ENTRE NINFAS Y HUMANOS

Capítulo 5: El paso de las lágrimas

Céfiro, inundado de lágrimas.  Céfiro, que trataba de gritar que el odio debía acabar, pero su voz era tan leve por el nudo en la garganta que tenía, que sólo podía susurrar pidiendo ayuda.

Diez años habían pasado desde la última vez que había sido escuchado, pero de repente dos amantes prohibidos escucharon su suspirar, y al morir, abrieron los oídos de la inocencia, y niños escucharon su llamado.  Unidos por el dolor de las lágrimas, trataron de ignorar sus costumbres, todo lo que les habían enseñado para salvar a sus seres queridos.

No era fácil. El odio tenía raíces profundas, y envenenaban sus almas con la duda.

Pero entre las plantas y los seres místicos crecía la esperanza como una hierba luego de la lluvia. Para quien estuviera dispuesto a escuchar, sabría sobre los pequeños que trataban de ir contra la corriente del odio.  Cinco estíos habían pasado, y seguían escuchando risas y alegría.

Y Céfiro se permitió pensar que tal vez.....

Recemos todos junto a él por el tal vez.

~*~*~*~*~*~*~*~

Era un día calmado, con el viento soplando por entre los árboles, llevando el murmullo de los animales y de las aves por todo el lugar. A través de los árboles pasaba una suave luz. En verdad era un día tranquilo, y por lo mismo, casi extraño. Durante más de cinco primaveras, en Céfiro no había existido la paz. Las tormentas eran cada vez más frecuentes, y los truenos solían rasgar el cielo, como un asesino incierto.

Alcyone caminó rápidamente entre los árboles, buscando el claro donde solía descansar, y donde estaba la pequeña cascada. Ciertamente, tenía motivos para suplicar unos momentos de paz y del tan deseado descanso.  Al recordar todo esto, no pudo evitar que un leve quejido surgiera. Nuevamente apartó su cabello de su rostro, sintiendo el lodo secarse, y haciendo pesada toda su ropa.

Ese..... ¡ese elfo! ¡¿Cómo se había atrevido a tirarla al lodo?! ¡Había sido él quien la había levantado 'para cruzar el charco' y cuando ella le había dicho que la soltara.... ¡no se había referido a que la tirara en medio del barro!!

¡Siren era un idiota!

Cinco primaveras soportándolo. ¡Cinco! Y lo peor, era que todas las niñas –aunque probablemente ya no podía decirles así- ya confiaban en él. ¡¡Hasta Nova y Fuu!! Era odioso ver como esas niñas –las únicas que probablemente lo superaban en poder- se le acercaban y se reían con él! No que el señor 'Soy más frío que el hielo' se riera.  Sólo hacia comentarios sarcásticos que podían rivalizar contra los de Nova, y emitía esa horrible mueca que nunca podría ser llamada sonrisa.

¡Maldito fuera él!

Dio un suspiro de alivio al escuchar el suave murmullo de la cascada. Ya estaba cerca. Lo único que haría sería darse un baño, tratar de relajarse, y olvidar por una hora que alguien como Siren existía.

Porque en verdad era injusto que alguien como él tuviera que estar todo el tiempo cerca de ella. ¿Qué crimen había hecho para merecer ese castigo?

Siguió caminando, pensando en la próxima agradable sensación del agua al correr contra su piel, limpiando las impurezas y probablemente su mal humor. Seguramente había hecho algo muy malo en una vida pasada –tal vez había sido humana- y por eso tenía que soportar a ese ego maniaco.

Porque Alcyone estaba segura que no habría nadie tan insoportable, sarcástico, inmaduro como Siren.

Nadie sería como él. Nadie podría.....

Se detuvo a las orillas del claro, su boca ligeramente abierta, sus ojos dilatados. Incluso sintió un leve calor en sus mejillas, indicando que de seguro estaría ruborizándose.

Nadie más que Siren tendría un cuerpo que los mismos dioses envidiarían. Nadie podía tener esa piel tan infinitamente pálida sin estar enfermo. Nadie tenía el cabello tan oscuro como la noche, y ciertamente nadie tenía esos ojos miel que parecían un infierno cuando la miraban.

Se quedó inmóvil, viendo como el elfo dejaba que la cascada bañara su cuerpo, dándole una apariencia etérea con el halo del agua.  Sus pantalones se unían indecentemente a sus piernas, mostrando la esbelta figura que poseía.  Tenía los ojos cerrados, y el rostro elevado, como escuchando algo.

De repente, Siren abrió los ojos, y volteó a verla con una mirada de sinceridad inmensa. En un gesto que parecía de entrega  absoluta, estiró su mano hacia ella, invitándola, llamándola hacia él.

Durante un momento,  Alcyone consideró en ir con él.

Pero finalmente, como una gacela asustada, dio media vuelta y salió corriendo, el baño olvidado mientras el corazón le latía fuertemente contra el pecho.

~*~*~*~*~*~*~

Suave risa rodeó el manantial, risas de alguien que trataba de no estallar en alegres carcajadas. Ojos medianoche vieron a unos ojos negros casi con enojo, aunque era más bien fastidio.

-- "¡No es gracioso, Sohma!"

La hermosa ninfa volteó a ver a su mejor amiga, sus ojos de obsidiana brillando.

-- "No lo es para ti, Alcyone, querrás decir."

-- "¡Ese elfo me está volviendo loca! ¡Es insoportable! ¡Le está haciendo algo a mi cerebro!"

-- "Dices eso porque no sabes que te hace sentir, amiga."

Con un quejido de desesperación, la joven de cabellos negros se dejó caer en la cama de tréboles, sus cabellos negros esparciéndose a su alrededor. Suavemente, Sohma levantó la cabeza de la ninfa, y empezó a acariciar la larga y suave melena, tranquilizando con este movimiento a la ninfa. Habló luego de unos momentos en silencio, sonando como un ave herida.

-- "A mi no me molestaría.  Fue gracias a él que volviste a sonreír, luego de..... tu sabes. En verdad Alcyone, si tu lo quieres a él, o a alguien más..... hazlo, no te preocupes por mi."

La mirada azul de Alcyone se dirigió a Sohma, que seguía en su movimiento mecánico de acariciar la cascada de cabellos negros. Con un movimiento suave, atrapó la mano de su mejor amiga, y la apretó suavemente, en señal de consuelo. Había notado como los ojos de la morena se veían sospechosamente acuosos, y lo último que quería era hacerla llorar. Con cuidado se levantó un poco, hasta que presionó dulcemente sus labios contra los de la joven en cariño fraternal. Luego, vio directo a los ojos gris oscuro, sonriéndole tiernamente.

-- "Tampoco me importaría a mi, Sohma."

Ella no respondió, pero una mirada nostálgica y encariñada se prendió de las elegantes facciones de la ninfa morena. Alcyone sonrió casi pícaramente al ver a su amiga así.

-- "Pero en lugar de hablar de ese insoportable, mejor dime, Sohma, ¿cómo es ella?"

Un gracioso sonrojo cruzó por las mejillas cobrizas, y sonriendo levemente, Alcyone se volvió a recostar, esperando la respuesta de su amiga.

-- "Ella es....."

~*~*~*~*~*~*~*~

Con un demonio.... ¿¿Cómo había podido ser tan descuidada?? ¿¿Por qué, en nombre de todos los espíritus, no se había dado cuenta de que había esa trampa humana??

Con un quejido, Sohma trató de moverse, pero sabía que la sangre que escapaba de su pierna abierta sería un claro rastro que ni siquiera el humano más tonto podría fallar de encontrar. La trampa de metal y cuerdas casi le había destrozado la pierna, y ella –que usualmente se movía como pantera entre las sombras- se encontraba arrastrándose, tratando de llegar a algún riachuelo para buscar la ayuda de Umi.

Con un último quejido cayó al suelo, la pérdida de sangre –aun con la ayuda del vendaje que se había hecho- era demasiada, y su suave piel morena se iba palideciendo cada vez más.

Ayuda.....

Poco a poco, como un susurro, empezó a crecer un sonido que parecía de una cascada, pero inmensamente más triste. Un llanto etéreo rodeaba su ser, y todas las tristezas de su alma parecían desbordarse.

