STARTS WITH A SPIN

Comienza con un giro

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Escrito por:

Maxine

traducido por:

Perla

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Sumario: Todo comenzó con el giro de una botella; y ahora, Harry y Draco se han sumergido tanto en su propio juego, que no hay ninguna manera de salir de él. Excepto seguir jugando.

Clasificación: NC-17

Pareja: Harry/Draco

Género: Humor, Romance.

Advertencias: Slash, Situaciones sexuales, Lenguaje adulto. Escrito en el 2005, por lo que no toma en cuenta HBP.

Negación: Harry Potter no es mío… si lo fuera… bueno… Draco seguramente no sería para siempre el enemigo de Harry.

Enlace al fic original (en inglés): Visitar mi perfil (no dejen de visitar el sitio aunque no lean inglés, pues tiene mucho sexy fanart de la historia... lo recomiendo mucho!)

Nota de la Traductora:

¡Hola! Aquí estoy de nuevo, con otro intento de traducción. Ahora fue Maxine quien amablemente me ha dado su permiso de traducirle uno de sus fics más famosos, "Starts with a spin" (también muy conocido por sus siglas: SWAS).

Esta historia consta de 17 capítulos, es ligerita, divertida y muy sensual, y contiene escenas sexuales slash muy explícitas (cosa que me encanta, como se habrán dado cuenta, jeje…). Así que empezamos a girar la botella, espero que les guste.

Un millón de gracias a la beta que me ayudó a mejorar mi estilo de traducción y que me brindó consejos y sugerencias para pulir mi redacción sin esperar nada a cambio. Me refiero a mi preciosa Allalabeth, una de las jovencitas más cultas e inteligentes que he tenido el placer de conocer en la red ^^ ¡Gracias!

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Capítulo 1

Harry no estaba muy seguro de cómo había comenzado eso. Bueno, pensándolo bien, sabía cómo había comenzado, sólo que no estaba seguro porqué había continuado o qué se había posesionado de sus compañeros para permitir que continuara.

El sexto año había empezado lento para Harry, y continuó su marcha aún con más lentitud. Todos estaban nerviosos y tensos debido a la guerra que se gestaba inevitable y cada vez más y más cerca. Voldemort no había salido a la superficie desde el incidente sucedido antes de las vacaciones de verano, ni siquiera en los sueños de Harry o a través de su cicatriz. Y como algo inesperado, ninguno de los Mortífagos capturados había escapado de Azkaban.

El mismo Harry había estado malhumorado desde su regreso a Hogwarts, lo cual era comprensible. La muerte de Sirius lo había golpeado duro, aún cuando sólo lo había conocido por un par de años. Había sido lo más cercano a una figura paterna que hubiera tenido nunca. El único otro mago que podía haber puesto en esa posición sería a Dumbledore, pero el sentimiento de traición que había sentido Harry al separarse de él el año anterior, difícilmente lo ayudaba a superar su sensación de pérdida.

De hecho, eso le había dado a Hermione la idea de dar la fiesta de las Casas Combinadas. Después de que Gryffindor había apabullado a Ravenclaw en el quidditch, con Harry como Buscador de nueva cuenta, la fiesta que habían hecho en Gryffindor había dejado a todos considerablemente relajados y contentos. Entonces, Hermione concluyó que una gran fiesta de alumnos de sexto grado ayudaría a cualquiera a relajarse.

Lo que había comenzado como una fiesta dónde todos estaban invitados (mientras fueran de Gryffindor, Ravenclaw o Hufflepuff) llegó pronto a los oídos de los Slytherins. Nadie dijo nada en contra, sólo porque se suponía que era una fiesta de Casas Combinadas, pero el desagrado era más que evidente.

Malfoy, encabezando al resto de su Casa, sólo respondió a eso con una sonrisa autosuficiente.

