o0o Recomendación musical: Good enough - Evanescence

Capítulo final.


Capítulo LII: La máscara del mortífago (Editado)

Hermione sentía que el corazón le latía en las sienes y que sus pulmones eran incapaces de llenarse de aire, mientras corría desesperadamente bajando las escaleras de caracol que rodeaban el torreón de piedra. De un saltó, bajó los últimos escalones y tuvo que apoyarse en la pared interior para no caer. Se incorporó, aspiró una bocanada de aire, y siguió corriendo por la línea interior de la muralla, sin dejar de mirar a todas partes esperando encontrar a alguien. Amigo o enemigo.

Sus gemelos parecían tensarse más a cada paso que daba y comenzaba a sentir la punzada del flato en las costillas, pero no se atrevía a detenerse. Temía que si lo hacía le dominaría el pánico y el miedo no le dejaría pensar.

Tenía que encontrar a alguien de la Orden del Fénix y saber cómo estaban sus amigos. Tal vez después de todo, Ron había tenido razón al decir que el chivatazo que les habían dado acerca del lugar donde se escondía Voldemort y el último reducto de mortífagos que le eran fieles, era sólo una trampa. Había más mortífagos de los que esperaban y el castillo, era en realidad una enorme fortaleza, rodeada por altas murallas y torreones. Aunque la Orden del Fénix era más numerosa, muchos de sus miembros hacía poco que habían superado la veintena. Como ella misma, Harry, Ron, Ginny, Neville, Ben y Luna, y Hermione temía por su seguridad más que por la de otros miembros más experimentados.

No estaba muy segura de cómo había ocurrido, pero el caso es que después de un enfrentamiento con los mortífagos en una Sala de Armas del castillo, se habían replegado y separado. En su huída precipitada, escapando de un Cruciatus, Hermione había tardado aproximadamente un minuto en darse cuenta de que sus amigos no la seguían, aunque tenía la sensación de que alguien lo hacía. Los pasillos eran angostos, oscuros y formaban un complicado laberinto en el que era imposible no perderse. Tan sólo los iluminaba el Lumos que ella había conjurado y escuchaba extraños ruidos mezclados con el eco de sus pasos. Había enormes telas de araña y vio un par de sus dueñas del tamaño de una mano de Hagrid. Cuando abrió la puerta del torreón y encontró las escaleras que bajaban de él, Hermione sintió tanto alivio que casi gritó de júbilo. Fuera ya era de noche, pero brillaba una gran luna llena que iluminaba su camino.

El problema era que Hermione no tenía ni idea de a dónde dirigirse. Vio un destello de luz verde salir de una de las pequeñas ventanas horadadas en la piedra que se repartían por todo el castillo, y se detuvo en seco, completamente aterrorizada. Alguien había lanzado un Avada Kedavra. No sabía quién lo había hecho, a quién iba dirigido o si había dado a su objetivo.

Tal vez a esas alturas, alguno de sus amigos o algún miembro de la Orden del Fénix hubiera muerto. O tal vez él. Muy a su pesar, ese pensamiento la paralizó y le robó el escaso aliento que le quedaba. Tuvo que apoyarse contra la muralla para no perder el equilibrio pues las piernas habían comenzado a temblarle. Se llevó una mano a la frente y cerró los ojos, mientras su otra mano se aflojó y su varita cayó al suelo.

Hermione ni siquiera se inmutó. ¿Y si él estaba muerto? No sabía si estaba en el castillo, pero lo más probable era que así fuera. Muchos mortífagos habían sido detenidos o muertos en la guerra mágica, pero él no había sido ninguno de ellos. En su última incursión, habían pillado a Lucius Malfoy y a Evan Rosier infraganti, y por un segundo, antes de que le arrebataran la máscara al primero, Hermione había temido y anhelado, que los ojos grises que se ocultaban tras ella fueran los de Draco. No lo eran, y el odio, el desprecio y la amenaza que leyó en ellos, no la tranquilizaron.

De todos modos, el que no hubiera sido detenido o herido, el que ella no hubiera vuelto a verle desde aquella última vez en el Expreso de Hogwarts, no le daba la vana esperanza de que no fuera mortífago. Sabía que lo era, y en el fondo, en alguna parte de ella, lo había temido desde que Draco le había contando que su padre había matado a aquel mortífago huido, un tal Yaxley, cuando ellos aún estaban juntos. Y no eran sólo sus intuiciones las que se lo confirmaban. Uno de los mortífagos detenidos, había delatado a sus compañeros en un intento de congraciarse con el Ministerio de Magia y ser liberado. Y Hermione había escuchado con claridad el nombre de Draco Malfoy entre ellos.

Su trabajo como aurora le había permitido acudir al juicio, y se había echado a temblar violentamente cuando lo había oído. Desde entonces había temido el momento en que se lo encontraría, porque sabía que tarde o temprano, eso tendría lugar.

A no ser que él hubiera muerto antes.

Más que ver o escuchar, Hermione percibió una presencia y se tensó al instante. Se incorporó, abrió los ojos y su corazón dejó de latir cuando vio una figura oscura a unos metros de ella.

Era un mortífago.

Rápidamente, recogió su varita y apuntó con ella al mortífago, y a pesar de que éste ya tenía su varita en alto dirigida a ella, no hizo nada para impedir que Hermione se armara. Siguió acercándose lentamente, envuelto en la larga capa negra, con la capucha cayendo sobre su rostro. Hermione trató de reconocerlo, pero sólo pudo ver el brillo plateado de una máscara iluminada por la luna ocultándole el rostro. No obstante, había algo tan familiar en su modo de caminar que sintió que su corazón volvía a latir, con doloroso anhelo.