Más cerca, más cerca, estaba rodeándola..... dolor, desesperación, angustia, miedo, soledad..... ¿¿¿Cómo podía un solo llanto contener tantos matices de sentimientos???

Loca, se volvería loca de dolor y de angustia.

Más de repente, un dulce canto la cubrió, escondiendo el sonido a tristeza y dolor del gimoteo enloquecedor. Abrió los cansados ojos negros para encontrarse con la verdad de unos ojos índigo, que la miraban con ternura. Largo cabello de caoba caía alrededor de la celestial figura, y un hermoso gesto de preocupación emanaba de su rostro de alabastro.

-- "¿Te encuentras bien?"

No había forma por todos los dioses de Céfiro que esa hermosa criatura fuera un humano. Sohma sonrió, tratando de decir algo, antes de que se desmayara.

Despertó algunas horas después, y durante unos momentos tuvo miedo de abrir los ojos al creerse prisionera de los humanos, pero cuando lo hizo se encontró en una cueva, con su pierna vendada e incluso había algunas frutas cerca de ella. Podía sentir el olor a jazmines de la mujer que se había impregnado a su ropa.

Sonrió, mientras aplicaba algunas hierbas que estaban ahí cerca y que resultaban ser medicinales. No le diría a nadie sobre su extraña benefactora, pero ella iría todos los días hasta encontrarla nuevamente.

~*~*~*~*~*

-- "Tío Feu no tenía que ser tan duro en su entrenamiento..... ¡me va a doler todo el cuerpo por una semana!"

Ferio caminó hacia el bosque con las risas de Latis y Águila siguiéndolo. Era bien sabido por todos en el pueblo que su tío tenía por costumbre exigirle más a él, porque decía que probablemente un día él sería el líder de su comunidad, y que debía estar bien preparado para esa responsabilidad. Al joven de ojos dorados no le molestaba en lo absoluto, y estaba orgulloso de que su tío lo considerara lo suficientemente bueno para ser el líder, pero eso no evitaba que en esos momentos, con su orgulloso cuerpo adolorido en lugares que no había tenido ni idea existían, no evitaba que pensara unas cuantas cosas de su tío no muy cordiales y que ciertamente no repetiría en voz alta.

Casi siempre se llevaba bien con su tío. Era su única familia, y con los relatos que le decía le permitía conocer aunque fuera un poco de su familia, aquella que le había sido arrebatada. Feu decía que habían sido las ninfas. Ferio dudaba eso. Por alguna razón no podía llegar a pensar en las dulces criaturas del bosque que eran sus amigas –al menos Hikaru y Fuu- como asesinas, al menos no sin razón. Pero eso podía tener que ver con el hecho de que simplemente no podía imaginarse a la tranquila y gentil ninfa del viento como algo más que una semidiosa.

Al tropezar con una raíz de árbol, se dijo que lo mejor que podía hacer era dejar de soñar despierto, o iba a tener muchos problemas.  Y sería más conveniente dejar de pensar en la ninfa ojiverde, porque eso había probado ser la fuente de muchos de sus recientes heridas. ¿Cómo podía estar uno concentrado en el combate cuando se piensa si el rubio cabello en verdad sería tan suave, o si la piel sería tan sedosa, o si sus labios.....?

Se detuvo, sonrojado. No podía seguir pensando así, o un día de esos iba a hacer una estupidez del tamaño de Céfiro. Empezó a oir el trinar de aves, hasta que pudo distinguir algo que aunque igual de dulce, no pertenecía a ningún animal. Era una voz angelical, que se unía al susurro del viento y al murmullo del agua.

Hikaru sora to kumo no aida   
tooku habataku toritachi
                                                                            (Entre el cielo brillante y las nubes, los pájaros vuelan lejos)
Kireidatte omou kokoroga kirei nandane
                                                                            (El corazón que lo ve tan hermoso es lo que es hermoso)
Tatoeba kizutsuite namida koboresou
                                                                            (Por ejemplo, cuando estás herido y hay lágrimas en sus ojos)
Sonna toki hitorikiride
                                                                            (Cuando estás así, como si estuvieras sola)
Moshi hiza wo kakaete itara
                                                                            (Y estás sentada ahí, sosteniendo tus rodillas--)
Ashita nante mienai
                                                                            (No puedes ver el mañana)
Kowaresouna tokini sashinobete kureru
Yasashii te wa itsudatte
                                                                            (Cuando estás a punto de derrumbarte, una mano que se te ofrece 

                                                           siempre)

Kokoro goto tsutsunde kureru
                                                                            (te abrazará –incluso tu corazón--)
Atatakai umi de
                                                                            (En un océano de calor)
"Isshoni itemo nanimo dekinai kedo
                                                                            ("No puedo hacer nada si no estoy contigo)
 Namida fuku koto kurai sasete"

                                                           (Pero al menos déjame secar tus lágrimas")

Se acercó suavemente, la voz atrayéndolo casi como por magia, y cuando pudo ver, se encontró con una visión. Fuu estaba recostada en una rama, unas aves revoloteando cerca de ella, e incluso una pequeña posada en la mano de la ninfa. Las ropas elegantes de Fuu caían suavemente, haciendo una cascada que la hacían delicada, como una princesa.

Pensó en acercarse, pero seguramente ahuyentaría a la joven, y acabaría con el dulce canto que rodeaba. Por eso, se quedó escondido entre los arbustos, escuchando al celestial cántico que parecía hacerlo volar, y llevarlo a la eternidad en un gentil abrazo.

 
Taisetsuna kototachi minna  a
nata ga oshiete kureta
                                                                            (Todo lo que es importante me lo has enseñado)
Jibun wo shiawaseni dekirunoha 
jibun dato
                                                                            (Que soy la persona que puede hacerme feliz)
Sukeru umi to sazameku nami   
haneru youni odoru sakana
                                                                            (El océano claro y las ola que chocan, el pez bailarín que parece 
                                                                            saltar)
Sutekidatte omou kokoroga 
suteki nandane
                                                                            (El corazón que piensa que es maravilloso es lo que es maravilloso)
 
Nanimo iwanainoni anata egaono
Ushiro no kanashimi wo wakraru
                                                                            (No diré nada, pero tu entenderás la tristeza detrás de la sonrisa)
Kotoba janakute kokoroni
                                                                            (No en las palabras, pero para mi corazón)
Yasashii kaze ga fuku
                                                                            (Acaso la cálida brisa soplará)
"Hanaseru tokiga kitara sugusoba 
matterukara
                                                                            (Estaré esperando a tu lado para cuando puedas explicarlo)
 Namidano wake wo oshiete"
                                                                            (Así que dime la razón para tus lágrimas")
Taisetsuna kotowa minna   anataga 
oshiete kureta
                                                                            (Todo lo que es importante me lo has enseñado)
Jibun wo taisetsuni suru 
shiawase arutte
                                                                            (Que hay una felicidad llamada cuidando de mi misma)
Wataru kazeto yureru konoha  
utau youni saku hanatachi
                                                                            (El viento viajero y las hojas ondulantes, las flores floreciendo que 
                                                                            parecen cantar)
Sutekidatte omou kokoroga 
suteki nandane
                                                                            (El corazón que piensa que es maravilloso es lo que es maravilloso)
"Hikaru sora to kumo no aida   
tooku habataku toritachi
                                                                            ("Entre el cielo brillante y las nubes, las aves vuelan lejos)
 Kireidatte omou kokoroga kirei 
nanone"
                                                                            (El corazón que lo ve hermoso es lo que es hermoso")
Taisetsuna kotowa minna   
anata ga oshiete kureta
                                                                            (Todo lo que es importante me lo has enseñado)
Jibun wo taisetsuni dekirunowa 
jibun dato
                                                                 (Que soy la persona que puede hacerme 

                                                                 feliz)

Finalmente, cuando terminó la melodía, salió de su escondite, sonriendo. Nunca la había escuchado cantar, sólo murmurar tonadas alegres que le pedían sus amigas, y había quedado embelesado.  Ahora que la había escuchado por completo, lo único correcto que se venía a la mente era echarse al suelo y dar gracias a cualquier deidad existente por haberle permitido esa gracia. Afortunadamente él era ateo.

