¡Hola! Sí, soy yo, el escritor más colgado y vago del universo. No intenten quitarme el título, ya lo compré.

Luego de casi 2 años llega el capítulo 12 (sí, ya dije que soy un colgado, vago y todo lo demás, no hace falta que insulten) y con él... bueno... supongo que más intriga y algunos datos de la vida de Ron y de La Hermandad y bla, bla, bla...

De paso aviso que desde hace un tiempo tengo armado un par de blogs:

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que es un lugar donde doy respuestas delirantes a enigmas no menos delirantes y

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que es donde voy subiendo algunos relatos cortos de mi autoría.

Así que, dicho esto, los dejo con el capítulo.


Capítulo 12:

"El cumpleaños de Harry"

El joven caminó siguiendo el sendero, la selva era impenetrable y dio gracias de que aún existiera esa senda. Apenas un minuto después se encontró con las ruinas de lo que parecía ser un antiguo templo maya. Poco era lo que quedaba de él, pero eso no importaba pues lo que buscaba estaba al alcance de su mano.

En una de las antiguas piedras que habían conformado el templo había una serie de cinco símbolos. Puso su mano sobre estos y la roca se iluminó brevemente. Al quitarla comprobó que la esta se había fracturado, dibujando un pentágono alrededor de los símbolos.

Con sumo cuidado extrajo la piedra que se había separado del gran bloque y la examinó con cuidado.

–La piedra elemental –dijo en voz baja.

Luego la guardó en su mochila y desapareció sin dejar rastro.

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A las nueve de la mañana, Ginny bajó a desayunar. Todo el comedor de la madriguera estaba adornado con guirnaldas de flores y su madre se hallaba decorando una torta de cumpleaños.

–Mamá, no podemos festejar el cumpleaños de Harry aquí –le explicó Ginny.

Su madre le echó una mirada de pocos amigos, aún estaba molesta por las mentiras en las que había incurrido su hija para ocultarle la existencia de La Hermandad y su participación en ella. También estaba molesta con Charlie pero la traición de su única hija parecía dolerle más.

–¿Acaso piensas meter a Harry, a la orden y a la Hermandad bajo el mismo techo? –insistió ella –¿Porqué no mejor le pintamos un diana a la casa y le ponemos un gran cartel que diga: ¡Voldemort! si quieres borrar a tus enemigos de un plumazo, esta es tu oportunidad?

–¡No pronuncies su nombre! –le exigió ella.

Ginny se la quedó mirando, ya le hartaba esa maldita costumbre de que sus padres le tuvieran tanto miedo al nombre "Voldemort".

–Sabes, mamá, a veces me entran ganas de desfilar por el callejón Diagon golpeando un bombo y entonando: "Vol-de-mort (taka-taka), Vol-de-mort (taka-taka)".

–¡Ginny! No es gracioso.

–Claro, entonces supongo que prefieres que lo llame Tomas, Tom o Tomy... el pequeño y travieso Tomy...

–¡Basta!

La chica pensaba soltarle todo lo que pensaba, pero se contuvo ya que en ese momento vio a Draco cruzar la puerta de entrada.

–Draco ¿Puedes decirle a mi madre que no podemos realizar la fiesta aquí? Que mejor sería hacerlo en el cuartel de la Hermandad.

–Eh... bueno. Sucede que fui yo quien le pidió de hacerla aquí.

–Pero... ¿Acaso se te zafó un tornillo? –le preguntó en voz baja mientras lo tomaba del brazo y tiraba de él para llevarlo al living y así alejarlo de su madre –¿Y qué si algún espía de Voldemort nos ve reuniéndonos aquí? ¡Más importante! ¿Que tal si te ve a ti?

–No te preocupes por eso –la tranquilizó el chico. –El que se supone que debe estar vigilando los movimientos de Harry soy yo. Él no quiere perder a Harry de vista, por eso me mandó a que destruyera la casa de sus tíos, para obligarlo a mudarse a la madriguera. Al parecer cree que de esa forma le será más fácil llegar a Harry cuando así lo quiera. Claro que no sabe que actualicé todas las defensas de la madriguera y que si alguien intenta infiltrarse o si trata de abrirse paso por la fuerza, bueno... digamos que se arrepentirá de haber nacido. Además, si Voldemort o alguien con la marca se llega a acercar a menos de 2 kilómetros de esta casa lo sabré y tendremos tiempo de accionar en consecuencia.

–¿Seguro de que pensaste en todo? ¿Y que si Voldemort duda de tu lealtad? Podría mandar a alguien a vigilarte.

–Ya lo hablamos Ginny, si dudara de mi lealtad ya habría tratado de matarme. No le gustan los cabos sueltos.

–Aún así, juntarlos a todos aquí cuando tenemos lugar de sobra en nuestra base es un riesgo innecesario.

–Bueno, el problema es que todos los sistemas de la base que dependen de Laura están fuera de linea. La sala holográfica, los replicadores... hasta el ascensor.

–¿Qué?

–Laura esta corriendo los programas de diagnóstico en sus propios sistemas, ya sabes, escaneo de memoria, defragmentación de archivos, antivirus... todo el paquete.

–¡¿Justo hoy?! –exclamó con frustración.

–Ya estaba programado, lo lamento, no me di cuenta que se superponía con el cumpleaños de Harry. Y sabes que no puedo pedirle a Laura que cancele el proceso, ya que se halla en modo de hibernación para garantizar la exactitud del diagnóstico.

–Lo se... pero mira que siempre se las arregla para complicarnos la vida, incluso estando "suspendida".

–Lo bueno es que como los sistemas de trasporte fueron reasignados al nivel de seguridad, que es totalmente independiente, he podido activar un transportador dentro de la casa para que podamos ir y venir directamente y nos ahorremos el camino por el bosque. Así que si hay problemas vamos a poder evacuarlos a todos rápidamente. Confía en mi, ya pensé en todo.

Ginny se lo quedó mirando un momento.

–Apuesto que lo pusiste en el reloj, siempre te gustó ese reloj.

–Bueno ¿Que puedo decir? Es un magnífico reloj.

–Bien, tú ganas, pero si algo sale mal te patearé el trasero.

–Trato hecho.

Ginny exhaló un largo suspiro.

–Bueno, te dejo la organización de la fiesta a tí, yo me voy a ver a Harry.

–Eh... no va a poder ser, lo envié a una misión de reconocimiento con Cedric y Dudley.

–¿Qué? ¿Por qué? ¿A donde?

–Hokkaidō. Recibí un llamado de un contacto que tengo allí, sobre unos símbolos que se parecen a los de las puertas en unos textos que se hallan guardados en un templo de Oiwake.

–¿Me estas diciendo que lo mandaste a Japón?

–Sí.

–¿Y por que no me asignaste la misión a mí para que lo acompañara?

–Porque tú tienes una misión mucho más complicada.

–¿Ah, sí? ¿Cual?

–Hacer las pases con tu madre.

–Muy gracioso.

–Es en serio, ayúdala a organizar la fiesta de Harry, pasa tiempo con ella. Es una orden.

–¿Y tú que harás?

–Primero, hablar con Ron y luego ir a comprar un regalo para Harry.

Y acto seguido volvió a la cocina.

–Señora Weasley, necesitaría hablar con Ron. ¿Se encuentra?

–Sí, querido. Está en su habitación, sube si quieres y de paso hazme el favor de despertarlo.

"¿Querido?" Ginny no podía dar crédito a lo que oía.

El muchacho se dirigió directamente a la escalera y la chica se quedó allí, sin saber exactamente que hacer.

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En algún lugar perdido en las tierras altas de escocia se halla un circulo de rocas tan antiguo que precede en siglos al del Stonehenge. Allí se encontraba el joven buscando entre los antiguos símbolos grabados en la roca una runa en particular. La runa que simbolizaba "el amor". Le tomó un tiempo encontrarla y al hacerlo puso la mano sobre ella. Entonces la roca se fracturó formando un pentágono, extrajo la piedra grabada y la guardó en su mochila.

Luego fijó en su mente su próximo destino y desapareció.

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Ron caminaba con paso ligero, Hermione lo seguía de cerca.

–¿Que le dijiste a tu madre para que pudieras desligarte de ayudarla con los preparativos?

–Simple, le pregunté si quería que terminara siendo un viejo solterón viviendo con su madre.

–Ja... debe haberse aterrado.

Ron sonrió.

–¿Y se puede saber a donde me llevas?

–Te lo diré cuando lleguemos.

–¿Lleguemos adonde?

–Aquí, no. –insistió Ron.

Hermione prefirió dejarlo hacer.

