Entre caricias apasionadas y sueños rotos, me entregué a ese hombre, sabiendo con certeza que era la envidia de todas mis compañeras. El Capitán Sparrow, el afamado pirata, el guerrero incansable que surcaba los siete mares acompañado de Will Turner me había elegido a mí. Después de mil aventuras juntos, de risas y llantos, de desplantes, me abrazó, me besó y me prometió un amor eterno que no era cierto. ¿Pero que importaba si esa noche me amó con todo su ser?.

Me observó lentamente, comiendo con sus resplandecientes ojos negros, que prendaban todo lo que miraba. Igual que yo le devoraba a él, casi sin poder esperar a tocar esa piel morena que me llamaba a gritos. Se lanzó hacia mi cuello. Lo besó lentamente, recorriendo con su sensual lengua toda mi piel, haciendo que se erizara. Un gemido se escapó de mis labios sin poder retenerlo y una sonrisa apareció en la boca de Jack, del pirata, de mi amante por esa noche.

Me tocó el turno a mí, y desabroché lentamente los botones de su camisa, deslizándola después por su torneados brazos, abandonándola allí, sin llegar a quitársela del todo. Le arrebaté la botella de ron y le tiré sobre la cama, donde me encaramé a su regazo, vertiéndole el alcohol por el pecho, para después recogerlo en mi propia boca. Jack gimió y sonriendo volvió a quitarme la botella. El eterno pirata, con sus amores: en el mar, con su ron y una mujer.

Dejó la botella en el suelo y se inclinó sobre mí, para besarme como lo había hecho la primera vez, con pasión, con dulzura, con deseo… sentí su lengua echando un pulso con la mía, y el corazón se me aceleró. Acaricié su espalda desnuda, enrosqué un dedo alrededor de su pelo… mmmmm… sabía a mar, a ron… sabor increíble. Jack me acarició la pierna, subió deslizando la mano hasta el muslo y se quedó allí, haciendo círculos. Sus labios volvieron a bajar a mi cuello, mis hombros… Entonces, volví a colocarme sobre él y le di la vuelta, dejándole de espaldas a mí. Entonces, acercándome todo lo posible a la base de su espalda, casi donde empezaba su trasero, comencé a besarle. Jack se echó a reír, afirmando que le hacía cosquillas, entonces de un solo lametón le recorrí suavemente toda la columna vertebral, produciéndole un escalofrío. Volví al mismo sitio, y repetí la operación, esta vez más deprisa, Jack gimió con una sonrisa. Me acerqué a la parte de atrás de su cuello y le besé… la oreja… le giré y me deleite con todo su cuerpo, chupando, lamiendo y besando cada centímetro de la piel de Jack, que sabía a salitre y a hombre.

Entonces me tocó a mí el turno, me acarició la piel con cuidado, como si no quisiera dañarme y de pronto, una fiera surgió en el pirata, que se lanzó a mi piel como si le fuera la vida en ello. Me abrazaba y me mordía, me arañaba y me besaba. Me volvía loca cada vez que se movía. Minutos más tarde, con total entrega y pasión, Notaba como se movía dentro de mí, como éramos uno. Quise callar mis gemidos, pero él me pidió que no lo hiciera, porque le gustaba mi voz así.

La noche fue larga, intensa y fogosa. Cuando volví a abrir los ojos al amanecer, Jack ya no estaba junto a mí, solo estaban las sábanas revueltas y su olor a mi alrededor. Para mí, era suficiente… hasta que volviera.