Dulce Brillo del Destino.

El silencio reinó en el templo, la pregunta que acababa de hacer el sacerdote había llegado hasta la última fila, los pasos en la entrada habían sonado. Archie había girado su cabeza y sus ojos se habían abierto sorprendidos. En cuanto pudo reaccionar sonrió abiertamente. Albert lo miró de reojo y giró su cabeza un poco para ver de quien se trataba, el joven heredero no pudo evitar sonreír y después regresó su cara hacía el altar.

- Pensé que no ibas a venir – susurró Logan.

- Si, me costó mucho llegar – dijo el muchacho.

- Mira que susto nos has dado – señaló.

Anthony se limitó a esbozar una pequeña sonrisa, si, realmente en su pensamiento durante la larga caminata que había sostenido bajo la nieve había pensado en interrumpir la boda, pero todo aquello había quedado en pensamientos, jamás se imaginó en realmente llevarlo a cabo. Se sentía un poco avergonzado, se había sentado al lado de Logan, un poco más adelante alcanzaba a divisar la cabeza de Allen que algo decía al oído de Sabrina. Donella y Roy estaban sentados al lado de los condes. La familia en Pleno estaba presente, y aunque aún sentía algo de dolor por estar allí presente sabía por otra parte que jamás se habría perdonado no haber ido.

El sacerdote al ver que no había realmente tal interrupción para su pregunta prosiguió con los votos entre los dos jóvenes.

Mientras tanto, Terry aún corría por las calles nevadas, ya llevaba más de 8 cuadras, no miraba ninguna Iglesia. ¿acaso el taxista le había tomado el pelo?, con desazón se dio cuenta de que habían pasado más de 10 minutos y él continuaba corriendo, se detuvo y miró hacía todos lados, solo miraba las calles que en su desesperación juzgaba que eran idénticas.

- Oiga – escuchó una voz.

Terry giró su cabeza y se encontró con el taxista que corría por el mismo camino que él había tomado.

- Ya se que no le pague – dijo Terry mientras sacaba unos billetes…

- No, no es eso – dijo el hombre.

- ¿De verdad? – preguntó el muchacho con escepticismo.

- Bueno, si, me importa el dinero, pero quería decirle que va usted en camino contrario.

- ¿Perdón? – preguntó el muchacho.

- La Iglesia donde el Sr. Andley se casa es hacía allá – mencionó el hombre mientras señalaba la dirección contraría a la que había tomado.

- ¿Quiere decir que queda para allá? – preguntó

- Si, y espero que me agradezca, no podía manejar hasta aquí por la nieve acumulada, pero corrí a decírselo.

- Muchas gracias – dijo Terry al tiempo que le daba unos billetes de más que hicieron sonreír un poco al taxista.

Terry emprendió su carrera hacía el lado contrario, el tiempo había pasado sin piedad, y sin ninguna misericordia… el tiempo… pensaba Terry, el tiempo había pasado y él se había equivocado… ¿acaso era una cruel broma del destino?

Dio unos pasos más y ante él se abrió el atrio de la Iglesia, estaba por fin allí, con pasos vacilantes continuó el camino hacía la entrada. En cuanto puso un pie adentro alcanzó a escuchar unas palabras que retumbaron en sus oídos…

"Y con el poder que me confiere la Iglesia, ahora los declaró Marido y Mujer, lo que Dios ha unido no lo separé el hombre"

Ni aún con la carrera que acaba de realizar sentía calor, un frío estremecimiento le recorrió su cuerpo, sintió que todas las fuerzas que aún lo sostenían se iban debilitando. Iba a caerse, tenía que salir de allí, no podía dejar que lo miraran. Con mucho esfuerzo se sostuvo de la pared y se deslizó hasta un costado de la Iglesia, las manos le temblaban, sus rodillas flaqueaban, sentía que tenía que sentarse, pero todo estaba rodeado de nieve… se recargo en la pared y comenzó a respirar con dificultad, así continuó durante varios minutos hasta que su respiración comenzó a normalizarse. Sentía que las lágrimas se anegaban en sus ojos, pero no podía comenzar a llorar, él no era de los que lloraban, no podía hacerlo, no allí, no era la manera.

- Terry – escuchó como si fuera en otro mundo, en un mundo ajeno a él.

No quería abrir los ojos, sabía que una cruel realidad le esperaría, quizá si los mantenía cerrados un poco más se despertaba y todo aquello resultaba una horrible pesadilla. Sin embargo la voz repetía una y otra vez su nombre. Finalmente no pudo eludir más la realidad y abrió los ojos y miró delante de él a Sabrina.

- ¿Estás bien? – preguntó ella.

Sin embargo la pregunta resultaba tonta, resultaba inútil en ese momento. Terry quiso decírselo, pero no pudo articular palabra. Sabrina pareció comprenderlo porque no dijo más.

- Todo ha terminado – dijo él finalmente.

- Terry… yo…

- Durante todo el viaje las personas que me encontré hablaron del destino – mencionó con voz entrecortada – pero también mencionaron a Shakespeare. El mejor dramaturgo… al compararnos es como si nos hubieran condenado a la tragedia.

Sabrina se sentía muy mal, había prácticamente obligado al muchacho a ir, lo había retado, se había burlado de él. Jamás previó la posibilidad de que todo pudiera salir distinto a sus alocados sueños románticos.

- ¿Vas a quedarte? – preguntó Sabrina aunque de antemano sabía que el muchacho se negaría.

