N/A: No estáis imaginando cosas. Esto es una actualización de verdad. No hago ninguna promesa sobre el próximo, pero teniendo la promoción de Eclipse, pues… Leer el primer capítulo me ha inspirado. Así que la musa de Twilight se me ha aparecido para que tengáis otro capítulo. Sólo espero que alcance las expectativas. Esta escena me ha preocupado desde siempre, dado lo sensual que creo que es. Espero que nadie se ofenda por mi punto de vista sobre ella.

Tengo mucha gente a la que agradecer. Primero de todo, a Pel, por ser la que más me ha ayudado a inspirarme con las escenas de Edward. Me dijo un montón de cosas que había hecho mal. Pel, el momento de Carlisle va para ti. SillyBella y Be My Escape, por nuestras discusiones sobre cuando poner "debería" (would) o "podría" (could). Y Hellish Red Devil por ayudarme a arreglar esta cosa en el Día de la Madre. ¡Todos sois la leche!

Y, por supuesto, muchas gracias a Stephenie Meyer por dejarnos jugar con su fandom. Ella es realmente el genio detrás de todo esto.

CAPÍTULO VEINTITRÉS

Me pasé los minutos restantes simplemente escudriñando el bosque. Quería algo más que observarla, mantenerle la mirada y dejarme sucumbir por el amor que sentía por ella en ese momento. Pero no podía. Me preocupaba demasiado la intensidad de mis emociones hasta el punto de no quererla asustar y que me abandonara.

"¿Por qué…?"

Su voz no era estable. Probablemente quería saber por qué después de haber admitido mi amor. Ni siquiera podía mirarla.

"¿Sí?" Dije, mirándola a la vez que dibujaba una sonrisa.

"Dime por qué huiste de mí antes."

Eso no era lo que esperaba. "Sabes por qué."

"No, quiero decir, ¿qué he hecho mal? Tengo que estar preparada, ya sabes, así que mejor si ya empiezo a aprender qué es lo que debería hacer o no. Esto, por ejemplo," deslizó la mano gentilmente sobre el dorso de la mía, "Parece que no te hace mal."

Su roce, tan inocente, hizo que mi cuerpo rugiera de vida. "No hiciste nada mal, Bella. Fue mi culpa."

"Pero quiero ayudar si puedo, para no hacértelo más difícil."

"Bueno…" Me parecía irrisorio pensar que esto no era difícil. Deseaba que fuera más fácil conforme me acostumbrara a su esencia. Pero a lo que ella se refería, y mi reacción, no tenía nada que ver con su olor. "Es que estabas demasiado cerca," le expliqué. "La mayoría de los humanos nos temen instintivamente, les repele nuestra extrañeza… No pensaba que ibas a acercarte tanto. Y el olor de tu garganta…" No quería haber dicho eso. Miré sus oscuros ojos buscando el perdón y me sorprendió que me devolviera la mirada. No había repulsión sino comprensión.

"De acuerdo, pues," dijo, casual, a la vez que bajaba la barbilla para ocultar su delgado cuello. "Nada de exponer la garganta."

Se me escapó una carcajada. Como si ese pequeño detalle fuera a detenerme de anhelar su sangre. "No, en realidad, fue más la sorpresa que otra cosa."

No sé por qué de repente me sentí como si pudiera controlarme pero, de manera temeraria, alcé la mano y la coloqué amablemente encima de su cuello. Noté la calidez que emanaba su cuello, mucho más que sus manos, al igual que podía sentir mucho más fuerte su corazón y su pulso. La vitalidad de su sangre, la esencia de su vida. Lo fácil que era arrebatársela y sustituir mi mano por mi boca. Y beber.

También podía apreciar lo suave que era y, a pesar del hecho de que supiera que tenía que tener mucho cuidado con ella, no podía evitar querer más. Sus labios y la manera que tenía de moverlos, la añoranza de sus ojos, el sonrojo que se le formaba en la cara mientras la sujetaba… Ella era sinónimo de belleza y la amaba mucho más ahora que veía cuánto confiaba en mí.

"Ves," le aseguré. "Todo bajo control." Más bien era lo contrario, pero ella no necesitaba saberlo. Quería más, mucho más, y mucho más que su sangre y que calmar mi ansiada sed de sangre. La quería a ella.