Cruzaron la linea de árboles de delimitaba el bosque y se internaron en él. Luego de unos 200 metros el chico se detuvo frente a un alto roble muy grueso.

–¿Llegamos? –preguntó ella intrigada.

El no respondió, solo puso su mano sobre la corteza del árbol y pronunció su nombre. Se oyó un extraño zumbido y vieron como el tronco se abría. A cada lado una porción de este se desplazó hacia afuera y luego se inclinó hasta quedar al nivel del suelo. Sobre cada compuerta había una escoba, o más bien una cruza entre escoba y motocicleta futurista.

–No te lo dije antes porque Draco me pidió explícitamente que Ginny no se enterara.

–¿Que sucede? –preguntó ella con recelo.

–Harry ha desparecido.

–¡¿Como que ha desaparecido?!

–Parece que salió de la base temprano, mientras que la computadora estaba corriendo un diagnostico y el único dato que tienen es que usó la roca de transporte.

–¿Pero a donde pudo haber ido sin decirle a nadie? No es propio de él.

Entonces un recuerdo cruzó su mente, cuando en su quinto año una falsa visión los había arrastrado a una trampa orquestada por Voldemort.

–No creerán que Voldemort...

–No, Draco dijo que no. Él asegura que Voldemort ahora no está enfocado en Harry, además que si quisiera enfrentarse a Harry llamaría a los mortífagos para que fuesen testigos. Draco no fue convocado así que lo más probable es que halla salido por su cuenta.

–Pero... ¿Por qué? ¿A donde?

–Draco teme que le haya dado un colapso nervioso. Tú sabes, con todo esto de la Hermandad, los recuerdos que ese tal Willam enterró en su memoria saliendo a flote y el impacto del hechizo que uso ayer para escapar de esa trampa, quizás fueron mucho para él.

–Pero si usó el transportador es obvio que no está desorientado ni ha perdió la memoria, pues para que funcione tienes que pronunciar tu nombre.

–Lo mismo pienso yo, además se llevó su varita y la capa de invisibilidad, así que me inclino a pensar que huyó... o al menos que se alejó para pasar un tiempo a solas.

–¿Y como vamos a encontrarlo si está huyendo y encima tiene la capa en su poder? Podría esquivarnos con toda facilidad.

Ron le guiño un ojo.

–No con estas maravillas –dijo mientras señalaba las escobas. –Draco ya desplegó a la Hermandad para que revisen todos los lugares que Harry podría frecuentar, con excepción de Ginny.

–Me imagino, si se llega a enterar de que Harry escapó, se desataría un infierno.

–Exacto, así que preferí no decirte nada hasta llegar aquí. Vaya a saber uno que tan sensibles son sus oídos.

–Bien ¿Que lugar nos encomendó Draco para buscar?

–Me pidió el mapa del merodeador para que Neville busque en el castillo, así que a nosotros nos toca la zona del bosque cercano a la madriguera. Es probable que ande dando vueltas por aquí así que yo revisaré el lado norte y tú el sur. Estaremos en contacto, así que si lo ves avísame.

–¿Pretendes que sobrevolemos el bosque? No podremos ver mucha cosa a través de las copas de los árboles. Además, sabes que no se me dan bien las escobas.

–Ven que te muestro –le dijo mientras le señalaba una de las escobas.

Poseía una pantalla en el centro del manubrio, Ron tocó la pantalla y esta se iluminó dibujándose un mapa en ella.

–Aquí arriba tienes el indicador de velocidad, el altímetro y la brújula. El resto es la pantalla de sensores. Pueden detectar diferentes formas de vida y mostrar su ubicación con respecto a ti. Los puntos verdes son criaturas mágicas, los azules muggles y los rojos magos y brujas.

–Increíble, así que no necesitamos verlo, simplemente comprobar los puntos rojos.

–Exacto, además volaremos a nivel del suelo. Este modelo no tiene integrado aún el sistema de invisibilidad, por lo que no vamos a arriesgarnos a que alguien nos vea sobrevolando el bosque.

–Realmente me sorprendes ¿Como es que sabes manejar algo tan tecnológico?

–Magia... –dijo mientras tomaba el casco de su escoba y se lo ponía.

–¿Magia? ¿Que clase de respuesta estúpida es esa? –se quejó ella.

Ron se subió a su escoba y aceleró, alejándose rápidamente en dirección norte.

–Si serás... –exclamó Hermione.

Ella se subió a la suya y se puso el casco, luego tomó rumbo sur pero a una velocidad mucho menor que la de Ron. Al alejarse ambos, el roble volvió a cerrarse sin dejar la más mínima evidencia de ser algo más que un simple árbol.

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El viento levantaba la arena del desierto, y amenazaba con convertirse en una verdadera tormenta. El joven caminaba entre la ruinas de lo que otrora fuera un gran templo a Isis buscando un símbolo en particular, en un bloque de piedra en particular.

–Aquí estás – exclamó al ubicarlo.

Hizo el mismo procedimiento que en los otros dos lugares y extrajo la piedra pentagonal. Examinó el ankh (anj) trazado en ella y sonrió.

–La piedra de la vida, ya van tres de seis...

El viento se intensificó desatando una tormenta de arena pero no le importó, ya no se encontraba allí.

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El sol alcanzaba su cenit y Ron había terminado de peinar su lado del bosque.

–Aquí Ron, terminé con mi lado. Sin rastros de Harry, solo un par de campistas Muggles en el extremo noreste. Iniciare una segunda pasada.

–Aquí, Draco. Nada en el callejón Diagon, tampoco extrajo dinero de Gringots, así que anda con lo puesto. Seguiré revisando los pasajes aledaños.

–Aquí, Cedric, Valle de Godric. He estado yendo y viniendo por el pueblo y nada, volveré a revisar el cementerio.

–Aquí, Dudley. Nada que reportar desde Little Whinging, he sobrevolado todo el resto de Surrey sin resultados.

–Aquí, Dean. Nada que reportar desde Hogsmade. Seguiré revisando los alrededores.

Se hizo un silencio.

–Neville, repórtate –exigió Draco.

–Aquí, Neville. Lo siendo, estaba chequeando algo. Hubo una intrusión en los jardines de Hogwarts. Ahora me encuentro en el sótano la casa de los gritos. Alguien usó el túnel que da al sauce boxeador, hay huellas recientes en el piso lleno de polvo del sótano, y en la entrada del sauce.

–¿Se corresponden con el talle de calzado de Harry?

–Sí, el y yo calzamos igual. Pero no es garantía de que fuese él.

–¿Forzaron alguna entrada del castillo?

–No, al parecer su objetivo eran los jardines. Cuando Hagrid sacó a Fang por la mañana, halló algo extraño, al parecer alguien estuvo escarbando entre las raíces del roble seco.

–¿El roble maldito? –preguntó Ron.

–Sí, pero no hay nada de especial en él. Es solo un roble seco. Lo que quería estaba enterado entre sus raíces, he hallado un par de huellas que parecen del mismo calzado.

–¿Forzaron alguna entrada de la casa? –preguntó Draco.

–No lo creo, no hay huellas recientes en el polvo del piso que provengan o vallan hacia la escalera, yo diría que se apareció y desapareció directamente en el sótano. Pero igualmente lo comprobaré.

–Bien, comprueba todo de nuevo y vuelve a la base.

–¿Saben? Bien podrían haber sido Snape o Pettigrew, ambos conocen la existencia de ese túnel –les recordó Ron.

–Lo sabemos, no te preocupes, lo investigaremos a fondo –respondió Draco.

Hermione había escuchado toda la conversación y no le gustaba nada. Que alguien se metiera en Hogwarts y saliera como si nada, como mínimo, era preocupante.

Ya había comenzado el segundo barrido hacía rato. Si bien al principio le había tenido mucho recelo a la escoba, luego comprobó que esta, en particular, era mucho más estable que las tradicionales, así que apuró la marcha, posiblemente algo más de lo que Ron lo había hecho. Siempre andando al nivel del suelo, claro.

De repente un punto rojo surgió de la nada, se ubicaba al sureste de su posesión así que corrigió el rumbo y se acercó, pero con cuidado, fuese quien fuese no quería que la viera antes que ella lo viera primero.

Allí, el terreno iba en ascenso, la chica pudo oír el ruido de agua. Más adelante los arboles se terminaban dando lugar a un claro con un estanque y una pequeña cascada, luego un arroyo continuaba hacia el bosque.

Sentado en la orilla del estanque estaba un muchacho de pelo castaño. Hermione lo reconoció de inmediato.