- Yo, solo voy a ver…

- No puedes verla – espetó Sabrina.

- No pienso verla a ella – dijo él – voy a ver a Albert…

- ¿Qué sentido tiene?

- Todo el sentido del mundo – mencionó el muchacho con mirada extremadamente triste.

- Está bien… yo tengo que irme… se darán cuenta de que no estoy allí.

- Gracias – dijo con un hilo de voz…

Sabrina lo miró extrañada. ¿Gracias? Pero si no había conseguido nada, solo hacerlo sufrir más, era una tonta… no merecía su agradecimiento. Sino por el contrario que le reprochara por haberlo llevado hasta allí para nada.

- De no haber sido por ti, no habría tenido viva la esperanza de verla de nuevo... además se que lo hiciste porque te preocupas por mi…

- No tienes nada que agradecer – dijo Sabrina.

Terry trató de sonreír, pero no tenía ánimos de hacerlo. Sin embargo decidió caminar para llegar a la mansión Andley.

Mientras tanto Candy se había quedado unos minutos más dentro del templo para agradecer a Dios todas las bendiciones que le había dado. Albert la miraba a unos pasos de donde ella se encontraba hincada. Nunca le había parecido más bella que en ese momento, en que elevaba sus oraciones vestida de novia. Finalmente Candy se levantó y miró a Albert. El muchacho le ofreció su brazo.

- Lista señora Andley – dijo

Candy no pudo evitar ruborizarse, su corazón latió aprisa y sonrió. Albert la tomó del brazo y salieron del templo, al pasar por el umbral una lluvia de arroz cayó sobre ellos, Candy bajó un poco la cabeza, Albert sonreía, y una gran algarabía reinaba entre los invitados que los esperaban para felicitarlos, el sol había salido finalmente, la nieve había dejado de caer y la ciudad estaba alfombrada por una gruesa capa blanca. Candy pensó que la ciudad se veía como ella, como si se hubiera vestido para celebrar junto con ella ese día tan especial.

Las felicitaciones de todos se prolongaron por más de media hora, hasta que cada uno comenzó a tomar el camino a la mansión Andley donde se llevaría a cabo la fiesta de bodas.

En la mansión, muchos de los comensales ya habían llegado y comenzaban a abarrotar el salón de fiestas que estaba impecable a pesar de haber tenido fiesta el día anterior. Para la ocasión se habían contratado más de una docena de criados extra para que no tuvieran problemas, sin embargo las manos parecían faltar en ese momento.

Mientras que la gente entraba por la puerta principal, y esperaban en los carros y carruajes tirados por caballos, un joven tratando de pasar inadvertido caminaba hacía la parte de atrás de la casa. Cuando llegó hasta donde estaba la puerta de servicio uno de los meseros se percató de su presencia.

- ¿Quién es usted? – le preguntó de forma un tanto golpeada.

- Quisiera ver al Señor Andley – dijo el muchacho.

- Lo siento, hoy no esta disponible – agregó Oliver quien se había acercado a la puerta – haga cita para verlo como el resto...

El muchacho no hizo algún gesto de desagrado, pero tampoco se movió. De su lugar.

- Haga el favor de retirarse, como puede ver, estamos muy ocupados y no podemos atenderle – señaló Oliver – le sugiero que hable a las oficinas del Sr. Andley para que le informen cuando puede recibirlo.

El joven estaba a punto de retirarse, cuando George apareció.

- Oliver por favor termine de hacer las maletas del Sr. Andley, y los papeles que se llevó en la noche llévelas al despacho yo las llevaré mañana a las oficinas.

George de reojo miró hacía afuera y miró al muchacho.

- Sr. Grandchester – exclamó un poco sorprendido.

Terry se sorprendió de que ese caballero al que no creía conocer supiera quien era.

- ¿En que puedo servirle?

- Necesito ver a Albert – dijo.

George tomó aire y antes de contestarle despacho a todos los que estaban cerca de la puerta. Cuando se marcharon de allí, George salió y cerró la puerta.

- Me imaginó que no puede esperar un mes para hablar con él ¿verdad?

- Quisiera, de ser posible hablar hoy mismo.

George se quedó callado unos segundos. Miró al muchacho y finalmente le dijo que lo siguiera. Terry lo seguía, había algo en ese caballero que le hacía despertar su confianza, caminaron unos minutos, atravesaron el jardín y comenzaron a caminar sobre un camino adoquinado, pronto Terry pudo vislumbrar un lago que se extendía por la parte posterior de la Mansión Andley, era algo que le asombraba, no sabía que había un lago detrás de la casa. Durante un minuto el muchacho pensó que George lo llevaría hacía el lago, pero entonces siguió por un lado hasta llegar a una terraza, subió la pequeña escalinata, después abrió una de las puertas que estaban ubicadas allí. El muchacho admiraba todo cuando unas notas de música lo despertaron, era la marcha nupcial junto a un ruidoso aplauso lo que le indicó que los novios habían llegado, su corazón se retrajo de dolor. En eso miró a George que lo esperaba en el umbral, Terry apresuró su paso y entró a la Mansión, la puerta conducía a un largo corredor, miró dos puertas pero George las pasó de largo, finalmente abrió una puerta y le indicó que esperara allí.

