Disclaimer: JK es la Gran Maestra del potterverso. Yo sólo me entretengo un poco.

Asesinato en el Ministerio

10-Tienes algo mío

Hermione Granger le pidió a su jefe dos días de fiesta para no hacer absolutamente nada. Shackelbott sonrió y se los concedió.

-El miércoles te quiero aquí a primera hora.

Hermione ya estaba prácticamente en la puerta.

De camino a la salida, Draco Malfoy se cruzó en su camino, con su rubio cabello cayéndole sobre los ojos y el cigarro a medio consumir en la comisura de los labios.

-¿La Maquinaria del Amor se pone en marcha de nuevo? –preguntó la joven con una sonrisa. Malfoy se encogió de hombros, como si fuera inevitable.

-Soy un tío deseable para el género femenino, qué le voy a hacer –Hermione rió y negó con la cabeza. Ambos caminaron hombro con hombro hasta la salida, y después siguieron así durante un trecho de la calle.

Llegaron al Sombrero picudo, un pub cercano a la comisaría, medio escondido en un sótano donde los agentes solían juntarse después de los turnos para tomar algo antes de ir a casa. Malfoy se paró en la puerta, con la chaqueta sujeta por encima de un hombro y los ojos grises perdidos más allá de Hermione.

-Hermione –ella alzó las cejas, prácticamente era la primera vez que él la llamaba por su nombre –te invito a algo, vamos.

Ella lo observó un momento. Podía jurar que se había ruborizado, con Draco Malfoy cualquier cosa era posible. Se dio cuenta de que él no quería que Hermione se fuese a casa sola para deprimirse con su helado de chocolate, de que estaba preocupado por ella.

-Pero tú ya has quedado –dijo ella suavemente.

-No importa –hizo un gesto con la mano. -Vamos, Granger, no te hagas de rogar. Que sepas que no pienso volver a invitarte jamás en mi vida, así que aprovecha ahora que estoy eufórico por haber ascendido.

Hermione le observó de nuevo, con la cabeza ligeramente ladeada y una sonrisa en los labios.

-De acuerdo, Draco, gracias -se adelantó un poco y le quitó el cigarrillo de los labios, lo tiró al suelo y lo pisoteó. –Esto te matará algún día. Además es malo para el esmalte de los dientes.

Ella ya estaba entrando en el local cuando Malfoy se repuso de la sorpresa.

-Eres una mandona insoportable ¿te lo habían dicho alguna vez? –exclamó él siguiéndola.

-Un tipo rubio bastante creído, sí –la carcajada de Hermione hizo sonreír al nuevo Inspector -¡Me debes un whiskey de fuego!

OoO

Al día siguiente Hermione se despertó con dolor de cabeza. Un dolor molesto, continuo y que era como un zumbido. Se dio la vuelta en la cama pesadamente y gimió.

-Maldito whiskey de fuego... Maldito Malfoy...

Remoloneó en la cama un rato más. Ella era una joven enérgica y decidida al menos el 99 del tiempo, pero aquel día no tenía deseos de poner un pie en el suelo y salir al mundo. Quería quedarse allí, entre el agradable calor de sus mantas.

Finalmente, bajó a desayunar. Preparó tortitas, hizo café y zumo, e incluso sacó galletas. Después se dio cuenta de que era demasiada comida para ella sola. Suspiró y negó con la cabeza. De pronto, la abertura del correo se abrió, y el periódico cayó sobre la moqueta.

Mientras soplaba sobre el café caliente, Hermione hojeó el diario. La portada mostraba una foto del exPrimer Ministro Cornelius Fudge, detenido, pálido y ojeroso. El titular rezaba "¿Asesino o víctima?", y en el artículo (firmado por Rita Skeeter, una mujer desagradable que odiaba a Hermione) se planteaba la posibilidad de que Fudge hubiera hecho un servicio a la comunidad mágica.

Las demás noticias eran apenas recuadritos que hablaban sobre brujas guapas asistiendo a fiestas, magos importantes que habían realizado alguna declaración o los resultados de los equipos de quidditch. Y sin embargo uno de éstos últimos llamó la atención de Hermione.

Chudley Cannons fichan a Weasley

Los Chudley Cannons han fichado a Ron B. Weasley, anterior portero del Puddlemore United, para las próximas tres temporadas. Los Cannons, que hace más de dos décadas que no ganan ningún premio importante, creen que con este nuevo fichaje conseguirán mejorar sus resultados. "Estoy muy contento" declaró el jugador, con una gran sonrisa "Es el equipo de mi infancia". Los Chudley Cannons viajarán esta semana a Escocia, donde comenzarán la preparación de la temporada.

