Notas de la autora:

Ohayou, Minna-San!

Aquí Kitsune haciendo un proyecto extremadamente raro, como resultado de una arcaica, insaciable y perturbadora decepción... es por eso que hago este fanfic sobre esta extraña pareja que me ha llamado la atención... todo sea para aplacar este vació en mi pecho.

Por cierto el título del fanfic es un fragmento de la canción "LIFE" de YUI con el que identifico a Hanabi... les recomiendo sus canciones, son muy encantadoras y la chica tiene un lindo color de voz.

Disclaimers:

Todos los personajes de Naruto no me pertenecen a mí sino a Kishimoto Masashi y son usados para mero entretenimiento, sin plena ganancia económica, comercial, etc.

Advertencia:

Este fanfic posee parejas que se podrían clasificar como raras, por lo que este es un Sasuke/Hanabi con menciones y apariciones de otras más que a pesar de no enlistarlas en este espacio determino que no me hago responsable de éstas... simplemente las pongo porque me gustan, así que no admito críticas con respecto a la elección de las parejas.

Referencias:

-- Diálogos

"" Pensamientos

KRecuerdos

Traducciones y aclaraciones (se encuentran al final del capítulo)

Yume wa kanaimashitaka

Capítulo 1

Miradas

El viento de la mañana soplaba con suavidad contra el alto pastizal que crecía salvajemente por la colina, desde ahí, podía verse el hermoso paisaje de la ciudad que se hallaba a los pies de quien se encontrara en ese mismo lugar. En una gran formación rocosa, impresionantemente enmarcaban los seis gigantes rostros de aquellos ninjas que se habían convertido en los mismos representantes de la prospera y poblada villa, y a pesar de la temprana hora podía distinguirse a los pobladores deambular para llevar a cabo sus tareas del día.

Al notar esto una joven postrada frente al usual escenario de Konoha suspiró desganadamente, con el cuerpo ligeramente adolorido por el cansado viaje se dirigió con fatigados pasos a su hogar. Su largo cabello castaño ondeaba por el camino dirigido, colocándose algunos mechones sobre su cara; por supuesto esto no le importaba en absoluto, ya desde muy pequeña se había acostumbrado a su rebelde cabello que siempre cubría parte de su rostro.

- No me apetece regresar aún... m- Entonó con cansancio. – pero seguramente Onee-San está esperándome. - Una imperceptible sonrisa se dibujó en sus labios y sus ojos albinos y sin rastro de color alguno se entrecerraron por los destellantes rayos de sol que la iluminaron repentinamente.

Hyûga Hanabi se detuvo para admirar el paisaje del amanecer, cubriéndose con una mano levantada a la altura de su frente para ayudarle a obtener una mejor visión del panorama. Había crecido, tanto exterior como interiormente y a sus 22 años, regresaba de la aldea de Kiri con el reciente título de Jounin en sus manos, convertida ya en una capacitada kunoichi de su Clan para enaltecer el ya de por sí enorme ego de éste.

- No pareciera que nada halla cambiado en mi ausencia. - Se dijo a sí misma inspeccionando la calle; después de haber pasado mes y medio en otra aldea esperaba unos cuantos cambios, intentando en vano encontrar un pequeño rastro de transformación en el cotidiano camino.

- Hanabi - Una voz se escuchó al otro extremo de la calle.

La Souke dirigió su vista a la procedencia de su nombre y al reconocer la figura de quién la llamaba con una cálida expresión se dirigió a ella con rapidez.

- Okaeri nasai

- Tadaima – Contestó la chica y enseguida hizo una improvisada inclinación. – Es bueno ver una cara conocida, Kurenai-Sensei.

- Opino lo mismo. - Respondió Kurenai al tiempo que colocaba su mano amigablemente sobre el hombro de la Hyûga de forma sincera.

No era de extrañarse ver a las dos mujeres entablar una conversación así, no era la primera vez que lo hacían puesto que Yuhi Kurenai se había convertido en la Sensei de Hanabi desde su ascensión a Genin, permaneciendo en su equipo desde sus 12 años hasta ahora.

- ¿Lo has conseguido, verdad? - Preguntó confiadamente la ex-sensei ahora cruzándose los brazos sobre su pecho.

