Y finalmente, esta historia llegó a su fin.

Nota: INUYASHA y todos sus personajes pertenecen a la gran Rumiko Takahashi. Hago esta historia sin fines de lucro, para entretenimiento de los fans, para mi satisfacción. Gracias.

(-) Diálogos de personajes.

(-----------) Cambios de escena.

Capítulo IX

Por siempre, únicamente mía

Sintió como la mano que estaba en su pecho, se deslizaba sin fuerza a un costado de su delicado cuerpo… cayó tan lentamente… sin vida…

Sesshoumaru ya no podía sentir el aroma de su mujer y nada más podía escuchar que el llanto de su bebé se hacía cada vez más fuerte. Ni las oraciones de Kagome ni las de Miroku podían escucharse ahora, era el grito de su bebé lo único que oía, era como si esa pequeña criatura pudiera sentir la pérdida de su joven madre.

Por primera vez en toda su larga vida sentía eso que todos llamaban tristeza…

Ya todo se había terminado… y su pequeño e indefenso cachorro parecía saberlo perfectamente, su llanto se incrementaba y rompía el corazón de todos... Sí… él también sentía que su corazón estaba roto…

Para Sesshoumaru el tiempo se había detenido, sus lágrimas caían, él las sentía, éstas caían incesantemente…

¿Cuándo fue la última vez que había llorado? Ciertamente creía que eso jamás había sucedido antes, que él nunca había llorado, que por primera vez, esa coraza que siempre llevaba encima se había roto para dar paso a emociones como las que todo ser tenía, que sentir a su mujer irse entre sus brazos sería demasiado para él… incluso para él… él…

¿Quién era él¿Quién?

Ahora sentía que no era nadie….

Nada…

Solo atinó a estrechar a Rin entre sus brazos y hundir su rostro en el cuello blanco, más blanco que nunca, tan solo para sentirla un poco más, un poco más…

Entonces, en verdad ¿Ella lo estaba dejando?... Sí… ahora estaba solo y comenzaba a sentir ya la desesperación y el dolor de ver a su hermosa mujer… morir… de ver morir a alguien que en verdad ama con todo su ser y no poder hacer nada…

Entonces Sesshoumaru recordó algo, quizá tan doloroso como lo que estaba viviendo ahora mismo.

Él era un cachorro como todos, feliz y lleno de vida que no cesaba de jugar por todas partes, que corría en medio del jardín sin mayores preocupaciones y que ignoraba todo lo que sucedía fuera del gran palacio en donde habitaba. Él era feliz, feliz de estar con sus padres… él era en verdad feliz…

Moura lo veía jugar desde lejos. Ella estaba sentada en una roca mientras el pequeño que cuidaba desde que era tan solo un recién nacido no se cansaba de revolotear frente a sus ojos.

Sin embargo fuera del castillo se estaba librando una verdadera batalla, una verdadera guerra en donde Inu No Taisho y sus hombres peleaban con todas sus fuerzas, una lucha en donde incluso la señora del palacio participaba.

El pequeño Sesshoumaru de pronto se quedó quieto, podía sentir el olor de sus padres cada vez más cerca, pero además, se mezclaba con otro aroma… ese aroma… era sangre.

No supo en qué momento su padre apareció llevando en brazos a su madre. Su pequeño y tranquilo mundo se había detenido y desmoronado de pronto. Su madre estaba en los brazos de Inu No Taisho llena de sangre y con los ojos cerrados… y su padre… su padre estaba llorando y tenía la expresión más extraña que podía imaginar, le dirigió una mirada a su pequeño hijo mientras Moura corría tras él para alejarlo de aquella terrible visión, sin embargo él se zafó de su agarre y vio como su padre clavaba sus colmillos en el cuello de su madre.

Y aquella vez… las lágrimas cayeron por primera vez, por primera vez en un estado maduro y consiente… sentía ese miedo que te ahogaba y angustiaba… ese miedo que te quitaba la respiración… ese miedo que te mataba de dolor con solo pensar que te quedarías sin alguien a quien quieres tanto, que te desesperaba con la sola idea de creer que lo perderías todo.

En medio de su llanto silencioso, lo primero que pasó por la mente del pequeño Sesshoumaru fue que probablemente su padre querría darle una muerte más rápida y menos dolorosa con la ayuda de su veneno, pero no pudo ver más, el cachorro fue alejado finalmente por Moura mientras ésta le aseguraba que su padre sabía lo que hacía, y efectivamente, Inu No Taisho había hecho algo que no sabía muy bien qué era, pero que sin duda había dado resultado, su madre seguía entre ellos y estaba en perfectas condiciones.