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Draco había sentido el efecto de los eventos del verano anterior tan fuertemente como cualquier otro, si no es que más. Su mundo entero casi se había desboronado por debajo de sus pies. Por primera vez en su vida, el apellido Malfoy era despreciado abiertamente; y nunca había pasado tanto tiempo lejos de su padre mientras estaba en casa. Sus sentimientos hacia todo ese asunto de la Luz y la Oscuridad no habían cambiado mucho. Seguía despreciando a los hijos de muggles y no estaba por recibirlos con los brazos abiertos; pero al mismo tiempo, empezaba a albergar un amargo resentimiento contra Voldemort, con una pasión sólo rivalizada por su aversión hacia Potter. Y todo porque el estúpido de Voldemort no había hecho nada ante la situación de su padre en prisión. Durante el verano, por lo menos las dos primeras semanas, Draco había esperado un intento de liberarlo. Y cuando no ocurrió, ni tampoco llegaron señales de que fuera a pasar más adelante, se había sentido impactado, herido y confundido.

Su madre no se estaba ocupando de nada mucho mejor de lo que Draco lo hacía. Aunque era su madre, su instinto maternal dejaba mucho que desear, y no ayudaba que los últimos cinco años Draco había pasado más tiempo fuera de casa que en ella. Su relación se había vuelto insulsa hasta la desesperación, y Narcissa había pasado la mayor parte del verano encerrada en su habitación, o vagando entre cenas y reuniones en un intento de sacar el apellido Malfoy del fango al que había caído.

A pesar de su confusión, las acciones de Draco con respecto a Potter y sus dos compinches no habían cambiado mucho. Las cosas habían continuado del mismo talante del cual habían sido los años anteriores, quizá aún volviéndose más intensas cuando los chicos descubrieron que pelear a puño limpio podía tener sus ventajas. Ver un rostro sangrante y tener la evidencia real de que estaban destruyendo algo, sólo añadía más leña al fuego.

Y cuando Draco escuchó de la fiesta de las Casas Combinadas, no estaba dispuesto a dejarla pasar.

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Poco tiempo después de que los Slytherins habían llegado, trayendo con ellos comentarios sobre lo aburrida que estaba la fiesta, las cosas empezaron a mejorar un poco.

Fue Pansy quien sugirió jugar a la botella. Aparentemente, las fiestas no estaban completas sin un poco de acción en ellas.

La misma acción que Harry seguía teniendo en su posición actual, todavía varias semanas después.

Todo había comenzado demasiado inocente. Seamus tuvo que besar a Susan Bones, Parvati besó a Blaise Zabini, Hermione besó a Terry Boot… Entonces, en algún momento del juego, Lavender giró la botella y ésta se detuvo ante Padma… y todos vacilaron.

-¿Qué se hace ahora? –preguntó Lavender, echándole un nervioso vistazo a Padma con el rabillo del ojo.

-Besa al chico que está a su derecha –sugirió Morag MacDougal. Lavender asintió y se estaba volteando hacia Dean cuando Pansy la detuvo.

-¡No! No... ¿dónde está lo divertido en eso? –dijo la chica de cabello negro, curveando sus labios en una sonrisa maliciosa. –Las reglas dicen que tienes que besar a quien sea que apunte la botella. No dijimos que se haría algo diferente si le tocaba a alguien del mismo sexo.

Lavender parpadeó y su boca formó una pequeña "o", mientras que las mejillas de Padma se coloreaban ligeramente. –Es-está bien, pues –dijo quedamente, y gateó la distancia que le restaba para alcanzar a la otra chica.

-Bueno, tengo que admitir que pensaba que protestarían un poco más –dijo Pansy, riendo levemente y arqueando una ceja.

-Bueno, soy una Gryffindor. ¿Qué no? –replicó Lavender airada. –Conocidos por ser valientes y todo eso. No se pueden negar a un simple beso.

-¡Touché! –sonrió Pansy con sinceridad. Sentado junto a ella, Draco se burló.

-Pansy, deja de trabar amistad con los Gryffindors –le murmuró, y ella le pegó en el hombro.

-Lárgate, Draco. Yo puedo ser tan amigable como quiera.

-Oye, eres un poco mandilón. ¿no? –bromeó Ron sin despegar sus ojos de las dos chicas que compartieron un nervioso besito en los labios antes de escurrirse de nuevo a sus lugares. –No puedo creer que permitas que una chica te hable así –dijo mientras se reía desdeñosamente.

-¡Por lo menos yo tengo una chica que me hable, comadreja! –le replicó, fijando sus fríos ojos grises en el pelirrojo.

-¡No empiecen! –dijo Hermione, antes de que Ron pudiera contestar. –No, no te atrevas. No quiero preocuparme por eso esta noche –junto a ella estaba Harry, quien clavó sus verdes y aburridos ojos en su amigo, tratando de suprimir una sonrisa divertida.

