Se despertó, lentamente abrió los ojos y se estiró en la gran cama. Después de varios meses en un barco mercante, esa cama era el paraíso para Will Turner. Su pelo lacio se extendía por la almohada, lo tenía un poco más largo que lo habitual porque había decidido no cortárselo; la perilla se había convertido en una barba poblada que tapaba sus juveniles facciones.

Se froto los ojos y volvió a arrebujarse en las mantas. Hacía calor en el exterior, pero a él todavía no le apetecía salir a enfrentarse a la realidad: buscar un nuevo trabajo, embarcar de nuevo en un navío para olvidarla a ella… y a él. A su amigo el capitán Sparrow y su amada Elizabeth Swann.

Suspiró y cerró los ojos de nuevo intentando conciliar el sueño, pero le fue completamente imposible, así que se levantó y se acercó al baño en la habitación contigua. Le sorprendió encontrar la tina llena de agua humeante. Se desnudó y se metió dentro, sumergiéndose por completo. Se relajó entre las aguas espumadas y vació su mente de todo pensamiento.

Aproximadamente una hora después, un nuevo Will salía de la habitación, se había afeitado, dejándose de nuevo una leve perilla que cubría su labio superior y su mentón. El pelo había decidido, de nuevo, no cortárselo y lo llevaba recogido en la parte de atrás con un lazo. Le llegaba más o menos una palma por debajo de los hombros. Saludó con un gesto de cabeza a sus antiguos compañeros de nave y salió a la calle. De nuevo, volvía a sus orígenes: Tortuga le esperaba llena de ofertas de trabajo para un muchacho como él. Suspiró y se puso en marcha.