–Aquí Hermione, lo encontré. Encontré a Harry. Está sentado al lado de un estanque al amparo de una cascada... meditando... el muy desgraciado...

–¿Dijiste cascada…? Pregúntale si ya consiguió la armadura del dragón –bromeó, Dudley.

–Hermione, tengo tu ubicación. Espera, voy para allá. Dean, asiste a Neville. El resto vuelva a la base.

Hermione se negó a esperar y fue directo hacia Harry.

–Se puede saber que diablos estás haciendo aquí pedazo de idiota. ¡Nos tenías a todos preocupados!

Harry la ignoró. Estaba sentado sobre una roca plana con los ojos cerrados y las piernas cruzadas. Sus manos descansaban sobre sus rodillas con las palmas hacia arriba. Claramente parecía estar meditando y de forma tan profunda que no la había escuchado.

–¡Hey, tú, zopenco, te estoy hablando!

–Ya te escuché Hermione. ¡Merlín! Ahora entiendo porque los monjes budistas prefieren meditar en medio de las montañas...

–Ah, y encima te crees gracioso. ¿No te das cuenta del susto que nos diste desapareciendo así como así, sin avisarle a nadie? –le reprochó ella.

El chico abrió los ojos y la miró fijamente.

–De lo único que me doy cuenta es que son unos exagerados... Solo porque me alejo un par de horas para estar tranquilo, ustedes ya piensan lo peor.

La chica iba a replicarle pero prefirió callar cuando vio a Draco materializarse en medio de un destello, cerca de ella.

–¿Estás bien, Harry? –pregunto el muchacho.

–Casi... pero bueno... el nirvana puede esperar... –le contestó con sorna.

–Oye Harry, en serio, si quieres tiempo para estar a solas, bien por mí, pero avísale a alguien para poder ubicarte si surgen problemas –le dejó caer, intentando que no sonara a mandato, solo como una sugerencia amigable.

El chico lanzó un suspiro.

–Está bien... Mamá, papá, prometo no volver a irme sin pedirles permiso... –dijo y luego soltó una risita.

Hermione le iba a replicar pero Harry la interrumpió.

–Ya me entró hambre. –dijo mientras se ponía a pié. –Bonita escoba ¿Me la prestas?

No les dio tiempo a responder. Solo tomó su mochila y saltó sobre la escoba.

–¡Hey! ¡¿Que mierda crees que haces?! –objetó ella mientras el chico se alejaba rápidamente.

Y así se quedaron los dos... mirando los arboles.

–¿Ese es vocabulario digno de una dama? –bromeó Draco.

–Cállate, soy una bruja. Hablo como se me da la gana –le replicó seria. –El bastardo se llevó mi escoba. ¿Y ahora como cree que voy a volver a la madriguera?

–Los hechizos anti-aparición que desplegué en la madriguera no nos afectarán.

–¿No?

–No, los hice incluyendo los nombres verdaderos de todos nosotros, así que puedes aparecerte fuera de la madriguera, pero solo fuera. Anulé las apariciones dentro, por motivos de seguridad. Si intentas aparecerte dentro rebotarás y aparecerás afuera.

–Veo que has pensado en todo.

–Solo lo intento... en fin, puedes aparecerte o esperar a Ron que llegará en poco más de un minuto. Haz lo que quieras –dijo antes de desaparecer en otro destello de luz.

La chica se quedó allí sin poder creer que Draco también la hubiese abandonado. Al menos aún conservaba el casco en la mano, así que se lo puso y contactó con Ron.

–¿Ron donde estás?

–Estoy yendo hacia tu posición.

–¿Estas rastreando el casco?

–Sí, la señal del casco se separó de la señal de la escoba –dijo antes de aparecer entre los arboles.

Al parecer la predicción de Draco había resultado precisa. Ron frenó a su lado y se quitó el casco.

–Déjame adivinar, Harry se llevó la escoba. ¿Que quieres hacer? ¿Lo perseguimos o mejor nos vamos a dar una vuelta por ahí? –finalizó mientras le guiñaba un ojo.

Hermione rió.

–¿A ver, Don Juan? Sorpréndeme –le dijo ella mientras montaba en la escoba detrás de él y se aferraba a su cintura.

–Sujétate, porque va ser toda una experiencia.

Ron se puso el casco y aceleró a fondo.

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Muy dentro del santuario de vida salvaje de Jambughoda en Gujarat, India, se hayan los restos de lo que una vez fue un templo de la antigua cultura védica, y en uno de sus antiguos muros se hallan cincelados diferentes dibujos que representaban las diversas posturas de meditación del yoga. El joven las observó una a una buscando la que se conoce como "flor de loto" y al encontrarla puso su mano sobre ella para extraer la cuarta piedra.

–La piedra del cuerpo –exclamó mientras la revisaba detenidamente antes de guardarla.

Sonrió levemente y desapareció.

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Harry se detuvo frente a la entrada de la madriguera y bajó de la escoba. Oprimió un botón que se hallaba a un lado de la pantalla y la escoba plegó todas sus partes no "tradicionales" disminuyendo sus dimensiones a un tamaño más transportable.

Dentro de la cocina, Ginny y su madre se hallaban preparando la mesa mientras charlaban efusivamente.

–... tendrías que haberlo visto –decía Ginny –totalmente cubierto de espuma.

–Hola –interrumpió Harry. –¿De que hablan?

–Del primer encuentro que tubo Draco con un lavarropas –contesto Ginny risueña.

–¿Que? ¿También tienen un lavarropas? –preguntó él, distraído.

–No, Harry ¿Como se te ocurre? Tenemos un transportador, un transbordador, una sala holográfica pero: ¡¿Un lavarropas?! Deberías dejar de ver tanta ciencia ficción... –le contestó ella con sorna.

–Ok, entiendo, puedes guardarte el sarcasmo. Es solo que nunca me mostraron el lavadero...

–¿Y darte acceso a mi ropa interior? Solo en tus sueños, Harry –bromeó ella.

–¡Ginny! –exclamó su madre. –Juro que yo no te enseñé ha hablar así.

–No, fueron Fred y George.

La señora Weasley murmuró algo, muy probablemente acerca de los sinvergüenzas que eran los gemelos y luego se dirigió al muchacho.

–¿Es una escoba nueva, Harry? Parece poco convencional. Si quieres, puedes guardarla en el armario. En unos minutos serviré el almuerzo.

–Esa es una Harry-04 –señaló Ginny –hace rato que no veía una.

El chico la examinó detenidamente y descubrió que a uno de los lados había una pequeña inscripción con letras doradas que efectivamente decía "Harry-04".

–Gregory diseño 5 modelos, pero el Harry-01 y el 02 no pasaron del papel. Creo que recién creó un prototipo del 03 pero por alguna razón no le gustó, así que lo volvió a rediseñar y fabricó el 04. –le contó ella –Recuerdo que hicimos uno ejemplares, pero nunca llegó a instalarles el sistema de invisibilidad. Parece que el eterno inconformista prefirió volver a empezar de cero y le entró al diseño del Harry-05, aunque finalmente abandonó el proyecto cuando recibimos el D-1 y desde entonces solo se ha dedicado a su mantenimiento.

–Pues es una pena porque tendría un gran futuro como diseñador de escobas. Esta es la más rápida y estable que he usado –resaltó él mientras la acomodaba en el armario.

–Y dime, ¿Que tal estuvo Japón? –le preguntó ella mientras se sentaba a la mesa.

Harry la miró extrañado.

–¿De que hablas? –preguntó él.

–Draco me dijo que... –comenzó a decir ella pero se detuvo. –¿Donde estuviste toda la mañana?

–Salí a caminar por el bosque y me senté a meditar a los pies de una pequeña cascada. Creo que esto de meditar, puede ser algo bueno. Ahora me siento algo así como más centrado y sereno –le explicó él.

Ginny no dijo nada. Prefirió guardar sus pensamientos para descargarlos con Draco.

–Oh, Señora Weasley, ¿Estos platos son nuevos? –preguntó Harry. –Nunca los había visto, son muy bonitos.

Una de las cosas que caracterizaban a la madriguera era que no solía haber más de dos cosas haciendo juego, y mayormente no más de una de cada tipo. Eso hacía que la vajilla fuese también un rejunte de diferentes juegos. Así que ver aquel juego de platos tan bellamente adornados con paisajes esmaltados que parecían estar hechos artesanalmente, realmente le llamó su atención. Un juego de esa calidad solía ser muy costoso y, teniendo en cuenta la naturaleza económica de esa familia, le era imposible no notarlo.

–Para nada, hace años que los tengo, pero son muy preciados para mí, así que solo los usamos en raras ocasiones –le comentó la señora Weasley.

