Disclaimer: Hermione Granger y el resto de los personajes pertenencen a J.K. Rowling, etc...en fin, eso sí es una tragedia.xD! En este primer capítulo, nuestra chica favorita se lamenta en un breve monólogo para explicar las razones por las que se suicida (hecho por el cuál decidí darle la categoría de MA+). Espero que os guste, aunque advierto que puede llegar a ser deprimente...


Embrujada y olvidada

Hermione Granger. Así me conocían antes…

Ahora me llaman la Sombra, la Cazadora, la Dama de la Noche…

No soy capaz de sentir: desde que me robaron el corazón y huyeron con él…nada puede desarrollarse dentro de mí que logre mitigar el enorme y oscuro vacío que me acecha cuándo no estoy ocupada.


Advierto un tenue movimiento a la izquierda. La oscuridad lo cubre todo. No deseo obtener luz mediante la magia por temor a ahuyentarlos: debo terminar con esto esta misma noche. Gracias al hechizo de mis gafas de sol, puedo ver la estancia como si fuese de día, pues lo único que en alguna medida entorpece mi visión son mis cabellos, ahora largos, lisos y sueltos. Un encantamiento silenciador se extiende sobre el cuero de mis ropas, ajustado y cálido, auxiliando a su color negro a confundirme en las tinieblas.

Doy un paso adelante; agacho la cabeza para esquivar una enorme telaraña. Un imperceptible chasquido me pone la carne de gallina…Los conjuros que necesitaré se agolpan en mi pensamiento y mi garganta, preparados para huir por mis labios cuándo más los necesite…

El suelo cruje bajo mis botas: está lleno de fragmentos de cristal y…huesos. La sala de estar de la mansión sería, en otro tiempo, magnífica. Pero, ahora, es escalofriante.

Sobre una ajada superficie especular, cubierta de moho, distingo vagamente lo que se cierne sobre mi cabeza. Mi corazón se desboca, el tiempo parece discurrir con extrema lentitud, actúo casi por instinto…

--¡Aranña Éxime!--

Un destello de luz púrpura ilumina el cuerpo del arácnido a punto de precipitarse sobre mi espalda. El encantamiento le da de lleno: el monstruo sale volando de espaldas a varios metros de distancia de mi misma…Cae pesadamente sobre un viejo diván, volcándolo bajo su peso.

Suspiro; pero apenas tengo tiempo a respirar adecuadamente: un segundo destello resplandece en la oscuridad sin que yo lo provoque. Algo golpea mi cabeza, mis pies despegan del suelo, mi varita desaparece al soltarse de mi mano…Un dolor espantoso se extiende por todo mi cuerpo al recibir el impacto de una maldición cruciatus. Oigo sus pasos, el pánico pugna por apoderarse de mí…

Pero no es capaz: no puedo permitírselo; ignorando el sufrimiento como puedo, obligo a mi mente a centrarse en mi desaparecido artefacto…no pudo haber ido muy lejos y, se encontrase dónde se encontrase, sé que aún puede ayudarme: Harry lo logró con el suyo en su duelo con El-que-no-debe-ser-nombrado…Me doy la vuelta, levantando mi mano.

--¡Lenivio!--

Resuena un estruendo. Luego un jadeo. La agonía ha cambiado de dirección: mientras mi agresor sufre, los dolores de mi cuerpo se evaporan…como desearía que lo hiciesen los de mi corazón. Escucho, sobre el clamor de sus alaridos, el tintineo de la madera al caer sobre el entarimado del suelo. Un forcejeo, tras el cuál, un brillante haz de luz solar entra a raudales en la mansión después de que el anciano nigromante arranque las cortinas con su danza de estertores. No logro que el contra-encantamiento permanezca activo…

De pronto, siento una punzada en mi abdomen…el hombre me mira…sus pupilas me taladran. Una aviesa sonrisa le ilumina el rostro al descubrir, mediante Legeremancia, la amarga hiel que dejó el pasado dentro de mí…La ira se enciende instantáneamente. No puedo permitirle semejante falta, no puedo tolerarle semejante descaro. Todo termina en una décima de segundo, cuándo levanto las manos y alguien más me presta su fuerza para consumir su decrépito cuerpo en las llamas de Salem.


Tres años. Han pasado tres años y todavía no puedo creerlo. Me resulta difícil ordenar los pensamientos que corresponden a aquel horrible día; está todo tan caótico, tan confuso…que semeja deslizarse por mi pensamiento subrepticiamente, insinuándose fugaz y tentadoramente, hasta desaparecer…

Yo les quería a los dos.

