Grissina: Me prometí a mi misma no caer nunca en la trampa de publicar dos historias a la vez pero no se me da nada bien lo de cumplir promesas que me hago a mi misma (este año iré al gimnasio, voy a dejar el chocolate de una vez por todas, no volveré a dejar nada para el último momento... supongo que alguna/o me entiende) T.T

Sé que este primer capi... bien no digo nada, pero... por favor,... por favor, las/os que habeis leído algo mío antes (ei y los que no también ;P) no abandoneis la historia sin como mínimo llegar a saber porqué el relato se llama así. Porfi...

XD


"Boig per Tu"

01. Las Ruedas de Mayura

Era principios de verano, hacía mucho calor, y las clases estaban por acabar, tan solo quedaba una semana para las vacaciones. Todos se morían de ganas de que el curso finalizara, bien, todos menos ella.

La última visita al médico no había ido mejor que las veces anteriores y eso había minado su ánimo. Sus piernas no parecían querer recuperar la movilidad y por mucho que se esforzara en las sesiones de rehabilitación solo conseguía frustrarse más y más.

Estaba harta de esa silla de ruedas, llevaba tres años luchando por volver a andar, y no parecía que el momento fuera a que llegar nunca. El médico había dicho que la recuperación de la movilidad no se daría de golpe que podía tardar. Pero tres años ya era mucho. Y, aunque ni sus padres ni el propio médico lo decían, todos empezaban a asumir que su vida quedaría ligada a esa silla de por vida.

Por eso no le gustaba que acabara el curso, porque como mínimo durante la época del colegio tenía algo más en qué pensar, algo en lo que centrarse que no fueran sus piernas inmóviles.

-¡Mayura!

-¡Mamá!.¿Dónde estabas?. ¡Llevo media hora esperando, ya se han ido todos!- se quejó Mayura maniobrando la silla para dirigirse a la salida del colegio donde su madre había aparcado el coche.

-Lo siento hija encontré un atasco viniendo del centro y…

-¿Del centro, y que hacías allí?

-¡Sorpresa!- gritó una chica de pelo rizado saliendo de detrás de su madre y corriendo hacia ella con una enorme sonrisa en la cara.

-¡Ayako!.¿Qué haces tú aquí?

-¡Vaya, yo también me alegro de verte querida!- le recriminó la chica.

-No, yo… digo que… es decir¿qué haces aquí?- preguntó de nuevo riendo.

-Jajajajaja- rió Ayako ante la cara de duda y sorpresa de su prima.

-Pues venir a verte tontorrona- le dijo abrazándola.

-¿Pero que no tienes clase todavía?

-Sip.

-¿Y entonces?- dijo dejando que su prima tomara el control de la silla de ruedas y empezara a empujarla hacia el coche.

-Ayako está en la ciudad con el equipo de su instituto, llamó a casa ayer por la noche pero ya dormías y…- intentó explicar su madre

-¿Y porqué no me despertasteis para decírmelo?

-Queríamos que fuera una sorpresa- dijo Ayako.

-Pues sí que ha sido una sorpresa- dijo todavía sin acabárselo de creer Mayura.

-No podía pasar por la ciudad sin venir a verte- dijo Ayako ayudando a su tía a poner a Mayura en el asiento delantero del coche.

-Me alegro de verte Ayako. Pero dime ¿cómo es que estáis con el equipo aquí? No lo entiendo los nacionales ya terminaron, y….

-Es una larga historia- dijo ella entrando en el asiento trasero.

-Bueno tenemos toda la noche por delante ¿no? porque te quedarás a dormir espero.

-La verdad es que no tengo mucho tiempo, he de volver al hotel y…

-¡Al hotel! pero quédate en casa. Mamá dile que se quede a dormir en casa…

-Ya lo he intentado pero tiene una cena en el hotel esta noche y…

-¿Cómo que una cena? Cuenta, cuenta… ¿Es que tienes una cita?- le dijo mirándola por el retrovisor con una sonrisa en los labios.