–Pues debo decir que el artesano que los hizo era muy diestro. Deben de haberle costado mucho dinero...

–¿Tú crees? Solo fueron un regalo.

–Pues... fueron un magnífico regalo. Quien se lo haya hecho de veras debe apreciarla.

–Ron me los regaló.

–¿Ron? –exclamó sorprendido. –Debe haberse gastado todos sus ahorros...

–Para nada.

Harry puso cara de perdido.

–Ron fue quien los hizo –le explicó Ginny –pero no se lo recuerdes porque le da vergüenza admitirlo.

–¿Bromeas? ¿Tienes idea del nivel de conocimiento y práctica que necesita un alfarero para llegar ha hacer una obra como esta? Sin contar con el don natural, claro.

–Si esto te parece mucho déjame decirte que también hizo los dos juegos de té, los floreros del aparador, el gran jarrón estilo chino de la sala... y algunas otras cosas que andan por ahí.

El muchacho se quedó boquiabierto. No podía creer que su amigo tuviera tan buena mano para el arte y que nunca se lo hubiese contado.

–¿Puedes explicarme porqué nunca me enteré?

–Los hizo antes de entrar en Hogwarts. Se la pasaba todo el día en el granero sentado sobre el torno.

–¡¿Y lo dejó?!

–Sí.

–¡¿Por qué?!

–Fred y George. Ellos siempre le gastaban bromas al respecto, le decían que si se empeñaba en hacer cosas de muggles terminaría siendo un squib; que su magia desaparecería o que en la escuela lo cargarían, etc... Supongo que lo hacían porque el pequeño Ron estaba demostrando ser mucho más especial que ellos dos juntos.

–No me lo creo...

En ese momento Hermione y Ron entraron por la puerta. El muchacho llevaba una escoba Harry-04 plegada en la mano y se dirigió al armario de las escobas para guardarla.

Hermione enfiló directamente hacia Harry.

–Gracias por dejarme abandonada –le reprochó.

Ginny los miró a ambos.

–Me llevé su escoba –le dijo él a Ginny mientras le guiñaba un ojo.

–Eres increíble, Harry –exclamó Hermione.

–No, el increíble aquí es Ron –dijo él mientras levantaba un plato y se lo mostraba.

La chica se quedó mirándolo sin entender y Harry le dirigió una mirada a Ron que ya se hallaba detrás de ella con los ojos fijos en lo que el joven tenía en sus manos.

–Sí que te lo tenías guardadito. ¿Eh? –dijo Harry alzando las cejas.

–¡Mamá! –protestó el muchacho. –¿Era necesario?

–Yo no dije nada, fue tu hermana.

–¡Ginny!

–Harry preguntó ¿Que querías que hiciera? ¿Que mintiera?

–No entiendo –dijo Hermione, pues no le encontraba sentido a la conversación.

–Nuestro amigo Ron resultó ser un eximio alfarero y nunca nos lo dijo –le informó Harry.

–¿Bromeas? –dijo mientras tomaba el plato y lo examinaba.

–No, para nada –repuso él sonriendo.

–¡Ron! ¿Por qué nunca nos contaste? Este plato es realmente bueno. Apuesto que un juego así debe venderse a buen precio.

–Eso fue hace mucho tiempo –repuso Ron.

Hermione se sentó y dejó el plato sobre la mesa.

–Cuéntanos toda la historia –le exigió ella mientras se cruzaba de brazos.

El chico lanzó un bufido y se dejó caer sobre otra silla.

–Tenía 5 años y estaba por cumplir los 6. Como ya saben la magia está vedada para los menores de edad y solo se les permite a los mayores de 11 años dentro la escuela. Pues bien, la verdad es que me la pasaba refunfuñando por eso. Como todo niño no podía entender por qué no nos dejaban hacer magia en nuestra propia casa; especialmente si vivíamos alejados de los muggles. Además Bill y Charlie ya estaban en Hogwarts y en las vacaciones no paraban de hablar de los hechizos y demás cosas que habían aprendido. Percy siempre destacaba por ser el niño amable y correcto, los gemelos por sus travesuras y Ginny por ser el pequeño tesoro de la familia. El único que quedaba a la sombra del resto era yo.

"Un día mi padre me llevó al pueblo, había una feria de artesanos y algunos de ellos mostraban como trabajaban. Me llamó la atención la forma en que un joven alfarero convertía una bola de arcilla en un jarrón en apenas unos minutos y le pregunté a mi padre "como es que lo hacía" y el muy descarado me dijo que "con magia". Inmediatamente protesté porque el chico sentado en el torno apenas tenía, como mucho, unos 14 o 15 años, y por lo tanto no tenía edad para usar magia fuera de la escuela.

El me dijo que como no usaba una varita, pues la hacía solo con sus manos, el ministerio le había dado un permiso especial porque esa era una magia que pasaba desapercibida entre los muggles. Ni que decir que inmediatamente quise aprender a hacer ese tipo de magia que estaba permitida para los menores y como mi propio padre trabajaba en el ministerio: ¿Que tan difícil le iba a ser conseguir ese permiso? Le insistí tanto que un par de semanas después se apareció en casa con un pequeño torno de alfarero y a partir de ahí no paré de usarlo hasta los 10 años."

–¿Y porqué lo dejaste? –preguntó Hermione.

Ron alzó los hombros.

–Luego de un par de años se me hizo obvio que eso no era magia y cuando tuve la edad de entrar en Hogwarts preferí dedicarme a la magia real.

–Mentira –intervino Harry. –La verdad es que te tomaste en serio las estupideces que te decían los gemelos.

–Que mas da, igualmente habría sido el "hazme reír" de la escuela.

–Corrección... Fuiste el "hazme reír" en más de una ocasión... y lo más absurdo es que si le hubieras regalado un juego de té de esta calidad a la profesora Trelawney de seguro habríamos terminado con un "Extraordinario" cada uno...

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En el pueblo de Kumogahatanakahatacho de la prefectura de Kioto, Japón, a la vera de la ruta 61, se halla un pequeño templo shintoísta. El joven se detuvo en la entrada y comprobó que el mismo se encontrara vacío. Viendo que se hallaba solo, se inclino dos veces, entrechocó sus manos dos veces y luego volvió a inclinar su cabeza para rezar una plegaria. Al terminar dio un rodeo a la edificación hasta dar con un pilar de piedra que se hallaba detrás del templo.

El monolito tenía varios kanjis tallados y el joven buscó aquél que representaba la palabra "Ki", puso su mano sobre la talla y la piedra se separó del resto de la roca. Ya solo le faltaba una sola piedra. Volvió a comprobar que no hubiera nadie cerca y desapareció.

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Luego del almuerzo, llegó Draco con Dean y Neville. Harry inmediatamente se puso a charlar con sus dos amigos y Ginny aprovechó la ocasión para llevarse a Draco aparte.

–¿A si que Japón? –le dijo en voz baja. –Dame una razón para no golpearte.

–Lo siento Ginny. Harry salió sin decirle nada a nadie. Laura se encontraba fuera de linea, así que me preocupé... y temía que reaccionaras... tú sabes... –Se disculpó el muchacho.

Ella le dio un golpe en el hombro.

–Más te vale que no vuelvas a mentirme.

–Sabes bien que nunca me venciste en un duelo así que tus amenazas no me asustan –le remarcó él mientras le guiñaba un ojo.

–¡Merlín! eres todo un caso –se quejó ella.

Mientras tanto, Ron y Hermione se habían sumado a la conversación de Harry.

–¿Así que se reunirán todos hoy? –preguntó Ron.

–Sí, Draco cree que es hora de que nos presentemos ante Harry como corresponde y de paso ponerlo al tanto del panorama general –respondió Dean.

–Creo que ya estoy al tanto del panorama –dijo Harry –lo que me faltan son los detalles.

–En un rato comenzarán a llegar los demás y podrás preguntar todo lo que quieras –le aseguró Dean.

Hermione iba a preguntar algo pero un destello proveniente de la sala la distrajo.

–Hola –dijo Dudley al entrar en la cocina –les traigo un par de sorpresas.

Detrás de él aparecieron los hermanos Creevey.

–¡Sorpresa! –dijeron a dúo.

–Ustedes no, zoquetes –exclamó Dudley.

–Uf... se ve que no sabes apreciar lo bueno –dijo Dennis fingiendo decepción.

Todos se rieron.

Detrás de los Creevey surgieron dos personas a las cuales, Harry, no veía hacía un par de años.

–Feliz Cumpleaños, Harry –lo saludó Víctor mientras le estrechaba la mano con fuerza.