-- "¡Cantas muy bien, Fuu!"

La joven ninfa volteó a ver hacia donde estaba el joven. Estaba abajo del árbol, sonriéndole tranquilamente. Ella también le sonrió y dejando ir al ave, se sentó en la rama.

-- "¿Por qué no subes Ferio?"

Sonriendo, ágilmente trepó por las ramas, hasta situarse al lado de ella.

-- "¡Vaya! ¡Que buena vista!"

-- "Me encanta estar aquí."

-- "Te entiendo. Todo esto es precioso."

-- "Ferio... lamento tanto que nos hayamos conocido por la muerte de mi hermana. Me habría gustado que la conocieras."

-- "Si. Ojalá hubieses conocido a Zagato. Era como un hermano mayor para todos nosotros. "

Siguieron platicando calmadamente, riendo de vez en vez, comentando sobre todo y sobre nada, esos pequeños comentarios volviéndose importantes sólo por ser dichos entre ellos,  sintiéndose en paz y alegres, y ambos tratando de ignorar las mariposas en su pecho. Entonces, Ferio se recargó contra el tronco, suspirando calmado, con Fuu a su lado.

-- "Viendo esto tan calmado, dan ganas de tener alas y empezar a volar."

-- "Hay una manera de hacerlo."

-- "¿A que te refieres?"

Fuu bajó de un salto hasta el suelo, y entonces, estiró su mano hacia donde estaba Ferio, indicándole con un movimiento de cabeza que bajara al suelo. Él, sonriendo intrigado, bajó junto a Fuu, tomando su mano. Fuu le indicó que se sentara en el suelo, y luego, ella se sentó detrás de él, rodeándolo con sus brazos, Ferio descansando entre las piernas de Fuu.

Ferio tuvo que hacer su mejor esfuerzo para no sonrojarse, y se dedicó a observar lo distinto que parecía el arroyo y la cascada visto desde el día, en lugar de en la noche. Empezó a sentirse cansado, casi quedándose dormido, cuando escuchó la voz de Fuu en su oído.

-- "Deja que tu mente se relaje" murmuró suavemente. "Te enseñaré una magia que casi todos ignoran. Y no es magia real, es sólo..... vida" su voz era suave e hipnótica, y Ferio dejó que su suave voz lo rodeará. Sintió como si su mente y su cuerpo se separaran, y ahora su mente estuviera flotando en el viento.

-- "Deja a tu mente viajar. Siente la brisa en tu rostro, y deja que te lleve. Imagina que tu mente es una hoja en el viento, y mira a donde te llevará. No tienes peso... ni materia.... te has convertido en la brisa. Y te estás alejando de aquí... por encima del lago. Puedes sentir el frío contacto del agua mientras lo tocas levemente mientras pasas por ahí. Haces pequeñas ondas que viajan por la superficie antes de desaparecer. Ahora, viajas un poco más lejos. El agua está detrás de ti, y ahora te estás moviendo por los árboles. Las hojas de este bosque se mueven mientras tu viajas, y puedes escuchar su suave canto cuando las despiertas. Eres uno con los árboles y con el día. El día y la noche se vuelven uno, y tu puedes comprender esta unión. La luz te rodea y te envuelve, y estás con perfecta paz con el mundo. Puedes sentir la vida del bosque... los árboles, las criaturas, el viento... y tu eres uno con esa vida. Tu eres la vida del bosque, y el bosque eres tu."

-- "Ahora regresas a mi nuevamente. Estás dejando el bosque, y tu mente está nuevamente encima del lago. El agua es como seda cuando lo tocas, y sientes su vida. Ahora estás encima del pasto, se mueve y se inclina debajo de la brisa que es tu mente. Te has convertido en el pasto... entiendes su existencia... sabes sus pensamientos y su presencia.... sabes cuáles son sus pensamientos y sentimientos.... te mueves en la brisa y te estiras hasta  tocar el cielo.  Estás tan cerca, que puedes tocar la energía que radia del sol, y te sientes lleno de energía. Bajas nuevamente hasta la tierra y sientes el poder y la vida que brota de ella. Te mueves, y nuevamente eres la brisa. Con tu mente recoges una hoja, y la llevas, viajando. Ahora, te has convertido en la hoja, y el viento te está acercando a mi. Ahora estás aquí a mi lado, y la brisa está soplando en tu rostro."

Ferio abrió sus ojos con cuidado, sintiéndose calmado, lleno de energía, y en paz. Como nunca antes se había sentido. Pudo sentir atrás de él el cuerpo esbelto de Fuu sostenerlo, su aliento soplando en su oído, sus brazos alrededor de su pecho, sus piernas a cada lado de su cuerpo. Levemente, mientras iba despertando, se dio cuenta de que estaba recargado en Fuu, probablemente por el viaje que había hecho. Pero lo que más lo sorprendió fue el que saberse en los brazos de Fuu, acomodado entre sus piernas, los dos viendo hacia la cascada, se sintió..... bien.

-- "Eso fue increíble..."

-- "Me gusta hacerlo de vez en cuando. Sirve para relajarse. Esmeralda me lo enseño antes de que..... tu sabes. Con un poco de práctica, puede hacerse desde cualquier lugar."

Incluso Fuu parecía más calmada. Levemente, se fue sentando, renuente a acabar con el hermoso momento que habían compartido. Sintiendo que se movía, Fuu se levantó suavemente, y se arrodilló frente a él.

-- "Nunca había funcionado con nadie más. Traté de enseñárselo a Umi, y a mis amigas, pero nunca pudieron. Eres el primero."

-- "Me siento honrado."

Con cuidado, tratando de no despertar del medio trance en que aun se encontraba, estiró su mano hasta tocar las de Fuu, y las sostuvo entre las suyas, perdiéndose en la intensidad de sus ojos verdes.

-- "¿Qué fue lo que me hiciste?"

No se refería al viaje que había hecho. Se refería al hecho de que ahora sus ojos parecían estar ciegos, y sólo recuperaban la vista al verla. Sus oídos sólo volvían a escuchar cuando era su voz la que llegaba a ellos. Su corazón sólo parecía palpitar cuando ella estaba tan cerca. ¿Cómo lograr que ella entendiera eso?

-- "¿A que te refieres?"

-- "A esto..."

Alzó una mano pequeña que seguía entre la tosca suya, y la colocó encima de su torso, justo encima de su corazón, disfrutando del poder tener la mano de Fuu entre las suyas. Tal vez su pecho palpitante podría decirle lo que no encontraba con las palabras.

Ella bajó levemente la mirada hasta sus manos, que descansaba en su torso, e incluso una de las manos estaba cubriendo las suyas, logrando que un sentimiento indescifrable corriera por toda su piel. Podía sentir el calor de su cuerpo, y todavía sentía dentro de si el aroma de su cuerpo. Le dio miedo admitir que mientras lo había estado abrazando, no había deseado nada más que tenerlo así por siempre, tan cerca, y capaz de abrazarlo siempre que sintiera frío o miedo.... pero eso era prohibido. Había accedido a ser su amiga. Era lo único que tenía permitido. 

Sólo eso. Nada más.

Alzó la mirada nuevamente, dispuesta a decirle lo que estaba pensando, que debían ser sólo amigos, pero se encontró con sus ojos dorados, y no pudo decirle nada. La miraban con tal pasión, deseo... y algo que sólo había visto en los ojos de Sohma al ver a Alcyone, o en los ojos de Caldina cuando había visto a Ráfaga, o cuando hablaba de él. Y últimamente lo había visto en los ojos de Hikaru, cuando se le mencionaba a Latis.

Abrió su boca para decir algo, pero entonces, sintió los labios de Ferio cubriendo los suyos, la mano que tenía libre acariciando su rostro, algunos de los mechones de su propio cabello uniéndose a la mano de él, como ansiando la caricia. Sus ojos pedían cerrarse, y su corazón parecía latir aun más y más. Los labios, tibios con sabor a miel, sólo estaban encima de los suyos, tan suaves como una caricia del viento, pero era imposible no sentirlos, y era imposible no sentir, con una de sus manos encima del pecho de él, lo acelerado que latía su corazón, y era imposible no sentir el viento a su alrededor como formando un capullo donde sólo estaba él y ella, donde no importaba el mundo fuera de su abrazo y de sus labios.

