Hermione por un ataque sufrido en el cuartel de la orden del fénix. al haber recibido un maldición esta misma se choca contra un filtro de los muertos que le callo encima mandándola al tiempo de los merodeadores , el desafió verdaderamente difícil va a ser el poner a Hermione en Slytherin, que Dumbledore piense que es una muchacha huérfana y que decida adoptarla , al verse en slytherin ella tendrá que defenderse de los continuos acosos de Malfoy y Bellatrix, uno por querer poseerla y la otra por lesbiana jajájajá pobre Hermione , pero esto no termina aquí , no señores/as. Hermione se vera en grandes problemas por defender a Snape de los merodeadores consiguiéndolos de enemigos a estos sobre todo a James y a Sirius por hacerlos quedar en ridículo adelante de todo el alumnado, pero ellos no serán los únicos que consiga de enemigos , sino a Narcisa y a Nox , por defender a Lily de ese par de arpías , dejando a Evans muy asombrada y ganándose su amistad, muy fuerte el desafío, no. será mas peor ya que nuestra hermosa Hermione tendrá que trabajar en la antigua orden del fénix con James y Sirius pisándoles los talones al no confiar de ella por ser Slytherin y sentir envidia por ser ella la única con mas destrezas en los duelos que ellos espero que también puedan publicar este desafío en desde ya que tiene que ser rated m parejas : lily-james lily-hermione hermione-sirius james-Hermione miren si este no es desafío ( casi imposible por la dificultad de las parejas y todo lo que representa)

Respondiendo a este desafío aquí os traigo esta historia haber que os parece, bueno aquí va la advertencia de derechos, lo típico los personajes no son míos tan solo lo que les pasa en esta historia es mío lo demás pertenece a Rowling y a W.B

Bueno aquí voy haber que tal se me da este desafío, Noe va por ti.

¿En dónde me he metido?

Hermione Granger, una chica de diecisiete años de edad, de ojos color miel, de cabello largo hasta los hombros, color castaño y ondulado, además de demasiado enmarañado no sabía donde se estaba metiendo cuando acepto la loca misión que le habían mandado.

Y lo que menos se esperaba era lo que tuvo como consecuencia que por culpa de uno de sus acompañantes fueran descubiertos, el trío dorado, los tres mejores de Gryffindor, habían sido elegidos para formar parte de la orden del fénix, y les habían encomendado la misión de registrar una antigua mansión.

Bueno la historia fue que fueron los tres como siempre, Harry, Ron y Hermione todo iba de maravilla hasta que Ron decidió que quería ver desde más de cerca una extraña piedra que se encontraba en una de las estanterías, a pesar de las ordenes dadas de que no se tocará nada de la casa el chico que siempre hacía lo que le venía en gana pues desobedeció deliberadamente las ordenes dadas, y como buen metepatas que era el pobre cogió la maldita piedra azul.

Cosa que como no, para mejorar las cosas ocasiono que las alarmas saltasen de forma demasiado escandalosa dando la idea inequívoca de que había intrusos en esa casa.

El echo de que se tratase de una alarma muggel llamo mucho la atención de Hermione, pero todas las ganas de averiguar cualquier cosa que se le hubiese ocurrido a la castaña quedaron completamente olvidadas cuando cinco personas todas ellas con capas negras, que como siempre contaban con unas capuchas del mismo color que llevaban puestas como de costumbre, y unas mascaras blancas, realmente feas, pero que al parecer a los mortifagos les gustaba aparecieron allí.

Sin verse capaces de escapar de otra forma que no fuera luchando, los tres chicos se pusieron en posición, y así comenzaron una pequeña pelea.

Hermione se ocupo de Bellatrix Lestrange, mortifaga a la que odiaba pues era la causante de la muerte de Sirius Black, una persona muy importante en la vida de uno de sus mejores amigos Harry Potter.

