Porque te amo, te odio.

La puerta se cerro y tras ella quedo el joven Elric; allí, tirado en el suelo, las lagrimas brotaban de sus ojos, sus manos se agarraba fuertemente a sus ropas, por dios como lloraba ese chico.

-Perdóname, perdóname.-susurraba a si mismo, o al viento tal vez, ¿o a alguien más?

Las lágrimas corrían por el rostro de Edward, más no eran lágrimas vacías, tenían el sello de un amor.

Una tenue luz paso ante el desconsolado chico, quien al verla dijo tristemente.

-¿Tan pronto llego mi hora de partir que vienes a llevarme?- dijo al ver salir de la luz a un gran amigo.

- Edward-san, ¿Por qué me preguntas eso?- le dijo con angelical voz Heiderich.

-Se supone que si has visto a alguien muerto, es porque te ha llegado la hora.-sonreía calmadamente bajando la cabeza.

- Se supondría que había de ser así, pero no vengo a llevarte con migo, es mas siquiera yo he podido llegar.

-¿Entonces no has podido entrar al cielo?- pregunto alarmado Ed.

-Tenía algo pendiente que hacer, al principio no lo entendía, pero ahora sé que es lo que debo hacer: Roy te escribió una carta y tú la rechazaste, ¿Por qué lo hiciste si tú lo amabas más que a ti mismo?

-Cuando amas algo debes dejarlo ir, volar lejos de ti aunque eso te duela.- su voz parecía saber perfectamente lo que hacia.

-Pues mi misión es que tu y Roy sean felices uno al lado del otro.

-Lastima que esa sea tu misión, que no se ha de cumplir jamás.

- Edward- san ¿que es eso que te impide ser feliz?

-Deberías saberlo, eres un ángel.

-Corrección; yo soy un alma en pena, un fantasma porque tu no quieres tener tu felicidad con Roy.

-¡Lo hago porque lo amo!, como podría arrastrar a la muerte a un amigo sincero, que me dio su franca mano, ¿Cómo podría hacer daño al que amo?-rompió a llorar nuevamente.

- Edward-san ¿Qué me quieres decir con eso?

-Corría yo por un amor despechado, y hubo aquel que de eso se aprovechó, y en un vaso droga disolvió. Arrancando así el corazón con que vivo, arrancando algo que jamás podré recuperar, trayendo consigo una eterna marca de soledad y tristeza.

- Edward-san, quieres decir que…

-¡Que se aprovecharon de mí!, ¡arrancaron algo que quería perder con amor!, es increíble como una palabra puede arruinar lo más hermoso en la vida: sida.

Un silencio sepulcral tuvo lugar en medio de la habitación, en donde solo los sollozos del joven Elric lo rompían de vez en cuando.

- deberías decirla la verdad a Roy, por que no eres feliz a su lado.

-¡Crees que podría tenerlo en frente sin ganas de correr a abrazarlo!, me ha dolido mucho, pero créeme; lo mejor que pude hacer es hacerle creer que lo odio, así jamás vendrá a mi.- agarraba fuertemente las mangas de su chaqueta.- prefiero saber que es feliz al lado de otro que si pueda darle algo que yo ya no puedo.

- De todas formas deberías decirle…-el alma del difunto Heiderich desapareció por completo.

El reloj sigue avanzando sin importarle que cada segundo podría ser el último para alguien que sufre por hacer el bien a un ser amado.

Edward comino sin rumbo alguno en medio del camino, cabeza abajo y siguiendo el rumbo que fuese. Sorprendentemente, a unos pocos pasos estaba la casa de su amado coronel Mustang, que al verlo tan cerca corrió a su encuentro, Ed se hacho a correr, no sabia a donde ir, no podía voltearse, sabia que silo hacia correría a los brazos de Mustang, se convencía a si mismo: ¨Es por tu bien Roy, perdóname por favor, el dolor de la muerte no se compara siquiera con este dolor.