-¡.¡Noooo!.! Es una cena con los del equipo. Es la cena de celebración de… pero tengo una idea. ¿Tía Hiromi, podría Mayura venir al hotel conmigo? Podrías cenar con nosotros esta noche y mi habitación es doble y duermo sola. Mañana es sábado y…

-Pero y su medicación, y…- intentó objetar la mujer.

-Mamá podemos pasar por casa a buscar todo, además quien sabe cuanto tiempo pasará antes que vuelva a ver a Ayako…- le dijo poniendo carita de pena.

-Venga tía Hiromi deja que se quede conmigo esta noche… además seguro que al tío Kyo le gustará la idea de que Mayura salga a divertirse un poco. Y vosotros podéis salir también al centro a cenar…

-Está bien, iremos a casa y llamaremos a tu tío, luego veremos- dijo la mujer con una mueca de sonrisa en los labios. Hacía tantos días que no veía a su hija ilusionada con algo que empezaba a creer que estaban empezando a perder-la. La visita de su sobrina parecía un milagro.

-¡Sí!- gritaron ambas muchachas y luego estallaron en una sonora carcajada.

Ayako y Mayura estaban muy unidas, habían crecido juntas hasta entrar la primera en Shohoku para cursar allí el bachiller y la otra no. Tres años atrás cuando ambas muchachas todavía iban al mismo instituto Mayura había sufrido un accidente. Desde pequeña que se dedicaba al esquí. Tenía un gran talento para ese deporte y ya con quince años la selección nacional se había fijado en ella. Entrenaba muy duro y todos estaban seguros que en pocos años la verían alzarse en el podio de los mundiales o las olimpiadas con alguna medalla en el cuello. Pero un día en uno de los entrenamientos algo fue mal, un mal giro, una placa de hielo, un pequeño momento de pánico, perdida de control, los esquís que se cruzaron, un fuerte golpe contra la nieve dura de medio invierno, y ella no recordaba nada más. No recordaba que a toda velocidad siguió bajando unos cien metros pista abajo hasta acabar contra una valla de protección que la salvó de despeñarse por un barranco.

Despertó una semana después en un hospital de la ciudad y sin movilidad en las piernas. Siguiendo las recomendaciones de médicos y entrenadores se trasladaron dónde pudieran llevarla a los mejores fisioterapeutas del país. Ayako y Mayura se habían visto muy poco desde entonces, pero habían seguido en contacto por teléfono y sobretodo por correo. Seguían siendo más que primas, eran la una la mejor amiga de la otra a pesar de la distancia, y a pesar de los problemas.

Ayako le contaba todas sus actividades con el equipo, como los jugadores iban evolucionando, como se sentía formando parte de algo tan especial. Aunque a veces le daba miedo que su prima se sintiera mal por contarle lo bien que se lo pasaba haciendo lo que más le gustaba, cuando ella estaba atada a esa silla sin poder hacer nada. Pero Mayura siempre le preguntaba por más, siempre en todas las respuestas le pedía que le siguiera contando todo, así que nunca se había planteado dejar de hacerlo.

Verla en esa silla no era fácil. Mayura era una de las personas más activas que conocía, a veces le recordaba a algunos de los chicos de equipo. Era constante, tenaz, apasionada y aun sabiendo lo buena que era nunca dejaba que eso le nublara la mente para poder seguir mejorando. Quizá se parecían porque todos ellos eran verdaderos atletas, de los pies a la cabeza, incluido el atolondrado de Hanamichi tenía esas cualidades, aunque a veces no lo pareciera.

A Mayura le divertían especialmente las anécdotas relacionadas con él. Aunque no era de extrañar, era de todos el más peculiar y al que más rápido le tomabas cariño. Además con la lesión en la espalda de la que justo ahora empezaba a salir a Mayura le había costado poco cogerle cariño a pesar de no conocerle.

Por fin, tras dos horas de preparación en casa, volvían a estar en el coche dirección al centro. Kyo, el padre de Mayura había estado tan contento al saber que Ayako estaba en la ciudad y que quería llevar a su hija a divertirse, que le había faltado tiempo para decir que sí y de paso buscar algo para hacer esa noche con su esposa.

-Dime Ayako, estás segura que puedo venir, al fin y al cabo es la cena de final de temporada, para celebrar el segundo lugar en el nacional y…

-Y nada, además ahora ya les he dicho que venías.

