No soy dueña de los personajes de CardCaptor Sakura… ¡ya lo saben! Y no molesten con eso, que estoy de mal humor porque esto se acabe… aunque creo que aún no reaccioné del todo a la idea xD.

Dedicado especialmente al puto de mi primo, que casi me hace llorar con el comentario. Serás desgraciado, estoy sensible por acabar de dar a luz a esta historia (?), por escuchar los Smashing Pumpkins, y encima me dejás un review así... No es justo. Odio ser sensible xD. Muchas graaaaaaaaaaciaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas! Yo también te quiero un montón y te extraño! Y estoy jugando al Pokémon Crystal, sabés? Jajajaja...

Ejem, dejémonos de asuntos familiares y pasemos al fic.

PD: Les juro que no hay incesto en mi vida, sólo por si lo pensaron!


Epílogo II: "Sobre las cosas de la vida"

Eran las tres de la madrugada cuando Sakura miró el reloj que había junto a la mesilla de noche, y la frustración la hizo gemir. ¿Cuánto había podido dormir; dos horas, dos horas y media? Seguramente eso, o incluso menos, pero las cosas estaban como estaban.

Se incorporó con lentitud hasta quedar sentada, e intentó adaptarse a la realidad nuevamente. Su mirada verde y cansada se paseó por la habitación oscura que a veces no reconocía, cuando despertaba de pronto y todavía salía de la cama por el lado que no era, golpeándose con alguna cosa; lo normal después de las mudanzas. Aunque ahora ya no le resultaba tan extraña la silueta de aquella lámpara en el techo, ni las cortinas, que no eran las mismas que en su habitación de siempre, e incluso comenzaba con acostumbrarse al armario empotrado que cambiarían en cuanto pudieran comprar uno que fuera más bonito.

Sin embargo, al igual que le pasaba a menudo cuando no estaba del todo despierta, dio un respingo al toparse con su figura en el espejo ovalado que pendía de la pared frente a ella. Suspiró y se llevó una mano a la frente. ¿Cuándo conseguiría adaptarse del todo y dejar de asustarse con aquella tontería?

Probablemente nunca, pensó con gracia. Porque hay cosas que no cambian. Como su dificultad para entender las Matemáticas, por ejemplo, su miedo a los fantasmas, lo mucho que odiaba la gelatina de verduras y los espejos frente a la cama… Y el amor vivo que sentía por la persona que dormía a su lado.

Giró un poco la cabeza para poder encontrarlo, y sonrió al ver el panorama. Shaoran no parecía dormido, sino definitivamente muerto. Tenía el rostro oculto contra la almohada y lo único que Sakura podía ver de él era el pelo castaño alborotado, los fuertes brazos y la espalda desnudos. Preocupada porque no pasara frío, subió un poco la sábana blanca que había quedado en su cintura y cubrió la piel morena con ella. Se quedó embobada mirando lo poco de su cuerpo que quedaba a la vista durante algún tiempo, pero los quejidos que venían del lado opuesto de la habitación la hicieron reaccionar y salió de la cama, medio atacada por el frío cuando sus pies tocaron el suelo.

Lentamente se fue acercando a la cuna de barrotes blancos, y se inclinó sobre ella para poder ver al bebé que gimoteaba en su interior, retorciendo las sábanas con las pequeñas manos.

—¿Qué pasa, Suri? —le preguntó susurrante, aunque la verdad era que no sabía por qué no hablaba en un tono normal, si Shaoran no se despertaría ni aunque se pusiera a tocar la flauta junto a su oído—. ¿De nuevo pesadillas?

La niña no dijo nada, pero Sakura entendió la cara que puso como una muestra clara de que no se equivocaba. Extendió los brazos hacia su hija y la levantó cuidadosamente de la cuna, meciéndola suavemente cuando la tuvo bien sujeta. Luego de unos segundos, Suri abrió los ojos y su madre pudo verse reflejada sin dificultad en las pupilas ámbares de la niña de casi dos años de edad.

Con un suspiro, recordó la primera vez que había visto esos ojos en otro rostro que no fuera el de Shaoran —o el del padre de éste—, y no pudo evitar dibujar una sonrisa.

Todavía vivían con Nadeshiko y Fujitaka cuando a la pequeña Suri le había dado la gana de nacer, aunque fuera demasiado pronto, y en el fondo Sakura había agradecido que hubieran pasado dos semanas antes de la mudanza, o de otra forma su madre no habría estado allí para ayudarla a llegar al hospital y consolarla cuando estaba aterrada ante la idea del parto y ahogada en el dolor de las contracciones.

Sin embargo, todo había acabado bien algunas horas más tarde, y poco le había faltado para llorar de emoción en cuanto le permitieron cargar al diminuto bebé en brazos algunos segundos antes de llevárselo a una sala contigua para asearlo y demás cosas rituales.

El cansancio la había vencido entonces, y tan pronto como cerró los ojos y apoyó la cabeza en la mullida almohada, sintió el cuerpo tan pesado que no pudo más que dormir. Aquella tarde había soñado un montón de cosas, lo sabía, pero no recordaba ninguna.

Y tan cansada estaba que, en cuanto sintió una ligera molestia en el rostro, a punto estuvo de quitarse el peso que sentía encima para poder seguir durmiendo. Claro que apenas acabó de pensar en eso, se dio cuenta de que el peso era más bien un cuerpo y los roces que sentía en el rostro eran de unos labios, mejillas, mentón y nariz que conocía perfectamente. De modo que, sonriente, había enroscado los brazos en el cuello de Shaoran para acercarlo un poco más y darle abiertamente la bienvenida.

—Te extrañé —le susurró.

—¡Qué me vas a extrañar, si te pasaste como cuatro horas durmiendo! —bromeó él, aunque Sakura supuso que lo de las cuatro horas era bien cierto—. Vine tan pronto como pude, pero cuando llegué ya estabas medio muerta y no quise despertarte… Eso de parir tiene que ser jodido¿eh?

—Eso es algo que tú nunca sabrás, y vaya suerte que tienes. ¿Ya la has visto? —Suspiró—. Es una niña…

Aunque Sakura no podía ver el rostro de él, teniéndolo enterrado en el hueco entre su cuello y su hombro, supo que Shaoran estaba sonriendo porque sintió los tibios labios arquearse contra su piel.

—Una niña preciosa —la corrigió orgullosamente, y ella suspiró otra vez.

—Todavía albergaba la esperanza de que fuera un niño…

Shaoran se separó un poco de ella, lo suficiente como para que pudieran mirarse, y Sakura notó que él estaba tan contento que, de ser un perro, seguramente movería el rabo sin parar.

—Y yo de que tuviera tus ojos, pero da igual. —Sonrió más ampliamente todavía—. Se parece mucho a ti de todas formas, y estoy más que conforme.

—Pero…

—¡Oh, cariño!

Ambos se giraron al mismo tiempo hacia la puerta en cuanto oyeron la alegre voz de Nadeshiko, y Sakura soltó al chico en cuanto notó que éste quería apartarse. Shaoran se apoyó contra la pared más cercana y se quedó allí mientras que la mujer de largos cabellos negros se sentaba en el borde de la cama y abrazaba a su hija. También Fujitaka entró en la habitación, y Sakura llegó a sorprenderse al ver que incluso Tomoyo, Eriol y Koshi estaban ahí.

La gente de siempre, sin ninguna novedad. Las personas especiales en la vida de Sakura, y todos los que habían aceptado siempre cualquier cosa de ella, tanto buena como mala, o extraña. Sin negarle su apoyo en ningún momento, sola, con hermanastro problemático, con amor fugado, con novio o con hija.

—¡Felicidades, Sakurita!

Pronto se vio bombardeada a preguntas que llegaban de parte de dos de sus amigos —o amigas, depende de cómo considerase a Koshi— y de su madre con tanta intensidad que por poco y no tenía tiempo para respirar. La chica se sorprendió de que, pese a no saber responder ni a la mitad de las cosas, Nadeshiko, Koshi y Tomoyo siguieran teniendo dudas y ganas de que contara cosas de las que no tenía ni idea.

Así estuvo durante varios minutos, contestando a lo que podía o escuchando, hasta que vio que Shaoran se separaba de la pared y salía de la habitación luego de decir que volvería en un rato.

—¿Qué le pasa? —pensó en voz alta, preguntándose si se habría enfadado o algo por el estilo, aunque, en tal caso, no entendería el motivo. Seguía siendo extraño que se hubiera quedado tan rezagado y silencioso en aquel rincón, para después marcharse sin explicación alguna…

Sin embargo, la risa suave de Fujitaka hizo que sus pensamientos se desvanecieran. El hombre tenía una sonrisa tranquila y satisfecha en el rostro y sus ojos castaños eran una cuna de calidez paternal cuando se enfocaron en ella.

—Está tan feliz que necesita dar una vuelta para distraerse un poco —dijo alegremente—, no te preocupes. Volverá en cuanto crea que no corre riesgo de echarse a llorar.

Ante el comentario, Tomoyo y Eriol rieron un poco, Koshi negó con la cabeza, aparentemente divertido, Nadeshiko apartó una lágrima de su mejilla… y Sakura se quedó algo extrañada, preguntándose si de verdad Shaoran sería capaz de echarse a llorar, porque acababa de darse cuenta de que nunca lo había visto hacer tal cosa…

—Ma… má…

El murmullo de su hija la volvió a la realidad, parpadeo de por medio, y Sakura notó que los ojos de la niña comenzaban a cerrarse al tiempo que la pequeña mano que se aferraba a su camisón cada vez ejercía menos presión sobre la tela… Hasta que finalmente se durmió. La chica dejó a Suri en la cuna de nuevo, lo suficientemente despacio como para que ésta no se despertara, y después volvió a meterse en la cama, agotada.

No se había equivocado al pensar que las cosas serían mucho más difíciles con un hijo a cargo, desde luego, porque a veces hasta dormir resultaba una verdadera faena. Y, siendo tan jóvenes, quizá todo era todavía más complicado que teniendo la vida más o menos planificada…

Se giró hasta quedar de cara a Shaoran y se abrazó a su espalda, sintiendo el calor de la piel del chico pasar a la suya rápidamente.

Y sonrió, pensando que tampoco era tan terrible, después de todo.

o-o-o-o-o

—¡Ah, cómo te echaba de menos!

Sakura recibió con los brazos abiertos y una sonrisa nerviosa en la cara a su amiga, que parecía a punto de llorar de felicidad.

Tomoyo finalmente había decidido estudiar periodismo, algo que a Sakura no le extrañaba nada. Y aunque en un principio había pensado que su amiga se convertiría en una importante diseñadora, la otra le había asegurado que únicamente le gustaba hacerle la ropa a ella y que no podría inspirarse en nadie más… de modo que se había quedado con su otra gran pasión: las cámaras de video. Así pues, el mes pasado, la madre de Tomoyo había decidido mandarla algunas semanas al extranjero, de viaje, para que pudiera ir haciendo algunas prácticas y acostumbrarse a la que sería su profesión, y ésta era la primera vez que Sakura la veía, luego de tantos días sin demasiadas noticias.

—Vamos, no ha sido para tanto —intentó consolarla—. Tomoyo, no fueron más que tres semanas y media…

—¡Pero se hicieron eternas sin ti!

Sakura rodó los ojos y se preguntó si Tomoyo no estaba un poco confundida y se creía su novia, o algo por el estilo. Sin embargo, en cuanto despegó la mirada del cuello de su amiga, notó que Koshi también había venido y que las miraba a las dos, sonriente y apoyado contra el marco de la puerta del apartamento.

—¿Qué tal la nueva vida con tu maridito, cariño?

