Un día ventoso arrojaba fríos remolinos de viento sobre las caras de las dos parejas que caminaban por la calle, en un inusual paisaje caribeño. Caminaban de prisa, tomados de dos en dos de la mano, embozados en sendas capas. Llegaron a una pequeña herrería, casi escondida en una esquina y entraron agradeciendo el calor del lugar. Las ropas, tiradas con desorden por el lugar dieron paso a Carolin, Jack, Mary Ann y William.

Flash- recuerdo.

Tras la desaparición de Elizabeth, Jack se había dado por "separado" de su mujercita.

Los cuatro juntos se dirigieron hacia el barco y La guarida. Después de poner al día a las Hijas de la Ira sobre lo que había ocurrido y mientras el sol salía por el horizonte, algunos fueron a dormir, y otros… a bañarse.

Will decidió tomar un tranquilo baño caliente sobre la Perla. Tiró su ropa sobre el suelo del camarote de Jack y se introdujo en una placentera tina de agua caliente. El vapor llenaba la habitación, y el sudor corría por la piel del muchacho. De pronto Will oyó un ruido y se lanzó sobre la espada que había dejado, previsoramente, sobre una banqueta cercana. Los ruidos continuaron y Will tomando una toalla salió de la habitación con ella a la cintura y con la espada en la mano. Encontró a Mary Ann en la habitación que colocaba una camisa limpia y unos pantalones sobre la cama. Le miró algo azorada, el muchacho soltó la espada sobre una mesa cercana, Mary Ann se sonrojó un poco, pero sonriendo coquetamente, le dijo:

te dejo aquí la ropa…aunque no hace falta que te la pongas, así estás muy bien.- lejos de lo que la pirata hubiera esperado del tímido herrero, este sonrío pícaramente y la contestó:

tampoco hace falta que tú te vayas, aquí estás muy bien.- Después de eso ambos se acercaron un poco el uno al otro y Will, tomándola fuertemente de la cintura la besó con pasión, giró la cabeza intentando ahondar el beso, pero un gemido de dolor de ella hizo que se apartara.

¿te hice daño?.

El ojo.- dijo ella señalando la moradura que la había hecho Elizabeth por él.

Lo siento. Tendré más cuidado.- Volvió a acercarse a ella, volvió a besarla, con renovada pasión. Mary Ann movió sus manos del cuello a la espalda del chico, recorriéndola con sus largos dedos. De pronto, la toalla que rodeaba la cintura de Will cayó al suelo.

En la herrería, Will acarició con nostalgia los artilugios que había utilizado en un pasado para modelar los más bellos metales. Mary Ann se acercó a él, le abrazó por la ESPALDA y le besó levemente tras la oreja. Fue suficiente para que el herrero se recompusiera.

Bien Jack ¿cómo quieres la espada?.

No lo sé, lo dejo a tu imaginación. Pero… que tenga estilo.- Dijo él alzando la mano.

Nunca cambiarás.- susurró Carolin.

Por supuesto que no querida.

Creo que eso fue lo que me gustó de ti.

Flash- recuerdo

Dentro de La Guarida, Jack y Carolin se dirigieron hacia la misma habitación. Entraron juntos y cerraron la puerta. Jack se volvió y acarició la cara de la muchacha.

Tengo algo que decirte, Carolin, y no puedo esperar más, querida. Te amo, desde la primera vez que te vi, y no he soportado ni un solo minuto el tenerte lejos. Te amo, te necesito, te deseo.

Carolin sonrió. El pirata más canalla de todo el Caribe Español, ¡no! ¡rayos!, de tooodo el Caribe, se la estaba declarando. En cualquier otro momento, Carolin habría negado con la cabeza y habría huido. Había creído sus palabras durante unas horas de placer y después se abría olvidado del inolvidable Jack Sparrow, pero esta vez era diferente. El pirata tiró de su mentón haciendo que ella le observara. Dejando sus miradas apenas a unos milímetros. Entonces ella leyó sus ojos y pudo observar como era sincero. Sonrió abiertamente y se lanzó sobre su Jack.

Yo también te amo… te necesito… te deseo… te amo… te quiero…- repetía una y otra vez Carolin, mientras besaba toda la cara del pirata, y él reía a carcajadas. Tumbados sobre la cama, él uno sobre el otro.

Horas más tarde las cuatro figuras, de nuevo embozadas, salieron de la herrería, con varios bultos bajo las capas. Caminaron juntos atravesando la ciudad. Tras unos minutos llegaron al puerto: Las hijas les esperaban, habían decidido atracar con él en Port Royal, ya que era más discreto que La Perla.

Cuando el sol ya caía sobre la mar, se alejaron de la ciudad, perdiéndose en la infinidad del océano. Su siguiente destino… ¿quién sabe?.

FIN.

BUENO CHICOS, HA LLEGADO EL FINAL.

ACEPTO APLAUSOS TOMATAZOS Y LO QUE QUERAIS, PERO POR FAVOR, DECIDME QUE OS PARECIÓ. MUCHAS GRACIAS.

UN BESOTE

Aura.