¡¡¡¡¡Feliz Navidad Harmony!!!

Publicado el 25-diciembre-2008


Hielo

Las luces coloridas inundaban las calles de Londres.

Villancicos, hombres simulando ser obesos para meterse en trajes rojos y agregarse una falsa barba blanca espesa, sonido de campanas, gente caminando apresuradamente de un lado para otro.

Una navidad tan muggle que en magia no tenía nada que envidiar al Mundo Mágico.

Harry sonrió, apenas perceptible, colocando las manos enguantadas en los bolsillos laterales de su abrigo azul marino.
En honor a la verdad, para el joven Potter sólo bastaba una persona para volver «mágico» su mundo, y él podía estar andando por Paris, Roma, Hogsmeade... mientras Hermione esté junto a él, todo simplemente estaba bien.


Cerca de diez minutos después, Harry Potter tuvo que rectificar sus palabras, aprisionando los puños, sintiendo la firmeza de los dedos de Hermione bajo su brazo, insistiendo en ignorar a aquel desdichado.

– L…La ley di…ce q… que shi es….tásshhh de…bajo ….m…muérrr…dago… de…bessshhh re…shi..bir un besho – insistía el tipo, con la lengua enredándose en cada palabra soltada

–Sigamos, Harry – solicitó la joven de apellido Granger, haciendo más firme su agarre, al empujarlo un poco hacia el frente.

El mencionado apenas había dado dos pasos al frente cuando se detuvo con cierta brusquedad, siendo arrastrado con Hermione cuando aquel imbécil (y el calificativo no se debía a su condición no-mágica) la haló con cierta fuerza.

El hombre volvió a señalar su ridículo cintillo que en la parte del frente colgaba una ramita muy común en la época navideña.

–Me... de-bessshhh un be...shoooo

Y el hombre recibió, no precisamente un beso, sino un golpe en el rostro, cortesía de Harry Potter.

Del impacto, el hombre soltó el agarre que tenía con Hermione. Harry movió los dedos de su mano derecha, comprobando que sus huesos no se hubiesen roto. ¡¡Demonios!! El tipo tenía la cabeza de mármol.

Harry ignoró la expresión atónita de Hermione, y la tomó del brazo (en el fondo deseando no ser tan patán como aquel tipo) para guiarla por la multitud que seguía sus actividades como si nada hubiese sucedido.

La pareja apenas había avanzado unos cinco pasos, cuando Harry sintió que lo volteaban con brusquedad, y sin darle tiempo a reaccionar, dio dos abruptos pasos hacia atrás, consecuencia del golpe que le fue devuelto.

Ni Voldemort, ni acromántulas, ni hipogrifos, ni dragones colacuernos húngaros, ni mortífagos, ni si siquiera Snape (que era peor que todo lo anterior mencionado) habían podido con Harry Potter.

Y un simple hombre, sin pizca de magia, lo había hecho caer de una forma tan ridícula y patética.

–¡Harry! – murmuró Hermione, quien se había puesto en cuclillas a su lado para acunar en su fémina mano el rostro del joven para analizar el golpe. Él notó cómo se mordisqueaba el labio inferior, por lo que dedujo que mañana (o en cuestión de un par de horas) iba a tener una preciosa hinchazón con matices verdes y moradas, quizá rojo también. Después de todo... ¡Es Navidad!

El tipo se acercó, según él, de manera firme y amenazadora. La realidad: se tambaleaba como si estuviese caminando en la cuerda floja. Empezó a gesticular y a lanzar amenazas contra Harry, honestamente no se le entendía ni qué sílabas quería pronunciar, quizá porque el alcohol le estaba afectando más, por el anterior golpe recibido o la mezcla de ambas opciones.

–Ignorémoslo y vayámonos – Harry no pudo descifrar si existía angustia en la voz de ella o fastidio por la situación, de hecho, casi no podía pensar bien en qué hacer por la rabia recorriéndole en las venas. Repentinamente el joven Potter sintió un estremecimiento al percatarse que los dedos de Hermione le acariciaban alrededor del lugar de impacto de su rostro – Por favor

Definitivamente ella sabía cómo convencerlo.