Sakura se sonrojó y rió un poco mientras se hacía a un lado para dejar pasar a sus dos amigos al apartamento en el que vivía.

—Shaoran no es mi marido, Koshi…

El aludido hizo un leve giro de muñeca como para darle a entender que le importaban poco sus exquisiteces y siguió avanzando por el pasillo, seguido de Tomoyo y Sakura.

—Bueno, pues con tu más que novio menos que marido, entonces.

Ella se encogió de hombros y sonrió con timidez.

—Como siempre, supongo.

—Hummm…

—¿Y en dónde está Suri? —interrumpió Tomoyo. Sakura señaló una esquina del salón, pero su amiga encontró a la niña sentada en el suelo enmoquetado y jugando con Kero incluso antes de que fuera necesario ningún gesto. Rápida como un rayo y alegre como ella misma, prácticamente corrió a su encuentro y la alzó en brazos, recibiendo una mirada desconcertada y un abanico de pestañas oscuras a cambio—. ¡Hola, preciosa¡Has crecido un montón desde la última vez que te vi!

Mientras el viejo gato dorado huía, la pequeña sólo rió con una risa clara y agradable que a Sakura le llenó de calor el pecho. Sintió que Koshi la abrazaba por la espalda mientras se esforzaba por retener las lágrimas y supuso que él se había dado cuenta de que no podía mirar a su hija sin que el corazón le diera un vuelco.

Ella también sabía que Suri estaba creciendo, y se sentía crecer a la par de ella, cada día un poco más. Se sentía mayor cada vez que peinaba el corto y claro cabello castaño de la niña en dos coletas, cada vez que la vestía y cada vez que tenía que dormirla leyéndole algo o cantándole. Y todo en conjunto la llenaba de un orgullo que no conseguía ocultar.

En momentos así, además, siempre pensaba en Nadeshiko. Podía entenderla mucho mejor, y le estaba tan agradecida que jamás sabría cómo decírselo o demostrárselo… aunque sospechara que su madre ya lo sabía perfectamente. Que le agradecía con toda el alma haber cuidado de ella durante tantos años, aun estando sola, y que siempre se hubiera preocupado tanto por hacer lo mejor para las dos… aunque Sakura no lo supiera, muchas veces, e incluso le hubiera montado escenitas de las que ahora se avergonzaba mucho.

La verdad era que nunca podría acabar de pagarle todo lo que había hecho por ella… y tampoco a Fujitaka. Aunque había entrado a la familia bastante tarde, aquel hombre siempre se había portado con ella como un santo —con hijastro insoportable o sin él— y como el padre que no había tenido.

Y no sólo le agradecía a la pareja que estuvieran a su lado, sino también del lado de Shaoran; del lado de los dos, aún cuando fueran unos chiquillos irresponsables la mayoría de las veces, o necesitaran tanta ayuda como fuera posible para poder ubicarse en el mundo. Fujitaka y Nadeshiko habían sido algo así como los padres de ambos, y Sakura sabía que Shaoran compartía su opinión y también les rendiría pleitesía eternamente por todo el apoyo que jamás le habían brindado.

—Mira lo que te he traído —dijo Koshi, interrumpiendo adrede sus pensamientos, quizá para que no se echara a llorar. Agitaba una caja blanca bastante grande en una de sus manos, justo frente a sus narices—. Tarta de chocolate. Acabamos de comprarla¿qué te parece si le damos el visto bueno entre los tres?

Tomoyo se sentó en el suelo y acomodó a Suri entre sus piernas, para luego comenzar a entretener a la niña con cosquillas.

—Supongo que podemos comer la tarta ahí —suspiró Sakura—. Iré a traer los platos y las…

—Tú siéntate, Sakurita —interrumpió Koshi alegremente—. Las cosas las traigo yo.

Ella sólo sonrió y le agradeció el gesto a su amigo con un sonoro beso en la mejilla. Luego, se colocó junto a Tomoyo mientras observaba a Suri estudiar atentamente uno de los pendientes que su "tía" se había quitado para enseñarle. La brillante pedrería de todos los colores hacía que los ojos ámbares de la niña relampaguearan con atención infinita y mantuviera los pequeños labios entreabiertos.

—¿Será muy ambiciosa cuando crezca? —preguntó Sakura, casi pensando en voz alta—. Parece que le gustan las alhajas.

Tomoyo negó con la cabeza tranquilamente.

—No lo creo. A los bebés les llaman mucho la atención las cosas brillantes, eso es todo. —Amplió su sonrisa y tocó la nariz de Suri con el dedo índice—. Aunque lo que sí creo es que será toda una rompecorazones.

Justo en el momento en que Koshi llegaba cargado de cosas, Sakura hizo una mueca bastante chistosa. No lo dudaba ni un segundo.

—Le gustan mucho los chicos —apuntó, viendo cómo la niña rápidamente se desembarazaba de los brazos de Tomoyo para gatear hasta el rubio y pedirle que la alzara en brazos—. Siempre está persiguiéndolos…

Tomoyo se ocupó de colocar los cuatro platos y los cubiertos frente a cada uno de los comensales sentados en el suelo, porque Sakura estaba demasiado perdida en sus cavilaciones y Suri no parecía darle tregua a Koshi con tantos abrazos y arrumacos que reclamaba y él concedía sin resistirse ni un poquito.

—Apuesto a que eso es culpa de su papá.

—Sí —admitió Sakura, encogiéndose de hombros y riendo suavemente ante el comentario de su amigo—. La consiente como no tienes idea, y ella queda encantada, por supuesto. Ni siquiera me hace caso cuando él llega.

—De modo que al final Shaoran resultó ser mejor padre de lo que tú pensabas¿eh? —Tomoyo acompañó sus palabras con una porción de pastel. La otra recibió el plato sonrojada.

—Bueno, sí… Bastante mejor de lo que yo pensaba.

—Ay, amiga mía, siempre te dije que eras una completa despistada. —La mirada violeta se volvió soñadora y la chica juntó sus manos como si fuera a ponerse a rezar—. ¡No tienes idea de la suerte que tienes! A mí también me gustaría tener una niña tan mona como Suri, y que Eriol la consintiera… —Hizo una cara triste—. Pero es imposible siquiera correr el riesgo: nunca se olvida de la "protección" cuando estamos juntos.

Koshi empezó a comer su parte de la tarta, compartiéndola con Suri, y Sakura se sonrojó más ante lo íntimo de la conversación, pero la gracia que le hizo el comentario pudo con ella, así que agregó:

—Te aseguro que ahora nosotros tampoco lo olvidamos.

—De todos modos, supongo que lo que pasa es que Eriol no está… mentalizado —dijo el rubio tranquilamente.

—Supongo —aceptó Tomoyo, con otro suspiro—. Ya hemos hablado del tema algunas veces, y de momento no quiere ni pensar en matrimonio. Aunque a mí me gustaría tanto…

La hija de Nadeshiko guardó silencio. Tanto ella como Koshi sabían que Eriol quería mucho a su novia, pero que también quería su libertad por muchos años más. De momento, dudaban que el chico diera el brazo a torcer, salvo que no le quedaba otra opción.

—Bueno, pero él es así…

—Lo sé.

—¿Y tú qué, Sakurita¿Para cuándo te nos casas?

Ante el comentario de Koshi, la aludida sintió que se le subían todos los colores al rostro.

Hacía casi dos años que Shaoran y ella vivían juntos en el apartamento que Fujitaka les había regalado e incluso tenían una hija, pero no se había visto ninguna boda de por medio. Y es que había demasiadas cosas que hacer como para pensar en eso, se repetía constantemente… Muy poco tiempo, muchas obligaciones como para preocuparse por una ceremonia que, al fin y al cabo, no haría más que formalizar lo que ellos ya tenían.

Por mucho que a ella se le iluminaran los ojos de solo pensar en una boda.

—¿Shaoran todavía no te lo ha pedido? —interrogó Tomoyo, como si creyera que en tres semanas y media de estar ausente pudieran ocurrir milagros.

—No…

—Entonces¿por qué no se lo pides tú? —insistió su amiga, acercándose un poco y sonriéndole con entusiasmo. Probablemente estuviera imaginando ya en grabar el evento, se dijo Sakura, cohibida—. ¡Sería de lo más extravagante! Nunca he conocido a una chica que le pida matrimonio a su novio; siempre es al revés. Estaría bien cambiar el protocolo…

—Olvídalo, Tomoyo —la instó, con un ademán—. No quiero presionar a Shaoran con tonterías.

—Pero si a él le encanta que lo presiones —apuntó Koshi en un divertido susurro que hizo arder las mejillas de la joven madre. Aunque no lo suficiente como otros comentarios que escuchaba a diario, siendo que convivía con una mente todavía más retorcida que la de su amigo.

—Ya tenemos suficientes cosas de las que ocuparnos como para pensar en algo así —insistió, obviando lo otro—. No me parece el momento. Además, ni siquiera es necesario.

Tomoyo hizo una mueca.

—Si tú lo dices… Pero, cambiando de tema, hay una cosa que Koshi todavía no te ha dicho.

Sakura se giró a ver a su amigo, que recién acababa su trozo de tarta y sonreía como haciéndose el interesante mientras que Suri jugueteaba con los botones dorados de su chaqueta.

—¿Y qué es?

Koshi rebuscó en su billetera luego de sacársela del bolsillo y le pasó una foto a Sakura. En ella había un chico moreno, de pelo corto y negro y exóticos ojos que oscilaban entre el verde y el gris. El tipo no estaba nada mal con la camiseta roja ajustada a sus contornos, y su sonrisa podría resultar tan encantadora como oír al flautista de Hamelin, si el observador era una rata.

—¿Qué te parece? —preguntó Tomoyo, divertida.

—Me parece… bien. Pero bueno¿quién es?

Koshi se aclaró la garganta, cerró los ojos, dibujó una sonrisa arrogante y se cruzó de brazos antes de anunciar con tono solemne:

—Aki Aoyagi. —Hizo una pausa y Sakura alzó una ceja, como instándolo a que continuase—. Mi novio.

La mandíbula de la chica quedó totalmente desencajada y no pudo evitar pasar la inquieta mirada de un lado a otro; de Koshi a la foto y después de la foto a Koshi.

—Koshi y él se conocieron la semana pasada —informó Tomoyo, que obviamente había tenido esa charla con su amigo antes que ella. Y a Sakura no le extrañaba, siendo que ya no tenía tanto tiempo para estar con ellos como antes—. Al día siguiente de conocerse ya estaban saliendo juntos…

—¿Hablas en serio? —casi jadeó—. ¿De verdad que este chico es tu novio?

Él asintió con la cabeza y amplió la sonrisa.

—Pues claro. ¿O qué te creías, que iba a pasarme la vida contentándome con asustar a tu querido? No, cielo. Además, Aki tiene mejor carácter.

Sakura sólo estalló en chispeantes carcajadas y se abrazó al rubio, casi aplastando a la niña entre ellos, que gruñó, celosa, al ver que su madre estaba reclamando la atención masculina que antes era suya.

—¡Dios, cómo me alegro! —rió—. ¡Creí que te nos quedabas solterona!

—Si tú lo conseguiste¿por qué no yo? Después de todo, soy más guapa.

Sakura volvió a reír, y Tomoyo la acompañó. Quizá no podía estar tanto tiempo con sus amigos como antes, ahora que tenía más obligaciones, pero definitivamente nada en su esencia había cambiado. Lo mejor de su amistad no se había ido.

Y ojalá no lo hiciera nunca.

o-o-o-o-o

—¡Tres cafés y tres croissants para la mesa seis, por favor!

—¡Enseguida!

