¡Sí! Pues aquí presentándome con otra historia de Avatar. Bien, no pude contenerme las ganas de hacer este Fanfic, esta idea también la tengo desde hace un buen tiempo. De igual forma estará situada en algún Universo Alterno pero no en la época actual o esas cosas, sino que transcurría en la misma época al igual que la serie. n.n ¡Sí! ¡Puro Zutara! ¡Claro! ¿Cómo no? ¡Adoro esta pareja! ¡Argh! Es lo mejor… En fin, vayamos a lo que nos interesa… ¡El Fanfic! owo!

Avatar: Last Airbender no me pertenece y jamás me pertenecerá… ¡Rayos! ¬¬U Tendré que conformarme con tan sólo escribir Fanfics =D ¡Glu, glu! ¡Zukitoooooooooo! ((sacando una red))

Entre dos

Prologó

Agua. Fuego.

Estos elementos tan puros pero a la vez tan contrarios, siempre en pelea y siempre distantes. Historias sorprendentes están ocultas bajo sus sombras, de grandes guerreros y de grandes Naciones o Tribus conquistadas a su vez. Agua, el elemento puro y cristalino… El principal en dar la vida y paz entre los demás, siempre tan misterioso como la misma Luna y la noche. Fuego, tan poderoso y destructivo. Siempre a la defensiva, peligroso y cruel para aquel que se atravesara en su camino, iluminando entre la oscuridad, anhelado por los rayos del Sol y amado por el día.

Sí, siempre serían tan contrarios estos elementos pero tan esenciales al mismo tiempo, en equilibrio como todo en este mundo, que sin darse cuenta, uno dependía del otro. La Nación del Fuego, poderosa y soberana sobre la gran mayoría del los territorios, temida por muchos y que muy pocos se atrevían entrar a sus dominios sin salir lastimados, siempre rival de la Tribu Agua. La guerra entre ambos siempre había sido desde años atrás, donde muchas vidas lograron perderse en defensa de uno y del otro. Gente inocente murió entre esa guerra donde nunca hubo vencedor pero tampoco perdedor, solamente la perdidas de personas que aún deberían estar aquí.

El tiempo había pasado y la rivalidad entre esos dos elementos iba disminuyendo. Fue por eso, que los gobernantes de ambos territorios decidieron hacer un pacto: debían de terminar con esta guerra absurda por lo cual necesitarían tomar la decisión más grande de sus vidas, que tal vez definiría el futuro entre ambos. El futuro entre esas dos culturas que decían poner fin a esto de una buena vez. Ya el agua no podía con el fuego, y ya el fuego no podía sobrevivir sin el agua. Debía existir la paz entre ellos, aquella paz que muchas personas esperaban que llegara cuanto antes para no perder más vidas inocentes.

Ozai, el gran emperador de la Nación del Fuego: temido por todos y respetado por los de su Nación, con mirada fría y calculadora miraba a su hijo, quien no daba crédito a lo que su padre había dicho segundos antes. La ira y el descontrol gobernaron en ese lugar, mientras aquel chico de ojos ámbares y tez blanca fruncía el ceño notablemente… ¡Es qué eso no podía estar pasando! ¡Era una locura! ¡Una estupidez! No podía hacer lo que su padre decía… ¡Nunca!

Frustrado y agonizando casi a los límites de la locura, el chico de no más de 17 años de edad, golpeó con fuerza el fino suelo de aquella habitación. Su padre, aún serio como siempre, le miraba de forma tranquila y sin inmutarse ante los arranques alocados de su hijo. Ozai, sentado sobre su gran trono imponiendo presencia en ese lugar, observó de reojo como su esposa se mantenía con la mirada preocupante observando la reacción de su hijo. A su lado se mantenía su hija Azula, quien simplemente miraba divertida como su hermano gritaba sin control y maldecía a los cuatro vientos la decisión de su padre.

—¡No es justo! ¿Por qué a mí? — exigió nuevamente aquel joven mientras apretaba con fuerza sus puños, podía sentir claramente el calor fluyendo por sus manos y por su cuerpo. Estaba furioso, no podía soportar más todo eso.