Mientras las dos mujeres se enfrentaban en un duelo de vida o muerte o eso pensaban ellas, sus dos mejores amigos estaban en las mismas solo que a diferencia de ella ellos estaban siendo atacados por dos cada uno, una clara desventaja para ambos chicos.

-Veo que sois tan cobardes que necesitáis enfrentaros de dos en dos contra chicos de diecisiete años.- dijo ella mirando a su oponente a la cara.

-Que yo sepa solo soy una.- dijo Bellatrix mientras la atacaba.

-No hablo solo de ti.- dijo esta mientras esquivaba otro ataque.

-Bueno lo que ellos hagan no es cosa mía, a mí me importa solo acabar contigo, aunque podría no ser así.- dijo Bellatrix mientras esquivaba un hechizo mandado por Hermione.

-¿Qué quieres decir con eso?- pero no recibió respuesta alguna de Bellatrix pues en ese momento su mejor amigo la agarro con fuerza tirando de ella:

-Nos largamos de aquí ya.- dijo Harry mientras que ninguno de los dos se daba cuenta de que uno de los mortifagos se agarraba a la capa de Hermione en el momento de la desaparición.

Por si el no darse cuenta de eso fuera poco, Harry no pensó en otro lugar más que en el cuartel general.

-Dios Ron ¿es que eres tan estúpido que no puedes obedecer una simple y sencilla norma?- grito Hermione justo cuando se aparecieron en el cuartel.

-Hermione cuidado.- grito Harry mientras que corría donde su amiga en el momento justo en el que un hechizo iba volando hacía la chica de cabellos castaños.

Hermione se fijo donde los ojos de su otro mejor amigo Ron estaban fijos, y no fue capaz de moverse al ver un rayo de color verde dirigirse a ella.

No supo como sucedió exactamente pero de un momento a otro se vio apartada de la trayectoria mientras que era el cuerpo de Harry quien recibía la peor de las maldiciones.

Ella estaba tan nerviosa que ninguno de los dos se dio cuenta de que Hermione había tropezado contra una de las estanterías donde los de la orden del fénix solían tener sus pociones.

Y mientras el rayo le daba a Harry en la espalda una gran cantidad de pociones cayeron al suelo y ante los ojos de un Ron que estaba desesperado por saber que demonios estaba pasando en ese momento pues una gran nube de humo grisáceo le impedía ver se escuchó un gran estruendo.

Ron y el mortifago estaban con la vista fija en donde ambos jóvenes habían sido rodeados de humo.

Cuando todo se comenzaba a despejar Ron ahogo un grito pues en donde antes se encontraban sus dos mejores amigos ya no había nadie, solo una gran cantidad de pociones en el suelo.

……………………………………22 AÑOS ATRÁS……………………….

-CANUTO DEJA YA DE HACER ESTUPIDECES.- se escucho un fuerte grito que consiguió que una chica de cabellos castaños que se encontraba tirada en la calle con una herida en la cabeza, de la que salía bastante sangre, con cabellos castaños mucho más enmarañados de lo normal, y abrazada fuertemente a un chico de cabellos negros azabaches también muy rebeldes con unas gafas redondas y con una curiosa cicatriz en la frente se moviera casi imperceptiblemente.

Un anciano que pasaba por esa calle para saludar a una de las familias más respetuosas en su mundo y amiga de él se quedo quieto al encontrarse a dos jóvenes que no tendrían más de diecisiete años tirados en la calle y al parecer heridos de gravedad.

Albus Dumbledore uno de los más reconocidos magos del mundo entero había decidido ir a visitar a los Potter, aunque su motivo de la visita era en realidad el joven Black, pues se había enterado de que a este lo habían echado de su casa, y quería saber como se encontraba uno de sus alumnos favoritos, pues gracias a esos cuatro revoltosos sus últimos seis años como director habían sido de los mejores, nunca se había divertido tanto regañando a unos chicos como con ellos, pues era una misión imposible siempre encontraban la forma de dejarlo sin palabras para terminar con el regaño, y además el joven Black tenía esa sonrisa secreta que tenía que conseguirle pues era la única persona que conocía capaz de neutralizar un enfado de la profesora más severa de todo Hogwarts con ese simple gesto.

