hermione —añadió sonriendo tontamente. Ron carraspeó —eh...y a ti también, Ron, por supuesto.

Y sin decir más y rojo como un tomate se alejó entre los sillones en busca de su compañera Hannah. Hermione se volvió hacia Ron algo extrañada.

—Estaba muy raro, ¿no crees?

—Siempre ha sido un estúpido —respondió Ron hoscamente.

A unos metros de ellos Draco observaba la escena con una mal disimulada mueca de desdén. Ese estúpido de Ernie se había comportado como un baboso delante de esa sangre sucia. Era cierto que había mejorado ligeramente, pero él jamás podría encontrar atractiva, ni siquiera interesante, a un ser inferior como lo era esa listilla de Granger. En cambio, Pansy sentada a su lado y pestañeándole a través de sus gruesas pestañas era una visión mucho más tentadora. Haciendo un mueca similar a su sonrisa, pasó un brazo por detrás de los hombros de Pansy que contenta se acurrucó contra él, y echó un vistazo a la Gryffindor que se sentaba en un sillón dándole la espalda.

—Draco, ¿qué miras? —quiso saber Pansy observándole con ojos brillantes.

—A nadie —respondió él mirando ahora por la ventanilla.

Pansy guardó silencio pensando que no le había preguntando a quién miraba, sino a qué pero estaba demasiado feliz entre los brazos del Slytherin como para seguir pensando en ello.

Hermione caminaba algo pensativa por los pasillos del Expreso con una bolsa de bombones rellenos de filtros amorosos en la mano. Se la había confiscado a unas alumnas de tercer curso que merodeaban el compartimento de Harry. Hermione sospechaba que pretendían regalárselos a su amigo para que se enamorara de alguna de ellas, no en vano se había vuelto muy popular después de todas su aventuras con Voldemort. Levantó la vista de la bolsa y divisó a Draco Malfoy saliendo de un compartimento con un montón de ranas de chocolate en la mano. Le vio sonreír maliciosamente y la chica sospechó que se las había quitado a algún alumno abusando de su autoridad como prefecto, algo típico en Malfoy.

Una pequeña alumna que debía de ser de primero por su apariencia se chocó sin querer con el Slytherin haciendo un par de ranas de chocolate se le cayeran. La mirada asesina que lanzó a la niña bastó para que esta se pusiera al borde de las lágrimas y Hermione se acercó a ellos a toda velocidad presintiendo lo que se avecinaba.

—Ten más cuidado, mocosa estúpida —le espetó Malfoy —Diez puntos menos para tu casa para que aprendas a mirar por donde vas.

—Aún no hemos llegado a Hogwarts —dijo Hermione pasando un brazo sobre los hombros de la niña para reconfortarla, ella se apretó temerosa a la Gryffindor —así que no puedes quitarle puntos, además creo que es de primero, ni siquiera ha de tener casa.

—No me digas lo que puedo o no puedo hacer, sabelotodo, y métete en tus asuntos. ¿No deberías estar consolando al cabeza rajada? Seguramente está llorando por lo que dije de su madre.

Hermione le miró como si le viera por primera vez y sus ojos se volvieron tristes.

—Eres tan crue l—pronunció como si eso no dejara de asombrarla.

—Oh —respondió él fingiendo una melodramática mueca de dolor —Me ofendes, Granger.

—Vamonos, te acompañaré a tu compartimento— dijo Hermione dirigiéndose a la niña y ambas dieron media vuelta sin lanzar una mirada más al Slytherin. Pero cuando se disponían a alejarse, la chica vio a Crookshanks andar por el pasillo.

—Crookshanks, ¿qué haces aquí? —preguntó asombrada. Pensó que debía haberse escapado del compartimento de Harry cuando fue a visitarlo. Se agachó y llamó al gato para cogerlo en brazos y devolverlo a su lugar, pero el felino canela pasó de largo y se acercó al Slytherin. Draco se quedó parado mirando al gato y Crookshanks le miró fijamente. Malfoy hubiera jurado que ese gato con la cara aplastada le estaba estudiando y midiendo, pero no creía que eso fuera posible. Como si ya hubiera tomado un veredicto sobre él, el gato maulló suavemente y se enredó con las piernas del chico, frotándose suavemente contra él, casi cariñosamente.

Hermione se quedó atónita al ver a Crookshanks tan cariñoso con un extraño, y además, no con un extraño cualquiera, sino con Draco Malfoy. Su gato, había demostrado ser muy hábil para juzgar a las personas y en muchas ocasiones había sabido antes que ella quienes eran amigos y quienes enemigos. Y a juzgar por su comportamiento, Crookshanks aprobaba a Malfoy.

No sabía que pensar. Primero ese chispazo que había sentido cuando Malfoy chocó con ella y ahora Crookshanks se comportaba de esa forma tan extraña con él. Se estremeció y decidió que no quería seguir pensando en eso, así que nerviosamente se acercó a Malfoy, recogió a su gato y sin mirar al chico, se alejó rápidamente por los pasillos con la niña de primero.

Draco se apoyó en la pared del tren y se quedó observándola fijamente hasta que desapareció.