Sin esperar más Hanabi sacó de su mochila un largo pergamino verdoso, ante la expresión aprobatoria de Kurenai, Hanabi sonrió con orgullo y ligera arrogancia por su cometido.

- Omedetō gozaimasu - Expresó con franqueza la morena.

Hanabi inclinó suavemente su cabeza como signo de agradecimiento.

- Debo ir a la oficina de Hokage-Sama, pero me dio gusto volver a encontrarnos.

- Comprendo, onegai, salúdame a Hinata de mi parte.

- Lo haré. - Y sin decir más Hanabi prosiguió su camino.

Hacía tres años en los que se había establecido que cualquier ascensión debía ser confirmada personalmente por el Kage mismo de Konoha por lo que cualquier ninja al llegar a la aldea debía como deber primordial dirigirse a su oficina para inspeccionar el documento y ser registrado, el cuál había causado un extenuante historial de los progresos de los ninjas de la aldea, como mera contabilización. A pesar de esto Hanabi reprochaba interiormente por una medida tan poco idónea para el cuidadoso registro, recordando que a los 13 años jamás había tenido que acudir a ser registrada como Chounin calificada.

No tardo mucho hasta llegar con una mujer que se movía de un lugar a otro llevando miles de papeles, archivos, rollos y pergaminos en estrepitosas pilas para lo que parecía archivarlas en su respectivo lugar. Hanabi carraspeó para llamar su atención, jamás había sido paciente en ese aspecto.

- ¿Tú eres Shizune-San? - Preguntó pues ya era muy bien conocido que Shizune-San era la mano derecha del Rokudaime de Konoha para cualquier asunto que debiera ser llevado hasta éste.

- Hai. ¿Qué se te ofrece? - Interrogó Shizune sin mirarla, concentrándose en cumplir lo mejor posible con su ardua labor.

- He venido para asentar mi promoción de Chounin a Jounin. - Explicó con los brazos cruzados por la ligera irritabilidad de la situación.

- Oh, tu nombre es... - Shizune apiló los expedientes para colocarlos en el estante correcto esperando que la chica respondiera.

- Hyûga Hanabi.

- ¿Podrías esperar unos cuantos segundos, Hanabi-San? Hokage-Sama está un poco ocupado ahora. - Expresó Shizune ahora clasificando los equipos por nivel, los cuales habían sido creados recientemente durante este año.

- De acuerdo. - Contestó de mala gana la chica sin que Shizune se diera cuenta de ello. Se sentó sobre un sillón rojo muye cercano al escritorio donde se encontraba la kunoichi que trabajaba y con gran paciencia esperó.

Pero los segundos se convirtieron en minutos que desesperaron a la Hyûga quien continuaba sentada en la misma posición.

Deseaba tomar un baño caliente, cambiarse las ropas, comer algo delicioso y sobre todo ver a sus seres queridos que seguramente la esperaban en casa, sí, por mucho que le costara trabajo aceptarlo debido a su orgullo en realidad deseaba volver a ver a su familia, había pasado meses desde que hubiera entablado alguna conversación con ellos ya que no sólo las pruebas realizadas en otra aldea la habían alejado sino que se había excluido del lugar para concentrarse mejor en sus numerosos entrenamientos con los que se preparaba para afrontar las pruebas de Jounin, por lo que nuevamente miró desdeñosamente en dirección a la puerta durante breves momentos, con la esperanza de que se abrirían en ese mismo momento.

Al no ocurrir nada bufó con el ceño fruncido.

Harta de lo ocurrido Hanabi se levantó decidida, Shizune se encontraba tan ocupada que no se dio cuenta que cómo la Hyûga se acercaba evidentemente para tomar el pomo de la puerta, pero inesperadamente ésta giró y al instante se abrió con rapidez dando a relucir la figura de un hombre que se detuvo repentinamente por la joven que obstruía el paso.

Fue en ese momento cuando por primera vez el furtivo blanco se encontró con el profundo negro.

Hanabi se quedó estática, se sentía extrañamente desconcertante al notar como los intensos y densos ojos negros del extraño se clavaban en ella, atravesándola punzadamente.

