04. Los jardines del templo Ansai

-Kitsune abre de una puta vez- susurraba enfadado Hanamichi delante de la puerta de la habitación. No quería gritar y despertar a todo el equipo a las seis de la mañana. Además si el entrenador sabía que no había pasado la noche en la habitación…

Pero, como en los diez intentos anteriores, no obtuvo respuesta.

Minutos atrás Kaede dentro la habitación había despertado de un sueño ligero y agitado en el que había caído unas horas antes, tras una llorera considerable, de la que ahora se avergonzaba mucho. Primero no sabía qué le había despertado, pero la voz de Hanamichi al otro lado de la puerta le hizo recordar todo cuanto había ocurrido esa noche, lo que le había dicho y lo mucho que se arrepentía de haberlo hecho.

-Me cago en…, Kitsune deja de hacer el idiota. Conseguirás que despierte a todo el equipo. Abre la puñetera puerta- seguía insistiendo Hanamichi, cada vez con un tono de voz más alto.

Entonces Hanamichi oyó ruido en la habitación por primera vez. ¿Quizá el zorro había estado durmiendo hasta ahora? No, no lo creía. Unos pasos lentos se aproximaron a la puerta, y luego oyó como sacaba algo de detrás de la puerta. ¿Tanto apuro tenía de que intentara entrar en la habitación que había atrancado la puerta? se preguntaba Hanamichi. Esperaba que entonces le abriría la puerta, pero en vez de eso oyó como del otro lado Kaede le decía.

-¿Qué quieres?

-Entrar. ¡.¿Qué más sino?.!- exclamó Hanamichi.

-¿Para qué?

-¡.¿Cómo que para qué?.! Es mi habitación también, tengo derecho a entrar. Ahí dentro están mis cosas, quiero cambiarme y ducharme y…- antes de que pudiera decir nada más un "clic" le indicaba que la puerta ya estaba abierta. La empujó y se encontró que la habitación estaba a oscuras, con la persiana bajada, las cortinas corridas, las luces apagadas. Extrañado Hanamichi entró maldiciendo al moreno:

-Ya te vale Rukawa, encima que no he subido a molestarte en toda la noche, cuando voy y te pido que me abras para poder cambiarme y ducharme me tienes gritando en el pasillo más de diez minutos, y…

Pero la puerta se había cerrado detrás de él dejándolo todo completamente a oscuras.

-¿Joder Rukawa, es que te da miedo la luz o qué?. ¡Auch! -exclamó cuando chocó contra la pata de una de las camas. -¡Podrías contestar como mínimo!- Dijo sentándose y abriendo la luz de la mesilla de noche para poder verle a la cara. Pero resultó que Rukawa ya no estaba en la habitación. -¡Maldito idiota prepotente, me ha dejado hablando solo! Cuando le pille me las va a pagar.

Una sonrisa maliciosa se formó en los labios del pelirrojo, al tiempo que se tumbaba durante unos instantes, en la cama todavía por deshacer.

En el pasillo Kaede andaba lentamente hacia el ascensor. Todavía sin poder creer que evitar a Hanamichi hubiera sido así de fácil. "Eres un torpe, Idiota" pensó mientras le daba el botón de llamada con cierta ansia.

Justo antes de que se cerrara la puerta vio a Hanamichi salir de la habitación y mirar hacia él, pero cuando sus ojos se encontraron la puerta metálica se cerró.

Kaede quería desaparecer de a faz de la Tierra. Se sentía estúpido, expuesto y ridículo. No quería tener que enfrentar a Hanamichi nunca más, a pesar de que moría por él. Además no entendía su actitud. ¿Por qué Hanamichi no había gritado, ni le había insultado, ni pegado?. ¿Por qué se había quedado simplemente estático en ese taburete, con una media sonrisa en la cara?. ¿Por qué le había dejado toda la noche solo sin atosigarle, sin intentar ser él el que durmiera en la habitación y echarle a él a dormir en las butacas del hall?. ¿Por qué ahora tampoco había dicho nada al respecto?. ¿Qué sentía Hanamichi respecto a todo lo ocurrido? Nada tenía sentido. ¿Por qué le había preguntado precisamente eso?. ¿De las mil preguntas que podría haberle obligado a contestar tuvo que preguntarle qué sentía por él precisamente?. ¿Y por él qué no le había mentido y ya? "Por que le quieres, estúpido" se dijo a si mismo saliendo del ascensor en dirección al comedor.

Era muy temprano, apenas empezaban a salir del horno las primeras piezas de bollería para el desayuno, pero a él le daba igual. Solo un hombre mayor sentado en el fondo del comedor, con un periódico en la mano y una taza de café en la otra parecía haber madrugado ese día. Se sirvió un zumo de naranja y una tostada con mermelada que no sabía si sería capaz de tragar. Tenía un enorme nudo en el estómago y le dolía la cabeza.

-¿Disculpe, podría traerme una aspirina por favor?- le dijo al camarero que se apresuraba a dejar el comedor del hotel listo para los clientes más madrugadores.

-Enseguida señor- dijo el joven, que rápidamente se metió en la cocina.

-¿Te encuentras bien?- dijo una voz detrás de él.

No pudo contestar. No pudo tampoco girarse para mirarle como habría hecho en cualquier otra situación. Incluso se vio incapaz de seguir haciendo como si no le hubiera oído. Se había quedado helado.

Pero ello no impidió que Hanamichi se sentara en la misma mesa que él, dejando al lado del de Kaede otro zumo de naranja y un plato con un pequeño bocadillo de queso.

-Deberías alimentarte mejor, una triste tostada no es un desayuno adecuado para un deportista. No me extraña que estés tan delgado- murmuró mirándole de arriba a bajo.

Kaede siguió sin decir nada, mirando al mantel como si fuera la cosa más interesante del mundo, incapaz de encontrar la manera de afrontar esa situación.

-Señor, aquí tiene la aspirina- dijo el camarero alargándole un baso de agua y un plato pequeño con la pastilla.

Pero Kaede seguía incapaz de reaccionar. En su mente solo una sarta de angustiantes preguntas se repetía una y otra vez "Está aquí. Aquí. ¿Qué hace aquí?. ¿Qué quiere?. ¿Por qué no me deja en paz? Quiero volver a casa, quiero desaparecer. Dios, haz que se vaya de aquí. ¿Por qué…?"