El mortífago siguió caminando hasta estar poco más de un metro de ella, entonces se detuvo. Hermione trató de verle los ojos para comprobar sus sospechas, pero la capucha oscura le caía sobre la frente, oscureciéndolos, de modo que sólo podía intuirlos entre las sombras.

La varita del mortífago la apuntaba y la suya le apuntaba a él, pero por alguna razón, no era capaz de lanzar ningún hechizo. Sólo podía mirarle, en una especie de trance nervioso y acelerado. Su corazón se paró en seco y su respiración se aceleró cuando vio la mano libre del hombre dirigiéndose hacia su máscara. Era una mano grande, de dedos largos y pálidos y con un movimiento elegante, se aferró a los extremos de la máscara.

Hermione se quedó sin respiración y le pareció que el aire y el mismo tiempo se pararon, cuando el mortífago apartó la máscara y la bajó lentamente, descubriendo su rostro. Después, en un movimiento lánguido y elegante, reclinó la cabeza hacía atrás y la capucha oscura cayó sobre sus hombros.

La máscara se hundió en la gravilla del suelo con un ruido sordo y los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas, enturbiándole la visión al reconocer el pelo platino y la mirada gris del mortífago.

—Draco —musitó con voz estrangulada y anhelante. Efectivamente, el mortífago sin máscara que se hallaba ante ella era Draco Malfoy. Pestañeó rápidamente para despejar sus ojos de lágrimas y poder contemplarle perfectamente, mientras su mente intentaba casar la imagen de Draco la última vez que lo vio y del Draco que tenía delante. Había sutiles diferencias que la hacían parecer otro, pero a la vez el mismo que ella había amado. Y aún amaba...

Su cabello platino estaba más largo desde la última vez que lo vio. Llegaba exactamente a la altura de su mandíbula cuadrada y caía en mechones desperdigados sobre su rostro. En él se podía apreciar su delgadez, especialmente en sus pómulos y mandíbula, más acentuados que en sus tiempos de estudiante. Su piel estaba tan pálida como la luna que brillaba tras él, y bajo sus ojos, tenía los profundos surcos oscuros de las ojeras. Una cicatriz en vertical, cortaba abruptamente la línea de su ceja derecha, extendiéndose desde prácticamente el ojo hasta un centímetro de frente. Sus ojos grises brillaban extrañamente en la semioscuridad, como dos pedazos de hielo iluminados desde dentro, traslúcidos, vacíos de expresión o pensamiento. Y por último, sus labios estaban secos y ásperos, como si se los hubiera mordido repetidamente. Hermione se preguntó si se lo habría hecho para intentar aplacar el dolor de algún Cruciatus y de algún modo, se estremeció al sentir que así había sido.

Draco también la observaba a ella y aunque Hermione no podía percibirlo tras la insípida mirada que le dirigía, la contemplaba con ansiedad, recogiendo con atención cada cambió en ella. Ya no era una muchacha, era una mujer. Draco juraría que no había crecido más, pero su cuerpo había ganado nuevas y tentadoras curvas, como demostraba la ropa muggle que llevaba. Seguía llevando ajustados vaqueros y su cabello continuaba teniendo la pinta de ser un arbusto después de una tormenta. Su rostro se había afinado perdiendo cualquier redondez infantil y sus cejas oscuras y perfectamente delineadas, coronaban sus ojos marrones. Esos ojos que aún eran capaces de hacerle sentir como años atrás.

Se estremeció perceptiblemente y Hermione pareció reaccionar al notarlo. Le observó con desconfianza y retrocedió, pegando la espalda a la muralla de piedra. Su varita seguía apuntándole, pero Draco notó como su mano temblaba en torno a ella. Esbozó una sonrisa cruel de satisfacción que a Hermione le heló la sangre.

Por mucho que se pudiera parecer, ese no era el Draco Malfoy que ella había conocido. Era un mortífago, estaba del lado del Señor Oscuro y no podía saber hasta que punto sus manos estaban manchadas. Tal vez la había olvidado, quizás la recordaba con desprecio. Era posible que tres años en compañía de mortífagos hubieran hecho que la odiara por ser una sangre sucia. También podría estar allí para matarla, después de todo nunca habían estado tan enfrentados como en ese momento.

Una aurora y un mortífago. Habían trascendido la banal rivalidad entre Gryfffindors o Slytherins. Ahora eran enemigos mortales. Los aurores cazaban mortífagos, los mortífagos mataban aurores.

—¿ Qué quieres?—le preguntó abruptamente y tuvo la sensación de que el mundo, el viento y su corazón volvían a ponerse en marcha.

—He venido a despedirme —respondió brevemente Draco con la voz más grave y oscura de lo que Hermione la recordaba.

—¿Vas a matarme? —inquirió ella. No tenía miedo.

—No —dijo él y Hermione no supo si sentirse aliviada o asustada por lo que esa palabra y el breve brillo que había visto en sus ojos implicaban —Pero Él me matará por no hacerlo —añadió inexpresivamente.