Terry entró y George cerró la puerta tras él, esperó unos minutos parado en el mismo lugar sin moverse, pero entonces miró una foto a un costado de la oficina que atrajo su atención. Se acercó allí y la observó con detenimiento, era la fotografía a colores que se habían tomado hacía algunos años Candy y Albert, los dos se miraban felices y sonrientes. Los ojos verdes de Candy destellaban y la sonrisa de Albert era abierta. Terry sintió mucho dolor.

- Siempre dije que lo único que me importaba era que fueras feliz – le dijo a la foto de Candy – Albert es un hombre muy rico, jamás lo imagine, vivía tan pacíficamente alejado de todo lujo y comodidad, de hecho vivía como vagabundo... pero es un buen hombre, así que creo que debió de tener sus motivos para esconderse.

Entretanto George había recorrido los pasillos para llegar hasta el salón de fiestas, la multitud de gente se arremolinaba alrededor de Candy y de Albert que no paraban de recibir abrazos y felicitaciones. George pensó en lo desagradable que sería llevarse a Albert en un momento como ese, no obstante no se detuvo sino que siguió entre la gente que esperaba felicitarlos y se acercó al muchacho.

- George – exclamó con alegría Albert.

- Necesito que vengas conmigo – le dijo en voz muy baja.

- ¿Ocurre algo? – preguntó Candy quien había alcanzado a escuchado a George.

- No, simplemente que hay una persona buscando a William – le informó sin mirarla a los ojos.

- Pero... es día de mi boda – refutó un poco enojado Albert.

- Si, lo se – agregó George – pero es de suma importancia, de no ser así no te molestaría.

- Está bien – mencionó Albert después de dar un suspiro. – Regresaré pronto.

Le dio un beso en la mejilla a Candy y después siguió a George ante la decepción de muchos comensales que esperaban para felicitar al joven heredero de los Andley. Candy los siguió con la mirada hasta que se perdieron de vista.

- ¿a dónde vamos?

- Al tu despacho...

- ¿Qué es tan urgente? – le preguntó Albert.

- Es que es algo delicado – comentó George.

- ¿Pues de quien se trata?

George abrió la boca cuando la tía Elroy apareció.

- George, venga conmigo que hay unas personas que quieren hablar con usted...

- Señora, yo...

- William – exclamó la mujer - ¿pero que haces aquí? Deberías estar allá dentro.

- Yo solo voy...

- Regresa a la fiesta – le dijo de forma autoritaria – Y usted, George venga conmigo,

Albert comenzó a regresar, y luego miró como George entró a la biblioteca seguido por la tía Elroy. El muchacho al verlo supo que podría ir rápidamente a su despacho, así vería de que se trataba y podría regresar cuanto antes con Candy sabiendo que no lo volverían a interrumpir.

En la oficina, Terry aún miraba la foto, había acercado su mano para tocarla, pero sintió un pinchazo de dolor, no podía hacerlo, no podía volver a pensar en ella de ese modo, ella le pertenecía a otro hombre, no podría volver a tocarla ni a si quiera pensarla como algo suyo. Apartó su mano del cristal que protegía la fotografía, entonces escuchó que alguien decía su nombre. "Terry"

Terry volteó a ver y se encontró cara a cara con Albert. El joven Andley se quedó sorprendido al ver al muchacho en su oficina. Jamás se habría imaginado que la persona era él. Sin saber que decirle se hizo un lago silencio entre los dos.

- ¿Qué haces aquí? – preguntó finalmente Albert cuando pudo articular palabras.

- Me enteré de tu boda – le contestó.

- Yo...

- No vengo a reclamar nada – añadió Terry.

Albert lo miró un poco confundido.

- Habría sido de mal gusto que me invitaras. – dijo Terry – pero no te preocupes, no pretendo armar ningún escándalo.

- Terry...

- Sin embargo he de confesarte que me sorprendió saber que eras rico...

- ¿Desde cuando lo sabes?

- Hace aproximadamente dos años – dijo Terry.

- Yo...

- Tampoco te voy a pedir que me expliques eso... pero no dejó de sorprenderme, es decir, eres demasiado desprendido, demasiado bondadoso como pertenecer a esta gente, a esta familia tan importante...

- Tú eres hijo de un duque – apuntó Albert.

- Un hijo bastardo – mencionó Terry haciendo una ligera mueca en la última palabra.

- Eso no importa realmente, llevas sangre noble en tus venas.

- ¿Noble? – dijo Terry al momento de lanzar una risa cargada de desprecio – Creo que lo hay de bueno en mi, proviene de la sangre plebeya…

- Eres demasiado duro con tu propia gente...

- Ellos nunca fueron mi gente – objetó Terry – Yo ya no pertenezco a ese mundo, desde hace mucho tiempo...

- Así que ahora eres simplemente un actor – dijo Albert muy pensativo.

- Si, soy lo que soy, sin falsas pretensiones...

Albert guardó silencio, no sabía que contestarle, si bien era cierto que no todos dentro de la aristocracia eran buenas personas, había conocido a algunos que hacían lo posible por hacer lo correcto y se esforzaban por dar buen ejemplo a sus amigos y familiares. Sin embargo también sabía que Terry y su padre jamás habían llevado una buena relación.

- ¿Y participas en alguna obra actualmente? – preguntó Albert

- No por el momento, de hecho dejé Broadway hace unos meses...aunque tal vez algún día regresaré...

Albert lo miró y las notas musicales llegaron con fuerza, lo que indicaba que el baile había dado comienzo. Y una sensación de desesperación se empezó a apoderar del muchacho quien sabía que tenía que regresar al lado de Candy.

