¡Hola a todos! Estoy muy feliz de poder colgarles el epílogo de este fic como regalo de Navidad y de Año Nuevo.

Me parece mentira haber llegado hasta acá y estar terminando esta historia, tres años después. Honestamente nunca pensé que tardaría tanto, pero tampoco tenía planes de tener a mi segunda hija en este tiempo y pues mi chiquilla ya cumplió sus dos años.

Muchas gracias por el apoyo incondicional que he recibido de parte de ustedes y por su infinita paciencia a mis lentas actualizaciones. La personilla de dos años antes mencionada tiene mucho que ver en eso, pero como les dije en su momento, iríamos lento pero seguro, por que no me gusta dejar las cosas medias.

¡Felices fiestas y un próspero 2010!

Epílogo

Noviembre de 2011

El auror Harry Potter acababa de finalizar su clase de Defensa contra las Artes Oscuras y sus alumnos estaban saliendo del aula. Había llegado a un arreglo con la nueva directora de Hogwarts, Minerva McGonagal, de que todos los años impartiría dos semanas de clases durante el primer trimestre de estudios, en apoyo al profesor de DCAO. Minerva había tomado la dirección del colegio cuando Albus decidió retirarse por lo avanzado de su edad. Y todos los pequeños habían estado emocionados de recibir clases de la leyenda viviente llamada Harry Potter.

Poco a poco los alumnos salieron del salón de clases, dejándolo solo, mientras levitaba las colchonetas y todo lo que habían utilizado en la clase, para que quedara ordenado para el día siguiente. Las dos semanas se habían pasado bastante rápido y era su último día en el castillo y como siempre, estaba con los sentimientos encontrados: por una parte deseaba quedarse, como en sus tiempos de estudiante y por otra, deseaba volver a casa donde le esperaba Ginny con los niños.

Abrió la puerta y alcanzó a ver que Irene Malfoy y Alexandré Weasley avanzaban juntos por el pasillo. Platicaban y se sonreían el uno al otro, y Harry no pudo evitar sonreír al verlos. Los niños habían sido muy unidos desde que estaban en pañales y aunque Alexandré, el hijo mayor de Bill y Fleur, era solo ocho meses mayor que Irene, haber nacido en junio le significó irse a Hogwarts un año antes que la primogénita Malfoy.

Como toda una Malfoy, Irene se tragó la decepción y la tristeza de ver partir a su mejor amigo. Solo sus padres, Harry y el propio Alexandré fueron conscientes de la frustración de Irene, quien no quiso siquiera ir a la estación King Cross a despedirlo. Sin embargo, la primera carta de Alex llegó justo al día siguiente, anunciando orgulloso que era un Gryffindor al igual que su padre. Y a partir de ese momento, las cartas fueron y vinieron con una frecuencia que dejó asombrados a los padres de los chiquillos, y agotada a la pobre lechuza de los Malfoy.

La amistad no menguó con la distancia y el siguiente año, finalmente habían podido partir juntos hacia Hogwarts. Que Irene fuera enviada a Slytherin sin que el sombrero seleccionador se lo pensara mucho, tampoco fue sorpresa para nadie. La chica tenía las cualidades de carácter del padre. Si bien era mucho menor que en la época de sus padres, la rivalidad de casas persistía. Pero que Alex fuera un Gryffindor e Irene una Slytherin no interfería en nada con su amistad y quienes les conocían, sabían que era más probable que Hogwarts eliminara el sistema de casas, a que ellos se pelearan por estar en casas rivales. La división de casas simplemente no se aplicaba entre ellos.

Como su padrino, Harry siempre había permanecido cerca de Irene, y aunque él y Draco nunca se habían hecho amigos confidentes, la cordialidad se había impuesto entre los dos hombres. Muchas de las diferencias permanecían, pero la guerra les había hecho comprender que había cosas mucho más importantes que continuar con pleitos de críos.

Harry se volvió para asegurar la puerta del salón de clases y acercarse a su ahijada para platicar con ella. Ella había obtenido excelentes calificaciones durante su primer año y Harry la había observado de cerca en las últimas dos semanas y estaba bastante satisfecho con su desempeño ahora que comenzaba su segundo año de estudios. La chiquilla era sumamente inteligente, como digna hija de su madre, pero Harry había observado preocupado el recelo con que era recibida por algunos de sus compañeros, tanto de su mismo año como de los mayores y quería platicar con ella al respecto, ahora que era su último día en el castillo. De pronto, la expresión que escuchó lo dejó helado.

"Hola mortifaguilla", las risitas sofocadas de tres chicos de cuarto año le llegaron desde el pasillo. Harry se quedó estático bajo el marco de la puerta, estupefacto por que Irene nunca le había contado que recibiera ese tipo de acoso de estudiantes mayores. Se decidió a no intervenir porque no quería que acusaran a su ahijada de cobarde... desde donde estaba, podía de ver de frente a los chicos, mientras que Alexandré e Irene le daban la espalda.

"No se metan con ella", les advirtió Alexandré con tono seco y cortante. Irene permaneció en silencio.

"¡Tú, cállate, traidor!", lo increpó Thomas Smith, a pesar de que el chico ostentaba los colores de Hufflepuff. Los otros dos eran Gryffindors. "No sé cómo puedes ser su amigo... ¡Eres un Gryffindor!"

"¿Y qué con eso?", replicó Alex. "No soy ningún traidor y además, ¡ella es mi prima!"

"Los Weasley y los Malfoy nunca han sido parientes y según me contó mi padre, ambas familias siempre fueron enemigas", alegó el chico con aire suficiente.

"Pues ya no lo son", habló Irene por primera vez, con la voz tan arrastrada y el tono agriado tan parecido al de Draco que Harry se sorprendió, y supo... tuvo la certeza que su ahijada no tendría mucha paciencia para lidiar con este chico. Poco a poco, se estaban concentrando algunos estudiantes alrededor de ellos, pero todos eran de los primeros años y ninguno se atrevía a intervenir en defensa de Irene.

"¿Y tú que sabes, mortifaguilla? Por que eso es tu familia, un grupo de aprovechados que se venden al mejor postor, pero siempre serán magos y brujas de tradición oscura", el chico avanzó peligrosamente hasta acercar su rostro al de Irene, quien no retrocedió ni un paso. Al contrario, estaba completamente erguida, como tratando de que la diferencia de estatura entre ellos no se notara. Harry estaba por intervenir para cuidar a su ahijada, cuando observó un movimiento sutil en la niña: Irene había permanecido con sus manos tomadas a sus espaldas y en cuanto vio acercarse al chico, sigilosamente sacó su varita de una de las mangas de su túnica y la dirigió al desprevenido muchacho.