Dejo de correr cuando creyó que lo había perdido de vista, se volteo a ver atrás para asegurarse de que él no estuviese atrás, se alegro mucho al no encontrarlo, pero al volver nuevamente hacia donde corría estaba frente a él su querido coronel, que caminaba a su encuentro, Ed retrocedía a cada paso que Mustang avanzaba hacia él.:¨ Aléjate por favor, no te acerques, es por tu bien, porque te amo dije que te odio, por que te amo hago esto, como te amo es que digo que te odio, aléjate o no podré resistir a correr a tus brazos

-Full metal.- le ordeno Roy a l ver que este se alejaba a cada paso que él daba.

-¡Que no entiendes que te odio con toda mi alma….-no pudo continuar, pues Roy aprovechó el hecho de que se había detenido para acercarse a él y darle un beso como la lluvia: suave y amable.

-Por que te amo te odio, no sigas, detente, me duele cada palabra, cada beso que no podrán corresponderte pensaba Ed.

- Yo te amo, jamás, nunca permitiré que te alejes de mi.-dejo el coronel cundo lo dejo de besar. Le dijo también muchas hermosas cosas que salían de su corazón-

-Para, detente; no puede ser, mis días están contados, tengo sida, ¡nunca podré ser tuyo!- sus lagrimas corría por su hermoso rostro, eran lagrimas sinceras, que podían ablandar hasta el más duro corazón, que trasmitían el gran sentimiento especial que sentía. Cayo al suelo intentando contener las lagrimas que no se irían. Roy se agacho para consolarlo para estar frente a él.

- A mi no me importa que te acuestes con migo; solo quiero estar contigo, enlazar tu mano a la mía, que cuando vuelva a casa te vea esperándome con una dulce sonrisa, y por sobre todo, saber que me amas con todo tu corazón. Con eso me basta para ser feliz

Edward rompió otra vez a llorar, pero esta vez tenía alguien que lo consolara en sus brazos.

Un año paso para que la enfermedad de Ed acabara con su vida, Roy lloraba a su lado, arrodillado pidiendo a Dios que se lo llevase a él y no a Ed, que él seria feliz sabiendo que Ed era feliz. Vio el espíritu de Ed, le pidió que no lo dejase solo, él le dio la mano.

Una sola lágrima tuerta sobre su amado muerto

Al fue a la casa de Mustang, allí se encontró a su hermano muerto, y a su lado Roy sujetándolo fuertemente por la mano, ni un segundo lo soltó, incluso lo sostuvo cuando la muerte lo busco, él también murió junto a Ed.

Los hombres de la iglesia al verlos así retrocedieron frunciendo el seño. Hicieron muchas veces la señal de la cruz.

-¡Malditos los hombres que tienen relaciones entre ellos! Y en cuanto a este hombre, que por haber pecado de esa forma, yace así, fulminado por el juicio de Dios, tome su cuerpo y el de su amante maldito y entiérrenlos al final de los campos y no pongan encima una cruz o señal alguna, para que nadie sepa el lugar donde descansan, porque fueron malditos en vida y en la muerte maldito seguirán.

Al segundo año pasado después de la muerte de Roy y Ed, el sacerdote se disponía a dar una charla acerca de lo malo que era tener relaciones con los del mismo sexo, pero cuando entro al altar, diviso unas flores que eran muy singulares y de rara belleza; y su belleza lo turbo y su aroma fue dulce para su olfato. Y se sintió alegre sin saber porque.

La charla iba comenzar. Sin embargo las flores blancas lo turbaban y en lugar de hablar del odio hablo del amor, ¿Por qué lo hacia? Él no lo sabía.

Cuando termino su plática la gente lloraba de emoción. El sacerdote pregunto de donde habían salido esas flores, la gente le indico a Alphonse Elric. Se acerco el sacerdote a el y le pregunto donde había sacado esas flores. Este contesto:

-Vienen del final de los campos, en la tumba de Ed y Roy.

El sacerdote se estremeció.

Un ángel poso en mi ventana y me dijo: Siquiera la muerte pudo separarlos, aunque no fueron uno en cuerpo, fueron uno en corazón. El amor fue más que la sabiduría, y mas precioso que las riquezas. Al amor no lo consume el fuego, ni lo apaga el agua. El amor de esos dos fue tan fuerte, que ahora están juntos en la eternidad.

Ahora si que

FIN