Hermione apoyó definitivamente su peso en la pared de piedra y le miró, tratando de entenderle. Tenía miedo, pero no de él. Le había dicho que no la mataría y ella le creía, pero sus últimas palabras provocaron en ella la sensación de que el mundo se estaba abriendo a sus pies para tragarla y sepultarla eternamente. No dudaba que Voldemort acabaría con él si no la mataba. ¿Entonces por qué demonios no lo hacía? ¿por qué hablaba de ello como si no le importara? Sintió tanto miedo, que sus temores se convirtieron en furia. ¿Acaso sentía compasión por ella?

¿Después de haberle destrozado la vida a pesar de haberla querido? Porque Hermione no era estúpida. Ese último beso en el tren le había despejado cualquier duda acerca de sus sentimientos por ella. Entonces la quería por mucho que se hubiera empeñado en negarlo. Y esa revelación impidió a Hermione ser capaz de seguir adelante por mucho tiempo, ya que no podía dejar de hacerse preguntas. ¿Si la quería, por qué la había dejado? ¿Por qué la había tratado así? ¿Por qué le había mentido?

¿Cómo podía haber sido capaz de hacerle tanto daño?

—¿Entonces a qué esperas? —le exhortó incorporándose de la pared con violencia. No quería su compasión —Mátame. No sientas compasión, si es que eres capaz de hacerlo, por la pobre sangre sucia que una vez te quiso como una estúpida ingenua —y para acentuar sus palabras, arrojó su varita al suelo y le mostró las palmas de sus manos, en un gesto que decía "adelante".

Hermione había esperado que le lanzara un Avada Kedrava, que la despreciara o se riera de ella, pero no las palabras que le dijo.

—¿Qué me quisiste? ¿Ya no lo haces? —siseó con voz suave y acariciadora, luciendo una mueca de burlona superioridad. No obstante, Hermione percibió en su rostro, en su impasible rostro de mortífago, su miedo. Ninguna otra persona podría haberlo notado en su expresión, su mirada o su tono de voz. Pero ella sí lo percibió.

Y eso la desarmó por completo.

Claro que le quería. Igual que el primer día o más. Habían pasado más de tres años desde ese último beso apasionado en el compartimiento del Expreso, y Hermione aún se tocaba los labios cada vez que lo recordaba, en un vano intento de revivirlo, de volver a sentirlo. Pensaba en él todos los días, y no podía evitar que cada noche, antes de dormir, su mente volara hacia sus recuerdos con Draco.

Había seguido levantándose, comiendo, viéndose con sus amigos, se había convertido en aurora, había entrado a formar parte de la Orden del Fénix e incluso había hecho algún intento de salir con algún otro chico, pero en ningún momento le había olvidado.

Durante esos tres largos años había seguido siendo tan suya como cuando estaban en Hogwarts.

Pensó desesperadamente algo que decirle, algún modo de negarle lo evidente o de cambiar de tema, pero sus pensamientos se apagaron con asombrosa rapidez cuando se dio cuenta de que él se estaba acercando a ella. Se pegó aún más contra la muralla y cerró los ojos con nervios cuando se sintió atrapada. No podía pensar teniéndole tan cerca, sintiendo su presencia a unos centímetros de ella. Oliéndole. Se sorprendió tratando de aspirar disimuladamente su esencia, mientras se derretía por dentro de añoranza, de amor, de deseos de tocarle. Abrió los ojos bruscamente tratando de interrumpir el curso de sus desesperados deseos y vio su mano blanca, suspendida a menos de medio centímetro de su mejilla. Estaba tan cerca que Hermione podía sentir el calor que desprendía. Parecía acariciar el aire que la rozaba, como si de ese modo pudiera tocarla pero sin hacerlo. Y Hermione se percató con asombro de que su mano temblaba leve pero ininterrumpidamente, hasta que él la dejó caer como muerta, con brusquedad.

Le miró a los ojos y leyó algo en ellos que no estaba muy segura de comprender.

—Respóndeme —la instó él en un siseó. Hermione le giró la cara, negándose a responder en palabras o con su mirada, de modo que no vio la mano de él acercándose a su cuello. Cuando se dio cuenta de cuál era su intención, ya era demasiado tarde. Él había visto la cadena plateada que llevaba al cuello, oculta por su jersey, y había tomado un extremo, deslizándola por fuera de su ropa. El anillo de los Malfoy pendía de ella.

Hermione cerró los ojos, tratando de escapar de la expresión de complacencia y satisfacción que vio en el rostro de Draco mientras se maldecía interiormente por su ridícula costumbre de llevar el anillo puesto cada vez que la Orden del Fénix o el Ministerio la mandaba en alguna misión especial. El resto del tiempo, la guardaba con mimo en un estuche oculto bajo llave en su cómoda para que nadie lo encontrara. Ninguno de sus amigos sabía que aún conservaba el anillo, y ella se encargaba de ocultarlo bajo el cuello de su camisa y jersey para que no lo descubrieran. No estaba muy segura de por qué lo llevaba, pero cada vez que se lo ponía se sentía más segura. En alguna parte de ella, sentía que cualquiera de sus misiones podía significar la muerte, y si moría, quería hacerlo con el anillo puesto.

Pudo escuchar el sonido del aliento de Draco deslizándose entre sus labios cuando él sonrió altivamente.

—Creo que esto responde por ti —dijo con tono vanidoso, entremezclado con algo que Hermione hubiera jurado, era alegría, alivio, felicidad.

Se incorporó de la muralla quedando más cerca de Draco y alzó el rostro orgullosamente, escrutando su rostro. Percibió de inmediato como él se tensó ante el aumento de su proximidad.

