Harry abrió la puerta y un delicioso aroma de tarta de queso le llegó hasta los pulmones. Oyó el gramófono de Ginny tocando la banda sonora de Amelie en la cocina, y solo tuvo que seguir a sus sentidos para llegar hasta su mujer, que se afanaba montando claras de huevo en un bol.

-Ya he llegado-informó Harry-¿qué es todo esto?-preguntó al ver la cocina, había tarta de queso con arándanos recién hecha, berenjenas rellenas de carne y tomate y gratinadas con queso, y una crema de color grisáceo que olía a setas y a limón.

-Estoy haciendo merengues-informó. Harry se acercó a ella y en vez de besarla en la boca, lo hizo en la nariz, de donde retiró una pizca de dulzaina con la que se había manchado Ginny.

-¿Para quién es toda esta comida?-Harry se arremangó y empezó a fregar los platos con diligencia-¡Menudo manjar!

-Para nosotros Y no friegues, ya lo haré yo más tarde-Harry se giró sorprendido para mirarla.

-¿Qué no friegue? ¿Usted señorita me está pidiendo que no friegue?

-Sí-dijo Ginny-Puedo hacerlo yo más tarde, o mañana.

-¿Quién eres y que has hecho con mi mujer?-preguntó Harry, Ginny siempre era muy clara con respecto a las tareas del hogar, los dos tenían que ayudar.

-Es que me aburro, Harry-Ginny dio una patada al suelo-Me aburro mucho, estoy todo el día aquí metida sin saber qué hacer. No debería haberme cogido la baja tan pronto.

-No. No señora-Harry la cogió por la cintura-tu trabajo era peligroso y el sanador te dijo que no debías seguir haciéndolo. Recuérdalo.

-Te he tejido unos calcetines

-¿Qué tú me has tejido unos calcetines?-preguntó asombrado y con sorna. Harry no era capaz de visualizar a Ginny haciendo calceta.

-No tenía nada que hacer. Aunque te advierto que son una porquería.

-Bueno, seguro que son estupendos-ella lo negó con la cabeza- es porque son los primeros que haces. Podrías intentar hacer baberitos, y patucos para nuestra pequeña. ¿Eh?-Ginny se encogió de hombros y Harry la besó en la frente y le acarició los hombros- Te he comprado un libro.

-¿Sí?-Harry asintió con la cabeza.

-Hemos ido a Hay-on-wey a visitar a un mago y justo en frente había una librería especializada en cine.

-¿Me has comprado un libro de cine?

-Sí. Pero solo uno. Porque he pensado que deberíamos ir juntos a visitar la ciudad. Es una ciudad librería, hay libros nuevos, de segunda mano, librerías especializadas… se lo diremos a Hermione también, le encantará. Es el paraíso de los amantes del papel.

-¿Podríamos ir este sábado?

-Este no puedo, a Ron le han regalado dos entradas para el partido de los Chudley contra las avispas y queremos ir a verlo. ¿Qué tal al siguiente?

-Vale. ¿Y de qué trata el libro?

-Es sobre las cien películas que hay que ver antes de diñarla. Te gustará. Está en la bolsa morada que hay en la entrada-Ginny dejó las claras de huevo y fue corriendo a por él, ojeándolo mientras entraba en la cocina (de manera que no pudo ver a Harry metiendo los dedos en las claras montadas)-le falta azúcar.

-Ya, ya lo sé. ¡Oh, esta quiero verla!

-Ginny-dijo Harry apoyándose con los codos en la repisa de la cocina-He pensando en ampliar la casa-Ginny levantó la cabeza de la lectura.

-¿Y eso?

-Hacer una sala de estudio. Una especie de biblioteca particular. Y así podría ordenar todos mis papeles.

-Creía que usabas Grimmauld Place como depósito de archivos.

-Sí. Pero hay informes que me tengo que traer a casa. ¡Ya has visto como está siempre la cómoda de nuestro dormitorio!

- ¿Y para cuándo quieres esa reforma?-Harry hizo un gesto con la cabeza que indicaba que para ya- ¿Ahora?

-Sí. ¿No?-dijo Harry-Antes de que nazca el bebé porque luego sería muy pesado para todos. Bueno, solo si te parece una buena idea.

-Como quieras, Harry. A mí me parece bien. ¡Y podríamos comprarnos un ordenativo!

-¿Qué?

