Los personajes no me pertenecen... son de Masami Kurumada...

Previamente me disculpo... no pude evitar pensar en esto... claro que ya hemos visto suficientes fics de este tipo... pero... oh! Por los dioses!! ¿Cómo evitarlo?

Espero que al menos se diviertan un poco!

Por cierto, se acerca el final... o algo así... así que este capi es más bien para aclarar algunas cosas... y poner otras en la balanza... ojalá les guste...

EL SECRETO MILENARIO DE LOS LEMURIANOS...

Cuando se sentaron a desayunar, eran, por fin, una familia...

Durante más de una semana hicieron el amor cada noche, hasta el amanecer... pero algo raro ocurría con el joven peliazul. Al principio, Mü no se dio por enterado, pero luego, la extraña tristeza en los ojos azules de su amante, terminó por preocuparlo...

En ese momento se encontraban jugando con los bebés en el suelo cubierto de césped del jardín interior del templo. Rodeados de vida, los niños florecían. Milo los tenía a ambos en una mantita entre sus piernas. Entonces llegó el alquimista y se acuclilló a su lado

-¿Se puede saber que te pasa? –lo abordó el lemuriano, quitándole al niño- has estado raro... yo pensé... que... después de estar juntos, estarías más feliz... pero estás raro...

-¿Te parece? –Milo no pudo contenerse más – solo estoy pensando...

-Eso me asusta –Mü lo miró, fingiendo espanto y contrariedad- ¿Qué te traes?

-¡Mü! –el ojiazul quitándose del sol, se sentó en el borde de una columna, con la niñita agitando brazos y piernas con indecible felicidad en su regazo- es que... bueno... ¿Sabías que Shura y Aioros ya son pareja?

-¡¿Cómo?! –la expresión alborozada del lemuriano le hizo reír- ¿Y desde cuando?... ¿Cómo?...

-En realidad no tengo muchos detalles. Pero así es –Milo miró al cielo, contento- cuando fuimos al centro comercial, ellos iban juntos. De la mano. Y Shura lo besó enfrente de todos... ¡De todos!... la verdad, sentí envidia... y alegría al mismo tiempo.

-Se lo merecen –comentó Mü, colocándose en un hueco a su lado- hace mucho que sienten eso. Y cuando Aioros murió, fue como si Shura se apagara por dentro...

-Shura lo mató –Milo se entristeció de repente- su mejor amigo, el hombre que amaba lo mató. Y ahora han dejado todo eso, y están juntos...

-Shura lo hizo cumpliendo con su deber –Mü observaba la expresión triste de su compañero- ¿Acaso nosotros no hubiéramos hecho lo mismo?

-Supongo que sí –el caballero de la octava casa dejó el tema, y se puso a jugar con su hija, no fuera a ser que se le escapara la tristeza por los ojos- ¡Hermosa!... una sonrisita, vida mía... a ver...

El alquimista no le quitaba los ojos de encima. Había prestado mucha atención a todas las palabras del griego, y se preocupó.

A pesar de lo ocurrido aquella noche, Milo actuaba raro. No hacía nada delante de nadie. No lo tocaba incluso, si no era en privado. Ni siquiera delante de Kikki. En ocasiones lo atrapaba observándolo con infinita ternura, y las manos del griego se movían casi por inercia, hacia su rostro o su cuerpo, pero jamás llegaban. Jamás. Le hacía el amor en su recámara, en secreto, en privado. Pero el alquimista sabía que Milo era un ser físico... ¿Estaba triste por eso?... Milo pensando en él, todo el tiempo en él... y aunque al peliazul le dolía la distancia, la soportaba para no alterarlo...

-¿Quieres ir a visitar a alguno de los muchachos? –Mü sobresaltó al griego con la repentina pregunta- Tal vez Aldebarán haya preparado algo rico, y podamos asaltarlo... ¿Te gustaría?

-Sí, claro –Milo se levantó, y le quitó al niño de las manos- pero ve a avisarle a Mara. Y asegúrate de que se acueste un rato.

-Ajá. Espérame. Traeré las cosas de los niños –Y Mü salió, veloz, a informar a la mujer.

Ella se dispuso a descansar para esperarlos.

Mü salió de nuevo, con un par de pañaleras en manos. Una rosa y una azul... y el portabebés doble que les regalaron. Milo no pudo evitar una sonrisa al verlo.

Bajaron casi en silencio. En cada casa se detuvieron a saludar, y a que sus compañeros acariciaran a los niños. No había uno capaz de resistirse a sus nuevas y radiantes risitas desdentadas...