Shaoran se estaba durmiendo, pero se esforzó por sostener adecuadamente la bandeja llena de tazas y el platito con los croissants y evitar que se cayeran al suelo. Había tenido que levantarse muy temprano aquel día, teniendo en cuenta que le tocaba ir a la universidad por la mañana, y luego había venido su trabajo en la cafetería. Desde que había empezado la jornada, no había podido parar ni un minuto, y estaba definitivamente agotado.

—¿Quieres que lo lleve yo? —le ofreció amablemente Yukito Tsukishiro, el dueño del local. Probablemente no había pasado por alto la forma en que los ojos querían cerrársele mientras caminaba—. Si quieres, puedes ir a casa ya. Sólo te quedan tres minutos para…

Shaoran negó con la cabeza.

—No es nada, me ocupo del pedido y me largo antes de que me mande alguna cagada. Uno más y ya¿sí?

No demasiado convencido, Yukito asintió con la cabeza y lo dejó seguir con su camino. Había contratado a Shaoran más de dos años atrás, y ambos habían creído, en un principio, que el empleo sólo se reduciría a las horas libres que el chico tuviera. No obstante, él le había pedido aumentar las horas y volverse un trabajador estable en cuanto supo que Sakura estaba embarazada y quería mudarse a vivir con ella a un apartamento.

Por supuesto, Yukito no le había negado el favor y le facilitó el primer puesto libre que tuvo en cuanto otro de los camareros renunció, y desde entonces Shaoran se dedicaba a servir. No era un trabajo sobrado en paga, pero al menos Yukito se ocupaba de que el sueldo fuera suficiente para que el chico pudiera mantenerse, aunque el mismo Shaoran no tuviera ni idea de estar recibiendo un poco más de dinero que otros empleados, pues su jefe había sido lo suficientemente cuidadoso como para evitar que se enterase y rechazara la oferta. Y eso, sumado a las infladas propinas que recibía, hacía que pudiera vivir bastante tranquilamente.

Sin embargo, Yukito no podía evitar preocuparse un poco al ver que había días en los que el pobre muchacho parecía no dar abasto, entre la universidad y el trabajo. Y lo peor era que ni siquiera aceptaba irse más temprano, por mucho que el hombre insistiera.

Pasándose una mano por el pelo grisáceo, suspiró y se dijo que ya hacía lo que podía. Lo único que le quedaba esperar era que Shaoran encontrara algún trabajo mejor y que le fuera algo más fácil de llevar.

Shaoran llegó a la mesa seis justo antes de empezar a contar ovejas y les sonrió cortésmente y como pudo a las tres personas que tenía delante, dos de ellas chicas y el otro un tipo muy serio de gélidos ojos azules.

—¿Se les ofrece algo más? —preguntó, ahogando un bostezo. La chica de cabellos castaños oscuros y ojos del mismo color le sonrió alegremente, apoyando los codos en la mesa y el rostro en las manos.

—Sí; mi amiga quiere tu número de teléfono.

La otra chica, algo más baja y con los ojos claros, se sonrojó y le reclamó a la que antes había hablado:

—¡Nakuru!

El hombre de largos cabellos casi plateados y mirada fría rodó los ojos y suspiró como si estuviera terriblemente aburrido, echándose un poco hacia atrás en su silla y cruzándose de brazos lentamente.

—Tú siempre incomodando a la gente —dijo en voz tan baja y serena que Shaoran casi ni la oyó. Sin embargo, la tal Nakuru había entendido perfectamente el mensaje y sacó pecho, orgullosa.

—Oh, vamos, no te pongas celoso porque le esté prestando un poco de atención a él —se mofó, señalando a Shaoran—. Sabes que siempre serás mi hombre, querido Yue…

"Lo haces por ellas", se dijo Shaoran mentalmente, "Es sólo un rato más y te piras a casa…"

—Si necesitan algo más, no duden en pedirlo —anunció antes de dar media vuelta y huir disimuladamente.

—¡Eh! —oyó la voz de la chica que respondía al nombre de Nakuru—. ¿Y qué pasa con el teléfono para mi amiga…?

"Sólo unos minutos más, y estás en casa. ¡Piensa en ello y ya verás cómo se pasan más rápido!"

Se acercó a la barra de lustrosa madera y contempló el reloj con alegría: su turno había acabado oficialmente en ese preciso momento. Ya podía largarse a descansar, por fin, y nada le resultaba más agradable que eso.

Cansado pero feliz, descolgó la chaqueta negra del perchero y saludó a Yukito rápidamente antes de salir por la puerta y andar a paso ligero hacia la estación de autobuses, en donde había tres o cuatro personas más, esperando sentadas bajo el techo del refugio.

El autobús tardó unos cinco minutos en llegar, y Shaoran juraría haber aguantado despierto hasta entonces sólo porque las dos ancianas que estaban a su lado no paraban de hablar a los gritos sobre la vida del nieto de una de ellas. En cuanto subió, se dio cuenta de que era hora pico, porque no había un maldito sitio libre en ninguna parte. Tuvo que echarse a un lado y quedarse de pie durante gran parte del trayecto, sintiendo el suelo moverse con cada curva mal tomada y el molesto olor a vino que desprendía el hombre apretado contra él y que estaba más borracho que una cuba.

Apenas cuatro paradas después pudo sentarse, y lanzó un suspiro de satisfacción y alivio al apoyar su espalda contra el mullido asiento medio destartalado. Los pies le dolían una barbaridad y casi no podía mantener los ojos abiertos, pero se obligó a hacerlo por temor a pasarse de estación, como ya le había ocurrido algunas veces más. Durante el primer minuto, se entretuvo leyendo las inscripciones en la parte de atrás del asiento que tenía delante, pero acabó más rápido de lo que habría deseado y entonces buscó desesperadamente algún otro tema con el que mantener su mente funcionando.

La niña sentada al otro lado del angosto pasillo viajaba con su madre, y ésta le ofreció una bolsa de alguna porquería similar a patatas fritas, para desgracia de Shaoran, que no tardó en recordar que tenía hambre suficiente como para comerse un camello. Se le hizo agua la boca de pensar en la comida que Sakura le habría preparado para cuando llegara, y sonrió con la clara idea de que su sonrisa debía ser una de esas llamadas sonrisitas estúpidas de quien va pensando en sus cosas. Pero le daba lo mismo, en realidad. Después de todo, Sakura no cocinaba siempre, pues se turnaban para hacer más llevadero el hecho de los exámenes y demás cosas, y la verdad era que le encantaban las cosas que ella cocinaba. No sabía exactamente por qué ni qué extraños condimentos aderezaban las recetas simples de aquella primeriza, pero ciertamente le resultaban poco menos que manjares.

Ah, sí, se moría de hambre. Y estaba tan cansado que lo único que quería era llegar al hogar, comer un poco, y después llevarse a Sakura a la cama. Quizá no exactamente para dormir, si conseguía aguantar despierto un poco más.

Su sonrisa se amplió y cerró los ojos mientras se hundía en el asiento.

Sí, mandaría a Suri a dormir más temprano, definitivamente. La niña no iba a quejarse por un día de menos atención… O al menos eso esperaba. Y sino, tendría que aprender a conformarse…

Bostezo de por medio, Shaoran se durmió pensando en eso. Le había bastado descansar la vista breves segundos para empezar a soñar, y lo realista del sueño fue lo que consiguió engañarlo, haciéndole creer que era la verdad.

Soñó que llegaba a casa completamente despabilado, conseguía dormir a su hija, y luego se ocupaba de la otra niña que requería su atención y sus mimos tanto como la pequeña Suri. Soñó que Sakura lo recibía con júbilo entre sus brazos y hacían el amor hasta que la luz del amanecer se colaba por la ventana del apartamento, y sólo entonces se permitía descansar. Sólo entonces se permitía dormir, soñar, acurrucado en los brazos de su mujer hasta bien avanzada la mañana…

—Eh, muchacho, despierta.

Shaoran abrió los ojos con mucha dificultad y se sorprendió al encontrarse con el rostro de un hombre canoso a poca distancia del suyo. También notó la mano pesada del sujeto sobre su hombro cuando ésta lo zarandeó levemente, como intentando llamar su atención. En ese momento, no entendió absolutamente nada, y sólo consiguió preguntarse en dónde estaba Sakura y quién demonios lo había sacado de su tibia cama para sentarlo en un incómodo asiento de autobús.

—Esta es la última parada, así que tienes que bajar aquí, muchacho —insistió el hombre—. No puedo dejarte durmiendo dentro del autobús, por muy cómodo que estés, así que andando.

Echando una desconcertada mirada en derredor, Shaoran se dio cuenta de que estaba allí solo con el desconocido. Y sus neuronas parecieron volver a funcionar en cuanto vio que todavía traía puesto el traje que usaba en la cafetería.

—Mierda… —masculló—. No otra vez, por favor…

—Anda, levántate y tómate otro bus para irte a tu casa.

¿Qué bus? Ahora tendría que caminar, porque era demasiado tarde para encontrar ningún otro circulando.

Se levantó con pesadumbre y tuvo ganas de golpearse la cabeza contra la máquina de los boletos. De nuevo se había quedado dormido, y ahora tendría que llegar andando desde la terminal hasta el apartamento, por muy cansado que estuviera luego de la universidad y del trabajo. ¿A quién le importaba eso, después de todo? Ningún ángel de la guarda bajaría del cielo para llevarlo volando a ninguna parte, y, como todo ser humano en algún momento de su vida, había aprendido a resignarse y a mover los pies cuando su cabeza fallaba.

"Lo haces por ellas", se repitió para darse ánimos, al encontrarse con las calles oscuras de alrededor y la fría noche en las afueras de Tomoeda. "Y tampoco está tan lejos, si te das prisa…"

o-o-o-o-o

Ansiosa, Sakura acabó de pasarse el rimel por las espesas pestañas negras y sonrió levemente al encontrarse con su rostro en el espejo. No se había puesto demasiado maquillaje —nunca lo hacía; no le gustaba—, pero el brillo de labios en una pequeña cantidad y el rimel eran suficiente para realzar sus rasgos y hacerla sentir más atractiva.

Aunque debía confesar que el leve sonrojo en las mejillas y el camisón de seda color perla que había comprado algunos días atrás también contribuían bastante.

En cuanto Eriol y Tomoyo se habían ido, bastante avanzada la noche, a Sakura se le había ocurrido dar una bienvenida algo especial a Shaoran, esperando aliviarlo un poco del cansancio que sabía que traería luego de un día tan pesado como lo era ése, todas las semanas. Quizá, con un poco de suerte, conseguiría despertarlo un poco y alegrarle la noche haciendo algo que ambos disfrutaban plenamente.

Mordiéndose el labio, se preguntó si tardaría mucho en llegar, porque normalmente cruzaba la puerta a esa hora.

Y cuando oyó el timbre, el corazón le dio un vuelco y casi corrió al recibidor, haciendo poco ruido con los pasos ligeros, descalza sobre el suelo de parqué. Probablemente Shaoran había olvidado las llaves y por eso no entraba directamente, razonó… Y qué mejor oportunidad para ella que recibirlo sin que él se lo esperara o tuviera que ir a buscarla cuando aún no estaba lista.

Pasó a un lado de Kero, que dormía plácidamente sobre un almohadón que había caído al suelo, y se acomodó un poco la ropa antes de suspirar.

Contentísima, abrió la puerta de par en par y alcanzó a ver un traje, una piel dorada, unos ojos ámbares, un remolino de pelo color chocolate y una sonrisa familiar antes de arrojarse contra aquel cuerpo fuerte y rodearlo con sus brazos. Enterró el rostro en el pecho masculino y aspiró con fuerza, queriendo guardar el aroma de su Shaoran hasta en su sangre…

Aunque rápidamente se sintió desconcertada.