Su pulso se movía a través de sus venas a una velocidad notable, y más desde que mi mano seguía en su cuello. El color de sus mejillas se incrementó y hubo un ligero cambio en su esencia. Por mucho que estuviera excitado por la sed, la pasión que crecía entre nosotros era mucho mayor. Podía sentirla y no hacía nada por querer ignorarla.

"El rubor en tus mejillas es adorable," murmuré quedamente, y me percaté de que mi comentario era de todo menos acertado para expresar lo que ella me hacía sentir.

Me pregunté si era capaz de mostrarle lo mucho que me importaba y que la amaba. Las expresiones humanas como el amor estaban relacionadas con roces afectuosos y besos. ¿Sería posible eso para nosotros? Deseé con toda mi alma ser humano y demostrarle libremente esa forma de cariño. Pero su sangre siempre sería algo que se interpondría. Si sólo hubiera una forma de acostumbrarme a ella, a insensibilizarme… El pensamiento casi me hizo reír, ya que sabía que era imposible. Pero, aún así, no podía eludirlo.

Aparté sus manos y, con suavidad, le acaricié la mejilla viendo el calor que salía de ella y la esperanza reflejada en sus ojos. Si hubiera una oportunidad pequeñita de amarla y estar con ella sin pensar en cuán tentadora fuera su sangre para mí, me forzaría a conseguirlo, me costara lo que me costara. Si quería estar cerca de ella, entonces tendría que acercarme hacia ella. Tenía que dejarme sentirla, tocarla y olerla. Era un gran riesgo; lo sabía con certeza, y era egoísta por mi parte ser tan imprudente, pero era incapaz de evitarlo. Quería esto tanto como nunca había querido algo antes. Ahora quedaba ver si ella me dejaba acariciarla.

Sujeté su bella cara entre mis manos y susurré, "Quédate quieta."

Mis ojos se encontraron con los suyos a la par que intentaba encontrar cualquier atisbo de miedo, rechazo o repulsa. Me incliné hacia ella. Si no quería, pararía. Sería una tortura pero lo haría por ella. Lo que vi en sus ojos me sobresaltó más de lo que había anticipado. Vi amor, deseo, confianza. Antes de que perdiera los nervios, bajé mi moflete para dejarlo caer contra su garganta, justo debajo de su mentón.

Calor. Pulso. Sangre. Vida.

Bella.

La mera esencia de su humanidad latía fuertemente en su pecho. Su fragancia me invadía, me subyugaba y me hacía sentir mareado y no sólo por la sed, aunque fuera el impulso más fuerte que sintiera. La sensación de quemazón se extendió por todo mi cuerpo, llenándome de una necesidad familiar y dolorosa.

Queriendo notar más de su piel, reposé mis manos a cada lado de su cuello. Tomé nota de su rápido pulso en su yugular. Su cuerpo se tensó inopinadamente, ya que era consciente de que estaba haciendo demasiada presión, pero no paré. No podía dejar mis manos en su cuello, sería demasiada tentación no deseada, así que las dejé encima de sus hombros desnudos. Su frecuencia cardíaca aumentó, al igual que su respiración.

No había forma de describir la potencia de su esencia. Era poderosa e intoxicante, y no pude resistirme y tuve que rozar su clavícula con mi nariz. Respiré, sintiendo la emoción de sentirla tan cerca. Su corazón palpitaba bajo su piel. Giré la cabeza y la apoyé ahí, memorizando el sonido y ritmo de su latir.

Un suspiro de puro éxtasis se me escapó.

Era delicioso y aterrador al mismo tiempo. Tener su corazón justo a una fracción de mí, escucharlo funcionar, sentir la sangre recorrer sus venas… me asustaba. Sería demasiado fácil, demasiado fácil, tomar lo que quería y acallar mi sed. Y, al mismo tiempo, me di cuenta de que la había puesto en una posición muy íntima. Era delicioso como sus pechos subían y bajaban con cada respiración.

