Coleccionista de mariposas: Espinas malditas.

Seimei se ve tan complacido ya que la hinchazón desaparece, cuando lo único que queda en su piel es el nombre que le otorgó, las espinas que tan cuidadosamente talló.

Incluso con la rápida recuperación de los Fighter, su piel sigue sintiéndose demasiado tiesa; Soubi piensa que será una lástima cuando eso también desaparezca. La presión es casi tan dulce como el recuerdo de Seimei sentado sobre él, o la gentil presión de sus dedos limpiando la sangre.

Seimei gatea hasta donde él está sentado, moviendo sus brazos alrededor de él y recarga su barbilla contra su hombro, viendo al espejo. Soubi puede sentir la tensa línea del cuerpo de Seimei contra su espalda y se permite cerrar los ojos sólo un momento, tratando de imaginar cómo se sentiría si el sweater de Seimei no estuviera ahí.

- Mi Fighter. – Seimei suspira; Soubi siente sus labios contra su cuello, casi dejando un beso sobre las espinas. Cuando abre los ojos, Seimei lo está viendo (con los ojos medio abiertos) por el espejo, su sonrisa suave y pura como una noche de verano, mechones de su propio cabello mezclándose con el de Seimei y el corazón de Soubi parece aletear; la crisálida se ha abierto.

Soubi da una pequeña sonrisa y asiente.