Luego le siguió Gabrielle que directamente lo abrazó y le dio tres besos en las mejillas al estilo francés.

–¡Cuanto tiempo, Harry! ¡Feliz cumpleaños! –exclamó la joven.

–Gracias, a ambos. Me alegra que estén aquí.

–Ni lo menciones, pero... como decirlo... has cambiado... –dijo Víctor dubitativo y luego se echó a reír.

Harry recordó que aún mantenía el hechizo de Ginny activo en su cabello.

–¡¿Ginny puedes deshacer este estúpido conjuro de una buena vez?! –le exigió Harry.

–¿Por qué? Te ves bien así –le dijo Gabrielle. –Me gustan los castaños.

–Ginny, ya van dos chicas rubias y atractivas que me dicen que les gustan los castaños. Creo que estás forzando tu suerte –dijo él.

–Para nada, a mi también me gustan más los castaños. Le dijo la pelirroja conteniendo la risa.

–¿Puedes decirme que diablos le ven a los castaños? –le preguntó Víctor a Harry.

–Pues no tengo ni la más remota idea... –le contestó él.

–Oye, Draco, no seas malo y enséñame ese hechizo –exclamó Krum y todos se echaron a reír.

Una hora después se encontraban reunidos en la sala esperando para comenzar la reunión, ya estaban todos con la sola excepción de Cedric. Draco había llevado a Harry, Ron y Hermione aparte y les había dicho que prefería que nadie, excepto ellos tres, supiera que aún estaba vivo. Les había dado una buena razón para ello y los tres prometieron guardar silencio.

Así que ahí estaban, esperando para comenzar, y parecía que tendrían que seguir esperando porque los gemelos no querían dar el brazo a torcer.

–No es justo. Si Ginny, Charlie y Percy forman parte ¿Por qué nosotros no? –insistía Fred.

–Porque no –volvió a responder cansinamente, Charlie.

–¡Vamos! Incluso están aceptando a Ron, nosotros también queremos ser parte de La Hermandad –siguió George.

–Nada de eso –repuso el chico. –Yo solo estoy aquí para ayudar a Harry. No pienso unirme a ninguna hermandad.

Por alguna razón la advertencia de Firense se mantenía firme en su mente, no interferir y permanecer fiel a Harry hasta el final.

–¡Ja! Eso no te lo crees ni tú –se mofó Fred.

–Miren chicos, no insistan, además ustedes ya forman parte de la Orden del Fénix –les recordó Percy.

–Al igual que Charlie –se quejaron los dos.

–Enlace con la orden, miembro no –repuso él.

–¿Desde cuando? –preguntó fred.

–Desde ayer.

–¡Da igual! –dijeron a dúo.

Harry notaba como Ginny y Draco comenzaban a perder la paciencia, y hasta pudo jurar que los ojos de la chica lentamente comenzaban a tomar un tono verdoso. Algo poco aconsejable.

Al parecer Hermione también lo había notado ya que hizo ademán de comenzar a decir algo, pero Harry la interrumpió.

–Yo me ocupo –dijo simplemente, mientras se ponía de pie y se dirigía a la cocina.

Unos minutos después se escuchó la voz de la señora Weasley resonando con toda autoridad.

–¡Fred! ¡George! ¡Vengan aquí inmediatamente!

Los gemelos se miraron con preocupación, al parecer ese era un tono de voz que su madre solo usaba cuando la gravedad de un hecho ameritaba el peor castigo, la expulsión de la madriguera y la ley del silencio por parte de su familia... nunca les volverían a hablar.

Ambos cruzaron miradas con Harry que volvía a la sala y ante sus caras de confusión el chico les dijo por lo bajo:

–Menudo problema, el karma. ¿No?

Ellos no llegaron a contestar pues Draco levantó una barrera de energía en la sala, dejándolos del lado de afuera.

–Son buenos chicos pero no saben aceptar un no como respuesta –comentó Percy. –Por cierto... ¿Que le dijiste a mi madre para que se pusiera así con ellos?

–"Artículos Coleccionables Weasley" ¿Te suena? –le preguntó Harry.

–Ah... eso... supongo que tienes razón, el karma es un problema... –bromeó Percy y todos rieron excepto Ron que se había quedado con una cara que rayaba entre la sorpresa y la confusión.

–Luego te explico –le dijo Hermione que estaba sentada a su lado.

–Bueno, como verán la barrera impide que el sonido salga de este lugar he incluso difumina la luz que la atraviesa para que nadie pueda leernos los labios –explicó Draco – así que siéntanse libres de preguntar lo que quieran.

Inmediatamente Harry, Hermione y Ron levantaron la mano.

–Las damas primero. –La invitó el muchacho.

–Horrocruxes, habías dicho que estaban ocupándose de ellos así que quiero saber si descubrieron alguno.

–Sí, gracias a Dean y Cedric tenemos la copa de Hufflepuff.

–¿Como la encontraron? –se adelantó Harry.

–Bueno, básicamente con un hechizo, uno muy complejo, créeme que me hizo sudar el hijo de perra. Pero funcionó. Usando el nombre verdadero de Voldemort pude localizar los trozos de su alma.

–Encontramos la copa en el pantano de Queerditch, estaba dentro de un pequeño cofre enterrado en lo que fue el primer campo de quidditch de la historia. –les contó Dean.

–Un momento ¿Me dices que Voldemort la enterró en un lugar turístico? –preguntó Ron perplejo.

–No exactamente. El pantano es muy grande y el lugar que se toma como el primer campo de quidditch es solo un invento para atraer turistas –explicó Draco. –El real se encuentra en lo más profundo del pantano, en lo que hoy es una zona totalmente anegada y especialmente maldita. Incluso el ministerio de magia a vedado la zona para que nadie entre en ella.

–Esqueletos... muchos esqueletos –dijo Dean –con escudos, armas y armaduras. Soldados de otro tiempo, muertos en batalla e invocados por Voldemort para proteger la copa. Nos tomaron por sorpresa y tuvimos suerte de salir vivos del pantano, Cedric se llevó la peor parte, recibió un par de cortes en los brazos y otro en el abdomen.

–Lo siento, no sabía que las heridas que sufrió habían sido por recuperar la copa. –se disculpó Harry.

–No te preocupes por eso. La verdad es que nos confiamos demasiado, pero ambos estamos bien así que olvídalo –le remarcó su amigo.

–¿Que hay del relicario de Slytherin? El que Harry encontró en la cueva era falso. –preguntó Ron.

–R.A.B. ¿Verdad? –dijo Ginny.

–Si, había una nota dentro que decía que un tal R.A.B. Lo había robado y posiblemente destruido –afirmó él.

–Yo lo encontré en casa de Sirius cuando la reacondicionamos para ser usada por la Orden –explicó ella.

–¡Regulus Arcturus Black! ¡R.A.B.! –exclamó Hermione.

–¡Exacto! –dijo Ginny. –Estaba junto a otros objetos en una de la habitaciones del primer piso, posiblemente la de Regulus. Ante la duda de que estuvieran malditos, mamá prefirió tirar todos los objetos a la basura, pero me las arreglé para recuperar ese.

–Un momento. Eso pasó cuando estábamos en quinto año y en ese momento no teníamos ni idea sobre los Horrocruxes.

–Lo se, pero me llamó la atención, me pareció familiar en cierta manera, y sentí que estaba cagado de maldad... me hizo acordar al diario de Voldemort. Así que lo tomé para mostrárselo a Draco. En ese momento no pudimos determinar lo que era, pero pudimos comprobar que estaba de alguna forma atado a Voldemort, así que lo pusimos en cuarentena.

–Bueno, supongo que tiene sentido, tú estuviste conectada al diario de Riddle, así que es de esperarse que pudieras haber sentido la presencia de otro Horrocrux –aventuró Hermione.

–Lo mismo pensamos, pero creo que fue más bien su buena intuición sumada a un golpe de suerte –sentenció Draco.

–¿Y que hay del último? La diadema de Ravenclaw –preguntó Ron. –se supone que Voldemort quería usar los objetos legendarios que pertenecieron a los cuatro magos, la espada de Gryffindor, el relicario de Slytherin, la copa de Hufflepuff y la diadema de Ravenclaw. Sabemos que nunca puso sus manos sobre la espada así que tiene que ser la diadema.

–Me temo que no –negó Draco –Voldemort nunca puso sus manos sobre la diadema.

–¿Como lo sabes?

–Porque siempre ha estado en manos de la Hermandad, desde hace poco menos de un milenio. Si quieres después te la enseño.

–¿Entonces cual es el séptimo Horrocrux? –preguntó Ron.