Primero fue a Ron: no logro entender cómo llegó a ocurrir…pero sé que, en cuanto me di cuenta, me regañé. Era mi amigo, era un imbécil…pero era mi imbécil: no podía evitar que la espeluznante garra de los celos se aferrara con tenacidad a mi estómago y mi garganta cada vez que lo veía pegado a Lavender…pero tampoco soportaba verle triste y abatido. Harry no se había dado cuenta; Ron se esforzaba en ocultárnoslo. Yo no soportaba verle así; aunque me dolía que no confiara en mí para contarme lo que le ocurría, empecé a sacar conclusiones sobre lo que podría ser y decidí que le hacían falta sus estúpidos entrenamientos de Quidditch…por eso amañé las pruebas de selección. No lamento nada de lo que sucedió aquel año, excepto la muerte de Dumbledore: aquel verano, mientras nos quedábamos en la casa de los tíos de Harry, no pude soportarlo más…


Todavía me resulta cómica la cara que puso al despertarse y encontrarme a su lado…Jugué mis cartas lo mejor que supe y, por ello, aún no entiendo por qué me abandonó. ¿Qué ocurrió en aquella ciudad, mientras intentaba llegar hasta nosotros sin magia, para que su forma de ser cambiara tan radicalmente? Los meses anteriores, en el Valle de Godric, fueron los más felices de mi vida; incluso a pesar de los eventuales ataques de mortífagos y la interminable búsqueda de los Horcruxes…Ronald estaba a mi lado¿qué más podía pedir…?

Pero también estaba Harry. El famoso Elegido, que salía con la hermana de mi novio…con mi cuñada. Eran tan distintos…él se había enfrentado a Voldemort, era misterioso en muchos aspectos y se hacía cargo, de una manera asombrosa, de la responsabilidad de guiar a la Orden…aún con nuestra ayuda y la de Arthur y Remus.

Pero yo estaba con Ron.

Aún así… ¿por qué lloré cuándo me dijeron que había desaparecido al rescatar a Luna y Neville…¿Por qué mis lágrimas fueron para él, y no para quién supuestamente era dueño de mi corazón y llevaba días, perdido entre muggles, completamente solo y sin ayuda?

No logro entenderlo aunque me consuela pensar que quizá se debiera a que él era nuestra única esperanza: todo estaba tan oscuro…todo resultaba tan aterrador…Todos sabíamos que sólo él podría devolvernos la esperanza: que sólo él estaba destinado a destruir al Señor Oscuro…


Jamás entenderé cómo se las arreglaba para cargar con semejante responsabilidad…pero me alegro de que lo haya hecho.

Todavía recuerdo a la perfección la noche que regresó, débil y malherido. Ya habíamos perdido toda esperanza y estábamos a punto de abandonar su casa en el Valle por que, siendo él Guardián de los Secretos, no sabíamos muy bien qué podría ocurrir si permaneciéramos allí con él en paradero desconocido. Pero mi encantamiento funcionaba mejor de lo que yo misma esperaba: consiguió abrirse paso hasta la puerta principal…yo era la única que permanecía allí. Era la única que se resignaba a abandonar aquel lugar…y no lo lamento. Un leve estremecimiento recorre mi espina dorsal cuándo se perfilan, de nuevo en mi mente, las imágenes de su sufrimiento y el tiempo que tardó en recuperarse. Todavía no me explicó cómo logré que mi magia se impusiera a aquellas heridas…

Cuando recuperó el conocimiento, me enteré de que había matado a Snape…y no pude creerlo.


Desde que todo ocurrió, apenas he vuelto a sonreír: quién logra arrancarme un gesto como ése no puede relatarlo…aún no sabe hablar suficientemente bien.

Vivimos con Víctor, y me resulta difícil imaginar que pudiésemos tener más suerte: una hermosa casa solariega en la costa, cerca de dónde Weasley se mudó a estudiar entre muggles…dónde lo encontraron muerto…

Él continúa siendo jugador de Quidditch; yo, voy por mi cuenta…Desde que Harry me mostró lo lerdos que son los empleados ministeriales, decidí no mezclarme nunca con ellos. Soy Auror…pero a mi manera. No rindo cuentas a nadie: primero ataco y, después, pregunto. Ya no tengo corazón.


