Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, pues todos son propiedad de K. A. Applegate (espero haberlo escrito bien) y de su serie Animorphs...

La Maldición

Me conocen como Tobías, aunque no es ése mi verdadero nombre. Mis amigos y yo ocultamos nuestras auténticas identidades para defendernos de nuestros enemigos…Sí: por increíble que resulte, adolescentes como nosotros pueden tener enemigos y, además, enemigos mortalmente poderosos. Es lo que tienen los avatares del destino: un día te levantas como cualquier otro chico de tu edad, vas al instituto, te meten la cabeza en los retretes de los lavabos, sales a airearte por el centro comercial y, al regresar a casa, una nave espacial aterriza ante tus ojos trayendo consigo a un agonizante príncipe alienígena que te informa de que una plaga de gusanos intergalácticos está a punto de invadir la tierra y, para mantenerlos a raya antes de que lleguen los refuerzos, te concede mediante alguna tecnología que desconoces el poder de cambiar de forma…por increíble que parezca, eso fue lo que nos pasó a nosotros. Y, al decir nosotros, quiero decir a mis amigos y a mi: los Animorphs

Y bueno, no es que seamos ahora precisamente normales, pero me consta que ellos sí lo eran bastante más que yo antes de que todo esto comenzara. Siempre fui un enigma ambulante: un muchacho extraño, callado y distraído, del que nadie se preocupaba. Y es que mi vida fue, y sigue siendo, una enorme mentira: desde mis orígenes, que nunca conocí, hasta lo que pienso, siento y hago…según saben los demás. Nunca me he sentido suficientemente a gusto con nadie como para abrirle mi corazón y, desde que sé qué son los controladores, menos todavía. Podría decirse que, desde que toda esta locura dio comienzo, tengo amigos…aunque sigo siendo único en mi especie. Y, la verdad, ya no tengo claro cuál es mi especie: ya no tengo nada claro quién soy…Cuándo era humano tenía un aspecto enclenque, los ojos y el pelo castaños…según Rachel, era muy "mono". Me gustaba la astronomía, la música, la literatura, el cine y cualquier cosa misteriosa o extraña: cosas que no encajaban fácilmente con los patrones comunes a adolescentes como yo. Cuándo era humano…

Casi no lo recuerdo. Lo que es sentirse persona, quiero decir. Ahora soy un ratonero de cola roja, me guste o no…nos guste o no. Desde el principio me fascinó esta forma: me encanta la sensación de libertad y poderío que proporcionan las alas y las garras, la increíble visión que tiene este cuerpo, su incansable rebeldía. Al sobrepasar el límite de las dos horas, reconozco que me asusté¿por qué tenía que pasarme esto a mí¿por qué no le hice caso a Jake y recuperé mi forma, al menos, el tiempo suficiente como para impedir la irreversibilidad…?

Siempre supe la respuesta…pero me da vergüenza admitirla; jamás he sido absolutamente sincero con nadie: a menos que las circunstancias me obliguen, no miento…pero tampoco digo toda la verdad. Como ya he mencionado, mi vida no era gran cosa en cuanto a normalidad se refiere: nunca supe quiénes eran mis padres; mis tíos, que vivían separados en distintas partes del país, se pasaron gran parte de mi infancia pasándome de una casa a otra con la esperanza de que el otro desistiera y se quedara conmigo. Por eso nunca tuve amigos de verdad, excepto uno y, en la actualidad, Jake, Cassie, Rachel, Marco y Ax, aunque con ninguno de ellos, excepto con el último, me he sincerado demasiado. Su confianza y su apoyo significan demasiado para mí como para estropearlo todo relatando las partes más oscuras de mi pasado, sepultadas en mi mente desde que sucedieron aquellas horribles experiencias.

He recuperado el poder de la metamorfosis gracias al ellimista pero, aunque soy capaz de recuperar mi antigua forma humana, siento que ya no me pertenece: me siento extraño en ella, y sus instintos me resultan engorrosos y bochornosos. Sé que podría volver a ser yo…pero no deseo hacerlo: no quiero volver a la existencia desgraciada que perdí aquella noche, cuándo sobrepasé el límite de las dos horas: no estoy preparado para eso, y tampoco muy seguro de que vuelva a estarlo nunca. Una vez acostumbrado a los roedores como plato único de mi dieta, no me apetece afrontar de nuevo los problemas de la ciudad; de todos modos, nadie me hecha de menos: hasta dónde yo sé, a día de hoy cada uno de mis tíos piensa que continúo viviendo con el otro…

Las historias sobre las que normalmente dejamos constancia son completamente diferentes a la que ahora tenemos entre manos pero, con toda seguridad, no resultan tan…terribles. Sí son terroríficas, pero no tan…escalofriantemente verídicas. Y es que supongo que es algo mucho más cercano que realmente podría llegar a ocurrirle a cualquiera; aunque no a cualquiera con mi pasado ni mi presente.

En cierto sentido, nacer siendo humano fue una broma del destino. ¿creéis en el destino…? A mi no me queda más remedio: he visto demasiadas cosas como para no planteármelo, al menos; aunque también sé que alguna personas, como por ejemplo Marco, dirían que estoy majara…y, lo peor, es que probablemente tengan razón. Ha pasado mucho tiempo desde aquella noche en la que todos éramos unos críos y desobedecimos a nuestros padres (es decir, ellos desobedecieron por que yo no tenía ni padres ni nadie que se preocupara por mí) cruzando aquel solar descampado en el que la nave del príncipe andalita Elfangor-Sirinial-Shamptul aterrizó ante nosotros para dejar al valiente caído. Nos otorgó nuestros poderes y…murió en mis brazos, prácticamente. Bueno, en realidad, se lo comió, literalmente, ésa mala bestia que es Visser Tres pero, como no pude hacer nada para protegerle, fue como si lo hubiera matado yo.