En la casa de leo, estaban Aioros y Shura conversando animadamente con Aioria. Las carcajadas de los tres resonaban a lo lejos. Mü no pudo evitar echar una mirada furtiva al hombre a su lado. Le pasó la mano por la espalda, lo que sobresaltó a Milo. Se miraron, pero el peliazul no hizo nada más.

-¡Bienvenidos! –gritaron al unísono los hermosos hermanos de ojos verdes, mientras Shura se levantaba para abrazar a modo de saludo a los recién llegados- ¡Que maravillosa sorpresa!

-Hola, mis queridos amigos – era la primera "salida" del alquimista, desde su parto- me da gusto estar de regreso...

-¿A dónde iban, hermanos? –Shura, que no soltaba los hombros de Milo, captó el destello triste en sus ojos- ¿Van a quedarse un rato?

-Bueno, teníamos la idea de asaltar a Alde –Mü rió

-¡OH!, eso no será posible – aclaró Aioros, quitándoles a la niña- Alde está en una misión. Atenea lo envió a revisar unos disturbios en la ciudad vecina. Aparentemente confía en que su solo tamaño aleje a los delincuentes

-¡Vaya! –Milo vio como le era arrebatado su hijo por el otro castaño. Shura seguía abrazándolo- entonces espero que no haya problema si nos quedamos un ratito. – ya sin el bebé, Milo pudo responder al abrazo del español, pasando el brazo por el costado, para atraerlo hacia sí. La gentileza del gesto llamó la atención del lemuriano, que no dijo nada.

Shura no dejaba de mirar al escorpión. De pronto, con suavidad, se separó de él y fue a donde Aioros. Así, de la nada, le rodeó la cintura con un brazo, y pegó su frente a la del muchacho, para acariciar a la niña. Lucían tal y como lo que eran... una hermosa pareja de enamorados...

Milo suspiró. Shura entendió.

Aioria, más receptivo de lo que imaginaran, también captó todo, aunque no dio señas de ello. Entregó al niño a Shura, y le tomó la mano al alquimista, en un gesto meramente fraternal, para obligarlo a ir con él a la cocina...

-Me da tanto gusto que estén aquí – comentó el león animadamente- hace mucho que no sales, Mü. ¿Cómo te has sentido?

-Excelente –El alquimista se sentó a observarlo preparar una bandeja con bocadillos- estamos mejor que nunca...

-Oye, y la gran sorpresa es lo buen padre que Milo resultó ser –el castaño se giró para buscar una cuchara grande- Siempre ha sido un hombre cariñoso, muy físico... supongo que no se cansa de manosear a sus pequeños...

-No, no se cansa –Mü cayó en cuenta. Físico. Cariñoso – es muy dulce, y es un gran compañero. ¿Y como estuvo esto de tu hermano y Shura?

-¿Cómo que como? –Aioria soltó una carcajada feliz- ¿Pues como iba a ser?... ¡todos sabíamos que tenía que pasar!

-Pero... ¿Te pareció bien? –Mü necesitaba oír esa respuesta

-¿Bien? –El castaño le miró, desconcertado- ¿y por que no iba a estarlo?... son dos hombres adultos, han estado enamorados desde hace mucho... y mi hermano nunca había sido tan feliz. El amor lo cambia todo amigo...

-El amor –repitió Mü en un susurro

-Sí. ¿Cómo no iba a estar bien?, hay gente que nació para estar junta. Lo único antinatural es que se nieguen a eso, por que niegan su propia naturaleza, y niegan sus sentimientos. Eso si que es asqueroso. Una estupidez. Pero Shura ha madurado. Él se acercó a mi hermano, ¿Sabes?...

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Flashback…

Aioros y Aioria recuperaban el tiempo perdido. No dejaban de hablar, de tocarse, para asegurarse que el otro estaba ahí. Ahora Aioria era el mayor, pero no dejaba de sentirse como un niñito junto a su hermano. Apenas si se percataban de que los demás existían.

Shura los observaba todo el tiempo. En ocasiones se acercaba a ellos.

En esas ocasiones, Aioros se aturdía. Aioria no podía dejar de reír al verlos.

Una tarde, cuando los mellizos cumplían un mes, Aioria se inventó un encargo, y se fue, dejando solo a su hermano en el templo de Sagitario. Shura permanecía sentado en su portal, con la vista fija en la puerta trasera del templo que le precedía. Atisbaba cualquier indicio de movimiento dentro.

Al fin, Aioria salió a llamarlo. Lo había sentido, y sabía que necesitaban hablar.

-¿Quieres pasar? –La voz de Aioria, firme, juvenil, llena de vida- Vamos amigo mío, necesitamos una buena charla...

