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UN ENCUENTRO EXTRAÑO

¿Usted los conoció?

- Oh, sí, claro que los conocí. Los conocí muy bien. Yo estuve ahí todo el tiempo, lo vi todo con mis propios ojos.

La penumbra del bar, las velas a medio consumir, con los rastros de cera escurriendo sobre los candelabros en la mesa. Una vieja pipa, larga, tallada aparentemente a mano, expulsando un suave hilo de humo delgado y de olor fuerte.

El anciano que hablaba vestía un gastado traje de color gris oscuro, la corbata mal anudada y la camisa abierta en el primer botón. Delgado y de rostro triste y sereno. Los zapatos negros estaban sucios de polvo y de años.

Tenía la cabeza cubierta por una especie de venda sucia y vieja y encima de todo esto, un sombrero bajo de estilo inglés. Parecía no haberse rasurado en días, pues la barba irregular brotaba canosa y sin concierto alguno.

Alrededor de él, cuatro jóvenes de aspecto afable y un poco inocente, se apiñaban curiosos, mirándolo fijamente. Tres chicos y una chica, hermosa y callada.

El que parecía ser el mayor, volvió a hablar:

¿Está diciendo que fue compañero de esos tres, cuando ese tal Voldemort desapareció para siempre?

Claro que sí. Fueron tiempos difíciles. Ustedes no nacían aún. Sin embargo esos tres niños supieron enfrentar muchos peligros muy grandes. Como sea, no todo fue bien después de que Voldemort desapareció – un leve temblor en la expresión del viejo -, lo cual, por supuesto, fue puesto en duda durante mucho tiempo después de la batalla con ese joven, Potter.

Los jóvenes se miraron entre sí, todavía un poco incrédulos. Todos de familia muggle, ninguno de ellos con una sola gota de sangre mágica en el cuerpo.

Hacía años que el mundo muggle sabía de la existencia de la magia, de aquel otro universo dentro del suyo.

Los muggles y los magos tenían un trato reservado entre ellos, cortés y superficial, como si tratarse entre sí fuera encontrarse con seres de otro planeta. Por las calles podían pasar unos y otros, los muggles sin miedo o emoción alguna al ver a los hechiceros y brujas; estos últimos vistiendo ya no las túnicas largas y los sombreros puntiagudos de antaño, sino ropas más discretas y "comunes".

No podía ser de otra manera, después de los acontecimientos sucedidos hacía ya tanto tiempo, que sólo los más allegados a sus protagonistas podían recordar con claridad.

Aún así, no muchos muggles se aventuraban en el mundo mágico.

El viejo sostenía una copa de vino tinto en la mano izquierda. Dio un trago prolongado y después la llenó nuevamente.

¿Por qué dice que no todo fue bien después de que Voldemort se fue¿Qué de malo podía suceder si él ya no estaba?

Muchas cosas pueden ir mal cuando las cosas no se hablan claramente, cuando los amigos se sienten defraudados, cuando…

Se detuvo pensativo. Fijó la vista en el rojo líquido que tenía frente a él.

¿Cuándo qué?

Los jóvenes lo miraban con curiosidad. El anciano tomó la pipa y aspiró pesadamente. Entornó la mirada y, como haciendo un esfuerzo, continuó:

… Cuando lo que más ama una persona en todo el mundo, le es arrebatado. Cuando no se perdona.

¿Puede contarnos¿Qué fue entonces de esos tres muchachos¿Qué pasó?

El anciano no lo miró, pero sonreía.

Claro que puedo contarles, jóvenes. Claro que puedo hacerlo. Pero no es una historia sencilla, mucho menos breve. Si tienen tiempo, puedo hacerlo. Sólo si tienen tiempo y están dispuestos a escuchar con atención.

Claro que tenemos tiempo¿no chicos?- asintió el joven que había hablado, volviendo la mirada a uno y otro lado, hacia sus compañeros.

Todos afirmaron con la cabeza y voz tímida. El anciano los contempló un instante, dio otra fumada a su pipa y recargó los codos en la mesa, cruzando las manos llenas de pequeñas manchas y perdiendo la mirada al frente, sumiéndose en los recuerdos de muchos años atrás.

"Hace ya muchos años, cuando el mundo muggle no tenía noticia de la existencia del mundo mágico, Hogwarts era la escuela de hechicería más importante en el mundo. O eso decían, en realidad había varios colegios de gran tradición y riqueza en el arte de la magia. Las cosas eran muy diferentes.

La gente vestía de una manera distinta, los lugares que visitábamos estaban encantados, de manera que los muggles no podían verlos aun teniéndolos enfrente… el mismo dinero era muy diferente. Pensar en incluir a la gente no – mágica en nuestro mundo hubiera resultado prácticamente un crimen.

Sin embargo éramos bastante felices. Las cosas marchaban bien desde que Voldemort había perdido sus poderes y desaparecido sin dejar rastros. Por supuesto, yo tenía un año de edad cuando eso sucedió.

Supe después todo lo que había que saber sobre él, por medio de mis padres, como cualquier niño del mundo mágico. Ese hombre, si algo quedaba en él de humano, marcó toda una época en nuestro mundo.

