El Hombre siempre cree que lo que piensa es verdad - Mahatma Gandhi

Los periódicos de todo el país informaron de la catástrofe. Un laboratorio de drogas ilegal situado en un bloque residencial de Georgtown había sido el responsable de cientos de pequeñas de explosiones (que algunos vecinos habían confundido con disparos) que provocaron fugas de varios gases letales acabando con la vida de un centenar de personas.

Al contrario que en otras ocasiones no hubo telemaratones para recaudar dinero para los familares de las víctimas, ninguna cadena de televisión dedicó ningún programa especial al suceso y los periódicos no se tiraron semanas abriendo sus titulares con alguna referencia a la desgracia.

Por supuesto, los resultados de las autópsias no se hicieron públicos y los cuerpos recuperados nunca fueron devueltos a sus familas que enterraron cajas de pino llenas de arena.

Equipos especiales del estado se encargaron de descontaminar la zona y unos meses después aquel incinente no solo era historia sino que era la historia de los vencidos, aquella que nunca se contaba porque nunca había sucedido y mientras Mulder indignado proclamaba la poca siposición de la sociedad americana a buscar las verdaderas respuestas Skinner respiraba aliviado y dormía cada noche como no recordaba haber dormido en su vida.

Sentado en su despacho repasaba una vez más la lista de replicantes infiltrados en el FBI y la comprobaba con las bases de datos actualizadas de la Agencia como hacía todas las semanas y como todas las semanas desde hacía nueve meses el resultado era el mismo; todos los sujetos de la búsqueda habían desaparecido misteriosamente.

Sabían que no era el final que en algún lugar indeterminado el enemigo se había replegado para volver a atacar en un futuro, solo estaban en el ojo del huracán donde todo parece apacible pero no hay manera de escapar del vendabal en un futuro pero tenían tiempo y tenían recursos, mucho más de lo que habían soñado hacía un año.

Un leve toque en la puerta y un repiqueteo de tacones por el encerado dio paso a su secretaria con cara de pocos amigos y muchas malas pulgas.

-¿Sí?

-Los agentes Mulder y Doggett quieren verle.

Pufff, aquello en conjunto nunca auguraba nada bueno, o al menos nada que no desembocase en una migraña

-Ehmm digales que ahora mismo estoy ocupado

-Con todo respeto Señor… no

Definitivamente no auguraba nada bueno. Su secretaria esbozó una falsa sonrisa irónica y esperó con los brazos cruzados

-¿Cómo ha dicho?

-He dicho que no, Señor. Si les digo que está ocupado le esperarán, de hecho le esperarán donde están ahora mismo que es exactamente delante de mi escritorio lo que significa que seguirán discutiendo sobre cosas ininteligibles y absurdas delante de mi escritorio mientras no me dejan trabajar.

Walter Skinner elevó los ojos al cielo pensándo en qué hora se le había ocurrido mover todo aquel papeleo para que Mulder volviese a los expedientes X. Había conseguido minimizar sus migrañas dando órdenes expresas de que tan solo la agente Scully y la agente Reyes estaban autorizadas a subir a hacerle el resumen de los casos.

El renovado departamento de los Expedientes X llevaba poco más de medio año funcionando con cuatro agentes asignados oficialmente y de manera permanente a aquella sección y ya habían provocado dos infartos en el departamento contable y alguna que otra embolia en el gabinete de dirección del Bureau. Por otra parte su ratio de casos resueltos seguía impecable y a pesar de los constantes rumores las relaciones personales de ambas parejan habían pasado todo lo desapercibidas que podían pasar.

En aquel momento, había al menos un par de apuestas generalizadas circulando por las oficinas que especulaban con la naturaleza de la relación de Doggett con Mulder entre otras posibilidades.

Suspiró hondo y buscó en su cajón las pastillas para el dolor de cabeza.

-Está bien Kimberly, hágales pasar pero antes digamé qué más tengo para hoy

Su secretaria sonrió complacida y sacó la agenda para buscar las citas en el día adecuado.

-Reunión de directores adjuntos a las 15:00, entrevista con el jefe de servicio de sección Phill Mason a las 17:30 y cena con una interesante y sensual pelirroja a las 19:30

Sonrió y cerró la agenda saliendo del despacho antes de que pudiese darle una réplica o contestar a su guiño, ni siquiera tuvo tiempo de disfrutar del momento antes de que la pareja de agentes irrumpiese en el despacho hablando a la vez sobre ¿hombres mono?

Había días que el final de la jornada no parecía llegar nunca

Estaba oscuro, demasiado oscuro para ver nada ni siquiera después de permaneces allí más del doble del tiempo suficiente para que las pupilas se adaptasen.

Podía oír su propia respiración, agitada, y su pulso acelerado con eco, como si unas paredes lejanas e invisibles reproduciesen cada mínimo sonido y más allá otro ruido de otra presencia, más una intuición que un sonido.

-Nunca podrás escapar короткий крыса

Alex se quedó tan quieto como pudo. Sabía que no había donde huir ni dónde esconderse y que su única oportunidad de que Zorskov no le encontrase era hacerle creer que nunca había estado allí.

Cerró los ojos que en cualquier caso no le servían para nada y minimizó el ritmo e intensidad de su respiración sin atreverse siquiera a tragar saliva por miedo a que aquello le descubriese.

-Sabes quién soy, sabes lo que estoy dispuesto a hacer, sabes que no me temblará la mano, Alexander.