-¿Me invitas a tu templo, cuando... cuando yo...? –Shura bajó los ojos, consternado

-Shura... –Aioros puso ambas manos en los hombros del peninsular, eran igualmente altos- ¿Cuándo va a entender que eso no me importa?... hiciste lo que debías. No estabas enterado de la verdad...

-Yo no quería hacerte daño, Aioros... yo... yo te... – no pudo continuar, por que un sollozo escapó de sus labios- Aioros...

-Yo también, Shura –La voz del joven sagitario resonó en su cabeza, haciendo que se tambaleara- yo también... y por eso... no importa... ahora estoy aquí, vivo, feliz de verte de...

Lo que fuese que pensaba decir, no salió de sus labios, por que el hermoso español le había atrapado en un beso tan profundo y enardecido, que no se dieron cuenta de cuando Aioria, Afrodita, Camus y Dokho llegaron junto a ellos.

Shura no podía parar.

Y Aioria no perdió a su hermano, sino que ganó un nuevo inquilino, ya que se la pasaban los dos en su templo. Y le resultaba hilarante ver las miradas ardientes que el español le dedicaba a su hermanito. Y le causaba cierta impresión atraparlos en algo más íntimo... pero le alegraba.

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Mü salió de la cocina con mucha información, y con una gran sensación de culpabilidad en el pecho. Peor aún cuando vio la escena que se protagonizaba en la sala. El empujoncito que Aioria pensó que le daría, prácticamente se convirtió en un salto al vacío sin paracaídas en cuanto tuvo ante sí, la escena siguiente...

Camus había llegado, acompañado de Afrodita.

Afrodita jugaba con los niños, ayudado de un largo collar de brillantes cristales. Shura besaba a Aioros sin mucho recato en una esquina de cuarto, a menos de un pelo de protagonizar un porno yaoi home video...

Milo estaba acomodado en un diván, con Camus sentado entre sus piernas, recargando la espalda en el pecho del escorpión, y conversaban animadamente. El griego rodeaba el cuello del francés con sus brazos mientras ambos contemplaban a los niños y a la pareja que escenificaba un interesante hard core ahí mismo. La escena destilaba intimidad y afecto.

Aioria colocó la diestra en el hueco de la curvatura de la espalda de Mü, con mucha suavidad.

-Te dije. Milo es muy físico. Es la clase de persona que necesita que la toquen para reafirmar su confianza. Es único... –Aioria notaba el distanciamiento corporal entre sus amigos- ¿Por qué no haces lo que Shura? –y sin darle tiempo a impresionarse, se alejó rumbo a Afrodita.

Camus observó el rostro del alquimista. Estuvo tentado a separarse de su amigo en ese instante, pero algo, instinto tal vez, o tal vez que conocía demasiado bien a su mejor amigo, se lo impidió, y permaneció donde estaba. Milo necesitaba el contacto. Lo necesitaba con desesperación.

-¿Están cómodos? – el tono venenoso del alquimista no pasó desapercibido para nadie- Si quieres me voy con los niños... para que lo gocen bien...

-Sí, estamos cómodos –Milo lo miró, inquieto- pero no tienes que irte, Mü... ¿Verdad querido cubito? –dijo a Camus, amorosamente

-No, no tienes que irte –Camus decidió aprovechar la situación- ¿Por qué mejor no tomas mi sitio?...

-Eh... eh... esto... yo... –Mü palideció. Sí que lo quería. Pero delante de todos le resultaba embarazoso, por irónico que resulte el término- yo no...

-Vamos, cono de helado, –Milo reconvenía a Camus, mientras le acariciaba la sien con ternura- sabes bien que Mü no es así...

-Pero con Aldebarán siempre fue de lo más cariñoso –comentó Afro, captando el camino por donde iba todo- ¿Verdad, Mü?... siempre se abrazaban. Muchas veces vi a nuestro enorme y manso Toro en la misma posición que están ustedes, pero con nuestro hermoso alquimista...

-Es que Aldebarán y yo somos amigos –soltó imprudentemente el lemuriano- y nosotros...

-¿Y que son Milo y tú? –Shura se había apartado de su amante, y le enfrentaba con delicadeza- ¿Conocidos?...

-¡No!... nosotros somos... somos –Mü calló

-Somos padres –interrumpió el peliazul, animosamente- y amigos. Y ahora, Shura, sigue succionando a tu compañero, que la escena me estaba prendiendo... Afro, ten la bondad de avocarte a divertir a mis hijos, y Aioria...