A caso… ¿Aún había tiempo?

Sesshoumaru, repentinamente, se soltó de sus recuerdos para acariciar el rostro de Rin, esta vez ya no escuchaba nada, ni si quiera el llanto de su pequeño cachorro, solo era ella frente a sus ojos, su rostro pálido, sus ojos cerrados, sus labios entreabiertos… la mujer que tanto amaba.

Él tenía que hacer algo, no importaba qué… ALGO… lo que fuera…

Y entonces ese algo en su mente se comenzó a gestar. Quizá su linaje le permitiría hacer lo mismo que su poderoso padre. Sesshoumaru tenía que proteger lo que amaba y conservarlo por siempre a su lado ahora que lo había encontrado, quizá podía controlar su veneno de tal forma que ayudara a Rin… pero… ¿Cómo? Si él jamás había intentado hacer algo como eso… aunque… ¡No importaba, tenía que confiar en sí mismo, él era el Gran Lord Sesshoumaru!

Él tenía que salvarla… a ella… ELLA…

Y entonces y para sorpresa de todos, Sesshoumaru acomodó a Rin entre sus brazos y clavó sus colmillos en su cuello sin mayores preámbulos.

Kagome dejó de emitir su grandioso poder espiritual mientras era rodeada por los fuertes brazos de su esposo quien estaba muy preocupado de que de un momento a otro cayera. Inuyasha tuvo el impulso de acercarse a donde estaban su hermano y Rin, pero Kagome lo detuvo, ella tenía el presentimiento de que lo que hacía Sesshoumaru, fuera lo que fuera, era lo correcto y de que sus poderes espirituales solo serían un estorbo.

Miroku también se detuvo y se acercó a Sango que aún tenía al bebé en brazos, aunque la pequeña criatura ya se había quedado profundamente dormido después de tanto llorar.

Shippo miraba estupefacto la escena… ¿Qué era lo que Sesshoumaru trataba de hacer?

Cerró los ojos, el Lord solo pudo atinar a cerrar los ojos mientras con cuidado iba vertiendo su veneno en el cuello de Rin. Tenía que funcionar, trató de sentir el aroma de Rin nuevamente y podía jurar que volvía a aparecer… poco a poco… que volvía a sentir esa exquisita fragancia, aunque fuera débilmente. Se concentró en hacerle sentir a Rin todo su amor y desesperación, en todo el deseo que tenía de tenerla a ella y a su hijo juntos, y aunque no rogó a ningún dios para que eso sucediera, invocó a todas las fuerzas de su linaje y a su padre para pedirle desesperadamente su ayuda, para tener la certeza de estar haciendo lo correcto, para realizar a la perfección aquello que vio y que sin duda salvó la vida de su madre en esos tan lejanos tiempos.

El cuerpo de Rin seguía completamente quieto, pero cada vez su aroma era más fuerte. Sus colmillos seguían prendidos de su piel, justo en el mismo lugar en donde estaba marcada. El tibio líquido seguía pasando por todo su cuerpo, mezclándose con su sangre y entonces él abrió los ojos. Rin volvía a tener color.

Todos estaban más que rígidos esperando el resultado de eso que estaba haciendo Sesshoumaru.

Finalmente, y luego de lo que para él fueron varios minutos, Sesshoumaru retiró sus colmillos. Acomodó a Rin una vez más en sus brazos y esperó… esperó a que algo ocurriera… algo bueno… porfavor…

El cachorro de ambos comenzó a llorar y sin más, Rin abrió los ojos. Sesshoumaru la aferró contra su pecho con desesperación mientras su mujer le respondía el tierno gesto. Se veía cansada pero feliz.

- ¿Qué fue lo que hiciste amor?- Rin hablaba muy bajito pero con la misma ternura con la que siempre se dirigía a su demonio.

- No lo se preciosa… no lo se…- Sesshoumaru sintió que Rin se desvanecía… pero ella estaba viva… besó su frente y la arrulló entre sus brazos.

Había logrado, aún sin saber bien cómo, que uno de sus mayores tesoros permaneciera a su lado.

Instintivamente volteó a observar a su cachorro.

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- No sabía que algún demonio en realidad pudiera hacer eso príncipe Sesshoumaru…- Meditó un momento la hanyou de cabellos rojos.-… Fue un error no comentarle, pero hasta ahora, había creído que eran habladurías, simples leyendas y ciertamente confiaba en que nada malo sucedería. Yo le ofrezco mis disculpas, usted acudió a mí y yo debía darle toda la información.