"Levicorpus", dijo tranquilamente como quien avisa del clima. El chico dio un alarido por la sorpresa, mientras su cuerpo se elevaba sostenido por uno de sus tobillos. Los otros dos muchachos retrocedieron un paso y en el rostro de Alexandré se extendió una radiante sonrisa.

"Te dije que no te metieras con ella...", cantareó. "Sabe cuidarse sola, perfectamente".

Harry dio un respingo. Ese era un hechizo de un nivel de quinto año, no de segundo. Lo que revelaba tanto la habilidad de Irene para aprender los hechizos, como la fuerza de su magia. Oh, por Merlín... De la forma en que había quedado colgado el chico, ahora Harry tenía una visión perfecta tanto del chico en el aire como de su ahijada.

"Refrescame la memoria", le pidió Irene al chico con desdén. "Siempre has tratado de hacerme la vida imposible, pero nunca logro recordar tu nombre..."

Alexandré ahogó la risa.

"Smith, Thomas Smith..."

"Y cuéntame, Smith", casi escupió Irene. "¿Dónde trabaja tu padre?"

"Desde que salió de Hogwarts trabaja en el Ministerio de Magia, en este momento es el Jefe del Departamento de Transporte Mágico", respondió el chico de manera atropellada pero con orgullo. Solo entonces, Harry lo relacionó con su antipático padre: Zacarías Smith.

"Ahh, un burócrata", ahora sí, Irene había escupido con desprecio la palabra, como si fuera el trabajo más detestable y deshonroso del mundo. Luego con voz clara y segura añadió. "Ahora, déjame aclararte algo, Smith: Draco Malfoy, mi padre, fue un mortífago activo durante la segunda guerra con Voldemort. ¿Y sabes qué? Yo me siento MUY orgullosa de eso..."

Alexandré la vio con orgullo, pero muchos jadearon con sorpresa. Evidentemente no se esperaban esa declaración. Ni siquiera Harry, quien también había dado otro respingo asombrado.

"...¿quieres saber por qué? Por que convertirse en mortífago fue la solución que encontró mi padre para proteger la vida de su esposa sangre sucia, mi madre, y la vida de su hija mestiza, yo. Mientras el tuyo se cuidaba el culo detrás de un escritorio ministerial, mi padre vivió la guerra en butaca de primera fila, siguiendo las órdenes de un loco y jugándose el pellejo todos los días como espía de la Orden del Fénix. ¿Y quieres que yo sienta vergüenza de eso? Jamás sentiré vergüenza de mi padre y su pasado mortífago, ¿me entendiste?"

El chico se había quedado mudo por la declaración de Irene. "¿Me entendiste, pedazo de idiota o necesitas que te lo repita?", le preguntó de nuevo, con la altanería Malfoy saliendo de todos sus poros.

"Sí", respondió el chico escuetamente.

"Bien, ahora pasemos a otro punto", continuó Irene sin inmutarse un pelo por que el chico ya tenía el rostro colorado por permanecer de cabeza. "¿Sabes quien es mi madre? Y respondeme rápido, por que no tengo todo el tiempo del mundo".

"Sí", dijo el chico con voz ahogada. "Tu madre es Hermione Granger, la mejor amiga de Harry Potter..."

"Dejemos de lado ese detalle y enfoquémosnos en que fue la bruja más brillante de su generación", declaró ella y dio dos pasos hacia adelante, acercando su boca al oído de Smith. Sus palabras se deslizaron frías. "Aunque mi madre fue una Gryffindor, no tengo ninguna de sus cualidades excepto su mente privilegiada, como ya has podido comprobar con este hechizo que te tiene en el aire. Al contrario, tengo todas las cualidades de mi padre. Así que sea la última vez que intentas algo contra mí, por que si lo haces de nuevo, haré de tu vida un infierno y te juro que desearás no volver a poner un pie en el castillo. Sabrás que he sido yo, pero te aseguro que no tendrás forma de probarlo... quedas advertido, Smith."

Harry no había alcanzado a escuchar las palabras de Irene pero se las imaginó bastante acertadamente a juzgar por la cara de alarma que había puesto Smith. Fue entonces que decidió intervenir.

"¿Qué está pasando aquí?", preguntó haciendo el que no había visto ni oído nada. "¿Irene?"

"No sucede nada, padrino", claro que Irene hizo énfasis en esa palabra por que el vínculo que ella tenía con Harry tampoco era de dominio público, así que hubo nuevas exclamaciones de sorpresa. Por su parte, a Harry le costó muchísimo que en su rostro no se dibujara una sonrisa... admirado por esa capacidad de los Malfoy de usar información a su conveniencia.... "Estos chicos mayores se acercaron a molestarme y estamos intercambiando palabras de forma casi civilizada".

"¿Es cierto eso?", preguntó al chico suspendido en el aire.

"Profesor, yo...", la mirada severa de Harry le hizo desistir de la excusa que tenía preparada. "Sí, profesor".

"Diez puntos menos para Hufflepuff y diez menos para Gryffindor por esa actitud. Cinco menos a Slytherin por responder a las provocaciones", dijo. Irene le miró un poco sorprendida pero él tampoco quería que se pensara que tenía favoritismos con su ahijada.

"Bájalo, Irene", le ordenó.

"No me sé el contrahechizo", le dijo ella con inocencia.

"¿Y hasta cuando te pensabas dejarlo colgado?", le preguntó. En el tono iba implícito el reproche.

Ella puso cara de ¿haces tanto alboroto por un detalle tan insignificante? Entonces Irene vio que su padrino buscaba su varita dentro de su túnica y suspiró con hastío. "¡Ya me recordé!", le anunció. "Liberacorpus", lanzó sin darle tiempo a Harry de nada y el pobre chico cayó sobre el duro piso de piedra como su fuera un costal de papas.

Harry le dirigió una mirada penetrante, aunque en el fondo estaba deseando soltar una carcajada. "Irene...", en el tono iba claramente dictada una advertencia.

"Lo siento", dijo Irene, con una expresión insolente que revelaba que no lo sentía en lo absoluto. Los Gryffindor se apresuraron a ayudar a Smith para que se levantara de la vergonzosa caída y el chico trastrabilló, un poco mareado por el largo tiempo que había estado de cabeza, así que la humillación quedó completa: el chico no pudo marcharse por su propio pie, sino que tuvo que ser ayudado por sus amigos.