—¿Y tú? ¿Aún me quieres? —preguntó y luego se río burlonamente—Oh, olvidaba que nunca lo hiciste, ¿no es así?

Por alguna razón ajena a ella, decidió tocarle. Posó su mano izquierda en el pecho de Draco y le sintió contener la respiración, después posó la mano derecha sobre su corazón y percibió su latido desbocado, palpitando contra su palma. Notó algo más bajo la tela de su túnica, frunció el entrecejo con extrañeza y abrió los labios para decir algo, pero Draco se apartó bruscamente de ella y le dio la espalda. Permaneció parado de espaldas a ella, con la cabeza gacha como si quisiera eludir su mirada.

Hermione respiró hondo y despacio, le rodeó hasta detenerse frente a él. El largo pelo platino le caía sobre el rostro, ocultándolo parcialmente. No pudo explicarse cómo, pero en su interior supo que él no se apartaría esa vez cuando introdujo su mano por el cuello de la capa y palpó los arrugados pliegues de un trozo de tela de distinta textura. No era la misma tela que la de su capa, tampoco que la de la camisa negra que llevaba debajo. Le miró a los ojos y aunque él rehuyó su mirada, antes de sacar el pañuelo del bolsillo interior en el que estaba escondido, ya supo lo que era. Lo observó simplemente para recordar cómo era, porque estaba segura de su intuición. Era el pañuelo escarlata, con la H cosida en hilo dorado por su abuela, en el que ella había envuelto una vez el anillo de los Malfoy para devolvérselo. Él le había entregado de nuevo el anillo, pero se había guardado para sí el pañuelo. Mirándolo más detalladamente, Hermione se dio cuenta de que estaba más desgastado y alguno de los puntos que formaban la H de hilo, se habían salido o roto como si hubiera sido muy usado. Haciendo gala de otra de sus extrañas intuiciones, Hermione supo que él lo había desgastado a base de tocarlo y apretarlo. Y lo guardaba en el pecho, pegado a su corazón. Como si de algún modo, la representara a ella.

Le observó lívida y murmuró sin ninguna presunción:

—Creo que esto responde mi pregunta.

Sólo entonces, Draco despegó la vista del suelo y se atrevió a mirarla. Había algo salvaje y desbocado en sus ojos de hielo que esa vez no se molestó en ocultar. Hermione ahogó un grito cuando él le arrebató el pañuelo, lo guardó y después la sujetó bruscamente por los hombros, la hizo girar y la empujó de espaldas al muro contra la piedra. Se lastimó la espalda, pero no tuvo tiempo ni de quejarse antes de escuchar como Draco respiraba bruscamente, casi con desesperación para luego besarla con violencia.

Hermione abrió los labios para intentar coger aire, en un gesto de sorpresa o quizás para tratar de decir algo, fuera como fuera, Draco aprovechó el momento para hundirse en su boca más profundamente, aguijoneándola con su lengua, reconociendo, explorando, tocando y acariciando frenéticamente su interior hasta hallar a la lengua de ella. Entonces la incitó y provocó sin descanso, mientras se adhería tanto a Hermione que la joven pensó que ambos atravesarían la muralla.

Durante los primeros segundos, estuvo tan impactada y sorprendida que no fue capaz de responder. No podía creerse que después de tanto tiempo él la besara de nuevo, con esa mezcla de desesperación, de angustia, de ansiedad, de anhelo y pasión a partes iguales. Después, soltando un gemido en la boca de Draco que lo estremeció interiormente, respondió con la misma intensidad con la que él la besaba. Se aferró a su cuello, prácticamente clavándole las uñas en la nuca y pegó sus caderas a él, aunque la estrechez con que la ceñía no le permitió acentuar demasiado el movimiento. Estaba completa y dolorosamente aprisionada entre la muralla que guardaba el castillo de Voldemort y el cuerpo de uno de sus servidores.

Pero no era consciente o no le importaba, ni el peligro que corrían de que en cualquier momento les descubrieran, ni la batalla que se estaba librando en el interior del castillo, ni el hecho de que se supusiera que eran enemigos, que se odiaban.

Sentían una necesidad visceral, desgarradora, demasiado grande el uno del otro para comportarse de manera racional. Años de separación, de amargura, de añoranza, de anhelo habían desembocado en eso. En dos seres elementales cediendo a sus más básicos y primordiales instintos. A su necesidad de amor.

Se besaron violenta y frenéticamente durante un espacio de tiempo inmedible. Se hallaban en otra realidad en la que sólo existían ellos, en la que en lugar de apaciguarse y calmarse una vez se iban colmando él uno de otro, sólo podían enloquecerse e incitarse más. Batallaron con sus cuerpos y con sus bocas, esforzándose por estrecharse aún más hasta que se quedaron sin aire y sin fuerzas. Draco se retiró brevemente de su boca, tomó aire y volvió a besarla, con besos rápidos y ansiosos. La besó en la boca, en la comisura, en la línea de su mandíbula, en la barbilla y después descendió por su cuello hasta llegar a su garganta. Lamió el punto donde latía el pulso de Hermione y finalmente ocultó el rostro en su cuello, con abandono, como si fuera un alma errante que había vagado largo tiempo antes de llegar al lugar donde pertenecía, y que sólo cuando lo alcanzó se permitió derrumbarse.