- Puedes quedarte, si así lo deseas – mencionó Albert

- No... yo, - comentó Terry – es algo que resultaría desagradable, no solo para ti y Candy, allí dentro están Archie y Neal, los alcancé a ver cuando llegue y ambos me odian.

- Pero yo soy el dueño de esta casa...

- Si, pero en realidad no he venido a participar de la fiesta – dijo el muchacho que no tenía ánimos de celebrar nada.

- Esto es extraño entonces. – mencionó Albert – pensé que por eso habías venido.

Terry no dijo nada por unos segundos, después miró la foto de Candy.

- Solo quería asegurarme... de que jamás harás sufrir a Candy... Que la cuidarás y la amarás y le darás todo lo que yo no fui capaz de darle.

- Y tú...

- Yo... yo voy a estar bien.

- Terry

- No, no creas que es porque aún siento algo por ella, este año he pasado por tantas cosas y el tiempo que tenemos separados ha sido tan largo, que en este momento no se si alguna vez en realidad llegue a amarla... al menos no como ella merecía, y yo siempre he tenido tan poco para ofrecerle, creo que por eso lo que yo sentía por ella ha cambiado con el tiempo.

- Pero...

- Si, ya se que mi presencia aquí podría indicar lo contrario – agregó Terry – pero solo quería pedirte eso, porque forma parte de una promesa que le hice a Candy hace muchos años.

- ¿Viajaste hasta aquí para cumplir una promesa? – inquirió Albert

- Tú lo mencionaste, tengo sangre noble, y esto de cumplir promesas, llega a ser un defecto ¿no lo crees? Como caballero tengo que cumplir con mi palabra. Supongo que lo entiendes.

- Albert asintió con su cabeza.

- Entonces ya he cumplido con mi palabra y... te vigilaré, si llego a saber que me estas haciendo faltar a mi palabra, tendré que venir a recordártelo.

- No será necesario – respondió Albert - sin embargo tus visitas aquí siempre serán bienvenidas.

- Y no me resta nada más que hacer aquí... es momento en que regrese con mi hija ¿sabías que tengo una hija?

- Si, algo supe.

- Y como puedes imaginar, con ella también tengo muchas promesas por cumplir así que es mejor que me vaya.

- Te acompaño a la salida...

- No, no puedo quitarte más tiempo, te deseo mucha felicidad en tu matrimonio – le dijo al tiempo que le estrechaba la mano.

- Gracias – contestó Albert.

- Hasta luego – se despidió el muchacho.

Albert abrió la puerta y se encontró a George que estaba justo del otro lado, quien se hizo a un lado para dejar pasar a Terry. Los dos se quedaron mirando al joven Grandchester mientras recorría el pasillo hasta llegar a la puerta por donde había entrado.

- No sabía que tenías la manía de escuchar tras las puertas – dijo Albert

- Estaba preocupado - señaló George – Yo pensé...

- ¿Qué quería amar pelea conmigo?

- Si...

- No importa lo que la gente diga, o deje de decir de él. Incluso lo que él mismo piense de si. Terry es un caballero, con orígenes nobles.

- Así es... creo que esa mentira lo honra

- Es un excelente actor, no cabe duda de ello, pero no puede esconder sus verdaderos sentimientos.

- Ama a Candy y tal vez nunca deje de hacerlo

- Me hace sentir un poco como traidor...

- ¿Traidor?

- El creo que la amó primero que yo...

- Pero ¿acaso la amó más?

- Tal vez no, aunque ahora no estaría tan seguro de decirlo...

- ¿por qué lo dices? – inquirió George

- Ama tanto a Candy que aún en contra de sus deseos la ha dejado ir...

- Ojalá todo salga bien para él.

- Creo que tiene un fuerte incentivo... no se dejará vencer tan fácilmente...

- Bueno William, la gente te espera.

Albert asintió con la cabeza, antes de salir del despacho miró una última vez hacía la terraza por donde había desaparecido Terry. Sintió un poco de su dolor, pero no podía hacer nada, alguno de los dos tenía que pasar por eso, ya que ambos amaban a la misma mujer.

Mientras tanto Terry estaba caminando a la orilla del lago, sentía que su corazón estaba destrozado, no importaba ahora lo que pudiera haber hecho, había llegado tarde, pero también reconocía que Albert no tenía la culpa, en una ocasión le había salvado la vida, era un hombre bondadoso, un hombre que admiraba de cierta forma, y no pudo sino evitar reconocer que había perdido, pero había perdido con un digno rival, con alguien por quien no podía sentir rencor, metió la mano a la bolsa de su abrigo y sintió algo frío, sacó la mano con la armónica que Candy le había dado, mirarla en ese momento sintió que era más fría, tuvo la intención de arrojarla lo más alejada de la orilla que estaba un poco congelada pero que todavía tenía el hielo un poco frágil. Pero al querer arrojarla no pudo hacerlo, sus dedos se aferraron al instrumento musical, era uno de sus tesoros, podrían decir que Candy no era suya, pero sus recuerdos si lo eran y no iba a deshacerse de ellos. La volvió a guardar, se levantó el cuello de la gabardina y comenzó a caminar hacía la salida de la mansión. Afuera los carros estacionados a lo largo de la calle eran un indicio de la gran cantidad de invitados.

