Hola, espero que os guste esta historia -originalmente traducida del inglés-. Sí, tengo permiso de Alphie para traducirla. Puedes encontrar su historia en mi perfil, en favoritos.


N/A: He estado esperando que alguien intentara hacer este tipo de historia, pero me he cansado de esperar y decidí hacerlo yo. Ya hice algo parecido cuando escribí "El Prisionero de Azkaban" desde el punto de vista de Remus Lupin –que puedes encontrarlo aquí, en fan fiction-. Ahora voy a intentarlo de nuevo con "Crepúsculo" y con Edward Cullen.

Stephenie Meyer tiene una nota en su web, en la sección FAQ, en la que escribió el primer capítulo de Twilight desde el punto de vista de Edward y que planea compartirlo con todos nosotros a finales de Junio en su web. Siendo ese el caso, cuando comencé a escribir una serie de momentos desde la perspectiva de Edward, evité específicamente el primer día de Bella. Ni de lejos se puede comparar mi trabajo con el de ella. Aún así, empecé mi historia desde el punto de vista de Edward desde su vuelta a Forks y su primer día de vuelta al colegio, manteniendo en mi mente por todo aquello por lo que pasó. Espero que disfrutes mi obra de este asombroso libro.

Muchas gracias a Imogen por la versión beta¡me has salvado la vida!

Nada me pertenece. Todo es de Meyer. Y sí, me he dado cuenta de que uso algunas líneas exactamente igual a las del libro, pero eso es lo que pasa cuando lo escribes desde un punto de vista alternativo.

He cambiado este capítulo ligeramente para incluir alguna información nueva que obtuve de la propia Meyer desde que me dejó un adorable review. Compartiré toda mi información con vosotros en "Twilight Lexicon", que pronto estará disponible.

CAPÍTULO UNO

¿Se supone que vendrá con nosotros hoy?

Carlisle le amenazó si no lo hacía. Los humanos sospecharán. Además, pueden expulsarle si falta tantos días.

Entonces, quizá no debería ir. Pensaría que no pasar otro día en clase valdría la pena para conseguir la expulsión.

Rosalie, sabes que eso no ayudaría.

No creo que le hiciera a Edward, o a cualquiera de nosotros, mucho más daño que tener que sentarse y atender a otra aburrida conferencia sobre las ramificaciones de los políticos internacionales de la Segunda Guerra Mundial.

¿Recuerdas, cuando hace veinte años, que tuve que convencer a Jasper para que no matara a ese ignorante profesor que habló sobre la falta de moral de los soldados confederados?

Quizá podríamos convencer a Esme para que dijera que recibimos la enseñanza en casa, para la próxima vez que nos mudemos.

Desearía que no hubiera una ley que nos obligara a ir a la escuela. Odio fingir que soy tan joven.

Si expulsan a Edward, yo lo dejo estar. Ya tengo cuatro diplomas.

Aún espero que Alice vea algo.

Quizá no debería volver. Nunca le había visto tan excitado por un humano. ¿Qué pasa si no se puede resistir?

He cazado con él todos los días de esta semana. Si no se puede resistir tras eso, entonces ese es su problema.

Querrás decir nuestro problema. Si no se puede resistir… entonces…

Conversaciones parecidas a estas habían transcurrido a lo largo de esta semana –aproximadamente-, conduciéndome hasta el borde de mi propia cordura. Era insondable que mi familia dudara sobre mi capacidad de resistirme a la sangre de una humana. Siempre había sido uno de los más fuertes de la familia. Habían pasado años desde que había bebido de un humano. Y pensar que ingenuamente creí que podría llegar a ser tan competente como Carlisle con su autocontrol, como si pudiera desarrollar una inmunidad a la esencia de la sangre humana. Esa idea me impactó sonoramente con la llegada de Isabella Swan.

Me estaba volviendo loco, e incluso me avergonzaba, cómo una insignificante chiquilla podía afectar a mi vida por el mero hecho de caminar en una habitación y sentarse junto a mí. Era como si el Demonio en persona me hubiera colocado una trampa, y como si esa niña de pelo oscuro y con esa potente y deliciosa sangre fuera el cebo. Había tenido que controlar cada partícula de mi fuerza para mantenerme, y no obtener aquello que con tanta fuerza deseaba de ella en esa clase de niños confiados. Tenía suerte… ella tenía suerte de que yo no hubiera probado la sangre humana durante tanto tiempo, por lo que me pude mantener alejado de ella.