No tardó demasiado en darse cuenta de que sus cuerpos no parecían encajar tan bien como de costumbre, ni tampoco en notar que Shaoran aparentemente había usado algún perfume que ella no conocía aquel día. También le pareció extraño que tardara tanto en responder a su gesto con un beso que la hiciera derretirse y la obligara a entrar al apartamento con el empuje de su cuerpo…

Y, un momento¿el perfume que sentía no era un perfume dulzón de mujer?

¡Qué demonios estaba pasando allí!

—Sakura, cuánto tiempo. ¿Qué tal estás?

Justo cuando iba a exigir alguna explicación por lo del perfume, Sakura oyó aquello y sintió que el mundo dejaba de girar. Aquella no era la voz de Shaoran, de ninguna manera. Se parecía un poco, pero no dejaba de ser más grave. Y tenía una mezcla de acentos bastante extraña.

—Parece que se alegra mucho de verte —dijo otra voz. Era un timbre sereno y suave, además de terminantemente femenino.

Y uno que Sakura conocía lo suficiente como para que la sangre se le congelara en las venas. Porque lo había oído en muy pocas ocasiones, pero le habían bastado para amargarle la vida.

Rogó al Cielo estar equivocada mientras levantaba lentamente la cabeza, queriendo retrasar el momento… Aquello no podía ser¿verdad?

Es decir¿cuántas posibilidades había de que…?

—¿Ella es la esposa de Xiaolang, mamá? —preguntó una tercera voz, con tono infantil.

Cuando al fin sus ojos verdes salieron de la oscuridad de estar ocultos contra el ancho pecho masculino y se encontraron con otros, lamentablemente familiares, el corazón se le subió a la garganta. Al parecer, había demasiadas posibilidades de que la horrible sospecha fuera una realidad…

Porque definitivamente esa mujer de tez blanca y cabello negro no era otra que Ieran Li, que la miraba aparentemente serena, pero con un reproche relampagueante en los magníficos ojos oscuros.

Sakura entendió perfectamente aquello… y deseó desaparecer.

Porque, si aquella mujer era Ieran Li, ella obviamente tenía que haber confundido al hombre al que abrazaba con el hijo de éste. Porque aquél no era Shaoran, no, y ahora entendía por qué no encajaban y todas aquellas otras cosas que tan extrañas le habían resultado.

¡Joder, quién la mandaba a abrazar a cualquiera sin asegurarse de que no sería el padre de su novio!

—Lo… lo siento… —murmuró atropelladamente, alejándose rápidamente de Liang y notando el rostro arder mientras él la miraba muy sonriente. Al desviar la mirada, se encontró con el niño de pelo oscuro y ojos castaños que supuso sería Tao—. ¡Creí… que…!

—Creíste que era Xiaolang. —Ieran acabó la frase por ella y Sakura asintió con la cabeza, incapaz de destrabar su lengua—. Ya lo suponía. Después de todo, sería extraño que salieras a recibir a todos tus invitados con ese… —pareció buscar una palabra apropiada— curioso aspecto.

Sakura sintió que la sangre se le agolpaba en el rostro de tal manera que podría desmayarse en cualquier momento. Por escasos segundos había olvidado que tenía puesto un camisón con un escote importante y lleno de puntillas, y que apenas le cubría los muslos.

"Un buen atuendo para recibir a tu novio si esperas seducirlo, pero definitivamente no el mejor para que los padres del chico te encuentren vistiendo… Sobre todo si el tipo te desnuda con la mirada y su mujer frunce el ceño levemente, pero con toda intención de aniquilarte, al notar la expresión en el rostro de su marido. Además de que los dos te considerasen una puta barata, claro está."

Desde luego, las cosas no podían ir mejor.

Intentó cubrirse pudorosamente el escote con sus brazos y bajó la mirada hasta fijarla en sus pies antes de hacerse a un lado.

—Esto… ¿quieren pasar?

"Por favor que no, por favor que no, por favor que no…"

—Bueno, ya que lo mencionas, nos encantaría —confesó alegremente Liang. Sakura tenía ganas de arrancarse todos los pelos de la cabeza en un ataque de histeria cuando marido y mujer entraron al apartamento—. Vaya, qué bonito es esto.

—Es pequeño —apuntó Ieran.

Sakura se obligó a obviar el comentario y guió a la pareja y al niño silencioso hasta el salón, en donde Suri jugaba con un enorme león de peluche que Koshi le había regalado por su pasado cumpleaños.

—Siéntense. —Les indicó el amplio sofá, todavía sin atreverse a mirarlos más arriba de los pies, y supuso el momento en que hicieron caso a sus palabras—. Y-yo voy a traer algo p-para beber…

Rápidamente huyó a la cocina, sin siquiera esperar alguna respuesta, y apoyó las manos en el frío mármol de la mesada para tranquilizarse en cuanto llegó. Tenía la cara tan caliente como si la hubiera metido dentro del microondas que había a su derecha y las piernas le temblaban. ¿Por qué los padres de Shaoran estaban allí, y por qué demonios habían tenido que presentarse justo cuando ella estaba menos… presentable?

Acordándose hasta de los abuelos de Murphy, volvió a erguirse tan dignamente como pudo y fue como un torbellino hasta su habitación para ponerse la delicada bata que hacía juego con el camisón. No se molestaría en cambiarse de ropa, total ya la habían visto y tenían una idea de ella lo suficientemente sólida como para hacerlos cambiar de opinión con sus usuales vaqueros y camiseta, pero sí necesitaba algo que la cubriera un poco más de ciertas miradas que prefería ignorar.

Algo más segura que antes, volvió a la cocina, sirvió un vaso de jugo de naranja y preparó tres tazas de café, que bien podría haberse bebido ella sola, aunque fuera para quedar grogui. También decidió aprovechar la mitad del pastel de chocolate que quedaba de aquella tarde, así que cortó tres porciones y las puso en los respectivos platos.

Nada más atravesar el umbral de la puerta se encontró con que Ieran estaba orgullosamente sentada en su sofá como si fuera una reina sobre un trono, irguiéndose, imponente, en aquel espacio como si lo considerase suyo y quisiera dejárselo bien claro. Liang, por su parte, estaba a su lado, pero entretenido con Suri, que obviamente se llevaba de maravilla con él por el simple hecho de ser más hombre que su madre y su abuela juntas. Tao estudiaba con curiosidad todo lo que hacía la niña y reía de vez en cuando alguno de sus gestos torpes.

—He traído un poco de café, jugo y tarta de chocolate —anunció, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no denotar ni una pizca de nerviosismo en su voz, aunque sólo fuera para demostrarle a Ieran Li que podía con ella y su reto de ama y señora—. No sabía que iban a venir, así que no tenía nada preparado, salvo la cena… ¿Quieren comer algo? —dudó—. Hice…

—Ya hemos cenado —interrumpió la mujer— en un restaurante que encontramos por aquí cerca.

"¿Y pensaste que Meiling era una víbora…? Seguro que ahora conoces la diferencia entre odiar a alguien por ser una celosa y sufrir el acoso de una culebra genuina… ¡en tu propia casa!"

—Gracias de todas formas, preciosa —añadió Liang, y Sakura no supo si agradecer el comentario o esconderse. ¿No podía llamarla de alguna otra manera que enfureciera más a su esposa?

¡Joder con el tipo!

—Y… eh… ¿Están de visita en Japón? —preguntó, sin saber muy bien qué decir para romper el silencio.

—Venimos a ver a Xiaolang —anunció Ieran serenamente, clavando sus ojos en ella con toda la elegancia y altanería de una mujer noble, haciendo sentir a Sakura una hoja al viento en pleno otoño—. Tenemos una charla pendiente con nuestro hijo, y qué mejor que conversar personalmente con él.

—Ya veo…

Sakura apuró el café de un solo trago, sin importarle cuán caliente estuviera o la forma en que su garganta se resentía. Ni siquiera se atrevió a preguntar sobre qué querían hablar con Shaoran, porque la mirada de aquella mujer le daba a entender sin palabras que no diría nada más, al considerar que traspasarle esa información a ella sería una completa pérdida de tiempo.

Pero… diablos. Le resultaba todavía más difícil de lo que había creído tener que ignorar sus comentarios ponzoñosos. Al fin y al cabo¿qué derechos podía reclamar aquella mujer sobre su novio o sobre su casa, siendo que era la primera visita que hacía luego de más de dos años? Porque incluso el asunto de Suri había reflectado en la vida de los padres de Shaoran en forma de una llamada telefónica y unos cuantos regalos enviados por correo aéreo, pero no más.

—¿En dónde está Xiaolang? —preguntó suavemente Tao.

Eso mismo se preguntaba Sakura. Hacía rato que tendría que estar en casa, y todavía no había llegado. Probablemente se le había hecho tarde por algún motivo, pensó con angustia. Ojalá volviera pronto. Aquella mujer y Liang eran sus padres, y tenía que saber tratarlos mejor que ella¿cierto…?

De acuerdo, no estaba muy segura de eso.

—Estará por llegar —le dijo, intentando sonar tan alegremente como pudo—. Tú debes de ser el famoso Tao… Shaoran me ha hablado mucho de ti.

Los ojos de miel del niño se iluminaron con un entusiasmo que su semblante serio no conseguía disimular. A Sakura le resultaba más que obvio que la sola idea de que su hermano se acordara de él lo llenaba de orgullo.

—¿De verdad?

—Sí, de verdad —le aseguró, esbozando una sonrisa y apoyando las manos en sus propias rodillas para inclinarse un poco y quedar a una altura similar a la de él. Se alegraba de poder tener alguien con quien hablar tranquilamente; tanto, que casi había olvidado la presencia de los dos adultos… Y la verdad es que entendió perfectamente que Shaoran se sintiera tan a gusto con el niño en Italia—. Siempre está haciendo comentarios de ti y lamentándose por no haber traído ninguna foto tuya para que yo pudiera conocerte. Eres tal y como te imaginaba… aunque algo mayor.

Tao también parecía sentirse bastante cómodo, porque le sonrió alegre y orgullosamente a la vez mientras sacaba un poco de pecho y declaraba solemnemente:

—Es que ya tengo nueve años.

—¡Nueve! —repitió Sakura, como si aquello fuera una auténtica maravilla—. ¡Entonces eres todo un hombre!

—Dentro de poco, seré tan alto como mi hermano.

—No, tú serás más alto que él.

—¿Más alto?

—Sí, y más guapo. De hecho, estoy pensando en cambiar de hermano —añadió jocosamente, contagiando al niño de su buen humor.

—¿Y crees que…?

—Tao —interrumpió Liang—, deja de molestar a Sakura.

El niño sólo suspiró y se sentó en el suelo, enfurruñado. A Sakura le dio un poco de pena, pero Shaoran ya le había dicho que las cosas eran así siempre. Lo único que se le ocurrió para dejar algo conforme al niño y no retrucar al padre al mismo tiempo fue sentarse en el sofá individual que había justo al lado de Tao, y desde donde, de paso, también podía vigilar los inquietos movimientos de Suri en el regazo de Liang y sus constantes intentos de huida para la exploración del territorio.

El hombre pareció seguir su mirada en algún momento, porque volvió a reparar en Suri luego de tres segundos de no prestarle atención, y la estudió atentamente.

—Cómo se parece a ti esta niña —comentó, como perdido en sus pensamientos. Sin embargo, después alzó la mirada y la clavó en Sakura—. Oye, entre nosotros… —dijo bajito— Xiaolang es realmente el padre¿verdad?

Tao arqueó una ceja, sin entender el comentario, y Sakura por poco se atraganta con su propia saliva. De nuevo sintió que se le incendiaba el rostro.