Más pronto de lo que creía, su corazón se ralentizó a una frecuencia más normal, así como su respiración. Estaba aprendiendo a estar conmigo, quizá incluso estaba cómoda ya. Yo no podía decir lo mismo, todavía. Ni de suerte iba a beber de ella, no podría. Me odiaría para toda la eternidad. No porque ella no mereciera ese tipo de final, sino porque no podría soportar la idea de existir sin ella. Estar tan cerca de ella sólo me hacía desear que fuera para siempre. Sabía que su sangre siempre me atraería, pero también había otros aspectos que cumplían la misma función. Me sorprendió ver que había alcanzado este punto tras haberla estado acariciando durante un período de tiempo tan corto.

La amaba. La amaba con todo mi corazón, por muy gélido que fuera. Me regocijé al escuchar y sentir el sonido de su corazón latir, emanando calor a través de su cuerpo y transmitirlo al mío. La calidez de Bella podría derretir el corazón de cualquier hombre y aun así, yo era quien disfrutaba de esa experiencia. Si no hubiera sido por haber estado tan cerca de ella, habiéndola sujetado así, no podría imaginarme estar sin ella.

Algo golpeó mi cabeza cuando entendí totalmente lo que significaba amar sin control. Como cuando Emmett malcriaba a Rosalie con sus caprichos sin sentido, o que Jasper hubiera abandonado su anterior estilo de vida sólo porque Alice hubiera querido. También el hecho que Carlisle nunca pasara más de veinticuatro horas alejado de Esme. En ese momento, me convertí en el romántico empedernido del que siempre había sido acusado. Más importante, me encontraba en paz amando a Bella.

Inhalando su fragancia una vez más, la liberé lentamente y retrocedí para verla directamente a los ojos. Parpadeó, ligeramente deslumbrada.

"No será para tanto la próxima vez," afirmé.

"¿Lo ha sido para ti?"

"No tanto como imaginé." Era la verdad. Pensaba que querría drenarla hasta que se quedara sin una gota al estar tan próximo a ella, y lo único que había conseguido era que la quisiera más. "¿Y tú?"

"No, no lo ha sido… para mí." Su cara adoptó un matiz rojizo.

Sonreí automáticamente. "Sabes a lo que me refiero."

Me devolvió la sonrisa pero evitó mis ojos.

"Aquí." Cogí la mano de bella y la dejé encima de mi mejilla de piedra. "¿Sientes lo caliente que está?"

Parpadeó otra vez, más deslumbrada que antes, y pude sentir su cuerpo tensarse. Su corazón empezó a latir más fuerte de nuevo pero sus ojos me miraban. Si sólo pudiera escuchar su mente, sabría si habría hecho algún error. ¿Es que mi piel era demasiado pétrea para su roce? ¿O demasiado gélida para su cálida mano? ¿Tendría que llevarla a casa ahora que sabía lo diferentes que éramos? Sólo podía hacer conjeturas y, entonces, me pidió que hiciera lo más inconcebible.

"No te muevas," musitó.

No estaba seguro de por qué lo había dicho pero la obedecí. Cerré los ojos y esperé a lo que fuera que fuera a venir.

Sus dedos recorrieron mi cara delicada y cuidadosamente, como si fuera yo el que pudiera romperse en cualquier momento. No tuve tiempo para divagar en la ironía del asunto, puesto que sus dedos distrajeron mis pensamientos cuando presionó con gentileza mis párpados, rodeando el ojo, y palpando mi cuenca ocular. Aguanté la respiración a propósito cuando tocó mi nariz, sin confiar en mí mismo al tenerla explorando mis rasgos faciales. Podría haber salido bien si no hubiera seguido con mi boca, pero sus dientes se posaron peligrosamente sobre mis labios. No fue intencionado, ya que no pude evitar abrir la boca y tomar una bocanada de aire. Casi podía saborear su piel y, por primera vez en mi vida, me encontré al borde de un precipicio, dispuesto a saltar y tirarme de cabeza, sin pensar.

La deseaba. Más que nada a lo que pudiera haber deseado en toda mi vida, humana o vampira. Y no era su sangre lo que me llamaba en este preciso momento, haciendo a mi cuerpo reaccionar de esa extraña pero placentera forma. Ya la había sentido una vez con ella, esas mariposas en el estómago, pero nunca había sido tan fuerte o tan poderoso como ahora. Era tan confuso quererla de esta forma cuando la quería de otras muchas…

Apartó las manos y me permití mirarla a la cara con la esperanza de encontrar el mismo deseo que yo sentía reflejado en sus ojos. Para mi alegría y completo ímpetu, di exactamente con lo que estaba buscando.