La gente vivía aterrorizada, él asesinaba a todo aquél que se atreviera a ponerse enfrente. Logró infiltrarse en lo que alguna vez fue el Ministerio de Magia, manipuló a muchos de nosotros… logró una verdadera batalla entre magos.

Fue vencido no gracias a los magos más poderosos del mundo, conocidos como la Orden del Fénix, sino a un pequeño niño que, sin saberlo, salvó de la desgracia a todos los que vivíamos en el mundo mágico, y tal vez a los que no formaban parte de él.

En el año en que entré a Hogwarts, fue recibido ese pequeño. Lo recuerdo muy bien: Tímido, siempre un poco separado del resto de la gente. El cabello eternamente alborotado, no importaba cuánto tratara de peinarlo, simplemente no podía acomodarlo.

Tenía los ojos verdes, muy intensos y grandes, ocultos siempre por las gafas redondas.

Lo más remarcable era la famosa cicatriz; todos los que fuimos sus compañeros alguna vez logramos verla: delgada, sobre su frente, en forma de relámpago, un poco brillante. Generalmente la ocultaba bajo el cabello.

Fue sorprendente que nos hicieran compañeros de casa, mediante un proceso que no quiero explicar hoy, pero que tiene que ver algo con un sombrero viejo.

Él y yo fuimos colocados en Gryffindor, una de las casas de Hogwarts. Era un buen muchacho, a veces confundido.

Tenía gran amistad con un pelirrojo, un poco más alto que él y flaco. Parece ser que desde el primer día se simpatizaron. No podía encontrarse a uno sin el otro. Juntos se apoyaban cuando alguien los molestaba. Solían tener peleas a golpes con miembros de otras casas, especialmente de Slytherin.

Muchachos pesados casi todos ellos, difíciles de tratar.

Tiempo después, una pequeña niña con demasiado cabello, siempre la mejor en todas las clases, comenzó a reunirse con ellos, a mediados de ese primer año".

Los jóvenes lo miraban interesados.

¿Lo adivinan? – murmuró el viejo paseando la mirada sobre sus rostros.

Asentían casi sin darse cuenta.

Harry, Ronald, Hermione… – respondió uno de ellos.

Así es… un trío inseparable, podíamos verlos juntos cada día. Una amistad fuerte, intensa, cada uno parecía disfrutar cada segundo de la compañía de los otros… juntos enfrentaron peligros inmensos, pelearon contra muchas bestias, contra magos tenebrosos… y siempre salieron adelante. Siempre supieron vencer cualquier obstáculo que se les pudiera presentar.

El anciano prosiguió con el relato:

"En el último año que estuvimos en Hogwarts, pocos eran los que no preveían aquel tan temido "encuentro final" entre Potter y el Señor de los Mortífagos.

Cada uno de los tres amigos se preparaba intensamente para esta prueba, bajo la dirección de Albus Dumbledore… un verdadero genio ese hombre. Uno de los mejores magos que ha conocido el mundo. Nadie pensaba que sería superado algún día por sus alumnos más queridos.

Fue bajo la tutela de Dumbledore, que los tres muchachos fueron adentrándose en la defensa contra las artes del enemigo, haciéndose más sabios y fuertes cada vez, hasta encontrarse listos para saltar en defensa del mundo mágico.

Durante esa época, se les vio más unidos que nunca. Sus paseos, sus pláticas y sus juegos a través del colegio parecían interminables… no era raro encontrarlos caminando cerca del lago, los tres abrazados y riendo, ella siempre en medio de los dos chicos, que la protegían y la procuraban.

Ronald, alto, delgado y fuerte, tenía el cabello encendido de rojo intenso; en su último año optó por dejarlo crecer y sujetarlo con un listón, regalo de Hermione… fue un excelente guardián durante su temporada en el equipo de quidditch de nuestra casa, Gryffindor.

Harry era también un excelente jugador, capitán del equipo. No era tan alto como Ron, pero era fuerte y muy veloz, un gran buscador, el mejor en mucho tiempo. Podía volar como un halcón cuando tomaba su escoba. Yo mismo fui testigo de grandes jugadas de Potter.

Y Hermione… ella siempre estaba preocupada por los estudios, llegó a ser prefecta de la escuela. Siempre ayudando a sus amigos en los deberes, solía ser una joven seria y responsable… sin embargo nunca dejaba pasar una aventura con los dos chicos. Podía iluminar un día lluvioso sólo con su sonrisa. Era impresionantemente hermosa, el cabello castaño claro a veces suelto al viento, a veces recogido en una cola, muy delgada y graciosa… siempre fue la protegida del trío.

Cada uno era valiente y entregado a su manera.

En verdad eran otros tiempos…

Eran felices, aun sabiendo que la sombra del enemigo se cernía sobre ellos.

Afrontaban cada día con coraje, con alegría, creían en su amistad. Aprendieron a sonreír aún en las épocas más oscuras. Sabían bien que, estando juntos, ni siquiera Voldemort podría vencerlos, y juraban acompañarse hasta el último momento en la batalla por llegar.

Y la batalla sucedió… y después de terminada, nada volvió a ser igual".

El viejo calló. Por un momento, un dejo de profunda tristeza lo hizo bajar la mirada.

Afuera del bar el cielo se nublaba en la noche, haciendo ésta más oscura aún.