Un suspiro escapó de los labios de Hermione, casi involuntariamente. Escocia... Bien mirado, eso no estaba tan lejos ¿verdad?

Deja de decir tonterías, gritó su voz racional, ni siquiera lo has llamado. Seguro que ni se acuerda de ti. Deja de... decir... tonterías...

Y sin embargo, con cada letra, los recuerdos de sus manos fuertes y la piel áspera de sus mejillas se mezclaban. Recordó su cuello, no demasiado ancho pero robusto, y el vello rojizo que lo cubría. Se estremeció.

Joder, se dijo. Soy adicta a Ronald Weasley.

El cielo era azul como en un día de primavera. Miró por la ventana y de pronto se sintió mejor: fuera los pájaros trinaban y la gente había salido a la calle con sus hijos a jugar y a pasear. Y el cielo era tan azul... tan azul como...

-¿Hola?

Una voz de mujer atronó el apartamento. Hermione estuvo a punto de caerse de la silla del susto.

-¿Hay alguien? –volvió a gritar la mujer. La Inspectora Jefe se puso en pie pesadamente y arrastró sus pantuflas hasta el comedor. La cabeza de Ginny Weasley sonreía desde su chimenea.

-Hola Ginny, buenos días –Hermione reprimió un bostezo. Ginny rió.

-¿Buenos días¡Son casi las once, Hermione!

-Ya, bueno –Hermione se dejó caer pesadamente en el sofá –estoy un poco cansada.

-Es normal –dijo Ginny comprensivamente –al fin y al cabo, has atrapado al asesino, y he de decir que ha sido de forma brillante.

Hermione hizo un gesto con la mano, quitándole importancia.

-No todo el mérito es mío, mi compañero...

-Sí, ya, pero fuiste tú quien lo descubrió ¿verdad? Eres increíble Hermione –la voz de Harry le llegó también a través de la chimenea, a pesar de que no podía ver su rostro. Hermione se sonrojó un poco.

-Gracias, Harry.

-¡Harry! –lo reprendió Ginny -¡Harry, deja de hacer eso¡Estoy hablando, vamos, deja de jugar!

-Está bien, está bien –se oyó protestar a Harry, y su voz se fue apagando poco a poco sin dejar de murmurar -Mujeres, siempre igual, no puedo hacer nada, ni siquiera saludar, esto es increíble, soy el-niño-que-vivió y así me lo pagan...

Hermione y Ginny se miraron. Y después rompieron a reír.

-Hombres –Ginny puso los ojos en blanco –No puedes vivir sin ellos, pero cuando vives con ellos tienes que tratarlos como si fueras su madre.

Ambas siguieron riendo.

-Bueno, Ginny, no puedo decir que tu visita no haya sido agradable, pero... ¿porqué me has llamado?

-Hermione la Inspectora Granger, siempre directa al grano –rió Ginny.

-Inspectora Jefe –corrigió Hermione suavemente. Ginny abrió los ojos.

-¡Wow¡Eso es increíble! –su rostro se volvió hacia alguien que Hermione no podía ver -¿Has oído eso, Harry¡Inspectora Jefe!

-¡No he oído nada, Gin! –la voz de Harry les llegaba un poco lejana -¿Cómo voy a oírlo si me has echado de la cocina casi a patadas¡Si ni siquiera me has...¿Inspectora jefe¡Wow! –Hermione sonrió y negó con la cabeza. Menudo par.

-Bueno, pues entonces tendremos que cambiar la invitación –dijo Ginny, todavía sin mirarla.

-Sí claro, creo que la tengo por aquí, si vamos a tener una Inspectora Jefe tenemos que señalarlo bien –la voz de Harry seguía llegándole de lejos.

-¿Invitación? –pregunto Hermione con el ceño fruncido.

-Harry, así no es , tienes que darle unos golpecitos con la varita y...

-Gin, estoy seguro de que era así, deja de...

-¿Ves como así no era? Déjame a mí, vamos, hay que darle unos golpes y decir...

-¡EH! –el rostro de Ginny en las llamas se volvió para mirarla. Hermione se había puesto en pie de indignación. La voz de Harry no se escuchaba. -¿Qué invitación¿Qué pasa?