Y aún así, el daño ya estaba hecho. Mi familia sabía cómo me afectaba de forma que nunca me había ocasionado un mortal. Sabían que podía quebrarse mi autocontrol, ya que no era tan perfecto como creía que era. Y peor aún, dudaban de mi habilidad de proteger esta familia de las sospechas de los humanos por no mantener mi sed a raya. Su privacidad y su seguridad estaban en riesgo por mis acciones.

¿Viene o no viene?

No le he visto esta mañana. Sé que ayer por la noche salió.

Ha salido cada noche de esta semana.

No podía soportar esto por más tiempo. Tenía que seguir. No podía permitir que una humana normal y corriente presionara todo aquello que habíamos construido aquí, en Forks. Por no contar que no podía permitir que mi familia creyera que les pondría en peligro debido a mi comportamiento. Era más fuerte que esto. Podía soportar la tentación.

No sería tan difícil si pudiera leer su mente. Si tuviera la más remota idea de qué pensamientos la carcomían, podría ser más capaz de controlar a la bestia de mi interior para dejarla ir. Si sus pensamientos fueran tan dulces y tan inocentes como asumía que eran, sería más fácil convencer a mi propia mente que ella no era para ser tocada. Pero claro, no podía leerla. Estaba en blanco, lo que se consideraba peligroso. Mis ojos me decían que era humana, pero sin la ayuda de su mente infantiloide, sólo me podía concentrar en la esencia de su sangre.

Esto era algo que mi familia desconocía. Sabían que anhelaba su sangre, y era consciente de que debían de saberlo. Pero no le había dicho a nadie, ni siquiera a Carlisle, que era incapaz de oír su mente. No podía explicar por qué y eso me afectaba por dos bandas, me preocupaba y me asustaba. Me sorprendía cuando me concentraba en ella y lo único que encontraba era un vacío. Hasta que no averiguara qué tipo de barrera bloqueaba sus pensamientos de mí, no era en absoluto mi intención que mi familia lo supiera.

Respiré profundamente y solté el aire muy lentamente, más bien en un intento mortal de calmar mis crispados nervios. Poseyendo la esperanza que, mientras pasara el día, sería capaz de mantenerme concentrado y sosegado. Esta chica no iba a trastocarme. No se lo permitiría.

Vamos a llegar tarde. Dije vámonos.

¿Desde cuándo te preocupa llegar tan pronto a clase?

Desde que tengo un examen esta mañana y odio llegar tarde, de verdad.

Entorné los ojos debido a su suave conversación, y decidí acabar con su especulación sobre lo de esta mañana. Di dos pasos en un solo tiempo, ofreciéndoles lo que yo consideraba que era una radiante y cargante sonrisa cuando me detuve junto a ellos.

"Sí, voy a ir."

Rosalie me sonrió con arrogancia. "Desafiando al destino¿verdad¿O es que estás tan ansioso por ver si es realmente tan deliciosa como te habías imaginado?"

"No me lo he imaginado" Le corté "Y apreciaría que no me provocaras sobre esto"

Sus ojos se ensancharon. "Perdóname." Se volvió hacia Emmett y dijo, "Ya sabes, siempre he creído que cazar hace a Edward menos irritable para estar con él. Aunque, dada la gran cantidad que ha consumido esta semana, quizá esté sufriendo una indigestión."

"Rosalie" La voz de Carlisle se oyó desde la zona más alejada de la habitación. "Es suficiente."

Jasper saltó desde el pie de las escaleras con un ruido sordo, y nos sonrió ilusionado"Alice dice que hoy nevará. Sería aconsejable que nos abrigáramos."

Los ojos de Emmett se cruzaron con los míos y nos reímos. "Nieve," dijo lentamente, sus cejas se alzaron.

"¿Me estás desafiando?" hice una mueca.

"¿Cuál es la puntuación actual?" preguntó.

"Creo que Edward gana por tres puntos" Alice respondió por mí, haciéndose notar ligeramente unos pasos por atrás.

"Llegaré a cuatro para esta tarde" dije poniéndome la chaqueta.

Emmett se rió. "Tú lo has querido."