—Escucha hijo, tranquilízate…—su madre tratando de calmarlo un poco intentó de decir algo más pero Ozai, nuevamente imponiendo presencia, le interrumpió tomando esta vez la palabra para callar de una buena vez a su hijo.

—Esta decisión fue tomada ya hace tiempo… No me interesa si no te agrada del todo. Ya fue tomada y se llevará acabo.— su voz grave y precisa retumbó en los oídos del adolescente, quien nuevamente frunció el ceño conteniéndose de no cometer alguna clase de locura ahí.

—¡Todo esto lo hicieron sin consultarme! ¡No puedo permitirlo! —alzando cada vez la voz y su ira, miró como su hermana sonreía arrogantemente ante su reacción, cosa que hizo que le molestara de sobre manera. — ¡Y tú deja de sonreír! — señaló a su hermana con enojo, quien simplemente le ignoró ante sus amenazas e incrementaba esa altanera sonrisa en su fino rostro. Azula siempre tenía el don de sacarlo de sus casillas.

—Calma Zuzu…—y aquel estúpido apodo que él siempre odiaba recorrió por sus oídos. — No te enojes… después de todo, no es tan mala la decisión que han tomado nuestros padres…—y de nuevo miró de forma desafiante a su hermano, cruzando con delicadeza las piernas mientras tomaba una posición más cómoda sobre su silla. — Deberías sentirte afortunado, de ti dependen muchas cosas en el futuro.

—¡Cállate! — ordenó su hermano aún conteniéndose de no lanzarse contra ella, claro, sabía que le era imposible hacerlo… aún más teniendo ante su presencia a sus padres. — ¿Por qué me hacen esto? — les exigió nuevamente una respuesta ya que esto estaba acabando con su paciencia. Su madre simplemente soltó un leve suspiro mientras Ozai sólo se aclaraba la garganta levemente.

—La Tribu Agua decidió hacer las pases con nosotros y terminar la guerra de una buena vez. — sus ojos se posaron sobre el cuerpo de su hijo— Decidieron que lo mejor era hacer algo que representará el fin de la guerra y la unión de nuestros pueblos. La Nación del Fuego está harta de esto, necesitamos tener paz… y no hay más clara evidencia de nuestro pacto más que hacer las pases con la Tribu Agua con un acontecimiento memorable. La unión tenía que ser representada entre un integrante de cada elemento: el matrimonio… — y de nuevo el chico apretó con fuerza sus puños escuchando las palabras de su padre. — El Rey de la Tribu Agua me hizo la oferta de comprometer a su hija contigo, así podíamos tener la unión entre nuestras dos creencias.

—¡No puedo hacer eso! ¡No quiero casarme! ¡Mucho menos con alguien de la Tribu Agua! — de nuevo los insultos y las demás oraciones salieron de la boca de aquel chico. No, simplemente no estaba de acuerdo con eso… ¿Casarse? ¿Comprometido? ¡No! ¿En qué pensó su padre cuando tomó esa estúpida decisión? ¿Por qué repentinamente le entraban las ganas de hacer las pases con esa asquerosa Tribu Agua? ¡No! ¡Él no iba a casarse con alguien que no quería, mucho menos de la Tribu Agua!

—¡Basta Zuko! —gritó su padre tomando nuevamente la palabra. Su hijo cerró la boca de inmediatamente mientras su padre le miraba amenazadoramente.—Ya he tomado la decisión y esto se llevará acabo. Conocerás a tu prometida, ya lo hemos discutido el Rey del la Tribu Agua y yo. La ceremonia se llevará dentro de poco y quieras o no… ¡Te vas a casar! — ojos penetrantes y furiosos observaron a su hijo mientras él nuevamente carraspeaba.

—¡Maldito seas! ¡No! ¡Malditos sean todos ustedes! — gritó furioso girándose sobre sus talones dispuesto a salir de ese lugar cuando antes. Su madre le miró con preocupación mientras salía tras su hijo, quien ya había abierto las puertas de la habitación y salía de ese maldito lugar. Ozai una vez visto que su esposa e hijo salían de ahí dejó salir un suspiro.