—¡Por supuesto que sí! —jadeó.

Liang no pareció darle demasiada importancia al comentario, porque se encogió de hombros despreocupadamente.

—Bueno, es que nunca se sabe con estas cosas. Madre solo puede haber una, pero padre… —Sonrió con toda la confianza del mundo en la breve pausa y añadió—: Aunque, pensándolo bien, supongo que tampoco tendrías motivos para buscar nada en otra parte. Al fin y al cabo, Xiaolang es hijo mío.

Completamente abochornada, Sakura se cubrió el rostro con las manos y lo apoyó en ellas, deseando desvanecerse en el aire por enésima vez en menos de una hora. Nunca había imaginado que tratar con sus suegros podía ser una tarea tan complicada y vergonzosa a la vez.

Quizá en otra vida había sido una persona ruin y ahora era castigada. Porque estaba segura de sufrir una tortura peor que convertirse en cualquier animal en esos momentos. Los animales no tenían que soportar a sus suegros, pensó con frustración. ¡Ellos sí sabían lo que era la buena vida!

—Mamá, cuidado con…

—¡Oh!

—…Suri.

Al oír la suave advertencia de Tao, el suspiro de Ieran y el nombre de su hija, Sakura alzó la cabeza con horror… Y se puso mortalmente pálida al ver el panorama ante sus ojos.

Al parecer, Suri había escapado de los brazos de Liang en cuando éste y la propia Sakura se distrajeron, y llegado hasta donde estaba tranquilamente sentada la mujer para derramar la taza de café sobre el hermoso y fino vestido blanco de corte chino, lleno de preciosos hilos dorados, rosas y rojos que dibujaban flores de loto y ribetes brillantes.

—Vaya por Dios —murmuró Liang al ver la mancha oscura extendiéndose sobre la carísima tela.

Sakura se levantó rápidamente de su asiento para tomar en brazos a Suri, temerosa de que la mirada de Ieran acabara por fulminar a la risueña criatura, y se mordió la boca pensando que aquella mancha no parecía ser de las que se quitaban.

—Iré a buscar algo para limpiarla —dijo, saliendo disparada hacia la cocina—. Mierda, mierda, mierda… —murmuró—. ¡Yo creí que sería una noche memorable, pero no porque todo saliera mal!

Suri miró el rostro lívido de su madre sin entender absolutamente nada, y también siguió atentamente todos los movimientos de sus manos al rebuscar en las alacenas y otros sitios a los que ella no llegaría hasta dentro de muchos años de tomar sopa. Parecía incluso más nerviosa que cuando se paseaba por todos lados sin dejar de repetir "¡Llego tarde, llego tarde!" o cuando llegaba algún papel metido en un sobre cada dos meses.

Sakura se apartó el pelo de la cara y quiso echarse a llorar de rabia en cuanto comprobó que no había ningún tipo de producto de limpieza entre sus cosas que pudiera acabar con una mancha como ésa. Probablemente había visto alguno de esos detergentes en casa de su madre, pensó, y el recuerdo la habría confundido… ¡Mierda!

Dio un salto en su sitio al oír una llave en la cerradura de la puerta y se le iluminó el rostro de forma instantánea¡tenía que ser Shaoran!

Nuevamente voló hasta la entrada y, efectivamente, se topó con su rostro cansado. Tenía el aspecto de quien acababa de correr la maratón… dos veces. Pero necesitaba su ayuda más que en ningún otro momento.

—¡Shaoran, por favor, te necesito!

Luego de haber tenido que caminar tanto para llegar al apartamento, lo único que Shaoran quería era una silla para sentarse, porque casi no se aguantaba en pie. Sin embargo, una tensa Sakura salió de repente a su encuentro con Suri en brazos y lo miró con una súplica en los ojos verdes que él no entendió…

Hasta que la niña tironeó de uno de los pequeños cordeles que ataban ambos extremos de la bata y ésta se abrió, presentándole el delicioso cuerpo de su madre apenas cubierto por un camisón de seda del color de una perla.

Y él podía estar muy cansado, pero aquélla era una promesa demasiado tentadora como para poder ignorarla. Sobre todo si ella se había preparado especialmente para esperarlo, como supuso que había hecho.

Sakura se quedó algo atontada cuando vio que él se pasaba la lengua por los labios y le recorría el cuerpo con una mirada tan hambrienta que juraría que podría haberla dejado sin una sola prenda encima en ese mismo instante. Recién se sobresaltó al sentir que era acorralada contra una de las paredes del pasillo y luego la boca de Shaoran devoraba la suya con ansias.

¿Y ahora qué le había dicho para ponerlo así?

Sin poder evitarlo, cerró los ojos y se dejó llevar. Tampoco era que le resultara molesto que Shaoran se portara de aquella forma, desde luego.

De hecho, el mundo a su alrededor acababa de convertirse en una nebulosa sin sentido alguno y sin posibilidad alguna de hacerse sitio en su mente.

—Yo también te necesito —lo oyó murmurar contra su boca. Sakura suspiró de gusto cuando los labios que la torturaban comenzaron a desperdigar besos sobre su mentón y su cuello—. Llevemos a Suri a dormir para que te demuestre cuánto.

—Cariño…

—Maldición, no me llames así o te juro que te quedas sin ese camisón en menos de tres segundos… Aunque me da pena dejarte sin él, si te molestaste en elegirlo para mí… Porque lo elegiste para mí¿no?

Sakura sonrió y echó la cabeza hacia atrás cuando él trazó con su lengua el camino entre la base de su cuello y su oído.

Cariño, sí.

Él casi le arranca la fina bata con aquel tirón, pero, por suerte, sólo consiguió apartarla lo suficiente como para descubrir sus hombros. Aún con Suri en brazos, ella se estremeció de necesidad y no hubo una idea más agradable en su mente que la de hacer el amor en el pasillo, en ese mismo instante. Tan sólo bastaría con que se deslizaran lentamente hasta el suelo, se recostaran, y después…

—Abueeelo… —dijo lentamente la niña, intentando escabullirse de entre sus padres, que ya empezaban a portarse de esa forma extraña tan habitual, sobre todo de por las noches—. Abuelo…

Sakura se puso rígida al oír aquello, y de pronto recordó las encantadoras visitas que aún estaban en el salón, esperándola.

—Shaoran, espera un momento…

—Qué más da, por otro hijo no pasa nada.

—No es eso. —Suavemente, forcejeó con él para que dejara de besarle el hombro izquierdo—. Escúchame, es importante.

A regañadientes, él se separó de ella para mirarla con los ojos envueltos en llamas. Tenía la respiración algo agitada, la boca entreabierta y los labios enrojecidos y húmedos.

—¿Qué? —le preguntó en un tono lánguido que era lo mismo que una súplica por no extender demasiado la charla.

Sakura suspiró, molesta ante la certeza de tener que rechazarlo. Y luego volvió a recuperar todo el nerviosismo que había olvidado con tantos mimos.

—Shaoran, tus padres están aquí —susurró, y notó que él la miraba con cierta incredulidad y muchas ganas de continuar con lo que estaban haciendo antes, probablemente pensando que se trataba de una broma de mal gusto—. ¡Es en serio! —le aseguró—. Escucha, prometo usar este camisón todos los días de mi vida si me salvas de ellos.

—Preferiría que no usaras nada…

Ella dejó escapar un gemido de frustración y Shaoran entendió que no estaba bromeando. Y entonces también se alarmó bastante.

—¿De verdad que mis padres están aquí?

—Sí. En el salón. Y quieren hablar contigo.

—¿Sobre qué?

—No tengo idea.

Desconcertado, se separó de Sakura y notó que ésta se quedaba inmóvil contra la pared, pensando en alguna cosa que la preocupaba. Probablemente sus padres, se dijo, sin que le extrañara ni un poquito, cuando conseguían incomodarlo incluso a él, que era su hijo.

La idea de que ella hubiera tenido que soportar comentarios que prefería no imaginarse hizo que se sintiera culpable, e, intentando reconfortarla, tiró de su muñeca para acercarla hacia sí.

—De acuerdo, voy a ayudarte. Pero que conste que tomo tu palabra en cuanto a lo del camisón —bromeó.

Sakura sonrió un poco, sintiéndose aliviada, y siguió a Shaoran por el pasillo en cuanto éste comenzó a andar, todavía agarrando su muñeca.

Cuando ambos se asomaron, las tres personas en el salón se giraron a verlos. Ieran permaneció impertérrita, Liang sonrió un poco más que antes, y a Tao sólo le faltaba saltar de felicidad. Pronto el niño se acercó a ellos y miró ansiosamente a su hermano mayor.

—H-hola —le dijo nerviosamente, sin saber de qué forma comportarse. Había insistido tanto a sus padres para que le permitieran viajar a Japón con ellos, y ahora no tenía idea de lo que hacer, pensó con enfado.

—Dios, cuánto has crecido —murmuró Shaoran, sonriendo ampliamente y reprimiendo el impulso de darle un abrazo por temor a que Tao se sintiera incómodo—. No parece que sólo tuvieras nueve años.

Sakura notó fácilmente la forma en que a Tao se le iluminó el rostro en cuanto Shaoran dio muestras de saber la edad que tenía, y también notó que el propio Shaoran estaba a un paso de saludar a su hermanito como quería pero no se atrevía a hacer.

Pensando que los dos se estaban portando como dos miedosos, le dio un tirón en la mano a su novio y le señaló con los ojos al niño para darle a entender que él estaba esperando alguna muestra de afecto por su parte.

Tentando a la suerte, Shaoran finalmente se atrevió a abrazar a Tao, y, aunque al principio éste se quedó completamente quieto, fue aflojando los músculos poco a poco, una vez que la sorpresa se iba mitigando, y acabó por posar tímidamente las manos en la espalda de su hermano.

Sakura sonrió satisfecha, y tuvo que agarrar un poco más fuertemente a Suri, que comenzaba a quejarse y se inclinaba hacia delante, con los brazos extendidos, queriendo alcanzar a su padre para reclamarlo ante la llegada del intruso.

"Igual que tú", recordaba que le había dicho Tomoyo una vez, riendo, "es tan celosa con él que no quiere compartirlo con nadie… Ni aunque sea su madre."

Y vaya que resultaba molesta con eso en algunas ocasiones, pensó, rodando los ojos. En esas ocasiones en las que prefería que en el apartamento no se admitieran bebés por varias horas y que su hija no se pareciera tanto a ella.

Sakura observó a Shaoran caminar hacia el sofá, seguramente para hablar con sus padres, y prefirió retirarse algunos minutos y darles algo de intimidad.

—Será mejor que vayas a dormir —le dijo, recibiendo amplios pucheros como respuesta—. Mañana ya podrás aprovecharte de tu padre cuanto quieras.

Suri protestó un poco mientras Sakura caminaba hacia la habitación, pero la niña tenía tanto sueño que tampoco se resistió excesivamente, aunque su madre tuvo que pasar alrededor de diez minutos de pie junto a la cuna, vigilándola para que no se le ocurriera escaparse o no se echara a llorar.

Y cuando al fin de durmió y ella regresó al salón, notó que todo el mundo estaba sentado y en silencio, como esperando algo. Sakura miró la escena bastante desconcertada y temió que hubieran hablado de algo grave mientras no estaba, pero pronto el temor fue desvanecido por una sonrisa tranquila de parte de Shaoran, que la invitó a sentarse a su lado con un leve gesto de su cabeza.

—No queríamos empezar sin ti —le explicó en cuanto se hubo acomodado—, así que preferimos esperarte para hablar.

Y Sakura supo perfectamente, por la cara extremadamente seria de Ieran Li, que su hijo la había obligado a esperarla.