Pero justo cuando estaba por llegar a la casa algo extraño pasó ante él, esos dos jóvenes se aparecieron enfrente de la casa a la que él se dirigía.

Era extraño pues sino fuera por que acababa de escuchar la voz de James Potter juraría que el chico al que esa joven estaba abrazando no era otro más que él, pero por lo visto James Potter tenía un gemelo en este mundo y además uno muy parecido, excepto por algunos detalles que él como buen observador que era había notado, como la nariz de esa joven, o como esa cicatriz que portaba en la frente ese chico.

Albus Dumbledore además de ser uno de los mejores magos era reconocido por lo buena persona que era, así que se olvido por completo de sus intenciones y lanzó un patronius al aire que desapareció en ese instante y mientras tanto se acercó a ambos jóvenes para ver si encontraba algo que le dijera quienes eran esos dos jóvenes.

Y se llevo una sorpresa al encontrarse con dos varitas, pero no fue eso lo que le sorprendió, no fue una de las varitas en especial, la que portaba el joven en su bolsillo, pues Ollivander no le había dicho que la otra varita había sido vendida, y era extraño pues le había pedido que se lo comunicara, quería saber quien tendría la otra varita salida de la cola de Fawkes.

Así que ahora si que estaba interesado en esos dos jóvenes, aunque algo le decía que era mejor no indagar en ellos, el hombre que ya hacía muchos años atrás había pertenecido a la casa de los curiosos en Howarts, no pudo evitar querer saber una vez más todo lo que pasaba a su alrededor, por lo que había tomado la decisión de ayudar a esos dos jóvenes.

A su lado una mujer de cabello negro recogido en un moño, de mirada severa como la que más y con unas gafas cuadradas se apareció, una mujer conocida como la subdirectora y profesora de transformaciones en el colegio de magia y hechicería Hogwarts y de nombre Minerva Mcgonagall.

-¿Qué pasa Albus?-

-Necesito tú ayuda, tenemos que llevar a estos dos jóvenes a Hogwarts.- dijo Dumbledore mientras que Mcgonagall lo miraba intrigada.

-¿Pero si es James Potter no sería mejor que entrará en su casa?-

-Minerva querida fíjate bien en el joven, ¿y además acaso es que no oyes las voces de nuestro queridísimo alumno?- preguntó Dumbledore justo cuando la puerta delantera de la casa se abría y un joven de cabellos negro azulados salía corriendo de la casa de espaldas fijándose en alguien que venía detrás de él.

-¿QUÉ CREES QUE ESTAS HACIENDO CANUTO?- y con esa voz un chico que supuestamente tendría que tener el cabello negro pero que en ese momento era de color naranja chillón además de rizoso, con unas gafas redondas que hacían un poco más difícil ver el color café de sus ojos y con una expresión de enfado en su cara hacía aparición por la puerta de la casa varita en mano.

-Vamos cornamenta seguro que no es para que te pongas así.- pero el joven parecía de todo menos que se creyese esas palabras que habían salido de su boca.

Unas risas se escucharon detrás de Albus Dumbledore y de Minerva Mcgonagall por lo tanto detrás de los dos recién salidos de la casa también.

Los cuatros e giraron para encontrarse con dos chicos uno de cabello castaño claro, de ojos color oro, y que parecía estar un poco cansado, el otro de cabellos rojizos ojos color marrón claro y más bajo que los otros tres.

Ambos jóvenes riéndose como locos y ambos de la misma edad que los otros dos recién salidos de la casa y los dos jóvenes que estaban en el suelo desmayados, o al menos eso pensaba el director de Hogwarts.

