En medio de la Tormenta

El día había estado muy nublado, la lluvia arreciaba y golpeaba los cristales de las ventanas, pocas veces llovía con tal fuerza, a pesar del frío que hacía en el cuarto no estaba prendida la chimenea, y la habitación estaba a oscuras, cualquiera hubiera dicho que no había nadie en ella, sin embargo cuando algún rayo alumbraba se podía distinguir la silueta de una mujer parada junto a la ventana. De pronto una muchacha de la servidumbre abrió la puerta y la habitación se iluminó un poco por la vela que traía consigo.

No te han enseñado a llamar antes de abrir una puerta – espetó la joven que había estado parada.

- Perdón señorita – se excusó la sirvienta con una voz un tanto chillona – pero como todo esta apagado no sabía que usted estaba aquí.

- Ten por seguro que informare a mi madre de tu actitud – le dijo la joven al tiempo que un rayo iluminaba su cara.

- La sirvienta se quedó en estado de total humildad, agachó la cabeza y encogió los hombros, en sus ojos se comenzaron a formar lágrimas, y la mano le tembló, la pequeña llama de la vela se movió peligrosamente a punto de apagarse. La joven con un gesto de hastío, la miró severamente.

- Entonces ¿qué era lo que querías decirme?

La muchacha levantó un poco la cabeza, con esperanza por el cambio de tono de la voz.

- La estaba buscando porque los señores preguntan por usted.

- ¿Dónde están? – preguntó enfadada

- En el salón del Te

La joven salió, alzando la cara, la sirvienta que contuvo la respiración en el momento en que pasó por su lado, en cuanto hubo salido un fuerte suspiro salió de su boca, y se dispuso a prender un buen fuego antes de que la joven regresara. La joven caminaba graciosamente entre una mezcla de elegancia y porte, viéndola claramente a la luz de las lámparas se podía notar su buena cuna, vestía un fino vestido de faldas de tafetán con encajes hechos a mano, llevaba el cabello recogido, En general era una mujer muy bella, empero tenía unos ojos que brillaban de malicia. Pronto llegó a la sala del té, se complació al ver a su familia alrededor del fuego, dos personas grandes de edad evidentemente Sus padres, ambos muy distinguidos y finamente vestidos sentados en un gran sofá tomando te con pastas. Junto a la chimenea estaba un joven parado de espaldas, su cabello castaño ligeramente largo pero bien peinado vestía un traje hecho a la medida, jugueteaba con un adorno que estaba en una repisa.

- ¿Dónde estabas? – preguntó enojado

- No sabía que me habían mandado llamar – le contestó bruscamente a su hermano – Madre esas sirvientas que nos mando la tía Elroy son unas inútiles, no es posible que nos mandara otras

- Hija, luego lo discutiremos – contestó con un dejo de temor, mientras miraba de reojo a su esposo.

- Bien, ya que estamos todos reunidos quiero avisarles que el próximo fin de semana iremos a Chicago.

- ¿A Chicago? – preguntó un poco espantado el joven

- Si Neal, a Chicago – contestó su padre.

- ¿Qué tenemos que hacer todos allá? – inquirió la joven- al tiempo que se sentaba lentamente en uno de los sillones

- Es una invitación formal de parte de William.

Al oír el nombre, un gesto entre temor y odio se dibujó en la cara de Neal, cerro su puño tan fuerte que rompió la pequeña porcelana con la que estaba jugando, unas gotas de sangre comenzaron a salir de una herida que le hizo un pedazo de porcelana que se había clavado en la palma de la mano, la Sra. Legan un poco asustada se levantó de su asiento y se dirigió a él, con expresión maternal, tomó su mano y sacó su pañuelo y lo apretó contra la herida, después lo guió hasta uno de los sillones.

Muy contrariado, se quedó mirando a la mano con la que sostenía la mano, y no dejaba de pensar en los motivos por los cuales habían dejado de vivir allí, "Chicago... Chicago... No puedo ir" se dijo para sí finalmente, Elisa que estaba sentada frente a él, le preguntó a su padre.

- Padre, no entiendo¿por qué hemos de ir toda la familia?

- Es de suma importancia que vayamos, ya que la invitación es para toda la familia y desde que llegamos a Florida no habíamos recibido una para toda la familia.

- Padre lo quise decir es ¿cuál es el motivo de dicha invitación? – inquirió temerosamente esperando la peor noticia.

