Sumario: "Si amas algo, déjalo libre, si vuelve a ti, es tuyo, si no vuelve... Nunca lo fue"

Torno
Capítulo 009: Si no vuelve...


Entre los estantes llenos de libros dos jóvenes se deslizaban, casi de manera literal. Los pasos de ella, pausados, lentos, con cada uno de ellos intentando ordenar el cúmulo de pensamientos que la asaltaban.

¡Por Merlín! ¡La forma impulsiva de Harry se le había pegado!

Hermione inspiró una profunda cantidad de aire. Debía mantener aún una pizca de su personalidad de pensar en soluciones, a como dé lugar. Y quizá fuese raro, pero recordar a Harry y todo lo que había descubierto, la iluminó de cierta manera.

El joven detrás de ella caminaba al mismo ritmo que la castaña, aunque por diferentes motivos, por un lado intrigado, por otro perdido en sus propios planes, repitiéndose como una letanía «Si estoy aún aquí, es porque así debe ser»

Hermione se volvió hacia él, sonriendo tan encantadoramente que el corazón del joven aceleró sus latidos. ¿Alguna vez la había visto así antes? ¿Alguna vez ella había sido tan feliz con Potter? A sí mismo, y en su cabeza, se contestó con un rotundo y firme «No». Pero todo iba a cambiar, en la vida de ella, en la de él.

Si tan solo supiese lo que pasaba por aquella cabecita llena de rizos castaños. A pesar de lo vivido con ella, era un enigma saber lo que piensa, y él tenía la sospecha de que así siempre será.

Repentinamente Hermione detuvo sus pasos, declarando de tácita forma que había encontrado un lugar ideal para platicar sin que nadie los interrumpiese.

–¿Te sientes bien? – murmuró Hermione deslizando un dedo por el rostro del joven, como intentando memorizar cada una de sus facciones.

El agradable tacto unido a su voz sedosa y atrayente le provocó estremecimientos en la piel. Por unos instantes el cerebro pareció desconectar el sentido del habla para simplemente concentrarse en mantener las sensaciones.

De pronto la notó fruncir el entrecejo, de la misma manera en que ella intentaba encontrar la fórmula exacta para ordenar las ideas que la llevarían a descubrir un algo hasta entonces desconocido.

– Te has curado rápidamente del golpe que te dio Harry – dijo en un tono de total satisfacción, luego se acercó más a él, como para contarle un íntimo secreto – Él odia las pociones curativas, los medicamentos, la enfermería, todo lo relacionado a ello. Aún no tengo del todo claro el por qué, pero creo que lo hace sentir vulnerable.

El otro estuvo a punto de corregirla, pero se detuvo a tiempo. Simplemente atinó a sonreírle mientras le acomodaba un mechón castaño detrás de la oreja.

–La enfermería simplemente es un lugar no agradable – dijo él en un tono que intentaba sonar a despreocupación total.

Hermione pareció memorizar sus palabras. O analizarlas, o asimilándolas. Había algo en ella que parecía no estar de acuerdo a su forma de actuar normal. Luego asintió y lo haló de la túnica negra, a la altura del lado izquierdo superior, sus uñas aprisionando a la serpiente. A él no pareció importarle.

–La primera vez que nos vimos, no llevabas la túnica del colegio, menos aún al emblema de Slytherin tallado en tus ropas.

Él cerró los ojos unos instantes, recordando exactamente la primera vez que la vio. Literalmente era cierto, pero él pensó que ella se refería al instante en que cayó sobre ella frente a la mirada de curiosos estudiantes. No es un momento que él aprecie, simplemente por el hecho de que detesta tener público a su alrededor.

Cuando los ojos grises se posaron en ella, lo primero que notó fue su respiración pausada. Curiosamente Hermione inhalaba por la nariz y exhalaba por la boca.

–Sí, así es.

Tres palabras que al menos encerraban una verdad. ¡¡Qué alivio se sentía!!

El joven ni se había percatado en qué momento la castaña lo tenía contra ella, sólo fue consciente de su cercanía cuando el aliento de ella le golpeaba la barbilla al hablar. Casi podría jurar que ella había aplicado un encantamiento a sus labios, porque encontraba bastante atractivo al verlos moverse en cada sílaba expresada.

–He pensado... desde entonces... luego de todo lo que ha sucedido entre tú y yo – el labio inferior de Hermione temblaba ligeramente, casi de forma imperceptible, pero soltaba las palabras de forma firme aunque pausada – Y pensé que podríamos vernos mañana, ya sabes.

El otro deslizó una mano por su cabello negro mientras la sonrisa asomaba a su rostro. Los nervios afloraron en él mientras una parte de su subconsciente se debatía entre el alivio al descubrir que ella deseaba salir con él y las ganas de haber reunido el valor suficiente para hacer esa proposición.

Definitivamente la valentía no corría por sus venas.