Con un suspiro apenas audible, Fuu cerró los ojos, y con la mano que tenía libre, la puso en el hombro de Ferio, ligeramente apretando los pliegues de la capa oscura que descansaba en sus hombros, y casi con miedo, correspondió al beso, permitiendo que la tierna caricia se profundizara.

Esperaba que Dios lo matará ahí mismo, y en ese mismo momento. Cuando sus labios se unían a los de Fuu, y sus brazos estaban alrededor de su cuello. Porque nunca nada se sentiría tan bien, ni tan correcto durante toda su vida.

Parecía que nada podría interrumpir ese momento.

Que error. Deberían de haber supuesto que algo sucedería.

Dentro de si, Fuu claramente pudo ver a su hermana, Esmeralda. La observó como había sido siempre -tan dulce y buena, con sus cabellos dorados volando en el viento y sus ojos aun más verdes que las hojas en verano- hasta que había encontrado a Zagato. Y luego de eso, nunca había regresado, y cuando ella se había ido, se acabo la paz que siempre había sentido. Se acabo la hermana gentil con la que podía cantar. Todo por enamorarse.

Y entonces, se vio a si misma. Ella ocupaba el lugar en la mesa roja. Y Ferio era el que estaba en el suelo del campo, con flores blancas cubiertas de carmín creciendo a su alrededor.

¡No!

Se separó rápidamente de Ferio, rompiendo la unión de sus labios y con ella la sensación mágica de sus corazones. Ferio la miraba sorprendido, tratando de encontrar porque lo había hecho, pero entonces, la respuesta de Fuu lo sorprendió.

Sus ojos llenándose de lágrimas, Fuu levantó su mano, y le dio una fuerte bofetada, antes de levantarse y trepando por los árboles, y de brinco en brinco, ella se perdió de vista.

Ferio se llevó la mano hacia la mejilla, donde empezaba a arder la sensación del contacto de la mano de Fuu contra su rostro.

Nunca un golpe había sido tan ardiente en su piel. Jamás un golpe lo había dejado sintiéndose perdido. Tal vez le dolía tanto, por la manera dolorosa en la que palpitaba su corazón. Como si estuviera.... roto.

¿Qué demonios había pasado?

Ferio no entendía bien lo que había pasado... Fuu y él habían estado platicando tranquilamente, por primera vez, desde que se conocieron hacía cinco años, Fuu le había hablado plácidamente, sin odio en su voz. Le había dicho que confiaba en él, y que sabía que él no las lastimaría. Se había sentido tan feliz cuando le dijo eso. Por fin se había ganado su confianza. Por fin le había podido demostrar cuanto lamentaba que se hubieran tenido que conocer por la muerte de su hermana.... Incluso se había reído...

Y entonces... sin saber como, de repente se quedó hipnotizado ante la mirada de esos ojos verdes.... su mano había anhelado el roce de su piel desesperadamente, y había acariciado levemente su mejilla, que había sido mil veces más suave que nada que hubiera sentido.

Nunca supo como fue que sus labios se encontraron....

Al principio la había correspondido al beso. Estaba seguro de eso. Y de repente, ella se había alejado, lo había visto, y en sus ojos de vida había visto tantas emociones reflejadas (amor, tristeza, soledad, miedo, ternura, dolor, pasión, deseo), le había dado una bofetada y había salido corriendo.

¿Qué había hecho? ¿por qué había huido así?

La había besado.... pero para demostrarle todo lo que significaba para él, nunca para lastimarla..... eso nunca...

Se sentó extrañado, recordando la sensación que había tenido de volar, y como esa sensación había aumentado al estar en brazos de Fuu.

Definitivamente, no entendía nada. Sólo sabía que se sentía como si le hubieran arrancado el corazón. Se imaginó que así se sentiría la noche, si de buenas a primeras, un día alguien le arrebataran a la luna para aventarla contra el duro suelo.

Se levantó sin hacer el menor ruido, y envuelto nuevamente en su capa, empezó a caminar hacia su aldea.

... Si tan siquiera ese horrible y triste llanto se callara, tal vez podría pensar bien en lo que había hecho mal.

******

Se vio fijamente reflejada en los cristales de la cueva. Sus rizos dorados, sus tristes ojos verdes.  Un suspiro escapó de su labios, mientras una lágrima recorría un camino ya antes recorrido, de sus largas pestañas hasta su pálida barbilla. Más lágrimas surgieron mientras recordaba los eventos que habían surgido hacia cinco años.

Su hermana Esmeralda. Tan dulce, tan buena, tan hermosa. Siempre le había tenido una sonrisa para cuando estaba triste..... y le había sido arrebatada.

Había muerto por un crimen tonto. Algo que no debía de haber sucedido. Algo que ni siquiera debía ser un crimen.

Sólo por haberse enamorado de un humano. Pero el humano, Zagato, también la había amado.

Y ahora, ella se encontraba ante la misma situación que su querida hermana. Había cometido el mismo delito. Había roto todas las reglas no escritas sobre esa situación.

Estaba enamorada. De un humano. De un amor prohibido.

Fue hasta que él la besó que se permitió saberlo. Hasta que sus labios se unieron en ese mágico beso que permitió a su corazón aceptarlo.

Estaba enamorada de Ferio. Pero..... no podía dejar que él lo supiera. Si él lo descubría, su vida correría peligro. Lo mejor sería callar.

Por ella, por él, por los dos.

Al menos hasta que la gracia de los cielos no volviera a estar con ellos, no podría decírselo.

Aunque ahora el llanto de los ángeles llenará su alma y su existencia, era justamente ese llanto lo que no le permitiría decírselo.....

No ahora..... se volvió a repetir, con nuevas lágrimas corriendo por sus mejillas.

No ahora..... un llanto tristísimo.

-- "No ahora....." dijo, mientras salía de la cueva, limpiando sus lágrimas levemente.

~*~*~*~*~

Luego de un rato en completo silencio, lo primero que Nova notó fue eso. El silencio. 

Abrió un ojo perezoso, y dejó que su mirada carmesí viajara por todo el lugar. Águila estaba construyendo algo con unas ramas de madera, su sonrisa leve, la luz de la luna fundiendo sus cabellos –rubio pálido, recordó con inicios de una sonrisa- en plata líquida. Su mirada estaba concentrada en su labor, pero había una dulce sonrisa en sus labios. Sus manos blancas anudaban con presteza una rama contra otra, y sin saber porque, durante unos segundos se quedó observando el movimiento hipnótico de esas manos, hasta que se dio cuenta de lo que hacía, y sonrojada, volteo a seguir inspeccionando.

Frunció el ceño levemente al encontrarse a su hermana dormida, recargada en el hombro de Latis.  La joven ninfa estaba sonriendo tenuemente, sumergida completamente en su sueño, sus cabellos rojizos –más pálidos por la luz plateada- descansaban en el hombro pálido de Hikaru. Era extraño verla sin el cabello en trenza, pensó con ese rincón que se encarga de observar los detalles sin importancia. Incluso los humanos les habían comentado que era así como más parecidas se veían. Bajó su mirada hasta encontrarse la mano de Latis tomando la de su hermana, ligeramente, como si tuviera miedo de despertarla. Alzó la mirada y se encontró con que él no estaba dormido. Sus ojos violeta estaban en el rostro de la ninfa, mirándolo dulcemente.

Quizás fue esa mirada la que evitó que se levantara, y le dijera que se alejara de su hermana, o quizás era la agradable calidez que venía al saber que Águila la estaba observando de reojo, o quizá saber que si algo llegaba a pasarle, habría alguien que cuidaría de su querida Hikaru.

Tal vez fueron todas las anteriores razones por las que siguió con su inspección.

Umi, con su cabello sujeto levemente, y unas luciérnagas brillando en su cabello como si fueran estrellas y un vestido añil largo, estaba sentada junto a Clef, los dos discutiendo suavemente, pero ni siquiera ver esa discusión llevó algo de calma al corazón de Nova, pues sabía que esa discusión era la forma de amistad de ellos dos, y estaba segura, aun sin ver los ojos del joven aprendiz, que su mirada de zafiros estaría brillando al ver a la ninfa. Y sabía que una sombra de sonrisa estaría en los labios de ella, discutiendo de cualquier tema que hubiesen decidido sería la que los mantendría juntos.