—Ese chico…— murmuró por lo bajo. Zuko era tan testarudo y arrogante como el mismo fuego que si continuaba así… sus planes podían estropearse. Con el ceño fruncido notó como todo esto estaba saliéndose de control, si no hacía algo todo saldría mal, todo. Pero miró a un lado suyo mientras su hija Azula sonreía con cierta arrogancia. Sí, siempre podía contar con la ayuda de su hija. Zuko era un terco, pero pese a sus reproches, no iba hacer nada contra la palabra del gran Señor del Fuego.

—¿Y cuándo llagaran nuestros invitados padre? — y una sonrisa siniestra apareció en el rostro de Azula mientras Ozai sólo cerraba sus ojos claramente.

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Estaba cansada y eso estaba claro, sus ojos azulados miraron vagamente sobre la pequeña ventana de aquel carruaje en donde se encontraba. El paisaje era hermoso pero aún así, su estado de ánimo no era tan bueno como para poder admirarlo como se debía. Suspiró nuevamente... hacia varias horas que habían estado viajando de un lugar a otro y le tenía más que agotada. Pero a un pese que su destino no estaban tan lejos y que pronto llegaría, no le tenía nada contenta. Estaba sola y le hacía sentir mal, su hogar estaba tan lejos y el simple hecho de pensar en eso, le hacía sentir de lo peor. Su familia no estaba con ella y no le agradaba la idea de viajar sola a algún lugar que no conocía y sobre todo, a uno que simplemente no le agradaría.

Echo un vistazo nuevamente hacia la ventana notando como un mechón rebelde caía por su frente, se lo acomodó dulcemente mientras su cabello chocolateado lucia con su piel morena. Su mirada era hermosa porque simplemente el color de sus ojos hacían perder a más de uno. Con apenas 16 años de edad, esta chica había recibido una de las noticias más graves de su vida: matrimonio. Tenía que hacerlo, aunque en el fondo de su corazón no lo quisiera ya que todo era por su pueblo para terminar con esa absurda guerra.

Estaba claro que desde un principio ella se rehusó, lloró y se negó a los cuatro vientos que no quería casarse con alguien que no amaba, con alguien que no conocía y con alguien que era de la Nación del Fuego. Pero sus padres ya habían tomado la decisión. Maldijo por lo bajo… sí tan sólo Sokka no estuviera comprometido con esa chica Yue de la otra Tribu del Agua, sería él quién estuviera disponible para estar comprometido con alguien de la Familia Real de la Nación del Fuego. Pero su padre jamás la escuchó y no tomó en cuenta sus sentimientos…

Su labio tembló un poco al recordar los sucesos de hace varios días como había llorado al enterarse de todo esto, pero su abuela siempre estuvo a su lado al igual que su madre y le apoyaron en todo lo posible. Fue su abuela la primera en ofrecerle sus brazos para que llorara todo lo que quisiera, que desahogara todo el tormento que las palabras de sus padres habían cambiado su futuro. "De ti depende que la guerra termine mi niña. Sé que esto no te agrada, lo sé… alguna vez de pequeña algo parecido me sucedió. También trataron de comprometerme con alguien que no quería pero tuve la suerte de no hacerlo. Pero escucha, a pesar de todo esto, las cosas saldrán bien. Rezaré por ti todas las noches, por tu bien y el bien de la Tribu Agua." Como quería la chica que eso sucedería con ella, que ese matrimonio no se llevará acabo… pero tenía que hacerlo por su Tribu, por al amor que sentía hacia ella.

—Supongo que será lo mejor…— resignada la chica miró nuevamente su reflejo sobre aquella ventana, estaba hermosa como su abuela le había dicho antes de marcharse. Simplemente ese vestido tradicional azul de su Tribu le hacía verse más que una princesa, le hacía ver como una autentica ninfa del Agua… Sus ojos azules eran bellos y su delicada figura era pequeña pero se acentuaba bien a sus finas facciones.