– Claro que sí – le dijo el joven, tratando de no sonar tan ansioso. Mentalmente recordaba algunos lugares en donde podría llevarla, y lo primero que se le ocurrió es estar a cien kilómetros lejos de Madam Puddifoot.

Hermione bajó la mirada unos instantes, y luego soltó las palabras que nadie antes en la vida le había escuchado decir.

–Alquilé una habitación –dijo ella, y lo siguiente respecto al sitio, tiempo y hora quedó perdido en la nada. Aquellas tres palabras habían abierto un mundo a infinidades de posibilidades inexploradas hasta entonces.

La mano de ella se aprisionó más en su ropa mientras los labios se juntaban.


Sábado por la mañana y parecía que la Navidad se había adelantado, aunque aún faltaban meses para ello.

Harry miró a través de la ventana de su habitación a los pequeños estudiantes de Hogwarts reclamar el por qué no podían irse de paseo, como los chicos de cursos superiores.

Bueno, no siempre en Navidad todos obtienen regalos. Y definitivamente no todos los que obtienen regalos, se los merecen.

Arrimándose al cristal de la ventana, los orbes verdes se volvieron a la habitación que ocupará por última vez. Quizá al paso en que van las remodelaciones en la sección de Gryffindor, tenga la oportunidad de estrenarla por poco tiempo, antes de cerrar esa etapa de su vida para siempre.

Quitándose los lentes para aprisionar el puente de su nariz, Harry se preguntó qué pensaría Ron cuando no los acompañe a Hogsmeade y por el contrario se iría a dormir, quizá hasta que los jinetes del apocalipsis surcaran por los cielos.

Sacudió al instante la cabeza, sabiendo perfectamente que dormir era lo último que iba a conseguir en ese fin de semana. Debía encontrar una modificación a la poción, o al menos algo que haga los efectos más perdurables, quizá unos cincuenta años. Esa era la única manera de volver a tener la calma en esa montaña rusa de emociones.

O quizá era mejor dejarla ir.

Al final de cuentas, no se puede perder lo que jamás se ha tenido.

La cabeza del pelirrojo asomándose por la puerta, sacó a Harry del torbellino de sus pensamientos.

–¿Regresaste? – Ron indagó extrañado mientras fruncía el entrecejo al echarle un vistazo a la habitación.

Harry quedó pensando unos instantes, casi dando a entender que no entendía a qué se refería el joven Weasley, hasta que pareció recordar que estaba en su cuarto y que él pertenece a Gryffindor.

–Sí, sí – dijo como quien no quiere soltar más palabras de lo debido –Es que fui a dar un paseo por la mañana.

Ron arqueó la ceja de la misma manera que lo hizo cuando Ginny, días atrás, le había hecho saber que Draco Malfoy Black no es un pedante y que realmente le fastidia la presencia impuesta de Crabbe y Goyle. Era obvio que para el pelirrojo había significado un futuro muy desagradable mientras Harry, sin ninguna pizca de remordimiento, se había alegrado, más que por la pareja, porque existiera un tipo de ojos grises ya no disponible.

–¿Bajarás a desayunar?

Harry aprisionó los dientes de manera inconsciente, y Ron se maldijo mentalmente por no recordar que desayuno implica a Hermione-con-su-amiguito-en-el-lago.

De pronto Ron reaccionó a algo extraño, que no le encajaba en lo absoluto.

–Oye, Harry – dijo el pelirrojo arrimándose al borde de la puerta –Ayer, al regresar, estabas completamente dormido. Casi parecías muerto. – El pelirrojo se estremeció ante la idea – Ni un millar de Extriums de Diamante Azul te hubiesen levantado.

Harry no quiso preguntar qué vainas era eso que le había mencionado Ron, pero sonaba más peligroso que Buckbeak, el hipogrifo que una vez Hagrid le obligó a montar. Quizá Harry también debería tratarlos con respeto así que no se atrevió a decir palabra alguna en contra de aquellas... criaturas.

–Es que estaba cansado – admitió Harry. Aquello era verdad, a pesar de no entender qué tenía que ver que se saltara un par de clases.

Ron se encogió un poco de hombros, como diciéndole que ese no era su inquietud.

–Bueno, pero... ¿No hablaste con Hermione?

Por la forma en que Harry lo vio, Ron acaba de darse cuenta que en esos precisos instantes el joven Potter se enteraba que la chica Granger había ido a buscarlo para hablar. Ron bufó en su mente. O al menos había tenido la intención de hacerlo. A menos que cierto tipejo de ojos de cemento se hubiese interpuesto otra vez.

–Como sea – Ron trató de no darle importancia al asunto. Estamos armando una reunión para encontrarnos en Hogsmeade con... ese... ya-sabes-quién.

Harry se hubiese reído, de haber estado con los ánimos para ello.

