Fan Fiction: Algunos sueños…

Anime: Princess Tutu

Pareja: Ahiru / Fakir

Fecha: 24 de enero de 2007

ACTUALIZACIÓN: 16 de junio de 2008

Nota de la autora: Hola! Heme aquí, escribiendo un micro fic que me surgió luego de encontrar esta serie prácticamente sin estarla buscando… este fic no será tan largo, bueno, no planeo que lo sea… simplemente quiero un final feliz para esta maravillosa serie… ojalá y les guste eh… sugerencias y comentarios son más que bienvenidos… espero que disfruten leyendo la historia, tanto como yo he disfrutando escribiéndola.

ACTUALIZACIÓN: Como no muy me convencía este capítulo, siendo tan micro... pues le he agregado más...


Capítulo No. 1

De cómo la historia repleta de esperanza comienza

And so… a man started to write a story…

That story, overflowing with hope… had just begun.


Nuestra historia comienza un soleado día de primavera… en cualquier calle empedrada de Kinkan se podían observar hermosos botones de flores abriéndose y perfumando el espacio donde crecían alegremente.

Los distintos colores de las flores daban su toque personal a la próspera Kinkan, pareciese que finalmente la ciudad había despertado de su casi eterno letargo. Y es que desde la muerte de Drosselmeyer, parecía que la ciudad había detenido su apresurado avance hacia el futuro, simplemente se había detenido.

Pocos eran los que conocían lo que había acontecido desde la muerte del escritor, la ciudad había quedado atrapada en esa trágica historia sin final y todos sus habitantes eran partícipes de tan terrible acontecimiento, simples títeres que seguían el libreto que se les había escrito.

Poco tiempo había transcurrido desde que la historia se desvió de su libreto original y había continuado con la ayuda de un pequeño e insignificante patito y un caballero que se negó a seguir su papel.

El príncipe había matado al Cuervo, y Kinkan y sus habitantes estaban libres del hechizo que los mantenía cautivos en la historia.

El caballero, no… más bien el descendiente de Drosselmeyer, había escrito un final justo para la historia, tal como se lo había prometido al príncipe Mitho… Kinkan nuevamente seguía su ritmo normal: las puertas se habían abierto nuevamente y muchos visitantes ingresaban al pueblo.

Y aunque había en la ciudad muchos puntos de interés para cualquier joven habitante… uno en particular no gustaba de realizar ninguna otra actividad que no fuese escribir… a pesar de que la primavera se encontraba en su máximo esplendor en Kinkan, él definitivamente prefería sentarse sobre una silla a la orilla de un muelle y escribir sobre unas hojas de papel.

Hoy no era la excepción.

Fakir, el joven de cabellos azabaches y mirada seria, escribía amenamente a la orilla del muelle, nada parecía interrumpir su concentración. Tendría ya un mes desde que la historia del Príncipe y el Cuervo había llegado a su final… los primeros días se había esmerado en darle a la historia el final perfecto, habiéndolo conseguido con creces.

Se le veía sonriente al principio, al ver cómo todo seguía su curso normal, pero pasados uno o dos días, un semblante serio y preocupado se posó en su rostro: una historia en particular no se había desarrollado como él quería… y no cualquier historia, sino ESA historia.

Su mano derecha estaba impregnada en tinta, se le veía en cierta forma agotado y desesperado… un mes ya intentando inútilmente de reescribir la historia para que ésta se volviese realidad, sin conseguirlo aún.

El joven suspiró de pronto y finalmente apartó sus ojos verdes de las hojas sobre las cuales escribía con tanto afán, dirigió ahora su mirada hacia el lago frente a él ¿por qué no se cumple? Se preguntó internamente… buscó con la mirada algo sobre el agua, al no encontrarlo se incorporó y buscó más detenidamente en la orilla.

Pronto sus brillantes y cálidos ojos color esmeralda se posaron en una pequeña figura amarilla que flotaba apaciblemente en la orilla del lago, el patito amarillo movió levemente las alas y abrió un poco los ojos, esos hermosos ojos color cielo, a la vez tan humanos y amables. El patito bostezó y volvió a mover las alas, luego volvió a cerrar los ojos y quedó nuevamente serena flotando en la superficie del lago, en ningún momento se percató que estaba siendo observada.

Fakir sonrió al observarla bostezando. Le siguió observando detenidamente aún después de que el patito parecía volver a dormirse, la sonrisa del joven no desaparecía de su rostro.


Fakir abandonó la Academia y en su lugar prefiere estar todo el día escribiendo en este lago… -explicó una chica de cabellos dorados a su amiga, quien se había detenido de pronto y observaba ensimismada hacia el lago donde se podía observar a lo lejos al joven en mención- ¿Pique? –Inquirió de pronto observando curiosa a la joven de cabellos violetas, ambas recién habían salido de la Academia de Ballet.