- Es... – dijo al tiempo que se detenía, tomo un poco de aire y continuó – la presentación de Candy en sociedad.

La cara de Elisa palideció, su Madre que hasta el momento había estado más al pendiente de la mano de su hijo que de lo que decía su esposo, movió rápidamente la cabeza, hasta encontrar la cara de su marido y al mirarlo a los ojos supo que no era ningún tipo de broma. Neal al escuchar el nombre que desde que habían llegado a Florida estaba prohibido mencionar, levantó la mirada con furia, y la sangre se le subió a la cabeza.

- Espero que sea una broma – espetó enojado

- Me temo que no es así Neal – le contestó su Padre con tristeza

- No me apetece ir – dijo Elisa con odio

- Me imaginaba que era eso lo que iban a decir es por eso que los he mandado llamar, es preponderante que hagamos acto de presencia al menos.

- ¿Por qué es tan importante? – pregunto la Sra. Legan algo consternada

- No lo saben pero mis negocios aquí no han ido muy bien, pensaba independizarme totalmente de la familia Andley, pero mis esfuerzos no han dado el fruto que esperaba, tengo que hablar con William, necesito que me ayude a solventar cosas del negocio.

- Pero Querido¿es eso cierto? – preguntó preocupada la Sra. Legan cuya expresión en ese momento denotaba el parentesco con los Andley.

- No había querido hablar de este tema, pues tenía confianza en que los problemas se irían aplacando, pero lamentablemente no ha sido así – comentó con abatimiento – desde que empecé a tomar cargo de las empresas de los Andley no había tenido sino éxito, así que nunca pensé que esto podría pasar.

- ¿Quieres decir que estamos en la ruina? – cuestionó a su padre con la voz un tanto quebrada.

- Todavía no... pero es por eso que necesito que vayamos todos – continuó su padre – preciso que me hagan este favor.

Toda la familia mantuvo el silencio por varios minutos, Elisa estaba absorta, sus ojos castaños miraban a las llamas de fuego, Neal parecía estar muy ocupado con la herida de su mano que ya había dejado de sangrar, la Sra. Legan, había vuelto a su lugar al lado de su marido a punto de llorar y le tomaba la mano, mientras que él tenía la mirada perdida, afuera la lluvia se habían transformado en tormenta y los rayos no dejaban de caer.

- Bien, ya que nos lo has requerido de esta manera, creo que no hay duda acerca de que iremos y te acompañaremos – dijo decidida la Sra. Legan.

- Me parece bien – contestó Neal como quien acepta un terrible destino

- Si no hay otra manera, estaremos contigo – puntualizó Elisa mientras se levantaba del sillón y se dirigía a la puerta.

Caminó rápidamente hasta llegar a su cuarto, entró cerrando con llave, vio el fuego prendido y la atmósfera del mismo era bastante cálida, con cuidado ella se fue quitando la ropa, ni siquiera llamó a la doncella que tenía esa responsabilidad, se puso su camisón y se metió a la cama pero no se durmió, miraba el dosel alrededor de su cama, desde que ella recordaba su familia había estado en muy buena posición económica, siempre había obtenido lo que quería con tan sólo desearlo, había obtenido una educación de primera y había despilfarrado el dinero en nimiedades, acostumbraba a atropellar a quien no cumpliera sus caprichos y a sus sirvientes los trataba pésimamente, todo esto lo podía hacer porque tenía dinero que le daba poder sobre ellos, de hecho ella nunca había pensado en ellos como personas sino como algo que le pertenecía por derecho.

Pero aún más que ellos estaba ella, le había hecho la vida miserable desde que la conoció, la había humillado, la había embaucado, la había insultado, la había herido, le había dañado su imagen ante quien podía, la había engañado, había hecho que la expulsarán del colegio y del hospital donde había trabajado, y todavía había tratado de obligarla a casarse con su hermano, y ahora era la única heredera de la enorme fortuna de los Andley, y tendría que ir con ella y besarle los pies si quería seguir teniendo el tipo de vida al que estaba acostumbrada o mejor dicho al único estilo de vida que conocía.

