Género: No sé, er, gen tirando a preromance. Si es que eso existe.
Rating: G.
Notas: Me parece que puede ocurrir en cualquiera de los canons, aunque lo hice pensando más en el manga.


#01: Inicio

El día en que lo conoció bien podría haber sido un día cualquiera dentro de la monótona rutina de su vida. Por supuesto, Touya jamás iba a considerar de "ordinaria" o "normal" una fecha en la cual se toparía de bruces con alguien que es más bien extraordinario y paranormal, en términos generales. Sin embargo, si lo ves desde el punto de vista mundano de alguien no involucrado, que no cree en nada fuera de sus cinco sentidos básicos, por supuesto que no cambió mucho en el microverso de Tomoeda. El clima estaba algo nublado, sus clases transcurrieron como siempre, las tareas asignadas por los profesores eran fastidiosas, sirvieron la carne sospechosa de todos los Lunes en la cafetería, no hubo práctica de fútbol porque no tocaba. Nada extraño; sólo había un rostro nuevo en la fila cerca de las ventanas. Un pequeño misterio que, con suerte, lograrían descifrar en el transcurso de unas semanas -Touya sabía muy bien que las impresiones de sus compañeros sobre el "nuevo" no estarían del todo correctas-. Es sólo una persona más¿no? Pero aquella existencia marcaría el destino de Kinomoto como pocas personas, o quizás ninguna otra, lo conseguirían.

Cuando el profesor guía explicó que habría un nuevo estudiante transferido, los rostros de los alumnos detectaron sorpresa. No es para menos, pensó Touya, considerando que estaban en el tercer trimestre; alguien nuevo a esas alturas del año escolar era fuera de lo común. Cuando el profesor logró silenciar las conversaciones entre ellos, hizo pasar al chico. O al menos lo que parecía ser uno. En efecto, vestía el uniforme azul, blanco y negro de Seijou, y tenía forma humanoide. Llevaba gafas. Asumiendo por los suspiros de algunas de las chicas del grupo, no era tampoco de mal ver. No es que Touya estuviese en desacuerdo, mas algo en su aspecto resultaba demasiado familiar.

No obstante, lo visual era lo de menos. Era la maldita presencia lo que lo estaba volviendo loco. Lo supo apenas él entró. No era humano. No se sentía como uno. Se parecía a uno, y actuaba como uno, pero Touya sabía de algún modo que era diferente a cualquier otro en el aula.

El profesor escribía su nombre en la pizarra, y Touya no hizo caso ya que era una etiqueta humana falsa que no definía al nuevo. Lo miró de reojo otra vez, recelante. Para su sorpresa, la criatura volteó su cabeza ligeramente y le devolvió la mirada por unos segundos. ¿Había notado que lo observaban¿Había notado que Touya era diferente? Por fortuna, el "muchacho" tomó la señal del adulto, bajó los ojos y se presentó a la clase, con una pequeña reverencia. Los suaves chillidos de las chicas de antes casi ahogaron las últimas palabras del profesor.

-Siéntate detrás de Tanemura-, dijo, señalando el único pupitre libre. Incidentalmente, era el asiento que estaba inmediatamente delante de Touya. Éste frunció el ceño cuando el nuevo caminó con semblante alegre hasta su silla, y le dedicó una sonrisa inocente antes de acomodarse en su espacio personal.

No pudo concentrarse en absoluto durante la clase de Historia. Aunque la presencia y su efecto de atracción era bastante débil, la cercanía le desconcentraba. Su mente estaba llena de preguntas que no sabía responder. Para comenzar¿qué era? No podía ser un fantasma, considerando que todos lo veían. No podía ser un espíritu, ya que él se había encontrado con uno que otro y no coincidían con lo que éste era. ¿Un kitsune o cualquier bicho que cambia de formas? Bueno, tenía una sonrisa muy amplia, pero no parecía ser muy taimado. Puede que fuese otra cosa más que él desconociese. Y ya pasada la crisis de identidad ajena, estaba la paranoia propia. Trató de convencerse que era una coincidencia que alguien pretendiese ser humano en su grupo de clase, pero alguien en el pasado le había inculcado que nada ocurre sin razón, en especial en el plano mágico. Tantos lugares, y tiene que elegir algo tan cercano a él, alguien que puede ver y sentir cosas. Bueno, puede que sean imaginaciones suyas...