- En estos momentos lo único que importa es que ella está a mi lado, y con mayor razón ahora, quiero que la revise y agradezco que haya acudido tan pronto la mandé llamar.

- Será un placer para mí conocer a la princesa y ayudarla en lo que pueda.

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- Mi amor… no seas tan cruel con mamá…- Rin se quejaba un poco. Había comenzado a darle de lactar al bebé poco después de su recuperación. Al parecer todo estaba a la perfección con ambos, excepto unos detalles que aún no comprendía. Aunque ahora el problema se centraba en que darle de comer a su hijo había resultado algo doloroso, el bebé comía con tanto entusiasmo que succionaba de tal manera que causaba en Rin un poco de dolor.

- Ya te acostumbrarás… o él dejará de hacer eso… es un pequeño con muchas energías…- Kagome habló dulcemente mientras hacía lo mismo con su hijo.

- Si no fueran tan hermosos,- Dijo refiriéndose a ambos pequeños.- no valdría la pena tanto sacrificio.- Comentó con una sonrisa en sus labios. No podía dejar de admirar a ambos bebés, ciertamente, eran las cositas más lindas en el mundo.

- No cabe duda que adoramos a nuestros hijos.- Comentó Kagome, igual que ella, riéndose ante los mil y un halagos que tenían para sus bebés.

- Sí.- Rin comenzó a sentir que Sesshoumaru se acercaba. Eso ya no le causaba dolor en la marca, y además, era muy placentero percibir que Sesshoumaru estaba cerca, hasta incluso podía jurar que sentía su riquísimo olor.- Kagome, cúbrete, mi hermoso esposo se acerca.

- Jajajaja... por lo visto la adoración también la tiene el padre.- Decía carcajeándose mientras se acomodaba la yukata.

De pronto, tocaron a la puerta. Ambas mujeres sabían quién era.

- Rin… ¿Puedo pasar?

Desde adentro la mujer respondió.

- Sí amor, entra.

Una hermosa youkai de cabellos rojos ingresó a la habitación de los príncipes seguido de Sesshoumaru. Kagome y Rin estaban en la antesala del lugar y se sorprendieron un poco al verla ingresar.

- Es un gran honor para mí conocer a la princesa y nueva señora de las tierras del Oeste, al igual que a la princesa Kagome, se mucho sobre usted y el trabajo que hacía con el príncipe Inuyasha en la aldea que habitaban.- Hizo una elegante reverencia hacia ambas mujeres.

- Gracias…- Habló tímidamente Kagome. Era la primera vez que se dirigían a ella de esa forma.

- Muchas gracias…- Rin terminó la frase con algo de duda, no sabía el nombre de la youkai frente a ella.

- ¡Qué torpe de mi parte señoras! Mi nombre es Eiko y vengo de las Tierras del Norte, soy hija de Doppo, fiel soldado de Lord Basho.

Ambas mujeres hicieron una pequeña reverencia.

- Rin…- Después de las presentaciones, por fin habló Sesshoumaru.- Ella es a quien acudí cuando te hice mi pareja.

- Lamento mucho lo que ha pasado princesa.- Habló sinceramente Eiko, ahora dirigiéndose a Rin…- He investigado mucho a cerca de las uniones entre humanos y demonios para poder ayudar a mi gente, pues, como seguramente sabrá, soy una hanyou. Lord Sesshoumaru acudió a mí muy preocupado y me alegro de todo corazón que usted y su cachorro se encuentren en perfecto estado después de todo, pero si me permite revisarla, podré aclararle algunas dudas que deben estar rondando por su mente sin lugar a dudas.

- Pu… Pues sí… he notado algunas cosas…- Instintivamente miró a Sesshoumaru y éste asintió.- Puedes acercarte Eiko, estaría agradecida de qué me revisaras.

- ¿Desea que le ayude?- Ofreció servicial Kagome.

- No es necesario señora.

Sesshoumaru se acercó a Rin antes que Eiko para cargar a su pequeño cachorro que ya estaba tranquilamente dormido.

Seguidamente Eiko se acercó a Rin para revisarla. Posó sus manos en las sienes de Rin y en varios lugares de su rostro, cuello, hombros y pecho.

