Buenas… me presento, que soy nueva.

Me llamo Lore y soy una apasionada de Harry Potter. De todos los Fics que publico, este es mi preferido, así que… espero que también les guste, aunque no sea su preferido.

Me encantaría que me dejaran comentarios.

Y, bueno… la historia es un poquito fuera de serie, espero que no se ofendan con nada. Y sino, dejen de leer.

La historia, realmente, no tiene capítulos, así que no tomen muy en serio los títulos. Es para guiarme, simplemente.

Besos y, comienza…

(·)---&---(·) ¡Rompe las cadenas¡Sé libre! En fin… vive la vida (·)---&---(·)

El Comienzo.

Siempre se sentía muy humillada cuando hablaba con o de Draco. Desde pequeña siempre había estado obligada a acatar las normas de la familia, y llevarse bien con ese chico pálido y prepotente había sido una de esas.

La chica rubia se sentó en su cama, rogando que el verano se alargara más, ya que si no, tendría que volver a verle y no lo soportaba.

Desde hacía tiempo, no soportaba a los hombres, pero en especial a Draco.

Aunque no lo pareciera, Pansy era una chica bastante sensible, insegura que quería llevarse bien con todos y, quizás, algún día, conocer el amor verdadero.

Suspiró y observó los libros de historias fantásticas de su habitación.

Ella era sensible. Las historias de brujas que encontraron, perdieron y más tarde, recuperaron el amor la habían hecho soñar con oportunidades que, seguramente, nunca tendrá al lado de aquel indeseable con el que su madre quería casarla.

También era insegura. Cualquier cosa que hiciera que no fuera algo que se esperara de ella, había supuesto un duro castigo, ya sea de parte de su madre o de su padre.

Se estremeció con solo pensarlo.

¿Qué era lo que esperaban de ella?

Callar y sonreír.

Callar las palizas de Draco, los abusos de aquellos amigos de su padre y sonreir para que nadie supiera de su sufrimiento.

Soñadora.

Insufriblemente, soñadora.

Quería escapar de su vida, ser otra. Vivir una aventura y encontrar a alguien que la comprendiera y la amara como ella estaba dispuesta a amar.

Secó sus lágrimas en un pañuelo de seda, cuando su madre llamó a su puerta.

Era tiempo de hacer aquello para lo que había sido educada: Callar y sonreir.

Su madre entró.

- ¿Estás bien?

Pansy alzó la barbilla y la miró directamente a los ojos:

- Por supuesto- sonrió.- ¿Por qué¿Qué pasa?

- Mañana iremos al callejón Diagón- anunció.

- Perfecto, necesito un nuevo set de maquillaje- declaró. Dejó el libro que estaba leyendo en la estantería. Su madre la observó con un cierto desdén.

- ¿Otra vez leyendo?

Pansy no dijo nada.

Todos sus libros provenían heredados de una tía a la que no conocía y a la que su familia repudiaba. Pero era su derecho desde los cinco años, y nadie (ni siquiera sus padres) podía hacer nada para impedir que ella los tuviera (o peor aún, los leyera).

- ¿Tienes la ropa preparada para mañana?

- Madre, por favor ¿por quién me tomas?

- Me alegro de que hayas dejado esas tonterías de enamorarse- sonrió, orgullosa, su progenitora, mientras sonreía.

- De eso, hace años- avisó Pansy.

Pero pura mentira. Todo era fingido. Taparlo todo y esconderlo en su corazón, había hecho que sintiera ansias de libertad y poder disfrutar de todo, y no estar atada a alguien que hiciera lo que le apeteciera y no la respetaba en absoluto.

- Me alegro. ¿Tomas el té?

- ¿Ha venido la señora Malfoy?- preguntó.

Su madre asintió.

- Lástima, es tan superficial… -agregó ella, consiguiente asentimiento de cabeza de su madre.

(·)---&---(·)

Al día siguiente, cuando llegaron al callejón Diagon, los Parkinson se encontraron con los Malfoys.

La señora Parkinson le dio dinero a su hija y ella con Draco, se separaron de los mayores.

- ¿Qué tal el verano?- preguntó Draco.

- Bien- contestó ella, sonriente. Había estado leyendo una serie de libros sobre la Tierra Central, una tierra mágica gobernada por reyes estrechamente vigilados por Confesoras, que cuidaban por que se respetaran las leyes.

Le faltaba un libro (El gemelo de la Montaña) y quería conseguirlo, así que fue a la librería, mientras Draco se entretenía con una chica joven en la entrada.

- ¿Quería algo?- preguntó el librero.

- Sí, bueno ¿tienen el libro El gemelo de la Montaña? Es de la saga de La Espada de la Verdad.

El librero la miró extrañado.