Porque Nova sabía bien, que esas discusiones eran para poder estar juntos. Y los envidiaba.

Su mirada marrón siguió su camino, hasta donde estarían Fuu y Ferio, charlando suavemente, él estaría haciendo un comentario gracioso, para lograr que la sacerdotisa del viento sonriera. Y estarían sentados juntos, casi demasiado, pero Fuu mantendría una distancia respetable, aunque su mano estaría cerca de la del joven.....

Pero se encontró con que Ferio estaba en la rama de un árbol, fingiendo estar dormido, y Fuu estaba del otro lado, fingiendo estar interesada en las estrellas. Se impulsó hasta estar bien sentada, extrañada de que algo hubiese cambiado la rutina. La ninfa de cabellos dorados tenía la mirada mucho más melancólica que de costumbre, y admiraba a las estrellas como buscando una respuesta a algo. El joven sólo tenía los ojos medio cerrados, de manera que cualquiera que lo viera creería que estaba dormido, pero Nova vio bien, y notó que sus ojos estaban enfocados en Fuu, y su mirada extrañamente triste.

-- "También te diste cuenta, ¿no?" murmuró una suave voz, sentándose a su lado.

Nova brincó levemente. A su lado, sin que se hubiera dado cuenta, estaba Águila, aun amarrando ramita tras ramita. Sus ojos miel apenas se levantaron levemente y le sonrieron, antes de volver a fijar su atención en lo que fuera que estaba construyendo.

-- "¿A que te refieres?"

-- "A Fuu y a Ferio."

Nova volteó nuevamente la mirada, como buscando algún cambio en los jóvenes.

Nada. Seguían valientemente ignorándose, y por lo que veía, sufriendo por eso.

-- "Están distantes. No enojados, porque de estarlo, Ferio ya estaría disculpándose con Fuu..... parece como si no supiera que hacer, como si no supiera que hizo mal." Sonó la voz suave de Águila a su lado, y Nova se encontró asintiendo.

No le agradaba hacerlo –acordar con un humano- pero en ese caso, con una de sus mejores amigas tan sola, tan apartada, tan..... triste, tenía que realizarlo.

-- "Águila..... ¿sabes porque están así?"

El chico a su lado suspiró, y dejó la construcción en el suelo, luego de una última mirada. Negó con la cabeza, antes de volver a hablar.

-- "Deben de resolverlo los dos. Si no han dicho nada, es porque no quieren que nos enteremos."

-- "¡Pero eso es estúpido!"

-- "Tal vez. Pero creo que deben hacerlo."

Águila sonrió, y de repente apretó suavemente una de las manos de Nova, sorprendiéndola, y logrando que ella se perdiera en el brillo de su mirar miel.

-- "Pero no tienes de que preocuparte. Se arreglaran entre ellos."

Y luego, demasiado pronto para su gusto, soltó sus manos y atoró lo que había estado construyendo en el árbol. Nova volteó a ver la obra, y su aliento se congeló unos leves segundos cuando vio una casa para aves –o ardillas, pensó con una sonrisa mientras veía a un par de pequeños roedores inspeccionar la nueva construcción. Volteó para decirle algo a Águila, lo que fuera, porque tenía que decirle algo, sentía las palabras en su boca, a pesar de que no sabía que palabras eran, y probablemente de decirlas, se metería en problemas. Pero nunca le había pasado.

De repente, demasiado rápido, era tiempo de irse.

Se levantó, buscando hablar con Águila, pero no encontró ninguna palabra que pareciera inteligente, así que sólo le sonrió brevemente, sintiéndose extraña, y empezó a trepar por los árboles que la llevarían a la aldea.

Fuu apenas detuvo su mirada esmeralda unos momentos en Ferio, que también la miraba con una mirada nostálgica, triste, y perdida, pero ella, incapaz de decir nada, bajó la mirada y murmuró una leve despedida, antes de parecer volar y empezar a caminar por las ramas.

Umi, nuevamente enojada con Clef, le estaba dando la espalda, y esperó hasta que Hikaru y Latis se despidieron –viendo lo que sospechosamente parecía ser una nota en el cinto rojo de la ninfa del fuego. Observó como los ojos carmesí brillaban aun más, mientras sujetaba su cabello en una cola de caballo.

Apenas murmurando una despedida a los otros tres humanos, claramente no despidiéndose de Clef, Umi subió a uno de los árboles, y esperó sentada en la rama, mientras Hikaru reía feliz entre los jóvenes.

Ciertamente, Hikaru era la que más se había abierto a ellos, y eso se notaba en su trato. Tanto de ellos a ella, como en la manera rápida y fácil que tenía de hablar con los demás.

Se despidió sonriendo de Clef, rió un poco con algún comentario de Águila, tomó dulcemente la mano de Latis unos segundos, y abrazó a Ferio, susurrándole algo que no pudo entender bien, pero que parecía ser un 'todo estará bien'.

Luego, aun viendo hacia Latis, que parecía misteriosamente a punto de sonreír, como pudo ver Umi, Hikaru se subió al árbol junto a ella, y las dos empezaron a alejarse.

-- "¿Qué le dijiste a Ferio, Hikaru?"

-- "Que no se preocupara. Él y Fuu están peleados, no sé porque."

-- "Tal vez Fuu por fin abrió los ojos."

-- "¡Umi! Que cosa para decir de alguien....."

-- "De acuerdo, lo siento." La mirada azul de Umi volvió a caer en el pedazo de papel en el cinto rojo de la otra ninfa, y sonrió levemente. "¿Qué es lo que te dijo Latis?"

La joven de cabellos azules observó como su amiga se sonrojaba, e inconscientemente guardaba un poco mejor la nota que sobresalía de su cinturón.

-- "Me..... me comentó algo sobre una sorpresa."

-- "¿Sorpresa? ¿De qué?"

-- "No lo sé. Dijo que quisiera verme mañana."

-- "Pues espero que pienses decirle a Nova."

-- "Lo haré, no te preocupes"

~*~*~*~*~*~*~

Habían estado  sentados en silencio a orillas del lago por mucho tiempo.

Completamente en silencio. Y sentados por mucho, mucho, mucho tiempo.

Hikaru observó levemente a Latis, moviendo entre sus dedos el tallo de una flor. No había habido ni un solo movimiento del chico a su lado; él estaba viendo al cielo oscuro, como buscando algo. No podía recordar si le había mencionado en su nota el porque de su visita. Trató de recordar letra por letra lo que decía la nota..... sólo podía recordar que le había escrito algo sobre una sorpresa.

Hikaru se apoyó en sus brazos,  trató de imitar su posición: La espalda ligeramente inclinada hacia atrás, el rostro levantado, los brazos tensos, estirados en el suelo, soportándolo. Aguanto la posición durante unos momentos, antes de que se rindiera.

Volteó a verlo, sorprendida ligeramente por la sonrisa dulce que estaba en sus labios.

-- "¿Latis?"

-- "¿Dime?" aún no se movía.

-- "¿Puedo preguntarte algo?"

-- "Claro."

-- "¿Qué estamos haciendo aquí?"

Una destello de asombro cruzó por los ojos de Latis mientras se volteó a verla ligeramente.

-- "¿Preferirías que estuviéramos en otro lugar?"

-- "No es eso..... pero Nova y Águila deben de estar preocupados por nosotros"

-- "Que lo estén." Dijo sin preocuparse, la luz de la luna transformando sus ojos violeta en plata.

Hikaru suspiró levemente, sabiendo cuando Latis decía que no se iba a mover, era porque no se iba a mover. Fuu solía decir que Ferio era muy terco. Umi decía que Clef era tan terco como una roca. Pues a menudo ella pensaba que Latis era terco como una montaña.

-- "¿Tienes frío?"

La preguntó salió tan de la nada que volteó a verlo inmediatamente. Latis la estaba viendo, su mirada nuevamente preocupada. Volteó a ver sus manos, que descansaban encima de su vestido blanco, y notó que inconscientemente  había empezado a frotarse las manos. Podía parecer de frío, pero ella sabía bien que era más bien proveniente de nervios.