–Ginny está empeñada en que nos reunamos. Y en otra ocasión la hubiese mandado a freír escarabajos en Plutón por haberlo sugerido, de no ser porque me ha sonado a una excelente idea. No por esa cosa a la que ella se empeña en llamar... «tutor», yo pienso que «pedazo de imbécil» le queda mejor, en fin. No quiero que estén regando rumores por Hogwarts de que acepto en mi círculo de amistades a un Malfoy.

Ron volvió a encogerse de hombros, como intentando comentar por pura casualidad.

–Creo que seis personas somos más que suficientes, y por supuesto, Hermione tendrá que ir, quiera o no. No puede jactarse de ser amiga mía si me deja a solas 3 segundos con el idiota de Malfoy.

Harry hizo un gesto vago que el ingenuo pelirrojo interpretó como que estaba de acuerdo en su plan. Y verdaderamente el unigénito Potter no tuvo corazón para sacarlo de su error. De hecho, pensándolo detenidamente, Harry pensaba que ya no tenía corazón.


–¿Aún sigues aquí? – preguntó la joven agachada hacia el joven mientras recogía entre sus dedos algunas ondas castañas para que no le cayesen en el rostro.

El muchacho sobresaltó y sin desearlo con el codo golpeó los libros, derrumbándolos de su inestable torre y desparramándolos por la mesa. Increíblemente la Biblioteca podía estar más desolada la mañana de sábado que la noche anterior. Bueno, no tan increíblemente.

–No... yo... este... sí... – colocando el libro que leía sobre su regazo, el joven se pasó las manos por el rostro y el cabello negro. –Pensé en venir a leer algo.

Hermione sonrió, logrando que él le sonriera de forma automática.

–¡Bingo! – dijo el menor de los pelirrojos Weasley colocando con cierta brusquedad el brazo alrededor de la chica Granger quien se contuvo de poner los ojos en blanco. –De ciento treinta y nueve veces que te he buscado, pensando en que estabas en la biblioteca, he acertado ciento treinta y nueve veces.

Bueno, casi lo conseguía.

–Sí, buenos días a ti también.

Ron se encogió de hombros, los modales no estaban en su lista de prioridades esa mañana. De hecho, estaba pensando seriamente aturdir a Malfoy, que Ginny se enfadase con ellos y se los llevase, para entonces encarar a Harry y Hermione de la debida manera.

¡¡No!! ¡¡Espera!! ¡¡Mal plan!!

Ginny no puede volver a ir con el más-grande-imbécil-de-todos-los-siglos... ummm... que Luna les acompañe.

¡Argh! ¡Asco! Su Luna cerca de Don-Perfecto-Idiota

Cómo les gusta a sus amigos complicarle la vida al pelirrojo. A estas alturas y al paso que los dos avanzan, uno verdaderamente comienza a preguntarse si sus hijos saldrán castaños y osados-rompe-reglas, o si serán exasperantemente-sabelotodo de cabellos negros.

Ron se cruzó de brazos. Si lograba éxito en sus dos misiones, podría ser el autor de «Cómo deshacerse de un metido tipejo de ojos de cemento» y usar a dos que él conoce como referencia.

El de cabellos negros hizo el ademán de verificar el tiempo en su reloj, y comenzando a ver que el mismo era relativamente corto, se levantó, realizando un par de movimientos de varita para ordenar el desorden de la biblioteca.

Ron pensó que el tipo era todo lo que Hermione deseaba en un hombre, pero tener todo lo que uno desea, puede ser muy malo. Iba a intentar convencer a su amiga castaña que tipos así de perfectos simplemente pueden ser apostadores, dejándola en la ruina a 3 meses de haberse casado, le sería infiel, se embriagaría con whisky de fuego cada noche y la agrediría tanto física como verbalmente.

Sería mejor que ella se fijase en un obstinado de ojos verdes, que tiene un mal humor de los tres mil demonios, nadie puede negarlo, y que tiene tendencia a vivir situaciones cercanas a la muerte, bueno, nadie es perfecto. Pero más vale malo conocido que bueno por conocer.

Hermione le recordó a su amigo que se iban a ver en Hogsmeade, teniendo como respuesta un movimiento de mano del otro a la distancia.

Ron no tardó ni un segundo en contradecirla, explicándole su ingenioso plan de cómo deshacerse del imbécil-rubio omitiendo, claro está, el verdadero objetivo de sacarlo de la vista.

–¿Harry irá? – dijo Hermione con cierto tono de incredulidad.

–¡¡Por supuesto que sí!! – refutó con firmeza Ron. –Amigos en las buenas, malas, peores y casos de Snape ¿Recuerdas?

Hermione se mordió el labio inferior, pensando en lo que dijo Ron, murmurando un extraño «Claro, él sí puede hacerlo» Ron estuvo a punto de preguntarle si acaso ella no podía, cuando la joven le dio un par de golpecitos en la mano para que la soltara, y marcharse sin asegurarle de si ella iba a reunirse con ellos en Hogsmeade.