-¡Ja, hablando de ser mandilón! –sonrió Malfoy con presunción. La cabeza de Harry se giró con rapidez hacia él y lo miró con furia.

-¡Cierra la boca, Malfoy!

-De verdad, Draco, odio estar de acuerdo con Granger, pero tiene razón. ¡Esto apenas estaba empezando a ponerse interesante! –dijo Pansy haciendo un puchero. –Guárdate tu apasionada rivalidad para la clase de Pociones. ¿quieres? –Draco la observó incrédulo antes de aceptar un rápido beso de Hannah Abbot, ya que ésta había girado la botella y se había detenido frente a él. Harry intentó esconder de nuevo una sonrisa y Hermione suspiró.

-Gracias, Pansy –dijo suavemente. La Slytherin apretó sus labios.

-Ah, ocúpate de tus asuntos, Granger, que no estoy tratando de tejer ningún lazo –respondió Pansy con arrogancia, mientras se sacudía el cabello de la cara. Hermione arrugó ligeramente el entrecejo.

-De acuerdo –contestó sin alterar su voz. Harry abrió la boca para ofrecerle palabras de consuelo o algo por el estilo, pero no llegó a decirlas pues su atención fue requerida en el juego que hasta ese momento había estado ignorando.

-¡Harry! –lo estaba llamando Seamus, y por una fracción de segundo Harry estuvo espantado de estar a punto de ser besado por el chico irlandés. Seamus era abierta y notoriamente gay, y bien era cierto que Harry no tenía problemas con eso, pero realmente no quería ser besado por él. Sin mencionar lo que pasaría después. Quizá Seamus, posiblemente, trataría de alargar el beso más allá del tiempo adjudicado de dos segundos, y entonces la gente empezaría a rumorear y habría más historias falsas sobre Harry y el diario El Profeta se enteraría y...

-¡HARRY!

Harry parpadeó. –Sí, lo siento... ¿qué?

-La botella te está apuntando, compañero –dijo Seamus con un fuerte acento irlandés en su tono. Harry pestañeó de nuevo y posó desinteresadamente la mirada en la botella.

-Muy bien. ¿a quién debo besar? –aparte de una o dos tosecitas nerviosas, sólo el silencio le respondió. Desorientado, arrugó las cejas y se volteó hacia Hermione, quien también lucía un poco confundida. Al no encontrar ayuda ahí, se giró hacia Ron, quien estaba mirando al otro lado del círculo con horror. –Eh... –Harry siguió su mirada, y sus ojos encontraron a Malfoy. El chico rubio tenía sus labios curveados en una mueca de asco. Pestañeó una vez más, preguntándose a quién demonios tendría que besar que causaba ese efecto hasta en Malfoy...

Un momento.

Ensanchando los ojos, Harry regresó con rapidez su mirada a la de Malfoy, y se dio cuenta, para su enorme horror, que el asco de éste estaba directamente relacionado con él.

-Oh, no... de ninguna manera, de ninguna maldita manera voy a besar a Malfoy –dijo Harry, poniéndose a gatas y retrocediendo lentamente. -¡No pueden obligarme! –el silencio se mantuvo en el círculo hasta que Malfoy sonrió afectadamente y empezó a observarse las uñas con indiferencia.

-Vaya, vaya, vaya, Potter. Tan conocido por la valentía Gryffindor –levantó la vista para encontrarse con la de Harry, y su sonrisa presuntuosa se amplió. –Aterrorizado por un besito. Ni siquiera Brown tuvo miedo de besar a otra chica.

-No tengo problemas para besar a otro chico, Malfoy; sólo tengo problemas para besarte a ti –escupió Harry. Draco levantó las cejas.

-¡Oh, jo,jo!. ¿No tienes problemas en besar a un chico?. ¿Hay algo que no nos hayas dicho...?

-¡Eso no fue lo que quise decir!

-Creo que sí.

-¡No fue así!

-¡Chicos!. ¡No me interesa quién tiene problemas con qué, yo sólo quiero ver a alguien besarse! –los interrumpió Pansy, quien tenía un extraño brillo en su mirada.