- Iba camino hacía la calle cuando escuchó que alguien lo llamaba.

- Vaya ¡Que sorpresa! – le dijo la voz

Terry giró su cabeza y se encontró con Henry.

- Henry – exclamó Terry

- ¿Cómo te fue?

Terry solo se encogió de hombros y suspiró.

- No sabía que eras amigo de los Andley...

- Yo, los conozco desde hace tiempo...

- ¿Y no vas a quedarte a la fiesta?

- No, yo, ya resolví lo que tenía que hacer... tengo que regresar para tomar el tren...

- Que mal, aunque si me hubieras dicho que venías con ellos yo te habría llevado hasta la iglesia que queda mucho más cerca que la estación del tren.

- Si verdad – dijo Terry.

- En fin, me alegra ver que estas bien, quizá en un futuro nos encontremos

- Si, tal vez – contestó Terry quien lo último que deseaba era alargar su estancia en Chicago.

- Bueno, ya voy para adentro, que tengas un buen viaje.

Terry lo despidió y sintió es sensación de vacío que lo acompañaba desde hacía varias horas. Si, los hubiera lo tenía preso, "si hubiera, si hubiera", ya no tenía sentido pensar en ello ahora... Tenía que sobreponerse, su hija lo esperaba, y si no lo hacía a la larga sería perjudicial para él... miró entre los carros y localizó el taxi que había tomado desde hacía horas, a pesar de que el conductor no le había agradado mucho, apreció que hubiera corrido tras él así que lo había hecho esperar y solo le estaba irse de regreso a California, junto con su pequeña hija Naty

Entretanto Albert había regresado a la fiesta, Candy sonreía a todos y saludaba y aceptaba sus felicitaciones con una linda sonrisa en su cara, Albert despejó su mente, no era momento para pensar en nadie más que en su bella esposa.

Se acercó a Candy y ella sonrío…

- Te has tardado mucho. – le dijo ella

- Si… un poco

- ¿Quién era la persona que te estaba esperando?

Albert miró a Candy, no, de nada servía decírselo, Terry no le había comentado nada de que quisiera que ella supiera que había estado allí.

- Era… un viejo amigo…

- ¿No lo invitaste a quedarse?

- Claro que si, pero él me dijo que tenía prisa por irse… así que quizá en otra ocasión nos venga a visitar…

Candy miró a Albert y descubrió en él una sonrisa nueva, una que al paso de los años sería la que más le intrigaría cuando la hiciera, sin embargo en ese momento dejó sus cavilaciones, era momento de celebrar lo mucho que quería a su Esposo, antes de casarse lo amaba mucho, pero en ese momento lo amaba aún más, tan solo de recordar el intercambio de votos con él la hacía sentir una emoción que la atravesaba. Ese sentimiento tampoco se iría con el pasar de los años.

El tiempo transcurrió y tres años pasaron rápidamente y en una de las recamaras de la mansión habían habilitado una recamara para el nuevo bebé de Candy.

Era el segundo hijo para los dos, de hecho hija, la recamara adornada con lazos rosas y motivos femeninos sobresalían en la misma.

- Candy – dijo Albert quien vestía un traje de viaje.

- ¿Ya te vas?

- Si, regresaré el viernes… pero la tía Elroy me mandó a recordarte que no debes salir todavía hace solo un mes que nació Audrey…

Albert miró a la pequeña que dormía plácidamente. Le dio un beso en la frente y después besó a su esposa.

- Archie dijo que volvería a finales de este mes – le informó Albert a Candy

- ¿En serio?

- Si, van a pasar una temporada aquí… quiere que su primer hijo nazca aquí.

- Me alegra tanto saber eso – dijo Candy – tengo muchas ganas de verlo, tiene ya mucho tiempo que se fue.

- Si, pero era por necesidad, y Sherly ha sido de mucho apoyo para él.

Candy asintió con la cabeza.

- Ni siquiera conoce a Aidan…

- Si, y ahora me alegro, de no haber utilizado el nombre de Alistear, supongo que él querrá usarlo para su hijo – dijo sonriendo Albert.

- Si, y pues supongo que también viene para la boda de Logan y Patty.

- Si, supongo que tiene mucho que ver con que venga hasta acá… Logan me dijo que le llamó la semana pasada y que prácticamente le rogó que viniera.

- Me imagino, Logan no cabe de felicidad desde que Patty le dio el si.

- Si, ella merece tener a alguien como él a su lado.

- Linda, me tengo que ir… nos vemos el viernes.

- Nos vemos querido.

Albert salió de la recamara, Candy arropó a Audrey, y salió de la misma para entrar a la que estaba a un lado. En cuanto entró un pequeño de menos de dos años corrió hacía ella.

- Mami, Mami… - gritó alegremente, mientras sus dulces ojos verdes tan parecidos a los de Candy centelleaban.

- Hola Laureen – saludó Candy a otra pequeña casi de la edad de Aidan.

- ¿Ya se fue Albert? – preguntó Annie quien estaba sentada en un confortable sillón.

- Si Annie, ¿ya te sientes mejor?

- Si, ya sabes que no soy como tu cuando estoy esperando a un hijo…

- Si, bueno no te ajetrees mucho, puedes dejar aquí a Laureen durante estos días hasta que nazca tu bebé…

- Alex se volvería loco, adora a la niña…

- Me imagino – dijo Candy.