Peleas de nieve, especialmente las húmedas, era algo que siempre esperábamos con ilusión, y hoy no era una excepción. Emmett y yo llevábamos la cuenta de nuestras peleas durante años. La puntuación real era enorme, pero normalmente controlábamos quién iba ganando y quién iba perdiendo. La nieve era una distracción que fácilmente nos podíamos permitir. Me encantaba cubrirme de nieve, esa masa húmeda era una de las pocas cosas en la Tierra que realmente podía sentir más fría que mis manos. Todos nosotros nos desenvolvíamos bien en invierno, y podíamos tolerarlo mucho mejor que cualquier humano. Era agradable tener alguna otra cosa en la que pudiera contar y no la amenazante y posible peligrosa reunión con la señorita Swan.

Sintiéndome un poco más aliviado que hacía unos momentos, subí hasta mi coche, junto a los demás miembros de mi familia más jóvenes, y conduje a toda prisa hasta llegar al colegio. Jasper y Emmett estaban planeando su ataque mientras que Rosalie escuchaba con precaución en sus ojos, haciéndoles ver sin miramientos que no quería formar parte para nada del juego, o especificando, la posibilidad de mojarse. Alice tan sólo se rió y rechazó decirles quien sospechaba que iba a ganar este particular desafío.

Llegamos al colegio justo antes de que empezaran las clases, lo que quiere decir que tuvimos que darnos prisa para no llegar tarde. También quería decir que no tendría la oportunidad de ver a Isabella. En vez de eso, fui forzado a dejar a mi mente enfrascarse en las superfluas conversaciones de los jóvenes hasta que pudiera encontrarla. Bueno, no a ella, pero al menos que pudiera encontrar quien estaba hablando con ella… o concentrándome en ella.

La mente subdesarrollada de Mike fue fácil de encontrar. Hace una semana, me había mofado de su lujuria por esta chica cuando apenas la conocía. Recuerdo que me estaba riendo en el almuerzo con mis hermanos y hermanas sobre cómo se habían tomado todos los chicos jóvenes la noticia de "carne fresca" en el colegio. Retomando a mi comentario, encontré asombrosamente irónico cómo la había denominado.

Me pasé el resto de la mañana escuchando la mente de esa chica diminuta con el pelo rizado, Jessica. Nunca le había prestado mucha atención anteriormente, pero parecía que había formado una amistad con Bella, y su mente era suficientemente simple para que apenas tuviera que luchar para escucharla. Para mi decepción, no había aprendido demasiado sobre Bella, sólo que odiaba el frío y que prefería que la llamaran Bella en vez de su nombre completo. No demasiado, pero por algo se empezaba.

De camino al comedor, fui blanco de seis bolas de nieve. Por mucho que quisiera tener la oportunidad de ver realmente a la chica que había sumido mi existencia en el caos, mi orgullo no me permitiría retirarme de una lucha con mis hermanos. Cogí un puñado de nieve mojada entre mis manos desnudas y se la tiré tan fuerte como pude. Teníamos que ser cuidadosos, no obstante, y no usar nuestra habilidad natural por temor a que nos observaran los humanos que pasaran por allí. Aún así, no llevó mucho tiempo a nuestros esfuerzos por no hacerlo, ya que acabamos completamente cubiertos de nieve. Sabiendo que me costaría puntos, pero tampoco me importaba. Dejé ganar a Emmett esta ronda y me dirigí hacia el interior, apartándome algún resto de nieve de mis hombros y sacudiendo mi pelo empapado.

Alice y Rosalie ya estaban sentadas en la cafetería con unos pocos trozos de comida cuando llegué. Me dejé caer al lado de Rosalie, quien hizo una mueca y se mantuvo alejada de mí. "Ni se te ocurra mojarme", me advirtió.

"¿Qué pasa conmigo?" Emmett dijo por encima de su hombro. Agua cayó desde su hombro hasta su oreja.

"Emmett" le regañó ella mientras se la quitaba frotándose. "No me arruines el pelo."

Se colocó cerca de ella. Demasiado cerca para un chico adolescente y su novia. "Quizá esta noche pueda conseguir algo más que únicamente tu pelo mojado." Sus ojos se encontraron, y tuve que forzarme a mirar hacia otro lado por los pensamientos tan íntimos que había entre ellos dos.

Me concentré en Jasper, quien se estaba sentando al lado de Alice, sólo para darme cuenta de que la estaba mirando de una forma parecida. Eso sólo me recordó, una vez más, que yo era el raro de esta familia.

