Disclaimer: Estás que si algo de esto fuera mío estaría yo estudiando orgánica….

Diez pasos para alcanzar el éxito

Autora: Hermione Weasley86

Paso 1: Presentaciones civilizadas

Estaba asustada.

Me sentía pequeña.

El inmenso tren y el compartimiento vacío me hacían pensar en una versión de "Alicia en el País de las Maravillas" mal adaptada.

Sola, sentada en una de las butacas de esteren estrambótico, con los pies colgando y al borde de un ataque de histeria. Ir a una escuela de brujería no parecía ni mucho menos tan apasionante como me lo había parecido en el salón de mi casa, mientras mamá y papá estaban a mi lado y aplaudían orgullosos. Yo incluso había llorado de felicidad. Petunia de rabia.

En ese momento, en el Hogwarts Express también tenía ganas de llorar.

Para entonces ya estaba un poco más acostumbrada a las pintas estrafalarias de los brujos y brujas, así que no era eso lo que me tenía asustada. Me asustaban los alumnos mayores, con su seguridad, y me asustaban las lechuzas, y me asustaba estar sola sin nadie que me dijese: no te preocupes, no va a pasar nada.

Estaba al borde de un ataque de lágrimas cuando la puerta de mi compartimiento se abrió de par en par y se cerró con la misma rapidez. La diferencia era que dos niños ahora estaban acompañándome en mi soledad. Ninguno de los dos era muy alto, ambos de pelo oscuro y más bien delgaduchos. Uno de los dos llevaba puestas unas curiosas gafas redondas que me recordaban a las de los científicos majaras de los dibujos animados.

- Las… hemos… despistado- dijo el niño de las gafas, resoplando y limpiándose el sudor de la frente. Supuse que debían haber venido corriendo.

- Seeee- contestó el otro agarrándose el estómago- ¿Quién iba a decir que las niñas tienen tan poco sentido del humor? Yo creo que el pelo azul les sienta muy bien.

Inmediatamente fruncí el ceño ante ese extraño comentario. Ya se sabe como somos los críos a esas edades, intentando siempre demostrar que los niños son peores que las niñas y viceversa. Por supuesto me sentí directamente ofendida y, como siempre que me siento ofendida, me puse colorada. Carraspeé para que esos dos mequetrefes se dieran cuenta de que estaba en el compartimiento.

Ambos se giraron a la vez, sorprendidos. Luego su cara se relajó y ambos sonrieron. Creo que nunca había visto a nadie que pudiera enseñar tantos dientes a la vez como esos dos.

El chico de las gafas le dio un codazo al otro, y ambos se empezaron a reír.

- A esta no hace falta que le pintemos el pelo de rosa, ya tiene un color bastante feo al natural- dijo el cuatro ojos sabihondo. Su amiguito empezó a reírse.

Yo aún me puse más colorada. Todos los poros de mi piel destilaban indignación y mi cuerpo era presa de la tensión acumulada del día. Sin pensármelo mucho, me levanté de un salto del sillón, me acerqué al niño y le di un puñetazo, de esos con carrerilla, como los de las películas. O por lo menos eso me pareció a mí.

El caso es que, con carrerilla o no, le di tan fuerte que, a parte de tenerme que soplar los nudillos mientras sacudía el puño, el niño se cayó contra la puerta. Ésta se abrió y él cayó tan largo como era al pasillo.

El otro niño me miraba con la boca abierta y yo le hice un gesto de amenaza con mi puño sano.

- Si lo has matado puede que te expulsen de la escuela- me dijo mientras se reía.

Yo no le devolví la sonrisa. Me limité a cruzar los brazos e intentar mirarle de forma amenazadora.

- Me llamo Sirius, Sirius Black- dijo tendiéndome la mano. Yo miré su mano y luego le tendí la mía con reparos. Tras un apretón breve volví a mi postura inicial, sin dejar de observarle ferozmente- Éste que se está levantando es James Potter, al final resulta ser que no le has matado.

- NADIE se muere por que le den un puñetazo- murmuré yo contrariada. Sirius se rió.

James, mientras tanto, se frotaba la mejilla izquierda y me miraba de reojo.

- ¿Tú no tienes muchos amigos, no?- me preguntó con recelo, mientras se sentaba en el compartimiento, a sus anchas, como si le perteneciese.

- ¿Tú no tienes mucho tacto, no?- le contesté yo, pasando mi mirada amenazadora de su amigo a él.

- Hay GENTE que no sabe aceptar una crítica- murmuró él con una sonrisa torcida.

El bobo de Sirius volvió a reírse.

Me senté en mi butaca y exhalé un suspiro.

- Si todo el mundo en Hogwarts es tan simpático como tú, creo que me volveré a casa- dije no sin una pizca de miedo.

- Hogwarts es guay- dijo Sirius enseguida- Muy viejo, con millones de pasadizos secretos y mazmorras y fantasmas…

Ambos chicos se rieron al ver mi cara de susto.

