Pues bien, al igual que con Donde Estamos, no me sentía del todo conforme con este fic, así que lo he modificado, más no tanto como el otro, por lo que tendrá algunas cosas iguales, y otra muy diferentes, personajes que antes ni nombraba, ahora aparecen con cierta importancia en la historia, espero que los cambios os gusten, hasta ahora las personas que lo han revisado dicen que sí, así que sin más os dejo lo escrito hasta ahora, disfrutar de este nuevo enfoque.

Harry y Ron vuelven al pasado con un gira-tiempo para ver a los padres de Harry y saber como pasó toda la noche en que fueron asesinados, prometen no interferir pero lo hacen y al volver al futuro todo es diferente, hay personas que antes estaban muertas y ahora viven, sin embargo otras que estaban vivas no lo están, y Voldemort tiene el poder en el ministerio.
Categorías: 7º Año.

Este desafío lo encontré en la pagina de HA, pero tenía un requisito que sé que no podía cumplir, pues la pareja tenía que ser R/Hr y lo siento, pero es que no puedo, es superior a mí, así que por eso no lo colgué allí y lo hago aquí, con mi pareja favorita H/H.

Espero que esta nueva historia os guste.

No Intervendremos:

Prologo:

No se molestó en abrir los ojos al escuchar un pequeño chirrido, sabía de sobra lo que a continuación iba a suceder.

Unos pasos acercándose, el susurro de un hechizo, unos pequeños gemidos de dolor y un cuerpo cayendo al suelo, en esa ocasión noto una pequeña variante, no hubo gemidos de dolor, pero sí un extraño ruido al caer el cuerpo tras ser tirado como si de basura se tratara.

Y es que desde que estaba allí, en eso es en lo que se habían convertido él y el resto de ocupantes de las distintas estancias de ese lugar. Se encontraban en Azkaban, la prisión de los magos, solo que anteriormente era custodiada por Dementores, y sinceramente no sabía que preferir.

Los Dementores te robaban la alegría y si les era posible, el alma, los que ahora la custodiaban, precisaban jugar, debía agradecer ser un chico al menos, pues los gritos de las mujeres eran peores.

Aunque desde hacía un tiempo a esa parte, solo había escuchado los gritos de una sola mujer, la única que parecía poder continuar y no era una mujer lo que se dice hecha y derecha, menos contando con que era una de sus antiguas compañeras de Hogwarts.

Pansy, estaba siendo sometida a toda clase de cosas, por haberle ayudado cuando intento escapar, aunque no creía que pudiera durar mucho más:

-Cambio de compañera, ahora tú acompañante no te dejará noches enteras sin poder dormir.

No se molestó ni en contestar, tan solo pasó olímpicamente de quien acababa de hablar:

-¿No deseas saber que le pasó a la otra?

Estaba seguro de saber cuál había sido el destino de Pansy, solo había una razón por la que cambiaban a sus juguetes de celda;

Pansy, había muerto.

Quiso llorar por ella, más no lo hizo, por el contrario dibujó una sonrisa en su rostro, ahora, nadie más podría herirla.

-Esta tigresa que ocupará la alcoba de al lado, es callada, no conseguimos que abra la boca y créeme que lo hemos intentado. –soltó una risa extravagante y escupió al suelo para volver a hablar: -Lo único que sí hemos podido contemplar de ella, es como salen lágrimas de sus ojos y que tiene sangre en las venas.

Eso le gusta a Bella, disfruta especialmente con ella. ¿Y quién no?

Después de decir eso, se alejó de allí riéndose de sus propias palabras, escuchó una maldición susurrada y abrió los ojos, se incorporó del suelo, el lugar que había pasado a ser su nueva cama y fijó sus grises ojos en la celda de al lado.

Era de noche y aunque no lo fuera, el lugar sería igual de oscuro, pero él, al igual que el resto se había acostumbrado a esa penumbra, más aun así, no fue capaz a reconocer a la nueva inquilina.

-Malditos, malditos, malditos, malditos.

Su voz era un susurro, lo que le impedía poder identificar la misma, pero parecía decidida a repetir esa palabra en todo momento.

Se percató de que rozaba su muñeca con cuidado y se encogía, comprendió enseguida lo que eso significaba:

-Definitivamente rota.

Era lo primero que decía desde hacía mucho tiempo, por lo que su propia voz sonó extraña, consiguió llamar la atención de la chica, más no por mucho tiempo, pues volvió a maldecir entre dientes.

Se sorprendió cuando la vio tumbarse en el suelo y la escuchó comenzar a decir, como si de un mantra se tratara:

-Voldemort, Snape, Lestrange, Potter.

Esa frase lo acompañó desde ese momento, noche, tras noche, siempre que coincidían en las celdas, él, escuchaba su voz susurrando esas cuatro palabras una a una y sin descanso.

Al ser siempre de noche en el lugar, nunca podían saber cuando era de día, él, había comenzado a plantearse que cuando ella era llevada de la celda, comenzaba un nuevo día, y cuando la traían de regreso, (que siempre solía ser más tarde que a él), era de noche.

Llegó a contar veinte días, al cavo de ese tiempo, escuchó unos pasos más fuertes de lo acostumbrado, e identifico enseguida el hechizo de apertura de la puerta, de nuevo venían a por ella.

-Lumus.

Eso lo sorprendió, nunca permitían que la luz entrara en el lugar, parecían creer que eso les podía dar esperanza de alguna clase:

-Está hecha un asco, ¿cómo piensa utilizarla?

-Existen los hechizos sanadores, y un lavado y corte la dejarán como nueva.

Reconocía esas voces y le sorprendió escucharlas allí, ellos se dedicaban a hacer la vida imposible de todos ellos, no a ir en persona a Azkaban, ¿quién podía ocupar esa celda que requería de la presencia de estos allí?

-Mañana será el día entonces. –ambos se miraron entre sí y de nuevo a la chica para declarar: -Andando, tienes trabajo que hacer.

Sin más tiraron de ella, cuando quiso verla, para identificarla, hicieron desaparecer el hechizo, por lo que le fue imposible una vez más verla.

A su regreso, el mantra había cambiado y también su forma de recitarlo, al sentir en su tono de voz algo distinto, se acercó hasta los barrotes para poder averiguar de qué se trataba:

-Potter, Potter, Potter, Potter, Potter, Potter.

Se quedó estático al ver como ella se mecía de adelante a atrás y se abrazaba a sí misma.

Su voz denotaba un odio infinito al decir ese simple apellido, más para su sorpresa, pudo distinguir que el mismo odio, parecía estar en contradicción con lo que sus ojos dejaban ver.

Pues por sus mejillas corrían sin descanso, amargas lágrimas.

Cuando al día siguiente, fueron en busca de esta, al fin pudo identificar de quién se trataba y supo, que eso le saldría caro al señor tenebroso, por que quien juega con fuego puede acabar quemándose.

Lejos estaba él de saber, que el señor tenebroso planeaba jugar con cosas aún mucho más peligrosas y que la chica en cuestión, era la que le brindaría la oportunidad de hacerlo.

No regresó, y él recibió un tratamiento especial ese día, uno que lo obligo a no poder regresar a Azkaban esa noche, y que le proporcionó una manera de escapar.

Ayudado por alguien a quien no pudo identificar en ese instante, lo hicieron aparecer en algún lugar, más tenía tan pocas fuerzas debido a la cantidad de sangre que había perdido y a la falta de alimento, que cayó en la inconsciencia más absoluta.