Hermione le acarició el pelo, peinándolo con los dedos mientras le rodeaba el cuerpo con la otra mano y trataba de respirar con normalidad. Sentía como si huracán hubiera pasado por su boca y su corazón latía como si se hubiese estado media hora huyendo del mismo Voldemort.

—Draco —murmuró al cabo de unos segundos.

—¿Hmm? —Hermione sintió un escalofrío deslizarse por su columna vertebral como una repentina brisa fría por su espalda al recordar situaciones en las que él le había respondido con ese mismo sonido perezoso y colmado.

—Creo que es hora de que me cuentes la verdad.

Draco no se movió durante unos largos instantes y cuando se apartó de ella, su momento vulnerabilidad ya había pasado. Se alejó un poco y la miró con desconfianza volviendo a parecer el peligroso mortífago.

—¿Lo sabes? ¿Lo has sabido todo este tiempo? —preguntó y Hermione percibió una nota de abatimiento en su voz.

—Lo supe cuando me besaste en el tren —respondió ella con toda la tranquilidad que pudo —¿Por qué lo hiciste? —y su voz traslució todo el dolor que su mentira le había producido, con una intensidad que Draco apartó la mirada, en un intento cobarde de no sentirse aún más miserable de lo que lo había hecho durante esos años.

—Lo hice para protegerte —y se preguntó si su excusa le sonaría tan penosa y sin sentido a Hermione como a él.

—¿Protegerme? ¿De quién?

—Mi padre nos descubrió —respondió Draco con amargura y cierto temor en la voz —El cabrón de Zabini le avisó y se presentó en el colegio con mi madre... —guardó silenció unos instantes y Hermione percibió como se acariciaba inconscientemente la cicatriz que tenía en su ceja. Se preguntó si se la habría hecho Lucius Malfoy —Me dio la típica charla sobre los deberes y la pureza de sangre de los Malfoy. Me dijo que me había convertido en un traidor a la sangre y que no era digno de entrar al servicio del Señor Oscuro. Dijo que debía enmendar mi error... matándote.

Los labios de Hermione se entreabrieron de sorpresa y miró a Draco con los ojos muy abiertos, empezando a encajar las piezas del puzzle mentalmente.

—Conseguí convencerle de que no me obligara a... —hizo una pausa, miró a Hermione fijamente y añadió con rapidez —No lo habría hecho, pero entonces se hubiera encargado él.

—Lo sé —concedió ella con un hilo de voz.

—Le convencí de que sólo había estado contigo para rebelarme contra él por no... —rehuyó la mirada de Hermione antes de continuar —por no haberme permitido convertirme en mortífago durante ese verano.

Hermione apretó los labios pero no dijo nada.

—Permitió que vivieras a cambio de que me deshiciera de ti de inmediato.

—¿Por qué no me dijiste la verdad? —preguntó ella y Draco vio que tenía los ojos llenos de lagrimas —Lo hubiera entendido y tú... tú...me prometiste que no me mentirías.

Draco sintió deseos de tocarla y consolarla, pero algo en su mirada, le paralizó, como si se hubiera convertido en una estatua de piedra.

—Una promesa no vale tu vida —replicó Draco en tono áspero, desesperado porque ella le entendiera —Sé que lo hubieras entendido, pero eso no habría valido de nada. ¿Cuánto tiempo crees que hubiéramos podido permanecer separados? Han pasado más de tres años desde la última vez que nos vimos, y aún tiemblas cuando estoy cerca de ti.

Hermione guardó silencio y la única muestra que dio de haberle escuchado, fue girar el rostro para no verle. Draco se sintió tan desesperado y despreciable ante la idea de que ella no pudiera perdonarle su mentira, que se acercó y la sujetó por los hombros con brusquedad, forzándole a mirarle.

—¿Crees que para mi fue fácil destrozarte? —preguntó en una especie de lamento tan cargado de dolor que la voz se le quebró. Soltó a Hermione, se alejó unos pasos y se quedó observándola en la distancia. A pesar de su capa negra y su aspecto amenazante, a pesar de ser un mortífago, seguidor del Mago Tenebroso más grande de todos los tiempos, parecía tan vulnerable, tan lleno de dolor que Hermione sintió el deseo de reconfortarlo.

—Tuve que pedirle a Potter su puñetera botella de Felix Felicis para poder decirte todas esas cosas y si Pansy no me hubiera agarrado, me habría ido detrás de ti cuando te marchaste —dijo él con rabia.

—¿Has sido capaz de hacer todo esto tan sólo por la posibilidad de arriesgar mi vida? —preguntó Hermione con suavidad, completamente enternecida por sus palabras.

—Por ti soy capaz de muchas cosas, Hermione. Muchas cosas —escupió él amargamente.

—Entonces entrégate —le rogó ella, acercándose a él —Únete a nosotros.

—¿E ir a Azkaban? Así tampoco podríamos estar juntos.

—No has matado a nadie, no te encarcelaran.

Draco permaneció en un inquietante silencio que erizó el vello de la nuca de Hermione. Retrocedió un paso y le miró asustada.

—Porque...no has matado a nadie —afirmó vacilante —¿verdad?

Draco negó con la cabeza pero no parecía especialmente orgulloso de no haberlo hecho. Hermione sonrió y sintió como un nudo de tensión se deshacía en su interior.

—Entonces todo irá bien —aseguró con una suave sonrisa.

—No lo hará. Soy un mortífago, no importa si he matado o no a alguien. He hecho y presenciado cosas horribles —replicó él con voz inexpresiva.