Con esa idea en mente, reprimió la sonrisa orgullosa que quiso escapar de sus labios y permaneció tan tranquila como aquella mujer. Porque los puntos ya estaban sobre las íes.

—Bueno, ahora que estamos todos —empezó Liang—, podemos hablar de lo que nos concierne. Veníamos a hacerte una oferta que seguro te gustará, Xiaolang.

—Y que te sacará de tu apuro económico —añadió Ieran, ganándose una mirada ceñuda de su hijo.

—No tengo ningún apuro económico, mamá. Vivimos perfectamente con lo que gano en la cafetería de Yukito.

—Pero ¿por cuánto tiempo? —insistió la mujer—. Ahora las cosas van sobre ruedas porque solo sois tres, pero ¿qué pasa si ella se queda embarazada de nuevo? —Sakura se mordió la lengua con rabia contenida al notar la mirada disimuladamente desdeñosa de Ieran pasearse tranquilamente desde sus pies hasta la cabeza—. Ya ha ocurrido una vez, y tampoco lo esperabas. De hecho, por eso estás metido en este brete.

—¿Te parece que estoy metido en un lío? —espetó Shaoran—. Me voy de Italia para volver con Sakura, me mudo con ella, tenemos una hija, y tú, en vez de alegrarte, me hablas de ello como si fuera lo mismo que estar encerrado en el infierno. —Desvió la furibunda mirada ámbar hacia la ventana del salón y respiró hondo—. Y encima lo dices como si fuera culpa de mi… —pareció pensárselo— novia.

—En todo caso —interfirió Liang—, la oferta te resultaría muy favorable. Escucha —se inclinó un poco hacia delante, apoyando los antebrazos sobre las piernas y mirándolo atentamente—, hemos pensado que estaría bien abrir una sucursal en Japón, y nos gustaría que fueras quien la dirigiera.

El chico miró a su padre con la misma sorpresa que Sakura.

—¿Yo? —dudó—. ¿Qué puedo saber yo de dirigir empresas?

Liang hizo un ademán que solicitaba restarle importancia al detalle de que Shaoran no tenía ni idea de cómo hacer algo así y se cruzó de piernas relajadamente.

—Bah, si a tu edad sabes dirigir un hogar, también podrás con eso. Estoy seguro de que no meterás la pata, y, además, las decisiones más importantes las tomaremos nosotros. Tú acatarías órdenes.

—Ganarías mucho dinero con el puesto, Xiaolang.

—Pero ¿y por qué yo¿No sería mejor que dejaras a cargo a alguien que tuviera cierta experiencia…?

—Porque eres nuestro hijo y nos gustaría ayudarte en algo. —Liang se removió en el sofá como si estuviera incómodo. Cuando volvió a hablar, su voz era algo más ronca que antes—. Fujitaka me dijo el otro día, por teléfono, que él os había regalado este apartamento, y también que trabajas en una condenada cafetería.

—No nos parece adecuado algo así para ti. No somos pobres y tú no vas a serlo tampoco, así que es hora de actuar para remediar la situación —acotó Ieran—. Eres un Li, y no puedes conformarte con tan poca cosa.

Sakura advirtió que la mandíbula de Shaoran se tensaba, así que disimuladamente le dio la mano como pidiéndole que tuviera paciencia y no soltara ningún improperio, al menos hasta que estuvieran ellos solos. Ahora entendía perfectamente a qué se refería él siempre que citaba aquello del honor familiar y lo importante que era la cuestión para sus padres…

Era necesario mantener la paz antes de que el chico saltara del sofá y sacara a los adultos de su casa a empujones, pensó, de modo que decidió intervenir y dar por terminada la conversación antes de que fuera demasiado tarde como para poder actuar.

—Lo pensaremos —dijo suavemente—. Hablaremos sobre el tema y les daremos una respuesta lo antes posible… Pero no ahora. Ha sido un día muy largo —añadió, con la esperanza de que captaran el mensaje.

Liang suspiró y se puso de pie. Ieran lo imitó, y Tao, que se había mantenido muy quieto y atento a la conversación sin decir ni pío, fue el último en levantarse del sofá.

—No tenemos mucho tiempo para estar aquí, así que procurad decidiros antes de que volvamos a Italia.

—Mañana tendremos la respuesta —aseguró Sakura.

—Perfecto. Pasaremos por aquí a la misma hora que hoy.

Shaoran únicamente asintió con la cabeza a modo de despedida mientras miraba fijamente el suelo, así que sólo fue Sakura quien se puso de pie y acompañó a sus invitados hasta la puerta del apartamento. Liang la hizo reír con alguna tontería antes de irse, Ieran la saludó con una furibunda mirada que se disfrazaba de frialdad y Tao le dio un tímido beso en la mejilla antes de salir corriendo cuando ella se inclinó para abrazarlo. Cerró lentamente la puerta y apoyó la espalda contra la madera, sintiendo un poco de frío traspasar la fina tela de la bata, y suspiró.

Cuando, algunos minutos después, volvió al salón, notó que Shaoran no estaba allí. Lo encontró en el balcón, de pie y con los brazos y el abdomen apoyados sobre la barandilla, los ojos ámbares fijos en las luces de la ciudad y en el cielo nocturno. La visita de sus padres no le había resultado nada agradable, para variar, y si no al menos lo mantenía con la mente ocupada. Se mordió la boca al darse cuenta de que estaba muy concentrado en sus pensamientos e intentó volver por donde había venido para darle algún tiempo más de reflexión antes de preguntarle nada. Los pies descalzos ya habían girado cuando oyó su voz suave unos metros más lejos.

—Sakura¿adónde crees que vas?

—Yo… creí que querías estar solo un rato.

—No. Ven aquí.

De reojo, Shaoran vio que se acercaba a paso lento y tímido hasta donde él estaba y luego también se apoyaba en la barandilla del balcón.

Las luces de colores de los carteles se reflejaban en sus ojos verdes, y la misma brisa fresca que puso la carne de gallina a la chica también agitaba el pelo castaño claro suavemente. Parecía mucho más serena que cuando recién la había conocido, pensó mientras examinaba sus rasgos, y no cabía duda de que los años transcurridos, aunque no fueran muchos, habían jugado un papel importantísimo en su personalidad y la habían hecho madurar hasta dejarla justo en su punto, tanto exterior como interiormente, a veces niña y a veces mujer.

—¿Tú que opinas, Sak? —le preguntó suavemente.

—¿Sobre la propuesta de tus padres?

—Sí.

—Yo la aceptaría.

Shaoran notó que ella tenía los hombros tensos y el mentón erguido, mirándolo valientemente pero con una duda en los ojos que él supo que se debía a no saber de qué forma podría reaccionar. Porque Sakura lo conocía lo suficiente como para saber que él no quería aceptar esa oferta, por muy tentadora que pareciese.

—Sabes que lo hacen por orgullo —le dijo, y la chica asintió con un movimiento de cabeza, muy seria—. ¿Por qué crees, entonces, que nos conviene aceptar lo que mis padres puedan ofrecernos?

Sakura suspiró, como para tomar fuerzas, y después giró el rostro hacia él. Una delicada sonrisa se dibujó en sus labios cuando arrastró su mano por la barandilla hasta alcanzar la suya y posarse sobre ella.

—Si crees que de verdad puedes con todo tú solo, sin recibir la ayuda de nadie, entonces está bien —susurró, sin dejar de sonreír con calma—. Si de verdad no te importa dormir tan pocas horas al día, está bien. Si de verdad no crees que sería lo mejor, está bien. Sabes que confío en tu criterio, de todas formas. —Se encogió de hombros—. Pero, si quieres saber lo que pienso… entonces te diré que creo que lo mejor para todos sería dejarlos irse con la conciencia tranquila.

—¿Dices que debería hacerles el favor de que no se sientan culpables¿Por qué habría de hacer algo como eso, si sólo se interesan en mí para impedirme manchar el solemne apellido de la familia Li?

Sakura pudo ver el dolor y el resentimiento en sus ojos, aunque se esforzara por mantener la voz firme y no hacer ningún tipo de gesto. Pero no estaba dispuesta a echarse atrás, si estaba en juego algo que a ella le parecía tan importante como la propia salud de él, y, en segundo lugar, la familia.

Aunque después recibiera una montaña diaria de miradas desdeñosas por parte de su suegra al ver que no se esfumaba y seguía siendo tan poca cosa para su hijo, o que Liang corriera el riesgo de ser asesinado a manos del propio Shaoran si éste llegaba a darse cuenta de alguna de las miraditas que, ahora que ella contaba con veinte años, le regalaba. Soportar esas pequeñas cosas no eran nada en comparación a lo difícil que resultaría irse a dormir sabiendo que él nunca acabaría de hacer las paces con la pareja, o que había rechazado por ello la posibilidad de cargar con menos presiones en una vida ligeramente más cómoda, aunque él se creyera infalible.

Así pues, se le acercó un poco más y le dijo:

—Porque, después de todos, ellos siguen siendo tus padres. A su manera peculiar —continuó, haciendo una pequeña mueca—, te quieren y se preocupan por ti. Aunque sólo sea por no iniciar una guerra que acabará perjudicándonos a todos, aceptemos la propuesta. Será lo mejor.

Shaoran sintió que la presión sobre sus hombros desaparecía y una lenta sonrisa se fue extendiendo por sus labios. No le cabía dentro de la cabeza cómo era posible que Sakura pensara bien de sus padres, cuando ella los sufría probablemente incluso más que él, pero parecía tan segura de lo que estaba diciendo y había tanta preocupación y anhelo en los ojos esmeraldinos que consideró una insensatez la posibilidad de retrucarla, cuando ella no temía llevar las riendas de la situación e imponerse si lo consideraba necesario, por motivos que, aunque escapan a su entendimiento, Shaoran no tacharía de absurdos.

Después de todo, eran los motivos de Sakura.

—Tendré que confiar en ti.

Como regalo, ella le dio una risita suave y lo arrastró, sujetándolo por el cuello de la camisa, hasta donde habían colocado la mecedora de mimbre que solía ayudar mucho a la hora de conseguir que Suri se durmiera.

—Espérame aquí —le indicó, una vez que él se hubo sentado, y luego se dirigió a la cocina.

Cuando Sakura volvió, lo hizo trayendo consigo el último trozo de tarta que quedaba. Tan cariñosa como se mostraba aquellas veces en las que se parecía más a una niña, se sentó en sus rodillas y se acomodó antes de separar un pedacito de tarta con el pequeño tenedor plateado.

—Es de chocolate —le dijo alegremente, acercando la porción a boca del chico—, justo como te gusta. Tienes suerte de que te guardara algo. Tomoyo y Koshi la trajeron hoy, cuando vinieron de visita.

—¿Tomoyo y Koshi estuvieron aquí?

—Sí, y ahora come.

Shaoran cedió a sus exigencias sin oponerse, dejando que le diera de comer como si no supiera usar un tenedor. Ciertamente le encantaba que ella se portara así, y agradecía que ocurriese cada vez más a menudo, conforme Sakura iba adaptándose a su presencia y percibiéndola a niveles más profundos con el paso de los días y los meses, hasta que por fin el hecho de encontrarse en prácticamente todo lo que hicieran, aunque estuvieran separados, fuera tan normal como respirar.

Porque, al fin y al cabo, sus vidas llevaban desde el primer momento en que se encontraron intentando fundirse.

Suspiró largamente y clavó los ojos en el rostro de Sakura en cuanto ella hubo acabado de obligarlo a comer y recostó la cabeza en su hombro, acurrucando su cuerpo entero contra él. Estaba tan tranquila y sonriente… tan igual y tan distinta de como la recordaba. Probablemente porque aquella chica en conjunto era todo un caleidoscopio de personalidades, pensó. Y absolutamente todas conseguían volverlo loco.