-¿Qué? – el castaño lo miró con diversión

-Sírveme de esa agua... tengo la boca seca y otras partes bien calientes... –señaló con un gesto a Aioros y Shura, que se sonrojaban al mismo tiempo- de tanto ver a estos dos calenturientos...

Camus, tras unos minutos, se levantó de su sitio para ir a donde los niños. Afro se ofreció amablemente a cambiarlos de pañal. Todos fueron a la recámara para tal cometido, dejando solos a Milo y a Mü.

Una serie de alaridos salieron de la recámara, haciendo que el peliazul se carcajeara.

Sí. Esos caballeros estaban descubriendo aquellas notables diferencias entre niños y niñas que habíamos mencionado en un capítulo anterior. Y sí, casi caen en pánico. Pero se esforzaron con valentía y no salieron huyendo...

-Para que la piensen bien para la otra –comentó Milo al aire- ¡valientes hombres!

-Milo –Mü se sentó a su lado- ¿Necesitas eso?

-¿Qué cosa? –esta vez no le había entendido.

-Afecto... caricias... esas cosas –Mü lo miraba de frente, tranquilo

-Sí. Ya sabes como soy –Milo le tocó levemente el dorso de la mano a su alcance- pero no te preocupes. Jamás volveré a ponerte en otro predicamento, amor mío...

-A Camus le dices querido, hermoso, etc... –Mü se ruborizó de celos- y a mi me llamas por mi nombre...

-¿Puedo llamarte amor, delante de ellos?-el griego señaló a la recámara- yo creo que eso no te gustaría...

-Dame una oportunidad, Milo –Mü le obsequió un leve roce en los labios- inténtalo

-¿Qué hay de ti? –Milo se enderezó para que sus rostros estuvieran muy cerca- ¿te darás la oportunidad?... soy peor que Shura, querido mío... y no sé si estés preparado...

-Pruébame...

En eso, sus amigos salían. La odisea terminaba y el bello afrodita lucía verde. No combinaba con su pelo, y eso era lo que más le mortificaba.

Era la señal del escorpión.

Pero lo malo fue, que no pudo hacerlo. Quería, pero no podía. Así nada más. Los problemas con el alquimista, desde aquella fatídica noche no hacían más que aumentar cada vez que él se le olvidaba lo de la privacidad absoluta. Física o espiritualmente. La verdad ya no tenía muchas fuerzas como para resolver un nuevo conflicto.

El escorpión estaba preparado para tener a Mü, solo cuando éste lo quisiera. Solo cuando no lo tomara como un pecado. También estaba preparado para mantenerse físicamente alejado de él delante de los demás. Pero, si lo tocaba y luego el carnero, ya a solas, se ponía dramático al respecto, no creía poder tolerarlo...

-¿Qué pasa Milo? – Mü esperaba, preocupado. Había creído que se besarían, y de pronto Milo se detuvo- ¿No lo harás?

-No estamos listos, carnerito – Milo alzó la diestra, rumbo al rostro del carnero, pero no llegó a tocarlo, tampoco- además, todos nos miran... ¿Ves?

-No importa... por favor... –Mü imploraba, ya asustado- no importa que nos vean...

-Sí importa –Milo le sonrió tristemente – si no... ¿Por qué no das tú el primer paso?... ¿Por qué tengo que ser yo?, ¿Para poder culparme luego?...

-¡No! Eso no –Aries, desesperado, tomó las mejillas del escorpión entre sus manos tibias- ¿No te has dado cuenta?... no...

Justo cuando Mü iba a romper el espacio que los separaba, los bebés comenzaron a llorar desconsoladamente. Milo se apartó y fue con ellos. Tenían sueño. Tomó a Agib, mientras Shura acunaba a Lati.

Ambos caballeros caminaban rítmicamente alrededor de la habitación. Milo entonó dulcemente la musiquilla de aquella bonita canción de cuna que Alde solía cantar. No sabía la letra, pero los mellizos gustaban de la tonada. Milo poseía una voz clara, suave. Cantaba muy bien. Incluso Shura, por un momento perdió el ritmo en su paseo.

Mü seguía en su sitio, escuchando.

-Que voz – Dijo Aioros, genuinamente asombrado- ¡que buena voz!

-No sabía que cantaras –Afrodita y los demás hablaban en susurros- y que bonita música...

-Es una canción de Aldebarán –contestó el lemuriano, ya que Milo no quería dejar el ritmo- a los bebés les gusta.

-Milo siempre ha cantado bien –Camus lucía orgulloso de su amigo- de hecho, hay pocas cosas que no haga bien...