-Lunatico, Colagusano Hola.- dijo Sirius Black que así era como se llamaba el joven de ojos azules y pelo negro azulado que había salido primero de la casa.

-Jajajaja, Hola Canuto jajajaja.- dijeron ambos chicos sin poder parar de reír.

-Si mucha risa pero más te vale arreglar esto Sirius Black si no quieres que te hechice ahora mismo.- dijo James Potter desde la puerta.

-Señor Potter sabe perfectamente que eso no le esta permitido.- Los cuatro jóvenes entonces se percataron de la presencia de dos de sus profesores en Howarts.

-Oye el colegio no empieza hasta mañana, ¿a que viene que estén aquí?-

-No solo hablo con sus padres de su comportamiento mientras su estancia en Howarts señor Potter.- dijo Albus Dumbledore.

-Si bueno eso ya lo se.- dijo el chico bajando la mirada y ahí se encontró con la chica de cabellos castaños, aunque a sus ojos no podía llegar el joven al que ella estaba abrazada.

-¿Quién es ella?- pregunto este.

-Eso es una buena pregunta, pero si no les importa mañana en la noche conocerán la respuesta.- dijo este y despidiéndose con un gesto de su mano desapareció de allí al igual que Mcgonagall.

De los cuatro jóvenes que estaban allí tres de ellos estaban un poco desconcertados mientras que el cuarto estaba demasiado intrigado pues juraría que acababa de ver a James en el suelo herido en algún lugar pues había sangre alrededor de ese chico.

Prefirió no decir nada a sus compañeros y siguió riéndose de James mientras este exigía que le devolviera de una vez el pelo a su forma normal lo que James tardaría en descubrir todo un día es que con un simple aguamenti bien formulado dirigiéndoselo a su pelo estaría todo arreglado.

Mientras tanto en Hogwarts madame Pomfrey curaba la herida de la joven misteriosa mientras que Albus Dumbledore observaba la extraña marca que el joven tenía en la espalda, al parecer hecha por algún hechizo muy poderoso.

El chico estaba mucho peor que la joven, este aunque no aparentaba tener nada, estaba debatiéndose entre la vida y la muerte en esos momentos, y al parecer no es que su lucha por sobrevivir fuera muy buena, sino todo lo contrario y eso generaba algunas preguntas en él, como ¿por qué alguien tan joven no quería seguir adelante?

Eso tendría que esperar ahora mismo él si podía ayudar a uno de los dos y esa era la joven en la otra cama, había hablado en algunas ocasiones siempre diciendo cosas sin sentido, pero sobre todo repitiendo un nombre una y otra vez, más bien dos que lo hacían querer que se despertara cada vez con más ganas.

Uno de los nombres era Harry, eso a él no le decía nada, pero el otro nadie se atrevía a pronunciarlo, bueno él si, pero eran escasos quienes lo hacían, pero esa joven no temía decirlo y eso lo asustaba, le preocupaba y a la vez en parte le aliviaba.

Ese nombre era Voldemort, siempre ligado al otro a ese tal Harry.

Esa noche pasó sin mayor percance, la chica no se despertó ni una sola vez, pero madame Pomfrey había echo un buen trabajo y la herida de la joven ya estaba del todo curada, por lo que era cuestión de tiempo que esta se despertara.

Y así fue, la joven de cabellos castaños despertó justo en el momento en que Albus Dumbledore se adentraba en la enfermería de su colegio.

-Vaya veo que he llegado en buen momento.- Hermione Granger en su tiempo era conocida como una chica calmada, estudiosa y sobre todo poco alborotadora, pero claro cuando una persona a la que tú crees muerta y por lo tanto enterrada, aparece delante de ti justo cuando te acabas de despertar, pues bueno eso no es un buen despertar para nadie así que la chica al principio no reacciono después su única reacción fue gritar.

-¿Pero qué demonios le pasa?, señorita esa no es forma de actuar.- la voz de Minerva Mcgonagall se hizo escuchar en la enfermería pues esta había entrado detrás de Dumbledore.