A tal punto de maldecir interiormente el estar lo suficientemente cansado como para poder ponerle un dedo encima en ese momento, o, de otra forma, no dudaba que ya estaría acabando lo que habían empezado en el pasillo. Sin preocuparse por nada más que hacerle el amor bajo el cielo nocturno de la forma más concienzuda, lenta y placentera que pudiera.

—Shaoran…

—¿Hummm?

Ella se acomodó un poco mejor, todavía con los ojos cerrados, y él enroscó sus brazos alrededor del cuerpo femenino.

—¿Puedo decirte algo sin temor a que te enfades?

—Depende —murmuró, divertido, aunque con la certeza de no poder enfadarse por ninguna cosa en ese preciso instante.

—Lo tomaré como un sí. —Sakura suspiró—. Tu madre me pone histérica.

Shaoran se rió un poco. No era ninguna noticia inesperada.

—Ya lo sé. ¿Se supone que debería extrañarme? —Se encogió de hombros—. Incluso a mí me pone nervioso.

—Pero a mí me detesta.

Él chasqueó la lengua y añadió en tono jocoso:

—Sí, también lo he notado. Tú sólo ignórala, y puede que un día de estos se aburra de odiarte tanto.

—De todas formas, ella es un ejemplo para mí. —Sakura sonrió y abrió los ojos para encontrarse con que él la miraba con una ceja alzada y cara de intriga. Luego volvió a cerrarlos y se acostó de nuevo en el hombro masculino—. ¡Es el perfecto ejemplo de suegra que yo no quiero ser! —rió—. Me ha servido para ser más cuidadosa, y he pensado que, en cuanto Suri traiga a algún chico a casa, no pienso portarme de esa forma.

Shaoran frunció el ceño levemente ante el último comentario. ¿Cómo que Suri traería chicos a casa¡Ja, eso estaba por verse!

—Ya estás haciendo planes para el futuro —fingió quejarse, intentando olvidar aquella molesta idea o el impulso de ir desde ya a comprar algún rifle para mantener alejados a los seguros pretendientes que la pequeña tendría—. Todavía somos muy jóvenes para pensar en esas cosas… Te queda mucho para ser suegra¿no crees?

Sobre todo si él se ocupaba de que no hubiera chicos, pensó orgullosamente… Y bien dispuesto a llevar a cabo su idea.

—Está bien pensar a futuro. Todo el mundo lo hace —murmuró Sakura—. Por ejemplo, hoy conversé con Tomoyo sobre eso.

—¿Qué te dijo?

—Que quiere casarse. —Shaoran no pasó por alto el hecho de que a ella se le colorearan las mejillas y sonriera soñadoramente mientras jugueteaba con uno de los botones de su camisa—. Estuvimos hablando del tema con ella y Koshi bastante tiempo, e incluso nos pusimos a imaginar los vestidos de boda y las decoraciones —añadió con unas suaves risitas.

De repente, Shaoran sintió que algo hacía "clic" dentro de su cabeza, como si dos piezas de un puzzle encajaran. Sólo fue un segundo. Un simple impulso que llegó a su mente como un rayo en el momento en que oyó las palabras de la chica y descubrió el matiz de ensueño en cada una de las letras.

El universo parecía girar en perfecta armonía con todo mientras recordaba un montón de cosas. Todo parecía haberse puesto de acuerdo en el momento en que se vio de nuevo en Italia, perdido. En el momento en que recordó que su hogar estaba con Sakura.

Y que todavía no había hecho una cosa.

En el mismo relámpago de claridad y con una única idea en su mente, preguntó:

—¿Y tú, quieres casarte?

Sakura sintió que se congelaba en su sitio al oír a Shaoran decir aquello. Por un momento, pensó que sus oídos la habían engañado. Pero se dio cuenta de que en verdad él había hablado al abrir los ojos y encontrarse con su mirada intensa y su tranquila sonrisa de satisfacción iluminándole el rostro. El pulso se le aceleró, entendiendo que aquellas palabras encerraban infinidad de cosas más que una simple pregunta.

En esas palabras y esa expresión, se dijo, se encerraba una promesa. La promesa de toda una vida que anhelaba a tal punto que habría podido echarse a llorar de felicidad si no estuviera tan asombrada.

Con el corazón galopando dentro del pecho y los ojos verdes acuosos, balbuceó:

—¿M-me estás pidiendo… l-lo que creo que m-me estás pidiendo?

Shaoran sólo curvó un poquito más los labios hacia arriba, y ella ni siquiera necesitó agregar la palabra "conmigo" a la pregunta que él había hecho.

Y él tampoco necesitó que ella le dijera que sí en cuanto los delicados brazos le rodearon la nuca y la respiración de Sakura se convirtió en una caricia contra su cuello.

Ya casi no hacían falta las palabras entre ellos, después de todo.

o-o-o-o-o

­—Pásatelo bien, Tomoyo.

Sakura Li cortó la comunicación luego de aquellas palabras, todavía sonriendo al recordar el motivo de la llamada de su amiga. La muy desgraciada al fin le había echado el lazo a su noviecito y conseguido convencerlo para que se casaran, y ahora disfrutaban de su Luna de Miel en Hawai. Sakura todavía no podía creérselo, aunque, si lo pensaba objetivamente, tampoco era demasiado extraño que hubieran acabado así, después de la escenita que, ayudada por Koshi, había montado su amiga a Eriol una semana antes de que se pusieran de acuerdo, haciendo que prácticamente no le quedara otro remedio que aceptar…

Sonriendo, se preguntó si Koshi se valdría de los mismos métodos con su novio.

El timbre sonó, sacándola de sus pensamientos, y ella se preguntó quién podría ser a esa hora, si no esperaban a nadie hasta la noche. Extrañada, caminó hasta el recibidor.

Cuando la puerta de la casa se abrió, Tao se encontró con la mujer de treinta y tres años que aparentaba mucho menos, en realidad, por lo juvenil de su aspecto. Apenas se había dejado crecer un poco el pelo castaño, que le llegaba a los hombros en puntas rizadas brillantes como destellos de oro, y, por supuesto, su rostro también seguía teniendo aquella expresión de desconcierto tan aniñada y graciosa.

—¿Sí? —la oyó preguntar, obviamente sin reconocerlo, y él contuvo unas risas.

—Soy yo, Tao.

Sakura abrió los ojos verdes como platos ante aquella declaración. Estaba más que enterada de que el "pequeño" Tao iba a hacerles una visita, luego de pasar varios años en el extranjero, viajando, y se había quedado de piedra al ver lo mucho que había cambiado.

A los veintiún años, Tao era mucho más alto que la última vez que lo vio, cuando él tenía todavía quince. Su rostro ya no tenía aires de niño, y Sakura debía admitir que se parecía más a Ieran de lo que había creído en un principio, ahora que los rasgos se habían endurecido y desarrollado por completo.

—Madre mía —jadeó—, sí que ha pasado el tiempo¿eh? —El chico sonrió y entonces ella recordó que todavía seguían en la puerta y que su invitado sostenía un pesado bolso de viaje en una de sus manos—. ¡Ah, lo siento, pasa, por favor…!

Sakura se hizo a un lado para dejarlo entrar, y Tao le agradeció con un leve movimiento de cabeza antes de internarse en el pasillo, desconocido para él. Su hermano y la esposa de éste habían vendido, algunos años atrás, su primer apartamento, porque necesitaban algo más de espacio, ahora que no había sólo una niña, sino dos. Y él no llegó a conocer la nueva casa. Únicamente él y Shaoran se habían visto en algún otro lugar ocasionalmente, pero tampoco demasiadas veces en los últimos seis años, pues estaba siempre de viaje.

Había visitado tantos sitios como pudo, de la India hasta Gran Bretaña, Sudáfrica, Canadá, Brasil, Egipto, Australia o Polonia, y lo había disfrutado plenamente. Nunca le había gustado estar en su casa, de modo que había salido de allí en cuanto pudo. Y nunca se le pasaba por la cabeza que aquello hubiera sido una equivocación, desde luego y pese a todas las dificultades que podía acarrear una vida tan poco sedentaria.

—¡No lo entiendo, papá! —oyó quejarse a una vocecita, seguramente proveniente de la habitación a la cual su cuñada lo conducía.

En cuanto se asomaron tras el umbral, Tao descubrió a la niña sentada en el suelo, con una libreta cuadriculada entre las manos y cara de fastidio. Parecía muy enfadada por algo.

—Tranquila —le dijo Shaoran, que estaba frente a ella—, no es tan difícil si te acostumbras. A Suri no le costó tanto, después de todo…

—¡A Suri se le dan muy bien las Matemáticas!

Sakura rió dentro de su cabeza, conteniéndose de lanzar una pequeña carcajada. En eso, la pequeña Jun había salido a ella, a diferencia de su hermana, que era todo un genio de los números.

Disimulando un sonrojo al pensar en el tema, se preguntó qué pasaría con el tercer hijo en camino —y del cual aún no le había hablado a nadie—. Todavía guardaba la esperanza de que esta vez sí fuera un niño…

Carraspeó para sacar a padre e hija de la misma historia de siempre, y ambos se giraron al mismo tiempo, haciendo que se agitaran suavemente los mechones de cabello castaño oscuro de ambos al mover la cabeza. Shaoran sonrió ampliamente y se puso de pie al descubrir a Tao, y la niña se quedó con cara de no entender.

—Creímos que llegarías algo más tarde —explicó, justificando la situación en que lo había encontrado, luego de saludarlo—. Jun tiene algunos problemas con los deberes.

—¿Necesita ayuda o…? —intentó ofrecerse, pero Shaoran negó con la cabeza.

—Ya le vuelvo a explicar yo después. Al fin y al cabo —dijo, encogiéndose de hombros y sonriendo—, ya estoy acostumbrado a eso de las clases particulares de Matemáticas y a los berrinches, teniendo en cuenta que me mudé a su casa —señaló a Sakura— cuando todavía estábamos en el instituto.

—Pobrecito de ti —murmuró ella irónicamente, frunciendo el ceño y sonriendo a la vez—. Cuesta imaginar tanto sufrimiento junto… ¡Eres todo un mártir!

Tao sonrió y Shaoran soltó una risita. Sin embargo, Jun seguía sin entender nada.

—¿Quién es ese chico? —preguntó tímidamente.

—Es tu tío —le explicó Sakura—. Pero seguro que no te acuerdas de Tao porque eras muy pequeña cuando lo viste por última vez…

—¡Ah!

—La única que puede recordarte de las dos es Suri. Después de todo, la viste dos o tres veces cuando tenía la edad que ahora tiene Jun.

—Cierto —dijo Tao—¿en dónde está?

—Seguramente llegará dentro de un rato. —Shaoran miró su reloj de pulsera—. Hoy tenía que quedarse en el instituto hasta tarde, para… —Parpadeó—. ¿Para qué era?

—Para ensayar una obra de teatro —completó Sakura.

—Cierto —recordó él, frunciendo el ceño—, lo había olvidado.

La mujer se preguntó cómo demonios se había olvidado de eso, con todo lo que había protestado al enterarse de que tendría que besar a un chico en una de las escenas. Convencer a Shaoran había sido toda una faena, porque era tan receloso con todo lo que se refería a Suri como lo era con la propia Sakura. De momento, Jun escapaba a los celos de su padre por ser demasiado niña, pero su hermana mayor había crecido demasiado en los últimos años como para poder evitar sufrirlos.

