LA VERDADERA HISTORIA DEL FLAUTISTA DE HAMELIN

En una pequeña aldea gala todos estaban al borde de la histeria debido a que desde hacía muchos años tenían una terrible plaga de ratas. Lo habían intentado todo para liberarse de esta calamidad, pero nada había funcionado. Microbus, el prefecto encargado de esta aldea, estaba a punto de renunciar por no poder hacer nada.

Pero entonces apareció en la aldea una barda errante llamada Lexellix, que comenzó a cantar acerca de un bardo de otra aldea que al cantar hacía llover.

-Si su voz es capaz de hacer llover, entonces debe ser mágica y hacer otras grandes proezas, tal vez pueda librarnos de las ratas!- Comenzaron a decir los habitantes de la aldea.

Llevaron a Lexellix con Microbus para que le dijera de que lugar era aquel bardo maravilloso.

-Ave, Microbus!- dijo Lexellix al entrar a donde se encontraba el prefecto.

-Dime, joven barda.- comenzó a explicar el anfitrión -¿Es verdad lo que dices en tu canto? ¿Existe realmente ese bardo de la voz mágica? ¿Dónde se encuentra?

-Oh, señor...- respondió la joven -...todo es verdad. Se encuentra en una pequeña aldea de Armorica, pero...

-Pero?????- preguntó Microbus, intrigado al ver que su visitante había hecho una pausa.

-Pero es la aldea de los irreductibles galos (mis héroes!), esa que aún rodeada por tres campamentos de legiones romanas resiste ahora y siempre al invasor.

-¡¿LA ALDEA DE LOS LOCOS?!

-Sip, esa...

Microbus despidió a la barda, después de haberle entregado diez piezas de oro por la información (realmente desesperado!), y Lexellix continuó su camino.

Después de pensarlo mucho, el prefecto se dio cuenta de que esta podría ser la única solución a su problema, así que partió a la susodicha aldea, con una patrulla de guardias, para buscar al bardo.

Fue recibido con desconfianza, y descubrió que el famoso bardo se llamaba Asuranceturix, quien gustosamente (tal vez demasiado) aceptó la idea de ir a cantar a otra aldea, y que además le pagaran por ello una bolsa de oro.

Regresaron a la aldea con Asuranceturix y un par de guerreros de la aldea, llamados Asterix y Obelix. Donde, inmediatamente, el bardo cumplió con su encomienda. Preparó su arpa, se aclaró la garganta y comenzó a cantar. En ese momento, todas las ratas salieron corriendo de la aldea, ahuyentadas por el canto. Todos los habitantes de ahí se pusieron más felices que nunca, peor no así al ver que, después de las ratas, quienes también abandonaron la aldea, enloquecidos, fueron todos los niños que se encontraban en el lugar. Ratas y niños se esparcieron por el bosque, y nunca se volvió a saber de ellos.

Por la pérdida de los niños, se negaron a pagarle a Asuranceturix, quien, aunque muy ofendido, regresó a su aldea junto a sus dos compañeros sin el pago prometido.

Por supuesto, al pasar de los años la narración de esta historia degeneró por los puristas por considerarse demasiado cruel para los niños(o sea: se censuró al estilo Disney), hasta el relato que ahora conocemos.