Y el de ojos azules con cabello rojizo se había despertado aquel sábado pensando en que todo iba a salir bien (claro está, contagiado del buen ánimo de cierta rubia de ojos de plata, después de todo, los ojos de ese color tienen sus excepciones, como toda regla) pero los ánimos del pelirrojo habían decaído un poco al darse cuenta que su amigo de ojos verdes no estaba en su cama.

Luego el de ojos grises había ido a su habitación, preparándose mentalmente para ese día.

Al instante el de ojos azules había vuelto a su habitación, encontrándose con el de ojos verdes, platicando su plan para deshacerse de un tipo de ojos de cemento y rubio.

Luego el pelirrojo había ido a la biblioteca en busca de la castaña.

Todo parecía un círculo.


Sábado por la tarde, y Ron Weasley se olvidó que se había levantado con todos los buenos ánimos del mundo. De hecho, estaba que se subía por las paredes, mientras un incómodo pero más disimulado Draco Malfoy tomaba a sorbos de su cerveza de mantequilla.

Ginny tenía sus dedos enlazados con los de la mano libre del rubio, no en una muestra de afecto público, sino en muestra de «No te metas, Ronald»

Luna estaba al otro lado de la pelirroja, mordisqueando la pluma antes de hacer pequeñas anotaciones en el pergamino que el pelirrojo le había dado tiempo atrás, murmurando algo sobre que ya estaba sobre la pista.

Entonces, para rematar los males del pelirrojo, aparece a quien menos esperaba, el tipo ese de ojos de cemento, provocando un respingo de la pelirroja y que los dedos del rubio se cerraran con firmeza alrededor de los de ella.

– ¿Puedo hablar un momento, Ron? – Luna sonrió, aparentemente encontrando la última pieza que ella necesitaba. El de ojos grises carraspeó un poco antes de agregar un seco – Weasley.

Ron miró brevemente la situación, su hermana pegada por la mano a ese tipo detestable, aparece el otro tipo detestable, ni Harry ni Hermione asoman por algún lado... quizá eso significaba algo bueno, y Luna, mirándolo ansiosa, como deseando decirle todo.

–Quédate con ellos, Luna – dijo Ron, pero luego reaccionó al instante y se corrigió, pensando en como estaba su genio, mejor no era tentar al destino –Será mejor que vengas conmigo.

Luego se volvió hacia el otro, como costándole un tanto explicarse.

–Ella viene conmigo, no tengo secretos para ella.

El otro atinó a sonreír, aunque parecía carecer de la sinceridad de días anteriores.

Mientras el trío se alejaba, Ginny murmuró algo al oído de Draco, quien asintió, y le respondió en el mismo tono.

A cierta distancia de la pelirroja y su tutor, y con la mano en los bolsillos, el de ojos grises buscaba las palabras para comenzar a hablar.

Lo primero que hizo fue extenderle un cromo de «Los Dorados de América» y Ron lo observó como quien observa miles de galeones en una figurita.

–No tomes esto como si te estuviese comprando o algo por el estilo – se encogió de hombros, intentando aparentar indiferencia, aunque la voz era inestable –Seguramente no me vas a ver...

Hubiese querido agregar «en mucho tiempo» pero dar un período le parecía pretencioso.

Ron arqueó la ceja, cruzándose de brazos, adoptando sin desearlo, la posición de un padre que está a punto de regañar a su hijo.

Luna, un tanto ansiosa, haló de la camisa al pelirrojo, y soltó cuatro sencillas palabras (dos de las cuales fueron dos nombres) que voltearon el mundo de Ron, tal como él lo conocía.

El otro atinó a clavar sus ojos grises en la rubia, afirmando con su repentino silencio las palabras de ella, y provocando que el pelirrojo soltara una carcajada vacía.

A la distancia, Ginny fruncía el entrecejo, totalmente intrigada a lo que veía. La mano de aquel joven se bajaba de a poco, Ron no dejaba de reírse histéricamente y Luna sacudía la cabeza, sin entender el por qué el ataque de risa de su novio.

Luego, Ron hizo algo que definitivamente se moría de ganas por hacer desde hace siglos atrás. Le dio un golpe directo a la quijada del joven, haciéndolo tambalear hasta que tropezara sobre sus propios pies y cayera.

Luna agarró de la camisa a su novio, evitando por si acaso a que el pelirrojo saliera con otra respuesta inesperada. El de cabellos negros se mantuvo algunos instantes en el suelo, procesando los hechos, y luego asintió, murmurando algo referente a que así debía ser.

Ron se pasó la mano por el cabello, intentando concentrarse, pasando un brazo alrededor de Luna. Estaba temblando, como si él mismo no se hubiese creído tal descontrol. Respiró profundamente una vez, dos veces más, y posó sus labios en la frente de la rubia. Tragó profundamente antes de soltarse de la rubia quien permitió que él se acercara al otro.