"La función ya se terminó", dijo Harry con voz seria. "Diríjanse a sus clases".

Cuando Alexandré e Irene hicieron ademán de retirarse, Harry no lo permitió. "Necesito hablar contigo, Irene", y como los dos se giraron hacia él, tuvo que añadir. "En privado"

Alexandré lo fulminó con la mirada pero Irene le dijo algo al oído que lo persuadió de irse a sus clases sin esperarla, así que su ahijada le siguió hasta las habitaciones privadas en las que se hospedaba mientras impartía sus clases en Hogwarts.

"¿Te encuentras bien?", le preguntó mientras cerraba la puerta tras él. Harry se dirigió a unos de los sillones, mientras Irene se quedaba cerca de la puerta.

"Nunca he estado mejor, padrino", le respondió con ironía y la típica sonrisa Malfoy bailando en sus labios.

"Estoy hablando en serio", le dijo, invitándola con un gesto a sentarse en el sillón que tenía enfrente.

"Yo también, padrino"

Ahora, la seriedad en el rostro de la niña era evidente. Harry sabía que la confidencia sería realizada dentro de poco. Había aprendido que Irene era así: no decía lo que pensaba rápidamente, sino hasta que avanzaba en la conversación y se sentía segura de hacerlo, pero en ese momento Harry no disponía del tiempo para una charla extensa, por eso se limitó a observarla en silencio, esperando que ella dijera finalmente lo que pensaba o sentía de lo que había sucedido. Irene suspiró con suavidad y sus hombros perdieron un poco su posición erguida, mientras se acercaba al sillón frente a Harry.

"Mi padre me previno sobre esto, padrino. Ellos nunca me han mentido sobre lo que sucedió en la guerra. Tú sabes eso. Pero él está consciente de que el apellido Malfoy todavía despierta desconfianza", explicó mientras se sentaba en ese sillón con toda la elegancia que le era posible a una niña de 12 años. Una imagen muy diferente al aspecto desaliñado que llevaba su madre a esa misma edad. A Harry le hacía mucha gracia esa diferencia con Hermione, por que a parte de su cabello rubio platinado y sus ojos grises, las facciones de Irene eran idénticas a las de su madre.

"El año pasado fue complicado, muchos se acercaban con actitudes hostiles. Alexandré me defendía todo lo que podía pero no era suficiente, así que decidí aprender nuevos hechizos, como el Levicorpus, y mi padre me apoyó con eso durante el verano".

Harry estaba asombrado. Después de un momento de silencio, se decidió a hablar. Sabía perfectamente no era correcto lo que iba a decir a continuación, pero él tampoco quería que su ahijada sufriera acosos por la fama del padre. "Si siguen molestándote, me avisas inmediatamente, sé de algunos hechizos sencillos de aprender pero muy eficaces para repeler idiotas como esos".

Irene le miró sorprendida pero una radiante sonrisa se extendió por su rostro. "Pensé que ibas a reprenderme"

"Si fuera un padrino normal, soso y corriente, créeme que lo haría; pero yo tampoco seguía mucho las reglas cuando era niño", le confesó, con la expresión llena de nostalgia. Pronto la cambió por una más seria. "Eso tampoco quiere decir que tienes mi aval para andar buscando problemas o provocando peleas, ¿me comprendiste?"

"Sí, padrino, no te preocupes. Te aseguro que después de lo de ahora se lo pensarán dos veces antes de intentar algo contra mí"

La niña lo miró dubitativa. Había una pregunta en especial que había querido hacerle desde que llegó al castillo pero en esos quince días no había encontrado una ocasión propicia para hacerlo... Harry se percató de la inquietud de la niña. "¿Qué te sucede?"

La niña se removió todavía unos momentos más en el sillón hasta que lo soltó a quemarropa. "¿Cómo era mi padre en sus años de escuela?", le preguntó.

"¿Quieres una respuesta honesta o una maquillada?"

"¿Tú qué crees?", le preguntó exasperada.

"No es educado responder con otra pregunta", le dijo Harry, imitando el tono formal con que Draco le hablaba a veces. Ella cruzó los brazos enfurruñada y él sonrió disfrutando de la conversación y logrando bajar un poco la tensión que había sentido en la pregunta. "¿Por qué me preguntas esto?"

"Mis padres no me mintieron con respecto a la guerra pero siento que hay muchos que le tienen un resentimiento más antiguo", dijo la niña. Harry suspiró y se frotó los ojos con cansancio.

"La verdad es que tu padre fue el cabrón más grande del mundo durante nuestros años de escuela, nos detestamos desde el primer momento y nos hicimos la vida imposible mutuamente. Los hechizos que acabo de ofrecerte los practiqué y perfeccioné con él, y aunque era conmigo, con tu tío Ron y con tu mamá con quienes más peleaba, muchos otros compañeros le sufrieron bastantes desprecios y desplantes"

"¿Por qué era así?", preguntó con rapidez. Su padre era un hombre que generalmente mantenía las distancias con los demás, pero nunca lo había visto ser descortés deliberadamente con otras personas.

"Yo no puedo responderte eso a cabalidad. Yo lo traté de manera más cercana hasta después de que tú naciste. Pero tienes que tener en cuenta que los Malfoy son de un linaje muy antiguo y en esa época tu abuelo no había caído en desgracia. Tus abuelos se consideraban una de las mejores familias del mundo mágico y bajo ese precepto criaron a tu padre".

"¿Y qué lo hizo cambiar?"

"Tu madre", le respondió simplemente. Ella se quedó en silencio, con la mirada abstraída. "Todavía no me explico cómo terminaron juntos por que ellos se han reservado esos detalles, pero para Ron y para mí fue una sorpresa muy grande cuando supimos que él era tu padre. Hermione nos había confiado sobre su embarazo pero no nos había querido decir quien era su pareja por que estaba segura de que íbamos a tomárnoslo muy mal"

"¿Y fue así? ¿Se lo tomaron mal?"

"Al principio sí pero recapacitamos cuando vimos que realmente se querían. Creeme que con los años aprendí a admirar el paso que había dado Draco por permanecer junto a Hermione, por que mientras crecimos siempre dejó claro que los Weasley no estaban a su altura"

"Así que lo que dijo Smith es verdad: los Weasley y los Malfoy son enemigos..."

"Lo fueron, Irene. Eso está en el pasado. Ahora tu padre se lleva muy bien con todos los Weasley, ha sido lo suficientemente agradecido como para nunca olvidar lo que ellos hicieron por ustedes durante en la guerra ¿o crees que sería capaz de fingir con ellos durante todos estos años?"