-Gracias- dijo Hanamichi tomando él el vaso y la pastilla de las manos del camarero, que dándose cuenta de lo tensa que era la situación se fue de nuevo a la cocina-. Toma, te irá bien para la cabeza.

-¿Como sab…?- pero no se atrevió a terminar la frase. Había levantado la cabeza, sus miradas se habían encontrado inesperadamente para él. Quería fundirse allí mismo, sentía nauseas, y estaba seguro que se había puesto rojo y que estaba temblando.

-Quiero hablar contigo- dijo Hanamichi sin rodeos.

-…- no recordaba haberse sentido tan mal en la vida.

-Anoche…

-…- Algo parecido a una alarma sonaba en su cabeza, e hizo poner todo su cuerpo en tensión.

-Lo que dijiste anoche… ¿es cierto? es decir... ¿no te lo inventaste ni nada, cierto?- dijo, de repente con la voz entre apagada e insegura, Hanamichi.

-¿Para qué iba a inventarme algo así Idiota?- dijo Kaede sin saber muy bien de dónde había sacado fuerzas para hablarle.

-No me llames idiota zorro estúpido, y contesta.

-Para reírte de mi no necesitas que te lo repita, digo yo- exclamó enfadado con todo, Kaede.

-¿Reírme?. ¿Y cómo sé que no eres tú el que quiere reírse de mi?- dijo bajando la mirada Hanamichi.

-¡.¿Qué?.!. ¿Desde cuando decirle a alguien que le quieres es reírse d…?- como un relámpago un pensamiento cruzó su mente. Hanamichi seguía con a mirada gacha, y por su postura parecía nervioso. "Joder" fue cuanto su mente pudo gesticular al darse cuanta de lo que ocurría. -¿Hanamichi tú…?- murmuró.

-…- Hanamichi no dijo nada, solo levantó la vista y todo sonrojado le miró a los ojos.

-¡.¿POR QUÉ COÑO NO LO DIJISTE ANTES?.!. ¡.¿POR EJEMPLO AYER CUANDO YO…?.!- le gritó por segunda vez en menos de veinticuatro horas a la vez que se ponía de pie.

-¡No Grites!- dijo Hanamichi tapándose la orejas no acostumbrado a que nadie le gritara, mirando nervioso al hombre mayor y los tres camareros que les observaban en la distancia.

-¡GRITO SI ME DA LA REAL GANA!- gritó de nuevo. Luego dijo arrastrando las letras -Idiota.

-NO ME LLAMES…- dijo levantándose a su vez y encarando al moreno, olvidando por un momento la vergüenza de ser gritado en público.

-¡Sakuragi!. ¡Rukawa!. ¿Qué son esos gritos?- dijo Ayako entrando en el comedor.

Ambos se giraron de golpe.

Ayako no era la única que entraba en el comedor, y, además de los que ya había visto Hanamichi, había varios camareros asomados desde la puerta de la cocina presenciando el espectáculo.

Pero a pesar que las discusiones entre ellos eran comunes algo en esa escena estaba fuera de lugar en la cabeza de Ayako, aunque fuera lo que fuera la duda era menor que el enfado que llevaba por tener que hacer de niñera de esos dos.

-Si no podéis comportaros como personas…- dijo muy enfadada por el espectáculo que estaban dando sus jugadores conflictivos favoritos, aunque en ese momento no sabía si los odiaba más de lo que los quería.

-Lo sentimos mucho Ayako, no volverá a pasar- la interrumpió Hanamichi haciendo una reverencia y sorprendiéndoles a todos. Desde luego Hanamichi disculpándose por haber discutido con Kaede no era normal, nada normal.

-Bueno, está bien. Pero recordad dónde estamos. Debéis comportaros- dijo Ayako desconcertada y sin saber como reaccionar. Estaba preparada para cualquier réplica o excusa que Hanamichi le soltara por estar dando gritos a pleno pulmón en un lugar y un momento tan inoportunos, pero no para una disculpa así de buenas a primeras.

Seguidamente Hanamichi y Rukawa se sentaron en la mesa sin decir nada más. Y como si nada pasara empezaron a comer.

No se dijeron nada en todo el desayuno. Solo se miraron, pasaron el rato mirándose mientras comían. Con los ojos brillantes, expectantes, pero de repente inexplicablemente tranquilos.

Kaede sentía ahora la misma sensación que la noche anterior había sentido Hanamichi. En su interior una batalla entre la alegría, el alivio, un incomprensible y fuerte sentimiento parecido al enfado hacia Hanamichi. La sensación de haber estado haciendo el idiota demasiado tiempo parecía no tener fin a pesar de que el alivio ya había templado sus nervios, la alegría había dado vida a sus ojos haciéndole difícil evitar una sonrisa como la que exhibía como si nada Hanamichi, y que a cada minuto que pasaba estaba menos seguro de que lo mantenía con los cinco sentidos en alerta fuera realmente estar enfadado con Hanamichi. Pues a pesar que todo en él le empujaba saltar-le al cuello, cada vez tenía menos difusa la idea de qué le haría tras propinarle un primer bofetón por idiota.

A su alrededor el equipo había ido llegando y nadie entendía qué ocurría. Todos desayunaron preguntándose por qué ellos dos no estaban discutiendo, bien, no todos. Mayura sospechaba acertadamente lo que podían haber llegado a decirse, así como también Shinatro que por su lado seguía sin poder mirar a Mitsui a la cara, y por otro lado Ayako y Mitsui sabían también que algo había ocurrido entre ellos, pero no acertaban en qué podía haber sido, ella por falta de información, él por necedad y ceguera, la mismas que evitaban que entre él y Shintaro pasara lo mismo.

Acabado el desayuno Hanamichi y Kaede se levantaron de la mesa y silenciosamente se dirigieron a la puerta de salida. Estaban ya casi fuera del comedor cuando oyeron a Ayako llamarles de nuevo.

-Chicos recordad que hemos quedado con el entrenador y su esposa en media hora en la entrada del hotel para ir a visitar el antiguo templo de su familia.

-Ups, jeje, ya no me acordaba- dijo Hanamichi rascándose la cabeza cómicamente. Incluso Kaede no pudo evitar sonreír, así que para que no le vieran se giró y salió al vestíbulo. Desde allí oyó reír a todos, seguro que por algo que había dicho Hanamichi.