Adoro nuestro cuarto. Al decir nuestro, me refiero a que lo compartimos Krum y yo…estamos casados. En realidad, no estoy enamorada; pero Molly, comenzó a darme la lata con que no podría criar a un niño yo sola, que tendría que decírselo a mis padres…pero no podía.

Matthew tiene ya casi dos años y puedo decir que tenía razón; en especial, por que no tiene la culpa de tener una madre suicida…si bien aún no se lo he contado; ni siquiera que estoy casada.

Además, fue mucho más duro de lo que nadie podría imaginar jamás: al principio, lo único que conseguía abatirme casi tanto como la muerte de Harry, fueron las caras de decepción de la gente que me rodeaba…incluso cuándo iba por la calle y la gente giraba la cabeza para ver un vientre tan abultado en alguien tan joven. La señora Weasley, aunque se preocupaba por mí y por Ginny dándonos sus mejores consejos –alguno debía conocer teniendo en cuenta que había traído al mundo a nada menos que siete hermanos-, realmente no creía lo que decía; en alguna ocasión, la oímos discutir con Arthur y Tonks, casada ya con Lupin, sobre lo difícil que nos resultaría a ambas encontrar a alguien que cuidara de nosotras… ¡Cómo si no supiese cuidarme sola…!

Ginny lo llevaba todo impresionantemente bien; yo seguía a la espera de que mi corazón volviera a la vida…

Pero, al final, me harté de todo: caridad, pena, reproches indirectos, alguna que otra lágrima y alguna que otra discusión…

Desaparecí, dedicando mi existencia a desatar mi frustración sobre las artes oscuras…no seguía el ejemplo de Mérope, pero reconozco que se me pasó por la cabeza la alarmante similitud que en más de una ocasión compartimos…

Al final, durante un frío mes de Febrero, acudí a Víctor, pues era la última persona que conocía que en algún momento demostró que yo significaba algo para él. Pocos días después de dar a luz, borré un par de memorias innecesarias, y fue más o menos entonces cuando me pidió en matrimonio. De entrada no supe muy bien qué responder…pero, algo en su forma de coger a Matthew en brazos tomó la decisión por mí, y un par de meses después, nos casamos en una discreta ceremonia.

De todas maneras, no creo que ninguno podamos quejarnos: él se encarga de prácticamente todo; nunca pregunta, es atento, cariñoso, sensible y ha mejorado bastante en intelecto…Su torpeza comienza a formar parte del pasado, aunque le duele lo poco que hablo; lo sé…pero no puedo hacer nada: no puedo olvidar. Le doy todo lo que desea, pero sigo pensando en el padre de mi niño…

Si por mi hubiera sido, me habría dejado amnésica…pero no sería muy justo, ni responsable, hacerle eso al bebé…hacerle eso a Harry.

Con Ron…no sé que pasó. No me explico qué le llevó a suicidarse…pero, con el Niño-que-vivió

Amaba a otra, amaba a Ginny…

Fue ella, y no yo, quién pronunció la maldición asesina aferrando su mano para prestarle el poder que le faltaba. Fue ella, y no yo, quién le hizo la persona más feliz de la tierra al anunciar oficialmente que estaba en estado…antes de que nos abandonara a todos.


Ahora dos lágrimas recorren mis mejillas al meditar que nadie sabe quién es el otro responsable de lo que llevé nueve meses dentro de mí… Cuando me lo dijeron en San Mungo, todos pensaron que había sido culpa de Ron…les saqué de su error, aunque no delante de él: estaba segura de que le dolería que lo acusase indirectamente de… ¿ser impotente¿no encontrarme atractiva?... ¿cómo se le llama a eso…?

La noche que me acosté junto a él para que dejara de lado el resentimiento mientras su hermana y su mejor amigo celebraban su reciente reencuentro, deseaba dejar de lado yo misma mis resentimientos…porque me negaba a admitirlos. Pero Ron no fue capaz de tomar aquello que le ofrecían voluntariamente; algo que no lamenté: ni siquiera me había sacado los pantalones y, por algún inexplicable motivo, ya estaba arrepentida. Aún así, nos dormimos para evitar oír, en lo posible, la euforia de los amantes en la habitación de al lado.

Él estaba ausente; yo, muerta de celos…

Cuando le enterramos…no podía llorar en serio: por mis mejillas solo corrían lágrimas silenciosas, de rabia, por todo lo que me había hecho.

Todas las atenciones se centraban entonces en la pequeña Weasley; incluso aunque estaba segura de que la causa de mis náuseas había ocurrido antes…


Ron desapareció, apenas terminada la ceremonia; yo me marché poco después.

