¡Hola a todos de nuevo! Pues bien, aquí tenéis la continuación de la Aventura de los Tamers, aunque es totalmente independiente, así que podéis leerlo aunque no hayáis leído el otro fanfic

Os dejo con el capítulo 1

Lorien3

Capítulo 1: donde comenzó esta historia.

Supongo que todo tiene un principio, y mi historia, bueno, nuestra historia no iba a ser menos. Me llamo Rika Nonaka, y por aquellas fechas, ya llevaba casi dos años saliendo con mi novio, Ryo Akiyama. Éramos muy felices nosotros dos juntos, solo nosotros dos. Pero el destino tenía otros planes para nuestro amor.

Hablando de planes, ya conocéis a Ryo. Siempre ha hecho planes realmente descabellados. Pues bien, fue de uno de ellos del cual surgió ella. Se trataba del día de mi decimoctavo cumpleaños. A las diez de la mañana, Ryo me llamó por teléfono diciendo:

-¡Hola Rika! Feliz cumpleaños, princesa.

-¡Ryo! – exclamé sorprendida - ¿Qué haces llamándome tan pronto?

-Quería ser el primero en felicitarte, mi amor. Dime¿lo soy?

-No, en realidad eres el último – contesté, mintiendo.

-¿¡QUÉ!? – su voz sonó tan triste y desesperada a la vez que dije entre risas:

-¡Era broma, Ryo, era broma! Eres el primero en hacerlo, te lo agradezco mucho, de veras.

-Uf...menos mal. ¿Sabes? Tengo un plan estupendo para hoy: solos tú y yo todo el día. ¿Te cuento?

-Bueno, a ver con qué me vienes esta vez...

-Tú vete vistiéndote. Para empezar, vamos a ir a desayunar fuera. Luego, te llevaré de compras, puedes coger todo lo que quieras. Después, tengo mesa reservada en Hikomi para la comida.

-¿Ese restaurante tan bueno de cinco tenedores? – inquirí, con sorpresa.

-¡Sí!

-¡Genial, Ryo!

-Luego, por la tarde, vamos al cine, a la peli que tú quieras. Después, damos una vuelta por el parque, y luego cenamos en el italiano, también he reservado mesa.

-¡Me parece estupendo! Para agradecértelo, después de cenar, te acompaño a casa ¿de acuerdo?

-Eh...me temo que...mi plan no termina ahí.

-¿Qué?

-Verás, es que yo...luego... – noté como se ponía nervioso – he...he reservado habitación para dos en un hotel...para pasar la noche... ¿entiendes por dónde voy?

-...

-¿Rika¿Estás ahí?

-S...sí – aquello me había dejado congelada. – Exactamente ¿qué me estás proponiendo?

-Eh...bueno, no sé cómo decírtelo...mira, mejor te lo digo cuando vayamos a desayunar. Claro que si tú no estás de acuerdo, podemos dejarlo para otro momento, y simplemente dormir. ¿Vale?

-Es...está bien.

-Te recojo en media hora ¡ponte más guapa aún!

-¡De acuerdo, Ryo¡Adiós!

Aquella conversación telefónica, me dio qué pensar durante aquella media hora. Ryo y yo nunca habíamos hablado de aquello, jamás. Nunca nos lo habíamos propuesto, y a decir verdad, ni siquiera yo había pensado en ello. Seguramente, él sí. Después de todo, ya tiene veintiún años, y un título de fin de carrera en Informática. Pero la pregunta era la siguiente ¿me sentía preparada para hacerlo¿Para dar el siguiente paso? Una vez más, dos voces luchaban en mi interior. Una decía, "¡Claro que sí¡Es una oportunidad de oro, y tú ya eres mayor de edad! Además, él está tan ilusionado..." otra, por su parte, me decía "Mmm...no, mejor no. Déjalo para más tarde. Mucho más tarde". Finalmente, salí de casa con el mismo mar de dudas, y cuando llegamos a la cafetería, mientras esperábamos a que nos sirviesen el desayuno, Ryo me lo dijo claramente: "Lo que quería decir, es que podríamos...hacerlo." Bueno, no era muy claramente, pero sirvió para que se hiciese entender. Entre sorbos de zumo, yo dije:

-Dime una cosa, Ryo.

-¿Qué?

-¿Serás precavido?

-¡Claro, tranquila! Ya compré hace mucho tiempo, los voy a llevar. Por ese asunto no te preocupes, Rika – me tomó la mano derecha, y añadió – Sólo piensa en que tú estés lista ¿de acuerdo?

-Ajá, está bien.

-¿Entonces...

-Dependerá de cómo esté todo cuando lleguemos allá ¿vale? Lo siento, pero no lo podré saber hasta entonces. Si eres tú ahora el que no quiere, lo entenderé.

-No, tranquila, opino como tú – sonrió él.

-Está bien – sonreí. Nos dimos un corto beso en los labios, y continuamos desayunando.

Tras aquel copioso desayuno, Ryo me llevó de compras, arruinándose una vez más...o mejor dicho, arruinando a su padre. De todos modos, aquella vez me dijo que lo había comprado con su propio dinero. ¡Milagro! Entre tanto, comencé a pensar en lo que haríamos con nuestro futuro.

