Surrender the Grey

Renunciar al Gris

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Por:

Emma Grant

traducido por:

Perla

Clasificación: NC-17

Sumario: Draco Malfoy regresa a Londres después de cinco años de auto-exilio para empezar una nueva vida al lado de Harry. ¿Podrán los secretos del pasado destruir todo por lo que han luchado?

Secuela de: Left My Heart. El fic tiene mucho más sentido si lees LMH primero, aunque éste puede comprenderse por sí mismo hasta cierto punto.

Negación: Los personajes no me pertenecen y no intento usurpar derechos de autor.

Primera versión: Completada el 2 de noviembre del 2005. (Colocada del 2 de marzo al 2 de noviembre del 2005).

Versión final: Colocada del 7 al 24 de enero del 2007.


Notas de Emma Grant, Autora:

1. Gracias a Jedi Rita, Hazel Hawthorne y a Charlotte Sometimes por betear capítulo a capítulo la primera versión de esta historia. Gracias a Jedi Rita, Little Snitch, Tip Gardner y a Lusiology por betear la segunda versión (y a Lusiology por corregir el inglés británico). MUCHAS gracias a toda la gente que leyó y comentó la primera versión de esta historia durante los ocho meses en los que fue escrita y colocada. ¡No tengo palabras suficientes para agradecerles el apoyo y los ánimos que me dieron! Esto es para todos ustedes.

2. Aunque la primera parte de esta historia sólo toma en cuenta el canon hasta La Orden del Fénix, me robé algunas buenas ideas de El misterio del Príncipe, ya que eran mejores que las mías…


Nota de la traductora:

Bueno, creo que este fic no necesita presentación. Desde mi humilde punto de vista, es una de las obras más geniales que leído de nuestra pareja favorita. Espero que lo disfruten y se emocionen tanto como yo cuando lo leí por primera vez.

Un millón de gracias a Emma Grant por tenerme la confianza de permitirme traducir sus obras. Aparte de ser la mejor escritora de fanfiction que he leído, les puedo asegurar que es un ser humano maravilloso. Si gustan pueden escribir los reviews dirigidos a ella, ya que entiende español y también los leerá.

Gracias de todo corazón a Allalabeth y a Clau Felton Black por su maravillosa ayuda al betear, su apoyo incondicional y sus consejos. Besos a ambas.

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P R Ó L O G O

-Hola, Draco.

Draco Malfoy se tensó ante la cercanía de la voz… tan altiva y fría como la recordaba. Se giró y se ciñó su abrigo sherpa más apretadamente, mientras fingía su mejor sonrisa presuntuosa.

-Padre. Siempre es un placer.

-Ha pasado casi un año desde la última vez que nos vimos. Has estado escondiéndote de mí, Draco. –Lucius sacudió la cabeza como si regañara a un niño desobediente. Lucía tal y como su hijo lo recordaba.

Draco sacó un cigarro del paquete que estaba en su bolsillo y lo encendió con un movimiento de mano. Observó la cara de Lucius, pero no hubo ninguna reacción a su despliegue de magia sin varita. Le dio una larga calada y sopló el humo en dirección a su padre. –Te llevó mucho tiempo darte cuenta.

-Por lo que veo sigues empeñado en suicidarte. –Lucius agitó una mano enjoyada para alejar el humo. –He venido a hacerte una oferta. Te sugiero que escuches con cuidado.

-También me alegro de verte, padre –refunfuñó Draco. Deseaba fervientemente que su cigarro fuese un porro. Estaba demasiado sobrio como para soportar eso.

Lucius ignoró el comentario. –Me he enterado de que estás involucrado con Harry Potter y que él está aquí, en San Francisco.

-No sabes de lo que estás hablando.

-Y sé cuando estás mintiendo, hijo. Siempre lo he sabido.

-¿Por qué te interesa con quién estoy follando? –Draco se llevó el cigarro hasta los labios.

-Cuando es alguien como Potter, no puedo hacer la vista gorda a la perversión de mi hijo.

Draco le sonrió con afectación. -¿No toleras imaginarme inclinado ante el Niño-Que-Vivió?

El rostro de Lucius se enturbió por un instante antes de que forzara una gélida sonrisa. –Seguramente entiendes lo importante que es Potter. Todo depende de que él permanezca bajo la influencia del hechizo sofocante en el Ministerio de Magia. Ya ha estado en San Francisco demasiado tiempo.

-Se irá pronto –respondió Draco. –No es un problema. Estará de regreso en el Ministerio de Magia el próximo lunes, trabajando bajo la mirada vigilante de tus peleles.