Sin haber experimentando nunca antes algo como esto, mi mente lo pasó mal intentando absorber este nuevo concepto de "desear". Y luché con todas mis fuerzas para que mi cuerpo se mantuviera quieto.

"Desearía," mascullé, "desearía que pudieras sentir la… complejidad, la confusión que experimento. Que pudieras entender."

Su pelo se agitó suavemente por la brisa, colocando un mechón justo delante de su cara. Por vez primera, no dudé en quitárselo para que no me obstruyera la vista de su divina cara.

"Cuéntamelo," jadeó.

"No creo que pueda," dije con honestidad, ya que me costaba explicármelo a mí mismo, incluso. "Te lo he dicho, por una parte tienes el hambre, la sed, de la criatura tan deplorable que soy por lo que siento por ti. Y creo que puedes entenderlo aunque," suspiré, "como no eres adicta a ninguna sustancia ilegal, probablemente no puedes ser lo suficientemente empática."

"Pero…" Miré su cara e, instantáneamente, me desvié hacia su boca. Tan delicada, tan suave, tan femenina. Recordé que, hacía justo unos días, me había preguntado lo que sería besarla. Ese deseo no se había desvanecido y ahora sabía que nunca lo haría. Era algo que anhelaba más que nada en este momento. Y, aun así, no podía. Aún no. Me conformaría con sólo una fracción de segundo tocándola. De modo que mis dedos trazaron la línea de sus labios, justo como ella había hecho antes.

"Hay otros deseos, deseos que ni siquiera entiendo y que me son nuevos."

"Puede que te entienda mejor de lo que crees." Se ruborizó, lo que alentó mi corazón.

"No estoy acostumbrado a sentirme humano." Era la manera más cortés de explicar el deseo que sentía en realidad ya que, como vampiro nunca lo había sentido, así que por fuerza tenía que ser una reacción humana. "¿Es siempre así?"

"¿Para mí?" Hizo una pausa y sostuve la respiración, preocupado de haber abierto la puerta de todos los hombres que habían llegado hasta su corazón antes que yo. Para mi alivio, dijo, "No, nunca. Nunca antes."

Entrelacé mis manos con las suyas, tapándolas completamente a modo de metáfora personal de lo mucho que ansiaba cubrir todo su cuerpo con el mío. Era un imposible, por lo que casi me reí con tan sólo pensarlo. "No sé cómo acercarme a ti," admití. "Tampoco si puedo."

Manteniendo mi mirada, Bella se inclinó con dilación. Podía apreciar la advertencia de sus ojos y, entonces, para mi total escepticismo, depositó la cabeza encima de mi pecho con amor. Mi respiración se entrecortó y momentáneamente perdí la concentración en todo lo que no fuera Bella, o lo que se sentía al tener su cuerpo contra el mío.

"Esto es suficiente," suspiró ella.

Cualquiera que fuera el instinto humano que vivía en mi alma inmortal, lo aparté a la vez que rodeaba con mis brazos a la preciosa mujer que tenía conmigo. No quería apretar demasiado pero empleé la suficiente presión como para mantenerla quieta, mostrando lo mucho que quería que no se fuera nunca. Mis ojos permanecieron cerrados y dejé la cabeza caer en su sedoso cabello. En cualquier historia romántica, mi próximo movimiento sería besarla y hacer hincapié en que mi intención era amarla siempre, pero esto no era un romance normal y corriente, a pesar de mi deseo de que así lo fuera. Siguiendo mis impulsos.

"Eres mejor en esto de lo que crees," opinó.

"Tengo instintos humanos. Enterrados, pero están ahí." Le revelé que eran instintos olvidados y acallados silenciosamente pero que sería capaz de encontrar más de ellos si quisiera.