Con cierto esfuerzo, Ron sonrió y recogió la tarjeta de «Los Dorados de América» que estaba sobre el pecho del de ojos grises, luego soltó una sonrisa, más sincera, más desahogada.

–Gracias por la tarjeta, amigo – dijo Ron, guardándola en el bolsillo de su camisa, y lo miró fijamente por unos instantes. Luego murmuró algo de no comprender nada, antes de agregar con más firmeza. –Creo que tienes una cita con Hermione, ¿No?

Y le extendió la mano para ayudarlo a levantarse.

Cuando el otro ya se perdía a la distancia, Ron se volvió para visualizarlo, notando que el joven se encontraba con el de ojos verdes. Entonces el pelirrojo se volvió hacia la rubia, murmurando un claro «¿Estás segura?»

Luna asintió, comenzando a explicarle que todo estaba en el pergamino de acontecimientos que el mismo pelirrojo había hecho días atrás, cuando le estaba explicando gráficamente cómo era que aquel tipo de ojos de cemento estaba de más entre Harry y Hermione.

Ron se rascó la barbilla ante los detalles que él mismo había ignorado.


Lejos del cuarteto, Harry colocó las manos en medio de los bolsillos del pantalón, ignorando aquella extraña reunión, aunque si de encuentros fuera de lo normal se hablara, él mismo estaba protagonizando uno.

–¿Qué sucedió? – preguntó el de ojos verdes. El otro no le entendió por algunos instantes, Harry se dispuso a explicar, para también él recibir alguna explicación –Vi cuando Ron te daba la mano para levantarte.

–¡Ah! ¡Eso! – murmuró el otro, y se encogió de hombros. No es nada en especial, solamente que tienes un gran amigo, que nunca te va a fallar.

Harry miró brevemente a Ron, reacio a acercarse otra vez a Ginny y su tutor, seguramente deseando evitar dar explicaciones por su actitud, siendo que hasta hace pocas horas atrás andaba refunfuñando por la presencia del de ojos grises y cabello negro. De hecho, Ron seguía refunfuñando por otro con orbes de la misma tonalidad, pero al menos en éste último era auténtico.

–Debo irme – dijo el de ojos grises.

Harry extrañamente no sintió nada. Ni dolor, ni desesperación, ni siquiera ansias.

–Quizá volvamos a encontrarnos. – murmuró con el fin de dar alguna respuesta vaga y romper el silencio.

–Sabes bien que no es así – dijo el otro.

Harry asintió, su mirada perdida en algún punto imaginario. No se despidió del otro joven, pero éste sí le dijo a modo de despedida: «Ron te va a golpear»


Cuando la manija de la puerta se movió, Hermione sintió que su corazón se desbocaba, aunque de cierta manera sintió una punzada en el pecho al momento en que sus ojos se encontraron con los grises.

Hermione soltó un suspiro, sentándose en sus talones en medio de la cama y usando las palmas de sus manos para apoyarse al momento de inclinar su cuerpo hacia atrás.

–Estabas demorando – susurró ella e hizo el ademán de hacer un puchero –Pensé que no vendrías

–Fueron algunos detalles que me retrasaron – respondió el otro, verdaderamente ignorando el motivo por el cual hablaban tan bajito. Por lo que había visto en el letrero de la entrada relativo a privacidad más discreción total, y por el silencio total en los pasillos, era obvio que las paredes estaban encantadas

La joven se acercó hacia el otro, y en un veloz movimiento, lo haló hacia la cama. Una acción nada esperada de la normal castaña que siempre tiene metida la nariz en un libro.

Las manos masculinas se deslizaron, dejando un rastro helado a su paso. Quizá los nervios, quizá temores. Sus labios se estaban deslizando por la barbilla de la joven, mordisqueándola al mismo tiempo mientras el corazón amenazaba con escaparse del pecho a tan acelerado ritmo.

Con cierta resistencia, se obligó a incorporarse, pensando seriamente en no seguir, en marcharse.

Al final de cuentas, todo tiene su límite.


–¿Estás segura? – insistió Ron Weasley mientras verificaba sus propios garabatos en el pergamino junto con los de Luna. La pregunta la soltó solamente por decir algo, puesto que él está ciento por ciento seguro de ella.

–Tenía una pizca de duda, pero cuando te dijo «Ron»... fue inevitable.

–Tengo ganas de matarlo – masculló el pelirrojo, aún sintiéndose engañado y enfadado.

Luna le haló un poco la camisa, provocando que él se viese reflejado en los orbes plateados.

–Yo siento mucha pena por él– dijo la rubia. – No sé qué motivos específicos tenga, pero deben ser lo suficientemente intensos para soportar los cambios, desvelo, cansancio mental y físico.

Ron escuchó cada una de las palabras, y sonrió levemente.

–También soportar a un metido pelirrojo.