- No, no puedo hacerlo – dijo con lágrimas en los ojos – la odio, la odio por ser tan dulce y tonta con todos, por haberse ganado el cariño de las personas que más he querido, porque yo a pesar de tener todo no logré que Anthony me amará, y ella sin tener nada lo consiguió, y la odio por no haber impedido que tuviera el accidente, la odio porque lo mató, la odio porque en el colegio me llevó los recuerdos de lo que yo tanto quería olvidar, quería olvidar a Anthony, quería seguir con mi vida y cuando lo estaba logrando ella apareció, por eso la trate tan mal y luego Terry, pasó lo mismo que con Anthony, tenía que irse tras ella, siempre ella, se metió en la familia y ahora esta incrustada hasta la médula de los huesos, la odio porque ya no podré ganarme el cariño de Tío William, ahora vivimos recluidos lejos del resto de la familia, por eso es que ahora estamos en esta situación LA ODIO TANTO...

El llanto de Elisa era desconsolador, su cara estaba surcada por las lágrimas, apretaba fuertemente los puños contra las almidonadas sábanas, se sentía de lo más infeliz, todo su mundo, su lujoso mundo estaba a punto de desmoronarse, Elisa que estaba acostumbrada a dormir plácidamente hasta altas horas de la mañana, ese día concilió el sueño después de horas de estar llorando, su fatigado cuerpo había pedido un descanso y finalmente se durmió.

En otra parte de la casa, Neal se paseaba como León enjaulado por toda su habitación, el ama de llaves bastante habilidosa para las curaciones le había colocado un pequeño vendaje en la mano que se había herido, su cabello hasta hacía unos minutos bien arreglado, lo tenía todo revuelto, la corbata yacía en el suelo mugrosa por el paso de los zapatos sobre ella, el saco estaba arriba de una mesa y la camisa la traía desfajada, llevaba más de una hora caminando como desesperado hasta que se dejó caer en un taburete que estaba cerca de la chimenea.

Miro hacía fuera y vio como la lluvia aunque había decrecido seguía cayendo de manera copiosa, una de las fuentes del patio al que daba la ventana estaba a punto de desbordarse, y Neal al verla se sintió muy débil. Neal nunca se había caracterizado por ser un persona fuerte, solía abusar de las personas más débiles, y el acontecimiento que se avecinaba tendría que afrentarlo le gustara o no, tendría que verla después de lo que le había hecho, después de que sus artimañas no le habían funcionado lo había humillado delante de gran parte de la familia y amigos y eso había sido más de lo que el podía soportar. Sus deseos siempre habían sido ordenes, estaba acostumbrado a hacer su voluntad pero no podía ser para siempre.

Haber arrastrado a toda su familia a vivir lejos de lo que amaban, era algo que él no merecía, él lo estaba empezando a recapacitar, él era el culpable de todo lo que le pasaba a su familia, por no haber sido nunca una persona fuerte, un Caballero como lo deseaban sus padres, había perdido el orgullo y se había refugiado en los brazos de su madre, siempre había sido un cobarde y ahora estaba viendo que el resultado de sus cobardías había puesto a su familia en una mala posición.

Era su responsabilidad y lo admitía, pero aún seguía siendo un cobarde, y la idea de enfrentarla después de tanto tiempo lo espantaba, dentro de si mismo lo sabía que su pusilanimidad era la razón por la cual ella no había podido llegar a amarlo, por primera vez en su vida tendría que actuar como un Caballero, tenía que ser valiente y recobrar su orgullo de otra manera nunca podría salir del hoyo en que se había metido. Además de hacerlo por él, se exigía hacerlo por su padre.

Como recordaba en los pasados meses cuando su padre lo había colocado al mando de un departamento en su empresa y la manera en que había dejado que las cosas se fueran a pique por el poco interés que había puesto en el negocio, de cómo había preferido andar de fiesta con sus amigos, sin importarle llegar tarde al trabajo o peor aún no presentándose, su padre le había llamado la atención en un par de ocasiones pero el siempre había hecho lo que deseaba y continuó tal y como había estado haciendo, produciendo sinsabores en su progenitor, en el momento se arrepentía de no haber tomado con la seriedad que requería, también de no haber causado más que problemas a su padre y no solo a el sino también a su madre y a su hermana.

Para un Neal que no estaba acostumbrado a pensar en los demás, le resultaba bastante fatigante estar en esa situación de esta manera continuó con sus pensamientos durante toda la noche, cuando el sueño lo estaba venciendo el sol comenzaba a asomar.

Mientras tanto el Señor y la señora Legan se habían quedado en la sala de té conforme la leña se iba consumiendo en la chimenea, la extraña tormenta había durado más que cualquiera en años, y el frío que se sentía no era común en esa parte de Florida, sin embargo con el cálido fuego la habitación estaba bastante confortable, y la pareja de esposos conversaban sobre las recientes noticias.