-¡Sí, hombre!-dijo Ginny con alegría-Una de esas máquinas muggles que tienen como una pantalla y luego tienen como una máquina de escribir y…

-¿Un ordenador?-Ginny chasqueó los dedos dándole la razón a su marido.

-¡Sí eso! Oh, se me van a deshacer las claras, será mejor que las meta al horno. Pásame las almendras.

Cenaron en la cocina oyendo la radio, Ginny puso el profeta radio (las noticias), pero a los cinco minutos se había hartado de oír tantas sandeces y acabó poniendo los cuarenta magistrales.

-Fíjate-dijo Ginny después de que acabara una canción-Las brujas de Macbeth en la sección de clásicos. Nos hacemos viejos, Harry.

-Tienes veintiún años-informó

-Sí, pero luego tendré veintidós.

-Gracias por avisar.

-La semana que viene tengo cita con el sanador. Quiero que vengas porque es una revisión y además nos explicará algunos ejercicios que tenemos que hacer juntos.

-Nena, tú y yo ya hacemos bastante ejercicio-Harry levantó las cejas, Ginny puso los ojos en blanco.

-Son de preparatorio para el parto.

-Que sí. Ya lo sé.-dijo cansinamente Harry mientras se peleaba con un trozo de piel de berenjena-Luego dices que el aburrido soy yo. ¿Cuándo es?

-El martes. A las cuatro.

-Vale. ¿Te va a toquetear?-preguntó mirándola de soslayo. Harry sabía que un médico de mujeres tenía que mirar a las mujeres.

-No. Me va a auscultar. Es distinto.

-Ya. Pero no te va a toquetear delante de mí. ¿No?

-Es una revisión, Harry. Y es por mi salud-dijo dando un trago de agua.

-¡Si a mí tu salud me importa mucho! Pero no me gusta que te toque…

-Pues lo siento por ti.

-¿No te pones cachonda, verdad?-Ginny miró hacia otro lado pensando en lo tonto que podía llegar a ser y en cuanto lo quería ella a pesar de ello.

-Cuando veas lo incómodo de la situación, me dices si es posible ponerse a tono.

-Pues si yo te veo medio desnuda y espatarrada me pongo sea la situación que sea.

-Tú eres un cavernícola-se levantó de su asiento y le dio un beso en los labios-¿Vienes a ver una película de las que recomienda el libro?

-No. Me daré una ducha-dijo terminándose el postre-y después me iré a la cama. Estoy molido.

-Muy bien-Ginny quitó las cuatro cosas que había encima de la mesa y le dio otro beso a Harry.

-¿No vas a venir a dormir a la cama conmigo?-dijo como quien no quiere la cosa Harry.

-¿A dormir?-preguntó con rintintín Ginny-Con las cosas que se pueden hacer en una cama…

-¿Por ejemplo?

-Masajes en los pies-dijo acercándose a él y cogiéndolo por la cintura.

-No me apetece mucho, pero si quieres darme un masaje…-Ginny le pegó juguetonamente en el estómago.

-¡AY!. Me has matado, me has matado… muero-dijo dramáticamente, luego sonrió-Si quieres un masaje te doy un masaje-le dijo dándole un besazo-¡Cómo si quieres mil, mi reina!-le gritó mientras la cogía en brazos, con una Ginny pletórica de alegría.

-Ginny, levanta ese culo precioso que Dios te ha dado-le dijo Harry a la mañana siguiente mientras se lo mordía.

-¡Jo!-dijo ella-tengo sueño

-Dormilona. Ya son las diez-Harry le dio un beso en el hombro desnudo-He ido a ver a los de las reformas y los elfos vendrán mañana mismo.

-¿Mañana?

-Sí. Mañana. Por eso te despierto, tu madre está abajo para ayudarte a recoger nuestras cosas. Nos iremos unas semanas a la madriguera.

-Perfecto-dijo Ginny-así mi madre podrá controlar mi vida que es lo que más le gusta.

-Anda dúchate, que hueles a mí-dijo acariciándole la espalda con deleite.

-Dúchame tú-se oyó un grito tras la puerta

-¡Cómo no te levantes Ginevra Potter entraré yo misma y te obligaré!

-¿Qué te he dicho?-dijo Ginny, Harry se encogió de hombros-¿Me duchas o no?-dijo levantando la voz para que su madre lo oyera-Harry se aguantó la risa. La señora Weasley irrumpió en la habitación con los ojos tapados con una mano.