Necesitaba desahogar mi frustración, mi ira y mi pena…cosas que nunca antes había imaginado siquiera que podría sentir, me estaban destrozando por dentro…Necesitaba matar.


Mi primera presa fue un Succubus: un pobre mortal había caído en sus redes de seducción, le había entregado todo lo que tenía y estaba a punto de ocupar su lugar para engendrar al hijo del demonio. Jamás había oído hablar, ni leído en ningún lugar, referencia alguna a un espécimen tan perverso…

No logro explicarme cómo le localicé tan deprisa: era como si tuviera un sexto sentido para encontrarlos; para combatirlos…cualquier ser de las tinieblas conoce mi nombre hoy en día…y lo teme como antes se temía el del Señor Oscuro. Pero el resto del mundo ya no me recuerda…He estado tanto tiempo sola que, al final, sólo Víctor me reconoció. Le supliqué –aunque él continúe diciendo que fue una amenaza en toda regla- que continuara guardando en secreto mi supervivencia…

Desde que mi cuchillo se clavó en el pecho de aquella diablesa, ha probado la sangre de vampiros, hombres lobo, arpías, Inferi, y toda clase de seres infernales.

Mi bebé ha sabido antes de nacer qué significa hacer magia para proteger…y para destruir.

Ahora vivo de noche; apenas me concedo tiempo: únicamente cuando el mal da alguna tregua. En general, solo me entregaba al sueño durante el día, durante unas pocas horas de leve descanso, pronto interrumpidas por súbitas iluminaciones en mi mente: he inventado mis propios encantamientos. He escrito un libro entero; más grande que ninguno de los que haya visto jamás…Espero que Mathy se las arregle con él…

Lo estoy disponiendo todo para cuándo llegue el momento; espero que las cartas y fotografías que hay en su interior, junto con las explicaciones de Víctor, le basten…


Voldemort acabó con mis sueños; Ron me rompió el corazón y Harry me dejó…la peor de las ataduras, pues por Matt no puedo hacer aquello que mi alma demanda; por él, estoy obligada a vivir…

Rodeada de gente, que no me conoce…sola, las veinticuatro horas del día…No puedo más: necesito acabar con este sufrimiento que me destroza el espíritu; necesito poder confiar en alguien…necesito mirar a mi marido a la cara cuándo me entrega su cuerpo y no ver la cara del Elegido

Necesito erradicar por completo el mal que cambió para siempre mi existencia.

Por todo ello: por mi bebé, por Harry Potter…

Por eso luchaba…ahora estoy cansada. Apenas he cumplido veinticinco años y me siento como si tuviera sesenta. Necesito que se reconozca mi encantamiento anticonceptivo y terminar con todo…pero no deseaba hacerlo sin antes dejar estas explicaciones.

Por Harry, por Matt, por Ron, por Víctor…para que nadie más sufra lo que yo: para que nadie más sea embrujada y olvidada.


Él ha salido.

Ha llevado a Mathy al parque…

Me duele pensar lo que sentirá, pensará o hará cuando regrese y me encuentre…pero mi decisión está tomada.

He gravado en mi memoria una imagen de mi misma explicando todo lo que se necesita explicar. Un par de lechuzas acaban de marcharse con los frascos de las réplicas: llegarán a sus destinatarios cuándo sea demasiado tarde. Otras dos copias flotarán sobre mi cadáver: una para Krum y la otra…se abrirá cuándo mi pequeño cumpla los diecisiete.

Mientras liberaba mis recuerdos he vuelto a ver el rostro de Harry…y también el de Ron. Pero necesito verlos a ambos de nuevo, y aún no se conoce el método perfecto de espiritismo, aunque lo he intentado. Dejo detrás de mi multitud de hechizos de protección para mis seres queridos.


El reloj de pared da las siete…están a punto de regresar, debo darme prisa.

He ingerido una poción para no sentir dolor físico, por eso el filo que corta mi muñeca no me lastima, aunque mi pulso está acelerado y una savia tibia comienza a manar a borbotones de mis mutiladas venas, calentándome las piernas estiradas…. Suspiro, mientras mi conciencia se va desvaneciendo, y me tumbo sobre la alfombra.

La moribunda luz del atardecer entra a raudales por la ventana abierta que también permite el paso de la brisa estival…Una vaga sensación de paz me despoja de mi mente para arrojarla al tenebroso abismo desde el que un oscuro velo me llama…susurrando…

Hermione Granger

D.E.P.