Cuando Hermione vio a su profesora favorita delante de ella regañándola pareció que entraba en razón, pero al fijarse un poco en ella no pudo contener la risa.

-¿Pero que se ha hecho profesora Mcgonagall?- Minerva Mcgonagall miró a la joven pues ella juraría que no la había visto en la vida.

-Perdone jovencita pero no se quien es usted, ¿cómo es posible que usted si me conozca?- esa frase fue más que suficiente para que Hermione Granger abriera mucho los ojos y después los fijara en cada una de las personas presentes en la enfermería y cayera en la cuenta de que no solo Minerva Mcgonagall había rejuvenecido sino que madame Pomfrey e incluso Dumbledore eran mucho más jóvenes de lo que ella los había conocido.

-O dios mío en ¿dónde me he metido?- La chica más lista de Hogwarts no lo sería sino se hubiera dado cuenta ya de que estaba en otro tiempo, y había una cosa que tenía más clara que nada, iba a matar a Ron todo era por su culpa se lo iba a cargar, aunque antes tendría que saber donde estaba, y como volver.

-Se encuentra bien señorita…-

-Lo siento, si, estoy bien.- dijo esta pero no dijo su nombre tan solo agrego:

-¿Qué día es hoy?- preguntó esta y cuando Minerva Mcgonagall le dijo la fecha esta abrió mucho los ojos pues había retrocedido ni más ni menos que 22 años en el tiempo.

-Bueno si es tan amable me gustaría hacerle algunas pregunta señorita…- Albus Dumbledore se fijo en la joven y esta instintivamente cerró su mente, ese verano se acababa de entrenar para la oclumancia junto con Harry y Ron, para poder hacer la búsqueda de los Horcuxes, era necesario que lo hicieran.

-Usted dirá.- dijo esta con una sonrisa y si Albus Dumbledore había intentado entrar en su mente y se había topado con esa fuertisima barrera, su rostro no lo reflejo en absoluto solo sonrió y dijo:

-Bueno me gustaría saber ¿por qué se encontraba usted y su compañero totalmente desvalidos, con graves heridas delante de la casa de los Potter?- Hermione escuchó la pregunta completa pero su mente solo proceso dos cosas, un compañero y casa Potter.

-¿Compañero?- pregunto esta extrañada, Dumbledore se apartó para dejar ver a la chica la cama de al lado de ella y ahí tumbado en la cama se encontraba Harry.

Hermione abrió mucho los ojos cuando lo vio, y a su mente vinieron los recuerdos de lo sucedido no sabía cuanto tiempo, pero de lo que había pasado y detrás de lo que no recordaba nada.

-Harry, por dios dígame que está bien.- dijo esta levantándose rápidamente de la cama y corriendo al lado de Harry.

Dumbledore al ver la actitud de la joven sonrió y después tacho en su mente la duda de quien era Harry, ahora solo le importaba una cosa, ¿qué tenía que ver ese Harry con Voldemort?, ¿y esa joven?

-Se encuentra en estado grave, no sabemos que le pasa para ayudarle tenemos que saber que paso.- dijo Dumbledore acercándose a la chica.

Hermione sin pensar dijo:

-Recibió la peor de las maldiciones prohibidas por mí.- todos los presentes en la enfermería abrieron enormemente los ojos sin poder creer lo que la chica acababa de decir, pues era imposible que alguien se librara de la muerte tras esa maldición, y mucho menos que siguiera con vida, ni debatiéndose entre la vida y la muerte pues se moría instantáneamente después de que te diera.

La curiosidad de Albus Dumbledore sobre esos chicos creció mucho más aun.

-Es imposible señorita que este joven haya recibido esa maldición y siga con vida.- dijo Mcgonagall.

-Pues si es imposible, aquí tiene la prueba de que no lo es.- dijo esta.

-Bueno, ahora lo más importante es encontrar una forma de poder curarlo.- dijo Dumbledore, que estaba muy intrigado.