- Querido ¿porqué no me habías comentado nada al respecto?

- La vida se ha tornado muy difícil para ti, estando lejos de tu tía, además que has tenido que soportar el comportamiento de Neal, no quería traerte más preocupaciones.

- La vida aquí no es tan mala como crees, soy un miembro muy importante dentro de todos las empresas caritativas de por aquí, además creo que le ha hecho mucho provecho a Elisa, más que a Neal.

- Elisa me preocupa – expuso el Sr. Legan – últimamente no sale de su cuarto, Milly su doncella me lo comentó el otro día, que a veces se queda sola con las luces apagadas.

- Querido, esa niña Milly esta medio tonta¿no iras a creerle, se que ya no sale tanto como solía hacerlo pero eso no quiere decir que se haya vuelto ermitaña.

- No te lo comentaría si pensara que son tonterías.

- Hablaré con ella, no pasa nada con Elisa.

- Temo mucho lo que vaya a pasar este fin de semana, sabes de antemano lo que Candy significa para todos nosotros.

- Realmente las cosas se salieron de control, esa muchacha conquisto el cariño del tío William, y no se puede regresar el tiempo para impedir que la adoptara, Elisa esta ahora por debajo de ella al igual que Neal.

- Es por eso que temo lo que ocurrirá, esa niña huérfana en este momento es la única heredera de la familia, William no pensará dos veces antes de dejarle todo. El resto de la familia ha quedado relegada a segundo plano, tanto Elisa como Neal lo saben, se que si hubiera sido cualquier otra niña no habría tanto problema, pero como es ella, la que fue sirvienta de ellos – hizo una larga pausa – Quiero pensar que son consientes del problema y que van a actuar sensatamente, porque de otra manera no podría ser menos que perjudicial para todos.

- Querido¿acaso van tan mal los negocios como para poner a nuestros hijos en esta situación tan incomoda? – inquirió preocupada la Sra. Legan

- Me gustaría decir que no es así, pero tengo que proteger lo que será de ellos, en este momento podría solventar todo con las inversiones que tenemos en el extranjero, pero mis asesores financieros han hecho indagaciones, las cosas parecen ir por mal camino, no solo para nosotros sino para todo el mundo, se que desde que la Tía Elroy estaba al cargo de todo ha ido afianzándose, para no perder dinero si llegará lo peor, así que se que William podría ayudarme a salir de esta crisis para entonces hacer lo mismo que ellos.

- Querido, realmente creo que William va a ayudarte, él nunca dejaría caer a alguien de la familia.

- Eso espero, eso espero.

Los dos se quedaron en silencio durante casi media hora hasta que se consumió por completo la leña, entonces subieron a su recamara, la Sra. Legan en esos años lejos de Chicago se había ido suavizando, su carácter no distaba mucho del que tenía su hermano William, lejos de su habitual ambiente había ido adquiriendo un temperamento más humano, al presente se lamentaba de haber criado a sus hijos de manera en que ellos fueran menos caprichosos, porque se había percatado de que sus bebés ya no lo eran y que en la vida adulta una educación como la que ella les había otorgado no les traería más que desgracias.

Por su parte el Sr. Legan había tenido presente la mala educación de sus hijos desde hacía mucho tiempo pero sus continuas ausencias no le habían permitido tener una mano más fuerte con sus dos caprichosos hijos, porque cuando llegaba a verlos después de una larga temporada, lo único que quería era ser amoroso con ellos y cumplirles sus deseos. También se arrepentía de eso sin embargo el sentía que no todo estaba perdido y que las cosas podían cambiar.

Con estos pensamientos se fueron a la cama, acompañados por sonido de la lluvia al pegar contra los cristales, esperando que el nuevo día les trajera mejores noticias.

Al día siguiente Elisa despertó cuando la mañana iba muy avanzada, le dolía la cabeza y se sentía fatal, los ojos los tenía hinchados de tanto llorar, se levantó de cama y corrió las cortinas, la lluvia continuaba con fuerza, vio pasar corriendo a su doncella recogiéndose las faldas para que no se llenaran de fango en dirección de la cocina, antes que un desayuno le apetecía tomar un buen baño, así que tomó la bata y abrió la puerta, en el momento que abrió la puerta un sirvienta de raza negra se acercó.

- Prepárame un baño – le ordenó Elisa

- En seguida Señorita – le contestó al tiempo que se dirigía al baño y comenzaba a preparar todo.