-¿Qué?

-No pasa nada Mayura, de verdad. A pesar de todo son buenos chicos y seguro que les caes muy bien.

-Estoy nerviosa- admitió mirando a su prima por el espejo del acompañante.

-Lo sé, pero todo irá bien. Además estás muy guapa con este vestido.

-Sigo pensando que debería haberme puesto pantalones- se quejó Mayura.

-¡Qué dices!- dijeron su madre y su prima a la vez.

-Pero tú sí irás con pantalones- protestó mirando a su prima.

-Ya pero…- intentó defenderse Ayako.

-En eso tiene razón- intervino su tía -deberías ponerte el vestido amarillo que te he dado.

-Pero es que…

-Te queda precioso y ¿al fin y al cabo no es una cena de celebración?- dijo Hiromi mirando por el retrovisor a su sobrina sentada detrás con su viejo vestido amarillo en el regazo. A ella ya no le entraba y a Ayako le sentaba tan bien…

-¿De verdad…?- dijo dudosa Ayako.

-Anda póntelo- insistió Mayura que no quería ser la única con vestido, por mucho que el vestido verde de verano le quedara bien.

Al final Ayako accedió, y en el asiento de atrás, no sin ciertas dificultades, se cambió la camisa con tejanos que llevaba por el vestido que le acababa de dar su tía. La verdad es que le gustaba mucho pero se sentía rara solo de pensar en estar con los chicos vestida tan… femenina.

Llegaron al hotel del centro y un amable botones les ayudó abriendo las puertas. Ayako empujaba la silla de su prima que nerviosa jugaba con el asa del bolso.

-Deja de retorcerlo o lo estropearás- le susurró Ayako al oído para calmarla.

-Claro tú ya les conoces…

-Y tú también. ¡Los que deberían estar nerviosos son ellos que no saben lo que les cae encima!

-¿Qué insinúas con eso?

-Nada- rió Ayako -Pero tú sabes mucho de ellos y ellos nada de ti. La información es poder primita.

-Lo sé- contestó con una pequeña risita.

En ese momento llegaron por las escaleras un grupo de tres chicos riendo y hablando animadamente. Uno era inconfundible: Hanamichi Sakuragi, con su pelo rojo, su metro noventa y su estruendosa voz. Los otros eran Hisashi Mitsui y Ryota Miyagi. Este último tan pronto se percató de la presencia de ambas chicas en la entrada se paró en seco a medio bajar la escalera embobado y con la boca abierta, hecho que llamó la atención de los otros dos.

Mitsui el más resuelto de los tres, no sin una pequeña sorpresa inicial, siguió avanzando hacia ellas.

-Vaya Ayako estás deslumbrante,- comentó acercándose a ellas. -Y no nos dijiste que tu prima era tan hermosa.

-Mayura este es Hisashi Mitsui, y estos que vienen por aquí son Hanamichi Sakuragi, y Ryota Miyagi. Chicos ella es mi prima Mayura.

-Un placer conocerte Mayura- siguió desenfadadamente Hisashi.

-¿Ma...Mayura?- preguntó con una extraña expresión en el rostro Hanamichi y con un leve titubeo en la voz.

-Sí, es mi prima- dijo Ayako extrañada por el comportamiento del pelirrojo, que pronto intentó disimular diciendo:

-Este… yo… el tensai también se alegra de conocerte- dijo Hanamichi en un tono distante muy poco común en él y sin saber muy bien qué más hacer o decir. Esa chica era más hermosa de lo que había esperado. Algo se movió en su interior haciendo que su corazón latiera dolorosamente desacompasado. Por suerte la llegada de Ryota le distrajo momentáneamente de esa sensación en la boca del estómago.

-A…Ayako…- murmuró Ryota todavía con la boca abierta cuando consiguió llegar hasta ellos. -E…es…estás… mu…muy…

-¿Está preciosa verdad?- dijo Mayura. Ryota entonces se giró de golpe y se percató de la presencia de la otra muchacha.

-Vaya, lo siento, tú debes ser su prima, yo soy Ryota Miyagi el mejor base de la prefactura.