"No", la niña levantó sus ojos hacia Harry. Su padrino supo que le había proporcionado mucha información qué procesar. "Gracias por contarme todo esto, padrino"

"Gracias por tener la confianza de preguntármelo", le respondió él. "Sabes que no voy a mentirte ¿verdad? Puedes consultarme todo lo que quieras, excepto cosas sobre muchachos. En lo celosos, tu padre y yo somos muy parecidos y yo no voy a andar solapándote los novios", le dijo con una sonrisa.

"Lo sé", sonrió ella y se puso de pie. "Debo irme a mis clases".

Harry también se puso de pie para despedirla. Irene se acercó para darle un pequeño abrazo antes de salir, sintiéndose mucho más aliviada de lo que se había sentido en muchos días.

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"Draco Malfoy, no puedo creer que hayas enseñado hechizos a tu hija durante el verano", exclamó Hermione, de manera acusadora, cuando Harry les explicó lo que había presenciado en el colegio.

"Puedes reprocharlo de mil maneras, Hermione, pero esos hechizos le han servido y me alegro por ello", le respondió con un poco de altanería.

Dos noches después de haber dejado Hogwarts, Harry y Ginny invitaron al matrimonio Malfoy a cenar. Draco y Hermione supusieron con bastante certeza, que él quería ponerlos al tanto de cómo Irene se desenvolvía en el colegio.

"¿Es que no comprendes los riesgos? Tu hija podría enfrentar una investigación del Ministerio", no es que a Hermione no le preocupara el acoso al que podía ser sometida su hija en el colegio, pero también le interesaba su futuro. Ginny compartía su opinión, así que la sobre mesa se había convertido en una discusión entre un padre y un padrino que preferían que Irene pudiera defenderse y dos madres que optaban por evitar problemas.

"No lo hará. Y si eso llegara a pasar, la niña no correrá ningún peligro".

"¿Cómo puedes estar tan seguro?", le preguntó Ginny.

"Por que no soy ningún estúpido", respondió tajante. Ya habían terminado de comer y Draco realmente estaba molesto por la reacción de Hermione, así que tiró su servilleta en la mesa, se levantó y dejó el comedor, sorprendiendo a las dos mujeres.

"Lo siento", se disculpó Harry. "No quise causar una pelea entre ustedes, pero me pareció importante que supieran lo que estaba pasando".

"Lo sé, Harry...", Hermione suspiró sin saber qué más decir. Comenzaba a temer que había reaccionado de manera exagerada a las acciones de Draco. No era la primera vez que pasaba y seguramente nunca sería la última. Luego de unos minutos de reflexión, se dirigió a su amigo. "¿Puedes ir a buscarlo, por favor?"

Harry salió del comedor en busca de Draco y Ginny junto a Hermione se encaminaron al salón familiar.

Y Harry sabía muy bien donde encontrar a Draco. Cuando terminó la guerra, Harry y Ginny habían continuado viviendo en Grimmauld Place, pero pronto se dieron cuenta que era una casa muy tétrica para educar a sus hijos. Así que Harry había mandado a demoler los restos de la casa de sus padres, para construir allí la casa de sus sueños. La diseñaron juntos, por lo que cada uno tenía un lugar que atesoraba y que les servía de lugar de escape de la rutina diaria.

El porche de la casa era muy acogedor y allí escapa Ginny cuando lo necesitaba. La vista hacia el bosque lo volvía un espacio muy tranquilizador. Pero no solo le servía a ella, sino que atraía a muchos que necesitaban darse un aire. Y justo allí encontró a Draco, dándole profundas caladas a un cigarrillo.

"No sabía que habías retomado el vicio"

"Lo acabo de hacer. Lo necesitaba con urgencia"

"Irene se encuentra bien, Draco"

"Lo sé, pero no puedo evitar preocuparme... y comenzar a maquinar miles de formas de hacerle pagar a Smith padre todo lo que su hijo le hace a mi pequeña..."

Harry sonrió, por que eso era exactamente lo que él haría por sus hijos. James ya había cumplido los nueve años y su hermano Sirius estaba por cumplir los seis. Con los años, Harry y Ginny habían tenido ocasión de arrepentirse de haberlo llamado como el padrino de Harry, por que era un alborotador consumado. Ellos no querían ni pensar en la cantidad de lechuzas que McGonagall iba a enviarles, mientras estuviera en Hogwarts. Aunque les servía de consuelo que si la anciana directora había podido con Fred y George Weasley, podría con un Potter corregido y aumentado.

"Hermione quiere que vayas al salón para continuar con la charla"

Con un gesto de disgusto, Draco desapareció el cigarrillo y se aplicó un hechizo en la boca para ocultar que había fumado. "No te preocupes", continuó Harry. "En el caso que hubiera una averiguación, por el bien de mi ahijada sacaré a relucir mi vena Slytherin"

"No habrá ninguna maldita averiguación, Potter", le aseguró secamente mientras entraba de nuevo a la casa. Harry le siguió con expresión resignada. Habían pasado muchos años, pero a veces todavía le costaba digerir la altanería Malfoy.

Cuando llegaron al salón familiar, Hermione había suavizado su semblante pero seguía preocupada. Draco no pudo reprimir un suspiro.

"Hermione..." dijo Draco, pero cuando vio que seguía preocupada, no puso evitar mirarla con expresión condescendiente, una expresión que con los años ella había aprendido a detestar, por que usualmente le decía sin palabras que por muy inteligente que fuera académicamente, en astucia se la llevaban de encuentro.

"Explícame por qué la niña no está en riesgo", exigió ella.

"Por que no aprendió con su varita, sino que con la mía", dijo sorprendiendo de nuevo a todos. Aprender con una varita que no se ajustaba completamente a uno incrementaba la dificultad en el aprendizaje, pero Draco continuó como si nada. "No le costó mucho. Ambas varitas tienen el corazón de nervio de Dragón, aunque la de ella es de olmo y la mía de espino. De investigar algo, no tendrían manera de probar que era ella quien hacía magia. Su varita está limpia."

"No comprendo por qué me lo ocultaste", le reprochó Hermione, suavizando su expresión.

"Precisamente para evitar esta discusión, por que le habrías puesto pegas y yo habría seguido adelante instruyendo a nuestra hija..."

Harry compartía el pensar de Draco y así lo reiteró frente a las dos mujeres, cosa que sorprendió al rubio. "Además, no solo es por ella. Ella está sentando precedentes para sus hermanos y lo sabes", afirmó Harry, dirigiendose a Hermione. "No todos tus hijos tienen la fuerza de carácter de la primogénita y eso también lo sabes", enfatizó.