—Su majestad, ya estamos por llegar. — contestó alguien desde afuera del carruaje, era el chofer de éste mismo mientras apresuraba más el paso. La chica simplemente asintió con lentitud mirando el paisaje ante sus ojos, el cual se había tornado a uno no tan agradable.

Un enorme castillo salía ante sus ojos, varias antorchas había a su alrededor llenas de fuego cruel y hostil. Tragó un poco de saliva mientras sigilosamente acomodaba con delicadeza su peinado, varias flores se encontraban ahí, mientras su cabellera ondulada se encontraba suelta. Rezó en silencio que todo saliera bien, mientras aquel elegante carruaje entraba a los territorios de la temida Nación del Fuego.

"Todo sea por su pueblo…"

Pero era doloroso el saber qué, ahora en adelante, tal vez compartiría su vida con alguien que no quería. Aún más doloroso era si no lo amaba… por que simplemente su corazón era ocupado por alguien más. Tímidamente la chica acomodó su vestido mientras sentía como el carruaje se detenía. Al fin había llegado a su cruel destino… La puerta del carruaje se abrió con lentitud mientras una mano se extendía hasta ella para ayudarle a bajar. La tomó con delicadeza mientras el chofer del carruaje le soltaba, entonces sus ojos azules vieron al gran grupo de soldados de la Nación del Fuego que se encontraban por las escaleras de ese gran castillo, al parecer, esperaban su llegada.

"De ti depende esto, mi niña…"

Y tragó algo de saliva. No, no debía inmutarse ante ellos, debía demostrar que la Tribu Agua no se tomaba la molestia de temerles. No… tenía que actuar como toda la princesa que era. "Tranquilízate…" pensó ella mientras alguien más se acercaba a su lado, al parecer era uno de los generales de la Nación del Fuego e hizo una reverencia, a lo que la chica también lo hizo en señal de respeto. "Respeto…" La guió entonces por las escaleras del castillo hasta adentrarse en ese lugar donde las grandes puertas se cerraron tras ella rechinando a su paso y haciendo un gran ruido.

Miró entonces algo asustada el interior del castillo, su decoración no era para nada parecida a lo de su Tribu. Con esos colores llameantes y algo terroríficos, le costó algo de trabajo alcanzar al guía pues se había quedado algo embobada viendo todo el lugar… Una vez dándole alcance, él le dio las indicaciones que esperará ahí. Ella le obedeció sin decir nada, y simplemente observó como el guía se adentraba por esas enormes puertas que estaban enfrente suyo y desaparecía.

"Confianza, eso es lo primordial en un matrimonio. No lo olvides…"

¿Confiar? ¿Realmente confiaría en su futuro esposo?... ¿Confiaría en alguien de la Nación del Fuego?

Entonces su corazón comenzó a latir con fuerza mientras una sensación indescriptible recorría por su cuerpo, al observar como las puertas por donde el guía había entrado se abrían nuevamente. El guía apareció mientras le daba indicaciones de que entrara a ese lugar, y como si fuera la misma agua, sigilosa y silenciosa, la princesa se adentró a esa habitación. Varias llamas había al fondo, tragó nuevamente saliva… algunas personas se encontraban dentro de ese lugar. Todos se giraron para verla y simplemente ella sintió como miradas punzantes querían atravesarla.

Caminó varios pasos más hasta detenerse enfrente de aquel imponente ser sobre su trono. Hizo una reverencia con cautela, mientras él simplemente esbozaba una sonrisa siniestra que nadie notó, solamente su hija Azula que estaba su lado. Varias llamas de esa habitación crecieron ante la bienvenida de la chica. La princesa de la Tribu Agua se encontraba ante el imponente Rey de la Nación del Fuego, el temible Ozai.

—Bienvenida, princesa de la Tribu Agua…— y su voz retumbo en todo el lugar mientras varios soldados de la Nación del Fuego se inclinaban ante ella. La chica simplemente permaneció en su lugar estática mirando con ese azul profundo de sus ojos todo el lugar.