Si ni siquiera habían hecho aquello de adoptar un niño, porque Shaoran acababa de darse cuenta de que no soportaba ver a ningún ejemplar del sexo masculino —que no fuera él mismo— alrededor de su hija, y mucho menos la serviría en bandeja…

Sakura suspiró con resignación.

—Mejor llevamos tus cosas a la habitación, Tao —dijo, con ganas de pensar en otra cosa. El chico la miró con algo de sorpresa—. Te preparamos el cuarto de invitados para que duermas este mes aquí, ya que vas a quedarte. ¿Qué creías, que ibas a dormir en el sofá?

—Bueno, la verdad es que…

—No seas tonto —interrumpió Shaoran—, todavía hay algo de sitio en esta casa. Aunque, claro, no es tan grande como la de Italia —añadió, rodando los ojos y haciendo una mueca.

—Ya lo creo. Aunque ahora es más espaciosa que antes, claro. Después de todo, mamá y papá están viviendo solos y disfrutando de su libertad.

—Al igual que nosotros —asintió Shaoran.

—Y ¿cómo están ellos? —consultó Sakura—. Hace mucho que no…

Tao se encogió de hombros y sonrió.

—Creo que vosotros los veis más que yo. No volví a pasarme por Italia desde el primer día en que puse un pie fuera de esa casa, y, como mucho, recibo llamadas telefónicas de vez en cuando. Supongo que, como dirigís el restaurante aquí, ellos vendrán algunas veces.

Sakura asintió con la cabeza. La última vez que vio a sus suegros había sido alrededor de medio año atrás… y, como siempre, una de las tantas situaciones complicadas e incómodas de la vida. Porque se montaba cada lío entre padres e hijo que parecía que iban a rodar cabezas en cualquier momento, aunque nunca pasara nada. Al final, los comentarios ponzoñosos de Ieran y las miraditas de Liang siempre pasaban a la historia, si se esforzaban por ignorarlos.

Sonrió inconscientemente, recordando un episodio en particular: la vez en que Shaoran había anunciado a sus padres que pensaba casarse con ella, tres días después de que Sakura le diera el sí. Liang había reaccionado con una sonrisa de aprobación absoluta, mientras que Ieran había asegurado que ella no sería una buena esposa para él, porque todavía era demasiado niña. Entonces, Shaoran se había encogido de hombros y dicho simplemente: "No quiero que sea mi esposa. Quiero que sea Sakura."

Y es que, bueno, él podía meter la pata muchas veces al abrir la boca… pero cuando no lo hacía, realmente valía la pena escucharlo.

—Tienes más suerte que nosotros, entonces —oyó que decía, refiriéndose a lo de ver a la pareja.

—¡Shaoran! —lo regañó ella, y recibió unas risitas por respuesta—. ¡No hables así de tus padres!

—Lo siento, cariño, te prometo que no volverá a ocurrir.

Y, desde luego, aquello era una mentira como una casa. Aunque Sakura se alivió al no percibir ninguna muestra de desagrado en el rostro de Tao, e incluso verlo sonreír ampliamente con la bromita.

Quizá ella se lo tomaba demasiado en serio, se dijo, porque no podría siquiera considerar la idea de pensar así de Nadeshiko y Fujitaka. Aunque ellos no eran Liang y Ieran, claro. Pero sí andaban algo desaparecidos desde hacía una semana, ahora que reparaba en ello. Tendría que llamarlos, pese a que no dudara de que estuvieran perfectamente.

—Acompáñame —oyó que le decía Shaoran a Tao, cargando uno los pesados bolsos—, así sabes adónde ir después.

Tanto su hermano, como Jun y como Sakura lo siguieron, pero oyeron la puerta abrirse de sopetón justo cuando estaban todos medio atascados en el pasillo, a punto de subir las escaleras. Al girar la vista, los cuatro se encontraron con la recién llegada y tres de ellos sonrieron un poco, mientras el otro se quedaba completamente desconcertado.

Suri tenía el pelo del mismo color que su madre, aunque ella se lo había dejado crecer y las rizadas puntas le llegaban hasta la mitad de la espalda. Los ojos heredados de su padre estaban resaltados con la pintura negra que los delineaba, así como las pestañas resultaban todavía más espesas con el rimel. Los labios también estaban pintados, aunque éstos de un tono morado oscuro. Los dedos con uñas adornadas con el esmalte negro se dirigieron a los oídos con varios piercings de plata para poder quitarse los pequeños audífonos del diminuto reproductor de música que tenía en el bolsillo de la falda del uniforme. Un leve murmullo de guitarras eléctricas pudo oírse antes de que apagara el pequeño aparatito.

—¡Hola, papá! —casi gritó. Todavía sonriendo alegremente, corrió dando saltitos y se prácticamente quedó colgada del cuello de su padre.

Sakura se cruzó de brazos, algo enfurruñada, y miró con una ceja alzada a Suri. Había creído, inocentemente, que el apego que tenía con su padre se le pasaría luego de algunos años, sobre todo ahora que era una adolescente, y una bastante tímida, además. Pero, al parecer, se había equivocado. Seguía comportándose con Shaoran de la misma forma que siempre. Y era el único a quien trataba de aquella manera tan melosa, desde luego.

Si no fuera mi hija…, pensó, rodando los ojos.

—Suri, tenemos visitas —apuntó.

La chica parpadeó, desconcertada, ante las palabras de su madre. Ni siquiera la había visto a ella. Ni a su hermana menor. Ni al chico alto de pelo negro y ojos castaños con cara de circunstancias.

—No sé si te acordarás de él —oyó que le decía Shaoran mientras ella iba soltando su cuello muy lentamente, con los ojos fijos en el desconocido—. Es mi hermano Tao. La última vez que os visteis fue hace tantos años que seguramente no lo reconocerías si… ¿Suri?

Los hombros tan anchos, los rasgos tan varoniles.

—¿Suri? —la llamó Sakura.

La mirada más intensa que había visto en su vida.

Sakura abrió los ojos verdes tanto como pudo al ver que Suri se desprendía de Shaoran por completo y corría asombrosamente al encuentro de Tao, que se quedaba tan apampanado como su hermano mayor… aunque menos lívido que éste, desde luego. Y es que el padre de la chica estaba tan blanco como una hoja de papel, y casi con la mandíbula desencajada.

—¡Oh, Dios mío, eres tan guapo! —chilló, y Jun alzó una ceja exactamente de la misma forma que su madre. Suri se abrazó a Tao y éste se puso rígido como una tabla y comenzó a sonrojarse paulatinamente—. ¡Y tan tímido! —Lo miró y parpadeó coquetamente, al tiempo que una sonrisa ladina se extendía por su rostro—. ¿Nunca te abrazó una chica antes o qué?

A Shaoran se le secó la boca completamente. ¿Qué había pasado con la timidez de Suri? Nunca, jamás la había visto comportarse de aquella manera. De hecho, siempre le había recordaba tanto a Sakura en eso como en su aspecto, quitando el color de ojos… ¡Y ahora estaba completamente transformada, como por arte de magia!

¿Quién le había cambiado de hija?

—Toda una vida alejando a los niños de ella… —comenzó a murmurar, pero su voz se apagó hasta desaparecer, y lo único que denotaba que seguía funcionando era la vena latiendo en su cuello regularmente, hinchada y casi a punto de estallar.

—Estás muy tenso —siguió diciendo la chica, ajena a los pensamientos de los demás, y trazando circulitos en el hombro de su tío con la punta de su dedo índice—. ¿Sabes lo que te relaja mucho cuando estás tenso? Una ducha caliente es un remedio eficaz…

Sakura ahogó una carcajada. Los genes Li acaban de despertar, se dijo, y le bastó una sola mirada a su derecha para confirmar que Shaoran acababa de darse cuenta de lo mismo… y parecía a punto de colapsar de puro terror. Toda una vida alejando a los niños de ella, y consiguiéndolo con éxito. Pero no había contado con su propia sangre.

Bien, si no había sido un hermanastro, sería un tío. ¿Qué más daba? Todo queda en familia. Una familia algo rara, pero su familia, al fin y al cabo.

Tan contenta como su marido horrorizado, rió:

­—Cosas de la vida¿no?


o—o—o—o—o—FIN—o—o—o—oo


Notas de Choco-chan: Bueeeeeeeeno… ahora sí que se acabó (Choco-chan hace pucheros para no llorar). Aún no caí en la cuenta de ello del todo, pero en cuanto lo haga sé que me va a dejar un sabor bastante amargo en la boca. Es decir, de pensar que ya no voy a subir más capítulos… snif… Pero mejor no pienso en eso, o ya lo de no llorar pasa a la Historia.

Ya ven que no es muy fácil ser padre/madre tan joven, pero los chicos se las arreglaron bastante bien, con suegros y todo (admito que me reí mucho torturando a la pobre Sakura). Koshi tiene novio (jaja, se lo debía), Tomoyo consiguió echarle el lazo a Eriol (increíble), y Sakura hizo más de lo mismo… aunque no sé quién le echó el lazo a quién en este caso, la verdad. Aunque he de confesar que casé a Sakura y a Shaoran más que nada por el tema de los apellidos, y que no tenía pensado hacerlo en un principio (¿para qué, si ya eran una familia como estaban?)… pero pensé en las niñas y me dije "¿van a ser Amamiya, Kinomoto o Li, o las tres cosas juntas?" y me decidí por casarlos y acabar con todo el problema xD. ¿Qué les parece ese final? El verdadero epílogo sería la última escena de esta entrega, como ya les dije, con todo el tema de Tao… ¡Y eso de Suri sí que sería incesto!... así como lo de Shaoran se llamará infarto, creo. Pero no es como si él tuviera mucho que decir al respecto xD. Ya me comentarán sobre todas estas cosas, espero, y también espero haberlos dejado conformes con este final poco convencional de familia feliz… pero rara xD.

Por supuesto, agradezco a todas las personas que fueron dejando reviews a lo largo de la historia, porque, puede que no tengan ni idea, pero pude arreglar muchas cosas y cambiar otras que no me gustaban o que quería mejorar gracias a algunos comentarios (no diré cuáles :P), e incluso agregar capítulos nuevos y situaciones que no estaban en la primera versión. Eso, sin contar el apoyo que son para un autor. De verdad, muchísimas gracias por haberse tomado el tiempo de comentar sobre la historia; guardo todo lo que me escribieron en documentos de Word en mi pc y los leo cada tanto.

Diosss, voy a llorar T.T

Otra cosa que quería avisarles es sobre la sorpresa esa que dije… pueden verla acá.

http (dos puntos) // server2 (punto) foros (punto) net (barra) viewtopic (punto) php ? p (igual) 180&mforum (igual) kaminoyume # 180

Espero que les guste. Está hecho por mí en una de mis aburridas tardes de poca inspiración literaria, y completado durante alguna clase aburrida xD. Muchísimas gracias a Lunita K. por haberme facilitado tanto el trabajo y prestarme el cachito de foro.

Por último, quería avisarles (para los que no se enteren) de que estoy escribiendo y subiendo dos historias nuevas. La primera es "La guía perfecta", está en la calificación "M" y tiene ya 6 capítulos arriba. La segunda, y la que yo considero algo así como la sucesora de este fic es "Rito de iniciación", cuyo primer capítulo subo hoy mismo en "T"… pero que tendré que pasar a "M" dentro de un tiempito, por obvios motivos (y es que sólo tienen que leer el summary para entenderlo xD). Un poco más pervertida que ésta, pero también con su toque romántico, y bla, bla, bla. Ni que decirse tiene que las dos son SxS, pero que también hay otras parejas en medio.

Espero que nos leamos de nuevo, en cualquiera de las áreas de la página. Un saludo a todos, y, de nuevo, gracias.

Voy a llorar, voy a llorar...

T.T