Historia terminó, y es hora de Química. Todos salieron al laboratorio ya que toca práctica. Touya se apresuró a salir del aula, por si acaso el ser trataba de interceptarlo.

Ya en su mesón, sacó su libro y empezó a preparar el mechero Bunsen. Se sentía menos tenso ahora que estaba solo, lo cual se agradecía. Química era, después de todo, su asignatura preferida. Él ya estaba midiendo el hidróxido de sodio en la proporción requerida. Era un experimento sencillo, así que nada podía salir mal. O eso creyó él.

-Kinomoto.

Él volteó para encontrarse a la profesora Ishikawa, acompañada de la criatura. Éste se veía completamente perdido. Touya ya se olía lo que le venía encima.

-Tú eres el único que no tiene compañero de prácticas¿verdad?

Lo sabía. Reprimió un suspiro exasperado.

-Así es, sensei.

-Bien. Tsukishiro hará las prácticas contigo desde hoy.

-Mucho gusto -dijo el que llamaban Tsukishiro-, y por favor cuida de mí.

No tenía elección. Abrumado, observó cómo el "chico" se acomodaba en el taburete de al lado. Adiós Química. Un placer.

-¿Qué hay que hacer? -preguntó Tsukishiro.

-Lo primero es tomar ácido clorhídrico e hidróxido de sodio y obtener con ellos cristales de cloruro sódico. Sal común, vamos. Hay que usar estos papeles para medir el pH de cada sustancia y anotar el color que se obtengan, y explicar el porqué.

-Ah -sonrió Tsukishiro-. Menos mal. Me temía que fuese algo más difícil.

Para sorpresa de Touya, exceptuando que no reconocía ninguna de las fórmulas de cálculos que un estudiante de tercer trimestre de primer año debía dominar (probablemente, pensaba Touya, se debía a que él no era un estudiante de primer año en realidad), no era malo en Química.

A la hora del almuerzo, Touya escapó del aula y se fue a la parte más lejana del patio. Trepó con dificultad a un árbol algo tupido, esperando tener algo de paz en el aislamiento. Claro, era bastante difícil comer ahí arriba, balanceando el bento con una mano y los palillos en la otra. Definitivamente, le pediría a su padre que le hiciese un sandwich al día siguiente o algo.

Mientras lograba cazar un pepinillo de su comida escuchó una voz que lo llamaba, acompañado de la leve presencia.

-¡Holaaaaa¡En el áaaaarbol¡Hey!

No lo podía creer. Ahí estaba él, a dos metros de distancia, cargado de una bolsa de comida y saludándolo con la mano libre. El pepinillo escapó del yugo de los palillos y aterrizó en la caja, sin que su depredador lo notara.

-¿Qué? -respondió Touya con sequedad.

-Qué bueno que te encontré acá. Me temía que estuvieses en el techo del edificio o algo, y no me diese tiempo a comer.

Touya se preguntó si realmente comería eso que llevaba en brazos, o era una trampa y anhelaba alguna otra chuchería exótica, como sangre o carne humana. En especial de alguien con habilidades especiales. Sacudió el pensamiento siniestro de su cabeza, y bajó del árbol para encontrarse con él.

-¿Te molesta si como debajo este árbol? Es que tengo mucha hambre -sin ceremonias, se sentó en la grama y sacó un bollito-. Disculpa, pero no recuerdo tu nombre.

-Kinomoto.

-¡Ah¿Y "Ki" se escribirá con el kanji de árbol? Ya comprendo -sonriendo, mordisqueó su bollo. Touya, algo avergonzado, se rascó la nuca-. Pero ése es tu apellido. ¿Y tu nombre entero?

-Kinomoto Touya.

-Oye, Touya. ¿Te molesta si te llamo Touya?

-Pues ya lo hiciste -suspiró-. ¿Y el tuyo?

-Tsukishiro Yukito.