—Es un honor estar aquí en sus dominios su majestad. — la voz de la chica era tranquila y dulce, y varios espectadores se dieron cuenta de ello. La chica era hermosa… pero al fondo un par de ojos ámbares le miraron con cierta repugnancia, sangre que no era de su Nación.

—No hay de qué, espero que disfrutes tu estancia en este lugar, sé que debes estar cansada después de un largo viaje…— y una sonrisa apareció en su rostro. — Katara, princesa de la Tribu Agua quiero presentarte a mi hijo… tu futuro esposo.

Y ante ella apareció un chico de ojos ámbares y mirada fría, su cabello negro era corto y su tez blanca. Era más alto que ella y simplemente con mala gana hizo una reverencia ante la chica. A simple vista ella pudo notar que era el hijo del Rey de la Nación del Fuego por esa ropa elegante que tenía puesta y la forma de su reverencia. Ella también hizo lo mismo mientras se inclinaba con delicadeza ante ese chico, donde pudo constatar el frió de su mirada… Un escalofrió recorrió por la espalda de la princesa.

—Pueden presentarse si quieran, no sean tímidos…— esa era la voz de la esposa de Ozai, quien simplemente sonrió al ver a la chica… Hermosa, como se la había imaginado.

—Katara, Princesa de la Tribu Agua. Mucho gusto. —extendiendo su mano ante el chico, él permaneció serio y observó entonces una mueca por parte de él mientras fruncía el ceño. Tomó su mano sin ninguna delicadeza mientras con lentitud aflojaba su agarre y le daba un ligero beso en su mano. Katara no dijo nada pero dejó salir un pequeño sonido al sentir ese salvaje jaloneo por parte del chico, por suerte nadie le escuchó.

—Zuko, Príncipe de la Nación del Fuego. — y dejando la mano de la chica pudo notar como ella fingía una sonrisa, se había percatado que él estaba enojado. De igual forma no le interesaba… Princesa o no, seguía siendo de la Tribu Agua. Apenas la guerra estaba por terminar y su matrimonio era el lazo para arrasar con todo esto de una buena vez, sin mencionar, que no le agradaba la idea de vivir con alguien que no era de su Nación, de su elemento; alguien como la asquerosa Tribu Agua.

—Celebremos esto con una ceremonia… una fiesta, para festejar la unión entre ustedes dos. — y varios aplausos llenaron el lugar mientras el azul profundo de los ojos de Katara miraron el frió ámbar del príncipe Zuko, quien simplemente carraspeó por lo bajo mientras ella bajaba con timidez su mirada.

Su destino estaba marcado, ya no había marcha atrás… La unión tenía que llevarse acabo. El agua estaba atada al fuego… a partir de ese momento pasaría poco para que el matrimonio se hiciera valido y para que su boda marcara el fin de una trágica guerra. Un pensamiento surcó por la mente de la joven princesa, esperaba que todo saliera bien y que estuviera haciendo lo correcto… Pero su corazón no sentía nada, sabía que difícilmente aceptaría alguien así como su esposo pues alguien más, tenía el poder sobre su torpe corazón.

"Quisiera que esto jamás hubiera pasado… desearía estar a tu lado, pero debo hacer esto por mi Tribu. Por más que no quiera hacerlo, debo hacerlo."

Continuará…

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¡Sí, sí! El prologó de este Fanfic al fin subido. Espero que les haya gustado. Sí… Un compromiso entre estos chicos, los cuales no les agrada tanto la idea. Todo para mantener la paz entre estas dos culturas… Descuiden, el próximo capítulo será más largo que el prologó. Ya es costumbre mía pedir la colaboración del público con sus reviews, para ver que tal les pareció esto… En el próximo capítulo verán cosas interesantes y sobre todo, explicaciones del por qué las cosas si están algo confundidos. ¡100 % Zutara! ¡No se lo pueden perder! Veremos como está la relación entre esos adolescentes y como Katara tendrá que ingeniárselas porque su corazón pertenece a alguien más…

¡Nos vemos!

Atte: Navi the fairy

Ò.o! ¡Te estoy viendooooooooooooooooo! Jojojo…