La frágil sonrisa se desvaneció del rostro de Hermione y observó a Draco con otros ojos. Éste casi esbozó una mueca irónica.

—Siempre supiste que no era una buena persona, Hermione.

—Eres mejor persona de lo que crees —respondió ella sin dudar.

Draco alzó una mano para acariciarle una mejilla y lució una sonrisa esquiva por unos breves segundos.

—Sé que eso es lo que te gustaría creer.

—Pero... lo eres —susurró Hermione y de pronto una extraña intuición la llenó —Fuiste tú quien le diste el chivatazo a Harry, ¿no es así? Tú le dijiste dónde estaba el cuartel general de el-que-no-debe-ser-nombrado.

Draco no negó, ni afirmó, simplemente se limitó a encogerse de hombros.

—Eso no significa que sea bueno, sólo un traidor. No soy uno de ellos pero tampoco soy uno de los vuestros.

—Entonces... ¿por qué lo hiciste? ¿Por qué te arriesgaste así? —preguntó Hermione, tratando de hacerle comprender que no era tan malo como pensaba.

—No te engañes. Odio a los mortífagos, pero también a la Orden del Fénix. No lo hice para ayudaros. Sólo lo hice por... —se interrumpió abruptamente y rehuyó los ojos de Hermione con rapidez. Pero era tarde, ella ya había leído la respuesta en su mirada.

—¿Por mí? —musitó a media voz.

Draco había ladeado el rostro para evitar que ella viera sus ojos, de modo que la miró un instante de reojo y finalmente asintió.

—¿Por qué ahora? —preguntó Hermione.

Era cierto que después de tres años de guerra mágica, Harry, Ron y ella habían logrado destruir los horrcruxes de Voldemort con la ayuda de Dumbledore y la Orden, y que desde que lo habían hecho, las detenciones de mortífagos se habían multiplicado, diezmando progresivamente las fuerzas del mago Oscuro. Era posible que Draco hubiera esperado hasta que estuvieran atrincherados, en un momento de relativa debilidad en el que la Orden del Fénix tendría más fácil el vencerles para delatarles. No obstante, sentía que esas razones no eran las únicas.

—Mi padre —respondió Draco —Me ha estado vigilando todo este tiempo, hizo que me convirtiera en mortífago pero siempre ha desconfiado de mí. Por eso no me he puesto en contacto con la Orden del Fénix ni contigo en ningún momento antes de que él fuera encerrado en Azkaban.

—¿Te obligó a convertirte en mortífago? —preguntó Hermione con voz débil.

Draco lanzó una especie de bufido y esbozó una sonrisa torcida que heló la sangre de Hermione. No quiso imaginarse que tipo de prueba de iniciación tuvo que pasar o cómo le tatuaron el símbolo de Voldemort en el antebrazo.

—Simplemente no podía negarme sino quería ponerte en peligro.

Hermione abrió la boca para responder, pero un fuerte sonido en el interior del torreón llamó su atención. Pudo ver varios destellos de diferentes colores chispeando a través de las altas ventanas del torreón y supo que la pelea había llegado hasta esa ala del castillo. Draco se acercó a ella y sacó su varita del bolsillo, sin quitar en ningún momento los ojos de la puerta del torreón. Hermione se agachó rápidamente y recuperó su varita, para aferrarse con su brazo libre al de Draco. En silencio, sus manos se enlazaron y por el modo en que Draco la miró, supo que estaba despidiéndose de ella.

—¿Qué va a pasar ahora? —preguntó aterrorizada.

—Sólo tenemos dos posibilidades —respondió Draco apretando su mano —Enfrentarnos a ellos...

—¿Ellos? ¿A los mortífagos o a la Orden del Fénix? —preguntó Hermione tratando de controlar su voz para que no sonara demasiado chillona.

—A ambos.

Draco no añadió nada más pero Hermione entendió las implicaciones de su silencio. Los mortífagos tratarían de matarla a ella y posiblemente a él también si les descubrían juntos o si sospechaban de que era el traidor. Y Hermione sabía que Draco lucharía hasta la muerte contra la Orden del Fénix antes de permitir que le capturaran y enviaran a Azkaban. La sola idea la asustó tanto que estrujó los dedos de Draco entre los suyos.

—¿Cuál es la otra opción? —preguntó Hermione por encima del estrépito de la batalla que se aproximaba cada vez más a la puerta del torreón.

Draco se giró hacia ella y le tendió la mano en la que sujetaba su varita.

—La otra opción es que desaparezcamos.

—¿A dónde iríamos? —susurró ella.

—¿Qué importa? —murmuró él, mirándola fijamente a los ojos. Y mirando a sus ojos, Hermione olvidó los sonidos de la batalla, el que sus vidas estaban en eminente peligro y que tenía que tomar una decisión que lo cambiaría todo. Sólo estaba él, tendiéndole la mano, mirándola con una ansiedad que ni toda su frialdad Malfoy podía ocultar.

Él. Junto a ella. Ofreciéndole la oportunidad de estar juntos. Después de tantos obstáculos, de tantas mentiras, después de tantos años. Después de tanta incomprensión, de tantas barreras, de tanta distancia. Después de haber perdido cualquier esperanza.

En un instante pasaron por su mente miles de imágenes y recuerdos, miles de momentos mágicos con él. Cada beso, cada mirada, cada caricia, cada encuentro a escondidas. Habían luchado contra todo, contra ellos mismos, contra su orgullo, contra sus amigos, contra Slytherin. Y finalmente había llegado un obstáculo que no habían podido salvar... hasta ahora.