- No te asustes… ¿Por cierto, cómo decías que te llamabas?- preguntó James

- No lo he dicho,- contesté, un poco asqueada por su prepotencia de galán de culebrón- pero me llamo Lily, Lily Evans.

- Muy bien, Evans entonces.- dijo James- No te asustes, nosotros te protegeremos

Sirius asintió fingiéndose paternalista.

- Creo que no he pedido vuestra ayuda.- contesté con rencor, ante su chulería innata.

- Oh, pero nos lo agradecerás… Las niñas siempre tenéis miedo de todo y no hacéis más que lloriquear- dijo Sirius, acompañado por los asentimientos de James.

¿Lloriquear? Esos dos bobos me estaban poniendo de muy mal humor... Así que lloriquear. Volví a levantarme de mi asiento y vi como James retrocedía un poco. Pero esta vez mi propósito era otro. Salí al pasillo y miré a derecha e izquierda.

- ¡Eh!- chillé- ¡Escuchad todos!- James y Sirius se habían asomado a la puerta y me miraban con curiosidad- ¡Los dos payasos que se dedican a teñir el pelo están aquí!

"Los dos payasos" me miraron con alarma e intentaron huir, pero de ambos lados del vagón llegaron niñas de mi edad con cara de pocos amigos y el pelo de un color azul eléctrico.

A Sirius y a James se les quitaron las ganas de reír, aunque siempre que veo la foto en la que salen vestidos de chicas y rodeados de niñas con caras de satisfacción y venganza yo no puedo evitar reírme.

Ese día conocí a James, y como se puede ver no tuvimos un muy buen principio. Sin embargo quedaban muchos años en Hogwarts y muchos momentos más que, involuntariamente, marcarían nuestro futuro.

Pero ese día en el tren aún no lo sabíamos.

Ese día en el tren James decidió que yo no le caía bien y mi opinión sobre él no era mucho mejor.

Aunque tengo que admitir que conocí a mis amigas de Hogwarts gracias a él. ¡Las venganzas femeninas unen mucho!

Paso 2: Libido preadolescente

Pasaron cuatro cursos en Hogwarts y mi relación con Lily no era nada del otro mundo: nos mirábamos mal, nos evitábamos y no nos suponía ningún tipo de trauma el hecho de hacerlo.

La gente coincidía en decir que Lily era encantadora, aunque un poco severa. Yo, personalmente, opinaba que no había un ejemplo mejor de lo que podríamos llamar aguafiestas remilgada. Era un rollo de niña, siempre tan correcta, tan calladita y tan preocupada por salvar el mundo…

Además yo creía que veía en mí a su Némesis, al mal satánico que había que eliminar de la tierra… Vamos, que creía que me tenía manía. Tiempo después me di cuenta de que, muy a mi pesar, Lily no me tenía en especial consideración ni para bien ni para mal, y que sólo me echaba la bronca porque era lo que consideraba correcto. Esa indiferencia suya me costó unos cuantos castigos, varias calabazas y una educación sentimental casi shakeaspirina.

Pero eso no es lo que quiero contar ahora.

Estábamos en el punto en que Lily y yo no nos llevábamos bien.

Recuerdo bien el día en que pasó, porque había dormido poco. Habíamos estado lidiando con… er… el "pequeño problema peludo" de Remus. Yo estaba muy, muy cansado. Tan cansado que me quedé dormido sobre el desayuno y sólo me desperté cuando me faltaba el aire porque me estaba ahogando en los cereales. Sirius y Peter pensaron que era muy gracioso dejarme solo en el Gran Salón, así que sin saber muy bien que hora era y con las gafas llenas de restos de copos de maíz eché a correr hacia el aula de Encantamientos.

Llegué justo a tiempo de entrar derrapando escurriéndome por la puerta. Hubiera sido una entrada aceptable si debido a la oportuna inercia no me hubiera llevado por delante lo primero que se interpuso en mi camino.

Tras una confusión multicolor y un golpe sordo que aún puedo sentir en mis rodillas, aterricé con medio cuerpo en el suelo y con la cara en algo blandito y caliente que me recordaba mucho a la almohada de mi cama.

Me incorporé lentamente para hacer balance de daños pero me quedé congelado cuando me di cuenta de que era aquello tan blandito que había parado mi caída. Unos pechos. No uno, no, sino dos pechos ¡DOS PECHOS! Dos pechos femeninos escondidos hábilmente detrás de una blusa blanca; y yo los había notado redonditos y firmes. No podía apartar la mirada de aquella parte de anatomía que tan dispuestamente se me había presentado. No me malinterpretéis, me gustaban las chicas, y mucho, pero hasta aquél instante no había tocado un busto femenino, ¡y menos me había apoyado en él! Obviamente empecé a notar los efectos de todos estos pensamientos pecaminosos en la región sur de mi cuerpo y en el color de mis mejillas.