No es nada Lillie… -respondió Pique, aún sin apartar la mirada del lago y sobretodo de Fakir- es sólo que se le ve tan triste últimamente… tan preocupado…

A Lillie le brillaron los ojos y rápidamente abrazó con fuerza a su amiga- ya sé que estás enamorada de Fakir, ya lo sé, ya lo sé… pero él parece amar a alguien más… ¿quién será? –se preguntó de pronto soltando a Pique, quien no dejaba de sobarse los brazos adoloridos por el repentino abrazo de su amiga.

Sea quien sea, es un absoluto secreto… Fakir no ve de forma especial a ninguna chica… no habla con nadie… no acepta las cartas que se le mandan con Bottom-san… -respondió Pique lentamente, no pudo evitar apartar su mirada de su brazo derecho y dirigirla nuevamente hacia el muelle en el lago, Fakir se dirigía nuevamente hacia su silla y tomaba asiento.

¿De quién te has enamorado Fakir? –Se preguntó Pique entre susurros a sí misma, luego volvió a retomar su andar, seguida de cerca por una muy concentrada Lillie, que parecía estar repasando en su mente a todas las chicas que podrían haber capturado para sí mismas el corazón de tan valioso joven.


Poco después, Fakir releía por octava vez lo que durante ese día y el anterior había escrito… no entendía por qué a pesar de tener el don de que sus historias se volviesen realidad, no podía devolver su aspecto físico a ese pequeño patito… había escrito tantas historias distintas, la única similitud entre todas ellas era que Ahiru, el patito, recobraba su aspecto humano… y esto aún no se volvía en realidad.

La primera historia que Fakir escribió luego de que Mitho se fue a su reino, fue la de Ahiru… a decir verdad tenía tanto que escribir y tan poco tiempo que decidió no esperar hasta que se cumpliese la historia de la patita, así pues siguió escribiendo… pero todas las historias que escribía se iban volviendo en realidad conforme las iba concluyendo… todas menos la de Ahiru… cuando escribió la última historia para el último personaje, ésta también se vio reflejada en la realidad… entonces ya no pudo seguir omitiendo lo que era tan obvio: la historia que más deseaba volver realidad no dejaba de ser un cuento de hadas.

Fakir suspiró nuevamente- ¿por qué no se vuelven realidad? –se preguntó en susurros, esta pregunta se la había hecho a sí mismo infinidad de veces y no encontraba aún una respuesta.

Una fría gota de lluvia le sacó de su ensimismamiento, instintivamente dirigió su mirada hacia el cielo: estaba oscuro y había empezado a correr un fuerte viento, en otras ocasiones quizá se hubiese quedado ahí mismo a recibir la fría lluvia, pero ahora no podía dejar desamparada a la pequeña ave, dirigió su mirada hacia el lugar donde ésta se encontraba.

Fakir sonrió al observar cómo Ahiru despertaba sobresaltada al sentir unas pequeñas gotas de agua caerte de pronto en su emplumado rostro, inmediatamente comenzó a dirigirse hacia la orilla en busca de su protector.

El joven se aproximó a la orilla del lago y se apresuró a tomar en sus manos a la patita, ésta rápidamente se acomodó entre sus brazos mientras sonreía aliviada- Tonta… -susurró Fakir mientras también sonreía observando a Ahiru, ésta le observó también- ¿Qué acaso no has estado todo el día en el agua? –Inquirió divertido.

La pequeña patita comenzó a mover insistente ambas alas mientras fruncía el entrecejo y pronunciaba varios "quack" en su intento por reclamarle a Fakir- está bien, está bien… -respondió el chico mientras se apresuraba a regresar al muelle y tomar sus escritos, la lluvia no tardaría en caer con fuerza.


Minutos más tarde, Fakir cruzaba Kinkan a toda velocidad intentando llegar a su hogar antes que la lluvia cayera; celosamente protegida en sus brazos llevaba a la pequeña Ahiru, que observaba sonriente el pueblo.

Pasaron velozmente frente a una tienda, no se percataron que un hombre les observaba sonriente, al ver a Fakir cruzar la esquina de un edificio y desaparecer volvió su mirada nuevamente hasta el cesto de manzanas frente a él.

¿Era ese Fakir? –Inquirió el anciano dependiente del puesto mientras miraba hacia el punto donde Fakir recién había pasado- siempre lo veo pasar por las mañanas cuando recién estoy empezando mi día y cuando ya me voy a mi casa lo veo pasar de regreso… es curioso que ande siempre con esa extraña mascota… ¿Tú se la obsequiaste, Charon?