En el mundo en que vivían, jamás podrían estar juntos. Siempre existiría una nueva barrera, un nuevo impedimento que los separaría, siempre habría algo que les impediría ser felices.

Porque el mundo no entendía su amor.

Y mirándole, supo que decisión tomar

Sin vacilar, ni temblar, Hermione extendió su mano hacía él, pero la voz de Draco la detuvo.

—Si vienes conmigo es posible que nunca vuelvas a ver a tu familia y amigos— dijo.

Un rayo de luz amarilla salió por la ventana del torreón que estaba por encima de la puerta, rebotó contra la muralla y se perdió entre la oscuridad del cielo. Hermione apartó la vista de su trayectoria, miró a Draco y tomó con fuerza su mano, de modo que quedaron frente a frente, con ambas manos entrelazadas.

—Lo sé —dijo, y sólo entonces Draco apretó su mano con la de él.

En ese preciso instante, la puerta del torreón se abrió con estrépito, golpeando violentamente contra la pared de piedra. Un rayo de luz roja salió por ella y unos segundos después, Harry Potter y Ron Weasley se asomaron, completamente despeinados, exhaustos y con la cara llena de suciedad y algunos rasguños.

—¿Hermione? —llamó la voz de Harry desde lo alto de las escaleras.

—¿Estás seguro de que era por aquí? —preguntó Ron en un susurro, como si no estuviera muy seguro de atreverse a escuchar la respuesta. Harry asintió y se ajustó las gafas rotas sobre el puente de la nariz. Echó un vistazo a las escaleras y alrededores del torreón, y con desesperación creciente miró a lo largo de la muralla a la escasa luz que arrojaba la luna llena revelando la ausencia de Hermione.

No obstante, Harry vio algo brillante en el suelo, semienterrado en la gravilla y hierbajos que lo cubrían. Inmediatamente, se precipitó escaleras abajo seguido de Ron, saltó los últimos escalones y corrió unos metros hasta frenarse en seco frente al objeto brillante.

—¿Qué es eso? —preguntó Ron echándole un vistazo con desconfianza por encima del hombro de Harry. Éste se agachó y recogió el objeto plateado con cuidado.

—La máscara de un mortífago —murmuró y la luz de la luna se reflejó sobre una de las mejillas de metal, reluciendo con un brillo férreo.

Ron palideció y miró a todas partes con la varita en alto, como si temiera que en cualquier momento un mortífago apareciera de entre las sombras.

—¿Hermione? —llamó con voz vacilante. Se alejó unos pasos de Harry, acercándose a las sombras sin dejar de mirar a todas partes. Harry en cambio, no parecía preocupado por la posibilidad de que algún mortífago anduviera cerca y observaba con atención el suelo.

—¡Hermione! —repitió Ron en voz más alta.

—Se ha ido.

Ron se volvió bruscamente hacia Harry y le miró lleno de confusión.

—¿Qué?

Entonces vio que Harry apretaba algo en su mano. Era un pañuelo escarlata y a Ron no le hizo falta ver la H cosida en hilo dorado para saber a quien pertenecía.

—Se ha ido —repitió Harry —Se ha ido con él.

Y ambos guardaron silencio, sintiendo de algún modo que nunca volverían a ver a su amiga.


Se escribieron muchos libros sobre la caída de Lord Voldemort a manos del niño que vivió. La noche en la que la Orden del Fénix irrumpió en el castillo de Dunhanshire, cuartel general y refugio del Señor Oscuro y sus últimos mortífagos fieles, se libró una cruenta batalla entre ambos bandos. Finalmente, Harry Potter y Lord Voldemort se enfrentaron en singular duelo, y el niño que vivió venció al mago Tenebroso.

No obstante, ambos bandos sufrieron varias bajas. Avery y Greyback resultaron muertos en la batalla de la Sala de Armas. El resto de los mortífagos se rindieron después de que su Señor cayera, a excepción de Bellatrix Lestrange que continuó luchando y fue alcanzada por un Avada Kedavra que ella misma había lanzado cuando intentaba acercarse al cuerpo de Lord Voldemort.

La Orden del Fénix perdió a Emmeline Vance, Sturgis Podmore y Mundungus Fletcher. Severus Snape resultó gravemente herido y pasó varios meses de inconsciencia en San Mungo. Cuando despertó no recordaba su identidad ni su pasado, por lo que se quedó permanentemente hospitalizado.

No se encontraron los cuerpos ni rastro alguno de Hermione Granger o Draco Malfoy por mucho que la Orden del Fénix rastreó el Castillo de Dunhanshire y sus alrededores.

Y nadie más volvió a verlos.


Draco Malfoy y Hermione Granger eran tan distintos como la Lija y el Terciopelo, pero a pesar de las diferencias, los prejuicios y las barreras, a pesar de sí mismos, algo nació entre ellos en su último año en Hogwarts. Algo que no conoce razones, lógica o deberes. Algo llamado amor.

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"El amor halla sus caminos, aunque sea a través de senderos por donde ni los lobos se atreverían a seguir su presa."

Lord Byron


Hola lindas!