Cuando el pelirrojo salió finalmente del comedor, se encontraron por fin solos. Ojos azules clavados en los marrones. Pero no duró mucho, Hanamichi, nervioso, desvió la mirada con una sonrisa tímida en los labios.

-¿Y ahora qué?- dijo Hanamichi mirándose las puntas de las zapatillas. -Quiero decir, tenemos que hablar, está claro, pero yo…

-Hanamichi- le cortó Kaede.

-¿Sí?- respondió y aceleradamente levantó la cabeza de sus pies para mirarle de nuevo a la cara, expectante.

-¿Fuiste tú quien cantó anoche?- le preguntó.

-¿Eh?- murmuró desconcertado Hanamichi.

-Anoche, en el pub- intentó hacerle memoria.

-Bueno, yo… sí- respondió finalmente poniéndose colorado.

-¿Por qué?- se le escapo de nuevo lo que pensaba en voz alta.

-¿Eh? No, no lo sé. Conocía la canción y no parecía que tú fueras a cantarla supongo.

-¿Por qué te enfadaste en la cena?- le preguntó de nuevo sin darle tiempo a que pensara nada.

-¿Qué?- Los cambios de tema de Kaede le mareaban, nunca le habían gustado las baterías de preguntas, por eso siempre acababan discutiendo con su madre.

-Hace días que te comportas de forma extraña, y más desde anoche. ¿Por qué?- siguió con lo suyo el moreno.

-¡No me comporto de forma extraña!- se defendió sin mucha convicción Hanamichi.

-…- Kaede puso cara de "¿a quien quieres engañar?"

-Bueno, no soy yo el que dice te quiero a alguien pero se escribe con otra- le espetó enfadado Hanamichi. Eso era lo que le había frenado hasta ahora de hacer nada más, esas cartas encontradas por error en la taquilla del Kitsune a penas un par de semanas atrás.

-¿Perdón?- dijo Kaede intentando simular que no sabía de qué le hablaba.

-No disimules Kitsune, porque las he leído. Y parece que entre Mayura y tú…- dijo dolido Hanamichi.

-¿Registraste mi taquilla?- dijo también dolido Kaede, no podía creerlo.

-¡Nooo!- exclamó Hanamichi.

-…

-Bueno… sí, pero fue por… yo… yo solo quería…- empezó a tartamudear al recordar qué le había llevado a abrir la taquilla de Kaede.

Pero Kaede había dado media vuelta sobre sus talones y empezaba a subir escaleras arriba hacia la habitación.

-¡Mierda!- exclamó Hanamichi.

Luego echó a correr detrás de Kaede. En la quinta planta se encontró con que de nuevo la puerta de su habitación estaba cerrada.

-¡Rukawa!. ¡Rukawa haz el favor de abrir!

-NO- gritó colérico desde dentro el moreno.

-Me cagao en…- murmuró el pelirrojo. - ¡ABRE DE UNA PUTA VEZ!

-¡Callate!- chillo escandalizado el propio Rukawa.

-¡No quiero!. ¡Quiero entrar y quiero hablar contigo!

-¡Vete!

-¡NO!

-¡Te echarán si no te callas!- la idea, pero, le hizo gracia y no estaba seguro de haber podido disimular la sonrisa en su voz. La cólera había remitido en parte por eso, en parte por la insistencia del pelirrojo por hablar con él, o la propia necesidad de hacerlo.

-Me da igual, echaré la puerta abajo si hace falta.- dijo también más calmado Hanamichi.

-¿Ah si?. ¿Con qué si puede saberse?- le retó con un poco de burla y picardía en la voz Kaede.

-A golpes si hace falta, con mi espalda si no abres- dijo serio Hanamichi a pesar que tenía la sensación que Kaede se reía de él no iba a permitirlo, tenía que entrar, tenían que hablar.

-¿Estas loco?. ¿Quieres volver a lesionarte?- exclamó un poco alarmado Kaede porque conociendo al pelirrojo lo veía capaz.

-¡Sí, y si no abres será culpa tuya!- le gritó de nuevo enfadado porque quería entrar ya.

-¡VETE A LA MIERDA!- gritó Kaede abriendo la puerta de golpe, otra vez presa de la cólera -NO TIENES NINGÚN DERECHO A…

Pero no pudo decir más. Hanamichi se abalanzó sobre de él estampándolo contra la pared con una mano en la boca para hacerle callar.

-Lo siento no quise decir que mi lesión fuera por tu culpa, sabes que no lo pienso así. Sólo quería que abrieras la puerta. Tenemos que hablar. ¡Además! -Exclamó- ¡el que debería estar enfadado soy yo!. ¡Joder!. ¡Creí que ella te gustaba!

-¡No hubieras registrado mi taquilla!- dijo Kaede poniéndose bien la ropa al verse libre por fin de las manos de Hanamichi.

-Eso fue un… fue un error yo no quería registrar tu taquilla, sólo que…- dijo volviendo a tartamudear el pelirrojo

-…- la mirada de Kaede exigía una explicación.

-Intentaba dejarte una nota ¿vale?- admitió por fin, súper avergonzado.

-¿Una nota?- dijo sin entender ni jota.

-Sí, una nota -repitió con rintintín- Quería… quería hablar contigo, que nos viéramos fuera del gimnasio.

-¿…?- A Hanamichi le hubiera gustado poder inmortalizar la cara de duda y sorpresa que Kaede no pudo reprimir.

-Sólo quería dejarte la nota, pero encontré las cartas y…- dijo bajando de nuevo la cabeza, como había hecho en la entrada del hotel, dejando entrever en su voz cuanto le dolía.

-¡Y las leíste!- se quejó Kaede enfadado por descubrir que alguien había leído esas cartas, tan… personales.

-¡Pues claro que las leí!. ¿Si vas a dejarle una nota para quedar fuera del colegio a alguien que te gusta y descubres que se cartea con alguien, me dirás que tú no tendrías curiosidad por saber quien es ella?

-¿Pues no sabes leer o que te pasa?- se siguió quejando Kaede ante la atónita mirada de Hanamichi.

-¿Qué?.¡.¡Claro que se leer!.!- gritó indignado. Una cosa es que le llamara idiota como mote, otra muy distinta que quisiera realmente decir que era corto o algo peor.