Dándose un tiempo para observarlo mejor, descubrió que tenía el cabello del mismo oscuro color y ligeramente desproporcionado que se levantaba extrañamente en la parte posterior de su cabeza, de estatura alta y con una ancha espalda, sus facciones aunque finas estaban acompañadas de masculinidad haciéndolo ver más apuesto que cualquier otro que hubiera visto antes, pero algo en él le parecía conocido lo que la confundió aún más.

- ¿Me permites? - Habló con voz ronca e impaciente por la detención de la chica haciéndola sacar de sus pensamientos.

Hanabi no dijo nada, permaneciendo extremadamente silenciosa, pero se hizo a un lado para permitirle pasar, aún observándolo con desconcierto por lo que el moreno reaccionó mirándola de soslayo con ligero escudrimiento, clavando por segunda ocasión sus azabaches ojos con la nacarada mirada de la joven, concibiendo esta vez que el tiempo se volviera pesado y densamente lento.

Tan sólo unos segundos bastaron para reconocer nuevamente el vació, la dolencia y el confinamiento que eran representados fielmente por aquel insustancial color.

Rápidamente el shinobi desvió su mirada.

La castaña lo observó con detenimiento marcharse del lugar hasta perderse, algo en él le parecía insólitamente familiar y eso la perturbaba desmedidamente, porque por alguna extraña razón su corazón seguía latiendo con fuerza.

- ¿Te has enamorado de él?

Rápidamente Hanabi enrojeció al escuchar una voz masculina muy cercana a su oído.

- ¡Por supuesto que no! - Sentenció la chica con el intenso color carmín que escapaba de sus mejillas dirigiéndose tenazmente al dueño de aquella exclamación.

Una risa estalló de la boca de Naruto que la miraba divertido.

- Eres igual que Hinata-Chan. - Explicó el rubio al notar la confusión de la chica que no dejaba de ruborizarse, aún deleitándose por la pronunciada irritabilidad reconociendo al instante el parentesco con su amiga. - Bueno... no tanto. - Aclaró al notar la mirada asesina que le era dirigida y como única reacción Naruto encaminó sus ojos en dirección al techo.

- Ella es Hyûga Hanabi, viene a que sea registrada su reciente ascensión. - Señaló Shizune con prontitud, entregándole al Uzumaki el expediente que correspondía a la aludida para después dirigirse a ella. – Onegai, muéstrale a Hokage-Sama el documento que lo avala.

Hanabi hizo lo pedido y Naruto caminó en dirección a su oficina, leyendo detenidamente el contenido del pergamino con semblante serio.

- Pasa y toma asiento. - Dijo Naruto aún concentrado en el rollo.

Hanabi volvió a sentarse, ya más serena y relajada al darse cuenta que muy pronto podría irse y regresar a la mansión. Le parecía increíble el hecho de ver a un ninja tan joven tomar una altísima posición como era la de ser Hokage de la aldea. No usaba la banda de Konoha dejando que su rubio cabello se levantara completamente; a excepción de un par de mechones que caían ocultando sus orejas, pero llevaba un traje especialmente llamativo, con una camiseta negra ajustada, sin mangas y un alto cuello amplio; un pantalón rojo ligeramente abonbachado a la altura de las espinillas que eran cubiertas por un par de vendajes sujetas a éstas y a sus antebrazos, las tradicionales sandalias ninja oscuras y una prenda larga naranja alrededor de su cintura que caía hasta la altura de sus rodillas y se abría en la parte delantera para permitirle a su dueño caminar con facilidad, sujeto por un cinturón café. Lucía sumamente extrovertido y hasta exótico con sus bigotes matizados en sus mejillas, más si contaba que su apariencia risueña y relajaba no aparentaba la enorme maestría que poseía.

- Así que Jounin... - Sonrió Naruto bajando el pergamino de su cara. – Me parece interesante el resultado de tus pruebas. ¿Has pensado a qué deseas dedicarte?

Hanabi parpadeó, ahora que lo pensaba jamás había deliberado en ello desde hacía muchos años, porque su único deseo había sido el de convertirse en Soke del Clan, ahora que su hermana había sido totalmente declarada como futura heredera de la familia había perdido todo interés que pudiera darle otro tipo de reconocimiento.

- Iie, en realidad no me siento interesa por algo más.

- ¿De verdad? Que desilusión, porque aquí dice que fuiste una de los cuatro ninjas en aprobar los exámenes de Jounin de todos los participantes de las distintas aldeas.