Kagome se sorprendió de lo que acababa de descubrir. Aquella mujer era una especie de sacerdotisa, si cabía el término ya que se trataba de una hanyou. Imaginó que debido a sus agudos sentidos y sus investigaciones ella podría saber qué le sucedía a Rin, incluso ella se había percatado de unos extraños detalles.

- Seguramente la princesa Kagome lo habrá notado, he oído que es muy poderosa, pero asumo que debido a sus poderes purificadores y espirituales ha preferido no intervenir.

- Podría jurar que usted tiene poderes espirituales.- Dijo Kagome. Verdaderamente, tenía mucha curiosidad por saber más de aquella hanyou.

- Mi madre era sacerdotisa, pero, debido a mi sangre youkai, no tengo poderes espirituales, de lo contrario ya se hubieran sellado mis poderes de demonio, sin embargo… digamos que mi youki lo utilizo también de otras maneras, la práctica me ha llevado a esto. Fue algo que me enseñó mi difunta madre.

- Oh lo siento.- Kagome se disculpó mientras la hanyou hacía un movimiento con la cabeza indicando que no había ningún problema.

- ¿A caso es muy grave lo que tengo?- Rin ya comenzaba a preocuparse.

- La señora no debe preocuparse, no obstante…- Eiko pensó un momento.-… ¿Cómo se ha sentido en estos últimos días?

- Me he sentido bien, pero…- Rin miró a Kagome por unos segundos y después por un largo rato se perdió en los ojos dorados de su demonio que parecía incitarla a seguir hablando.-… pero me siento un poco extraña… como si mis sentidos estuvieran más alertas, en especial tratándose de mi bebé y Sesshoumaru.

- Demás está decir que en el momento que usted se convirtió en la mujer del Lord su unión se ha hecho mucho más estrecha, en muchos sentidos… pero, lo que Sesshoumaru hizo para salvarle la vida el día que dio a luz, se trata de un proceso muy extraño, casi nunca realizado, pero si no me equivoco, el antiguo Lord del Oeste, el gran señor Inu No Taisho lo realizó alguna vez … Es muy difícil que pueda explicar cómo es que su veneno se convirtió en una cura para usted, pero de lo que sí estoy segura, es que mucho tiene que ver la unión que hay entre ambos y el poderoso youki del príncipe. En pocas palabras, él convirtió su veneno en una especie de ungüento curativo. Ahora…- Acarició cariñosamente la mejilla de Rin.- Los humanos que se unen a demonios sufren algunos cambios, en especial tratándose de las mujeres, éstas se vuelven más fuertes en muchos aspectos de la vida diaria y el paso de los años no las afectan a diferencia de las humanas que se hayan unido con seres de su misma especie… pero en este caso, aparte de todo eso princesa Rin, usted recibió el veneno de su esposo como una cura mediante un proceso que su gran poder de youkai logró, por eso usted ahora sufrirá mayores cambios de los que normalmente habrían tratándose de la unión de un demonio y una humana.

- ¿De qué habla?- Rin habló con la voz un tanto alterada y un brillo extraño apareció en sus ojos.

- Justamente a eso me refería.- Se dirigió ahora a Kagome y Sesshoumaru, que ante el brillo rojo de los ojos de Rin se habían quedado bastante sorprendidos.

- ¿Qué es lo que pasa?- Rin agachó el rostro, se sentía algo inquieta.

- Señora Rin.- La susodicha levantó el rostro.- Usted ahora mismo tiene algunos poderes de demonio, producto del veneno del príncipe. Seguramente sus sentidos se agudizarán y eso se acentuará mucho más con el paso de los años y en especial con su esposo y descendencia.

Rin se llevó una mano al pecho ¿Poderes de demonio? Ella no se esperaba eso, pero al menos ahora entendía porque de pronto el aroma de Sesshoumaru parecía inundarla cuando se acercaba, mucho más que antes y fuera de lo normal. Entonces, esa era la respuesta, ella tenía ahora mismo poderes youkai.

Luego de unas palabras tranquilizadoras por parte de Eiko, ésta decidió retirarse despidiéndose de todos muy solemnemente.

Kagome también decidió marcharse, seguramente Sesshoumaru y Rin tenían mucho qué decirse.

El Lord miró a su princesa, pero esta no le prestaba atención, estaba perdida en sus pensamientos. Sesshoumaru depositó a su pequeño cachorro en un futón especial, muy cerca del de ellos.

Regresó a la antesala de la habitación y vio que Rin seguía en la misma posición, ensimismada.

- ¿Qué sucede pequeña?- El demonio acarició con ternura la mejilla de Rin, haciéndola regresar al mundo real.