Se estremeció como si estuviese oyendo hablar al mismísimo diablo y le estuviese condenando con cada palabra. Todo el que había vivido en Rusia en una época temía aquella voz, el Capitan Zorskov, brazo ejecutor de los genocidas perversos.

Un mano le tocó el hombro izquierdo y en la oscuridad Alex Krycek se giró aterrado. Allí estaba, debajo de un conveniente foco de luz que iluminaba sus galones; Zorskov con su uniforme de capitán del ejército ruso con el rostro cubierto por la sombra de la visera.

-No puedes escapar de mi короткий крыса

Pero cuando levantó la cabeza y la luz iluminó su cara no era el rostro de Zorskov el que le miraba sino el suyo propio que le devolvía una sonrisa malévola.

Krycek se despertó inmediatamente levantándose de la cama casi por inercia y respiró hondo tratando de olvidar aquella última pesadilla cuanto antes. Con todo lo que había visto y hecho a lo largo de su vida aquel hombre que había matado con 17 años para poder sobrevivir era el único que le perseguía en sueños.

Torció la cabeza a un lado y a otro para destensar los músculos del cuello y caminó por la habitación, si es que a una estancia excavada en la roca se le podía llamar habitación. Llevaba ya nueve meses viviendo en aquel santuario de magnetita en mitad del desierto al cargo de la Resistecia, organizando estrategias, gestionando los escasos recurso infiltrando y moviendo sus títeres en las más altas esferas del gobierno. Poco quedaba ya de aquel Krycek que saltaba de trenes en marcha y sobrevivía en prisiones turcas. Le quedaban sus pesadillas y una caja escondida en un agujero en la pared debajo de su cama donde reposaban sus últimos secretos, los que se llevaría a la tumba.

Se arrodilló frente a la cama y alargó el brazo para sacar la caja. Nunca pensó que terminaría en el bando de los Buenos de las Causas Perdidas, nunca pensó que no moriría ejecutado por orden de algún pez gordo del Sindicato y sin embargo allí estaba.

Sacó la caja con sigilo, era de cartón plastificado marrón poco más grande que un par de cajas de zapatos y le quitó la tapa. Dentro había cintas de audio y vídeo, fotos, documentos y ningún recuerdo personal de una vida con demasiadas identidades.

Apartó las cintas y la mayoría de las carpetas y se fue directo a un sobre de color mostaza de tamaño folio sin ninguna etiqueta, dentro estaba la causa que lo había precipitado todo y le había llevado a aquel mismo momento. Dentro, una carpeta con documentos que él mismo había fabricado hacía poco más de un año jugando su última baza a todo o nada. Si se hubiese equivocado, si no hubiese seguido a su instinto, si no hubiese arriesgado la vida para colocar aquella carpeta en el lugar adecuado ahora probablemente todos estarían muertos y la colonización hubiese sido imparable.

En cualquier caso no era su estilo torturarse con posibilidades estúpidas. Abrió el sobre y sacó la carpeta.

XF:021905 William (Mulder) Scully

Sonrió. La prueba de su última victoria en las sombras, de una de sus conspiraciones más brillantes.

XF. X File. Todo miembro de aquella familia tenía derecho a su propio Expediete x ¿no? Algo así como un legado familiar

021905. Diecinueve de mayo de dos mil dos. Se sentía especialmente satisfecho de haber acertado la fecha de nacimiento.

Sin aquellos papeles no hubiese podido convencer a Mulder de que necesitaban a su hijo para ganar aquella guerra ni de que le necesitaba a él para obtener la información privilegiada.

Muchas veces había estado a punto de destruir aquella prueba pero le podía el orgullo de conservar su obra maestra.

Volvió a dejarlo todo como estaba y cerró la caja colocándola de nuevo en sus sitio. Por mucho que las cosas hubiesen cambiado Alex Krycek no se permitía momentos de melancolía

Unos pasos de trol cansinos resonaron entre la roca y al momento apareció por la puerta aquel enano

-Ha venido la Rubiales. A ver si no hacéis tanto ruido como la última vez que por mucho que tú estes aquí esto no es una casa de putas Krycek

La mayoría del tiempo resultaba entretenido tener a alguien fijo con quien meterse y si hubiese tenido que elegir hubiese dicho que el estúpido de Frohike era su blanco favorito, no solo de los Tres Gaystoleros, sino de la docena veintena de personas que trabajaba entre aquellas rocas de magnetita perfeccionando armas eficaces.

-Ninguna casa de putas medianamente respetable te permetiría la entrada

A veces Marita les hacía alguna visita para concretar aspectos del trabajo, la mayoría además hacían el servicio completo y daban utilidades interesantes a las formas caprichosas de las paredes

A veces al mirar a Marita se preguntaba si alguna vez sonreía, alguna vez, también se preguntaba si Mónica Reyes había sonreido cuando leyó la nota de despedida que le había dejado en su buzón, solo tenía una frase, recuerdo de una noche mejor "Tom era un gato estúpido y probablemente castrado. Sempre preferí a Jerry"

-También ha llegado un e-mail de Mulder. Dice que si vemos algún nido de vívoras le demos recuerdos a tu madre

No quiso sonreir pero no pudo evitarlo y cuando salió de la estancia seguiendo a Frohike tampoco pudo evitar un murmullo entre dientes.

Si no le hubiese matado, me cagaría en su padre

Solo había una cosa que Alex Krycek tenía clara: algún día todo aquello de la colonización y la Resistencia terminaría, tenía que tener un final porque él tenía que volver a Wahington a darle la paliza de su vida al marica de Mulder por haberle hecho conducir un New Beatle amarillo.