-¿No se te hace que lo admiras mucho? – Aioria preguntó, maquiavélicamente, esperando la respuesta del lemuriano- aunque es un ejemplar digno de admirar...

-No. Solo lo justo –Camus no perdía la calma con facilidad- es mi amigo, y lo conozco mejor que nadie. Y conozco sus virtudes y sus defectos. Pero esa es la base del amor que le tengo... y no me van a negar que tiene una hermosa voz, y un hermoso carácter, aunque antes era bastante pervertido...

Las risas ahogadas de todos calmaron un poco los ánimos de Mü. Eso hasta que Camus continuó, como que no quiere la cosa:

-¡Por Atenea! –murmuró Camus, fingiendo indignación- ¡no tengo idea como evité sus avances!... siempre ha sido tan ardiente... ¿Cómo contenerlo?

-¡¿Quieres decir que nunca lo hicieron?!-Aioros reía disimuladamente-¡pero eso es imposible!... Milo se despachó casi a todo el santuario. Yo me salvé por que estaba muerto...

-Y Dokho por que era una pasota –Milo se detuvo frente a ellos, con el niño bien dormido ya- y Alde, por que... Bueno... Alde me da un poco de miedo... con Saga no sabría decirlo creo que él no se salvó, aunque... además nunca se sabe con esos dos... igual pudo ser que me enchufara a Kannon, creyendo que era Saga... y...

-¿Y yo? –Mü lo miraba un poco más alegre- ¿Por qué me salvé yo?

-¿De que estás hablando?- Milo alzó un poco al niño, como quien eleva un trofeo de guerra- ¿Y esto que es?

La alegría regresó a ellos. Acostaron a los mellizos en la cama de Aioria.

-Y no respondiste, amigo –soltó Camus, en cuanto regresaron Shura y Milo a la habitación, con ellos- ¿Por qué no Mü?

-No molestes, hielito – Pero, contrario a su tono, Milo se sentó junto a Camus en el sofá, y se recostó colocando la cabeza en el regazo de la vasija, quien se limitó a apoyar la mano izquierda en el pecho del escorpión- ¡No me moleste nadie!...

-Dinos, Milo... ¿Por qué no Mü? –Afro agitó con un grácil movimiento su melena celeste, y se acomodó en un cojín, en el suelo

-Sí... ¿Por qué no? –repitió el carnero

-Por que por ti sentía otra cosa, carnero – Milo le sonrió con dulzura- Por eso... solo por eso no quería alejarte...

-Vaya...

De pronto, y para gran consternación general, todos, casi al mismo tiempo, se dieron cuenta de algo...

Habían unos cuantos que no fueron mencionados en la lista de los "nos" de Milo. Los ojos bien abiertos de Camus, Mü y Aioros se posaron en los rostros de repente falsamente divertidos de los otros...

-¿Shura? – murmuró Aioros - ¿Tú?...

-¿Afrodita? – ése fue Mü

-¿Aioria? –Camus, esta vez sí que perdió la impasibilidad

-¡¿MASCARA?! –el nombre salió de todas las bocas al mismo tiempo exceptuando únicamente a Milo... con el mismo tinte de horror e incredulidad...

Los aludidos rieron con ganas, tratando de no hacer mucho ruido para no despertar a los diminutos durmientes.

Máscara, quién leía en su templo, estornudó con fuerza, repentinamente. Y sin querer, evocó al escorpión con aquel maravilloso y ajustado pantalón de cuero, atado a los postes de su cama... ¿Por qué sería?

-Y Shaka también... y no te hagas Camus –contestó el escorpión, al fin- no te hagas... igual no te escabeché completo...

-¿Shaka? –Mü casi gritó- ¡¿Shaka?!... ¿Pero cuando... como...?? ¿Qué rayos pasa aquí?

Esa noche habría muchas conversaciones airadas, cuando las respectivas parejas estuvieran a solas... Shaka meditaba en su templo, en completa serenidad con su entorno, cuando un gran estornudo le interrumpió. Se ruborizó tanto, que la cara le ardía...

¡Shaka de Virgo! - La voz del lemuriano, un síquico tan poderoso que podía romper la barrera del tiempo que lo separaba del mundo mortal durante sus meditaciones, lo hizo temblar- ¡Shaka de virgo!

¡Dioses!... ¡Se había enterado!

La mano derecha de Shaka fue a su frente, para secarse el repentino sudor helado que la perló...

Y en el templo de Leo, el ambiente estaba tan tenso, que podía cortarse con un cuchillo. Aioros miraba con un no se qué a Shura... estaba entre un "todavía te amo Y un "deja que estemos a solas, y verás como te saco las entrañas con un tenedor"...