-Albus, sabes tan bien como yo que esto es mentira, nadie se libra de esa maldición.- dijo Mcgonagall.

-Me gustaría hablar con usted señorita, a solas sino le importa.- dijo este y tanto Pomfrey como Mcgonagall salieron de la enfermería, la última refunfuñando y mirando mal a Hermione.

Tras lo que le parecieron horas a Mcgonagall que había esperado pacientemente en la enterada de la enfermería Albus Dumbledore salió diciendo:

-Bueno esta joven se quedará aquí, será una estudiante más, al menos hasta que arreglemos lo de su amigo, como nosotros no podemos dedicarnos a buscar una solución, ella, que conoce mejor las circunstancias de lo que le sucedió se encargará de buscar en todos los libros de la biblioteca una, mientras tanto se convertirá en una estudiante más.-

-Pero Albus…-

-No hay más que hablar Minerva, entrégale, alguna ropa, los libros y lo que le haga falta para poder cursar este año aquí en Hogwarts.- dijo este.

-¿Pero en qué casa estará?- preguntó Mcgonagall.

-El sombrero nos lo dirá esta noche.-

En ese momento Hermione sintió pánico, pues tal vez el sombrero la delatase, a Dumbledore le había inventado una historia, que aunque no era una de las mejores había conseguido colársela a su director, ahora tendría que hacer algo con el sombrero.

Lo que Hermione no sabía es que su director no se había tragado ni una sola palabra pero si dejas a tú enemigo que se confié seguro que comete algún error.

La noche llegó antes de que todos se dieran cuenta, y con esta llego la hora de la selección de los nuevos alumnos.

En la mesa de Gryffindor un grupo de cuatro chicos conocidos como los merodeadores estaban deseosos de comenzar a cenar.

Los de primer curso comenzaron a entrar en el gran comedor, todos los niños estaban muy nerviosos, como era normal y más después de ese viaje en barca.

Pero el gran comedor frecuentemente lleno de gritos y de jaleo, se quedo en silenció cuando vieron que la que cerraba la marcha de los niños de primer año, era una joven que tendría diecisiete años, de ojos acalambrados, de mirada decidida, sonrisa en sus finos labios, cabello castaño ondulado sujeto en una cola de caballo, y cuerpo bastante envidiable por unas cuantas, y deseado por algunos/as.

La chica paseó su mirada por todo el salón mientras pasaba entre las mesas de Gryffindor y Ravenclow.

Al pasar cerca de los cuatro chicos que se hacían llamar los merodeadores Hermione sintió un tirón en el estomago cuando sus ojos y los de James se cruzaron, pues era igual a Harry salvo por los ojos y algunos detalles más, pero su respiración se aceleró cuando Sirius la miró directamente, ahí se encontraban los seres más preciados para Harry, y él estaba en coma demasiado mal para poder verlos.

Mientras recordaba lo que había sucedido antes de despertarse en esa época, los de primero eran seleccionados, y ella mientras tanto repasaba con su mirada a todos y cada uno de los presentes en el gran comedor, y justo al ver a un joven de ojos negros, mirada sería nariz aguileña y una cortina de pelo negro a cada lado, cayó en cuenta de algo que antes no había recordado.

Al empujarla Harry para que no le diera la maldición a ella, un montón de pociones se habían caído a su alrededor, tal vez y solo tal vez la mezcla de esas pociones que habían caído habían ocasionado su viajecito en el tiempo.

Así que ahora solo le quedaba una salida, tenía que quedar en Slytherin, no podía creer lo que estaba apunto de decir pero necesitaba desesperadamente la ayuda de su ex profesor de pociones y de Dcao, Severus Snape.

-Dumbledore ¿Dumbledore Hermione?- dijo Minerva Mcgonagall al leer el nombre de la chica en voz alta, y se giró a mirar a Dumbledore que sonreía abiertamente.