Hermione se lo pensó mejor. Sabía que los niños por naturaleza eran crueles y que sus hijos estarían siempre expuestos a bromas y travesuras. Irene era una niña de carácter fuerte y al ser la mayor, cargaba con la responsabilidad de abrir brecha para sus hermanos menores. Tyl acababa de cumplir los diez años y en uno más se uniría a su hermana en Hogwarts. Casi desde que aprendió a caminar y a hablar, Draco estaba preparándose para el momento en que el sombrero seleccionador lo mandara a Gryffindor. Sería el primer Malfoy en generaciones en terminar en la casa de los leones. No se lo pensaba dos veces para defender a sus hermanos, y aunque su padre había tratado de instruirlo para que pensara antes de actuar, había resultado ser una tarea casi imposible. Pero eso no era lo que le quitaba el sueño a Draco, sino que fuera Tyl quien estuviera más expuesto a agresiones de compañeros mayores y Hermione, medio ofendida por sus temores, trataba de tranquilizarlo diciéndole que los Gryffindor eran muy leales entre sí y que se recordara de que Sirius Black, quien también provenía de una familia predominantemente Slytherin, nunca fue agredido por ningún compañero de casa durante sus años de estudio.

Orión tenía ocho años y Alya, la pequeña de la familia, estaba por cumplir los siete. Todos eran rubios platinados y de los menores, solo Orión tenía los ojos grises. Alya había heredado los ojos azules de la abuela Narcisa.

Los dos menores eran una mezcla de atributos, que hacían que sus padres dudaran de la casa a la que pertenecerían en Hogwarts, e incluso habían considerado que alguno de ellos terminara siendo un Ravenclaw y aunque no lo decía en voz alta, íntimamente Draco pedía a Merlín que ninguno de ellos terminara en Hufflepuff. Podría soportar otro Gryffindor, al fin y al cabo su esposa era una Gryffindor, pero no un Hufflepuff, eso sería un trago muy difícil de pasar.

Los niños Malfoy eran una mezcla extraña como suele suceder en las familias grandes, pero tenían dos cosas en común: todos eran excepcionalmente inteligentes al igual que su madre y todos rezumaban el orgullo Malfoy por todos y cada uno de sus poros. Incluso, los amigos más cercanos les divertía ver cómo la pequeña Alya levantaba ya su ceja y presentaba la típica sonrisa ladeada de Draco.

El matrimonio continuaba viviendo en la casa de Kent, sin considerar siquiera volver a Malfoy Manor. Y en esos años, la mansión familiar se había convertido en sitio turístico para la comunidad mágica, pues todos querían conocer el lugar donde Harry Potter había vencido al Señor Tenebroso. Algo a lo que Narcisa le había sacado el mejor partido: abría los jardines al público en general durante el verano, vendía recuerdos y a los más adinerados, les vendía paquetes a precios exorbitantes que incluían el alojamiento.

Esas regalías le habían permitido vivir sin depender de Draco, pero también había causado que ni él ni Hermione se plantearan regresar a la mansión. Ellos preferían la tranquilidad de la casa de Kent, al igual que los niños. Si Narcisa se sentía sola, no lo decía abiertamente, pero de vez en cuando soltaba más de algún chantaje sentimental que provocaba que los niños pasaran unos días con ella. Aunque la verdad sea dicha, la mayoría de las veces los pequeños iban a regañadientes, por que el ambiente era demasiado rígido para ellos. Siempre manteniendo la distancia y el decoro, algo que nunca sucedía cuando visitaban a sus abuelos maternos.

George y Jane seguían ejerciendo la odontología en Londres y estaban acostumbrados a recibir a sus nietos constantemente en su casa, sobre todo los fines de semana. Y eran los perfectos abuelos consentidores. No podían con los cuatro al mismo por que hacían demasiado alboroto. Hermione tenía siempre en cuenta que sus padres habían criado a una sola hija y que podían sentirse sobre pasados con tanto crío, pero se las ingeniaban para no abrumarse: un día salían con los mayores, luego con los menores, después las niñas pasaban el fin de semana con ellos y luego era el turno de los varones... disfrutaban muchísimo que Hermione tuviera una familia numerosa. Obviamente, ahora miraban menos Irene, pero ese verano que había regresado de Hogwarts después de su primer año, casi la habían secuestrado por un par de días para ponerse al corriente de todo.

Pero volviendo al asunto de Irene en Hogwarts, Hermione dio un suspiro bastante impotente, que casi tuvo sabor de derrota. Lo que decía Harry era verdad. No todos los niños tenían la fuerza de carácter de Irene. Y eso no podía ignorarlo.

Por ello, esa misma noche convino con su esposo y sus amigos que ella también instruiría a los niños para que pudieran defenderse de ataques de terceros, sobre todo de aquellos que solo pretendían mortificarlos.

Agosto del 2016

Era uno de los días más calientes del verano, pero la casa de Kent estaba climatizada para que no se sintiera el sofocante calor. Hermione salió de la chimenea procedente de San Mungo. Ser la encargada de la Sección de Daños Provocados por Hechizos era demandante pero también era algo que la apasionaba. Se quitó la túnica color verde menta y la colocó sobre el brazo de uno de los sillones, observando las cosas que los niños habían dejado a su paso por el salón.

Era gratificante llegar a casa y saber que todos sus hijos estaban allí, sobre todo por que ese había sido el primer año de Alya en Hogwarts y por primera vez en muchos años, ella y Draco se habían quedado solos en la casa. Los primeros meses fueron un remanso de paz pero después de las fiestas navideñas, los esposos reconocieron que sentían la casa demasiado silenciosa.

Ya casi salía de la habitación cuando la Red flu se activó de nuevo, dando paso a un joven alto, guapo e imponente. Un pelirrojo muy parecido a su padre.

"Hola Alexandré", lo saludó Hermione, pensando que era muy injusto que algunos jóvenes pasaran por la adolescencia sin saber lo que era sentirse feo.

"Hola, tía Hermione. ¿Ya está lista Irene? Quedamos en ir a dar un paseo.

"Acabo de llegar a casa, no sé si ya estará lista pero iré a buscarla"

Todavía no era algo oficial, pero Hermione y Draco estaban esperando el momento de ser formalmente informados del noviazgo. Y no se hacían ilusiones, dada su propia experiencia en Hogwarts, de que su hija esperara al matrimonio para comenzar a experimentar con su sexualidad. Hermione hablaba mucho con ella al respecto, pues no podían negar el hecho de que Irene había sido concebida en Hogwarts y que ellos se habían casado siendo muy jóvenes.