No estoy seguro de cuánto tiempo estuvimos así. Las perplejas, felices y todavía confusas emociones persistían. Pero me regocijé en la manera que tenía su corazón de latir contra mi pecho. No me quería mover, no quería que este momento terminara. Habiendo desafiado el tiempo al haber sido un vampiro en este mundano mundo, encontraba demasiado cruel que no fuera capaz de quedarme en este momento durante mucho más tiempo. El sol se había puesto. El cuerpo de Bella se puso tenso y supe que la hora de volver había llegado. Exhaló lentamente, llegando a la misma conclusión.

"Tienes que irte," murmuré contra su pelo.

"Pensé que no podías leerme la mente."

Sonreí ante su provocación. "Cada vez, es más fácil."

Nos llevaría horas volver al coche si caminábamos al ritmo normal y humano de Bella. Si tenía que llevarla a casa pronto para que su padre no se preocupara, tendríamos que viajar de una forma mucho más rápida. Mi manera de viajar era infinitamente más rápida y más vigorizadora. Tomándola por los hombros, la moví gentilmente para poder verla a la cara.

"¿Puedo enseñarte algo?" Quise saber sin mostrar la emoción que sentía.

"¿Enseñarme el qué?"

"Cómo viajo por el bosque." Hizo una mueca. "No te preocupes, estarás segura y llegaremos a tu monovolumen mucho más rápido." Tampoco es que su monovolumen fuera a llevarnos a su casa en un período de tiempo más corto. Podría devolverla a casa en cuestión de minutos si no tuviéramos que preocuparnos por el viejo monovolumen. Sonreí con la mera idea.

Entrecerró los ojos. "¿Te convertirás en murciélago?"

Me reí. "¡Como si no hubiera oído eso antes!"

"Vale, seguro que te lo dicen a menudo."

"Ven, pequeña cobarde, súbete a mi espalda."

Dudó y frunció el ceño, mirándome como si estuviera loco. Quizá lo estaba, pero era demasiado tarde para echarse atrás. La cogí de la mano para colocarla cuidadosamente encima de mi espalda. Su corazón se aceleró, pero no estaba seguro de si era por lo que iba a hacer o por estar tan pegada a mí de una manera tan inusual. Sus piernas rodearon mi cintura instantáneamente; aterrorizada. ¡Como si la fuera a soltar!

"Soy un poco más pesada que tu mochila de siempre," constató con un gesto de disculpa.

"¡Ja!" Me reí. Casi no podía notar su peso. Era más el hecho de que estuviera tan cerca de mí lo que me preocupaba y no ser incapaz de aguantarla. Pero no importaba, nada importaba. Podía andar sobre el aire en este momento.

Me asombró la confianza que había ganado en mí mismo al tenerla tan cerca de mí. Esta misma mañana temía por lo que podría hacerle si estábamos tan unidos y, ahora, todo lo que podía pensar era tenerla incluso más próxima a mí. Tomé su mano y presioné mi cara con su palma. Inhalando su esencia, murmuré, "Cada vez, más fácil."

Corrí entre los árboles, rebosante de felicidad. Mis pies empujaban la sólida tierra con tal ligereza, como nunca antes había experimentado. Había conquistado tantos obstáculos para confortar a Bella, que los árboles pasando a velocidad inhumana no eran nada en comparación. No es que fuera un desafío, de todas formas, considerando lo que había acabado de conseguir. Dada la paz que sentía al correr lo más rápido que podía con Bella en mi espalda, a salvo, contemplé las posibilidades que tenía con ella. Más concreto, una que quería haber hecho desde hacía mucho: besarla. Era impensable que me lo planteara siquiera, pero me di cuenta que, si no lo intentaba ahora, quizá no podría reunir el coraje suficiente para hacerlo más tarde.

Crucé el último recodo del trayecto y me detuve justo a una corta distancia de la carretera.

"Vigorizante, ¿verdad?" Afirmé, tanto por la carrera como por el hecho que había decidido intentar besarla.

Me callé y esperé a que Bella bajara. Al ver que no se movía, giré mi cuello para verla mejor. "¿Bella?" Pregunté con ansiedad.

"Creo que necesito tumbarme." Su voz era débil y áspera.

Ni siquiera se me había pasado por la cabeza que mi carrera podría haberla asustado. "Oh, lo siento," repliqué, pero ella seguía sin moverse.

"Creo que necesito ayuda," dijo, reacia.