-¡.¿Entonces como coño no me dijiste antes que yo te gusto idiota?.!- siguió quejándose a gritos Kaede. Andando por la habitación como loco, casi al borde de un ataque.

-Será gilipollas el tío- murmuró Hanamichi. -¿Cómo te lo iba a decir si creí que tu y ella…?- intentó explicar lo que le parecía obvio. Pero Kaede le cortó intentado entender qué era lo que no cuadraba en esa historia.

-¿Pero como coño creíste que…?- y entonces Kaede cayó en la cuenta. -Fue esa tarde que te encontré solo en el vestidor, ¿verdad?

-Sí- admitió Hanamichi.

-Y no te di tiempo de leer todas las cartas, ¿verdad?

-No, pero tampoco hacia falta leer mucho más, con la confianza que tienes con ella y las cosas que te decía…- intentó decir Hanamichi que se sentía casi tan mal como el día que leyó las condenadas cartas.

-Es cierto, le tengo mucha confianza a Mayura, pero no salimos juntos, y si hubieras leído las últimas cartas sabrías que… -no era fácil admitirlo en voz alta- sabrías que te quiero a ti.

-¿Quieres decir que no tienes nada con ella?- dijo Hanamichi todavía sin acabar de creérselo.

-Sí.

-¿Y ella lo sabe?- dijo con la duda.

-¡Hanamichi!- exclamó indignado Kaede. ¿Cómo se le pasaba por la cabeza que pudiera estar jugando con Mayura?

-¿Así que ella sabe que tú…?- preguntó Hanamichi poniéndose un poco colorado al preguntar.

-¡Claro que lo sabe! - exclamó un poco enfadado por la vergüenza. -¿Por qué coño crees que me apresuré a subir con ella? No quería que dijera nada delante de ti que pudiera…

-¿Por qué?- se le escapó en voz alta a Hanamichi lo que estaba pensando.

-Porque nunca pensé que tú…- admitió Kaede. Y esta vez fue él el que bajó la cabeza.

-Nunca pensé, nunca pensé- dijo con sorna Hanamichi, cabreado por el malentendido que les había hecho sufrir a ambos -… y después me dice idiota a mi el muy…

-Ya cállate Idiota. ¿Qué querías que hiciera?- intentó defenderse Kaede. -Además te has estado comportando tan raro últimamente que ya no sabía qué pensar…

-Pensé que tú…

-Sí, que estaba con ella, ya lo has dicho.

-Sí. Y me... me daba rabia. Y cuando anoche la vi, tan hermosa… me… y luego tú vas y subes con ella, y además Michy diciendo que harías que sé yo con ella y… y luego te sentaste a mi lado como queriendo restregármelo por la cara, y en el pub, esas canciones de amor tan…- se explicó afligido Hanamichi.

-¿Eres idiota de remate o qué te pasa? -estalló Kaede enfadado- Ya te he dicho que subí para impedir que dijera nada, y si a estas alturas no es obvio el por qué me senté a tu lado o para quien canté anoche, yo desisto.

-¡NO!- dijo riendo Hanamichi y en un arrebato de necesidad lo abrazó con cariño por la espalda. -No desistas por favor- murmuró antes de colocar su cabeza en el hueco del cuello de Kaede.

Justo en ese momento oyeron una leve carraspeo…

-Ejem- que venía de la puerta, que con la discusión se les había olvidado cerrar. Era Shintaro que desde el pasillo les observaba. A Hanamichi le faltó tiempo para soltar a Kaede como si el cuerpo de éste de repente quemara. Y Kaede todavía no había computado que ese cuerpo pegado al suyo era el de Hanamichi que ya no estaba junto a él.

-El entrenador y su esposa ya están aquí, me han mandado a buscaros. Voy bajando, no tardéis- añadió Shintaro antes de marcharse.

-Dios que vergüenza- susurró Hanamichi que ahora estaba sentado en su cama rojo como la grana.

-¿Vergüenza?- dijo dolido Kaede.

-Joder, por una vez que me atrevo a abrazarte va ése y nos interrumpe, así, de golpe- dijo Hanamichi echándose en la cama y cubriéndose la cara con las manos.

-Vamos, nos esperan- dijo Kaede con un tono bastante frío saliendo de la habitación.

Hanamichi le siguió hasta a bajo intentando pensar en qué hacer si Shintaro le preguntaba algo sobre lo que había visto, sin darse cuenta de la cara de Kaede.

Efectivamente abajo todos les esperaban. Todos los jugadores y Ayako parecían esperar cómo llegarían abajo. El entrenador cogía del brazo a su esposa que sonrió al ver a Hanamichi y éste se acercó a saludarle amablemente.

-Está muy guapa señora Ansai- dijo el pelirrojo con una sonrisa en los labios olvidando a Shintaro y la interrupción por un momento.

Así empezaron todos a andar, con Hanamichi y los Ansai a la cabeza hablando animadamente.

El templo no era muy lejos. Hanamichi y Kaede, que la noche anterior hubieran dado cualquier cosa por ser de nuevo en casa dónde no era difícil encontrar un lugar para pasear, quedaron sorprendidos de lo hermosos y verdes que eran los jardines de ese templo. Que quedaba encerrado por los altos edificios del centro. Se llegaba a él por una pequeña callejuela y nunca habrían dado con él de no haber ido guiados.

-Vaya señora Ansai, esto es precioso- dijo Hanamichi cuando estuvieron a la puerta del templo.

Guiados por la señora Ansai entraron en el templo y tras unas oraciones todos juntos, el entrenador les dio permiso para pasear por los jardines siempre que prometieran comportarse.

-Recordad que este es un sitio de paz y de amor- les dijo antes de dejar que cada cual se fuera por su lado.

Así la mayoría salió de nuevo a los jardines, dónde el sol daba calor y ganas de pasear. Hanamichi iba detrás del grupo cuando dio la vuelta para entrar de nuevo al ver que Rukawa se había separado para dirigirse al rincón habilitado como pequeña tienda de souvenirs y amuletos del templo.

-Qué pasa Kitsune. ¿Estas pensando en comprar un amuleto?- le susurró al oído colocándose detrás de él, mucho más cerca de lo que se había atrevido nunca.

-No- dijo dando un respingo por lo cerca que tenía de nuevo el cuerpo de Hanamichi. -No creo en estas cosas- añadió tajantemente girándose y marchándose por dónde instantes antes había salido el resto del equipo.