Charon negó con la cabeza e instintivamente volvió a dirigir su mirada hacia la calle.

Cuando las gotas de lluvia ya caían insistentemente, Charon entraba a su casa. Fakir estaba ya, como era su costumbre, escribiendo en la mesa, empezaba a oscurecer en parte por la lluvia.

¿Otra vez escribiendo? –Preguntó Charon sin prestarle mucha importancia a su pregunta, por respuesta encontró un simple sí. No por que Fakir no quisiera responder, sino más bien por que ahora el joven se encontraba tan concentrado leyendo lo poco que había escrito desde que llegó del lago.

El escribir se te ha vuelvo una obsesión, me gustaría saber por qué escribes tanto… para quién escribes… -susurró Charon mientras tomaba asiento frente a Fakir, colocó la bolsa de manzanas que recién había comprado sobre la mesa- tu obsesión antes era Mitho, ¿quién es ahora? –Suspiró- me gustaría verte preocupado por tu propia felicidad, que disfrutaras de tu vida… que te preocuparas por ti… desde que te tengo a mi cuidado, has decidido sacrificarte por los demás…

Fakir apartó la mirada de las hojas y posó sus profundos ojos verdes en el rostro serio de Charon- Soy feliz haciendo lo que hago ahora –respondió tranquilamente- es sólo… -bajó la mirada a las hojas- es sólo que las cosas no están saliendo como yo desearía… -añadió mientras se ponía de pie… tomó una manzana y le dio un mordisco- sinceramente soy muy feliz ahora…

Charon sonrió mientras observaba a Fakir tomar sus cosas y dirigirse hacia su habitación en el segundo nivel- lo sé Fakir… lo sé… -dijo para sí mientras él también tomaba una manzana.


El joven entró a su habitación, definitivamente no se había percatado que la oscuridad ya había caído completamente, así que se dirigió hacia la pequeña mesa al lado de su cama, abrió una gaveta y sacó un sirio y una cajilla de fósforos, se apresuró a encender la vela y la colocó sobre un candelabro, pronto toda la habitación se iluminó levemente.

Lentamente se dirigió hacia el escritorio frente a su cama, colocó el sirio frente a él y volvió a tomar asiento, sin esperar a más volvió a retomar su desesperado escribir. Frente a él, sobre la cama, Ahiru le observaba adormitada, poco a poco se fue quedando dormida.

El silencio fue adueñándose de todo Kinkan, pronto Fakir no pudo pasar inadvertido el hecho de que, otra vez, estaba desvelándose hasta altas horas de la noche sin obtener algún resultado positivo.

Pero, ¿por qué quería de vuelta a Ahiru? Esa pequeña niña torpe en casi todo lo que hacía, y sobretodo entrometida…

Fakir suspiró, recordaba ciertos momentos de su vida donde Ahiru le había demostrado cuán torpe podría llegar a ser. De pronto, un recuerdo inundó su mente, un recuerdo en el cual el pequeño patito había estado acompañándole… la primera vez que él lloró y dejó que le acompañaran en su dolor… y aquella vez donde había escuchado la voz de Ahiru en lo profundo de aquel roble.. Y la vez donde él bailó junto a ella, no le importó que fuese torpe… había algo en Ahiru… -sonrió sin siquiera notarlo.

De pronto observó la cicatriz en el centro de su mano derecha, era una profunda cicatriz, tiempo atrás había sido una herida muy dolorosa…

¿Qué es? –Se preguntó- ¿Esto es…? ¿Acaso podría ser…? –Instintivamente dirigió su mirada hacia su cama, donde dormía el pequeño patito- ¿Qué siento por Ahiru? Podría ser… ¿amor?


Unas calles lejos de la casa de Charon, un lúgubre carruaje se abría paso en la noche. El rechinar de las ruedas de madera y el casco del caballo rebotaba en las paredes frías. De pronto se detuvo y un misterioso personaje descendió con elegancia. Dirigió su mirada hacia el lugar donde se encontraba el lago… -creí que jamás volvería a Kinkan… -susurró mientras esbozaba una maliciosa sonrisa…- Muy pronto nos veremos… –Susurró.


La versión original (24 de enero de 2007) dice así:

Un joven de cabellos azabaches escribía amenamente sobre unas hojas de papel, estaba recostado sobre una silla a la orilla de un muelle, nada parecía interrumpir su concentración.

Su mano derecha estaba impregnada en tinta, se le veía en cierta forma agotado y desesperado.

