CAPÍTULO 1: LOS PROBLEMAS DE JACK SPARROW.

En aquella vieja taberna de Nueva Orleáns jamás se servía vino, tan sólo aquel licor oscuro llamado ron, que bajaba ardiendo por las gargantas de hombres acostumbrados al líquido elemento y al azote de los vientos (y de la guardia también, si se terciaba).

Aquella noche no iba a ser otra noche distinta. Jack Sparrow y la horrorosa tripulación del Perla Negra, sin duchar, sin afeitar, como les era característico, bebían sin parar en su tiempo de asueto.

A pesar de parecer ajeno a lo que hacía, el avispado Jack estaba cerrando un trato mercantil, en aquel momento un hombre igual de antihigiénico que los demás le estaba ofreciendo un mapa y unos datos importantes.

- Te digo que es lo más grande. – comentaba el viejo pirata enseñando sus dientes gastados, amarillos y negros y exhalando un fétido aroma, que hacía pensar que tenía un grave problema de halitosis.

- Si, es uno de los grandes, no te digo que no, pero ¿por qué no has ido tú a buscarlo? – preguntó, astuto, Jack.

- Bueno…tardé mucho en encontrar este mapa, Jack. Ahora te lo ofrezco en ganga…que le vamos a hacer…aunque, si lo consigues, me gustaría que me firmases este pagaré, diciendo que me darás el 20 de lo que encuentres.

- Eso es mucho, Pete.

- ¿Te estoy ofreciendo miles de monedas de oro y el 20 te parece demasiado? – se ofendió el pirata – Creo que se lo ofreceré a alguien más inteligente.

- Esta bien, esta bien – aceptó Jack maldiciendo la hora en la que aquel pirata malcarado había aprendido a sumar – Te daré tu asqueroso veinte y dame ese mapa.

El trato fue realizado y nadie más de aquel local supo que se había hecho. Además, el resto de los piratas también hacían sus cábalas, números y tratos y esto ya les llevaba demasiado tiempo para tener que mirar por los demás a mayores.

Sin embargo, sólo Ojos, sabía qué se hacía y se dejaba de hacer en un local e informó a Finneas, el Rojo de lo que Jack acababa de conseguir. Finneas mesó su barba colorada y dijo:

- Bien hecho, Ojos, eres el mejor en tu especialidad, esta bien, si Sparrow piensa encontrar el Tesoro del Niobe puede estar seguro de que el Tormenta le seguirá allá donde vaya.

- Bien, señor.

Se produjo un silencioso cambio de manos de oro sin que nadie salvo los dos que lo realizaban lo supiesen y Ojos salió del local tan sigilosamente como había entrado.

Finneas, el Rojo, llamó secretamente a uno de sus secuaces, le dio unas monedas y las instrucciones precisas. Aquella misma noche, mientras Jack y sus hombres se daban al alcohol y al placer en los bares y mancebías del puerto, el Perla Negra, por segunda vez consecutiva en su historia, fue robado y llevado lejos por unos hombres amparados por las tinieblas nocturnas.