- Es que… no me esperaba esto... no se… creo que aún me siento asustada por todo… y… nos sabes qué dolor sentía cuando pensé que moriría y que ya no te vería… ni a mi bebé…- Ella acarició con dulzura el rostro de su demonio.

- No quiero volver a vivir una cosa así Rin…- Sesshoumaru recostó su frente en la de Rin.- No quiero volver a creer que podría perderte, aunque eso no sucederá… porque nunca más lo permitiré… además…- Acarició sus labios y los besó con dulzura.- Ahora eres más resistente que antes…- Sesshoumaru acercó a Rin para besarla más profundamente.

- Sesshoumaru… te amo tanto...

Sesshoumaru no respondió, simplemente comenzó a desvestirla con delicadeza mientras le demostraba con caricias todo lo que sentía.

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- Será mejor que no corras tanto cariño…- Pero la niña parecía no escuchar nada… ¿Porqué sus hijos parecían haber heredado el carácter autosuficiente del padre?

Una pequeña de cabellos oscuros no cesaba de correr por todas partes y a una gran velocidad.

- Mamá… tengo que controlar mi rapidez cada vez más… papá me dijo…- Regresó hasta donde estaba su madre mientras sus hermosos ojos se posaban en la mujer. Sus ojos no eran dorados, pero tampoco castaños, se parecía a la madre, pero era tan terca como el padre.

- Está bien… es solo que me pongo nerviosa… perdóname…- Rin acarició el cabello oscuro de Takako mientras ésta le sonreía dulcemente y tomaba su mano para besarla con amor.

- Te quiero mucho madre… y entiendo que te pongas tan nerviosa… prometo que seré muy cuidadosa.

- Yo también te quiero mi amor… y prometo confiar más en ti ¿Si?

- Bien…- Rin cambió de expresión de pronto. Podía sentir el aroma del inuyoukai y de Keishi.

- Eres fantástica madre…- Dijo Takako con admiración.- Ya te percataste de que papá y ese pesado están acercándose.

- No te expreses así de tu hermano.- Regaño levemente.

- Lo siento madre… pero es que él es peor de celoso que papá, ayer vino a verme Shuji y casi lo echa a patadas.

- Mujeres del demonio… ¿Qué están diciendo?- Sesshoumaru se acercó a donde ambas mujeres estaban y cargó de la nada a Takako.

- ¡Papá!- Gritaba la muchachita mientras su padre le daba muchas vueltas. Era tan parecida a su madre… tan hermosa como ella…- ¡Bájame!- Demandó.

Sesshoumaru la bajó delicadamente, como si se fuera a romper. Keishi sin embargo se acercaba a su madre para saludarla mientras le comentaba algo referente al hijo del monje que pretendía a su hermana.

- Papá qué vergüenza… si ya no soy una niña…

- ¿Ah no?- Sesshoumaru ya comenzaba a preocuparse… su hija comenzaba a crecer cada vez más rápido pero él no pensaba dejarla ir tan pronto.

- No, tengo 12 años padre…

Sesshoumaru ya no dijo nada más. Se percató de su descuido. Había salido con Keishi durante dos días a arreglar un asunto pendiente dejando a esposa e hija bajo la seguridad del palacio, sin embargo éste aún ni saludaba a Rin.

Se acercó a ella que permanecía sentada bajo la sombra de un árbol, cuchicheando cosas sobre el pretendiente de su hija. Aunque eso en ese momento ya no le interesó mucho; dos días sin su hermosa hembra era demasiado para él.

Con un golpe amistoso apartó a Keishi de su madre y como siempre el muchacho entendió. Él como hombre y hermano mayor siempre acompañaba a su padre a hacer esas diligencias molestas que solo causaban en el Lord la necesidad imperiosa de regresar pronto al lado de su princesa.

- Mejor vamónos…- Dijo Takako a su hermano mayor, mientras se percataba del más que cariñoso saludo que se daban sus padres.

- Sí tienes razón… mejor vamos a buscar a Yuki y los demás para molestar a Jaken un rato.

- ¡Claro!- Dijo cómplice la hermana mientras a ambos se les formaba una risa malévola.

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- No deberíamos ser tan malos con Jaken…- Decía Akemi un tanto triste, el sapito siempre le había causado mucha ternura.

- Solo nos estábamos divirtiendo.- Dijo Keishi relajadamente.

- Pero no deberíamos hacerlo a costas de nadie más.- Dijo Akemi nuevamente en defensa del demonio verde.

