Pálido azul

La luz era azul…Desde que ella había ascendido…era azul…No parecía ni algo más brillante, ni algo menos oscura. Tampoco es que antes, asfixiada por la sociedad a la que tan acostumbrada la habían mantenido sus padres, hubiese tenido siquiera un momento lo suficientemente sosegado como para fijarse en la luz…La luz de la luna…

Victoria apartó las manos de su cabello, nuevamente recogido en un moño…Volvió a mirar hacia la luz…La luz que volvía prácticamente azul a su blanco vestido de novia…Hacía unos días pensaba que su boda sería un incomprendido cometido, hacía unos pocos menos, creyó que podría ser feliz y, precisamente, ayer sintió como su vida y su futuro cambiaban de la infelicidad más absoluta al mejor de los finales posibles. Quizás no hubiese acabado de comprender todo lo sucedido en casi menos de una noche…pero sabía que si dentro de unas pocas horas iba a poder sentir la mano de Víctor Van Dort era gracias a aquel cadáver…A aquel espectro…A aquella novia…La misma de la que también creyó que apartaría a Víctor de su lado…

Victor…muchacho tenue, ligeramente tímido y espantosamente noble…Supo que lo amaría desde que las lánguidas notas de música surgidas de sus dedos, acariciando las teclas del piano que ella jamás había logrado rozar…Amaba a aquel muchacho inseguro que, al mismo tiempo, dejaba claras sus tartamudeantes decisiones…

Por su parte, Víctor pensó, en el momento (el cual parecía tan lejano y, a la vez, tan próximo) en el que el carruaje de sus padres recorrió el trayecto hacia la casa de los Everglott, que ninguna mujer, ni mucho menos una tan supuestamente distinguida como le habían dicho que debía ser la señorita Victoria, sería capaz de aguantar y, mucho menos, de entender a alguien como él, a quien le costaba tanto comunicarse con la gente de su alrededor sin que una vacilación, un tartamudeo, un suspiro…surgiera de entre sus entrecortados labios inseguros.

No supo si fue su música, en aquel instante de desesperación, la que consiguió transmitir claramente sus pensamientos, manteniendo las palabras ajenas a todo…dejando que las polvorosas teclas de aquel piano hicieran todo lo posible por ser mejor entendidas…El caso…fue que Victoria…¡Oh! Victoria…Ella también parecía ser como él…Quizás más segura de sí misma, pero no porque hubieran pasado por cosas distintas, sino por su emotiva y cándida personalidad, tan diferente a la que él se esperaba…Tan sencilla y agradable…La amaba…Tampoco tardó mucho en saber que la amaba…

Y todo lo ocurrido…Todo lo ocurrido, y más siendo tan surrealista, no hacía más que asegurar algo de lo que eternamente habían dudado…De acentuar aquellos sentidos surgidos del palpitante pecho que, a pesar de las terribles consecuencias que habían transcurrido en tan poco tiempo, continuaba permitiéndoles la opción de una vida juntos.

Victoria respiró hondo y agarró con sus temblorosas manos el ramo de flores azules que Emily lanzó como despedida…Caminó hasta llegar a la puerta, la cual se abrió sin necesidad de tocarla…Una mano que se extendió ante ella dio sentido a la aparición de Víctor Van Dort. Su futura esposa aceptó aquellos dedos y ambos caminaron hacia lo que haría de ellos un matrimonio…Limpias y aliviadas sonrisas se vislumbraron a medida que se acercaban al altar y la luz de la noche volvía, ahora, azul la piel pálida de aquella pareja…Quizás, después de la anhelada ceremonia, aquellos finos dedos de Víctor enseñarían a los de Victoria a transmitir, de aquella misma manera con el piano, palabras tímidas y casi carcomidas…aunque aquello ya nunca más fuese necesario…