Las mejillas de la chica Granger estaban enrojecidas, su cuerpo temblaba y ella intentaba controlarlo aprisionando las sábanas. Por unos instantes se negaba mirar al joven que estaba a dos pasos de la cama, dándole la espalda.

Pero luego Hermione recordó todo, aquel cuadernillo, el cómo Harry debió reírse de ella (aunque el por qué aún no lo tiene claro) y si alguien debía sentir vergüenza, definitivamente no era ella.

–No puedo seguir con esto – dijo el joven, volviéndose a la castaña. Retrocedió un par de pasos de manera inconsciente, pero luego reunió todo el valor que le había faltado en aquellos días. –Hermione... hay algo que debes saber.

Los orbes castaños no mostraron asombro alguno. Él interpretó esto como que la joven no tomaba conciencia de lo que implicaban de sus palabras.

Hermione se sentó en el borde de la cama, las puntas de sus pies apenas tocando el suelo, sus piernas cruzándose con gracia.

–¿Qué tienes que decirme?

Los ojos del joven se volvieron hacia el reloj que portaba en su muñeca.

–No sé si dejar que los minutos transcurran y dejar que los hechos hablen – él admitió calmadamente.

–Minutos más, minutos menos. En lo que se refiere al tiempo... ¿Cuál es la diferencia?


Cuando Ginny observó que Ron se sentó al otro lado de Luna, quedando la rubia entre los dos, y notó que su hermano no iba a irse, dijo lo primero que se le ocurrió.

–No debes acercarte a él – replicó, intentando sonar lo más firme posible. El muchacho de ojos grises le provocaba cierto recelo. –Ya se lo dije a Hermione, y ella dijo que eso ya lo sabía, pero creo que ella no sabía lo que iba a decirle.

Ron frunció el entrecejo.

–¿Qué fue lo que le dijiste a Hermione?

Ginny inspiró una gran cantidad de aire, mirando por breves instantes a Draco, luego dijo, intentando no recordar bajo qué circunstancias averiguó lo que averiguó.

–No existe ningún Jhon Smith como estudiante de Slytherin, ni siquiera como estudiante de intercambio.

Ron se relajó visiblemente.

–Eso acabo de descubrirlo.

–Pero ese chico... estamos viéndolo. – replicó Ginny intrigada. – ¿Quién demonios es? ¿Y por qué anda detrás de Hermione?

Luna volvió a analizar el pergamino, y lo dobló con cuidado. Era una pequeña muestra de la relación que llevaba con el pelirrojo, y para ella el pergamino era invalorable.

–Él es Harry – dijo la rubia, como si estuviese comentando cuán hermoso es el atardecer en Hogsmeade.


La joven Granger no demostró asombro alguno al visualizar en la semi oscuridad de la habitación los brillantes ojos del color de la esmeralda.

Harry se pasó una mano por el cabello negro, intentando ordenar sus ideas antes de colocarse los lentes.

Debido a que ninguno de los dos parecía dispuesto a soltar frase alguna, Hermione consideró que ella es la indicada para comenzar a hablar.

–¿Podrías explicarme todo esto?

El joven se acercó a la mesa de noche y encendió la luz por medio de un encantamiento. Luego, volvió cada uno de sus pasos, mientras buscaba las palabras exactas en su cabeza.

–Adquirí la poción multijugos, y un reloj especial que activa una capa de invisibilidad sobre uno. También obtuve un giratiempo.

Hermione desvió la mirada unos instantes, luego buscó los ojos de Harry, pero él parecía concentrado en otro mundo.

–Sabía que Fred y George darían problemas – dijo ella, luego soltó un suspiro, intentando descargar sus tensiones antes de darle tiempo a Harry de defender a los gemelos Weasley –Sé toda la parte técnica, Harry. Como un delincuente novato, dejaste todo detallado en una libreta.

Si Harry se sintió afectado por aquella información, no lo demostró.

–Lo que te estoy preguntando es simple. ¿Por qué? ¿Por qué este engaño? ¿Te divertiste?

En cuanto soltó su última acusación, Hermione supo que fue un error. Harry parecía de todo, menos divertido. De hecho, parecía como si el día de mañana no iban a verse nunca más.

Harry bajó la mirada, concentrándose en la escasa vestimenta con la cual ella había recibido a... Sin poder evitarlo, aprisionó los puños.

–El día que tomaste Veritaserum, estabas hablando montones de cosas – comenzó Harry. Hermione se sintió incómoda, aún con el mal sabor de haber caído en un ardid de los gemelos –Entre otras... que te gustaban los ojos de Malfoy. –Hermione estuvo a punto de defenderse, pero Harry parecía haber encontrado la secuencia a los hechos, y no le dio tiempo de decir nada. Luego, nos fuimos de la Sala Común... ya sabes, Ron, tú y yo. Entonces... no sé si recordarás... te aferraste a mí y me besaste, diciendo que me amabas.