- Potter, ¿Crees que podrías quitar esa cara de bobo y dejar de placarme?- una voz femenina, propietaria de aquellos dos dones celestiales, rompió el encanto de mi momento erótico. Levanté la vista y encontré un par de ojos verdes decididamente hostiles perforándome las pupilas. Lily Evans.

¡Lily Evans tenía pechos!

Me levanté tan rápido como pude y aparté la vista de mi hasta entonces poco apreciada Lily. Mientras, empezaba a ser consciente de las risas que la situación embarazosa de la que era protagonista había suscitado.

De reojo vi como Lily se levantaba, azorada, y se sacudía la falda repetidamente, intentando esconder su rubor. Evidentemente se había dado cuenta de lo que había estado mirando y se sentía avergonzada.

Las risas de mis compañeros fueron cesando a petición del profesor Flitwick, que con su voz chillona nos rogó a ambos que nos sentáramos. Lily arrastró los pies con la vista baja hasta la primera línea de pupitres, el único sitio donde quedaban asientos libres. Tras dudar un poco y oír una nueva orden de Flitwick, decidí sentarme al lado de la pelirroja.

Lo primero que hizo Lily fue dedicarme una mirada hostil.

- No quedan más sitios libres-le dije a modo de explicación

Ella se giró apara comprobar mis palabras y frunció el ceño.

- ¿Estás bien?- pregunté tragando saliva e intentando no volver a mirar las prominencias de mi enfadada compañera.

- Sí- contestó categóricamente, mirándome con recelo y encorvándose perceptiblemente.

Dios. Menuda revelación. Lily era una chica. Una chica con pechos blanditos. Mis pensamientos viajaban alrededor de estos simples conceptos imaginando fantasías extrañas e inocentes que uno sólo puede tener cuando se goza de poca experiencia pero muchas hormonas.

No era capaz de concentrarme en la clase y no podía dejar de mirar de soslayo a Lily. Así descubrí que no sólo tenía pechos, sino también unas piernas largas y esbeltas y unas caderas torneadas que producían efectos inmediatos en mi ya mencionada zona sur. Dios, Dios, Dios. ¡Lily estaba buenísima!

El problema era que parecía que el objeto de mis oscuros deseos se estaba dando tanta cuenta como yo de dichos oscuros deseos, porque no dejaba de mirarme recriminatoriamente y sonrojada hasta la punta de sus blancas orejitas.

Ese día empecé a tener un problema hormonal serio. Muy serio. Tan serio que empecé a declarar mi amor a los cuatro vientos por la sexy pelirroja a la que no podía ni ver unos cuantos días atrás.

Y es que a ciertas edades es muy difícil discernir la lujuria del amor. Ahora sé que de aquella, Lily sólo me inspiraba deseos carnales, pero esos instintos eran tan fuertes que me tenían emborrachado a testosterona. Es una cosa bastante frecuente.

Cada vez que pienso en Lily, en cómo se debió sentir aquél día que yo descubrí que era una mujer preciosa, entiendo que me rechazara incansablemente. Posiblemente ella sabía mejor que yo que era lo que conseguía despertar en mí y estaba asustada y claramente ofendida. No es que recuerde con alegría los zillones de veces que me mandó al cuerno sin contemplaciones, pero he conseguido entender que si hubiera accedido a salir conmigo de aquella posiblemente habría arruinado cualquier expectativa con ella para siempre.

Aunque eso no quita que la flamante pelirroja me lo hiciese pasar muy mal inconscientemente, con muchas noches enardecido de deseo y otras tantas duchas frías. Sirius y Remus se empeñan en jurar y perjurar que durante aquella época el nivel del lago bajó tres metros por mi culpa. Exagerados.

Lo que sí es verdad es que ese día, ese primer momento erótico con una chica, me marcaría para siempre. De hecho, el recuerdo más vívido de mi adolescencia es la blusa blanca que llevaba Lily ese día y que se me antojó como la prenda más sensual del mundo.

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Bueno… ¡Hola a todos! Después de mucho tiempo vuelvo con una cosa ligerita, cortita y no muy elaborada que me apetecía escribir y que espero acabar en un tiempo razonable.

Iré actualizando cuando pueda, ya os aviso…Mi vida está bastante cambiada desde la última vez que estuve por aquí y siento no haberos atendido como os merecéis… La verdad es que los fan fics están pasando a ocupar un tercer o cuatro plano muy discreto en mi vida y ya apenas leo los que tenía empezados y desde luego no busco nada nuevo. Mis labores de escritura ahora están más dirigidas hacia informes larguísimos de laboratorio y artículos para algunas revistas universitarias.

De todos modos, espero que disfrutéis con estas 10 viñetas con las que quiero describirán poco la relación de James y Lily, desde que se conocieron hasta, bueno, hasta su muerte. Os dejo dos para abrir boca, las siguientes serán de una en una.

Dejadme algún review porque más que nunca necesito saber que alguien sigue ahí para seguir con esto

Un besillo