Me reí deseando que se relajara y se riera conmigo, pero no lo hizo. Si eso, su agarre con respecto a mi cuerpo se hizo más fuerte. Gentilmente, la agarré por los brazos y los separé, deshaciendo el nudo que había formado alrededor de mi cuello. Con suavidad para no apretar más de lo debido, la coloqué delante de mí y la sujeté entre mis brazos una vez más. Era tan pequeña, tan delicada, que el mareo que se podía apreciar en su tez, combinado con su palidez, me rompió el corazón.

"¿Cómo te sientes?" pregunté, dejándola en el suelo con dulzura.

"Mareada, creo," contestó, deslizándose para sentarse en la hierba.

Eso no era nada fuera de lo normal para Bella. Aún así, me dolía saber que había sido por mi culpa que se encontrara mal, y no por nada romántico, todavía. Le dije que pusiera la cabeza entre las rodillas, y estuvo así un rato. Su respiración era lenta y pausada, como su frecuencia cardíaca. Sintiéndome culpable por todo esto, me senté a su lado y esperé a que me regañara como merecía.

"Supongo que eso no fue una buena idea," concluí, apesadumbrado.

"No, fue muy interesante."

Intentaba apaciguarme, eso estaba claro, y me hizo reír. "¡Ja! Estás tan pálida como un fantasma! No, ¡estás tan blanca como yo!"

"Creo que debería haber cerrado los ojos."

"Recuerda eso la próxima vez."

"¡La próxima vez!" Se quejó.

Quizá no se habría dado cuenta aún pero habría una próxima vez. Había llegado a un punto que sabía que podía arreglármelas estando junto a ella. De hecho, me alegraba tanto mi nuevo remanso de paz que me aterraba siquiera pensar que iba a estar alejado de ella. Y dudaba seriamente que ella quisiera alejarse de mí, para ser sincero, viendo cómo había reaccionado cuando estábamos en el prado. Me reí de nuevo.

"Basta ya," murmuró.

Me incliné más hacia ella dejando mi cabeza muy cerca de la suya. Sus labios estaban a un centímetro de los míos. Estaba mal ser tan egoísta y querer besarla ahora. Había puesto a la pobre chica en una situación que había resultado una experiencia horrible y aquí estaba yo, listo para besarla a pesar de eso. Pero es que la oportunidad era demasiado perfecta como para ignorarla. "Abre los ojos, Bella."

Lo hizo y la escruté con la mirada a esos marrones ojos suyos. Cómo había acabado ganando el amor de este ángel divino era una misterio para mí.

"Pensaba que, mientras corría…" Respiré tratando de pensar en la mejor elección. No sólo había meditado durante la carrera, sino también antes, pero era ahora cuando creía que sería capaz de arreglármelas.

"En golpear los árboles no, espero," apuntó Bella.

"Tonta Bella," me carcajeé. "Correr es como una segunda naturaleza para mí, no es algo que tenga que pensar."

"Basta ya," repitió en un aliento.

No podía estar tan enfadada conmigo, ya que seguía teniendo su sentido del humor sarcástico. La amaba por eso. La amaba más de lo que pudiera explicar y ahora era mi oportunidad de mostrárselo… de la manera más humana que sabía. Pero dejaría que su reacción me guiara. Decidí que sujetaría su rostro con mis manos. Si parecía asustada o preocupada, fuera como fuera, entonces sólo besaría su mandíbula y cuello. Pero si veía cualquier indicación de que quería más que eso, si se ponía de puntillas hacia mí, entonces la besaría en los labios.

"No," continué, "pensaba en algo que quiero probar."

Cordialmente y con cuidado, puse mis manos alrededor de su bella, sonrojada y cálida cara. Miré sus ojos y noté que no estaba respirando con propiedad. De hecho, no respiraba. ¿Era miedo? Casi me aparté, pero entonces la boca de Bella se abrió ligeramente… y entonces, alzó la barbilla. Era un movimiento casi inapreciable para el ser humano, pero era la clase de señal que estaba esperando. Su boca estaba tan cerca de la mía que podía sentir el aire caliente abandonar su cuerpo conforme respiraba.