- No, lo siento, no me suena.

Pansy suspiró, cansada. Era una de sus sagas favoritas, y empezaba a creer que la limpieza de sangre era todo una idiotez. Por si acaso, no le dijo nada a nadie.

- ¿Ya estás?- preguntó Draco, cuando salió. La chica que le acompañaba se despidió de él y se alejó.

- Tenemos que ir a la tienda de túnicas- dijo ella.- Ya sabes, para la graduación.

Él sonrió.

- Sí… nuestro último año ¿eh? De libertad…

Pansy sonrió aún más ampliamente, pero calló lo que pensaba. Que para ella se le acababa la poca libertad que tenía con los libros, pero que él iba a hacer lo que le daba la gana, como cada noche poseerla con violencia (aunque durante el último año lo había intentado varias veces, nunca lo había conseguido) a pesar de que ella no quisiera, porque en el matrimonio ¿eso importa?

Siguió andando hasta llegar a la tienda. Draco se alejó de ella, pues fue al banco, y cuando entró, Pansy vio a Ron y a Hermione hablando. La verdad, es que solo les había reconocido por la estatura y el pelo de Harry. La chica que iba a su lado, no podía ser otra que Granger.

Pansy la examinó detenidamente.

Tenía su pelo, usualmente enmarañado, suave y sedoso, ligeramente ondulado. La ropa muggle que vestía le iba como el anillo al dedo: una minifalda vaquera, unas botas negras de ante altas, una camiseta roja con una torera blanca por encima.

Pansy se miró disimuladamente en un espejo y pensó:

«Tú eres más guapa»

Sí, era más guapa, pero seguramente Hermione Granger no necesitaba de pociones constantes para curarse heridas o golpes.

Y descubrió por qué la odiaba:

No era por su sangre, su ascendencia. Era por que tenía amigos en quien confiar, porque era una de las mejores estudiantes, encima era guapa (no tanto como ella, pero lo era) y estaba saliendo con Ron, cuya relación iba bastante bien desde el anterior año, y parece que él era todo un romántico.

- Justo al contrario que en mi mundo- suspiró, sabiendo que en su familia y en la de Malfoy, el contacto físico era el mínimo, al no ser para sobar con manos rudas o para pegar.

- Querida ¿quieres algo?- preguntó una dependienta.

- Una túnica de gala- contestó ella.

- ¿Algún color en especial?

- Sí, rosa- dijo.

Le gustaba ese color, era suave, femenino y según ella, romántico.

- Sí, perfecto, tenemos unas de diseño recién llegadas.

Mientras se probaba las túnicas, escuchó la conversación entre Harry Potter y Hermione Granger.

- ¿Entonces¿Dónde está Ron?- preguntaba ella.

- Bueno, a mi me dijo que iba a la tienda de sus hermanos.

- ¡Claro¿y tú le crees?

- No sé, Hermione, es mi amigo.

- ¡Yo también soy tu amiga!

En esos momentos, mientras Pansy se deshacía de su túnica, escuchó a Draco llegar, y lo que les dijo:

- Vaya… ¿la sangre sucia y el pobretón tienen problemas en el paraíso?- preguntó.

- ¡Cállate Malfoy!- le respondió Harry.

- Oh... ya veo que Potty te defiende ¿eh?

- ¿Y dónde está Pansy, Malfoy?- dijo Hermione.

- No te interesa, idiota- respondió él con dureza.

Pansy sintió cómo una lágrima se le escurría por la mejilla, mientras se observaba en el espejo con la túnica de gala.

Draco iba a ir a por ella, después de que ellos insinuaran que ella se iba por ahí como una fresca, cuando justamente, pasaba al revés.

Decidió salir del probador e ir a dónde estaba Draco.

- ¿Te gusta?- le preguntó, sonriente.

Draco la observó de arriba abajo.

- ¿No tienes que elegirla tú?- preguntó él.

Ella hizo un gesto con la mano:

- Ya sabes que lo más importante para mi es tu opinión.

Él rió, complacido:

- ¡Es verdad! Pero también tú sabes más de moda…

Ella sonrió, algo aliviada.

Entró otra vez para cambiarse y cuando salieron, él tuvo el detalle de pagarla, aunque no sin antes poner resistencia.

- Oye, Draco- se atrevió a decirle más tarde.- ¿Qué te parece si entro en el equipo de Quidditch este año?

Él la miró brevemente, pero cuando habló, su tono era amable.

- No, lo siento. Ya tengo el equipo formado. El próximo año.

- Este año es el último que pasamos en la escuela.

- Por eso mismo.

(·)---&---(·)

Pansy volvió a releer los libros de la saga de la Espada de la Verdad que tenía. Le había parecido muy raro que no lo tuvieran en la librería, así que decidió probar en la biblioteca del colegio.