Hanamichi se quedó plantado delante los amuletos sin entender qué era lo que había hecho mal ahora para que Kaede se enfadara con él.

La señora Ansai se le acercó y le dijo:

-¿Quieres un amuleto hijo?

-Claro, por qué no. Quizá así consiga hacer las cosas bien- suspiró con un dejo de tristeza.

-Qué te pasa cariño, pareces triste- le dijo la mujer cariñosamente.

-Nada señora Ansai, no se preocupe por mí. Sólo he vuelto a meter la pata con mi bocota, creo. Pero ya lo arreglaré, al fin y al cabo soy el genio Sakuragi, ¿no?- dijo riendo ruidosamente.

-Claro cariño. Mira, ¿qué te parecen estos de aquí?- le dijo señalándole unas pulseras de piel bastante discretas. -Ayudarán a mantener el temperamento en su lugar- le dijo con una sonrisa cómplice.

-Sí, creo que éste irá bien- admitió Hanamichi. Esa mujer era como la abuela que no llegó a conocer. Le había tomado mucho cariño tanto a ella como al profesor. Pensó Hanamichi mientras le pagaba.

Con una pequeña bolsita de papel en la mano Hanamichi salió finalmente a los jardines.

A su derecha un camino llevaba a unos árboles con unos bancos para sentarse, allí había el resto del equipo hablando animadamente.

A la izquierda un pequeño sendero daba la vuelta al templo. Seguro de encontrar ahí a Kaede se puso la bolsa en un bolsillo y tomó el caminito de la izquierda.

Paró de andar cuando oyó voces un poco más adelante en el camino. En un primer momento no supo quienes eran, hasta que empezaron a hablar más fuerte.

-¡Claro que hay cosas por hablar!- decía Shintaro un poco exaltado. Hanamichi se pegó a la pared intentando no hacer ruido para no ser descubierto.

-Pues yo no quiero hablar, ya anoche hablamos bastante- decía Hisashi, parecía menos seguro que de costumbre.

-Bueno, quizá tú no tengas nada que decir, pero yo sí, y quiero que me escuches por una vez en tu vida- en cambio Shintaro parecía resuelto a hacerse escuchar costara lo que costara.

-Pero…- intentó protestar Mitsui.

-No. Calla- lo silenció Shintaro. -El año que viene te vas a la universidad y no sé si nos volveremos a ver así que si no te lo digo ahora no sé si podré hacerlo nunca.

-¿Decirme qué, si s…?

-Quieres hacer el favor de…- le pidió alzando la voz de nuevo. -Mira,- dijo más calmado, -sé que para ti solo he sido un novato más que…

-No es cierto- le corrigió.

-No, tienes razón, he sido el que te ha jodido durante toda la temporada, de acuerdo lo admito- dijo enfadado porque no conseguía llegar donde quería llegar. -Pero…, pero yo solo quería que…, sólo quería que te fijaras en mi- admitió bajando la cabeza. -Por eso yo…- le falló la voz.

-Shintaro- susurró Hisashi, que no le gustaba oírle ese tono en la voz.

-No, déjame terminar, ya es bastante difícil de decir- intentó sobreponerse Shintaro a unas horribles ganas de llorar y a las lágrimas que ya le empañaban los ojos. -Siempre he querido que fuéramos amigos y…

-Shintaro yo no quiero ser tu amigo…- dijo Hisashi también con la voz afectada, en parte por ver a Shintaro a punto de llorar por él, en parte por el miedo a que esa confesión les llevara dónde había evitado llegar hasta ahora.

-Lo sé. A estas alturas lo he notado- dijo con resentimiento, luego suavizó el tono, no había arrastrado a Mitsui hasta allí para discutir, sólo quería hacerle saber lo que sentía por él antes de que se marchara.- Lo entiendo pero…

-No, no lo entiendes. Tú…- le dijo tapándole la boca con una mano para que no siguiera hablando.- Antes de que llegaras, en el equipo había otro chico que quiso ser mi amigo. Yo… yo también quería ser su amigo, pero éramos tan distintos y… resultó que al final sólo fuimos amigos y… ahora él se ha ido, pero yo sigo aquí y no quiero pasar por eso de nuevo. Además el año que viene me voy y…

Pero no pudo seguir hablando pues Shintaro se había liberado de su agarre y ahora era él el que le tapaba la boca, pero con sus labios.

Hanamichi ahogó como pudo un suspiro mientras intentaba volver atrás, no quería molestarles. Y justo cuando giró la esquina se topó de cara con Kaede.

Quedaron muy cerca, sus narices casi se rozaban, sus pechos se tocaban y debajo de ellos sus corazones se aceleraban. Sus miradas se encontraron y tras un breve instante en el que les pareció que el tiempo se detenía Hanamichi anuló el espacio que les separaba y le besó.

Kaede no esperaba que eso ocurriera, había fantaseado con poder besar los carnosos labios de Hanamichi miles, millones de veces, pero… algo no le agradaba y sabía lo que era. Despacio, y luchando contra su propia necesidad de seguir besando esos labios carnosos se separó de él.

-¿Pero qué te pasa ahora?- dijo un poco contrariado Hanamichi. No esperaba que el otro le rechazara de ese modo.

-A mi nada- dijo Kaede apartándose.

-¿Entonces por qué te apartas?. ¿No… no te gust…?- dijo acercándose de nuevo al moreno.

Pero éste le esquivó y se apartó más de él.

-¿No te daba vergüenza que te vieran conmigo?- le dijo Kaede con voz fría.

-¡.¡.¿QUÉ?.!.!- el chillido que profirió fue tal que los pájaros de los árboles cercanos alzaron el vuelo asustados. Kaede también dio un pequeño bote pues no esperaba un grito así, y pronto llegaron corriendo Hisashi y Shintaro por un lado y poco después el resto del equipo por el otro.

-¿Qué ocurr…?- empezaron a decir los unos.

-¿Qué pas…?- dijeron los otros.

Pero todos ellos callaron al ver la cara de Hanamichi, que a pesar del recién llegado público no había apartado los ojos un segundo de los de Kaede, que todo avergonzado miraba de Hanamichi a sus compañeros y de ellos a Hanamichi.

