Era él, el pirata más atractivo y sensual del Caribe español, y estaba tumbado sobre ella. El frío inundaba su cuerpo, la herida dolía a pesar de todo, y Jack quería que se tragara el ron para entrar en calor.

NO- había gritado ella.

- ERES UNA CABEZOTA. Ambos se movieron por la cama, cayendo el ron por todos lados, mojándoles a ambos. Entonces la cara de Jack cambió y sonrió levemente.- Esta bien, si no lo quieres, está bien.- se tumbó al lado de la muchacha y bebió un trago largo de ron, o eso es lo que creía ella, porque cuando ya se había relajado, aunque seguía tiritando, Jack se avalanzó sobre ella y la besó, dulce y suavemente, mientras el ron iba pasando de uno a otro, ella dejó de tiritar tan plausiblemente y le tomó por la nuca, profundizando el beso; entonces él se apartó de su boca y le acarició el cuello con los labios, se detuvo allí durante unos minutos, arrancando un "jack" profundo de la garganta de ella. En ese momento se detuvo:

¿Me has llamado jack?

La miró a los ojos y se levantó.

Nunca me habías llamado por mi nombre.

Nunca me habías hecho sentir así.

Ella se incorporó y le tomó por la espalda, inclinándose hacia su cuello peligrosamente, apoyó sus labios en él y respiró su aroma, entonces comenzó a besarle, lentamente, cambio de postura, comenzó a subir por su cuello, pero al llegar a sus labios se detuvo, le miró a los ojos, y le besó dulcemente. Jack la apartó súbitamente.

La muchacha se quedó poco tiempo sola en la habitación, porque después de unos minutos, Jack volvió a aparecer por la puerta. Llevaba en la mano un par de botellas de ron y una manta colgada de los hombros.

- túmbate querida.

Ella obedeció, y Jack tiró la manta por encima, mientras ella sonreía. Las botellas de ron, las dejó en un rincón, se acercó a ella y la besó:

Buenas noches.

Jack, quédate- dijo ella con ojos suplicantes.

No, preciosa, creo que ya has entrado en calor lo suficiente.

Y dándose la vuelta desapareció de la habitación.

La mañana inundaba a raudales la habitación. Haciendo que la muchacha se desperezara lentamente. Miró a su alrededor y encontró la chaqueta del capitán Sparrow, colocada sobre la silla. El propietario, entró sigilosamente, ignorando si la muchacha estaba dormida o despierta. Al ver que sus ojos estaban abiertos, la sonrió:

buenos días, amor.

Buenas días, capitán.- Jack sonrió amablemente, y ella le tendió la mano para que volviera a la cama con ella. Él se la apretó y se tumbó a su lado en la cama, estrechándola entre sus brazos. La apartó un mechón de pelo de la cara y la besó suavemente, solo posando sus labios sobre los de ella, aspirando el aroma que emanaba. Sus propios pensamientos le turbaron y se alejó de ella a pasos agigantados.

Jack, ¿vas a explicarme que te pasa?

No puedo.

¿cómo que no puedes Jack Sparrow? Vas a decirme ahora mismo que te ocurre.

El capitán negó con la cabeza. Los sentimientos eran tan fuertes que no podía plantearse hacer nada. Mil años surcando los mares para encontrarse ahora, en ese muchachita muerta de frío y herida, a la mejor mujer que hubiera imaginado jamás. Pero él no podía corresponderla, no podía permitírselo, los piratas no aman, ellos no entregan jamás el alma, solo el cuerpo. El lujo del amor se lo reservaban a otros. Así que con una mirada callada y todo el dolor de su corazón, Jack Sparrow observó a su preciosa mujer por última vez, despidiéndose de ella.