El joven suspiró de pronto y finalmente apartó sus ojos verdes de las hojas sobre las cuales escribía con tanto afán, dirigió ahora su mirada hacia el lago frente a él, buscó con la mirada algo sobre el agua, al no encontrarlo se puso de pie y buscó más detenidamente en la orilla.

De pronto sonrió al encontrar flotando apaciblemente un pequeño patito amarillo. Le observó detenidamente unos segundos, la sonrisa no desaparecía de su rostro.

Ahiru… -susurró, y como si de pronto hubiese recordando una terrible preocupación, volvió rápidamente a ocupar su posición inicial: sentado retomaba su desesperado escribir.

Fakir, el joven que escribía con tanta urgencia, no entendía por qué a pesar de tener el don de que sus historias se volviesen realidad, no podía devolver su aspecto físico a ese pequeño patito… había escrito tantas historias distintas, la única similitud entre todas ellas era que Ahiru, el patito, recobraba su aspecto humano.

Fakir suspiró nuevamente- ¿por qué no se vuelven realidad? –se preguntó en susurros. Mientras se preguntaba varias veces la misma pregunta, observó que se aproximaba una tormenta. Se puso de pie y recogió todas sus cosas: este día tampoco había tenido un final feliz.

Se aproximó a la orilla del lago. Ahiru dormía aún, mientras flotaba en el agua. El joven la tomó entre sus brazos y el pequeño patito abrió los ojos y observó alegre a Fakir, parecía no molestarle su nuevo aspecto mientras estuviese acompañada.


Minutos más tarde, Charon entraba a su casa… Fakir estaba ya, como era su costumbre, escribiendo en la mesa, empezaba a oscurecer en parte por la lluvia.

¿Otra vez escribiendo? –Preguntó Charon con preocupación, por respuesta encontró un simple sí.

El escribir se te ha vuelvo una obsesión, me gustaría saber por qué escribes tanto… para quién escribes… -susurró Charon mientras tomaba asiento frente a Fakir, el joven no detenía su escribir- tu obsesión antes era Mitho, ¿quién es ahora? –Suspiró- me gustaría verte preocupado por tu propia felicidad, que disfrutaras de tu vida… que te preocuparas por ti… desde que te tengo a mi cuidado, has decidido sacrificarte por los demás…

Fakir apartó la mirada de las hojas donde escribía y observó un momento a Charon- Soy feliz haciendo lo que hago ahora –respondió con frialdad y se puso de pie, tomó sus cosas y se dirigió hacia el segundo nivel.


Entró a la habitación, una pequeña vela iluminaba todo alrededor, cerró lentamente la puerta tras él: las palabras de Charon le habían hecho enfadarse… pero ¿enfadarse con quién? Sabía que en el fondo, Charon tenía razón.

Lentamente se dirigió hacia el escritorio frente a su cama, colocó todas sus cosas y volvió a retomar su desesperado escribir. Frente a él, sobre la cama, Ahiru le observaba adormitada, poco a poco se fue quedando dormida.

El silencio fue adueñándose de todo Kinkan, pronto Fakir no pudo pasar inadvertido el hecho de que, otra vez, estaba desvelándose hasta altas horas de la noche sin obtener algún resultado positivo.

Pero, ¿por qué quería de vuelta a Ahiru? Esa pequeña niña torpe en casi todo lo que hacía, y sobretodo entrometida…

Fakir suspiró, recordaba ciertos momentos de su vida donde Ahiru le había demostrado cuán torpe podría llegar a ser. De pronto, un recuerdo inundó su mente, un recuerdo en el cual el pequeño patito había estado acompañándole en su dolor… la primera vez que él lloró y dejó que le acompañaran en su dolor… y aquella vez donde había escuchado la voz de Ahiru en lo profundo de aquel roble.. Y la vez donde él bailó junto a ella, no le importó que fuese torpe… había algo en Ahiru… -sonrió sin siquiera notarlo.

De pronto observó la cicatriz en el centro de su mano derecha, era una profunda cicatriz, tiempo atrás había sido una herida muy dolorosa…

¿Qué es? –Se preguntó- ¿Esto es…? ¿Acaso podría ser…? –Instintivamente dirigió su mirada hacia su cama, donde dormía el pequeño patito- ¿Qué siento por Ahiru? Podría ser… ¿amor?


Unas calles lejos de la casa de Charon, un lúgubre carruaje se abría paso en la noche. El rechinar de las ruedas de madera y el casco del caballo rebotaba en las paredes frías. De pronto se detuvo y un misterioso personaje descendió con elegancia. Dirigió su mirada hacia el lugar donde se encontraba el lago… esbozó una maliciosa sonrisa…- Te he encontrado –Susurró.