Irene bajó las gradas casi corriendo para encontrarse con Alexandré y creyendo que nadie les veía, el chico se inclinó sobre ella y le dio un suave beso en los labios. Hermione sonrió, pensando que ya que no habían superado la etapa del secreto, era una suerte que Alex estuviera recién graduado y a Irene le hiciera falta su último año de estudios. Cuando los chicos se dirigieron hacia el recibidor para salir de la casa, ella bajó las gradas y se dirigió al estudio. Después de una jornada intensa en el hospital, podía disfrutar de una tarde libre, así que agarró el grueso tomo que devoraba en ese momento y se arrellanó en el sofá.

Recién había abierto el libro, cuando Irene irrumpió con expresión alarmada.

"Mamá, tenemos visita"

"Pero, ¿quién...?"

"Ven, mira por la ventana", la interrumpió. Ella se acercó al ventanal y palideció al instante. Cuando se volvió hacia su hija, ya Alexandré estaba tras ellas con una expresión mortalmente seria.

"Irene, llama a tu padre por red flu, sácalo de cualquier reunión o junta que tenga y dile que venga de inmediato", comenzó Hermione a dar indicaciones. "Alex, creo que lo mejor es que te vayas a casa"

"Con todo respeto, tía, pero me quedaré hasta que el tío Draco regrese".

A pesar de la tensión, en el rostro de Hermionese dibujo una pequeña sonrisa. El chico era todo un Gryffindor. Caminó hacia la puerta, para casi chocar con Tyl, que venía seguido por Orión y por Alya.

"¿Mamá?"

"¿Cómo supieron?"

"Los elfos nos avisaron"

"Vamos todos al salón principal"

Cuando se dirigían hacia allí, el elfo encargado de la puerta principal se apareció, Hermione no lo dejó ni hablar. "Sé quien es, Topy".

"¿Le permito entrar?"

"No puedo impedirle la entrada, así que condúcelo al salón principal"

Esa habitación era amplia y acogedora. Lo que más destacaba al entrar era la gran chimenea que estaba al fondo. Al centro había dos sillones que estaban a espaldas de la chimenea, donde usualmente se sentaban Draco y Hermione, así como dos sofás que estaban uno frente al otro, separados por una mesa de centro.

Hermione se instaló en el sillón que siempre usaba, con sus hijos a su alrededor. Irene y Tyl atrás, y los dos pequeños a sus costados. Alexandré estaba discretamente sentado en uno de los sofás.

Unos pasos acompañados de un taconeo dieron paso a una figura que todos podían identificar, pero que los niños no conocían en persona.

"Buenas tardes", saludó desde la puerta con su voz reposada.

"Buenas tardes, Sr. Malfoy", lo saludó Hermione. Los niños le devolvieron el saludo con una inclinación de cabeza.

Hermione tenía a Lucius Malfoy en su salón y no tenía ni la más remota idea de sus intenciones, de cómo ella debía reaccionar, ni siquiera sabía como iniciar una conversación con él. Ni siquiera habían sido notificados de su liberación, de lo contrario Draco no se habría ido a trabajar tan tranquilamente y sin levantar protecciones en su hogar.

"Pase, Sr. Malfoy. Por favor, tome asiento", lo invitó ella cortésmente.

Lucius avanzó, con la misma elegancia de siempre, hasta sentarse en el sofá frente a Alexandré. Pero no reparó en él, por que parecía hipnotizado por la estampa que formaba Hermione con sus cuatro hijos.

"Veo que usted y Draco formaron una familia numerosa", dijo al fin, después de unos momentos de silencio.

"Así es, Sr. Malfoy"

"Narcisa me lo había comentado, pero quería comprobarlo por mí mismo", dijo en ese mismo tono impasible.

"¿Y le complace?", preguntó Tyl sin poderse contener. Irene le dedicó una mirada severa.

"Mucho", respondió Lucius escuetamente.

"Es una sorpresa tenerle con nosotros", dijo Hermione con diplomacia. "Nadie nos informó que usted saldría"

"Eso se decidió ayer", respondió Lucius de la misma forma. "Hoy dejé el confinamiento y me vine directo hacia acá. ¿Representa algún problema?"

"En lo absoluto. Es solo que no sé si Draco habría preferido ir a esperarlo".

Lucius se quedó pensativo un momento. "No sé si alguna vez me dirigirá la palabra de nuevo, así que en realidad lo que pretendo con mi visita es conocer a mis nietos".

"Sr. Malfoy, quince años es tiempo suficiente para analizar a fondo algunas situaciones y superarlas", reflexionó Hermione.

"Ya lo creo", convino él, siempre de manera pensativa. "Sobre todo si tu espacio tiene cinco metros cuadrados"

Lucius Malfoy había envejecido durante esos quince años. Todavía era imponente, por que el tipo de elegancia que se trae desde la cuna es muy difícil de perder, pero sus hombros se miraban ligeramente hundidos, su rostro estaba más pálido y demacrado, y su cabello estaba completamente blanco.

De pronto, la puerta del salón se abrió casi con violencia, dando paso un Draco bastante presuroso. Vio a sus hijos flanqueando a Hermione, a Alexandré sentado frente a Lucius y finalmente, posó la vista en su padre. Se tranquilizó cuando vio que nadie en ese salón estaba con la varita en la mano.

"Padre"

"Buenas tardes, Draco", Lucius se acercó y le dio cordialmente la mano.

La puerta se abrió de golpe otra vez y quien entró agitada al salón fue Narcisa. Llevaba el rostro iluminado de felicidad y no se detuvo hasta estar en los brazos de su esposo. Lo que causó sorpresa en sus nietos, que la tenían como una abuela frívola y distante, más preocupada por lo social que por lo sentimental. Pero ella estaba tan feliz por la libertad de Lucius, que no le importó perder su habitual propiedad en ese momento.

Draco aprovechó el reencuentro de sus padres para acercarse a Hermione y le dio un beso en la frente.

"¿Cómo...?"

"No te preocupes, todo ha transcurrido cortésmente"

Draco se dirigió al otro sillón y tomó asiento después que lo hizo su padre. Entonces, Alexandré, que había permanecido en un discreto segundo plano, se puso de pie y se despidió.

"Así que ahora eres el tío Draco..."

"Ellos han sido...", comenzó Draco, pero Lucius no lo dejó terminar.