-- "No. Estoy bien."

-- "¿Segura? Ese vestido no se ve muy cálido."

-- "Vamos –dijo sonriéndole, la sola idea pareciéndole tremendamente divertida- de todas las personas y ninfas del mundo, deberías saber que soy la que menos probabilidades tiene de tener......"

Algo brilló por encima de ella, y volteó hacia el cielo, su boca abriéndose ligeramente ante la sorpresa.

El cielo estaba lleno de estrellas.

Estrellas fugaces, millones de ellas, viajando por el oscuro mar azul negro del cielo envueltas en oro, disolviéndose en una nube brillante en el horizonte. Hikaru observó el manto estelar embelesada, todo lo anterior olvidado.

Algo rozó su brazo, y segundos después sintió el aliento de Latis, rozando su oído.

-- "Sorpresa."

-- "Es maravilloso...." dijo en un suspiro, incapaz de dejar de ver el maravilloso espectáculo.

-- "Le pedí al señor Eien que me dijera cuando iba a ser la próxima lluvia de estrellas. Me agrada que te guste." Sintió como sonreía, y también sintió claramente como puso su brazo atrás de ella, casi abrazándola.

Casi.

-- "No olvides pedir un deseo."

Tomó un respiro, y negó con la cabeza, su trenza pelirroja moviéndose junto a su cabeza.

-- "Hay demasiadas..... no podría con todas"

-- "Nunca puedes tener demasiados deseos. –su voz se había vuelto muy baja, casi un suspiro, y aun así, no podía dejar de ser escuchada.- Todas son tuyas, Hikaru."

Volteó a verlo, sus grandes ojos rojizos iluminados por las estrellas.

-- "¿Y que hay de ti?"

Él parpadeo, visiblemente confundido, no esperando esa pregunta. La observó unos segundos, preguntándose a que se podría referir la pequeña.

-- "¿Yo?"

--  "No puedo tener todas las estrellas-le insistió- tu debes tener la mitad."

Era algo tanto, pensó, que creyera que las estrellas eran suyas para dividirlas entre los dos como si fueran estrellas, pero para los dos era algo serio, algo que no podían ignorar. Por esa noche, las estrellas eran de los dos y de nadie más, y podían dividírselas como mejor quisieran, y podrían discutir sobre el destino de las estrellas como si fueran dioses y a nadie le importaría, más que a ellos.

-- "No necesito ningún deseo."

-- "Claro que si."

Abrió su boca para protestar, pero ella lo acalló, poniendo sus suaves dedos en sus labios.

--"Debe de haber algo que realmente quieras. Algo por lo que darías un millón de estrellas."

Se quedaron viendo el uno al otro. Mientras Hikaru se perdía en sus ojos violeta, sintió un familiar aleteo en su corazón, una sensación que sólo ocurría cuando se encontraba viéndolo así..... tan fijamente... como si nada más en el mundo importará..... como su pudiera olvidarse de todo y todos.

Se acercó a ella, mientras ella recordó tanto tiempo que se conocían, cuando se vieron por primera vez, y ella estaba llorando, cuando se acercó más y más y más.....

Así.

Ahora estaban tan juntos, que sus alientos se mezclaban, despidiendo un leve vapor en la noche fría. Él no se movió para tocarla, pero insistió en dejar su mirada ardiente de sus cabello hasta sus labios. El efecto fue tan dulce y apremiante como una caricia. Sintió como se sonrojaba, como una parte de ella, asustada, deseaba irse, pero encontró que la mayor parte de su corazón y su ser ansiaban desesperadamente ese toque.

-- "Lo único que quiero" dijo Latis suavemente "lo único por lo que desearía en un millón de estrellas, esta aquí junto a mi."

Una estrella cruzó a través del cielo sobre sus cabezas, dejando pálidas centellas de oro en su camino.

El espadachín miró entre sus ojos de fuego, llenos de maravilla e inocencia. Miro en sus ojos cuestionantes, y entonces la besó. La besó con todo lo que se había construido en su alma desde que la había conocido. Besó esos labios que eran tan intocables y tan puros. Tan suaves.... tan cálidos.... beso a la ninfa que había conocido desde niño. A la mujer de la que se había enamorado siendo hombre. Sostuvo a su amor cerca de él en sus brazos, tan pequeña y vulnerable, pero con un alma de fuego inmortal.

Los ojos de Hikaru se abrieron mucho, y su cuerpo se tensó por unos momentos, mientras sentía cómo se sonrojaba, y dentro de su cuerpo viajaban nuevas y desconocidas emociones. Sintió sus suaves labios contra los de él y cerró sus ojos por impulso, su corazón nuevamente tan vibrante y palpitante, como si nunca antes hubiera estado vivo. Su cuerpo se relajó y cayó en el abrazo de Latis. Era tan tibio... se sentía tan a salvo, sólo el estar sostenida por él se sentía tan correcto. Con cuidado abrazó a Latis, acercándolo más a ella. Él la abrazó un poco más fuerte, sus cuerpos tratando de fundirse en uno, sus almas mezclándose, sellándose como una sola, jurándose fidelidad para siempre.

Latis la soltó suavemente, recargando su cabeza en la de ella, aspirando el suave olor de su cabello. Eran tan maravillosos sus aromas... y todos se combinaban en uno solo que embriagaba su alma. Su cabello olía a jazmines. Su piel.... a flores y a canela. Y sus labios… el mundo se había detenido al momento de unir los suyos a los de ella. Sus pecados y faltas fueron perdonados. Todo fue perfecto. Sus labios no tenían aroma, sino sabor... sabían a la primera mordida de una manzana aun no madura. A miel, a néctar, o a vino..... si, probablemente a algún dulce vino de frutas. Dulce, pero no demasiado. Aromático...

Tentador.....embriagante..... enviciador.....

Aún ahora no tenía otro deseo más que volverla a besar, perderse en sus labios, y olvidar todo lo que había pasado. Los secretos, mentiras, muertes, que todo quedara atrás. Que nada volviera a ensuciar ese bello momento, que de repente se sentía como si lo hubiera estado esperado por años.

-- "Lo siento Latis... yo..."

-- "No... no lo sientas." Repuso con una media sonrisa, admirando su rostro de niña, su inocencia brillando en su mirar. No lo sientas mi niña, que si lo sientes, mi alma se destrozaría –pensó él, besando suavemente su frente, antes de volverla a ver- No lo sientas, que es lo más bello que me ha pasado. Que no he esperado otra cosa desde que se que te amo. Nunca digas lo siento, mi niña, y menos por esto.

-- "Te amo Latis."

Aún seguían igual de cerca que antes. Sus alientos aun se mezclaban en la noche clara. Sus labios aun tenían el recuerdo del sabor de los labios del otro. Sus miradas estaban llenas del uno y del otro.

Sonrojada, Hikaru se separó lentamente, volviendo a observar el cielo. Latis sonrió y la abrazó suavemente, cerca de él, disfrutando los breves segundos que les quedaban juntos.

-- "Latis... ¿puedes prometerme algo?" preguntó suavemente, mientras sus manos se tomaban y sus dedos se entrelazaban, sintiéndose tan correctos, sus manos perdiendo el frío al que se habían acostumbrado con el paso de los años.

-- "¿Qué cosa?"

-- "Qué nunca te irás de mi lado..."

Latis sonrió dulcemente y dejó un beso en el cabello de la ninfa.

-- "Te lo prometo."

Separándose de ella, Latis sacó un hermoso presente de su pantalón. Un hermoso medallón de oro, con una piedra azulada en el centro. Hikaru lo observó maravillada, observando el detalle y la precisión de cada una de las flores grabadas. Parecía como si pudiera tomar alguna de las pequeñas rosas y aspirar su aroma.

-- "Es hermoso....."

-- "Perteneció a mi madre hace mucho tiempo. Dijo que siempre me protegería."

Hikaru se sintió honrada, al notar la importancia que tendría ese medallón para Latis.  No tenía ningún recuerdo de su familia, según recordaba.  A penas un cuadro viejo que se estaba destiñendo de sus padres. De Zagato sólo tenía la daga que ahora descansaba en su cintura. Tener un recuerdo de esa magnitud de su madre, debería de ser lo más preciado  para él.