Y ahí fue cuando Harry se dio cuenta de que algo no andaba bien con sus compañeros. Al voltear nerviosamente a su alrededor, percibió la misma mirada hambrienta en los ojos de muchas de las otras chicas, y en la de Seamus también, lo cual no importaba mucho. La mayoría de los otros chicos lucían simplemente interesados, contrario a Ron quien estaba indiscutiblemente asqueado.

-Uhg, qué asco; estoy de acuerdo con Harry. ¡No debería tener que besar a Malfoy! –exclamó arrugando la nariz. Harry asintió vigorosamente y volteó con Hermione en espera del mismo apoyo, sólo para descubrirla con apariencia pensativa.

-No, Ron, creo que Harry debe hacerlo –dijo ella en voz baja. Pansy le echó un vistazo mientras sonreía maliciosa. –Después de todo, Lavender y Padma lo hicieron. Es lo justo.

-¡Hermione! –exclamó Harry completamente escandalizado. Draco soltó una risita. -¡Cállate, Malfoy!

-Es sólo que encuentro muy divertido que estés tan asustado, Potter. Tal vez eso es lo que el Señor Oscuro debería de hacer. ¿eh? Amenazarte con joderte o algo parecido. ¡Te mandaría corriendo de regreso! –dijo muy engreído.

-¿Y tú por qué estás tan entusiasmado, Malfoy?. ¿Hay algo que no nos hayas dicho aún? –soltó Harry, encarando de nuevo a su némesis. Draco abrió la boca para replicar, se detuvo, hizo algún tipo de sonido de indignación, y al final logró hablar algo que tuviera sentido.

-¡Ya quisieras, Potter! –bueno, esa no fue la mejor de sus respuestas.

-Si no los veo besuquearse a ustedes dos en los próximos dos segundos... –empezó a decir amenazadoramente Pansy, al tiempo que sacaba su varita.

-¡Bueno, está bien! –aceptó finalmente Harry, entrecerrando furioso los ojos. –Ven aquí, Malfoy –Draco lo miró incrédulo.

-Vaya, creo que no. ¿Qué tal si vienes aquí?

-¡Tú eras el único entusiasmado por besarme, así que puedes mover tu perezoso trasero! –interiormente, Harry se avergonzó de que la discusión se convirtiera velozmente en una tontería de chiquillos de primer grado.

-No lo creo; Potter, yo no estaba entusiasmado por...

-¡Muy bien, se acabó! –Hermione se puso de pie y sacó su propia varita. De repente parecía muy intimidante, al cernirse sobre ellos con una expresión feroz en su rostro. Harry la miró con el ceño fruncido y de mala gana se arrastró al otro lado del círculo en dirección de Malfoy, preguntándose en qué momento había entrado en un universo alterno donde Slytherin y Gryffindor tenían fiestas juntos y Hermione quería que besara a Draco Malfoy.

-Yo sé que lo estás deseando, Potter –sonrió Draco presumido. Harry decidió no señalar el hecho de que sus mejillas estaban poniéndose de un tono rosa encendido.

-Malfoy, jódete –le dijo con voz cansada.

-Tú jódeme, Potter –fue la respuesta de Malfoy. Cuando entendió que era lo que había dicho, su sonrisa presuntuosa le abandonó enseguida el rostro, y ahora fue Harry el que sonrió.

-Te dije que tú sí querías hacerlo –le dijo Harry con los ojos brillantes, y entonces, levantó una mano, y agarrando la barbilla de Draco, se inclinó para adelante y colocó determinadamente su boca sobre la del otro chico.

Harry sólo había besado a otra persona antes de eso, y mientras que el desastre con Cho no había sido ciertamente la mejor experiencia de su vida, estaba complacido de seguir diciendo que había disfrutado muchísimo más aquel beso que el que estaba ocurriendo en ese preciso momento.

Duró menos de dos segundos, pero hasta eso fue demasiado tiempo para Harry. Se arrojó hacia atrás casi inmediatamente y se limpió la boca con el reverso de su manga, aunque era completamente innecesario ya que lo que acababa de compartir con Draco había sido más propiamente un apretón de bocas cerradas que un beso.

Draco hizo lo mismo, mientras sus mejillas se volvían de una tonalidad rosa oscuro que combinaba con el que Harry sentía ardiendo en las suyas.