-Oh vamos, Hermione, eres Inspectora Jefe, no me digas que no eres capaz de averiguarlo –en la voz de Ginny había una nota de fastidio.

Hermione abrió y cerró la boca un par de veces. Una idea se abría paso entre sus neuronas, pero le pareció tan descabellada que ni siquiera...

-¿Vais a... a casaros?

-Esta chica es muy lista –se escuchó a Harry en algún punto detrás de Ginny.

-¡Pe-pero yo creía que habías cancelado la boda¡Es decir, después de todo lo de Michael y, bueno, lo de...!

-Oh bueno –Ginny rió de una forma característica –simplemente he cambiado el nombre del novio de las invitaciones. Algunos invitados se llevarán una sorpresa.

Hermione se dejó caer en el sofá, con los ojos abiertos como platos.

-No puedo creerlo –dijo –Merlín, esto es... Merlín.

Ginny volvió a reír –Bueno, de todas formas estás invitada ¿de acuerdo? Así que quiero verte por aquí o te demostraré porqué mi conjuro mocomurciélago es el más temido de toda Inglaterra.

-Te lo advierto, cuando está cabreada, es peor que Voldemort.

-¡Harry!

-¿Qué? Es cierto.

-¿Cómo puedes decir eso de tu futura esposa? –la voz de Ginny sonaba indignada.

-¡Porque es la verdad!

Las voces se fueron difuminando mientras los troncos de la chimenea de la Inspectora recuperaban su forma original. Hermione aún tardó unos segundos en recuperarse. Después sonrió.

Y finalmente rompió a reír a carcajadas.

OoO

Abrochó el botón de los vaqueros y miró, desolada, su armario. Hacía calor para algo demasiado abrigado, pero tampoco podía ir demasiado ligera, porque se resfriaba con facilidad.

Con un ruidito de frustración, se dejó caer sobre la cama. Odio mi vida. Odio al mundo. Odio todo.

De pronto, inexplicablemente, se sintió mejor. Como si una oleada de alegría la invadiera. Como si la sensación de que todo iba a ir bien, de alguna o otra forma, se instalara cómodamente en su cabeza.

Sí, eso era. Era como una calidez que la envolvía.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que las yemas de sus dedos rozaban algo suave. Suave como... algodón. Perezosamente, dio la vuelta a la cabeza para ver qué era aquello. Reprimió una exclamación cuando se dio cuenta de lo que era.

La camisa. Su camisa.

Se puso en pie de un salto. Maldita sea. Maldita sea, maldita sea, maldita sea. Estás mal de la cabeza, Hermione, estás fatal. Vas a terminar en San Mungo a este paso, lo tuyo ya es de psiquiátrico.

Estuvo a punto de destrozarla. De romperla en tiras con fuerza y quemarla y tirarla a la basura. De pisotearla y gritarle cosas absurdas a pesar de que fuese una simple camisa.

Y en vez de eso, la sujetó con delicadeza, la miró un segundo (blanca, grande, sencilla) y se la puso.

Estás terminal, Granger, eso es lo que estás –era como si la voz de Malfoy estuviese en su cabeza- no sólo no la tiras al basurero más cercano sino que encima te la pones. Estás enferma. Y ni siquiera huele tan bien. Es sólo tu imaginación, lela.

Estás fatal.

Sentada en su cama, con la cabeza hundida entre los pliegues de aquel trozo de tela blanco, Hermione le dio la razón a la voz de su cabeza (se estremeció al pensar que su voz racional sonaba como Malfoy). Pero aunque tuviese razón, aquella sensación era tan agradable...

El ruido del teléfono la hizo saltar medio metro. Corrió escaleras abajo tropezando con los pantalones y cogió el teléfono antes de caer de culo al suelo. Reprimió un gemido.

-¿Di-diga?... Ah hola, Mamá... Sí, estoy bien, sólo ha sido... sí, recuerdo la cena familiar del sábado, Mamá, sí tranquila, iré después del trabajo... No, no voy a llevar ningún acompañante –Hermione puso los ojos en blanco –sí, Mamá... Sí, Mamá, lo que tú digas... No, no estoy poniendo los ojos en blanco mientras me hablas, que va... Adiós, Mamá, sí yo también te quiero, hasta luego.

Colgó el teléfono y se golpeó la cabeza contra la pared.

Odio todo, repitió.