Cuando llegó al andén nueve y tres cuartos, pasó desapercibida, ya que Hermione Granger y Ron Weasley estaban armando bronca, puesto que este último había estado ligando con Cho Chan durante el verano a espaldas de ella. Y al parecer, Harry Potter intuía que aquello pasaba y no le había dicho nada a Hermione.

En el vagón de los prefectos, Pansy estuvo sentada al lado de Draco, y mirando por el rabillo del ojo a la pareja recién rota, que no se hablaba. Fue un alivio para ella marcharse luego a un compartimento, con la que se podría llamar "amiga" Serena Spice.

- ¿Qué tal?- preguntó ella, cuando vio llegar a Pansy.

Esta se dejó caer en el asiento.

- Pregunté a Draco que si podía entrar en el equipo de Slytherin.

- ¿Qué te dijo?

- Que ya están los puestos ocupados y que son muy buenos todos.

- Ya, más le vale, porque como volvamos a perder ante Gryffindor…- Serena suspiró y se recostó contra el asiento. Miró a su amiga, sonriente:

- Bueno, pero… ¿qué me dices de ti? Mi madre estuvo hablando con tu madre y me dijo que lo más probable es que tú y Draco os caséis ¿me equivoco?

Pansy suspiró y sonrió:

- No está decidido, él y yo no hemos hablado del tema.

- Supongo… el problema de los hombres con las bodas no es que quieran atarse a una, si no que tienen que separarse de todas las demás.

Pansy rió la gracia, sabiendo de sobra que ese no sería ningún problema para Draco ni para Serena.

Si se debían pensar que era tonta o así algo parecido, porque el cariño que se tenían Serena y Draco no era normal. Pansy se obligó a seguir sonriendo.

De hecho, se lo tenía bien empleado, porque nunca supo decir "no", "basta" y siempre se doblegó ante los deseos de los demás.

Cuando llegaron, Draco las cogió a ambas por la cintura y se subieron a un carruaje. Draco se sentó al lado de Serena y enfrente de ella. Lo hacía para lastimarla, en venganza por la desfachatez de Hermione Granger y Harry Potter.

Finalmente, llegaron a la escuela.

- Buf… otra vez el mismo rollo de todos los años- dijo Pansy.

Serena asintió. A ella también le disgustaba la selección. Si fuera por ella, no existiría, sabía que estaría en Slytherin incluso antes de llegar a Hogwarts.

Empezaron a comer.

- ¿Sabéis que la comadreja ha roto con la sangre sucia?- dijo Serene.

Draco alzó una ceja:

- Bueno, tanta mediocridad no podía estar mucho tiempo junta.

Siguieron comiendo, tranquilamente, hablando de los planes que tenían para el futuro. Pansy permaneció en silencio, sonriente, mientras Draco se jactaba de que iría a la caza de "muggles".

- Bueno, eso si no son más inteligentes que tú- le recordó Serene, ya que Hermione Granger había sido la única que había mantenido su media de Excelente a lo largo de 6º.

Draco arrugó el entrecejo.

- Esa será la primera que caerá.

- Ya… eso si Potter no vuelve a machacarte- suspiró Serena, con resignación.- Micellent me ha contado que hasta el i m b é c i l de Lombotton se ha atrevido a bromear con el partido del año pasado…

La tez pálida de Draco empezó a adquirir un tono rosáceo.

- Tranquilo, tío, este año es nuestro último año, y como ya tenemos carrera segura…- se rió grotescamente. Eis Idisi, era el hijo mayor del matrimonio Idisi, que al igual que los padres de la mayoría del grupo, trabajaban para Lord Voldemort.

Era bastante bestia, y uno de los mejores jugadores de Quidditch. No era por su talento, pero tenía tanta fuerza y era tan bruto, que conseguía eliminar casi a la mitad del equipo contrario si se sentía inspirado tan solo con una bludger.

Metió un buen trozo de comida en la boca y se rió, escupiendo a Pansy y a Serena, que se al instante se quejaron. Ambas pensaban que se iban a morir de asco.

Draco se pasó una mano por la barbilla.

- Sí…- parecía que se lo estaba meditando.- Sí, es verdad… veremos si se ríen luego. Luego volvió a prestar atención a la mesa.- De todas formas, este año contamos con un buen equipo.

Pansy no fue la única mostró cierto desdén ante la noticia. Fue a intercambiar una mirada con Serena de incredulidad, pero ella tenía una sonrisa extraña.

Justo entonces, se levantó el Director, y por primera vez en toda la noche, vio en la mesa de profesores a una chica muy joven con el pelo corto y rosa.

- Antes de que se vayan a la cama.- Draco le dio un puntapié por debajo de la mesa.