-- "Quiero que tu lo tengas."

Y luego de decir esto, paso el collar por el cuello de Hikaru, dejando que el medallón descansara en su pecho. Ella lo miró, sus grandes ojos sorprendidos.

-- "Pero... ¡no puedo aceptarlo.!"

Hizo intentos para quitárselo y devolvérselo a su dueño original, pero él sostuvo sus manos suavemente, su mirada violeta fundiéndose con la carmín de ella.

-- "¿Por qué?"

Él le sonrió, esa sonrisa que era sólo para ella, y suavemente, se inclinó hasta su oído, su aliento acariciándola, y erizando su piel.

-- "Algún día, te protegerá como a mi."

Con lágrimas en los ojos, Hikaru volvió a ver en los ojos de Latis. Del hombre que amaba. Era lo único que sabía. Lo único que podía ser real, cierto y verdadero. Era lo único por lo que se jugaría el alma. Lo amaba. Y él la amaba.

Llorando, se refugió en su pecho, sintiéndose verdaderamente feliz. Nunca había estado tan contenta.

Los dos se quedaron ahí, viendo la lluvia de estrellas iluminar el cielo con su baile..... y ninguno vio a Nova salir corriendo de ahí, luego de haber estado viendo toda la escena.

~*~*~*~*~

Entró en la cueva corriendo, sabiendo que no habría nadie. Jadeaba mucho, tal vez por la carrera, tal vez por el esfuerzo que hacía de no llorar. No podía saberlo, no podía importarle.

Se acercó hacia el lago, y de perfil, el agua a su lado, trató de tranquilizarse. Pero era bastante difícil estar tranquila cuando veías a una serpiente devorar a un cordero.

Su hermanita, tan dulce, pura, inocente y bella..... ¡enamorada de ese traicionero humano! ¡No podía ser cierto!

Pero..... había sido cierta la manera en que él había visto a Hikaru. La manera en que se habían besado. La adoración que se había reflejado en sus ojos. Quizá eso había sido lo que la lastimó. Ver el amor, sentir como rozaba su piel..... saber que nunca sentiría eso......

-- "Mamá... no sé que hacer.... Hikaru ama a ese humano, nunca la había visto tan feliz, pero..... ¡Los humanos son malos! ¡ellos te mataron!..... y han matado a tantas otras....."

Se levantó rápidamente, viendo hacia el reflejo del agua, como tratando de encontrar una respuesta. Esa cueva había sido uno de los lugares favoritos de su madre Hikari y su madre Deboner cuando eran jóvenes. Lo había seguido siendo hasta que Hikari murió. Los cristales dorados que brotaban tanto del suelo como de la tierra le daban la apariencia de magia. Era su lugar favorito, y no lo compartía con nadie, ni siquiera con Hikaru. Iba a menudo ahí, tratando de encontrar lo que podía quedar del espíritu de Hikari.

Nada....

El lago seguía igual de pacífico que siempre.

Nova volvió a hablar, tratando de encontrar una respuesta. Cualquier cosa. Algo que le mostrara que no estaba sola. Tal vez no la habían escuchado, y debía volver a hablar.  No quería estar sola, no esa noche con la presencia del amor exiliándola de su abrazo.

-- "Hikaru lo sabe... ¡pero aun así confía en los humanos! Y Fuu también. Sólo Umi está conmigo, y no creo que lo esté por mucho tiempo. ¡No sé que hacer! ¿Se lo digo a mamá Deboner? ¿Qué hago?"

Volvió a mirar la cristalina superficie del lago. Nada, ni una onda, ni un suspiro de aire, nada. La impasible tranquilidad empezaba a afectarla, sus nervios aumentando.

-- "¡¡¡CONTÉSTAME!!! ¡¿Por qué no me quieres responder?! ¡Soy tu hija! ¡Caldina siempre me ha dicho que tu nos querías mucho a Hikaru y a mi!. Si es verdad.... mamá, por favor. Contéstame..... mamá....."

... Silencio abrumador...

-- "Te extraño mucho, a pesar de que nunca te conocí. Siempre me pregunto como hubiese sido estar abrazada a ti. Que me acariciaras y me dijeras que todo va a estar bien. Que en estos momentos me dijeras que hablarás con Hikaru. Que me dijeras en verdad que está bien, y que está mal."

Se acercó lentamente al lago, arrodillándose, viendo su reflejo en la superficie quieta.

Todo el mundo le decía que era idéntica a su madre. Sólo sus ojos de fuego eran diferentes a los de hierba de la difunta ninfa.

-- "Mamá.... quisiera saber si es verdad que soy tan parecida a ti..... quisiera saber de donde sacamos Hikaru y yo nuestros ojos. Porque Hikaru es pelirroja y yo no..... porque ella si puede confiar y yo no.... Hay tantas  cosas que quiero preguntarte..... pero nunca me contestas....."

Una lágrima resbaló por su mejilla, dejando un húmedo camino hasta llegar a su barbilla. Luego de caer de su rostro, cayó a la superficie del lago, ondulando su imagen.

-- "Mamá..... hace mucho que no lloro..... ¿por qué no me respondes?..... por favor..... aunque sea un momento.... quisiera que alguien me abrazara..."

Se levantó suavemente, su cuerpo temblando mientras trataba de evitar los sollozos. En esos momentos, un rayo de luz ilumino una abertura del techo, uniéndose a los cristales, y llenando el lugar de una magnifica luz plateada, como si fuera magia. En el centro del lago, Nova pudo observar claramente su imagen, probablemente producto de algún reflejo.

                                                                                    

Miró fijamente la ilusión, hasta que  llegó a la conclusión de que no era ella.

¿Sería?...

El reflejo mostraba a una hermosa ninfa, de suaves y elegantes curvas, cabello de un rosa más pálido y una madurez notoria. A pesar de ser joven, era mayor a ella. Una vaga imagen de alas blancas brotaban de su espalda. Pero quizá la mayor diferencia era en sus ojos. El reflejo los tenía de color verde, y su mirada era dulce, llena de amor. Una mirada suave que tranquilizaba su alma torturada.

Ella nunca podría tener esa mirada.

-- "Mamá...."

Sus ojos se llenaron de lágrimas, mientras veía por primera vez a su madre. El espíritu le sonrió dulcemente, y sus labios formaron unas palabras. Sonrió al entenderlas, mientras las lágrimas caían de sus ojos rojizos. Su madre estaba frente a ella. Lo que tantas noches había deseado junto a Hikaru....

La imagen de Hikari desapareció cuando un grueso cúmulo de nubes cubrió la entrada, dejándola nuevamente sola y en la oscuridad.

Una sonrisa triste se formó en sus labios, antes de que se rompiera en un sollozo, mientras nuevas lágrimas escapaban de sus ojos. Cayó suavemente al suelo, abrazando sus rodillas fuertemente, esperando, por su sanidad mental, que el dolor desapareciera pronto. Tomó un agudo aliento, sabiendo que nada se lograría de su llanto.

Un ruido llamó su atención,  volteó ligeramente, para encontrarse con un conocido y apuesto joven, y una dulce mirada color miel, que la veía preocupado.

-- "¿¿Qué haces aquí??" preguntó, furiosa de que alguien hubiese descubierto su escondite, y sobre todo, que alguien la hubiera descubierto llorando. En especial él. Él sólo se arrodillo frente a ella, su mano acariciando suavemente las mejillas llenas de lágrimas.

-- "Estás llorando Nova..."

-- "Déjame sola Águila. Vete..." dijo en su voz cortada, mientras sus lágrimas seguían saliendo.

¿Qué haría él ahora? ¿Burlarse? ¿Se burlaría de su dolor?... ella siempre lo hacía.

En lugar de eso, Águila sonrió dulcemente, besó la frente de Nova, y la abrazó contra su pecho, como si fuera una frágil flor que con el mínimo soplido del viento se rompería.

-- "Si quieres llorar, está bien. No le diré a nadie."