La Hyûga asintió en silencio, esperado pacientemente que el Rokudaime dejara de interrogarla, pero entonces una palabra llamó su atención.

- ¿No has pensado convertirte en... Anbu?

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El mediodía se hizo presente en la aldea, y debido al calor acumulándose un pequeño de 5 años, con ingenuos ojos níveos permanecía completamente recostado sobre el fresco piso de la entrada, entreteniéndose con tan sólo mirar el sombrío techo, al escuchar cómo la puerta se abría su carita infantil se levantó para observar con detenimiento a la chica que se acercaba a él reconociéndola al instante.

- ¡OKAERI, HANABI-NEESAN! - Gritó el pequeño levantándose con rapidez dando pequeños brinquitos.

- Seimei... ya te he dicho que debes llamarme Oba-San. - Amonestó cansadamente Hanabi después de que debía repetir la misma frase al pequeño.

- No quiero. - Contestó el joven Hyûga abrazándose a la chica que se había sentado para quitarse las sandalias, rodeándola con sus delgados brazos y piernas para sostenerse mejor, trepándose como si de un pequeño mono se tratara.

Hanabi se paró resignada a llevar a Seimei sobre ella, a pesar de su corta edad ya poseía su cabello violáceo ligeramente largo que producía sutiles cosquilleos en la mejilla de Hanabi, con sus pequeñas manos sobre la cabeza castaña y su rostro risueño pegado al suyo.

- ¿Dónde está Ojii-San?

- Todos están en el salón principal, hemos estado esperándote desde hace dos horas. ¿Por qué tardaste tanto en llegar?

Enseguida Hanabi sonrió abiertamente.

- ¿No vas a contestarme, Hanabi-Neesan?

- Por ahora no. - Declaró la chica al llegar a su destino, bajó a Seimei con cuidado alejándolo de la entrada y se inclinó frente a la puerta.

No fue necesario decir algo, porque enseguida una masculina voz ronca se escuchó desde el interior de la habitación.

- Adelante.

Hanabi corrió la puerta y se inclinó de forma respetuosa ante los presente, se acercó a ellos y se sentó afablemente. Frente a ella se encontraba Hiashi, con la misma expresión seria y cruda perfectamente sentado en el centro del salón, Hinata que se hallaba a la izquierda de su padre sirviendo el té con gran delicadeza y finura, y por último Neji a la derecha de Hiashi, imitando la misma posición conservando su semblante sereno e imperturbable.

- Okaeri nasai, Imotô-San. - Habló una sonriente Hinata, con el largo cabello suelto en su espalda y vistiendo un precioso kimono de seda color bermellón.

- Okaeri nasai, Hanabi-Sama. - Repitió Neji con el mismo semblante, poseía una yukata de un apagado color verde, con el extenso cabello cobrizo suelto y perfectamente cortado horizontalmente en las puntas, mostrando en su elevada frente el sello característico de los integrantes del Bouke.

- Tadaima Modorimashita. - Dijo Hanabi con una ligera sonrisa, correspondiendo a los corteses saludos de sus parientes, sin perder más tiempo sacó de su regazo el rollo y lo levantó en dirección a Hiashi, a su vez inclinando su cabeza con todo respeto.

Hiashi lo tomó y una ligera sonrisa se dibujo en su grave y veterano rostro.

- Omedetō gozaimasu - Expresó con todo orgullo y regocijo.

Al mirar la escena Hanabi amplió su sonrisa, ésto era precisamente lo que tanto había extrañado, la calidez reposante de su familia, tan pocas y lejanas palabras que tan profundamente tenían un significado oculto de afecto compartido. No se trataba de una exuberante y exagerada hilaridad que podría incluso serle repulsiva y extremadamente abrumadora, sino por el contrario, era suave, tenue y tibia. Para Hanabi esa era la verdadera vehemencia y solidez de su Clan.

- Antes de retirarme, quisiera hablar seriamente sobre mi futuro. - Entabló Hanabi ahora con más gravedad.

Hiashi dio un movimiento a su cabeza indicándole que la escuchaba.

- He decidido convertirme en miembro de los Anbu. - Dijo de golpe, sin ninguna sutileza o suavidad, ya desde los 17 años había perdido por completo tal hábito.