"Me supongo que ahora han escalado posiciones dentro de nuestra sociedad", dijo en tono que no dejaba dudas de que pensaba que los Weasley eran unos arribistas. "Ni quiero imaginar la cantidad de cosas a las que tendré que acostumbrarme".

Los adolescentes Malfoy estaban sorprendidos y Hermione intercambió con Draco una significativa mirada.

"Te recuerdo padre, que ellos han sido como una familia para nosotros"

"Qué bajo has caído", replicó.

"Y yo compruebo que algunos hábitos son muy difíciles de romper, padre", le dijo Draco con seriedad.

Entonces, Lucius se percató de que sus nietos, que en un inicio lo habían recibido con miradas curiosas, ahora lo observaban con disimulado desdén e incluso la chica mayor, estaba completamente seria y con una mirada tan severa, que pudo asegurar que estaba completamente enfadada con él. Narcisa lo miraba de manera condescendiente pero prefería permanecer en silencio. Bueno, quizás los Weasley sí significaban mucho para la nueva familia Malfoy. Así que optó por una retirada estratégica.

"Bueno, como dije al inicio, solo quiero conocer a mis nietos. Tienes una familia numerosa, Draco. Estoy muy complacido".

"Gracias, Padre", dijo él dándose cuenta del cambio de conversación de su padre, por lo que procedió a presentar a sus hijos. "Irene, la mayor tiene 17 años, Tyl cumple los 15 en septiembre, Orión tiene 13 años y Alya, la menor, acaba de cumplir los 12ཁ.

"Supongo que todos son Slytherin",

Los chicos sonrieron, a excepción de Irene, que seguía con el semblante serio. Sin embargo, los jóvenes se miraron entre sí como tomando una decisión en conjunto y luego todos extendieron su brazo derecho, en el que portaban una delgada pulsera de hilo trenzado con los colores de las casas a las que pertenecían. La idea había comenzado como un juego entre Irene y Tyl, después que el niño entró a Hogwarts y los menores lo habían seguido, así que ahora siempre las portaban: Irene y Orión en Slytherin, Tyl en Gryffindor y la pequeña Alya en Ravenclaw. Lucius ladeó su sonrisa.

"Draco, ¿No les enseñaste a los niños que todos los Malfoy debemos ser de Slytherin?", preguntó con ironía.

"Mi esposa es una Gryffindor excepcionalmente inteligente, padre", le respondió Draco con cortesía. "Creo que es normal que los niños hereden también atributos de su madre".

"Bueno, me haré a la idea de que además de grande tu familia es variopinta", dijo sin poder esconder el hecho de que lo variopinto no terminaban de agradarle mucho.

Nuevo semblante serio en todos los niños, quienes por el contrario habían crecido escuchando que lo importante era aceptarse tal cual, sin hacer discriminaciones de ningún tipo. "Es cierto, somos variopintos", concedió Draco "pero así somos felices".

Lucius les miró fijamente. "Bueno, creo que lo mejor es que Narcisa y yo nos retiremos. Quiero llegar a casa..." comenzó y luego lanzó la estocada. "Aunque no sé si estoy habilitado para entrar en la mansión... por el parens segrego".

Draco apretó los dientes. Su padre siempre había sabido donde tirar y cuándo hacerlo para provocar más daños y provocar los efectos deseados. En este caso, para influir en los niños. Para su beneficio, ninguno de ellos mostró algún signo de sorpresa, lo cual fue un gran logro para él, sobre todo con Tyl que no era muy dado al disimulo.

"Sigues siendo un Malfoy, padre. El hechizo no te excluye por completo de la familia. Así que sí estás autorizado a regresar a la mansión, aunque no sé si te gustarán los cambios que ha sufrido en estos años".

"Sé que mi Narcisa ha hecho un negocio muy rentable de la veneración popular que existe hacia el lugar donde fue derrotado el Señor Tenebroso"

"Pero no solo es eso", dijo Draco. "Clausuré el acceso a algunas de las habitaciones y nadie tiene, ni tendrá permitido entrar a ellas".

"Bueno, hay que respetar las disposiciones del jefe de la familia", enfatizó Lucius. "Pero ya hablaremos de eso más adelante, por ahora solo quiero llegar a casa".

Lucius y Narcisa se pusieron de pie y escoltados por Draco, se dirigieron hacia la chimenea del estudio para irse al Mafoy Manor. Cuando regresó al salón, los chicos ya estaban acribillando a preguntas a Hermione.

"¿Pero por qué algo tan drástico como un parens segrego?", preguntaba Tyl en ese momento.

Hermione le vio y ambos supieron que debían ser completamente honestos con los niños sobre lo sucedido la noche de la muerte de Voldemort. Para evitar resentimientos u otros sentimientos poco saludables de los niños hacia sus abuelos paternos, Draco y Hermione solo les habían contado de la emboscada en La Madriguera y el refugio que habían hallado en la habitación secreta de Narcisa, omitiendo todo lo sucedido en la mazmorra.

Draco cerro la puerta, llamó a uno de los elfos para que les llevara la merienda al salón y luego le dio la orden de que no les interrumpieran por ningún motivo. Parece que será largo, le susurró Tyl a Irene. Así parece, le respondió ella. Un par de horas después, los jóvenes trataban de digerir lo relatado por sus padres de cómo habían mantenido escondida a Irene en sus primeros años, de que su abuelo se había dado cuenta de era su nieta en esa noche, de que Lucius había tratado de arrebatársela a Hermione y desaparecer a su madre, y luego al verse desafiado por su hijo, había tratado de desheredarle y de quitarle el derecho de usar el apellido Malfoy. "Potter, pudo lanzar un protego a tiempo y yo a mi vez le lancé el parens segrego", finalizó Draco. "Luego de eso pudimos someterlo y llevamos a las mujeres a la habitación secreta. El resto ya ustedes lo saben".

"Entonces sigue siendo de cuidado", reflexionó Tyl.

"No te quepa la menor duda", le respondió su padre. "Y te pido que seas tú quien se cuide más la espalda".

"Draco, no creo que sea conveniente..." Draco levantó su mano para interrumpir la protesta de Hermione.

"Es la verdad, Hermione. No pondrá ningún interés en las chicas pero sí en los varones. Y su mayor interés será el heredero principal".

"¡Ay, por Dios! Ni que fuera el Príncipe William de Inglaterra", se exhaltó Hermione.