Hasta aquí hemos llegado! Esto ha sido todo! Espero que no os haya decepcionado el final y que os haya gustado. La verdad es que me he pasado dos días dándole vueltas y retocándolo una y otra vez porque había partes que no me convencían y sobre todo las líneas finales me costaron horrores. No me gustaba nada de lo que escribía y lo borraba una y otra vez. Al final me he quedado más o menos conforme con el resultado y espero que vosotras también.

Finalmente han acabado juntos a pesar de todas las dificultades y penurias que han pasado, aunque ambos, sobre todo Hermione han tenido que pagar un precio muy alto. Se "fugaron", para vivir su amor fuera de un mundo que se lo impedía, aunque para eso tuvieran que dejar atrás a sus seres queridos. ¿Qué habriaís hecho vosotras?

Comentando un poco el chap., no sé muy bien como me quedó la escena del reencuentro...pero espero que os gustara también. Como visteis, habían pasado tres años, Hermione era aurora y Draco mortifago. Ella estaba en la Ordén del Fénix junto a sus amigos y no he contado nada de las profesiones de estos porque no era importante y para no devanarme los sesos xD, el caso es que todos estuvieron en la batalla final, y Draco tuvo un papel fundamental al traicionar a Voldemort revelando su ubicación.

Como visteis, Hermione supo durante esos tres años que Draco la quería después del beso en el Expreso (tenía su razón de ser xD) y ninguno de los dos consiguio olvidar al otro a pesar del tiempo pasado.

Quizás habréis notado que me he cargado a los personajes que me caen mal xD jajaj por ejemplo, odio a Bella por todo, así que fuera! Greyback sin comentarios y Snape...bueno, se ha quedado loco xD pero como le concedo el beneficio de la duda, he hecho que al menos haya enloquecido desde el bando de los buenos. A Dumbledore no lo menciono pero está vivito y coleando y le he enviado unos calcetines por Navidades xD. Todos los amigos de Hermione sobrevivieron (no podría haber matado a ninguno, los quiero xD).

Y la frase de Lord Byron, me pareció muy adecuada para el final y para la decisión que tomaron...Ese es el mensaje principal de mi historia :).

Y ahora os quiero decir varias cosas, a ver si no se me olvida ninguna xD.

1) Como os dije, es posible que escriba un fic sobre Theodore y su francesita :) Edit: El fic ya está escrito, "La promesa de un beso".

2) Tengo una idea para otra historia larga sobre Draco y Hermione, pero si llego a escribirla será más bien para Marzo. Las razones: necesito un descanso y tengo todos los exámenes finales. Sólo os puedo contar que no será en Hogwars :) pero no es un Universo Alternativo. Edit: "Dormiens".

3) Ahora las razones por las que no voy a escribir un epilogo ni una segunda parte de la historia. No voy a hacer epílogo porque ya está todo dicho, y creo que continuar la historia seria estropearla. ¿Por qué? Porque ya no tengo nada más que contar... El qué ha sucedido con Draco y Hermione después de que se fugaran juntas, lo dejo a vuestra imaginación, y creo que así tiene más magia.

Y ahora, por último, la despedida que no es un adiós (espero) sino un hasta luego :).

Quisiera daros las gracias más grandes a todas las que me habéis seguido, desde el principio, desde la mitad, incorporandoos al final. Para mi todas sois muy importantes, me he aprendido vuestros nicks y vuestros nombres, hasta casi sé de donde sois xD. Os quiero agradecer todo el apoyo que he recibido desde el principio y que ha ido creciendo cada vez más. Como creo que ya os he dicho, no me esperaba que esta historia llegara hasta donde está...y ha sido así gracias a vosotras. La hubiera dejado abandonada como muchas más si no hubiera tenido a mis musas (vosotras) para animarme e inspirarme :) Por eso, esta historia es tan mía como vuestra.

Quiero daros las gracias a las que empezasteis conmigo y me habéis seguido hasta aquí, a las que os habéis incorporado más tarde, a las que me seguis en las sombras. Escribo para divertirme y porque me hace feliz, y todas vosotras habéis contribuido a que lo sea. Si la historia os ha gustado o emocionado en algún momento, quiero pediros un último favor.

Quiero pediros que todas las que me habéis seguido hasta aquí, me dejéis un r&r porque me interesa la opinión de todas. Sé que hay algunas que no soléis escribir o no os animais a hacerlo, pero os lo agradeceria enormemente. Quiero saber lo que opinaís todas y cada una de las que habéis leído este intento de historia. Me gustaria saber que os ha parecido el final, la historia en general, que os ha hecho sentir, cual ha sido vuestra parte favorita...todo lo que se os ocurra. Me encantan, amo, los reviews largos, cuanto más largos mejor xD porque me animan y ayudan a seguir en mi ilusión de ser escritora o algo así.

Por último deciros que echaré de menos abrir mi correo para ver vuestros mensajes de apoyo, echaré de menos actualizar sintiendo la expectación de qué os parecera el fruto de mi imaginación...Os echaré de menos a vosotras, pero siempre tendréis una parte de mi. Las gracias más grandes van para vosotras por haberos leído 53 chaps. de este bodrío xD, por hacerme sentir especial, por apoyarme tanto. No tengo palabras para agradeceroslo, así que en un vago intento de compensaros os regalo un pumpiker de nuevo, un anillo de los Malfoy y un Draco (canjeable por cualquier otro personaje que os interese) para cada una de vosotras.

De verdad, desde el corazón...GRACIAS POR TODO VUESTRO APOYO Y COMPRENSIÓN

Se despide, una llorosa, lijada y aterciopelada,

Dry