Harry asintió y al momento se reincorporó para después ofrecerle la mano a Hermione y ayudarla a levantarse.

«Ignorarlo, ignorarlo, debemos ignorarlo.»

La mente de Harry se lo repetía hasta el hastío, incluso cuando aparentemente el tipo se metió con la difunta madre de él, poniendo en duda la reputación de Lily Potter.

Harry deslizó un brazo alrededor de Hermione, acción que en otras ocasiones se moría por hacer pero se lo hubiese pensado trescientas mil veces, por temor a delatarse, no obstante como ahora él no estaba pensando, sino actuando, el gesto le salió de manera automática.

Hermione apenas tuvo tiempo de recostar la cabeza en el pecho de él, Harry apenas tuvo tiempo de sentir cosquillas en la nariz a causa de las ondas castañas, y nuevamente el joven fue arrancado de ella.

Una vez, la guardia baja.

Dos veces sería de estúpidos.

Antes de recibir el golpe, Harry se adelantó al mismo con la mano izquierda, curiosamente teniendo más fuerza en la misma, por lo que el hombre estuvo a punto de perder el conocimiento.

Sin embargo aquel tipo debía tener una vena masoquista y un sentido nulo de auto protección, porque si él pensó que por no ir hacia Harry sino hacia Hermione, el joven Potter lo iba a dejar en paz, estaba muy equivocado.

Harry tanteó el aire, al tratar de agarrar la cabeza del tipo, y tardó un par de segundos en descubrir el por qué el hombre se doblaba sobre sí mismo, ahogando un grito de dolor. La rodilla levantada de Hermione se lo dijo todo.

Seguro que eso dolía más que un millón de Crucio.


–¿Te duele? – indagó Hermione, colocando una bolsa de hielo debajo del pómulo derecho de Harry. – Este tipo no hace caso a eso de «No golpear a un hombre con lentes»

–Al menos no los estropeó – respondió Harry, tratando de averiguar en dónde le dolía menos, si en la cara o en las manos que descansaban en medio de cubitos de agua congelada. Los lentes se encontraban en la mesa de lectura de Hermione, al lado izquierdo del sofá en que Harry estaba recostado, con la cabeza hacia atrás.

Hermione sonrió, logrando inconscientemente que Harry pensara de todo menos en el dolor.

–Entonces hubieses tenido que esperar hasta después de Año Nuevo para que los reparase, o haber ido a una óptica.

–Que probablemente hubiese estado cerrada en estas épocas.

La joven soltó una profunda bocanada de aire. Recordaba vagamente haber visto en el botiquín un ungüento para golpes que no procedía del mundo mágico, el mismo que aunque tardara más en curar los golpes de Harry, les ayudaba a los dos magos que habían hecho la promesa de no usar magia en determinadas épocas del año, para no olvidar sus orígenes.

Era algo que lastimosamente ni Ron, ni Luna, ni Ginny, ni los demás de la familia Weasley, entendería.

Y gracias a ello, su mejor amigo se había ganado unos dolores físicos que le durarían mínimo por una semana, casi todas las vacaciones de navidad y año nuevo.

Hermione se mordisqueó el labio inferior. Un tímido pero sincero «Gracias» es lo de menos que puede hacer por él. También invitarlo a la cena de año nuevo, porque realmente, en lenguaje muggle, Troya está que arde en la Familia Weasley, en especial porque la menor de la casa quiere cambiar su apellido a Malfoy, y no porque precisamente Draco la considere su hermana perdida.

Si con el descubrimiento de la relación en plena cena navideña se armó este alboroto... en el que tanto Harry como Hermione se sentían fuera de lugar, por ello decidieron irse sin decirle nada a nadie.

Hermione se agachó un poco, aprovechando que Harry tenía los ojos cerrados. Sí, un «Gracias» y un beso en la mejilla estarían más que bien, quizá en el pómulo, después de todo, de pequeña su mamá le daba besos en sus golpes.

–Harry – suavemente le llamó Hermione, al momento que dirigía sus labios al pómulo del joven.

–Dime– respondió él, volviendo su rostro hacia ella.

...

Y la verdadera magia surgió en la habitación.

Fin del proyecto.


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