Carta de un coronel

Full metal:

Cerca de mi escrito hoy, casualmente había un frasco de tinta allí, captando mi atención. Por mi mente pasó cientos de veces la idea si debía escribirte o no, si debía o no debía. Luego, una hoja de papel que traía en mano captó nuevamente mi atención, mi mente, mi ser se inspiró; cogí rápidamente aquella pluma que siempre traía conmigo para firmar documente y finalmente heme aquí, sentado escribiendo una carta que estoy seguro, es de lo más boba, sosa y absurda de todas

No puedo ocultarlo por más tiempo ¡Soy un sucio acecino! Maté a muchos durante mi juventud, cuando era ingenuo y por mi cabeza jamás se pasó la idea de que el mundo podía ser tan asqueroso como en aquella guerra lo vi...Fue por esa razón que tal vez jamás creía ser merecedor de que tu correspondieras este sentimiento. Te amo… y ese te amo tanto me costaba decirte, cuan deseoso estaba de salir de mis labios cada vez que te acercabas a mí

Aún lo recuerdo perfectamente: Cuando te vi por primera vez, me cautivaste… mis ojos no querían desprenderse de la belleza pura que era reflejada en tu inocencia, tan dulce como lo es ahora su piel joven (Es, en pocas palabras, la reflexión más absurda que he hecho...)

Es seguro que esta carta debe estar en el bote de la basura sin ser leída (Realmente hice el mejor intento por escribirla, mas lamento que no haya sido lo suficientemente convincente para llegar a tu corazón) Pero, si por esas cosas raras de la vida, sigues leyéndola, te lo diré de una vez y sin preámbulos: Tea amo, amo tu cara, tu pelo, tu boca… Todo es perfecto en ti, hasta aquel horrendo automail, frío de metal, es tan hermoso cuando lo usas tú…

Eres—con las palabras exactas—El ser más bello y divino que la tierra haya concebido. Todo en ti es vida; en cambio yo… soy un mensajero de la muerte, mis manos están manchadas por la sangre de una guerra.

Quizás no me creas—y por ello no te culpo—pero… bajo las apariencias que reflejo, yace en mí dormido el profundo anhelo de sentir amor y entregarse por completo a él, estaba dormido, pero cuando te vi… aquel amor que guardé en mi corazón bajo siete llaves surgió de nuevo, tan solo cada vez que escuchaba tu nombre: Edward Elric

¡Mi pequeño Edward! Si el valor me acompaña y la suerte también me de su ayuda, quizás leas esta carta tan absurda… y locamente—Por solo un instante déjame pensar eso—tú vendrás a mí y yo estará aquí esperándote; pero de no ser así, no te preocupes: Te entiendo y no te lo reprocharé jamás

Ojala no sea solamente otro sueño y que no sea tan lejano el día en que tu me amas ¡Sería el hombre más feliz de la Tierra si así fuese!

Tu admirador y amante

Coronel Roy Mustang.