Camus no dejaba de reír nerviosamente.

A Afrodita no le interesaba gran cosa. "Ese" incidente ocurrió muchos años atrás. En realidad, Milo le prestó ayuda. Fue por eso que lo hicieron. Por lo tanto, Mü no podía decir nada al respecto. Eran unos adolescentes todavía, y fue una experiencia divertida y fugaz. Ni siquiera volvieron a mencionarlo...

Y Aioria...

Bueno, Aioria andaba ganoso... no habiendo nadie más, y sin tener aún una relación con Marín, a la que apenas le hablaba en ese entonces, pues aceptó la indecente propuesta de otro ganoso... de un escorpión tan histérico de ganas que casi lo violó. Aunque luego reirían al recordarlo... aunque se repitieron unas cuantas veces más. Siempre sin compromiso, siempre sin culpas.

Para ellos, había sido un goce, un placer inocente, tranquilo y necesario.

-¡Ahora entiendo tanto cariño!- Mü estaba tan celoso que quería llorar- lo de ustedes... por Atenea... ¡lo entiendo!... ¿Pero lo de Shaka?

-Shaka también esta vivo, querido –Dijo Aioros, comprensivo- con sangre en las venas... ¿no puedes dejarlo así?

-Lo que haya ocurrido, Carnero, ocurrió antes de ti – Aclaró Milo, incorporándose para ir a pararse frente al alquimista y detener sus locos pasos- mucho antes de ti. Además, como verás, para ninguno fue una pecaminosa y culpable experiencia.

-¿De que hablas? –Mü se detuvo al fin, para mirarlos a todos

-Mira, Mü de Aries –continuó Milo, deseando ser capaz de agarrarlo por la fuerza y besarlo- al que amo es a ti.

Y en ese momento, todos los temores del escorpión palidecieron ante la necesidad. Sin pensarlo, sin razonar en nada, tomó al lemuriano por el torso, jalándolo contra sí. Fue un gesto firme, completo. Lo miró unos instantes a los anegados ojos, y luego... simplemente...

Lo besó en la boca...

Los demás los miraron con enormes sonrisas, llenas de sincera alegría. El alquimista se sonrojó, pero, ésta única vez, fue solo de placer...

Sus amigos se deslizaron sigilosamente fuera de la habitación, presintiendo que necesitaban un poco de espacio. Además, Aiorios, quería su propio tiempo a solas con su koi...

-Mü – continuó, apenas roto el beso- lo que hice con ellos fue solo sexo. Sí. Ese sexo del que tanto me acusaste. Y para ellos fue lo mismo. Ninguno se sintió culpable ni enfermo. Pero contigo... contigo fue otra cosa, carnero...

-¿Cómo te atreves? –la verdad, es que ya sentía deseos de derretirse nuevamente, pero aún estaba celoso- te acostaste con todos...

-Pero solo a ti te hice el amor –Milo estaba peligrosamente cerca. Y estaban solos- solo a ti, Mü de Aries... eres el único que me ha roto el corazón. Eres el único con el que he deseado amanecer, y vivir...

-Milo...

-Es verdad –El escorpión se inclinó un poquito hacia él- no puedes encelarte por cosas que hice anteriores a ti... tú eres mi parteaguas, mi punto de inicio...

-¿Cómo es posible? –Mü le miró a los ojos, sereno- ¿Cómo es posible que me hayas aguantado tanto?

-Por que te amo, carnerito –El escorpión le sonrió, y con la yema de los dedos, acarició la barbilla y el labio inferior del alquimista.

-Ya veo –Mü se levantó un poco de puntillas, para besarlo con gentileza, en los labios.

Profundizaron el beso por un par de minutos... luego se separaron para ir a la cocina, donde los demás amigos conversaban. Bueno, menos Shura y Aioros... ellos... bueno...

Discutieron un minuto, tal vez dos. Pero lo sonidos que ahora salían del pequeño cuarto, no eran precisamente de una discusión acalorada... acalorados sí que estaban, pero hasta ahí. Toda una serie de gritos ahogados, quejidos rítmicos y uno que otro golpe e imprecación, lograron que los Caballeros se alejaran lo más rápido posible. Por eso estaban en la cocina, la habitación más alejada del sanitario.

-Bueno, Caballeros, nos vamos –Mü interrumpió con amabilidad la conversación de sobremesa- ya casi es hora de que coman los niños. No tardarán en despertar llorando. Así que se los llevamos a su nodriza...

-¡Esta bien! – comentó Aioria, fingiendo calma- regresa pronto... amigo...