-¿Cómo…?. ¿De dónde…?- intentó decir, a pesar de que el enfado que sentía no le dejaba acabar las frases. -Yo no me avergüenzo de lo que soy, ¿me oyes?- le espetó con una seriedad y un aplomo que pocas veces habían visto en él. -Esto no es un juego para mí.

-Pero antes…- intentó decir Kaede sintiendo que tenía que decir algo.

-¡Joder Kaede!- estalló de nuevo Hanamichi. -No se trata de que seas tú, se trata de que es la primera vez que…

Kaede se acercó un poco a él y le puso suavemente la mano en la boca para hacerle callar, haciendo que no con la cabeza.

-Lo siento- murmuró tan bajito que casi solo lo oyó Hanamichi.

-Chicos…- interrumpió con un murmullo sorprendido Ayako.

Hanamichi y Kaede, que por un instante parecían haber olvidado que tenían público, se giraron hacia ella, como también lo hicieron el resto del equipo.

-Seguro que el viejo nos espera para volver al hotel, y no voy a permitir que una panda de chismosos haga esperar a la señora Ansai- dijo Hanamichi intentando alejar la atención de todos de lo que acababan de ver.

-¿Oye como que una panda de chismosos?- se quejó Ryota siguiéndole la corriente.

-¡Eso! Encima que venimos corriendo…- añadió Mitsui.

-Creímos que os peleabais de nuevo- terminó Ayako con un hilo de voz.

-Ya te dije esta mañana que eso no iba a suceder de nuevo. ¿Es que no crees en la palabra del Tensai?- le dijo Hanamichi en una pose un poco altiva mientras que sin darse cuenta rodeaba con el brazo los hombros de Kaede.

-¿Qué palabra?- dijo riendo Shintaro. Eso rompió el hielo.

-¡Ven aquí renacuajo prepotente!- estalló Hanamichi soltando a Kaede y empezando a perseguir al más pequeño. -¡Como osas hablarle así a un superior!

Y mientras Hanamichi salía corriendo detrás de Shintaro el resto del equipo empezó a ir hacia la entrada del templo de nuevo. Por suerte para Shintaro la presencia de la señora Ansai hizo que Hanamichi cesara en su intento de atraparle, y pronto hubo olvidado que quería darle caza mientras se dedicaba a alabar la belleza de los jardines comparándolos con las calles llenas de coches y gente por las que todo el grupo circulaba de vuelta al hotel.

Kaede iba el último del grupo pensando en todo lo que había sucedido hasta que Mayura se deshizo de su prima para poder quedarse atrás con el moreno.

-¿Me has estado evitando?- le dijo sonriendo.

-No- le contestó distante Kaede. Entonces vio a Hanamichi reír casi una manzana más adelante y dijo simplemente -Sí.

-Bueno me alegro que como mínimo haber venido haya servido de algo- le contestó ella mirando hacia delante también. -No me extraña que te guste, es muy guapo.

-¡Mayura!- le reprendió él.

-No me seas recatado ahora Kaede- la chica rió con ganas al ver la cara del moreno ante tal acusación y luego le dijo ya más seria -de verdad, me alegra que hayáis hablado.

-Discutido, más bien- dijo Kaede.

-Bueno pero os habéis reconciliado que es lo importante. Además, yo no sé si te quiere Kaede, pero le gustas y…

-¿Cómo sab…?

-Por cómo me trató ayer por la noche, el pobre estaba verde de celos. Ya te digo que si las miradas matasen…

-Si las miradas matasen yo tampoco sería aquí- murmuró él recordando los primeros días en el instituto Shohoku.

-Por cierto,- dijo la chica cambiando de tema -tengo que contarte algo. Todavía no he hablando con el médico pero quiero volver a las pistas.

-¡.¿Qué?.!. ¿Cómo?.- dijo entre muy sorprendido, y expectante Kaede.

-Con la silla. Si he de quedarme aquí sentada el resto de mi vida no pienso quedarme de brazos cruzados sin hacer nada. Si a los doce años ya sabía qué quería hacer con mi vida, al los diecisiete no voy a ser menos¿no crees?

-¿Y ése cambio?

-Alguien me recordó anoche que solía tener un sueño: ganar la medalla olímpica, y la verdad es que a pesar de todo sigo queriendo competir. Voy a aprovechar las vacaciones para ponerme en forma para el curso que viene y…

Hablando hablando, llegaron de vuelta al hotel. Todos habían ido entrando excepto Hanamichi que parecía esperarles en la puerta. Un incomodo silencio se hizo en ese momento entre los tres.

-¿Muy bonito el templo, verdad?- dijo Hanamichi que de los tres era el que peor soportaba los silencios. Luego rió con una risa nerviosa.

-¿Kaede, puedes ir a preguntarle a Ayako si ya ha llamado a mis padres?- dijo Mayura.

Kaede la miró un momento, luego al pelirrojo, y sin decir nada se escabulló dentro del hotel, nada tranquilo.

-¿Tus padres?- dijo Hanamichi curioso.

-Me marcho. Mis padres vendrán a recogerme dentro de un rato.

-Ah- dijo Hanamichi.

-Por eso quería hablar contigo primero, si te va bien, claro.

-Claro, ¿pero no se de qué…?

-Oye Hanamichi, sé que tu y yo no empezamos con muy bien pie- le cortó ella decidida.

-¿Te ha contado algo el kitsune?- le preguntó con una nota de alarma en la voz.

-Jejeje, siempre me ha hecho gracia que le llamaras kitsune- rió ella.

-¿Cómo sabes que…?- preguntó poniendo esa cara que tanto le gustaba a Kaede de no estar entendiendo nada.

-Por las cartas- dijo ella.

-Claro- dijo con fastidio, recordando la confianza que había entre ellos.

-No te enfades Hanamichi. Yo… Kaede y yo nos conocimos en el instituto Tomigaoka. Yo…, bueno a mi me gustaba ¿sabes?- confesó ella mirando un momento a dentro a través de la puerta de cristal donde Kaede hablaba con Ayako.

-Bueno él siempre les gusta a todas, ¿no?- siguió con un tono un poco desagradable Hanamichi.

-Lo sé. Y como a todas las demás a mi también me dijo que no.

-Lo siento- dijo con un leve sentimiento de camaradería, él sabía lo que era sentirse rechazado y no lo deseaba para nadie.