-¡Ya te ducharé yo, ya!-le gritó a la cómoda-¡Con un estropajo voy a lavarte!

-Puede abrir los ojos, señora Weasley-le dijo su yerno. Ginny ya estaba en el baño, Harry estaba abriendo la ventana y ya había perfumado la habitación para que las actividades de la noche anterior no fueran evidentes para su suegra.

Ginny salió preciosamente medio desnuda minutos después.

-¿Aún aquí, mamá?

-Eres una insolente.

-Anda, mami, baja a hacerme el desayuno-La señora Weasley refunfuñó pero dejó solos a los dos tortolitos-¿A qué hora te has ido esta mañana?

-A las cuatro-dijo Harry que se tumbaba en la cama.

-¿Tan pronto? ¿Por qué?

-Pues porque tenía una reunión.

-¿A esas horas?-Ginny parecía suspicaz

-Cambio de horario-dijo Harry bostezando, Ginny abrió la boca en un gesto de entendimiento. Le había dicho mil veces a Harry que como jefe él tenía el privilegio de convocar las reuniones y los meetings cuando a él le viniesen bien, pero él prefería hacerlo así, prefería fastidiarse él a incomodar a los demás. Ella se acercó y le dio un beso.

-Mira mi tripa-le dijo alegremente. Se quitó la toalla y le puso en frente a Harry una tripita con un pequeño bulto.

-¡Oye!-dijo pasándole el dedo índice por la suave piel-Ahora está al revés-Harry la atrajo hacia la cama y la dejó de rodillas sobre el colchón, mientras le besaba el ombligo-antes tenías la tripa hacia dentro y ahora está hacía fuera-Harry empezó a frotar su nariz contra la carne de ella y antes de que Ginny se diera cuenta Harry tenía la cara metida entre sus piernas.

-Harry-lo detuvo-Ahora no. No me hagas esto-Ginny se mordió el labio cuando vio la mirada de deseo de él tratando de contenerse.

-Seré muy rápido-le dijo mientras la tumbaba.

-Harry…-ya era tarde.

-¡Qué olor tan bueno!-dijo Harry en la cocina-¿Todo eso es para Ginny?

-Tú también puedes picar-le dijo con cariño la señora Weasley mientras él le robaba a Ginny una tostada de su plato que su suegra no tardó en reponer-Ella necesita comer mucho, tiene que comer por dos.

-Claro-dijo Harry pensando con el estómago.

-¡Qué tardona es esta niña!-gritó la señora Weasley en dirección a la puerta de la cocina

-Se está volviendo a duchar-informó Harry pinchando una salchicha.

-¿Otra vez?-Harry se encogió de hombros.

-Es que no le gustaba como se le había quedado el pelo-mintió descaradamente, pero su suegra quedó convencida.

Ginny devoró toda la comida que su madre le había preparado excepto las salchichas (le daba asco el olor desde que se había quedado embarazada) Se sentaron un rato para debatir las cosas que necesitarían estas dos semanas, y Ginny sugirió, que quizás fuese mejor pasar las dos semanas en casa de Ron y Hermione, más cerca de su hogar. La señora Weasley se negó en rotundo.

Ginny empaquetó al menos quince pares de calzoncillos para Harry ante las protestas de su madre, quien decía, que podía lavarle los calzoncillos a Harry por las mañanas sin necesidad de que su hija se llevara todo el armario de ropa interior. Ginny ignoró a su madre, y para fastidiarla, cogió para ella misma al menos veinte pares de bragas y ocho sujetadores. Harry se mantuvo al margen, él solo cogía las cosas que Ginny le ordenaba y las metía meticulosamente dentro del baúl. Solo discutió con Ginny cuando ésta se empeñó en llevarse el proyector de películas y el gramófono; aunque por supuesto, siendo el idiota que era, Harry acabó cargándolo en el coche.

-¿No era negro?-preguntó la señora Weasley al ver el coche.

-Su marido y yo tuvimos que cambiarle el color a gris porque es más fácil volverlo invisible-Ginny pasó por su lado y le pellizcó el culo cariñosamente, Harry le sonrió.

-¿Nos vamos?-Harry tuvo que aterrizar en un campo porque la señora Weasley se había mareado, y Ginny y ella se cambiaron el sitio, en menos de cuarenta minutos habían llegado a la Madriguera.