Entonces me di cuenta que, si la besaba, sería como si estuviera saboreando ese aire caliente. Sabía que besarla significaría probar sus labios, pero no había pensado lo de su respiración. Tenía que ir lentamente y no dejarme pensarlo demasiado, ya que no iba a ser tan tonto como para pensar que me conformaría con probar su aliento. Me tentaría demasiado para saborear… más que eso.

Sin tener ninguna experiencia en besar románticamente, me puse nervioso sobre cómo tenía que hacerlo. Nunca había querido besar a nadie mientras había sido un hombre, así que no podía confiar en mis distantes memorias humanas para sentir lo que se supone que tendría que sentir. Y en mi vida inmortal, aunque se me hubiera presentado la oportunidad en contadas ocasiones, nunca me había atraído la idea. Las películas y los libros eran buenos para hacer volar la imaginación, pero era rápido en aprender que se equivocaban enormemente sobre el concepto de amor verdadero.

Todo lo que tenía que hacer era lo que había presenciado en mi propia familia. No es que yo hubiera prestado mucha atención al romance presente entre las parejas de mi familia, pero a veces era difícil de evitar. Y, después de todo, era un lector de mentes. No era como si yo pudiera apagar la sintonía cuando quisiera. Recordé con total claridad la primera vez que Carlisle besó a su querida Esme. Tras todo el tiempo que habían pasado juntos, tras todos los malentendidos que habían tenido que pasar y tras haber admitido lo profundo que era el amor que sentían el uno por el otro, él inclinó su cabeza en un simple movimiento de modo que sus labios tocaran los de ella, con lo que dejaron un profundo impacto en mí. Me acordé también de que me sentí como un indeseado en esa situación, por lo que me marché de la casa para darles algo de privacidad.

Quería que mi beso fuera algo así. Siendo más concretos, quería que mi primer beso con Bella fuera justo así.

Podía hacerlo. Quería hacerlo. Bella quería que lo hiciera. Mi cuerpo me lo suplicaba, al menos intentarlo.

Con precaución y extremada delicadeza, presioné mis labios con su suaves y gruesos labios.

Placer me recorrió al instante, consumiéndome. Ningún libro ni película, ninguna tortuosa conversación con mis hermanos, ni siquiera mi propia imaginación, me había preparado adecuadamente para lo que sentía en estos instantes. Mi mente se puso en blanco durante un segundo hasta que pude comprender totalmente lo que pasaba. El corazón de Bella había aumentado a una velocidad alarmante sus latidos, mandando la sangre rápidamente a través de sus venas, su calidez tentándome. Como si su boca estuviera en llamas y yo no pudiera escapar.

Y entonces, ella respiró. Tomó aire, abriendo su boca e inhalando con ímpetu. Mi boca aún empujaba la suya pero no me atreví a corresponderle el beso. Supondría la muerte si lo hiciera. Y me quedé petrificado. Deseé que mi cuerpo estuviera tan quieto como una roca mientras Bella me besaba y me acariciaba el pelo. Si hubiera sido mortal, la hubiera besado con la misma convicción que ella. Pero eso no podía ni ser planteado.

Gentilmente pero con determinación, aparté su cara de la mía, reticente, y la mantuve a un milímetro de distancia. Sus ojos se abrieron como platos, risueña, con una expresión incrédula.

"Ooops," masculló.

"Eso es una atenuación."

Podía degustar sus labios. Los suyos. A Bella. Su respiración, su calidez, su fuerza vital. Y quería más. Pero, de nuevo, no me atreví a desafiar mis límites. Ya era bastante tener que controlarme al tocarla de una forma tan íntima como había hecho. Era demasiado. ¿Por qué arriesgarme ahora? ¿Por qué arriesgar su vida, a pesar de que me haya dado tanto?

"¿Debería…?" Se movió un poco, tratando de deshacerse de mi asimiento.

No quería que se moviera. Sólo quería que se mantuviera quieta durante un momento. Cerca de ella, con la sensación de sus labios aún fresca en mí.

"No, es soportable," aseguré, sujetándola. "Espera un momento, por favor."

Lentamente, el tiempo transcurrió y el fuego entre nosotros empezó a desaparecer. Me analizaba con minucia, y deseaba con vehemencia poder saber qué estaba pensando. ¿Qué había pensado en realidad del beso? ¿Mis labios eran como el mármol? ¿Demasiado fríos? ¿O había sido para ella lo mismo que para mí? Puro y desenfrenado éxtasis.