–No hay un séptimo, quizás lo hubo pero ya no –explicó Draco. –El hechizo marcó las localizaciones de los fragmentos del alma de Voldemort: Una estaba en la propia base, el relicario, otra en el pantano, la copa, y las otras dos en la casa donde se escondía Voldemort, la serpiente (como ustedes bien pensaban) y el propio Voldemort. El anillo y el diario ya habían sido destruidos, así que no surgieron sus localizaciones al realizar el hechizo.

–Entonces es posible que Regulus se encargara de destruir el séptimo hace mucho tiempo atrás –concluyó Ron.

–Lo dudo, pues no destruyó el relicario, me imagino que si hubiera sabido como destruir un Horrocrux lo habría hecho sin pensárselo dos veces. Creo que pudo robarlo pero los mortífagos lo mataron antes de que pudiera descubrir una forma de destruirlo.

Y agregó.

–La verdad es que estoy seguro de que nunca hubo un séptimo, es posible que Voldemort nunca llegara a hacerlo. Además su alma ya estaba partida en siete trozos así que es posible que ese fuera su objetivo real, dividir su alma en siete partes.

–Entonces ya está, solo nos queda matar a la serpiente y luego podré enfrentarme a él –exclamó Harry.

–Bueno, eso y destruir la copa y el relicario –le aclaró Draco.

–¿Que no lo han hecho ya? –preguntó Hermione.

–No. Preferimos no usar magia antigua con ellos por el riesgo de que Voldemort lo sintiera en alguna forma. La única forma tradicional que conocemos es usando el veneno de un basilisco y me temo que, hasta donde sabemos, Harry te cargó al último de su especie, así que hemos estado investigando sobre alguna alternativa pero hasta ahora no hemos obtenido nada.

–La espada –dijo Harry, casi más para sí mismo.

–¿Que?

–Dumbledore usó la espada de Gryffindor para destruir el anillo, al parecer esta tiene la particularidad de absorber los atributos de aquello a lo que vence... o algo así. La cuestión es que ahora la espada tiene las propiedades del veneno del basilisco... –Explicó él.

–Charlie, habla hoy con McGonagall para que nos preste la espada, Dean la pasará a buscar mañana por la escuela –ordenó Draco.

–¿Y por qué no voy yo, ahora? –preguntó Harry.

–Porque no quiero que ningún mortífago te vea entrando en Hogwarts o se entere de que estuviste allí, eso me crearía problemas, se supone que te estoy vigilando. Siempre y cuando no te muevas de la madriguera, no tendré que dar explicaciones de "en que andas"; ya sabes que mentirle a Voldemort es un riesgo que no se debe correr en vano. Charlie hablará con McGonagall y luego Dean la pasará a buscar, de ese modo usaremos los canales correctos: quedaremos bien con la orden al usar a nuestro enlace y nos aseguramos de que solo un Gryffindor toque la espada.

–Tengo un libro de la biblioteca que olvidé devolver. Esa será una buena excusa –dijo Dean.

–La señora Pince va a matarte si se entera, o peor... expulsarte –declaró Hermione.

Todos los presente hicieron un largo silencio.

–¡Lo sé, lo se! Debo rever mis prioridades. –admitió la chica, y todos se echaron a reír.

–Bueno, los horrocruxes pueden esperar hasta mañana –dijo Draco. –¿Alguna otra pregunta?

–Sí, yo tengo una –exclamó Harry –¿Como fue tu primer encuentro con un lavarropas?

A excepción de Ron, Hermione y el propio Draco el resto de los presentes comenzaron a reírse, nuevamente.

–Ya veo que te fueron con el cuento... muy gracioso, Harry.

–No exactamente, por eso pregunto, me gustaría que me lo cuentes.

–Mejor otro día ¿Alguien tiene alguna pregunta seria?

–Yo –dijo Ron. –¿Recuerdas nuestro tercer año de escuela? ¿Te dolió mucho el derechazo de Hermione? ¿Es verdad de que te largaste a llorar y pediste por tu mamita?

Ahora la risotada fue generalizada.

–Bueno, al parecer ninguno de los dos puede hacer preguntas coherentes –exclamó Draco pareciendo molesto.

Hermione levantó la mano y él le hizo una seña para que hablara.

–¿Que se siente ser transformado en un precioso huroncito? –preguntó ella y todos volvieron a estallar de la risa.

Cuando todos se calmaron el muchacho volvió a tomar la palabra.

–Ok. Solo para que les quede claro. Primero: me crié en una casa donde la ropa se lavaba con magia. Segundo: eso fue solo una actuación... bueno, si dolió un poco. Y tercero: se siente mucho mejor que ser transformado a medias por la poción multijugo... dijo Draco y luego agregó –¿Aún sigues escupiendo bolas de pelos?

–¡Hermione! ¡La nueva Thundercat! –bromeó Dudley.

–Ya te salió el otaku de adentro –exclamó Ginny.

–Con que otaku. ¿Eh? Ahora, por eso, volveré a usar el traje de vuelo de Rick cada vez que subas al D-1.

–No, por favor. Cualquier cosa menos eso –rogó ella.

–Sí, y tú tendrás que usar el de Lisa.

–¡NOOOO...! –exclamó Ginny, cual Luke al enterarse que el tipo de negro era su padre.

–Bueno, viendo que esta conversación se fue al carajo, haremos un alto y pasaremos al reporte de situación –dijo Draco intentando recomponer la seriedad que debía destilar esa reunión.

Percy fue el primero en hablar.

–Las cosas en el ministerio de magia están mucho más que tensas, los aurores no dan a vasto para frenar los ataques hacia muggles por parte de los seguidores de Voldemort. Me las he arreglado para convencer al ministro de que deje afuera de su circulo a todo aquel que se hubiese sospechado de estar del lado de Voldemort en la guerra pasada, incluso para que dejara afuera a otros que no están sospechados pero que Draco sabe que le son fiel a Riddle. Pero me temo que hemos llegado al límite. Lo único que mantiene oculto al mundo de la magia es la ayuda del servicio secreto muggle que se las ha arreglado creando desinformación para que la olla no reviente, pero me temo que el primer ministro se está cansando y es posible que todo esto desencadene otra caza de brujas.

–¿De verdad piensan que con una caza de brujas podrían ganarle a los magos? –preguntó Hermione incrédula.

–Las cosas no son como antes –intervino Draco –Me temo que no les llevaría nada de tiempo descubrir que una simple resonancia magnética puede delatar a un mago mostrando una actividad que solo se presenta en ciertos sectores del cerebro y que controlan nuestra capacidad de hacer magia. ¡Y eso solo si ya no lo descubrieron!

–Pero aún cuando pudieran probar quien es mago y quien no, no podrían atraparnos, simplemente podemos desaparecer o hacer cualquier otra cosa para mantenernos ocultos. No hubo un solo mago muerto en la última cazaría de brujas.

–Eso es lo que te hicieron creer, Hermione. Es verdad que la mayoría fueron muggles pero hubo muchos casos de magos que fueron quemados en la hoguera, el ministerio de magia se las arregló para enterrar la historia y así evitar vendettas interminables entre magos y muggles. Puede que seas una buena bruja, pero no puedes mantenerte despierta las veinticuatro horas. ¿Que pasaría si te atrapan con la guardia baja y amenazan con torturarte a ti o a tu familia? ¿Cuanto tiempo tardarías en delatar a otros para salvar a tus seres queridos? Incluso podrían ordenar la obligatoriedad de realizarle una resonancia magnética a cada recién nacido y adiós a los "nacidos de muggles". Puede que no sepa si podrían ganarnos, pero se que esa guerra se haría mundial. Magos contra muggles. Sería una guerra de guerrillas peleada palmo a palmo en cada calle de este planeta, y eso es algo a lo que nunca querría llegar.

La chica guardó silencio. Era un panorama realmente perturbador.

–Bueno, como venía diciendo –siguió Percy –existen posibilidades de que se inicie una nueva caza de brujas, que es exactamente lo que Voldemort necesita para poner a todos los magos de su parte. Por suerte, el ministro ha hecho de las relaciones diplomáticas entre los dos gobiernos la primer prioridad, la cooperación ha permitido que disminuyan las desconfianzas y ha ayudado a que el panorama se mantenga a nuestro favor, al menos por ahora.

–¿Que tal es la seguridad de los dos primer ministros? –preguntó Draco.

–La máxima que se les puede dar dado los acontecimientos. Les he puesto encima todos los hechizos de magia antigua que me aconsejaste. No podrán manipularlos con el "imperio" y sabremos si alguien lo intenta o se acerca a ellos estando controlado por un tercero.