- Por cierto, me dijo que por mi culpa es decir porque estoy esperando, van a retrasar dos semanas la fiesta de compromiso de Donella y Roy…

- Supongo que eso no le causo gracia a Roy…

- Si vieras que anda muy amable conmigo… creo que Donella tiene algo que ver con eso – señaló Annie.

Candy se sentó al lado de Annie y miró como Aidan y Laureen jugaban con unos carritos de Aidan.

- ¿Así que Elisa va a quedarse en California indefinidamente? No puedo creerlo

- Creo que nadie, todos esperaban que volviera a Chicago después de que la tía Abuela la perdonó…

- ¿Entonces ya no tiene problemas con Bryant?

- No lo se, según Albert ellos no pueden llevarse mejor de lo que se llevan… pero tú me conoces yo soy muy… bueno siempre espero lo mejor de cada uno.

- Si, supongo que así son las cosas…

- ¿Y a la boda vendrá?

- No creo que Patty quiera invitarla…

- A quienes si va a invitar es a Allen y a Sabrina…

- Si, ya tienen mucho tiempo en Escocia…

- Desde la muerte del padre de Allen… - dijo con tristeza Candy.

- Si, aunque yo no sabía que fueran Condes…

- Si, y ahora Allen heredo el título, y Sabrina se convirtió en condesa…

- Jamás pensé que fuera a dejar de cantar para irse con él.

- Creo que tomó la decisión acertada. Porque en ese momento sus padres no querían hablar con ella.

- ¿Pero ya no es así verdad?

- No, creo que un título puede más que cualquier cosa que pudo haber hecho Sabrina – señaló Candy con desagrado – creo que nunca debieron portarse así con ella, pero…

- Obtuvo su recompensa… un hombre que la ama y que aceptó al hijo de su primer marido.

Candy sonrió, sabía la enorme felicidad que podía traer el ser amada por aquel al que se ama.

- Y los chicos…

- No les digas así, ya sabes que se enojan… Pues Tessy volvió a Escocía con su madre…

- Si pero no me refería a ella, sino a los hermanos de Logan.

- Logan ha hecho un estupendo papel como tutor de ellos, aunque Ewan estará pronto en edad de no requerir uno, mientras que bella, bueno ella sigue siendo muy pequeña aún, pero se quedará a vivir con Patty y con él.

- Si supongo que no hay mucho de que preocuparse ya…

Las dos se quedaron en silencio unos minutos y se escuchó el ruido de un carro. Candy se asomó por la ventana y sonrió.

- Es Neal.

- ¿Neal? – inquirió Annie.

- Si, creo que viene por las medicinas de su padre.

- ¿Sigue enfermo?

- Si, esta muy enfermo, pero la Sra Leegan y Neal están cuidando de él…

- Es mucho trabajo…

- Si, aunque dejo el ejercito para unirse a la compañía Andley y ahora ha tomado el puesto que dejo su padre, con mucho éxito… - le informó Candy – aunque no todo ha sido alegría.

- ¿Te refieres a…?

- Si…

- ¿Y porque rompieron?

- Según se, fue porque Neal le dijo a Elizabeth que cuando se casaran tendrían que vivir en Sunville para seguir cuidando de su padre…

- ¡Vaya!

- Si, ella no aceptó, no quería dejar de vivir en Chicago…

- Supongo que no lo quería realmente

- Si es lo que todos le hemos dicho a Neal, aunque creo que eso le afecta también.

- Es aún joven, él es hombre, ya encontrará a alguien…

- Y hablando de jóvenes solteros… ¿has sabido algo de Anthony?

- Anthony se ha dedicado a viajar por el mundo… ha acompañado a su padre en un par de viajes y pues no se…

Escuche que se cartea mucho con la amiga de Sabrina…

- No lo se… la verdad es que creo que siempre me evita…

Annie se encogió de hombros y Candy suspiró. En eso escuchó a la bebé llorando. Y se levantó de su asiento para ir a atenderla.

Candy la tomó en sus brazos y la arrulló, pronto se quedó dormida y pensó en Anthony y no solo en él sino en Terry, en aquellos chicos que habían sido tan importantes para ella, ahora no sabía mucho de sus vidas, la última noticia que había tenido de Terry era que Susana había fallecido y que ya no vivía en New York.

Poco sabía que Albert había seguido comunicándose con él, Terry había iniciado carrera en el cine, aunque había montado una compañía de actores también y se estaba convirtiendo en una celebridad en Hollywood. Mantenía contacto con Albert y por ese medio estaba bien enterado de la vida de Candy ella seguía siendo una parte importante para él. Y pensaba que si algún día llegaba a casarse de nuevo sería plenamente enamorado, aunque no sabía si su corazón podría amar a otra que no fuera Candy… mientras tanto todo su cariño lo dedicaba a Naty, su pequeña y precoz hija que seguía creciendo tanto de estatura como en belleza, todos adoraban a la pequeña quien era orgullo del joven Grandchester.

Y Anthony, seguía sin recuperar su pasado, pero pensó que estancarse en su vida por no tener pasado sería algo lamentable y había decidido armarse un futuro, ahora viajaba por el mundo y conocía gente nueva. Y donde más de alguna dama había caído rendida ante su mirada y su sonrisa. El muchacho esperaba forjarse un mejor futuro antes de emprenderse nuevamente en el viaje del amor.