Hermione cerró los ojos, intentando contener las lágrimas. El hecho de haber descubierto a Harry en su doble papel había logrado que ella olvidara que Harry ya sabía que estaba enamorada de él. Y quizá ahora iba a decirle que no correspondía a sus sentimientos, aunque esto no justificara su actitud. Probablemente él lo hizo para que ella lo odiara.

–Pero no era en mí quien pensabas – siguió diciendo Harry, su voz inestable por unos segundos, luego inspiró una cantidad de aire para seguir hablando. –Estabas pensando en Malfoy, sus ojos grises...

Hermione abrió los ojos.

Harry se encogió de hombros, diciendo silenciosamente que a estas alturas de la vida para él ya no era importante.

–Se me estaba formando la idea de... no-sé-qué... para que tú ya no te fijases en él. La idea no terminó de concretarse en mi cabeza cuando de pronto apareció... más bien, aparecí, pero cambiado totalmente. Al principio no se me ocurrió que fuese yo mismo, pero cuando Fred (¿O era George?) dijo algo de sus ojos grises, la idea comenzó a tomar fuerza dentro de mí. Luego ellos me llevaron para que adquiera la capa de invisibilidad. Yo no iba a adquirirla, teniendo la de mi padre, pero los demás objetos que tenían... la poción multijugos, los cabellos de los estudiantes de Hogwarts, el giratiempo... todo parecía encajar.

Harry soltó una sonrisa irónica, admitiendo que lo que estaba diciendo es lo más estúpido que jamás alguien haya dicho.

–Cuando comencé a experimentar con la poción multijugos, me di cuenta que no debía transformarme en Malfoy, sino en aquel tipo. Comencé a mezclar los cabellos, a echar más poción, menos poción. Estaba por rendirme cuando simplemente salió: vi al tipo de los ojos grises, el mismo porte, los mismos rasgos. Y recordé como él cayó sobre ti la primera vez, traté de no hacerlo, pero igual salí cayéndome sobre ti. Comencé a darme cuenta de que no iba a poder cambiar los hechos. Así que intenté aferrarme al plan original de no ser cortés contigo, provocarte una aversión a los tipos de ojos grises.

Otro silencio llenó la habitación, un poco más largo que los anteriores.

– Pero no funcionó. En vez de ello empecé a descubrir que reías con más facilidad, estabas más relajada cuando me enseñabas el procedimiento correcto de las pociones, seguías enfadándote con Ron por meterse en tu vida, las chicas de Slytherin no se metían contigo. Y «Harry Potter, el maldito» no estaba ahí para quitarte esa vida.

Hermione ahogó un sollozo, pero no pudo evitar que dos gruesas lágrimas recorrieran sus mejillas. Harry estuvo a punto de confesarle que, luego de la muerte de Sirius, él perdió la capacidad de llorar, por sentirse tan miserablemente vacío, pero a estas alturas esa información él no la veía irrelevante.

–Debiste tener esa vida desde siempre, Hermione. Preocupada solamente por tus estudios, no terminando en la enfermería cada año por mi culpa, formar una amistad con las demás estudiantes de Hogwarts y no estando detrás de mí, arriesgando tu vida a cada instante.

–¿Qué estupidez estás diciendo? – reclamó impulsivamente Hermione.

–No me di cuenta hasta qué punto te había arrebatado tu vida, Hermione – dijo Harry, acercándose hacia la joven, deseando limpiar las lágrimas de su rostro. Pero detuvo sus pasos. Con ella era tan sencillo dejarse llevar, imaginando imposibles. –Cuando comencé este absurdo de regresar en el tiempo, no tenía idea de cuánto te había arrebatado... y nada en el mundo podrá explicarte cuánto lamento esto.

–¿Lamentar qué? – soltó Hermione, secándose ella el rostro que inevitablemente se volvía a empapar –¡¡No lo entiendes!!

–Estando como Smith logré acercarme a ti, como un típico mago normal, sin profecías ni Voldemort, ni maldiciones, ni mortífagos ni criaturas espeluznantes...

–Escúchame, Harry. No es que Voldemort te haya obligado a vivir la vida que te tocó vivir, el motivo por el cual yo estaba contigo; eso sería lo más absurdo y superficial en toda la historia de la humanidad. – Hermione logró que la voz saliera más consistente y firme –Estaba a tu lado porque era mi decisión. Y si moría, era mi culpa.

Harry no estaba de acuerdo con lo último que había dicho, aún así lo que más le afectó fue que ella hablaba en tiempo pasado.

–No es así, Hermione. Te privé de tantas cosas y por un momento llegué a pensar en que podía devolvértelo todo, pero mientras más notaba cuánto te había arrebatado, más comencé a odiarme. – Harry soltó una profunda cantidad de aire – Incluso Smith avanzó contigo en pocas semanas lo que Potter jamás consiguió en siete años.