"Vale, ya está bien. Dejadlo estar." dije tranquilamente "Llamaréis la atención."

"Hablando de atención." dijo Jasper "Te está mirando."

"¿Quién?" Era estúpido preguntar, ya que sabía con certeza a quien se estaba refiriendo.

Mis ojos destellaron por encima de la mesa para encontrarla mirándome fijamente. Inmediatamente, sus ojos se desviaron y miró hacia abajo. Podía escuchar sus claros y simples pensamientos tan abiertamente que era ridículo. Era casi un insulto que tuviera que recurrir a esos métodos, pero necesitaba saber qué estaba pensando Isabella.

Oh, sus ojos. Es tan mono. Desearía que me mirara así.

¿Enfadado? No, parece… interesado. ¡Bella es tan afortunada!

¿Como tú? No creo que le guste alguien que no forme parte de su familia.

Vale. Pararé de mirar. Pero, oh Bella, si me estuviera mirando a mí como te está mirando a ti… oh, wow.

Era como escuchar sólo por una parte una conversación telefónica de una adolescente. Me tenía que recordar de vez en cuando que casi todo el mundo de este edificio era un adolescente, pero eso no quería decir que tuviera que disfrutar del bajo nivel de sus pensamientos. Me frustraba que la única mente por la que estaba desesperado por escuchar fuera la única a la que no podía acceder.

"¿Qué está pensando?" me preguntó Jasper.

"¿Por qué quieres saberlo?" repliqué, sin querer poner de manifiesto que no tenía ni idea de lo que estaba pasando por su mente.

"Simple curiosidad." me dijo con una mueca burlona "Por la forma en la que describiste vuestro último encuentro, tiene que estar confundida."

Alice se inclinó. "Sin mencionar que no has estado aquí durante una semana. Probablemente te tendrá miedo."

Puse mis ojos lejos de la chica y fruncí el ceño, mirando a Alice. "Debería tener miedo pero… no quiero que lo tenga."

"¿Por qué no?" preguntó Jasper.

"Porque no es mi intención asustarla, así como a cualquier otra persona en la ciudad. Si vamos a estar aquí durante unos pocos años más, no quiero que los humanos nos tengan miedo."

"Eh, a mí no me importa que nos tengan miedo. Si me temen, me dejarán en paz, y cuanto menos tenga que tratar con humanos, mejor." admitió Jasper.

Alice entrecerró los ojos mirándole. "Pero tú vas a ir a clase aún¿verdad Edward?" preguntó Alice.

"¿Por qué no debería?"

"Bueno, mírala." Señaló a Bella, quien todavía se estaba escondiendo por detrás de su pelo. "Me parece que quiere evitarte a toda costa. De todos modos¿qué está pensando?"

Le eché una ojeada, sabiendo que encontraría una pared en blanco pero albergando la esperanza que podría elegir entre las mentes de los demás para saber qué estaba pensando. Para mi decepción, todo el mundo estaba hablando sobre la nieve. Todos menos Bella. Rebusqué en mis conversaciones anteriores para encontrar la información que buscaba.

"Cree que estoy enfadado con ella. Que no… me gusta."

Jasper se rió bastante fuerte ante eso. "Justo lo contrario¿no?"

Le ignoré. "Y no quiere formar parte de la batalla de bolas de nieve que están planeando para cuando acaben las clases."

Esa poca información les engañó, y el tópico de los pensamientos de Bella fue rápidamente olvidado. "¿Quién está planeando una pelea de bolas nieve?" preguntó Emmett.

"El rubio. Mike. En el aparcamiento."

Emmett sonrió con malignidad mientras pensaba en cubrir al chico de nieve de pies a cabeza. Eso ocupaba sus pensamientos. "¿Estás preparado para enseñarles cómo se hace?" preguntó.

"Cuando quieras," repliqué agradecido por el cambio de tema. "Pero tendremos que ponérselo fácil."

Me aseguré de que la conversación se mantuviera en el tiempo y que se evitara discutir sobre la humana por mucho más, sabiendo que sería demasiado pronto cuando tendría que enfrentarme a ella. A su lado. Atrapado una vez más en una clase minúscula.

No lo aceptaría. No iba a dejarla controlar mi vida. Ella era insignificante… e iba a permanecer de esa forma.