En más de una ocasión, Ryo y yo sí que habíamos hablado de nuestros planes para el futuro. Queríamos casarnos cuando yo tuviese veinte o veintiún años, y tener dos hijos: un niño y una niña. La niña la tendría a los veintitrés, y el niño, a los veinticinco. Como nombres de chica, a mí me gustaban Yuriko, Misao o Reera, mientras que él prefería mejor Rika, Rika, o Rika. En nombres de niño, a mí me gustaban Rai, Genki, o su propio nombre, Ryo. Él sólo dijo que prefería Rai. Con lo cual el nombre de nuestro futuro hijo varón ya estaba decidido, se llamaría Rai, y si salía a Ryo, sería un completo pirado. De todos modos, no me hacía ninguna gracia que nuestra hija se fuese a llamar como yo, así que le dije a Ryo que fuese pensando otros nombres.

Además, Ryo y yo compraríamos una casita en Odaiba, al lado del mar, y tendríamos un apartamento de verano en Okinawa, donde pasaríamos las vacaciones.

En lo laboral, él quería montar una empresa de software y hardware, que llamaría Akiyama Corporation. Era un sueño muy ambicioso. Yo, por mi parte, quería estudiar ... y dedicarme a ser modelo. Al final, aquel mundo de la moda me había comenzado a gustar, y había decidido comenzar a buscar algún que otro casting. Probablemente lo más seguro era que me cogiesen donde aún trabajaba mi madre.

Sueños, muchos sueños...la desgracia es que la realidad iba a ser bien distinta. Algunas de esas cosas, las conseguimos, pero no como queríamos, y otras tantas, directamente se fueron al garete.

La comida en aquel restaurante estuvo genial, más que nada porque al fin pude beber sake...yammy... (perdón, de estar tanto tiempo con Ryo, se me acaba pegando su lenguaje). Eso sí, salió bastante cara, e insistí en que quería pagar una parte. Acabé pagando el pan, pero en fin, algo era algo. No podía permitir que Ryo hiciese aquello con su dinero. Vale que era mi cumpleaños, pero es que él aprovechaba cualquier momento para darle vida a la pasta, regalándome cosas por SU cumpleaños, y ese tipo de locuras. "¿Y si alguna vez necesitábamos ese dinero?" Le había preguntado yo, infinidad de veces. "Tranquila, eso no ocurrirá hasta que nos casemos, y aún falta mucho" Me contestaba siempre él, mostrando su sonrisa. ¡Ja! Eso creía él...y yo también.

Tras la comida fuimos al cine a ver una película de acción de las que a los dos nos gustan. Habíamos decidido que era el mejor género de todos para los dos. Con el terror, él se cagaba, con las pelis de amor, yo echaba la pota, y así sucesivamente, hasta que sólo quedó un género en el que no tuviésemos ninguna objeción: la acción. A ambos nos encantaba ver coches saltar por los aires...era tan bonito...

Luego del cine, salimos a pasear de la mano por el parque Shinjuku. Miles de recuerdos asaltaban nuestras mentes. Besos, caricias, algún chupetón, confesiones, abrazos, lágrimas, sonrisas, partidas de cartas...todo era muy especial para nosotros. Ese era uno de nuestros lugares especiales. Los otros eran la playa de Odaiba, un pueblecito perdido de Okinawa, y el castillo encantado del mundo digital. De vez en cuando volvíamos allá, y pasábamos la tarde, recordando nuestro primer beso, y su declaración de amor de dos años atrás. Era algo muy bonito, y que me hacía sentir extraña. Yo nunca había sido una chica romántica, pero él si que lo era, y lo que más me gustaba de lo que hacía, era su carita sonriente al ver que había salido como quería.

Tras el paseo, fuimos a cenar a aquel restaurante italiano. Nuestra mesa se encontraba en una esquina, al lado de una ventana por la que veíamos el exterior. Tenía dos velas en el centro, y un pequeño bonsái (no iba a ser grande ¿no?). Pedimos espaguetis para dos, bebimos coca cola para cuatro, y como postre, pedimos tarta para medio. Pagamos como cuarenta. A eso se le llamaba una cena de proporciones extrañas (como las notazas de Ryo. Siempre dice muy contento que ha sacado diez, aunque su padre aún no sabe que es sobre veinte).

Después de la cena, dimos un paseo bajo la luz de la luna hasta que llegamos al hotel. Ryo me miraba todo el rato, interrogativamente. Pero yo ya había decidido lo que ocurriría.

De aquella noche, sólo os puedo decir que fue la mejor de mi vida, y que, aunque teníamos los pijamas bajo la almohada, no los llegamos a usar, aunque sí que nos quitamos la ropa. Todo lo demás, es asunto nuestro, y comenzó con la tierna frase de Ryo tras haberme besado, y tras haberle respondido ya. Él sólo dijo: tengo calor. Y lo demás, fue sobre ruedas.

FIN DE ESTE CAPÍTULO

Continuará...

Bueno, supongo que ya sabéis de qué va a tratar esto Este fic es algo más realista, aunque también tendrá momentos de humor. Lo escribí hace tiempo y puse mucho cariño en él¡¡¡así que espero que os guste!!!

¡Hasta la próxima!

Lorien3