- ¿Ya sirvieron el desayuno?

- Sí señorita, sólo la están esperando a usted.

- Y ¿no van a esperar a mi hermano?

- El Sr. Neal, salió desde muy temprano

- ¡Pero él nunca se levanta temprano! –exclamó Elisa

- Salió antes que el Señor. – le dijo refiriéndose al padre de Elisa

- Entonces sólo estoy yo en la casa – se dijo para sí Elisa

- No, señorita, la señora esta en casa.

- ¿Mi madre esta en casa! – exclamó admirada

- Si, señorita – continuó la muchacha – me ordenó estar al pendiente de usted mientras las muchachas preparan lo que se van a llevar.

- Oh... ayúdame para ir pronto con ella.

La sirvienta le ayudó a desvestirse y a arreglarse, el baño fue un gran descanso para su cabeza y sus ojos, cuando salió de la habitación no quedaba huella alguna de la terrible noche que había pasado, se dirigió al comedor donde le sirvieron un copioso almuerzo, aunque ella apenas lo probó, terminando el desayuno fue a la recamara principal y allí encontró a su madre dirigiendo a tres muchachas para que empacaran las cosas apropiadamente. Elisa se quedo mirando desde la puerta el alboroto que las jovencitas causaban por el simple hecho de poner unas cuantas cosas en los baúles que se llevarían.

- Madre, pensé que estarías con tus amigas desayunando.

- No Elisa, tengo que preparar todo porque salimos esta noche

- Entonces ¿no iremos a comprar vestidos?

- Hija, oíste ayer a tu padre, no podemos al menos hasta que hable con el tío William.

- Quieres decir que aparte de que tenemos que ir, ni siquiera podremos ir con mejores vestidos.

- Cielo, todos tus vestidos son hermosos, cualquiera te vendrá bien, sólo estaremos unos días, porque no te llevas el azul oscuro¡Se te ve tan bien!

- Madre no quiero un vestido que se me vea bien, quiero un vestido que se me vea estupendo, no quiero que ella se vea más elegante que yo.

Hija, te comprendo perfectamente, pero esta vez no puedo hacer nada para complacerte, los negocios de tu padre no van como deberían – le dijo esto último en voz muy baja mientras se la llevaba a otro cuarto, para continuar la conversación donde las sirvientas no pudieran escucharlas – sabes que andan muy mal – continuó en voz muy baja – tenemos que estar consientes que si tío William no accede a la petición de tu Padre nos veremos metidos en graves problemas, por lo mismo no quiero que nadie aquí se entere de nuestra situación para poder sacarle el mayor provecho.

- ¿A que te refieres? – le preguntó angustiada Elisa

- A que si Tío William rechaza a tu Padre, tendremos que jugar las cartas que nos quedan – le dijo al tiempo que la miraba duramente – todavía tenemos la oportunidad de hacer un buen matrimonio que salve la situación económica

Las palabras de la madre de Elisa resonaron en su cabeza, ella siempre había pensado en hacer un buen matrimonio, todos los pretendientes que había tenido eran gente de alcurnia, pero ella sabía bastante bien que las personas de alcurnia cuando se casaban entre ellos era para no perder fortunas al grado que se casaban entre primos para que el dinero continuara en la misma familia, y que los únicos que estaban dispuestos a casarse con alguien de buena familia pero que no tuviera dinero, eran "Los Nuevos Ricos", gente con dinero pero sin clase ni buen nombre que lo que necesitaban para ser aceptados era emparentarse con alguien que perteneciera al círculo al cual deseaban tanto entrar; el solo pensamiento de que ella Elisa Legan Andley tuviera que casarse con un "Don Nadie" le aterró.

- Acaso estas sugiriendo que Neal y yo tenemos que casarnos con gente de dinero aunque no tengan una pizca de clase.

- Hija, espero no llegar a tanto, es por eso que debemos mantener la boca cerrada el tiempo que sea necesario para que escojas a alguno de los pretendientes que tienes.

Elisa y su madre regresaron a la recamara donde seguían empacado lo que se llevarían en el viaje, en la plática que sostuvo con su madre mientras estaban en esa Labor se enteró de que Neal había ido a trabajar desde muy temprano, asombrando a todos, por otro lado escogían que vestidos de los que ya tenían eran los más apropiados para llevarse. Al final Elisa prefirió llevarse el vestido que había usado en su Presentación en Sociedad hacía varios meses, pues en opinión de ella, era el mejor que poseía, aunque no iba a estrenar un vestido el simple hecho de sacarlo de su armario la puso de mejor humor.

