Historias de Hogwarts

Por Cris Snape

Disclaimer: Los personajes y lugares pertenecen a y sus asociados. No tengo ánimo de lucro al escribir estas historias, así que no me demandéis por violar los derechos de autor, por favor.

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Herpo el Loco

El precio de la inmortalidad

Desde muy niño, a Herpo le habían enseñado que el Bien y el Mal no existían como tales, que no eran más que un invento de los hombres para justificar su propia mediocridad y que lo único que importaba eran el Poder y el uso que se hacía de él. Por ese motivo, nunca había entendido por qué el resto de magos sentían tanto miedo hacia las mal llamadas Artes Oscuras. Herpo estaba convencido de que la magia sólo era magia, sin colores ni calificativos de ningún tipo, y por eso dedicó tantos años de su vida a encontrar una cura para la mortalidad.

Muchos brujos lo habían intentando antes que él. La alquimia era una práctica común en la Europa de la época y Herpo sabía que los ancestros de los primeros pueblos mágicos ya sabían de la existencia de la Piedra Filosofal y aspiraban a ser capaces de elaborarla. Él mismo lo intentó durante un tiempo, pero las pociones nunca fueron su especialidad y prefería experimentar con otras ramas de la magia.

Fue durante un sueño cuando tuvo aquella revelación. Los brujos sabían de la existencia del alma, de la vida y de la muerte. Sabían que cuando un hombre exhalaba su último suspiro, el alma impoluta avanzaba hasta el Más Allá y permanecía allí por toda la eternidad. O creían saberlo, porque Harpo tenía sus dudas. ¿Y si el alma no iba a ninguna parte? ¿Y si la muerte era el fin de todo y la eternidad sólo era un montón de oscura y deprimente Nada?

Herpo creía que la única posibilidad de Ser era permanecer vivo y sus sueños le mostraron el camino. Si no poseía un alma impoluta, ésta no podría ir a ninguna parte. Si su alma se dividía en trozos y en el peor de los casos uno de ellos fuera destruído, el resto harían que su cuerpo permaneciera ligado al mundo terrenal.

Durante años investigó, experimentó y jugó con los límites de la magia y la vida y la muerte. Sus camaradas brujos cada vez eran más críticos con él, hasta el extremo de obligarlo a huir, pero todo el sacrificio mereció la pena cuando logró crear el primer Horcrux de la historia de la magia.

Herpo jamás había sido tan feliz. Una vez descubierto el procedimiento, dividir su alma fue fácil. El saberse inmortal le llenó de una energía nunca antes conocida, pero esa sensación fue desapareciendo con el transcurso de los días y, cuando apenas se cumplía un mes desde que lograra su objetivo, Herpo lo sintió.

El dolor.

No era un dolor físico ni se asemejaba a ninguno que hubiera sentido antes. Ni siquiera la temible cruciatus podía igualarse a aquel horror que le sacudía desde dentro.

El dolor del alma.

Un alma que gritaba y le reprochaba sus acciones. Un alma rota que sangraba y gemía en mitad de una desesperación que llevaba a Herpo a acompañarla en sus llantos y lamentos. Un alma que sólo podía sentir desesperanza, que se sentía violada y maltratada como ningún alma lo había sido antes.

Herpo comprendió que no podría soportar ese dolor. Supo que el precio de la inmortalidad era demasiado alto y que él no estaba preparado para pagarlo. Ni siquiera le sorprendió que su mente se protegiera por medio de la locura porque no fue consciente de cuándo llegó, pero desde ese día y para siempre fue conocido como Herpo el Loco.

Próximo capítulo: Hesper Gamp.