-Gracias, pero no lo sientas. Cuando tuve el accidente, bueno, todavía no sé muy bien el porqué pero Kaede me brindó la posibilidad de conocerle mejor. Yo pasaba por un mal momento, y él me ayudó mucho. Y cuando él entró en Shohoku… no se lo pusisteis fácil.

-Tampoco él al resto- se defendió Hanamichi, pero ya sin ese tono acusador en la voz.

-No, él casi nunca pone las cosas fáciles. Pero es su modo de protegerse supongo. Tú eres más como yo, la risa te protege del mundo ¿verdad?

-¿Quién?. ¿Yo?. ¡No! un genio como yo no necesita… jejeje, sí creo que sí- admitió todavía riendo.

-Voy a volver al mundo de la alta competición. Sí ya sé que parece una locura- dijo al ver la cara de Hanamichi- Pero ya va siendo hora que acepte mis ruedas. El año que viene va a ser un año ajetreado también para vosotros. No solo será el último año sino que tendréis que trabajar para ganar el titulo de campeones nacionales.

-¡Es que somos buenos!- dijo con una nota de orgullo en la voz Hanamichi.

-Jajaja, lo sé. Pero Ayako, Ryota y Mitsui no estarán, el peso del equipo recaerá en vuestros hombros.

-¿Cómo sabes tanto del equipo?

-Entre las cartas de Kaede y las de Ayako… jajaja. Hanamichi no pongas esa cara. Yo… quiero que me prometas algo.

-¿...?

-Que cuidarás de él por mí. Vais a ir hasta arriba de trabajo y yo también, y no habrá tiempo para muchas cartas el año que viene. Echaré de menos saber si durante un entrenamiento te habías peleado con él por que había metido más tiros que tú, o por que te había hecho falta. Y sé que él echará de menos poder hablar con sinceridad de lo que le preocupa, de…, tienes que prometerme que haréis un esfuerzo para escucharos. Hanamichi él te necesita, te necesitará a su lado, y…

-Yo estaré allí, no pienso dejarle ir. Si hemos podido trabajar en equipo dentro de la cancha encontraremos la manera de hacerlo fuera de ella.

-Gracias.

-Mayura sé que no tengo derecho a preguntar, pero intenta comprenderme… tú… tú, todavía… es decir…

-No de ese modo. No estoy enamorada de él, pero le quiero, nos hemos hecho amigos y…

-No hay nada que explicar. No soy nadie para pedir explicaciones, ya no. Siento esa horrible carta que te mandé la semana pasada… yo creía que...- intentaba disculparse Hanamichi, Mayura no hizo ningún intento para cortarlo pues intuyó que el pelirrojo necesitaba decir que lo sentía, de corazón. -Verás leí alguna de tus cartas...¡fue por error! yo solo intentaba dejarle una nota en la taquilla, pero la taquilla se me abrió, las cartas cayeron al suelo y…

-Y imaginaste...- la ayudó ella cuando se atascó.

-Sí. Pero a pesar de ello no tenía derecho a mandarte una carta tan fea. Estaba enfadado con él, me han dicho tantas veces que no, que... pero no es excusa. ¿Podrás perdonarme Mayura?

-Claro que sí- dijo ella con una sonrisa abriendo los brazos para que se agachara a abrazarle.

El pelirrojo lo hizo y cuando la soltó dijo:

-Eres demasiado buena conmigo. ¡Dios!- exclamó Hanamichi poniéndose colorado-...

-¿Qué ocurre?- preguntó preocupada Mayura.

-Nada- dijo con una risa nerviosa -y pensar que cuando ayer os vi subir pensé que...

-Pensó que te iba a follar- dijo la voz de Kaede sobresaltándolos a ambos.

-¡Kaede!- dijo ella simulando estar escandalizada por el comentario del moreno, pero aliviada de haver arreglado las cosas con Hanamichi.

-No te hagas la recatada ahora, no te va a funcionar- le dijo Kaede mirándola fijamente. Entonces Hanamichi vio a Kaede reír por primera vez, junto a Mayura.

Quedó tan sorprendido que su cara hizo parar en seco a Kaede y un poco más despacio a Mayura.

-¿Hanamichi, qué ocur…?- dijo Kaede un poco preocupado. Hanamichi era el primero en reír si había el más mínimo motivo, incluso si no lo había…

-¡Ríes!- dijo todavía sin acabar de creérselo.

-¿Qué?- dijo Mayura desconcertada por la afirmación.

-¡El kitsune!…¡él… acaba de reír!- dijo todavía atónito.

-Idiota- le dijo él, mientras volvía a poner su cara seria habitual.

-¡No! No te enfades, sólo que nunca antes te había visto u oído reír. Yo… no…- Hanamichi todavía estaba asombrado, y no quería volver a discutir con él.

-¿Es eso cierto?- preguntó seria Mayura.

-Sí- dijo Hanamichi a pesar de que no le había preguntado a él. -Ya te he dicho antes que él tampoco nos lo ha puesto fácil al resto.

-¿De qué va esto?- preguntó Kaede mosqueado.

-Va de hablar más Kaede- dijo Mayura seria.

-Sobre mi, ya lo veo- dijo Kaede con la sensación que habían estado cuchicheando a sus espaldas.

-¿Lo ves?- le dijo Hanamichi a Mayura acusadoramente.

-¿Qué es lo que tiene que ver idiota?- le dijo con desdén Kaede.

-A ti comportándote como un imbécil - dijo Mayura seria y contundente aunque no alzó para nada la voz. -¿Hanamichi me abres al puerta por favor?

-Cla…claro- dijo este sorprendido de ver que alguien encaraba de ese modo a Kaede.

-¡Mayura!- dijo entonces Kaede impidiendo con una mano que Hanamichi abriera la puerta. -No quiero que nos despidamos enfadados, por favor.

-Yo sé que no quieres herir a la gente Kaede, pero ellos no lo saben. Mira sinó a Hanamichi, que a pesar de haberte dicho que te quiere, que se ha enamorado de ti… ¿Por qué se lo habrás dicho no?- le preguntó al pelirrojo.

-Ehhh, más o menos- dijo Hanamichi rojo como la grana.