- Ya, ya, ya…- Yuki ya comenzaba a sentirse mal ante los reproches de su hermana menor.- Además… no es para tanto…

- Por cierto… ¿Dónde están los gemelos?- Preguntó Takako cambiando de tema.

- Mamá se los llevó a la aldea para comprar unas cosas.- Contestó Akemi.

Los años habían pasado para todos ellos bajo la tranquilidad y protección del Gran Castillo del Oeste.

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- Feliz cumpleaños mi amor.- Shippo abrazó a Yoko lleno de orgullo, no cabía duda que tenía una hija hermosa y además estupenda.- Esto es para ti.

- Gracias papi.- La mirada esmeralda de la pequeña se posó en el paquete que le entregaba su maravilloso padre.

Hatsue miraba ambos, eran muy parecidos, aunque su hija tenía el cabello castaño, sin embargo, la forma de ser, esa inocencia y ese toque infantil era sin duda herencia de su padre.

Hatsue aún seguía siendo sirvienta en el palacio, claro que ahora su trato era diferente pues Shippo había pasado a ser nada más y nada menos que el jefe de las fuerzas militares del Oeste. Ahora vivía en una propiedad que se hallaba dentro de los territorios del palacio con su adorada familia.

Yoko siempre decía que agradecía al Lord del palacio por el buen trato que se les brindaba, por eso ni ella ni su madre podía dejar de ayudar en loe quehaceres del gran castillo en donde siempre había mucho qué hacer.

Ya era la hora de servir el desayuno y Yoko fue la primera que bajó al comedor para poner la mesa.

En cuanto cruzó la puerta se percató de que todos ya estaban sentados en la mesa y que manjares de gran variedad ya estaban servidos. La primera en acercarse y saludarla fue Rin.

- Feliz Cumpleaños preciosa.- Rin tenía un cariño muy especial por ella, tenía casi la misma edad que su primer hijo y además era la primera y única hijita de su gran amigo, y por cierto, sumamente parecida a él.

- Gracias princesa Rin.- Dijo ella tímidamente mientras un rubor rojo aparecía sobre sus pecosas mejillas. Rin no pudo evitar abrazarla cariñosamente mientras decía lo tierna y parecida que era al padre.

Pronto ya casi todos la habían saludado, el último en hacerlo fue Keishi. Éste le entregó un paquetito envuelto que ella muy cautelosamente guardó entre sus ropas.

Keishi se sentía cautivado por ella… pero no se atrevía a confesar sus sentimientos… algo se lo impedía… él no podía…

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Los días y las noches comenzaban a hacer más fríos que nunca… sin embargo ese frío no se podía comparar con el que habitaba en algunos tristes e indecisos corazones.

- No podemos seguir así.- La voz de su imponente padre sonó muy seria y de la nada detuvo su entrenamiento. Sesshoumaru estaba enseñándole a su hijo como controlar con mayor eficiencia su látigo de luz, pero ya hace rato que se había percatado de que algo sucedía.- Estás muy distraído y así alguien podría salir herido.

- Lo siento mucho padre.- El muchacho agachó la cabeza. Sesshoumaru se acercó a él.

- Dime qué te pasa de una vez por todas.- Demandó el Lord.

- Yo…- Comenzaba a titubear…

JA… ¡Estos cachorros pensaban que podían engañar a su padre o qué! De pronto su hijo se puso bastante colorado.

- Ya veo… entonces es una muchacha.

- ¡Padre, baja la voz! Alguien puede escucharnos.

- Mejor porque no utilizas bien tus poderes youkai… yo no huelo a nadie cerca de aquí.

- Pues…- Keishi olfateó el ambiente, y efectivamente, nadie estaba lo suficientemente cerca como para escuchar algo.-… tienes razón padre.

- Está bien seré directo, ya se que te gusta mucho la hija de Shippo.- Hizo una pausa mientras veía como su hijo se convertía en un manojo de nervios.- Incluso tu madre se ha percatado… lo que no comprendemos es porque no le dices lo que sientes… Además… este asunto te mantiene muy distraído y por lo tanto interfiere con el entrenamiento que sabes tú muy bien es importantísimo.- La seriedad con que su padre le hablaba lo congelaba… no sabía qué le podía haber visto su hermosa y dulce madre a su padre… estaba claro que el ser frente a él no tenía mucho tacto… sin embargo, debía admitir que había sido muy claro.

- Pues…

- Escucha...- Sesshoumaru se sentó sobre la hierba indicándole a su hijo que hiciera lo mismo.