Llamaron a la puerta. No se movió. No tenía ganas de ver a nadie, y además seguro que era el cartero, o los niños bromistas o cualquier cosa... Volvieron a llamar, y Hermione hizo un gesto de fastidio. Reprimió las ganas de gritar "¡No estoy!".

Llamaron de nuevo.

-¡De acuerdo, de acuerdo, ya voy! –se puso en pie y abrió la puerta con un movimiento rápido. El enceguecedor naranja fosforito que tenía delante la dejó paralizada un segundo.

Luego se dio cuenta de lo que había encima, debajo y dentro del naranja. Un hombre. Un hombre alto, alto y fuerte, aunque delgado. De cabello pelirrojo y ojos azules.

Y los ojos (porque ella sólo veía eso, dos pozos hipnóticos, oscuros y azules), los ojos sonrieron. Y debajo de los ojos había una nariz aguileña y una boca, una boca de labios finos y rojizos con unos dientes blancos.

Ron se apoyaba en el marco de la puerta descuidadamente.

-Hola.

-Ho...hola –consiguió murmurar ella.

El silencio parecía un estado natural entre ellos. Simplemente se miraban, estudiando atentamente al otro. Hermione estuvo cerca de suspirar, pero no lo hizo, porque ella era Hermione Jane Granger, Inspectora Jefe de su Departamento, maldita sea, y ella no hacía esas cosas. De pronto se dio cuenta de que mirar a alguien a los ojos desde tan cerca podía resultar mareante.

-Llevo un par de días esperando a que me llames.

Suave. Su voz era suave y profunda ahora, pero aún así había una nota de reproche. La camiseta de los Cannons (lo supo porque las letras Chudley Cannons estaban impresas en caracteres gigantescos) le quedaba ligeramente corta, y el viento la movía de vez en cuando con suaves vaivenes, haciendo que trozos de piel blanca que parecía morena a causa de las pecas quedaran al descubierto durante segundos.

-No tengo tu número –replicó ella estúpidamente, todavía hipnotizada con su estómago. Él frunció el ceño.

-No necesitas mi número. Podrías haberte comunicado conmigo por la chimenea.

Ron tenía razón, claro. Lo que Hermione no iba a decirle es que era demasiado orgullosa como para llamarlo.

-Veo que te gusta –dijo él entonces, y una media sonrisa se abrió paso en su rostro. Hermione siguió embobada unos instantes. Su cerebro no funcionaba correctamente cuando aquel hombre estaba cerca. –La camisa –aclaró él.

Sintió como su rostro se ponía rojo como un semáforo. Nunca había pasado tanta calor en su vida. Eres idiota, se dijo, eres una idiota con muy mala suerte¡mira que había días para ponerte la camisa y te la pones hoy y ahora!

-Yo, esto... siempre la confundo y... iba a devolvértela...

Ron hizo un gesto vago con la mano. De pronto se acercó a ella, mucho, demasiado, y murmuró:

-¿Ibas a traérmela?

Aquella sensación la invadía de nuevo, como cuando llevaba la camisa puesta. Su olor la embriagaba de una forma tan profunda que hasta le daba miedo. Sintió la familiar sensación de deseo recorriendo sus dedos.

-¿Quieres un café? –susurró Hermione con una voz tan dulce y ronca que no parecía suya. La nariz de Ron rozaba la suya.

-Claro.

Sin embargo, cuando cerraron la puerta tras ellos, ninguno de los dos se movió. Siguieron mirándose, fijamente, muy cerca.

-Así que los Cannons –los ojos de ella estaban fijos en las dos piscinas profundas, azules, de sus ojos. Sus pupilas negras, redondeadas, eran grandes ahora.

-Ajá.

Seguían sin moverse. De pronto un escalofrío recorrió la espalda de la joven. La vista de Ron estaba fijamente clavada sobre sus labios, su expresión seria y firme.

Decidida.

Hermione se sintió inexplicablemente bien consigo misma. Podía leer como en uno de sus libros lo que significaba esa mirada. Y le gustaba muchísimo. Se acercó, sólo un milímetro más, pero ese mínimo gesto hizo que la sensación ahogante de su pecho se intensificara.

Ahora casi no podía respirar. Y sin embargo aquella sensación era tan dulce...

-Te vas a Escocia –no era una pregunta, y el murmullo de su voz era casi inaudible. Él se inclinó un poco, y sus narices se rozaron agradablemente.

-Sí.