-Bueno, esta ha sido la cosa más asquerosa que nunca había experimentado –dijo Draco después de un momento, rompiendo el ensordecedor silencio que había caído sobre ellos. Miró con desprecio a Harry, y el chico de ojos verdes los entrecerró en respuesta.

-No es mi culpa que seas patético besando.

-Vete a la mierda, Potter.

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Y así fue como empezó todo. En algún punto de la noche a las horas que siguieron a lo que habían llamado "El Beso", Pansy y Hermione decidieron que las fiestas de Casas Combinadas debían ser un evento semanal para permitir que aliviaran el estrés y les dieran a los estudiantes algo que esperar con ilusión. Nadie estaba seguro cómo las dos chicas habían logrado formar una insegura tregua, pero ambas estuvieron de acuerdo en que las fiestas continuarían.

Así que continuaron.

Cada sábado por la noche.

Y eso era lo que Harry no podía entender muy bien. Los juegos de la Botella cesaron, fueron remplazados por el siempre popular "Verdad o Reto", y las cosas fueron de mal en peor. Sus compañeros parecían determinados a verlo darse otro beso con Draco, y eso lo ponía más nervioso de lo que estaba dispuesto a admitir.

-Es por lo de la rivalidad entre ustedes –Hermione le había dicho una semana después de un reto particularmente molesto en el que Harry tuvo que besar a Draco por diez segundos sin parar. Por supuesto que eso sólo había significado que se habían sentado ahí, presionando sus bocas inmóviles una contra la otra por la cantidad de tiempo asignada, pero sin moverse. En ningún caso, eso le decía nada a Harry. ¿Qué tenía de excitante ver a dos rivales besuqueándose?

-Nada –le había contestado Ron cuando se lo preguntó. –Absolutamente nada. Es asqueroso.

-Es sexy –había rebatido Seamus, metiéndose en la conversación y contando que Hermione no había querido admitirlo delante de Harry. –Tú y Malfoy besuqueándose, son la cosa más ardiente que Hogwarts ha visto en años.

Harry no había estado de acuerdo.

Draco, por su parte, estaba listo para renunciar después de que Susan Bones, de entre toda la gente (¡una Hufflepuff, por todos los dioses!), les había indicado el reto de los diez segundos. Eso estaba dándole demasiado asco como para soportarlo. Sin embargo, cuando llegó el cuarto sábado de sus dichosas fiestecitas y él le dijo a Pansy que no iba a ir, a la chica casi le da un ataque. Espantado y más que a punto de turrón para volverse loco, Draco aceptó aparecerse una noche más.

Debió haber sabido que no era buena idea.

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Decididamente, Pansy lucía muy sospechosa esa noche, pensó Harry después de que los de sexto año se habían sentado en círculo y las primeras verdades habían sido dichas y los primeros retos cumplidos. Tenía que estar maquinando algo. Después de haberla visto mostrar sus realmente impresionantes senos a la muchedumbre, supo porqué.

Acomodándose la blusa y quitándose el cabello del rostro, Pansy miró agudamente a todo el grupo. –Ya me estaba preguntando cuándo íbamos a tener las agallas para empezar con retos más escabrosos –dijo astutamente, sonriéndole maquiavélica a su atenta audiencia. El cambio ocurrido fue casi palpable, como si algo hubiera encendido un botón y no hubiera vuelta atrás. Prácticamente, Harry podía sentirlo venir, y sin querer le lanzó una mirada nerviosa a Draco, sorprendiéndose un poco al descubrirlo apretando sus puños y en apariencia muy incómodo. -¡Potter! –llamó la voz de Pansy, y los ojos de Harry regresaron de golpe a la chica de cabello corto.

-Eh... ¿sí? –respondió, removiéndose ligeramente en su lugar. La sonrisa traviesa de Pansy se ensanchó.

-¿Verdad o reto?

Harry tragó. Realmente había una manera fácil de librarse de todas esas tonterías con Draco, pero con el tipo de información que Harry tenía sobre la Orden, la profecía y Voldemort en general, no podía correr el riesgo de ser cuestionado con preguntas perjudiciales. Quizá nadie tomaría ventaja de eso, pero hacía que Harry se pusiera nervioso de todas formas. No tenía idea de cuál era la excusa de Draco, pero él sólo tendría que hacerle frente. –Reto –seguramente tendría que besarlo de nuevo.