"¿Quién?", preguntó Draco y en respuesta Hermione solo rodó los ojos y luego lo vio con severidad. Draco suspiró. "Es probable que sea paranoico, pero el Lucius que conocí es capaz de todo y capaz de pagar cualquier precio con tal de conseguir lo que quiere. Para él, el fin justifica los medios y no puedo garantizar su cordura después de los quince años que ha pasado en Azkaban".

Los jóvenes intercambiaron una mirada preocupada entre ellos.

"Y lo que más me preocupa, y por favor no te ofendas Tyl, es que eres un Gryffindor al cien por ciento y creo que puedes ser presa fácil para alguna de sus jugarretas más bajas. Así que si te busca y te dice que será un secreto entre ustedes dos, me lo dices inmediatamente. Aunque esa recomendación va para todos".

"Sí, papá", respondieron a coro.

"¿Tendremos que verle a menudo?", preguntó Alya.

"Lo justo y necesario", respondió Hermione. "Me supongo que con la misma frecuencia con que visitamos a la abuela Narcisa".

Un suspiro aliviado se escuchó en la habitación, pues a Narcisa solo la miraban un par de veces al año.

"Papá...", Irene se miraba preocupada y temerosa de preguntar. "...¿es posible que pueda intentar algo contra ti para revertir el parens segrego?"

"No y si algo me sucediera, la responsabilidad de dirigir la familia no regresará a él, sino que recaerá en los hombres de la familia, sobre todo en el mayor de los varones".

Las chicas fruncieron el ceño. "Me siento terriblemente insultada", dijo Irene y Alya asintió también. Draco sonrió al ver su reacción.

"Recuerden que estas son tradiciones ancestrales..."

"Ajá"

"... y que ustedes eventualmente dejarán el apellido Malfoy para usar el de sus esposos. No sé tú, Alya, pero en cuanto a tu hermana, creo que pasará a engrosar las filas de los Weasley", aprovechó Draco para meter la puya.

Irene enrojeció con violencia. Y Hermione se rió. "A tu abuelo Malfoy le dará un infarto", dijo divertida.

"Quizás", dijo Irene con arrogancia. "Pero no le permitiré interponerse en mi camino".

Draco y Hermione intercambiaron una elocuente mirada. "Esos son tus genes hablando, no los míos", dijo ella a su esposo.

Draco sonrió y se acercó a darle un beso en la frente a su hija mayor, algo que no sorprendió a los jóvenes, quienes sabían que su padre brindaba esas muestras de cariño solo en la intimidad del hogar. "Me parece bien, hija", dijo viéndola a los ojos. "No permitas que nadie te altere los planes. Y eso también va para todos, por que tienen el derecho de trazarse el destino que mejor les plazca".

"Aunque a su padre y a mí nos gustaría estar enterados de esos planes", habló la voz de madre de Hermione. "Para poder apoyarles a alcanzar sus sueños".

Los jóvenes sonrieron, por que sabían por experiencia que su padre se pasaba de práctico y su madre de sobre protectora pero era un buen balance de caracteres. Y eran una familia unida, a pesar de ser variopinta como había dicho Lucius. Los niños sabían que aunque unos fueran astutos, otros aguerridos y otros ávidos de conocimiento, la lealtad primera era entre ellos y hacia sus padres.

La juventud difícil que Draco y Hermione habían vivido y los sacrificios que había hecho para darles ese destino, estaban dando su fruto.

Luego de lo que habían discutido en esa tarde, la familia volvió a sus tareas cotidianas de una tarde de verano.

Al final del día, cuando los esposos se preparaban para dormir, Hermione y Draco comentaban entre ellos y con más calma, lo vivido en esa tarde.

"Se me fue el alma cuando lo vi por la ventana, Draco, pasé un susto terrible", dijo metiéndose en la cama y observando como Draco terminaba de ponerse la pijama.

"Yo también, dejé todo tirado en la oficina y a Audrey hecha una loca cancelando los compromisos de la tarde. Pero los niños...", reflexionó camino a la cama, "los niños se portaron a la altura de la situación. No sabes lo que sentí cuando entré y los vi a todos a tu alrededor".

"No olvides a Alexandré..."

"Ummm"

"Tu futuro yerno", Draco la fulminó con la mirada y Hermione soltó una fresca carcajada.

"Eres una sádica, siempre me atormentas con la vida amorosa de las niñas, desde que salimos de la clínica aquel día cuando supimos que esperábamos a nuestra primera hija", le reclamó mientras se acostaba.

Hermione siguió riéndose, pero se encajó contra el cuerpo de Draco como siempre hacía y volvió al tema de conversación principal de ese día. "¿Crees que tu padre nos cause mucho problemas?"

"Lo intentará pero no permitiré que se acerque demasiado. Pero tengo confianza en los niños, siempre hemos sido francos con ellos, ya saben toda la verdad y son muy leales entre ellos. Ninguno actuará solo".

"¿Y tu futuro yerno?", preguntó Hermione. Draco suspiró.

"¿Qué pasa con Alexandré?"

"¿Tu hija con una de las comadrejas?"

"La vida me ha enseñado que hay cosas peores que esa", le dijo y luego añadió con picardía, "Además, de todos los pelirrojos, Bill ha sido siempre el más exitoso. Creo que su hijo heredó algo de eso".

"¿Crees que se casen muy jóvenes?"

"¡Por Merlín, Hermione! Le falta un año de colegio todavía, no quiero ni pensar en el día que tenga que llevarla al altar...

"No tenemos respaldo moral para impedirlo, nosotros nos enlazamos recién dejando el colegio"

"Buenas noches, Hermione"

"¡Draco!"

"Buenas noches"

"Draco, déjate de caprichos" , le exigió.

"Quizás sea caprichoso, pero no quiero ser el abuelo más joven de la historia. Ahora duérmete y no te anticipes a lo que vayan a decidir los chicos".

"Solo quiero que sean felices. Tanto como hemos sido nosotros desde que terminó la guerra"

"Lo serán, no te preocupes"

"¿Te encargarás de eso?"

"¡Por supuesto!"

"Me parece muy bien. Ahora sí, buenas noches, Draco."

"Buenas noches, Hermione"

Fin


Y así llegamos al final de esta historia. Espero que lo hayan disfrutado mucho y que la espera haya valido la pena.

He de confesar que al principio tenía la intención de que Lucius saliera de prisión a reconciliarse con su hijo, pero conforme avanzaba en el capítulo, este Lucius, como buen Malfoy, decidió que lo terminaría a su manera y punto. Espero no haberles decepcionado.

Espero sus comentarios y todos sus reviews son (y han sido) muy bien recibidos.

Un abrazo fuerte a todos.

Clau