–Bien, de todas maneras, te quiero junto a Scrimgeour en todo momento, si lo perdemos, perdemos el ministerio completo.

–Entendido, no me despegaré de él.

–¿Algo más que informar?

–Nada por ahora.

–Charlie. –Lo invitó Draco para que comenzara con su reporte.

–Bueno, no hay mucho que informar. He conseguido el apoyo de algunos amigos que hice en Rumania pero tampoco espero milagros de ellos. Lo que si puedo aseverar es que no ha habido mortífagos en las inmediaciones de la reserva de dragones. Y en base de los acontecimientos que ocurren aquí, logré presionar a mis jefes para que le cierren el acceso a todo aquel que no trabaje en la reserva.

–Es una buena noticia, no quisiera que Voldemort se hiciera con un par de dragones –intervino Harry.

–Lo mismo pensamos nosotros –coincidió Draco –¿Algo más?

–No.

–Bien ¿Que noticias traes tú, Víctor?

–He estado indagando dentro de Durmstrang, especialmente entre los magos que podrían ponerse de parte de Voldemort y por suerte no ha habido consenso. Muy pocos piensan en unirse a su causa, la mayoría prefiere esperar a ver que pasa. Tengo varios amigos que me mantienen al tanto de la situación y que también esparcen palabras de apoyo hacia Harry de modo que esa partida se encuentra en "tablas" por el momento –comunicó el muchacho. –Por otro lado he estado hablando con algunos contactos y la situación no es tan prometedora entre los vampiros. Tal como Draco nos dijo, Voldemort intenta reclutarlos. Ragnar, el rey de los vampiros, se ha negado a su pedido pero su salud no es buena y su reinado no está pasando por buenos momentos, así que temo que reciba un golpe de estado por parte de algunos vampiros renegados que ya han cedido su lealtad a Riddle.

El muchacho hizo un breve silencio para que el resto pudiera digerir la noticia y luego continuó.

–Pido permiso para intervenir a favor de Ragnar –solicitó.

Draco se quedó pensativo un momento.

–Podemos manejar a un pequeño grupo de vampiros rebeldes pero no podemos contra todo el reino... No sin una fuerza a nuestro favor que equipare la balanza... Bien, tienes el permiso de intervenir pero no te expongas. Habla solo con Ragnar, se que es de fiar, pero su entorno no. Ayúdalo en lo que puedas pero mantente siempre en las sombras.

–Así sera –acató Victor.

–Bien. Gabrielle, es tu turno.

–Por mi parte me alegra comunicar que no encontré en Beauxbatons a ningún partidario de Voldemort ni buscándolo con lupa. Lo que era de esperarse puesto que no hay francés que ni remotamente considere el doblegarse ante un inglés, especialmente ante uno de semejante calaña. Tampoco hubo contacto entre Voldemort y las veelas. Supongo que en combate mis parientes no pueden competir contra los vampiros o las banshis. Lo extraño es que escuché un rumor sobre un grupo de arpías que se estaba movilizando por el norte de Francia. Cabe la posibilidad de que sean contactadas o que ya lo hayan sido –informó la chica.

–¿Algo más?

–Ah, sí. Cuando Fleur se entere de que soy parte de La Hermandad de seguro se pondrá hecha una furia, por lo que es muy probable que termine castigada hasta que cumpla la mayoría de edad o me logre emancipar por matrimonio... por lo que si ahora tú, Harry, le pides mi mano a mis padres, me harías un gran favor –dijo mirando al muchacho, que abrió los ojos como platos.

–Sobre mi cadáver –sentenció Ginny.

–Como se nota que no sabes compartir... –repuso Gabrielle meneando la cabeza y todos comenzaron a reírse nuevamente.

–¿Y que hay de las banshis? ¿Saben a quien apoyan? –preguntó Harry cuando todos callaron.

Se hizo un corto silencio.

–Las banshis no se unirán a nosotros ni tampoco se unirán a Voldemort. Básicamente no le jurarán lealtad a ningún mago, ellas no les rinden cuantas a nadie. –dijo Draco.

–Las banshis son peligrosas, Harry, su grito puede matarte, y suelen atacar a todos los magos que se cruzan –añadió Hermione.

–Eso es solo un mito –la interrumpió Malfoy. –Invenciones de los magos. La verdad es muy diferente a la que cuentan las historias. Las banshis se ven iguales a cualquier mujer humana, incluso se mueven dentro de nuestra sociedad sin problemas. Podrías cruzarte con una, preguntarle la hora y recibirías una respuesta de lo más normal. Nunca sospecharías que es una banshi.

–Pero... ¿Que no son malvadas? –preguntó Ron.

–No. El bien y el mal son conceptos que ellas no manejan. Son solo una fuerza de la naturaleza. Obtienen su magia del entorno natural. Su hogar está en los bosques aislados, zonas agrestes y demás. Antes de atacar a los humanos prefieren espantarlos, y la imagen que los magos se han hecho de ellas es debido a un método disuasorio que ellas practican desde hace milenios.

–Siguen sus propios intereses –resumió Harry.

–Sí.

Harry pensó "igual que ustedes" pero prefirió callarlo.

–Si se diera el extraño caso de que nos ayudaran ¿Dirías que son de fiar?

–¿Por qué lo preguntas?

–Simple curiosidad.

–Mira, Harry. Voy a ser sincero. Solo he conocido a una banshi, pero puedo asegurarte que nunca moverán un dedo por ti, no sin que te pidan algo a cambio, y no hay prácticamente nada que una banshi pueda querer de un ser humano.

–¿Pero son de fiar? –volvió a preguntar Harry.

Draco hizo un breve silencio.

–Sí, supongo que sí. Pero no metería las manos en el fuego por ellas.

Se hizo otro breve silencio.

–¿Y que hay de la puerta? –preguntó Ron.

–Cedric se está encargando de eso. Tenemos los planos, así que está practicando con la puerta que recuperamos. Intentamos encontrar una forma de deshabilitarla de forma rápida y eficiente, ya que con nuestra suerte lo más probable es que al hallarla nos encontremos muy cortos de tiempo. Así que el plan es primero deshabilitarla y luego, si el tiempo no es tirano, trasportarla de forma segura a la base.

Luego de esto, la reunión se extendió por un largo tiempo entre informes, discusiones y bromas reiteradas sobre lavarropas.

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El joven llegó a la cima de la escalinata, frente a él se hallaban las grandes puertas de la muralla que rodeaba al monasterio taoísta. Tomó el llamador con forma de cabeza de dragón y golpeó la puerta tres veces, esperó unos minutos y esta se entreabrió.

Un monje se asomó y le preguntó algo en chino.

–Deseo hablar con el sumo sacerdote, vengo por "la piedra del equilibrio" – respondió el joven en el mismo idioma.

El monje lo hizo pasar y volvió a trancar las puertas. Luego lo condujo por los jardines hasta un patio que tenía un mosaico que ilustraba un ying-yang. Entonces le hizo seña de que esperara allí.

El joven esperó un largo tiempo hasta que una mujer se le aproximó. Tenía el pelo largo y lacio, blanco como la nieve, un rostro con facciones europeas y unos ojos dorados como el ámbar. Debería tener su misma edad o apenas poco más y llevaba un vestido blanco que casi parecía brillar.

–Te esperaba... –dijo la joven –Sabes cual es el precio ¿Verdad?

Él asintió.

–Te advierto que una vez que realices el hechizo no habrá vuelta atrás. Así que piensa bien tu decisión.

–Ya lo pensé y acepto el precio a pagar –declaró el joven.

–Bien –dijo ella y luego extendió su mano.

Allí se materializó la última piedra y se la entregó.

–Ahora te enseñaré como se realiza el hechizo. Presta atención, pues en esto te jugarás la vida.

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La casa parecía estar repleta de gente, y no era para menos, juntar a la Orden del Fenix y a La Hermandad en un mismo lugar sumaba un buen número de personas. Todos hablaban entre sí, a excepción de Malfoy que se hallaba en un rincón. Lupin se le acercó.

–Menuda sorpresa nos diste a todos, Draco.

El joven alzó los hombros como respuesta.

–Sabes... – prosiguió Remus –quería preguntarte algo...

–Increíblemente –lo interrumpió Draco, pensativo –a pesar del gran numero de hombres lobo que existe en el mundo, no ha habido un licantropo hecho y derecho desde hace más de cinco mil años.

El antiguo profesor lo miró sorprendido, pero rápidamente cambió el gesto. Era más que obvio que se acercaría a preguntarle por una posible cura.