Si fuera posible, la sonrisa maliciosa de Pansy se hizo aún más grande, convirtiéndose en un gesto casi animal. Harry parpadeó, mirando de reojo a Hermione, y para su gran disgusto la descubrió tratando de morderse la lengua y con una sonrisa emocionada.

-Te reto –empezó Pansy, dándole una rápida mirada a Draco, -a besar a Draco –Harry gimió, arrugando la nariz de disgusto más que nada, y entonces Draco se giró y lo miró enfurecido. Pero Pansy levantó una mano. –Déjenme terminar –dijo, y continuó: -con un beso francés... y hasta que yo les diga alto.

Harry juró que sintió que su estómago se volteó al revés, y que sus ojos se abrieron como platos. Enfrente de él, Draco abrió tanto la boca que su mandíbula casi cae al piso, y le lanzó una mirada salvaje a la que se suponía era su amiga.

-¡Pansy! –dijo incrédulo y arrugando la frente. -¿Qué malditos demonios estás tratando de hacer? –Pansy le sonrió dulcemente y le dio palmaditas en su mano.

-Nada, querido Draco, sólo haciendo la tarde más entretenida –Draco continuó mirándola fijamente como si a ella le hubiera salido un brazo extra o algo así.

-Qué... pero, yo... Ayyy, tonterías. ¿tengo que hacerlo? –lloriqueó Harry, cuando por fin pudo hablar. Hermione le dio una terrorífica mirada.

-Sí, lo harás Harry.

-De eso se trata el reto, después de todo –exclamó Seamus muy contento.

-Vete al diablo, Finnigan –soltó Draco. Entonces le dirigió una dura y furiosa mirada a Harry. –Bueno, vamos entonces, Potter, terminemos con esto –Harry tragó nervioso, y asintió. Intentó no pensar en el hecho de que nunca había llegado a tanto ni siquiera con Cho.

Harry se arrastró a través del círculo y se sentó frente a Malfoy, mirando fijamente a la boca del muchacho. Los labios de éste estaban firmemente apretados, y tuvo miedo de que cuando tratara de cumplir con el reto, saliera con la lengua mordida. Despejando su cabeza, respiró profundamente y arremetió.

No empezó de ningún modo diferente a cualquiera de sus tres besos anteriores. De hecho, Harry comenzó a preguntarse si quizá podría sólo fingir que era un beso francés...

-Adelante, Potter. Recuerda, yo soy la que va a decirte cuando parar –la voz de Pansy irrumpió a través de sus pensamientos, y Harry contuvo un gruñido. Vagamente, se dio cuenta que tenía la mirada fija en la nariz de Draco, y entonces levantó los ojos para encontrarse con los del rubio que aún seguían abiertos.

Seguían abiertos, y sobresaltaron a Harry mucho más de lo que quería admitir. Pestañeó un par de veces y percibió aquel conocido tono rosado cubriendo la nariz que había estado mirando un momento antes. Y de repente, el beso cambió. Ya no eran sólo bocas presionándose duramente la una a la otra. Malfoy se había relajado un poco, oprimiendo más suave contra Harry, y éste decidió que tal vez era hora de continuar, así que, tentativamente, abrió su boca.

Un silencio de muerte reinaba en el cuarto, con la atención de todos embelesada en los dos chicos. Draco se retorció un poco, incómodo con todo eso, antes de sentir la lengua de Harry deslizándose por su labio inferior. Jadeando, se abrió sin querer, dándole camino libre al otro muchacho, y de repente, la lengua de Harry estaba en su boca, aplastando su propia lengua, buscando, examinando... y Draco apenas podía pensar. Sintió que sus mejillas ardían, que su cabeza le daba vueltas como si se estuviera mareando, y que estaba cayendo hacia atrás.

Casi inmediatamente, Harry decidió que usar la lengua cuando besas a alguien, era algo maravilloso. Por poco pudo lograr bloquear de su mente el recuerdo de quién era a quien estaba besando. Cuidadoso y tímido, empezó a explorar la boca de Draco, inclinándose hacia adelante y por encima del otro chico. Draco no ofreció ninguna resistencia, de hecho, parecía invitarlo a entrar más. Harry se mantuvo reclinándose sobre él, preguntándose distraídamente cómo era eso posible, cuando de repente Draco perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, y Harry se dio cuenta de que era posible porque él mismo estaba empujando al rubio. Con rapidez, llevó una mano hacia la cintura del muchacho y lo sostuvo firmemente rodeándolo con su brazo, mientras que con la otra mano se apoyaba en el suelo para no perder el equilibrio. Las manos de Draco se levantaron y se agarraron de los bíceps de Harry.