-Claro, hermano – Mü recorrió el corto espacio entre ellos, y lo abrazó- no te preocupes. Y tú también puedes visitarnos, le gustas a los mellizos...

-Gracias –Aioria se sonrojó, pero estaba muy contento. Al parecer la revelación no había causado daños- claro que sí...

Se despidieron entre abrazos y risas, y comentarios altamente vulgares respecto a los ruidos que aún provenían del sanitario (Milo: Oye, Aioria, no sabía que estuviese tapado tu wáter... espero que la bomba funcione bien!... Afro: vaya... se oye que la filosa bomba esta haciendo feliz al Wáter alado... Camus: ¿Se supone que la bomba es Shura y el Wáter el Aioros?... ¡se equivocan!, Aioros Es la Bomba!...). Luego, Milo hizo un comentario sumamente vergonzoso para Aioria... (estoy bien seguro que necesitarás ayuda personal después de escuchar todo eso...leoncito...) y se carcajeó a mandíbula batiente cuando Afro hizo seña de que le tomaría la palabra... (yo me ano... to)

Poco después, subían las escalinatas. Los niños ya habían despertado, y se retorcían como preámbulo al llanto hambriento que no tardaba en llegar.

Arriba, Mara los esperaba ansiosa.

Tomó a los niños, que rápidamente atraparon su atención... y sus pechos...

Milo la dejó en la recámara, junto a Mü. Salió al patio de su templo. De una valla tomó una larga vara, en cuyos extremos estaban anudadas listas color rojo, con brillantes remaches dorados. Comenzó a entrenar.

La belleza y fluidez de sus movimientos atrajeron a Kikki.

La forma de entrenamiento del Santo de Escorpio era completamente distinta a la de su maestro. Así que se ocultó tras un pilar a observarlo, e intentar imitar alguno de sus movimientos. Ninguno le salió. Intentó de nuevo, y observó un rato más al Caballero.

-Ven acá –dijo Milo en voz alta- te enseñaré

-¡Señor Milo! –Kikki salió de detrás del pilar- ¡no quería molestarlo!

-Ven, voy a mostrarte el modo correcto –Milo le sonrió, y tomó una vara más pequeña y sin adornos- ¿no se enojará tu maestro?

-¿Es alguna clase de ataque específico de su signo, señor? –preguntó el inteligente chico

-No, son solo un tipo de artes marciales –Milo comprendió enseguida- las practico para mantenerme en forma.

-Entonces no hay ningún problema –El niño corrió hacia él, y se colocó de frente, tomando la vara que se le ofrecía- ¡Por favor, enséñeme!

Rato más tarde, Milo comprobó que el chico estaba dotado de talento natural. Aprendía con facilidad. En ocasiones se colocaba tras él, o de frente, y con su propio cuerpo le guiaba en algún movimiento particularmente difícil. Pero el muchachito lo captaba de inmediato.

-¿Kikki? –Mü lo buscaba en los amplios pasillos. Se dirigió a los patios, donde una serie de sonidos llamaron poderosamente su atención – Kikki...

Los encontró entrenando. Milo, pegado a Kikki por la espalda, le obligaba a adoptar la pose correcta para cierto golpe en particular, lo cual el niño hacía, sudoroso, pero contento. Cuando Milo se apartó, el joven lemuriano logró un giro fabuloso.

El escorpión soltó una carcajada, y, tras un breve aplauso, tomó al niño por la cintura y lo alzó en el aire, para luego apretarlo contra sí...

-Eres estupendo, hijo! –gritó Milo, feliz- ¡Mejor que yo!...

-¡Gracias, maestro! –contestó Kikki, con la carita perdida en el largo cabello azul- me esforzaré al máximo

-¡No!, a este paso me superarás en unas semanas –Milo lo separó solo lo suficiente para verlo a la cara- ¡Tu maestro debe sentirse muy orgulloso de ti!

-Lo estoy – Mü salía al jardín, mirándolos con una sonrisa en los ojos jade- estoy muy orgulloso de ti, Kikki.

-¡Maestro! –El niño palideció, pero Milo no lo soltaba

-Vamos, querido amiguito, ve con nuestra mujer, por si necesita ayuda- Milo lo bajó con cuidado- y, Kikki...

-¿Sí, Señor? – el chico regresó sobre sus pasos

- Seguiremos mañana a la misma hora –Milo, se inclinó y le besó en los labios, con gentileza- ahora me encargaré de que te vuelvas muy fuerte...

-¡Sí!

Mü miró al pelirrojo hasta que desapareció en un pasillo. Luego caminó al centro del jardín. Enfrentó al escorpión.