-Bueno- intentó seguir ella a pesar de la metedura de pata -pero tú sabes que le gustas- continuó Mayura riñendo a Kaede - y a pesar de ello te enfadas con él por… ¿Kaede no te das cuenta? Él… si por cada pedacito de ti que le muestres tienes que montar un drama como este… ¿es que no te das cuenta que lo perderás enseguida? A nadie le gusta que le riñan constantemente.

-¿Y si lo que le enseño tampoco le gusta?- dijo en un hilo de voz Kaede.

-¿Y si primero me lo enseñas y luego me dejas elegir a mi lo que me gusta y lo que no?- dijo Hanamichi metiéndose en la conversación, como para recordarles que él seguía allí delante.

Kaede dio un pequeño respingo, y se le quedó mirando de un modo tal que Hanamichi no pudo evitar acercarse y abrazarle.

-Chicos, tenéis a todo el equipo mirando. Jajaja. Recordad que sois los futuros capitán y sub-capitán…- les susurró Mayura.

Ellos un poco cohibidos se separaron, y a partir de ese momento dejaron de discutir. Como mínimo durante un rato.

Una media hora más tarde los padres de Mayura recogían a su hija, que antes de irse y ya desde el coche, llamó a Hanamichi y Kaede para que se acercaran a su ventanilla.

-Bueno chicos, comportaos, y... Hanamichi…

-Lo haré tranquila- dijo él antes de dejar que la chica le besara la mejilla.

-Y tú cuídate mucho- le dijo a Kaede.

-¿Seguirás escribiendo?- preguntó él.

-Claro que lo hará,- respondió Hanamichi riendo- cada semana. Él seguirá necesitando a su mejor amiga y tú a tu mejor amigo.- explicó el pelirrojo a la chica que le miraba sin entender.

-Pero quiero que vosotros también me escribáis. Los dos,- añadió mirando a Hanamichi.

-¡Hecho, y esta vez te contaré montones de cosas bonitas ya lo verás!- dijo este.

Cuando Mayura se hubo ido Ayako les reunió a todos en el hall del hotel para recordarles que tenían tres horas para hacer lo que quisieran antes de dejar el hotel.

Hubo quien decidió salir a pasear por la cuidad, pero la mayoría de ellos prefirieron descansar en las habitaciones. Hanamichi y Kaede fueron de estos.

-Kitsune- dijo Hanamichi tumbado en su cama boca-arriba a Kaede que estaba en el baño lavándose los dientes.

-Mmmm- musitó el moreno sacando la cabeza un momento y luego volviendo a meterse para enjuagarse la boca.

-Yo… al final compré algo en el templo- dijo incorporándose y sacándose del bolsillo la bolsita de papel. Esperó a que Kaede saliera del baño de nuevo. -Son unas pulseras- le dijo alargándole una de las dos pulseras iguales que compró. -Sé que dijiste que no creías en estas cosas pero yo si, y… bueno da igual tómate-lo como un regalo cualquiera o…- empezó a tartamudear Hanamichi como siempre que se ponía nervioso.

-Tranquilo, me gusta, son discretas. ¿Son iguales?

-Sí. Pensé que podríamos llevarlas para… no sé… yo…

-Será un bonito recuerdo de este viaje. Gracias- dijo Kaede pensando en dónde podía ponérsela, si en la muñeca izquierda o la derecha. Al final se la puso en la izquierda. Hanamichi en la derecha, pues en la izquierda llevaba puesto el reloj.

-¿Y qué se supone que hacen? como amuletos digo- dijo Kaede pasado un rato cuando parecía que no tenían tema de conversación, y el silencio empezaba a invadir la habitación de nuevo.

-Verás, pensé que podrían irnos bien. Son para mantener a raya el mal genio.

-En ese caso creo que deberías ponerte tú las dos. Una en cada brazo- dijo haciendo como que iba a desabrocharse su pulsera.

-¿Qué?- exclamó Hanamichi.

-Lo ves. Quizá incluso deberíamos ir a por más, para los tobillos ya sabes…- siguió diciendo Kaede en su tono serio de siempre.

-¿Como te atreves a insinuar que…?- dijo con voz de escandalizado Hanamichi.

-¿Insinuar? quien insinúa nada…- dijo antes de sonreír maliciosamente para hacerle notar que se estaba riendo de él descaradamente.

-Cuando te pille me las pagarás zorro idiota- dijo Hanamichi persiguiendo a Kaede por la habitación.

-¿Ah sí?. ¿Cómo?- siguió diciendo Kaede con tono malicioso antes de echarse a reír de nuevo.

-Ahora verás- y se lanzó encima del moreno, cayendo ambos en la cama de éste.

Pero Hanamichi no hizo nada de lo que le había amenazado, pues Kaede volvía a reír, igual que antes, pero esta vez debajo de él, y era distinto, Kaede reía con él, no de él. Tenía una hermosa risa, pensó el pelirrojo mirándole embobado.

-Hanamichi…

-¿Qué?- dijo saliendo por un momento de su ensueño el pelirrojo.

-Me estás asfixiando- se quejó Kaede desde debajo con dificultades para compaginar el tomar aire con parar de reír.

-Te quiero- le soltó Hanamichi de golpe. Y sin darle mucho tiempo a reaccionar le besó.

THE END

Sant Vicenç
Agost 2006

Grissina: Bien está lo que bien acaba, dicen. Espero que os guste el final. Con solo que lo hayáis pasado la mitad de bien al leerlo que yo al escribirlo ya habrá valido la pena el rato de peleas con el cochino ordenador para poder colgarlo XD

De verdad agradeceré un montón cualquier comentario acerca de la historia, y si me dais opción de hacerlo prometo contestar. No importa que haga años ya que lo colgué, vuestra opinión sigue siendo importante.

Sanaka4, a ver si ves esto, jeje. Me dejaste tu mail, pero la web lo borró del review. Si quieres dejarme el review debes ponerlo así: nombre (a roba) loqueseamail punto com. Y ya lo reconstruiré yo, pues de otro modo la web lo borra. Me alegra que Rosas Grogues te gustara, y espero que Este tb te esté gustando. Por si no podemos contactar de otro modo, creo que el fic que colgué después de "3 cuentos de dos vidas, cuento segundo" fue "Letter form home", o quizás "el sonido del silencio", míralo en las fechas de publicación. De nuevo mil gracias por tus revews. Ojalá fueran firmados, así podría responderte a cada uno de ellos, jeje. Besos y disfruta la lectura!