Candy ignoraba todo esto, y a veces prefería de esta manera, porque aunque habían sido personas importantes en su vida, y sabía que siempre formarían parte de ella; su esposo y sus hijos eran su prioridad y deseaba más que nada en el mundo poder seguir siendo una buena madre y una buena esposa.

Al actuar de esa manera, ignoraba que el resto de la alta sociedad de Chicago la comenzaba a considerar un pilar de la misma, una dama respetable y elegante a la que todas las chicas querían imitar.

Estaba llegando a un punto donde después de tantas penurias y tantos cambios en su vida, comenzaba a realizarse plenamente, a formar parte de un destino que había sido escrito para ella desde un inicio.

F I N


¡Que largo viaje!

Hace tres años comencé a escribir esta historia que durante años me había dado vueltas por la cabeza, la emoción que sentí cuando la inicie, realmente no se compara con este momento, porque además son sentimientos encontrados, tres años de mi vida han pasado en donde muchas cosas cambiaron... pero mi gusto por Candy ha aumentado considerablemente. Fueron tres años donde la historia me acompañaba a donde fuera y que iba atada a mi cabeza planeando, maquinando lo que pasaría con cada uno de los personajes. Fueron tres años exhaustivos pero deliciosos. En realidad disfruté muchísimo escribir esta historia.

LA HISTORIA DEL NOMBRE

Muchas me preguntaron el porque del nombre del fic. Bueno primero que nada he de confesarles que soy muy mala al momento de poner los títulos, empiezo con uno y terminó con uno súper diferente, en el caso del nombre de este fic no fue la excepción. Quería un nombre que denotará mi idea de la historia… primero quería algo que tuviera que ver con Candy, de allí viene la palabra Dulce… además de que al mismo tiempo demuestra algo suave y lindo… Brillo, la palabra brillo quiere decir un destello un vistazo a lo que sería el futuro de Candy, es solo un pequeña parte porque solo abarca unos pocos años de la vida de Candy… y Destino, es el futuro de Candy… en pocas palabras sería "Un lindo vistazo al futuro de Candy"… aunque si Dulce Brillo del Destino es largo, así lo sería más jejej.

DETRÁS DE DULCE BRILLO DEL DESTINO

Si he de serles honesta, la historia cambio mucho durante la marcha, se alargó más de lo que creía, una vez que reestructuré la historia serían 52 capítulos, no obstante quedaban algunos hilos sueltos y decidí cerrarlos en esos 4 capítulos de más, y si, no solo eso, aún en el último momento había esa duda en mi corazón... ¿con quien se quedaría Candy? Por eso cuando me preguntaban... ¿de quien es tu fic? Con sinceridad contestaba, es un Candyfic, porque siempre tuve varias opciones a lo largo del mismo. En este capítulo final, pensé en las tres posibilidades que había para Candy, una... la más evidente que fue como acabó la historia, pero estaban las otras dos rondando por la cabeza. La primera de estas era Terry, ese Terry que había recorrido largos kilómetros para confesarle su amor. Si suena un poco dramático, lo se, pero era algo que podía suceder, sin embargo no fue el único final que me planteé, el segundo, se trataba del mismo Anthony, pero un Anthony que sin importarle lo demás gritara que él amaba a Candy... si en este caso no era tan sostenible, que si bien Anthony es arrojado y valiente, es un caballero y era algo que no haría, ya que se trata del hermano de su madre. Así que quizá por esta razón me pareció más prudente dejar la historia como quedó. Aun a sabiendas de que habría una gran parte de Candyfans que lo odiarían por ello, aunque esta la otra parte que estaría contenta... digo la única manera de darle gusto a todos era que Candy se mudara a un harem con todos ellos... jejej, otro de los datos curiosos, es que inicialmente Neal iba a morir en la guerra... pero creo que muchas lo vieron venir y prácticamente me rogaron que no lo hiciera... también en ese aspecto tengo el otro capítulo escrito donde efectivamente moría.

Otras cosas que cambiaron, eran las parejas finales... inicialmente Sabrina y Archie terminaban juntos... ellos me parecían la pareja natural, pero después Allen se metió en el camino jejeje, si, era Archie quien miraba a Sabrina mientras arrullaba a su hijo y que eso hacía que se enamorara de ella... en realidad todavía siento cierto remordimiento por haber dejado a Archie con Sherly... quizá pudo ser una mujer más interesante para él... no lo se, en su momento me pareció adecuado y no lo cambié durante el resto de la historia.

Patty y Logan... jejeje, mi idea inicial era pintar un mega cambio en Logan y que se atreviera a todo, arrojado y con mucha sensualidad, pero después de pensarlo dos veces creí que el cambio rayaba en lo inverosímil y que no iba con la personalidad inicial del muchacho. Así que en lugar de tener una escena tórrida con Patty quedó en simple coquetería por parte de él y la negativa por parte de ella. Más razonable dado su reciente experiencia romántica.

La aparición de Anthony, se que sonó a Churronovela de Televisa, sorry pero era algo en lo que había pensado desde un inicio. Aunque como les digo siempre tenía la opción b y la c. En uno de los capítulos escritos el extraño resultaba ser Stear, aunque en este caso tendríamos que obviar lo de las rosas, y la otra que fuera un simple vagabundo sin nombre ni mucho que hacer en la historia más que una anécdota más... pero vamos... mi alma de valkiria salió a relucir en el último instante, y sugirió un segundo triángulo amoroso... más atrayente que un vagabundo, aunque la duda de Stear siempre estuvo presente, dado que Misuki da la idea de que jamás recuperaron el cuerpo del muchacho...