Pansy le miró, el Director continuaba hablando.

- Oye ¿te ocupas tú de los de primero y de organizar todo esto? Es que estoy algo cansado.

Pansy se obligó a sonreír abiertamente.

- ¡Claro!

Miró al Director que decía:

- ¡La profesora Tonks!

Esta se levantó para saludar. El aplauso era especialmente ruidoso en Gryffindor, pero tanto Pansy como Serena, Draco o Eis pasaron de hacer incluso un amago, puesto que estaban aburridos.

Minutos después, Draco, Serena y Eis desaparecieron entre la multitud y Pansy dirigió a los de primero, que estaban algo acobardados ante su presencia.

Decidió darles un rodeo por el castillo, mientras, ellos la seguían en completo silencio y veneración.

Una idea se le pasó por la cabeza. Dudaba poder controlar a Draco, a Eis o incluso a Serena, pero aquella panda de críos podría serles útiles.

- Antes que nada- les dijo,- debéis saber que si existe algún problema, os tendréis que dirigir a mí.

Entre ellos, se encontraba Salar Idisi, el hermano menor de Eis, que le dijo:

- ¿Y a mi hermano?

- Ya, tu hermano tiene que hacer cosas importantes que hacer y ocuparse de ti no es una de esas.

- ¿Y tú qué eres¿su secretaria?

- No, soy una prefecta que os puede hacer la vida imposible como se os ocurra inmiscuiros en asuntos mayores.

- ¿Cómo los de mi hermano?

- O los míos- subrayó, con dureza.

Después de aquellas palabras, no sintió más rebelión el grupo. Suspiró fastidiada y vio cómo una chica guapa con aires de tonta le seguía a todas partes y le sonreía todas las cosas que hacía.

Se sintió mal, porque era como ella había actuado, y posiblemente, ella no quisiera darse cuenta de la realidad hasta mucho más tarde.

- Llegamos- informó.

Dijo la contraseña y entró en la sala común, en la que bastantes grupos andaban quedando para el resto de la semana.

- ¡Pansy!- dijo una chica que quito. Esta se dio la vuelta.- Oye ¿qué te parece mejor, el verde o el rosa?

- ¿Para qué?

- Para llevar en mi túnica de gala.

Pansy suspiró:

- Bueno, yo elegiría el rosa, porque es un color que me va muy bien, pero claro, el verde es el de nuestra casa, así que difícil elección ¿por qué no quedamos un día y me las enseñas?

La chica se sintió muy alagada:

- ¿En serio¡Me encantaría!

Pansy sonrió y mientras iba a su habitación escuchó los grititos incontrolables de aquellas crías.

Sólo la querían porque era popular. Porque Draco le permitía estar con ella y él mandaba allí y todos le hacían caso. Porque Draco protegía a sus amigos, pero de los demás, no de si mismo.

Llegó al dormitorio, y se encontró a Serena poniéndose el camisón para dormir.

- No sabía que ahora duermes con tanga- comentó Pansy, al entrar.

Serena pareció algo sorprendida.

- Has tardado mucho.

- He mareado un poco a los de 1º ¿sabes que el hermano de Eis está entre ellos?

Serena, que era la eterna novia de Eis como Pansy lo era de Draco, asintió.

- Me lo dijo en verano.

- Bueno… creo que le reñí por levantarme la voz.

- ¡A sí se hace! No se les puede permitir a los hombres que se te suban, porque luego se acostumbran…

- Claro, ya lo sé- ese fue el fallo de Pansy, permitirle a los hombres que se pasaran con ella. Pero las estrictas normas de su madre le impedían hacer otra cosa.

- ¿Vas a dormir ya?- preguntó Serena.

Pansy dudó contarle la verdad.

- Sí.

- Ah ¡vale! Yo también.

Pansy se puso su pijama y se metió en su cama. Fingió quedarse dormida, cuando notó que Serena se levantaba de la cama y Pansy aprovechó para sacar uno de sus libros preferidos bajo la almohada.

- Lumus…- susurró, cuando estuvo segura de que Serena se había marchado.

Abrió la página por donde los protagonistas entendían que su amor era imposible de llevar a cabo.

Unas lágrimas comenzaron a surcar por su rostro, sintiéndose como ellos se debían sentir. Después, cuando tuvo ganas de emocionarse, avanzó las páginas y leyó en el momento en el que descubrían la forma de llevar a cabo su amor.

Aquello significaba sacrificio y valor. Sabían que las cosas que les pedían eran muchas, pero que la recompensa lo merecía.

Cerró el libro, apagó la luz y mientras se tumbaba de nuevo, escuchó los pasos acelerados de su compañera.

Sonrió, y durmió tranquila.