Cuando los labios de Ron acariciaron suavemente los suyos, Hermione pensó estúpida y racionalmente en que los labios de un ser humano tienen más terminaciones nerviosas que el resto de la piel. Eso era lo que ella, científicamente, sabía. Lo que no sabía era que aquella sensación, aquel suave rozar, pudiese ser tan delicioso y torturante al mismo tiempo.

Quería besarlo, quería besarlo suavemente, salvajemente, apasionadamente, tiernamente. Pero su estúpido orgullo le impedía recorrer la escasa distancia que los separaba.

-Tienes algo mío –susurró él. Los dedos, largos y blancos, desabotonaban con tranquilidad los botones del final de la camisa. Y subían.

-Me gusta tu camisa –las largas y negras pestañas de Hermione rozaban las mejillas de Ron, y ella lo miraba ahora con los ojos casi entrecerrados, sus iris chocolateados sólo se intuían, y eso lo hizo estremecer.

Hermione estuvo a punto de sonreír, victoriosa.

-Puedes quedártela –el deje ronco de su voz delataba la impaciencia que sentía por besarla. Sus dedos llegaron a los primeros botones y se detuvo. Esta vez Hermione sí sonrió.

-¿Y entonces a qué has venido? –el tono de su voz era claramente femenino y juguetón. Notó su propia impaciencia recorriéndole la espalda. Aún no, se dijo.

-Te lo he dicho –susurró él, su respiración más pesada aún que antes. Sus dedos detuvieron el ascenso por la camisa de ella (de él) y sujetó suavemente una de las manos de Hermione. Acarició la mano morena de ella con suavidad y después la llevó a su propio pecho. La posó allí y la apretó con su mano pecosa –Tienes algo mío.

Y Hermione comprendió. Comprendió lo que quería decir. Comprendió porqué la miraba fijamente, porqué respiraba con dificultad, porqué ella no podía pensar en nada más que en él.

Lo besó.

Lo besó con paciencia, con delicadeza, con tranquilidad. Rozó la punta de su lengua con la suya propia, acarició sus labios con los suyos, cubrió de besos su mentón rojizo. Y entonces el deseo creció. Sus manos encontraron el camino bajo la camiseta anaranjada y el inexplicable cosquilleo de su pecho rugió de placer cuando Ron hundió su boca en la suya. Durante un tiempo indeterminado, él y sus labios, él y sus manos, él y su piel, pecosa y áspera, tuvieron el control de Hermione Granger.

Y a ella le gustó.

Las yemas de los dedos de Ron recorrían suavemente la curva de sus caderas, y las sensaciones agradables se acumulaban en su cerebro. Hermione creyó que no podría sentir nada más dulce y violento a la vez que aquello. Se equivocó.

Cuando el cuerpo rudo y delgado de Ron se apretó contra ella, cuando sus manos comenzaron a subir, cuando su lengua comenzó a jugar con sus labios, Hermione recordó el paraíso de sensaciones que la habían hecho enloquecer apenas un par de días antes.

-Merlín –logró murmurar por entre sus besos. Ron sonrió, sonrió de medio lado, como un hombre fuerte y decidido, sonrió casi con seriedad.

Fue entonces cuando ella le quitó la camiseta y rodeó su cuello pecoso con sus brazos morenos.

Más tarde, cuando ambos estuviesen en su cama, la ropa olvidada sobre el suelo, el cuerpo cubierto de sudor, los labios saciados de besos; los pensamientos de Hermione vagarían por entre el vello rojizo del pecho de Ron, y pensaría que Escocia no estaba tan lejos, y que de todas formas, existía la red flú y la aparición, y si hacía falta aprendería a montar sobre escoba.

Pero eso sería más tarde.

Porque ahora mismo, cada fibra de su ser estaba concentrada en una sola cosa.

Ronald Bilius Weasley.

OoO

Y se acabó. Eso ha sido todo. He intentado hacer un final digno a esta historia y a sus lectoras, espero no haberos defraudado. Me da mucha pena terminar (aunque me reconforta un poco que la musa sigue inspirando y ya tengo otra idea rondando por la cabeza) y he de deciros que os echaré mucho de menos a todas.

Me gustaría recibir un último rewiew de despedida (prometo contestar a todos) y sólo añadir a Tridjia, Trinity, Natty y Floor Grint, mis rewiews anónimas, que muchísimas gracias por sus comentarios y que me hubiera gustado mucho contestarlos.

Nada más (por el momento) y felix félicis para todos!