Ginny y Harry bajaron del coche para ser recibidos por un sonriente Señor Weasley portando una pancarta mágica de bienvenida. Harry sonrió, estaba radiante al volver a tener, aunque fuera por un par de semanas, a su hija en casa.

-No quiero que hagas estas comidas tan copiosas cada día, mamá. Harry se pondrá como un tonel, y yo también.

-Tienes que comer por dos- le informó la señora Weasley sirviéndole a su hija un trozo de tarta de manzana que, pese a las protestas, se zampó a continuación-y Harry está tremendamente flacucho.

-Yo estoy muy bueno-informó Harry repitiendo tarta de manzana, Ginny le puso mala cara-¿O no?

-Sigue comiendo así y verás.

-Si me pongo gordo… ¿me dejarás?-dijo Harry después de tragar y con las cejas levantadas, Ginny sacudió su mano despreocupadamente.

-No-negó Ginny, Harry levantó los brazos hacia su suegra en un gesto de triunfo y ella le guiñó el ojo-Mientras seas rico-Harry se giró para mirarla con un brillo extraño en los ojos.

-Entonces… ¿Sólo me quieres por mi dinero?

-Por supuesto-dijo Ginny sirviéndose un poco de infusión.

-¡Ginny!-la reprobó su madre.

-No se preocupe, señora Weasley, yo sólo quiero a su hija porque está muy buena.

-¿Ah sí?-preguntó Ginny con media sonrisa

-Claro. ¿Qué creías?

-Que era por mi inteligencia y por mi simpatía-se mofó Ginny

-¡Eres muy inteligente y muy simpática!-dijo Harry-Pero hay otras que también son inteligentes y simpáticas. Sin embargo….-Ginny levantó las cejas- culos tan estupendos como el tuyo, nena… se ven pocos-la señora Weasley lanzó un alarido, su marido levantó la cabeza de su té, y le pegó a Harry en el cogote.

-¿Sabes?-le dijo Ginny-No voy a estar toda la vida buena, envejeceré. Y si te buscas a otra cuando eso pase, te juro que me divorciaré y te quitaré todo el dinero.

-En ese caso, supongo que tendremos que aguantarnos el resto de nuestras vidas.

-Sí, eso creo.

-¡Oh, por favor!-dijo la señora Weasley, Harry se levantó sonriente de su silla e inclinándose sobre la mesa le dio un beso a su sonriente mujer. El señor Weasley sonreía.

-Me tengo que ir-dijo Harry levantándose con energía de la mesa-¿Viene, señor Weasley?

-No, hijo. Tengo turno de noche.

-Vaya, lo siento-dijo poniéndose la capa- Bueno, me voy, nena-dijo dándole un beso a Ginny.

-¿No vas muy abrigado? Hace calor.

-Tengo una reunión con el ministro. Quiere proponerme algo. No vendré tarde, ¿vale?-Ginny asintió mientras lo cogía de la pechera y le daba otro beso.

-No te quiero porque seas rico-le dijo mimosamente en voz baja para que nadie pudiera oírlos. Harry le pellizcó el culo.

-Ya lo sé-sonrió-Pero sigue gustándome tu culo por encima de todo-Ginny sonrió, escondió la cara y Harry le cogió la barbilla levantándole la cara para darle un beso-Te quiero-le dijo ya mientras salía por la puerta.-¡Hasta luego!-gritó.

-Voy a echarme una siesta, estoy cansada. Luego ordenaré nuestras cosas. ¿Vale?-la señora Weasley siguió recogiendo la mesa, y el señor Weasley le puso la mejilla a su hija lista para un beso, que ella le dio.

-Que descanses, guapa.

Harry no tardó ni una hora en volver, y cuando lo hizo supo por su suegra (el señor Weasley estaba descansando para la noche) que había salido a pasear con Hermione.

Salió a buscarlas con un paraguas mágico (estaba lloviendo), y encontró a las dos irresponsables debajo de un viejo castaño buscando caracoles.

-Aún no han salido-gritó por encima del sonido del golpeteo de la lluvia en el paraguas y de las hojas agitándose por el viento-cuando pare la lluvia saldrán a montones, hasta entonces no.

-¡Ya se lo he dicho a Hermione!-le dijo Ginny mientras corría hacia él.

-Estás empapada-Ginny sacudió la cabeza como si no le importará-El agua está tibia y hace calor.