El nombre de la hija de Terry, alguien por allí me dijo "pensé que se llamaría Candy" y si, esa fue mi primera intención, pero luego pensé en Susana, ella jamás admitiría eso, y Terry siendo un caballero no lo habría tan siquiera sugerido... "vamos poniéndole el nombre de mi ex novia" no, pensé en lo inverosímil que resultaba que rayaba en lo ridículo así que decidí por un nombre lindo que representara lo que estaba viviendo Terry un trozo del cielo en sus manos... un descanso para sus pesares.

Los capítulos que fueron preconcebidos desde antes de iniciar la historia fueron cinco. El primero cuando Albert y Candy por fin se besan por primera vez... (Una dulce mirada de amor), los Leegan perdiendo todo lo que poseen (La ruina de los Leegan), Elisa huyendo con el prometido de Patty (El desacierto de Elisa), Susana despidiéndose en su lecho de muerte de Terry (El más triste adiós), Terry en su carrera de kilómetros para llegar a ver a Candy (El gran día). Eran y fueron los capítulos que le dieron vida a este fic... en torno a ellos los demás capítulos surgieron y se entrelazaron para terminar en 56 capítulos.

Los nuevos personajes se dieron de forma un tanto natural, una segunda familia Andley me pareció más que instintivo, una viviendo en América y la otra en Europa, una familia con nexos con la nobleza Inglesa. La familia amiga de los Andley tenía que ser una familia también de ascendencia Escocesa y pensé en muchos apellidos pero el apellido Campbell que tantas veces había leído en Novelas pensé que era el más indicado, los nombres de ambas familias tenían que ser escoceses y me di a la búsqueda de nombres de origen escocés y a partir de allí me di a la tarea de darles personalidad a cada uno de los integrantes.

DATOS REALES

Como bien saben esto es una historia ficticia no obstante no se puede escribir sobre algo que no se conoce, me di a la fatigosa pero interesante tarea de investigar bastante sobre la época en que se desarrolla, desde el tipo de ropa que utilizaban, hasta inventos y noticias.

Las fechas de la entrada de EEUU a la guerra es verídico, asimismo la fecha de terminó de la guerra. Inventos como son las fotografías a color, el cine, lentes de contacto, aspiradora, calefacción, aire acondicionado, duchas, incubadoras y el uso de cesáreas, son reales, ya que todos fueron inventos de antes de 1910 y que se popularizaron en su mayoría en 1920, pero que unos años antes eran de fácil acceso para la gente adinerada.

La fecha del estreno de la opera de Gianni Schichi así como el lugar donde se estreno es real, claro esta que la participación de Sabrina es totalmente ficticia.

AGRADECIMIENTOS Y MÁS COMENTARIOS

En fin, a todas las que siguieron este fic les debo una disculpa por todo el tiempo que tarde escribiéndolo, pero sucede que mi tiempo para poder escribir comenzó a reducirse por distintas causas, trabajo, y otras responsabilidades que tome dentro y fuera del Candy Mundo, de empezar escribiendo dos capítulos cada mes, empecé a dejar un capítulo por mes y después un capítulo casi cada dos meses, yo misma me sentía culpable y cuando esto sucedía sabía que tenía que el capítulo en turno así me desvelara para terminarlo. Y quizás gracias a esas sesiones nocturnas donde el ruido fuera y dentro de mí casa se volvían casi inexistentes era que la historia fluía con facilidad y los dedos volaban sobre las teclas. Y al final esta terminado ojalá y la larga espera haya válido la pena.

A todas aquellas que se tomaron el tiempo para leer este fic les agradezco muchísimo… a aquellas que se que lo hicieron y a quienes lo leyeron en el anonimato. Muchas gracias por dejarme entrar en su vida, por haber alimentado con sus comentarios y sugerencias mi ávida imaginación. Y que con sus críticas me hacían mejorar día a día.

A quienes estuvieron conmigo desde el comienzo, Geor, Jazz, Lau, Blanca, Noemí, a quienes sin saberlo me inspiraban a seguir escribiendo... Emera-chan, Lily Flor y mis demás hermanas valkirias, y a las que se incorporaron más tarde en la lectura, Elekan, Milagros, Diana, Nat... perdón si no mencionó a alguna, se que muchas aunque sea en alguna ocasión me honraron con sus comentarios y con sus preguntas... A todas y cada una de ustedes mi más profundo agradecimiento.

Y pues finalmente pero no menos importante a las creadoras de Candy, Yumiko Igarashi y Kioko Misuki, quienes crearon una historia hermosa rodeada de bellos personajes que hicieron mi imaginación volar hasta convertirse en esta historia titulada "Dulce Brillo del Destino"

Me despido por el momento y hasta luego mis queridas Candy Amigas

Alejandra Maraveles.

Diciembre 2007

PS. Asímismo a todas las chicas que esperaron pacientemente a que subiera mi fic en esta linda página de la verdad creí que no iba a poder subir todo por falta de tiempo... el tener que editar el formato en cada capítulo era un poco abrumador, pero por fin terminé... muchas gracias por su paciencia y a todas las que han dejado sus comentarios, mis más sinceras gracias, todos sus comentarios han sido algo refrescante y quizá es podido apreciar los mismos dado que no tenía la urgencia de seguir escribiendo.

Y pues nos estaremos viendo en el futuro con otras historias!