Decidí que sus sentimientos habrían sido como los míos teniendo en cuenta su respuesta. Era una reacción muy humana. Ese hecho me derritió en mi interior.

"Ya está," dije una vez que ya no veía fuego por ninguna parte.

"¿Soportable?" Preguntó ella.

No pude retener una risotada. "Soy más fuerte de lo que pensaba. Es bueno saberlo."

"Desearía poder decir lo mismo, lo siento."

"Sólo eres humana, después de todo."

"Muchas gracias," hizo una morisqueta.

Me levanté y la ayudé a levantarse. Sus ojos, más abiertos de lo normal, estaban fijos en mí cuando tomó mi mano, como si dudara y eso me intrigó. Desde luego, siempre me intrigaría esta criatura cuya mente me era inaccesible.

De repente, se balanceó ligeramente, como si fuera a perder el equilibrio. "¿Aún estás mareada por lo de correr? ¿O fue mi pericia al besar?" Bromeé con acidez.

"No estoy segura, aún me noto mareada. Creo que es una mezcla de las dos." Su sinceridad me sorprendió y me llenó a partes iguales. Había disfrutado del beso. Qué enternecedor, la verdad.

"Creo que tendrías que dejarme conducir," me ofrecí.

"¿Estás loco?" Protestó ella.

"Puedo conducir mejor que tú en tu mejor día," dibujé una sonrisa burlesca. "Tienes peores reflejos."

"Te doy la razón pero no creo que mis nervios, o mi coche, puedan soportarlo."

"Un poco de confianza, Bella, por favor."

Puso la mano en su bolsillo y supe que ya había decidido. Deseaba decir que su respuesta me había sorprendido, pero no fue así. A Bella no le gustaba ser dependiente de algo o de alguien.

"No, ni de coña," dijo, sacudiendo la mano.

Levanté una ceja como respuesta.

Sólo necesitó de un paso para casi caerse y estamparse contra el suelo. La cogí con facilidad y la sujeté con fuerza por su cintura. Me pregunté si sería capaz de pasar algún control policial. Si la policía la pillaba, sería acusada probablemente de conducir bajo la influencia de estupefacientes. Si yo no la paraba, iba a conducir.

"Bella, ya me he esforzado sobremanera para mantenerte viva. No voy a dejar que conduzcas cuando casi no puedes ni tenerte en pie. Además, la gente no deja conducir a sus amigos cuando están borrachos." El refrán provocó que soltara una carcajada.

"¿Borrachos?" Objetó ella.

"Mi presencia te intoxica." Siempre teníamos ese efecto en humanos, pero no sabía que ver a Bella vivirlo me resultaría tan estimulante.

"No puedo discutirte eso," admitió para mi felicidad. Alzó la llave y la dejó caer con rapidez. La agarré sin quitar mis ojos de ella. "Relájate, que mi coche es un señor mayor."

"Muy razonable," aprobé.

"¿Y a ti no te afecta mi presencia o qué?" Inquirió. Sonaba irritada.

No tenía ni idea. Su presencia era tan encantadora, tan intoxicante que apenas podía comprenderla. Me aproveché y, otra vez, absorbí su adorable esencia dejando caer mi boca delante de su mandíbula. Reposé mis labios sobre ella, recorriendo su oreja y su barbilla, notando el calor y el flujo de su sangre. La suave y sedosa piel de la chica, la tensión que provocaba a su cuerpo para que se estremeciera contra el mío… y la forma que tenía mi cuerpo de reaccionar ante todos esos estímulos. Oh, sí, me afectaba. Profundamente.

"Igualmente," murmuré, forzándome a apartar mi boca de su piel, "Tengo mejores reflejos."

N/Sango: En fin, se acabó. La autora no tiene más capítulos ni piensa escribir más, pero ya de hace tiempo, y yo no puedo hacer nada más. Odio dejarlo incompleto, ya lo sabéis, pero no es cosa mía.

Os agradezco todo vuestro apoyo. Muchas gracias por haber llegado hasta el final,

Sango