Como si hubiese necesitado su permiso, Nova se soltó a llorar en los brazos de su enemigo, olvidando que lo odiaba.... o que al menos, si no lo hacía, debería de hacerlo. Escondió su rostro entre los pliegues de su camisa blanca, mientras sus sollozos sacudían su pequeño cuerpo. Águila sólo acertó a acariciar suavemente su cabello, y murmurar frases de consuelo. Luego de unos minutos, el llanto de Nova disminuyo, pero siguió fuertemente abrazada a Águila.

-- "¿Te sientes mejor?"

Nova asintió suavemente, sus manos aflojando los puñados de la camisa de Águila que había tomado entre ellas. Águila sonrió, y recargó su cabeza en la de Nova.

-- "Me alegro..."

-- "¿Por qué me ayudaste?" preguntó suavemente Nova, su voz volviéndose fría de nuevo.

-- "No me gusta verte llorar."

Nova se separó suavemente, hasta mirar en los ojos de Águila. Podía leer sinceridad en sus ojos. Y algo más.... aunque no podía averiguar que. Él sólo le sonrió dulcemente, antes de ofrecerle un pañuelo.

Ella le dio la espalda, viendo su reflejo en el agua, arreglando su imagen. Podía sentir la penetrante mirada de Águila en ella, recorriendo su espalda. Casi podía oler su olor a canela. Tal vez era el olor que emanaba del pañuelo...

-- "Gracias."

Sorprendido por la acción de la ninfa, Águila la observó por unos momentos, antes de que su expresión volviera a dulcificarse.

Tiempo... todo lleva tiempo, se recordó.

-- "No hay de qué."

Cuando la vio sentarse, sintió seguro el poder acercarse, así que fue junto a ella, respetando los límites que había traspasado por unos momentos. De vez en cuando miraba a Nova, tratando de averiguar en que pensaba.

-- "Vi a mi mamá."

-- "¿Tu madre? Pero, Hikaru dijo..."

-- "No sé como. Pero la vi.... y sí me parezco a ella. Pero Hikaru tiene su mirada y su sonrisa." Dijo poniendo su rostro entre sus brazos, volviendo a ver al lago, como si así pudiera llamar al espíritu ausente.

-- "Debe ser hermosa."

-- "Si..."

-- "Tienes suerte."

-- "¿Por qué lo dices?"

Le preguntó Nova ansiosamente, rompiendo la hipnosis a la que la había sometido el lago. Imitando la posición de Nova, Águila suspiro, antes de empezarle a hablar, con una melancólica sonrisa en sus labios.

-- "Porque pudiste ver a tu madre. La mía murió cuando tenía tres años..... fue atacada por.... –volteó a ver a Nova. Por primera ves en cinco años se estaban llevando bien. No podía decirle que su madre había sido atacada por ninfas, o perdería la confianza que sentían ahora-.... por..... fieras. Zaz se salvó no sé gracias a que Dios. Ese ataque adelantó su parto. Y..... a pesar de que trato de recordarla, cada vez que trato, parece que la voy olvidando un poco más..."

Nova no supo que decir. No era buena consolando a las personas, así que lo único que se le ocurrió fue poner su mano en el hombro de Águila. Él recargó su rostro en la mano de la ninfa por unos segundos, antes de levantarla. Dudosa, Nova retiró su mano, para seguir viendo al lago.

Luego de eso, siguió un agradable silencio. Se sentían extraños. Probablemente era la primera vez que podían hablar así. Era algo raro. No odiarlo. No tenerle miedo a ella. Se había acostumbrado tanto a que en cuanto lo veía, tenía que odiarlo, que ahora que estaba en deuda con él, se sentía.... rara....  y dentro de él, siempre le guardó un poco de miedo, y ahora se sentía tonto por haberle temido alguna vez.

En esos momentos, Mokona llegó brincando a la cueva, de un lado para otro, rompiendo el momento en que se encontraban. Águila se levantó y trató de capturarla, pero Mokona, ante los ojos sorprendidos de Nova, logró con un fuerte salto tirar a Águila al agua. Un grito surgió de los labios del joven. Una gran salpicada se alzó de su caída, empapando también a la chica, que miraba todo asombrada. Cuando pudo abrir sus ojos, vio a Águila, con una flor acuática en su cabeza, cerrando un ojo mientras se sobaba el brazo.

-- "Maldita bola de algodón... ¿Qué le habrá pasado?" preguntó algo enojado, antes de que volteara a ver a Nova. El aliento se congelo en su garganta, temeroso de lo que haría la ninfa. ¿Se enojaría? ¿Estaría tan furiosa que no le volvería a hablar? Por cosas menores lo había atacado en el pasado. No seriamente, pero....

-- "Err... este... Nova.... yo."

La muchacha sólo parpadeo un par de veces, antes de soltar una alegre carcajada, mientras señalaba a Águila. Luego de verla sorprendido, Águila se unió a su compañera, y empezó a reír. Se levantó del agua, quitándose las ramas que tenía en los brazos, y se dejó caer pesadamente junto a la ninfa, que aun se reía.

Sus alegres risas resonaban por la cueva, haciendo sentir el ambiente menos pesado. Águila lentamente dejo de reír, pero siguió observando a Nova, que estaba sosteniéndose el estómago por haber reído tanto. Lentamente, sus risas iban disminuyendo, hasta que sólo quedaron en un suave sonido junto a su respiración agitada. Con una mano, Nova limpió las lágrimas que la risa le había provocado.

Águila sonrió ante el espectáculo que daba la joven ninfa. Su cabello desordenado y húmedo, su piel sonrojada por la risa, y una leve sonrisa en sus labios. El observarla tan natural, sin el odio que siempre la había rodeado, sonriendo..... parecía otra persona. Él sólo se arrodillo frente a ella, su mano acariciando suavemente las de ella.  Mokona riendo, luego de haber estado viendo toda la escena.

Águila siguió mirándola, admirando el cambio que provocaba una sonrisa en su rostro. Se veía tan linda. Tan inocente. Si era así como se veía sin el odio, lucharía por lograr que ella estuviera así siempre.

-- "¿Qué tanto me ves Águila? –dijo Nova, estirándose hasta quitar la hierba del cabello rubio pálido de Águila- ¿tengo algo en la cara?"

Águila se rió, negando suavemente, antes de sentarse. La observó un poco, antes de que la sonrisa dulce de siempre ocupara su rostro.

-- "No es nada, es sólo que... es una pena que no sonrías más a menudo. Tienes una sonrisa hermosa."

Nova se sonrojó levemente, antes de atrapar a Mokona entre sus brazos. Se levantó rápidamente, dándole la espalda a Águila.

-- "Tengo que irme... tengo que ir por Hikaru para ir a casa." Y luego de haber dicho esto, empezó a caminar hacia la salida. Águila se le quedó viendo por unos momentos, antes de levantarse e ir tras de ella.

-- "Por cierto, Águila."

-- "¿Qué pasa Nova?"

-- "Si le mencionas a alguien que esto pasó....."

-- "¿Sobre esto? ¿qué pasó?"

Nova sonrió por unos momentos, antes de empezar a correr, dejando a Águila atrás de ella.

C'

Continuará.....

Notas de la autora:

^^UUU no me odien, sé que esto es inhumanamente grande, pero..... ¡es lo que se da! Y yo creí que iba a ser mayor.....

¿Qué les parece? ¡Ya hay una pareja! Y las demás personas empiezan a también arrejuntarse, como dirían por acá.

No, no todo va a ser drama y romance, si va a haber problemas, sólo que no he llegado a eso. Probablemente en el próximo capítulo, si no me equivoco.

Agradecimientos a Sam, Belly, Danyliz, Anaís, Fuu, Umi y Luin-chan por seguir leyendo estas locuras que me dan. Espero que les agrade ^^. Y también a todos los que lo siguen leyendo.  Espero poder tener los siguientes capítulos antes, aunque mejor no prometo nada.  Calladita me veo más bonita ^^U.

La canción que canta Fuu se llama Anata ga Oshiete Kureta (Tú me enseñaste), y si creen que me pertenece ciertamente están orates.

En el próximo capítulo se va a saber la verdadera historia de Hikari y de Feu. Advierto, preparen kleenex. Más sobre Kendappa, más sobre Siren y su relación con Alcyone, finalmente sale el abuelo de Clef....

¡Nos vemos!

Ja Ne

XO

Hechicera Kali