Sin pensarlo, el beso comenzó de nuevo. La boca de Harry chocaba contra la de Draco en un ritmo mucho más frenético. Sus lenguas se acariciaban la una a la otra salvajemente, retorciéndose y lamiéndose; y Harry pensó que jamás había sentido algo tan maravilloso como eso en su vida. Sintió una de las manos de Draco soltarlo y entonces, un brazo se enredó alrededor de su cuello, jalándolo aún más cerca. Sus rodillas empezaron a dolerle por la posición en que se encontraba sobre el rubio, pero se zambulló todavía más en el beso y Draco se arqueó contra él, emitiendo un gemido ahogado que vibró dentro de su boca.

Eso era demasiado bueno para ser verdad, y Harry se negaba a recordar que era Malfoy al que estaba besando, pero eso seguía siendo novedad para Harry y no había aprendido muy bien el arte de respirar por la nariz. Así que, tuvo que alejarse, jadeando y mirando con incredulidad; y su rival, con el cabello despeinado y los labios hinchados por el beso, también lo miraba fijamente, con una mezcla de conmoción y repugnancia.

-Bueno, se pasaron del tiempo –dijo una voz un tanto agitada, y los dos chicos dirigieron sus impactadas miradas hacia Pansy, quien estaba mordiéndose su labio inferior y soltando risitas. –Les he estado diciendo por los últimos cinco minutos que ya se detuvieran –eso no era realmente cierto, de hecho, había olvidado incluso que ella era la supuesta encargada de decirles cuando parar y los hubiera observado de buena gana besarse hasta la llegada del nuevo milenio. Pero nadie de los presentes parecía sentirse obligado a corregirla, mientras observaban sobrecogidos a la despeinada pareja.

Los rostros de Harry y Draco ya estaban volviéndose de un profundo color rojo cuando escucharon eso, y fue aún peor cuando se percataron que aún seguían aferrándose el uno al otro. Al mismo tiempo saltaron para separarse, y Harry enterró la cara entre sus manos cuando se sentó en su lugar dentro del círculo. Ron le dio palmaditas en su brazo comprensivamente.

-Asqueroso –murmuró Draco, limpiándose la boca con su manga, acción que se había hecho costumbre después de esos retos. –Lo disfrutaste. ¿verdad, Potter? –soltó, mirando furibundo a su contraparte.

-¡Ah, mira quién habla! –le gruñó Harry, recobrando su sano juicio. –Agarrándote de mí como si... te encantara.

-¡Me encantara!. ¿Qué...?. ¿Có-cómo llegaste a esa conclusión? –escupió Draco, antes de que regresara a ser el mismo de siempre y convirtiera su rostro en una expresión aburrida. –Si besarme te molesta tanto, Potter... ¿por qué continúas viniendo a estas reuniones? –le preguntó sarcástico.

Harry parpadeó. -¿Por qué lo haces tú?

-¿Por qué no lo haría? –se burló Draco. –Eso sería como si yo... como si estuviera demasiado asustado para volver o algo así. ¡O asustado de todo este asunto!. ¡Y no lo estoy! –Draco ignoró el bufido de Pansy y el hecho de que ese mismo día había estado dispuesto a perderse la fiesta. Pero su respuesta dio justo en las entrañas del problema entre ambos chicos.

-¿...No estás asustado...? –murmuró Harry, entrecerrando los ojos. –Pues. ¿sabes qué, Malfoy? –Harry se cruzó de brazos, levantó levemente su barbilla y miró determinantemente hacia el Slytherin. –Tampoco. Yo. Lo. Estoy.

Estaba hecho. Las cosas cambiaron otra vez, y las cartas estaban echadas. Como casi todo lo demás ocurrido entre los dos chicos, ese problema se reducía a una sola cosa.

Su orgullo.

El desafío estaba establecido. ¿Quién sería el primero en claudicar?

¿Quién sería el primero en no presentarse cuando las cosas fueran demasiado pesadas como para llevarse a cabo?