- Cuándo me di cuenta que amaba a tu madre también me cuestioné mucho… era una humana y muy joven y yo un youkai…. Solo ella podría verme con otros ojos… el problema estaba en aceptar lo que sentía por ella, todas esas estupideces que pude pensar sobre los humanos cambiaron poco a poco a medida que tu madre permanecía a mi lado… un día me di cuenta que habían muchos imbéciles detrás de ella y entonces me di cuenta de lo que sentía… después de muchos enredos la hice mi esposa… después de muchas cosas Keishi… situaciones en qué pude perderla para siempre… el caso es este hijo… no importa quién seas tú o quién sea ella, lo que importa es que si en verdad la quieres contigo no habrá fuerza alguna que los separe… y Keishi… tú eres muy evidente aunque creo que eres más orgulloso que yo… solo te advierto que podría aparecer un infeliz para quitártela y créeme que cuando eso suceda vas a querer asesinarlo.- Dijo Sesshoumaru recordando la lista de pretendientes que había querido matar en su momento.

Keishi estaba paralizado… pero seguramente su padre había analizado mucho su situación, incluso su olor podía haber sido un gran aliado para que él se percatara de sus verdaderos sentimientos….en fin… el hecho estaba en qué era la primera vez que hablaba de asuntos tan delicados… y su padre tenía razón… ¿Qué pasaba si un mal nacido aparecía y se la quitaba? No, no… él no quería matar a nadie… aún… pero ese no era el punto… ahora comprendía que no debía tener miedo… que aunque ella fuera una youkai pura y el solo un hanyou el amor podía crecer como lo había hecho entre sus padres.

No importaba cómo… pero él la tendría solo para él…

Keishi le sonrió a su padre y pronto se hallaban en dirección a la entrada del palacio.

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Después de hacer una revisión por los alrededores y de dar algunas indicaciones a los criados se marchó a sus aposentos, no sin antes revisar que sus cachorros estuvieran en sus habitaciones. Su hijo mayor no estaba e imaginaba porqué, así que no había ningún problema.

Abrió la puerta sin tocar. Nadie en la antesala, nadie detrás del biombo, nadie en su futón ¿Dónde estaba su mujer? Tenía que hacerle pagar por haberlo obligado a darle esa charla a su cachorro, quien por cierto ya hace mucho había dejado de serlo.

Se dirigió a la pequeña habitación en donde estaba la tina y ahí la encontró, dentro del artefacto, dormitando. El youkai se quedó observando por largo rato… su hembra era la más hermosa de todas…

- Rin…- En un inevitable suspiro, el nombre de su mujer se le escapó de los labios…

Rin se movió entre las aguas y se despertó. Miró a Sesshoumaru y también suspiró… su hermoso inuyoukai tenía cara de estar viendo a la presa más apetitosa.

Sesshoumaru se acercó y metió una mano en el agua sin dejar de recorrer a Rin con los dorados ojos descaradamente.

- Está algo fría ya… Puedes enfermarte, ya comienza a hacer frío.- Dijo ahora fijando la vista en los ojos castaños de ella.

- No te preocupes, pero, aún no termino de asearme… me quedé dormida… ¿Puedes conseguir más agua caliente para mí?

- Sí… pero si la traigo… ¿Qué me darás a cambio?- La mano que estaba en el agua ahora acariciaba los provocativos labios de su mujer.

- Ummm… Puede que te deje acompañarme aquí.- Dijo con voz sensual provocando un estremecimiento en el demonio.

Sin mucho más que decir y lanzándole una última y atrevida mirada a su mujer, Sesshoumaru se encaminó en busca de más agua caliente para poder disfrutar de un delicioso baño con su hermosa hembra.

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- En un momento se calentará… qué extraño… yo le llevé suficiente agua para su baño.- Decía Moura con un dejo de preocupación.

- No te preocupes…es solo que ella se quedó dormida.

- ¡Oh! Y hablando de eso, la he visto bastante agotada últimamente… creo que lidiar con esos dos hijos que tiene es muy cansado…esos niños han salido más inquietos de lo normal, hoy casi matan al pobre de Jaken, como suelen hacer casi siempre que se quieren divertir con él…

- Supongo que en eso se parecen a Rin…- Dijo recordando a su mujer cuando tan solo era una pequeña niña y causaba tantos dolores de cabeza al demonio sapo.

- Sí creo que sí…- Una risa maternal adornó los labios de la youkai.