-No, me refiero a tu nombre real, no como te haces llamar.

-Ah, bueno. Mis abuelos me llaman Yukito-kun. No recuerdo mucho a mis padres, pero recuerdo que me llamaban Yuki... creo. ¡En fin, tú, puedes llamarme como quieras!

-No me refiero a eso, sino...

-¿No vas a seguir comiendo, To-ya?

Resignado, y con un prospecto de dolor de cabeza, el joven se sentó a su lado y prosiguió el almuerzo, sin quitarle el ojo de encima. Al menos, considerando con la excesiva rapidez y gusto con que engullía la criatura, no debía de considerarlo el plato fuerte ni nada.

-Mira...

-Dime. ¿Quieres un bollo?

-Eh, no. Hablemos en serio, que no creo que hayas venido a ofrecerme bollos. ¿Qué es lo que buscas en este lugar?

-Ah, sí. Es que quería por favor pedirte tus apuntes de todas las asignaturas, si no es mucha molestia.

-No, no hablo de la escuela. ¿Qué eres¿De dónde vienes¿Para qué has venido?

-Oh. Soy hijo único. Me mudé acá porque mis abuelos viven aquí. Bueno, más o menos; se la pasan viajando por todas partes, pero tienen una casa acá. Son mis únicos familiares vivos, y no tenía otro lugar adónde ir. Por eso me mudé a Tomoeda. Pero el pueblo es muy bonito y pacífico, me gusta mucho. Se parece mucho al pueblo en que vivía antes. Y queda cerca de Tokyo, y eso está muy conveniente.

Touya se frotó la sien con sus dedos. Era escurridizo.

-Oye, no me vengas con eso. Yo entiendo más que los demás humanos acá y lo sabes.

-¿Eh¿Lo sé? Ni idea, sí te ves inteligente, pero te pedí los apuntes porque te sientas cerca mío y somos compañeros en Química. ¿Eres de los primeros de la clase, entonces?

-No es el punto, por Dios. ¿No comprendes lo que te pregunto¿No sabes por qué estás acá ni lo que eres¿No me sientes de lejos?

La criatura llamada "Yukito" se le quedó mirando, con el rostro más que perplejo y la boca abierta. Touya esperó ver nerviosismo en sus ojos, o que sus manos que aún sostenían su tercer bollo temblaran. Pero no, nada parecido. Sólo reflejaba ignorancia y confusión, como si le acabasen de preguntar a un ciego de nacimiento qué formas puede ver en las nubes.

-No -dijo por fin-. Creo que no te comprendo nada. ¿Es jerga local?

Touya se rindió. Se preguntó si era posible que ese ser no supiese lo que era o su objetivo en la vida. Concluyó que o bien era un buen actor, o era benigno. Si él quería fingir, o engañarse a sí mismo, Touya le seguiría el juego. Sin embargo, lo seguiría de cerca hasta que le quedara clara su personalidad, o hasta que le confiara su secreto. Se sorprendió al darse cuenta que, si "Tsukishiro Yukito" era una criatura tan inofensiva como aparentaba, y si su objetivo no era lastimar a alguien, no le molestaría echarle una mano. Ya había conversado con fantasmas y espíritus antes en el bosque, y les había ayudado con sus asuntos pendientes. Al final de cuentas, Kaho tenía razón: nunca podía evitar ser amable con los no-humanos y los muertos.

Vaya momento para pensar en Kaho de nuevo...

-No importa, olvídalo. Pero te diré una cosa. No soy como los otros. Si necesitas algo, o tienes que hablar con alguien, yo estoy acá. Si es algo moralmente razonable, puedes contar conmigo.

-¿De veras? -"Yukito" le dedicó su mejor sonrisa-. Sabía que no podías ser tan temible como aparentabas -Touya arqueó una ceja; sabía que era algo antisocial, pero tampoco era para tanto-. Entonces... eh...

-Ajá. Suéltalo.

-¿Entonces sí me pasas tus apuntes, y te puedo preguntar lo que no entienda en clase?

Touya bajó la cabeza en derrota. Esto iba a tomar su tiempo. Y de hecho, sí que le tomó.