La sonrisa engreída de Lucius era una oda al autodominio. –Estoy aquí para hacerte una oferta, Draco. No has hecho más que negarte a mis intentos de reconstruir nuestra relación…

-Porque insistías en llamarme pervertido, chupapollas y puto marica delante de mi madre.

-… pero estoy dispuesto a hacer un último esfuerzo –continuó Lucius con voz tirante. –No podemos arriesgarnos a que Potter escape otra vez de los límites de nuestra influencia. El mundo todavía no está listo para conocer los planes del Señor Oscuro.

-¿Y por qué debería yo ayudarte? Ni siquiera me dirás cuáles son esos planes. –Draco arrojó la colilla del cigarro al pavimento y la apagó con su zapato.

Lucius dio un paso adelante y acarició la mejilla de Draco con un dedo enguantado en negro. –Todo a su debido tiempo, muchacho. Hay algo que quiero que hagas.

Draco no se dejó intimidar. Sostuvo la helada mirada de su padre. –No he cambiado de opinión. No tengo intención de…

-Todo lo que te pido ahora es que ayudes con la captura de Potter –lo interrumpió Lucius. –Sabemos dónde está. Podemos atraparlo fácilmente, pero necesitaremos tu ayuda para controlarlo, para convencerlo de que coopere.

Draco miró hacia otro lado y frunció los labios mientras pensaba. Mientras ganaba tiempo, la verdad sea dicha. –Puedo asegurarte que regresará muy pronto al Reino Unido –dijo. –Me encargaré yo mismo de que lo haga. Y entonces… -Respiró un poco. –Entonces reconsideraré tu oferta.

Lucius arqueó una ceja. -¿Mi oferta?

-No me hagas repetirlo, padre –respondió Draco, luchando por mantener el mismo tono de voz. –Dudo que tu obtusa mente pueda soportar el imaginar los detalles.

Lucius apartó la vista. –A pesar de que aprecio tu entusiasmo, eso ya no será necesario. El plan ha cambiado. No requerimos más de tus servicios.

Draco apretó las mandíbulas. Esa había sido la única carta que podía jugar.

-No, Draco, lo que queremos de ti es tu ayuda para atrapar a Potter. Lo sorprenderemos esta noche. Cuando lo tengamos, te contactaré de la manera habitual.

Lucius se inclinó y besó a Draco en la mejilla. Los labios de su padre se sintieron helados sobre su piel y Draco tuvo que suprimir las ganas de sacudirse. La sonrisa de Lucius era glacial. Observó a Draco un momento más, entonces dio la vuelta y se alejó.

Draco esperó hasta que su padre se perdió de vista y entonces se recargó contra la pared, aterrorizado. Tenía que tomar una decisión… una que había deseado aplazar durante mucho tiempo más.

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Draco se sentó en la cama, con el corazón latiendo furioso y la adrenalina viajando por sus venas, despertándolo de golpe. Se apretó la frente con las palmas de las manos.

Estaba en Londres. Eso había terminado. Su padre no había capturado a Harry. Todo iba a estar bien.

El colchón se movió a su lado. Draco sintió una mano tibia rozar su muslo y viró la cabeza. El cabello oscuro de Harry era apenas visible bajo el edredón, sobresaliendo en distintas direcciones. Draco giró sus piernas a un lado de la cama, dudando en abandonar su calor. La habitación estaba helada.

-¿Draco…? –escuchó murmurar detrás de él. -¿Estás bien?

-Sí –susurró. Había tenido esa pesadilla varias veces durante la última semana y cada vez era lo mismo. Siempre la conversación con su padre, repetida a detalle. Y cada vez, no podía cambiar el resultado, así como tampoco la angustiosa sensación que no lo dejaba en paz.

Se levantó y fue a la cocina. El vaso de agua que se bebió no lo ayudó en absoluto, pero tenía que hacer algo para conseguir una excusa por haber dejado la cama y demorar su regreso. Las luces de las farolas de fuera proyectaban sombras extrañas a través de las persianas y Draco se estremeció. Era apenas la segunda vez que dormía en el apartamento de Harry… tal vez esa era la raíz de su malestar.

Se detuvo a usar el baño antes de deslizarse otra vez bajo el edredón. Harry se volvió hacia el otro lado, dándole la espalda a Draco y empezó a roncar con suavidad. Draco miró fijamente hacia el techo y casi deseó no ser capaz de dormirse de nuevo.