Entonces yo no tenía ni idea de que era mi padre: al parecer, huyendo de la guerra varios años antes había acudido a ocultarse a la Tierra, dónde, con forma humana, conoció a mi madre y me tuvieron a mi…pero no llegó a conocerme por que accedió a pactar con un ellimista que le devolvió su antigua existencia, borrando todo rastro de su paso por este mundo. Mi madre me abandonó a mis tíos unos cuántos años antes de que todo este asunto de los yeerks y los Animorphs diera comienzo, y nunca supe nada más de ninguno excepto por fotografías y vagas alusiones de mis cuidadores; los cuáles, por descontado, nunca fueron nada del otro mundo: mi tío era un borracho y mi tía sencillamente me ignoraba. Pero todo esto, actualmente, me trae sin cuidado.

Lo que realmente quería relatar esta vez no tiene mucho que ver con esos asquerosos gusanos, ni con mi penosa familia, ni con los andalitas o los ellimistas, o los ratoneros, o cualquier otra especie de bien: esta historia comienza hacia el atardecer de un tórrido día otoñal, mientras volaba de regreso a mi hogar desde la casa de Rachel…

Aquel día me había sentido particularmente mal…y visitar a mi mejor amiga no logró aclararme qué era lo que me ocurría. Nuestras charlas solían lograrlo pero, en los últimos tiempos, solamente traían como consecuencia que ella se apenara todavía más por mí. No sería la primera vez que me sugería que me convirtiera en un nothlit humano, es decir, que sobrepasara el límite de tiempo en mi forma humana y recuperara el poder de la mutación con el cubo mórfico que uno de los amigos de Marco había localizado en el descampado…No le habíamos preguntado a Ax si aquello era posible; al menos, creo que nadie lo hizo: supongo que en el fondo me entienden, o que no desean que recupere mi cuerpo. Bueno todos menos la prima de Jake: sospecho que podría decirse que siente algo por mí…No pretendo sonar creído ni presuntuoso ni nada por el estilo: simplemente digo lo que parece. Y es que ningún otro ser vivo tiene tanto interés por mi futuro; ningún otro ser vivo parece anhelar tan fervientemente mi felicidad…no sería la primera vez que, por ejemplo, antes de una batalla que aparentemente estamos a punto de perder, ella se vuelva hacia mí con aquella expresión suya tan peculiar, dispuesta a hablar con plena sinceridad por si acaso fuera su última oportunidad. Y, vale, lo admito: yo también le tengo cariño; pero no esa clase de cariño que los chicos deben tener por las chicas. Realmente resulta extraño, y lo reconozco: cualquier otro hombre que conozca a Rachel caerá probablemente rendido a sus pies. No es muy probable que un varón mire imperturbable sus ojos azules, sus cabellos rubios o su sonrisa perfecta sin pensar "guau: esta chica sí que está genial…"; pero, más probablemente, se equivoquen al juzgarla como una muñeca indefensa, tímida y descerebrada: yo la he visto luchar contra los yeerks con mis propios ojos y, creedme, no es agradable.

Pero, a lo que íbamos: aquel día yo me sentía bastante mal aunque no tenía muy claro por qué. Rachel estaba bastante distraída por una exhibición que debía hacer junto a su clase de gimnasia en alguna fiesta de la ciudad: yo sabía muy bien que ella odiaba aquellas demostraciones. No obstante, le comenté que quizá se sintiera mejor si yo estuviera presente; una prueba más de lo que debe sentir por mí: si fuese Marco, o Jake, preferiría romperse la crisma contra la barra de equilibrios antes que permitir que la vieran realizando sus movimientos acrobáticos. En fin, el caso es que aceptó de muy buena gana: siempre comenta, de hecho, que soy su ángel de la guarda, y la verdad es que con todas las tonterías que últimamente le da por hacer, resulta que podría tener razón…

Bien, una vez más, vuelvo a desviarme de mi relato: aquella tarde, decía, sobrevolaba el parque en repleto de puestos de feria y toda clase de atracciones de índole similar. La actuación del grupo de mi amiga fue, con mucho, lo más entretenido. Cuándo todo finalizó, me despedí discretamente de Rachel, pues estaba ocupaba sosteniendo una conversación con su amiga Melissa que, por descontado, es la hija de uno de los más altos cargos entre los yeerks: Chapman, el subdirector del colegio; irónico, en realidad. Cerca de ella, ninguno se arriesgaba a que descubriera algo raro: en primer lugar, por que no podíamos tener la absoluta certeza de que ella no fuera también un controlador y, en segundo lugar, por que si, efectivamente descubría cualquier clase de suceso anormal con nosotros y, accidentalmente, se lo mencionaba a su padre, entonces estaríamos perdidos.

De modo que allí estaba yo, alzando el vuelo sobre las copas de los árboles del parque cuándo mi penetrante mirada captó algo que mi mente humana difícilmente podría pasar por alto: la chica que acabo de presentaros mantenía los brazos alrededor del cuello de mi compañera rubia…con sus labios pegados a los suyos.