–El problema es que no se trata de una simple maldición. Es más bien un retrovirus mágico que se quedó a medio camino –prosiguió. –Sin una muestra de tu ADN anterior a la mordedura, solo me queda jugar con tus genes... y no sería para nada recomendable.

–¿Entonces no hay ninguna posibilidad? –preguntó Bill, que se había acercado con la misma intención.

–En tu caso la cantidad de virus fue mucho menor, ya que el que te mordió no estaba convertido, eso hizo que las defensas de tu cuerpo lograran retrasar el cambio...

–¿Retrasar? –inquirió Bill.

–Si, el virus es virtualmente imparable, solo es cuestión de tiempo para que complete los cambios en tu ADN.

El muchacho bajó la vista y Lupin le puso una mano en el hombro intentando darle ánimos, él ya había estado en ese lugar y sabía lo difícil que era sobrellevar su enfermedad.

–Por eso aplastaste la boda –concluyó Draco. –Sientes cómo la transformación avanza lentamente y temes que Fleur quede atada a lo que tú consideras un monstruo. Temes el atacarla y contagiarla, incluso matarla... Temes que tus hijos hereden la enfermedad.

–¿Es posible heredarla? –preguntó Remus.

–Es seguro. Los cambios genéticos son hereditarios. Si tienen hijos, estos nacerán con la enfermedad, incluso está la posibilidad de que el niño contagie a la madre durante la gestación. Los medimagos lo ignoran porque los hombres lobo suelen ser apartados de la sociedad y convertidos en parias, por lo que rara vez suelen encontrar una pareja dispuesta arriesgarse a tener una relación amorosa con ellos.

Bill levantó la mirada y en su rostro se dibujaba una sonrisa triste.

–Es bueno saberlo a tiempo. Esto me deja bien claro lo que tengo que hacer –exclamó resignado.

–No se lo que harás tú, pero yo tendré que resecuenciar todo tu ADN usando las muestras que tengo en la base.

Los otros dos lo miraron desconcertados. Draco sonrió.

–En los últimos años hemos estado tomando muestras genéticas para el archivo –dijo dirigiéndose a Bill –por lo que tengo muestras anteriores al ataque.

Luego miró a Remus.

–Lo siento pero...

–Lo se, lo se. A mi me mordieron hace muchos años, cuando era chico. –lo interrumpió él.

–Lo intentamos, dimos vuelta el archivo de San Mungo, pero no guardan muestras por tanto tiempo –se disculpó.

–No te aflijas, el hecho de que puedas curar a Bill ya es más de lo que podía esperar. Yo ya estoy acostumbrado a mi condición y, a pesar de la insistencia de Nymphadora, seguía siendo reticente a tener hijos así que esto no cambia mucho las cosas –dijo con voz resignada y luego su gesto cambió, como restándole importancia. –Igual, desde el descubrimiento de la poción matalobos, las cosas se me han hecho más fáciles de llevar.

Draco lo miró con gravedad.

–Lo siento Remus pero la poción no funcionará durante mucho tiempo, el retrovirus es mutable por lo que es cuestión de tiempo para que se vuelva inmune a sus efectos, y cuando lo haga volverá a reescribir tu código genético para que tú también seas inmune a ella.

Lúpin sintió que su única esperanza de mantener una vida mínimamente normal se le rompía en miles de pedazos. Ahora fue Bill quien puso la mano sobre el hombro para darle animo. Haberle negado una cura había sido un golpe duro pero perder la posibilidad de poder domar a la enfermedad era algo que destruiría el espíritu de cualquiera.

–¿No hay alguna alternativa? –preguntó el joven intentando poner en la pregunta un énfasis que le hiciera entender a Malfoy de que no le quitara toda esperanza a Lupin.

–Tú la tienes –respondió Draco –pero él no. En su caso solo queda hacer que el virus termine su trabajo.

En su cara del Malfoy se dibujó una sonrisa cómplice.

–Como ya le dije a Remus, no ha habido un "verdadero licántropo" en mucho, mucho tiempo...

Ron salió al jardín. Harry se hallaba parado a unos diez pasos de la puerta contemplando las estrellas.

–Me preguntaba donde te habías metido –exclamó Ron. –Es hora de que abras los regalos.

El muchacho volteó, tenía el gesto sereno. Pero su amigo pudo notar que debajo de esa serenidad había algo más.

–¿Está todo bien, Harry? –preguntó tanteando.

–Prométeme que apenas Dean obtenga la espada de Gryffindor la usarás para destruir los Horrocruxes, "sin importar qué" –le pidió Harry manteniendo la expresión.

Ron iba a replicar pero por un momento la advertencia de Firenze volvió a su mente. "Mantente junto a Harry". El muchacho asintió.

–Luego llévate a Hermione lejos de aquí. Salgan del país. Pongan tanta distancia entre ustedes y Gran Bretaña como les sea posible.

Ron tardó un tiempo en responder. Sabía que su amigo se iría y también sabía que él debía mantenerse fiel y ayudarlo en todo lo posible, pero lo que le pedía era demasiado.

–Harry, no puedo prometerte eso. Hermione no aceptará y mi familia está aquí, no puedo solo irme y dejarlos.

–Ron, tu familia se encuentra dividida. Una parte le debe lealtad a la Orden del Fénix y la otra a La Hermandad. Como sea, tú no puedes hacer nada por ellos –sentenció su amigo.

–¿Realmente, quieres que abandone a mi familia, Harry? ¿Que huya como un cobarde? No puedo. Quizás tú puedas, pero yo no –dio un paso adelante y agregó –no voy a dejar a mi hermana a merced de Voldemort.

–¿Ginny? Ella maneja un poder que tú no puedes ni siquiera imaginar. Puede defenderse de Voldemort mucho mejor que tú. Lo siento, Ron, pero su destino "ya no está en tus manos".

Esas últimas palabras sacudieron a Ron. La advertencia de Firense volvía a resonar en su cabeza.

–Tú y Hermione, no le deben lealtad a nadie. Son los únicos libres de irse o quedarse y actuar a su antojo. Además hay nuevas fuerzas en juego, tipos de magia que hacen que todo lo que nos enseñaron en la escuela parezca solo un juego de niños. Por eso quiero que se vallan, aún tienen la oportunidad de ser felices en algún lugar, lejos de aquí... –Harry hizo una pausa y luego su voz se endureció. –Destruye los Horrocruxes y llévate a Hermione, no importa qué.

Entonces desapareció.

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El joven se hallaba en el claro de un bosque, sentado sobre una gran roca plana. Frente a él, comenzó a ubicar cuidadosamente la seis piedras de corte pentagonal, como si fueran un rompecabezas.

En el centro la piedra elemental con los cinco símbolos que representaban los elementos de la naturaleza: tres lineas onduladas que para el agua, tres lineas rectas para la tierra, una linea en espiral para el aire, un triangulo invertido para el fuego y una linea oblicua en zigzag para la electricidad.

En contacto con el lado superior-izquierdo de la primera puso la piedra de la vida con el "Ankh" grabado en ella. Contra lado Superior derecho colocó la piedra de la mente con el ideograma "ki". Conectando con la piedra elemental y la de la vida puso la piedra de las emociones que tenía la runa celta que representa el amor, y conectando la elemental y la de la mente puso la piedra del cuerpo con la figura humana en posición de loto.

Finalmente, colocó la piedra del equilibrio con el símbolo del ying-yang grabado, conectándola con el lado inferior de la piedra elemental.

Entonces apoyó su mano derecha sobre la piedra central y cerró los ojos concentrándose. Lentamente los grabados de las piedras comenzaron a desplazarse hacia el centro hasta entrar en contacto con su mano y luego se transfirieron a su piel en forma de tatuajes. Estos siguieron su lento ascenso a través del brazo hasta que desaparecieron por debajo de las mangas cortas de su remera.

Pasaron algunos minutos antes de que abriera los ojos y retirara su mano.

Examinó las piedras ahora totalmente lisas, sin diagramas, y las guardó una a una en su mochila. Entonces dejó esta a un lado y volvió a cerrar los ojos para meditar nuevamente, dejándose llevar por el continuo murmullo que producía la cascada que se hallaba tras él.

Sus sentidos se expandieron rápidamente y sintió una presencia a la cual conocía muy bien. Se mantuvo sin inmutarse hasta que la persona se acercó.

–Se puede saber que diablos estás haciendo aquí pedazo de idiota. ¡Nos tenías a todos preocupados! –exclamó Hermione.


Bueno, mes despido hasta el próximo capitulo que seguro será mas corto y tal vez (¡solo tal vez!) lo termine de escribir y suba antes del Apocalipsis.