Hermione suspiró y se dirigió hacía el sombrero consciente de que era observada por todos los del gran comedor.

Cuando Mcgonagall le colocó el sombrero este dijo:

-¿Pero qué significa esto?-

-Memoris sumblene.- Pronunció Hermione mentalmente y el sombrero dijo en alto:

-Slytherin.- y como si el echo de que ella fuera a esa casa fuera toda la prueba que ella necesitaba Mcgonagall miró a Dumbledore que a pesar de todo sonreía.

Los de Slytherin la recibieron entre aplausos mientras que los de Gryffindor exceptuando uno de ellos la miraban un poco mal.

A Hermione le sabía fatal el ver que la casa a la que pertenecía o pertenecería en un futuro, la miraba de esa forma, pero sobre todo le dolía la cara de Sirius y James.

Hermione entendía que le doliera de Sirius pues lo había conocido, se habían llevado de maravilla además le había salvado la vida en una ocasión y había llorado su muerte, pero de James a ella debería de darle igual después de todo no lo había conocido.

Fijó su vista en estos dos, y en vez de James le pareció ver a Harry, y entonces se dio cuenta de que ese curso iba a ser un poco difícil.

-Hola preciosa, no he podido evitar escuchar tú apellido, ¿cómo es que te tenía tan escondida el viejo?- pregunto una voz que arrastraba las palabras detrás de ella, y Hermione no tuvo duda de a quien le pertenecía esa voz pues la de su hijo era exactamente igual.

-Eso no te incumbe.- dijo esta.

-Preciosa yo que tú tendría cuidado en como hablo a según que gente.- dijo Lucius Malfoy sentándose al lado de ella apartando a Crabbe.

-Bueno pero como yo no soy tú ni tú eres yo me da igual lo que digas.- dijo esta y a su oído llego la risa de una chica.

-Vaya, vaya, Lucius creo que esta gatita tiene uñas demasiado afiladas para ti.- dijo una joven sentándose a su lado.

Hermione la miró con curiosidad sin ser capaz de ubicarla, la chica tenía cabello largo de color negro azulado, sus ojos eran azules pero muy fríos, tenía una belleza de forma muy peculiar, su mirada era fría y calculadora, y en sus finos labios tenía una sonrisa un tanto extraña.

Y eso puso alerta a Hermione.

-Bella querida, tú ya sabes que ni la gata más fiera se me resiste hasta tú caíste.- dijo este como si eso fuera un gran logro.

-¿Y por qué te crees que soy ahora así?- dijo esta mordazmente y Lucius la miró enfadado y se marchó de allí.

Hermione miró a la joven y le dijo:

-¿Así?- la chica sonrió mientras cogía una manzana del frutero y mirándola de arriba abajo dijo mientras se iba:

-Si duermes en mí cuarto esta noche deja las cortinas entre abiertas y sabrás de que hablo linda, por cierto me llamo Bellatrix Black no lo olvides.- esto último lo dijo sonriendo y guiñándole un ojo mientras se alejaba.

Hermione estaba alucinando ante las palabras de esta pero sobre todo cuando escucho su nombre, le hizo recordar las palabras de ella en el futuro cuando se estaba enfrentando y no pudo evitar sentir un escalofrío por todo el cuerpo.

¿Dónde demonios se había metido?

Mientras tanto en la sala común de Slytherin:

-Esa será mía.- dijo Lucius levantándose del sillón al entrar Bella en la sala.

-Querido Lucius ni lo sueñes.-

-¿Qué acaso quieres apostar?-

-Sería un buen juego, ¿cuál es la apuesta?-

-Quien la consiga antes gana.- dijo este.

-¿Y qué se gana exactamente?- preguntó Bellatrix.

-Mil galeones.-

-Fiu, te veo pidiéndole esa cantidad a papi nene esa es mía esta noche.-

-No lo creo.-

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Fin Noe este el primer capi haber que te parece.