Para la hora de la comida habían completado el equipaje, que habían mandado subir a los carros que los llevarían a la estación, proceso que tuvieron que llevar a cabo con mucho cuidado porque la lluvia no había parado desde la tarde del día anterior, abordaron los carros, y se dirigieron a la estación de trenes.

Cuando llegaron a la Estación de Trenes a Elisa le sorprendió ver a tantos militares, había muchos de ellos, los uniformes contrastaban con el resto de las vestimentas que los civiles usaban, hacía tiempo que ella no salía de las afueras de la ciudad que era donde vivían ellos y sus amistades, había estado viviendo en su mundo, y al ver a tantos soldados tomando el tren sintió mucha angustia, había muchos trenes que los llevarían al puerto de donde partirían a Europa, tanto Francia como Gran Bretaña estaban sufriendo contra los ataques de Alemania, y la guerra había ido adquiriendo fuerzas. La Guerra era algo que no entraba en su vida de diario y parada allí en la estación era más tangente que nunca, veía a las parejas despidiéndose a familias que mandaban a sus hijos en medio de lágrimas y consejos, al final de la estación había un grupo de enfermeras que acaban de recibir de uno de los trenes a un numeroso grupo de heridos, trato de voltear la cabeza pero entonces vio a varias familias de luto que en lugar de recibir a sus seres amados vivos les estaban entregando un ataúd, y una señora lloraba al borde de la histeria gritando:

Ni siquiera pudieron recuperar el cuerpo – gritaba en medio del llanto a un Señor que parecía su esposo, quien también lloraba desconsoladamente – esto es todo lo que me queda de mi hijo –continuó mostrando una medalla a unas personas que iban con ellos y que de igual manera lloraban con amargura.

- Cálmate mujer – le dijo entre sollozos su esposo al tiempo que la abrazaba.

La mujer se acurrucó en sus brazos sin dejar de llorar pero al menos ya no gritaba, a Elisa le dio un escalofrío y por suerte para ella el tren que tomarían acababa de llegar y ella subió rápidamente hasta el compartimiento donde iban a viajar los próximos días, se sentó y trató de no pensar en la escena que acababa de ver. Unos minutos después la acompañaron sus Padres y su hermano, habían apartado dos compartimentos con camas en primera clase, el tren era sumamente lujoso y elegante, y a Elisa le dio mucho gusto que allí los militares no subieran. Ya un poco más calmada jaló las persianas para no poder ver para fuera y se acomodó en su asiento.

Esa tarde en medio de la tormenta que seguía abatiendo a la ciudad, la familia salió rumbo a Chicago, a Elisa se le veía más animada, a Neal mucho más decidido y seguro de si mismo, El Sr. Legan el cual tenía una cara un tanto demacrada por todas las preocupaciones estaba muy fatigado, la Sra. Legan era la que se veía más feliz, sabía que vería a su familia, a su tía Elroy quien la quería mucho, en general era un viaje con mucha esperanza

Mientras tanto en Chicago, en el centro de la ciudad un joven de tez bronceada y elegantemente vestido miraba un papel, verificó el número con un gesto de satisfacción observó el enorme edificio y pudo constatar con gusto que había mucha actividad, personas entraban y salían, de un camión estacionado varios hombres bajaban cajas que acomodaban en la acera para que no estorbaran a los peatones, el muchacho sonrío al verlos, los saludó con un gesto y entró a la recepción que estaba repleta de una gran cantidad de gente, esquivando a varias mujeres que abrían las cajas y verificaban lo que había dentro, el joven logró pasar del vestíbulo, se arregló el traje cuidadosamente y siguió caminando, aunque en los pasillos había menos personas le era igual de difícil de pasar hasta las escaleras.

Subió rápidamente por las escaleras, siguió caminando por el pasillo hasta llegar a una oficina la cual estaba abierta, era una oficina que tenía un gran ventanal con vista a la calle, desde allí se alcanzaba a ver el camión que estaba siendo descargado, toda la oficina estaba finamente amueblada, sin embargo parecía vacía buscó con la mirada pero no había nadie allí un poco desilusionado se sentó en una silla. Tenía varios minutos viendo hacia la calle cuando oyó ruidos en el pasillo, una gran sonrisa iluminó su rostro.

- ¡Hola Candy! – Saludó efusivamente.