Hiashi permaneció en silencio, como si estuviera analizando la situación, pero Neji tomó la palabra.

- Las pruebas se llevarán a cabo dentro de una semana ¿estarás lista para ese tiempo, Hanabi-Sama? - Preguntó el Bouke con un extraño brillo en sus ojos plateados y una ligera ansiedad en sus jóvenes facciones.

- Antes que nada debes preocuparte para que se restablezca tu cuerpo. Imotô-San, tus heridas no sanaran en tan sólo siete días. – Interrumpió Hinata con el semblante preocupado e inquieto.

- Ya lo he decidido y no habrá ningún argumento que me convenza de lo contrario.

- ¿Cuál fue el propósito por el cuál has tomado esta importante decisión? - Interrogó el jefe de la familia, estudiando interiormente cada palabra que era dicha por los presentes.

- Hace ya más de 10 años que perdí mi sueño... –Susurró Hanabi con la misma expresión tranquila, pero muy profundamente sus ojos condensaban una recóndita pesadumbre y decepción.

Hinata suavizó su cara al comprender las palabras de su hermana, había sido ella quien se había llevado su valioso y único anhelo, lo cual Hanabi había reconocido con considerable aprobación.

- Lo único que me queda... es volverme más fuerte. - Hanabi sonrió tenazmente.

- ¿Estás completamente segura de lo que ésto es lo que quieres realmente?

- Por supuesto.

Hiashi observó por última vez a Hanabi, sabía perfectamente la determinación que podía llegar a sobresalir su hija menor y reconocía sus extensas capacidades por lo que suspiró vagamente. Tomó la taza cercana a él y comenzó a beber el delicioso y refrescante té verde para meditar rápidamente y tomar una decisión, sorbió discretamente y alejó la humeante taza de sus labios.

- De acuerdo. - Sentenció Hiashi con toda tranquilidad.

Como reacción Neji cerró sus ojos con resignación y Hinata juntó sus manos en dirección a su pecho con ansiedad, pero Hanabi sólo se inclinó en forma de agradecimiento y se levantó de su lugar para tomar un delicioso y relajante baño de agua caliente.

Pronto inesperadamente una imagen se coló en su cabeza, la imagen de un chico con el intenso color apagado de su cabello, la seriedad de sus facciones masculinas y la sobriedad de sus ojos sombríos y turbios de pupilas azabaches que la taladraban interiormente. El recuerdo del moreno la hizo temblar inconscientemente y agitó su cabeza para intentar olvidarse de él.

No sabía por qué, pero al verlo había reaccionado de forma que calificaba extraña, por primera vez se había paralizado frente a un extraño que nada tenía que ver con ella, tan sólo se había dejado llevar por esos hondos ojos que la miraban como si tuvieran el poder de desnudarla ahí mismo. Su mirada carecía de brillo y aunque el shinobi parecía tan sólo unos cuantos años mayor que ella éste delataba una enrome madurez y conocimiento experimentado muy superior al de ella.

- Me pregunto quién será.

Fin del capítulo

Yume wa kanaimashitaka: ¿Tú sueño se volvió realidad?

Kiri: Nombre por el que se conoce la villa oculta del País del Agua

Kunoichi: Mujer ninja

Okaeri Nasai: Es una expresión de "Bienvenido a casa" dicha de manera muy formal y educada.

Tadaima: Es una expresión de "Estoy en casa" dicha de manera coloquial e informal.

Omedetō gozaimasu: Felicidades

Soke: Heredero legítimo

Rokudaime: Sexto

Okaeri: Expresión de "Bienvenido a casa" dicha de manera coloquial e informal.

Oba-San: Tía, entiéndase que es muy diferente el Oba-San que el Obaa-San (Abuela).

Ojii-San: Abuelo

Imotô-San: Hermana menor

Tadaima modorimashita: Expresión de "Estoy en casa" dicha de manera muy formal y educada.

Notas finales de la Autora:

Ok, estoy preparada para las críticas, pero antes que nada quiero decirles que aunque para muchos ésta sea una Hanabi extraña, deben entender que ya tiene 22 años, por lo que la manejo como una chica (ni tan chica) madura y ligeramente seria, aunque de por sí ya era seria de pequeña.

Ahora sí, clávenme estacas...