-Pero hace viento-le dijo él besándole los húmedos párpados-Y podrías acatarrarte. ¡Vamos, Hermione!

-¡Yo me voy a casa!-gritó agitando un pequeño saquito con caracoles, y con un sordo e imperceptible plop, desapareció.

-Adios-gritó Ginny-Creo que no me ha oído-musitó finalmente.

-Da igual. Vámonos-Harry le pasó el paraguas a Ginny y convocó el hechizo que una vez Dumbledore había empleado con él al salir de las frías aguas del océano, antes de entrar en la cueva de los inferi, para secarla.

-¿Qué quería el ministro?-le dijo Ginny devolviéndole el paraguas.

-Quería saber cuáles son mis intenciones para después del parto.

-¿Tiene miedo de que dejes la Orden?

-No. Quería saber si podría convencerte para que pasaras a formar parte de su gabinete-Ginny se detuvo en seco.

-¿Yo?-dijo sorprendida.

-Quiere que trabajes en el departamento de relaciones mágicas/muggles. Todo el mundo sabe que te gustan los muggles, y que sabes relacionarte con ellos.

-Hay magos que son hijos de muggles y que serían mejor para el puesto. Tú lo sabes-Harry se encogió de hombros--Quiere controlarte-dijo Ginny con asco-Quiere a una espía.

-Lo sé.

-Que se meta su oferta por…

-Es una buena oferta-dijo Harry seriamente-te gustan los muggles, eres agradable, simpática, sirves para comunicarte con la gente. Incluso a mi tía le gustaste desde el principio.

-No voy a traicionarte.

-No tienes por qué. Piénsalo. Si te presiona… lo dejas. Pero piénsalo, solo serían un par de horas al día, perfecto para nuestros hijos.

-¿Hijos, en plural?-preguntó Ginny con una sonrisa.

-Los que vengan-dijo Harry de igual manera-Y… y no sería peligroso, no como tu empleo en Gringotts.

-Me… me lo pensaré-Ginny había recibido dos ofertas de empleo, a cual más increíble. No se atrevió a decirle a Harry cuál era y de quién provenía la otra. Lo mejor era que se enterara por sus propios medios.

-Si sigues comiendo así, te vas a poner enorme-le dijo Ginny a Harry en cuanto entraron en la habitación. Su madre, les había preparado una súper cena con todos los platos favoritos de su hija, pan con tomate y jamón, patatas fritas con huevos, espárragos con ajitos y sal, pechugas empanadas, y brownies de chocolate y nueces.

-Es dieta mediterránea-contestó-no engorda.

-No todo-le contestó Ginny mientras se cepillaba el pelo. Harry se sentó en la cama y se quedó mirándola, ella le ignoró, salió de la habitación y puso rumbo al baño a donde Harry la siguió cual perrito faldero. Era la mujer más sexi del mundo, incluso haciendo pis con las bragas por las rodillas o con la boca llena de la espuma del dentífrico. Harry la cogió por detrás en cuanto cruzaron el umbral de la habitación, cerrando la puerta.

-¡Harry!

-Solo entrar en esta habitación ya me pone cachondo-dijo mordiéndole la oreja.

-A mí también me trae muchos recuerdos-dijo Ginny sonriendo, le veía la cara a Harry reflejada en el espejo.

-Fantásticos recuerdos-le susurró Harry.

-No eran tan fantásticos. Dejémoslos en pasables.

-¿Sólo pasables?-Ginny asintió-¿y qué pasa con las visitas a hurtadillas?-dijo mientras le cubría un pecho con la mano- ¿Los besos a escondidas?-le besó el cuello-¿Los gemidos acallados? –dijo poniéndole la mano sobre la boca y sofocando el leve gemido que sus besos en el cuello habían provocado-¿No era eso fantástico?

-No-dijo Ginny dándose la vuelta-Era genial-Besó a Harry y lo condujo a empujones hacia la cama.

-Apuesto a que puedo hacer que sea mejor-le contestó Harry con media sonrisa. Ginny soltó una carcajada y se tiró encima de él con un saltó.

Próximamente, un poco más. Lo siento mucho porque no tengo mucho tiempo, en verdad no tengo tiempo, porque cuando escribo es porque estoy gastando un tiempo para algo que me gusta (escribir fics) cuando debería estar estudiando o haciendo trabajos.