–Pero Smith jamás tuvo mi amor como lo tenía Potter. Y si Smith se quedaba conmigo, definitivamente iba a pasar el resto de su existencia intentando en vano borrar a Potter.

Aquellas palabras dieron una nueva perspectiva a la situación, para Harry. No obstante, no las procesó más de lo debido. De todas formas, antes de entrar al cuarto, él había tomado su decisión.

–Deseo que otro... sea quien sea... los borre a los dos. De tu mente, y de lo que queda de ellos en tu corazón. – Harry se maldijo en silencio al ver cómo brillaban las lágrimas por el rostro de ella. Intentó consolarse con el hecho de que iba a ser la última vez que le hiciera daño. Entonces, Harry pronunció la mentira más grande, que incluso ella detectó al instante – Estaremos en contacto.

Con un par de movimientos, Harry Potter estaba fuera de la habitación, y de la vida de Hermione Granger.

La joven se quedó sentada en la cama, por unos instantes pensando si aquello no fue una extraña ilusión.

Harry iba por el pasillo, tan solitario como silencioso y oscuro, teniendo pensamientos similares a los de ella.

¿Eso era todo? ¿Así uno se sentía cuando una relación terminaba? ¿Tan vacío por dentro?

Quizá, pensaba Harry, después de algún tiempo... si volvía a verla, ella descubriría que lo mejor que él pudo haber hecho es salir de su existencia.

Curioso. Harry notó algo brillante en su mano.

Al alzar la mano para examinarla con más detalle, Harry descubrió que el brillo se expandía por su piel hasta perderse, pero de inmediato caía sobre su dorso más de aquel brillo. De inmediato sus ojos buscaron el origen de aquella luz y notó que lo que provocaba que las lágrimas resplandecieran en la oscuridad eran las pequeñas aberturas que filtraban la luz por en las paredes del pasillo.

Harry suspiró profundamente. Y él que había pensado que había perdido la capacidad de llorar.

Tal vez volviera a perder aquella forma de desahogo en un futuro no lejano, dentro de algunos meses.

Quizá... después...de algunos años, ella olvidaría todo este episodio… Tal vez...

Diecisiete años después…

Hermione trabajando en el Ministerio de Magia, en la sección de Misterios, jamás pensaría encontrarse entre semana a su amigo de hace muchos años atrás, aquel joven de ojos verdes y cabello azabache.

Seguramente el reencuentro traería muchas novedades a los dos, el cómo estaban sus respectivas parejas, fingir que nada sucedió, incluso comentar sobre las últimas travesuras de su respectivos hijos

Hermione sacudió la cabeza, totalmente irritada. Hace algunos años atrás, imaginando a la chica de Ravenclaw, aquella de apellido Chang, besara a Harry, le había provocado tantas emociones contradictorias, que tuvo que tragarse su rabia, orgullo, amor propio...

¿Y volver a pasar por todo esto otra vez por una desconocida?

Hermione se levantó, apenas colocándose una bata sobre su cuerpo semidesnudo y abrió la puerta de la habitación, apresurando sus pasos todo cuanto sea posible antes de que Harry llegase a las escaleras que lo alejarían de ella, tan literalmente.

Harry sintió los pasos detrás de él, y apenas se volvió, sintió todo el peso de Hermione contra el suyo, haciendo que ambos cayesen en el pasillo con un golpe seco. La joven se negó a darle la cara y atinó a esconder su rostro en el cuello de Harry, provocándole escalofríos al acallar sus sollozos.

El joven de ojos verdes atinó a envolverla entre sus brazos, y asirla contra sí mismo, susurrándole palabras que solamente ella le escuchaba.

–Aún estoy terriblemente enfadada contigo – Hermione aprovechó que el cuerpo de él ocultaba su rostro para hablarle con más libertad. –Pero no puedo... simplemente mi enfado no es más grande que el miedo a que te vayas–

Harry detuvo las caricias sobre la espalda de ella para dirigirlas a su cabello, luego a sus hombros.

–No te vayas, por favor– pidió Hermione, con voz inconsistente.

Lo que sea que iba a decir Harry, quedó en la nada cuando la puerta frente a ellos se abrió y de la misma un corpulento hombre salió, mal envuelto en una toalla. Harry ocultó el rostro de Hermione con sus brazos mientras trataba de no mirar al tipo.

–¡¡Búsquense una habitación y no fastidien a los demás!!

La puerta se cerró, tan abruptamente como se abrió.

Ambos jóvenes soltaron una risita, y se levantaron.

Después de todo, ella había alquilado una habitación por toda una noche, y en estos tiempos de crisis, no es permisible hacer gastos innecesarios.

Fin del proyecto.


Torno – sinónimos: Vuelvo, retorno, regreso, reaparezco. Transformo, cambio. Duplico, Multiplico. (Referencia, Microsoft Word. Escriban la palabra, clic derecho, sinónimos y otra vez , sinónimos)