Otra vez había sido testigo de la capacidad de afecto del insecto. De la necesidad de tocar.

-Ven –dijo calmadamente, el alquimista, tendiéndole la mano- ven aquí...

Un par de pasos solamente les separaban. Los pasos mas inmensos que nadie hubiese visto jamás.

Pero fue Mü, con su temperamento Ariano, quien se lanzó de cabeza, tal y como debía de ser. Ahí en el patio, a la vista de cualquiera que osase asomarse en ese momento, lo besó en la boca.

Mü obligó a Milo a abrir los labios, para jugar con su lengua. Cerró los ojos y rodeó la cintura del escorpión con los brazos, para pegarse estrechamente a él. El griego le rodeó con los suyos, siendo un poco más alto, se inclinó para responder mejor al contacto. Esporádicos y leves quejidos escapaban de cuando en cuando, y a ratos, se restregaban apasionadamente. Cayeron juntos al suelo empedrado, rodando uno sobre otro, mientras Milo arrancaba la camisa del alquimista, que a su vez, manoseaba con fiereza el creciente bulto en los pantalones de su amado griego...

Y el asunto hubiera continuado todavía más lejos, hasta que ambos escucharon un leve carraspeo.

Alguien se encontraba ahí con ellos. Más bien, varios.

Cuando miraron, Shion estaba en sus patios, con Kikki a un lado, que sonreía con toda la boca, lleno de alegría, la mujer en el otro, sonrojada hasta el cabello, pero contenta. Y Dokho parado junto a la puerta con un gesto indescifrable en los ojos claros.

-Bueno, lamento interrumpir – dijo Shion, divertido ante la expresión aturdidamente satisfecha de su alumno- pero es necesario que se preparen...

-¿Ya es hora?- Milo de pronto cayó en cuenta- ¿Ya?

-Ya. –Shion se dirigió a Dokho, quien le respondió con un leve movimiento de cabeza...

- Ya preparé todo lo de los bebés mis señores –dijo la joven, con un sollozo- solo me queda darles esto...

En silencio, ofreció lo que llevaba apretado en su pequeña mano. Un par de llaves.

Y fue en ese momento, que Milo sintió que se desvanecería... sin embargo, un par de fuertes brazos le sostuvieron con firmeza... unos ojos jade le miraban con amor, mientras el hombre que los poseía le obligaba a apoyarse en él... como el amante que era...

-Todo estará bien, Milo –susurró Mü a su oído- todo estará bien... los veremos a menudo...

-Todos los días... los veremos todos los días – contestó, a punto de gritar

-Sí... todos los días... todo esta bien ahora – Mü lo acomodó en su fuerte pecho, escuchando el acelerado corazón del otro- no nos los están quitando, Milo... siguen siendo nuestros...

-Nuestros... mis hijos... –EL griego se apartó del abrazo, para correr a la habitación. Mü permaneció un segundo donde estaba.

Luego, le siguió.

Horas más tarde, Milo aún sollozaba sobre una cobija que rescató de entre las cosas de los pequeños. Mara y los bebés fueron instalados en la cómoda casita de la mujer. Todos los aditamentos y objetos de los mellizos los acompañaron a su nueva casa...

Y un desesperado escorpión casi se los comió a besos antes de que un amoroso carnero lo sacara a rastras de la casa...

Y ahora Milo se sacudía, siendo abrazado y confortado por su amante, mientras Shion y Dokho permanecían en el templo de ellos, por si algo se presentaba...

Dokho entendía...

Nada pasó.

-¿Estás mejor ahora? – Mü tomaba una taza vacía de las manos del escorpión- ¿Milo?

-Sí... yo... lamento ser tan sentimental...

-No... yo... es un alivio- Mü se arrojó a sus brazos, derribándolo sobre el colchón- yo...

Y ahora fue el turno del alquimista para llorar.

El patriarca y el maestro se marcharon. Sabían que lo peor había pasado ya. Que Milo era más que capaz de cuidar de Mü y de contener cualquier eventualidad.

Cuando los encontró la mañana, entrelazados a hipeantes, ambos decidieron que no llorarían más... que todo estaba bien, y que sus hijos estarían a salvo de ésta manera...

Y lo importante... ellos estaban juntos...

De verdad y totalmente juntos...

CONTINUARÁ

¡Gracias!! Gracias Gracias!! Gracias por leerme! Y gracias a quien me dijo que eran unos agradables limes, por que eso del lemon me tenía con el corazón en la boca... al menos ya sé que no se me fue la mano!!

Un beso, y espero que hayan disfrutado en la misma medida...