-Ayako me ha hablado mucho de vosotros, ya tenía ganas de conoceros- dijo Mayura divertida ante el pretendiente de su prima.

-Vamos a subir un momento a la habitación a dejar las cosas de Mayura y ahora bajamos. ¿Nos vemos en el comedor?- dijo Ayako

-El viejo ha dich… ¡ai!

-¡Hanamichi!- exclamó Ayako indignada pero más tranquila al ver que Hanamichi empezaba a recuperar la normalidad -¿qué modales son esos?

-¿Qué llevas en ese bolso?- dijo Hanamichi sobándose la cabeza cómicamente.

-Idiota- dio una voz grave detrás de ellos.

-¿A quien llamas idiota, engreído petulante?- se quejó todavía sobándose la cabeza.

-¡Rukawa!- pero esta vez no había sido Ayako, quien exclamara el nombre del equipo en alto y de modo enfático, sino Mayura.

-…- al primer momento nadie dijo nada.

-¿Joder es que tiene fans hasta debajo las piedras?- murmuró Hisashi a Ryota.

Mayura les miró un momento con una expresión indescifrable incluso para Ayako, y luego le dijo a esta.

-¿Ayako por qué no vas con los chicos a avisarle al entrenador que ya hemos llegado?

-No voy a dejarte sola, ellos le dirán al profesor que…- pero no pudo terminar de decirlo.

-Yo le acompaño- dijo Kaede cogiendo la bolsa del suelo mientras empezaba a andar hacia los ascensores. Mayura le siguió hasta allí sin decir nada más.

Los otros estaban tan estupefactos por la iniciativa del moreno que tampoco dijeron nada. Hasta que justo antes de que entraran en el ascensor Ayako le gritó como despertando del shock:

-¡Rukawa!- y entonces le lanzó las llaves de la habitación para que pudieran entrar.

Ambos jóvenes entraron en el ascensor y este se cerró antes de que los otros pudieran reaccionar.

-¿Qué acaba de pasar?- dijo Ryota confundido.

-¿Piensas dejar que a tu prima sola con Rukawa?- dijo Hisashi.

-¿Qué quieres decir con eso?- dijo Hanamichi todavía muy descolocado. Sentía una extraña opresión en el pecho, porque algo estaba mal en esa escena.

-¡Miutsui! Rukawa no va a hacerle nada a Mayura.

-Si claro…- dijo frunciendo el ceño.

-¿Como que hacerle algo?- dijo Hanamichi más nervioso todavía sin querer aceptar el porqué, a pesar de saberlo perfectamente.

-No les hagas caso Hanamichi ¿qué me decías del entrenador?- dijo Ayako intentando restar importancia a lo ocurrido. Tenía una ligera idea de lo que había sucedido y no quería entrometerse en los asuntos de su prima.

-¿Eh?.- dijo un poco descolocado Hanaimchi todavía mirando al ascensor -¡Ah!.¡Sí! el viejo ha reservado un salón para la cena, dijo que no quería molestar al resto de los huéspedes. Aunque no sé porqué lo ha dicho…

-Yo tampoco…- dijo sarcástica Ayako empezando a andar hacia la zona de los salones.

-¿Ayako, como osas reírte de este genio del baloncesto?- empezó a decir Hanamichi siguiéndole la broma a la chica.

Ryota y Hisashi les siguieron riendo con ellos. Aunque en la mente de todos ellos seguía gravada la escena anterior y morían de curiosidad ninguno de ellos iba a demostrarlo.

...xx

-¿Cómo estas?- preguntó con una leve sonrisa.

-Bien.

Un intenso silencio se hizo en el ascensor. La mirada del uno centrada en la del otro a través de la superficie metálica de la puerta. Pero sin decirse una palabra.

-¿Sigues…?- dijo con una sonrisa cómplice justo antes de que el ascensor sonara anunciando que habían llegado a la quinta planta.

-Sí- sin decir nada más Kaede empujó la silla del ascensor saliendo al pasillo buscando la habitación 520. Cuando estuvo en frente abrió la puerta y entró detrás de Mayura. Luego cerró la puerta.