De pronto apareció Yoko, quién llevaba unas vasijas en las manos. Hizo una reverencia para saludar al Lord y lo miró por unos instantes. Por el aroma que se cargaba, Sesshoumaru sabía perfectamente que había estado en compañía de su hijo, además, ésta tenía un brazalete en una de sus muñecas que nunca le había visto. Yoko tenía una expresión bastante extraña en opinión del taiyoukai… era como si ella… ¿Le estuviera pidiendo permiso?... ¡Ya caía en la cuenta!… seguramente creía que por ser hija de una sirvienta del castillo no podría ser la pareja de su hijo… ¡Vaya que estaba rodeado de gente extraña!

Aunque si hacía una regresión, eso en un pasado y sin Rin, hubiera sido muy diferente… en fin…

Lo único que pudo hacer el Lord para relajar la expresión de la jovencita fue asentir levemente con la cabeza, ella pareció entender su rápido y corto mensaje y se retiró del lugar haciendo otra reverencia al Lord y despidiéndose de Moura luego de colocar en su lugar las vasijas que llevaba.

- Ya está lista el agua Sesshoumaru.- Dijo Moura con cariño.- Y dile a mi niña que le deseo una feliz noche.

- Se lo diré.- Y sin más se retiró del lugar.

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Sesshoumaru entró a la estancia y se dispuso rápidamente a cambiar el agua. Rin había salido de la tina que para esos momentos tendría el agua bastante fría, y se hallaba contemplando la estrellada noche por la ventana. El aroma de Sesshoumaru la inundó.

Ya ambos estaban en la tina. Sesshoumaru tomó una tela suave y vertió un poco de aceite en ésta para restregar con delicadeza el cuerpo de Rin.

Ella estaba de espaldas a él, sentada entre sus piernas.

- Rin…- Comenzó a jadear Sesshoumaru mientras acariciaba con dulzura el vientre plano de la mujer y hundía la nariz en su cuello.

- Dilo Sesshoumaru…- Rin sentía que… ¿Sería posible?

- Ummm...

- Mi amor… estoy embarazada ¿no?

- Sí preciosa…- Tiernos besitos eran depositados en el cuello de Rin mientras las manos del demonio viajaban ahora a sus senos.

- Kami… Sessh…- Ya comenzaba a agitarse con las caricias cada vez más ardientes de su demonio.

Las manos de Sesshoumaru se posaron en esa zona tan delicada y con mucho cuidado y delicadeza extrema hundió un dedo en las profundidades de su ser.

Rin se sentía morir entre sus brazos… sus sentidos ahora percibían por completo todos los aromas que podía expedir el cuerpo de su amado… estaba excitada y él también… era delicioso sentirlo de aquella manera… tan cerca… tan desesperadamente cerca mientras la acariciaba de esa forma tan dulce y apasionada.

Lo amaba cada vez más, cada vez más, era inevitable… estaba completamente enamorada de su esposo y aún le parecía un sueño que estuvieran juntos de esa forma luego de tantas cosas… muchas de ellas difíciles…

Finalmente le amor los había rodeado a ambos, habían caído presos del otro irremediablemente… ella se sentía cada vez más cautivada y sabía que él también… habían sido premiados con su amor y con sus hermosos hijos… no había nada más que ella quisiera y así llegaran a parecer las peores adversidades del mundo ante ellos, ambos sabrían enfrentarlos con su arma más poderosa, su profundo amor por el otro…

Rin no pudo evitar que unas lágrimas traviesas cayeran por su rostro a la vez que su placer la inundaba… sentir el amor y deseo de su esposo siempre la conmovía y llenaba de pasión… tantos sentimientos en un solo ser provocados por otro ser… eso era el verdadero amor…

Sesshoumaru jamás terminaría de agradecer a cualquier poder en la tierra que haya puesto en su camino a Rin… sin duda, sin ella, su fin habría sido el más terrible de todos, de eso estaba seguro… pero ella estaba con él… amándolo… entregándose a él de tantas maneras que no podría creer que un ser con esa naturaleza tan perfecta pudiera existir… porque para él era perfecta…

Solo ella… SU humana… por siempre…

Su deseo ya no le permitía jugar más con su pequeña, así que la acomodó rápidamente sobre él comenzando a rozar su entrada… preparándola…

- Cada vez te amo más Rin… no puedo vivir sin ti…

Ella quería decir algo también pero su deseo era más fuerte que cualquier cosa así que no dijo nada, solo jadeaba. Se acercó a él para besarlo con vehemencia… se sentía completamente sonrojada… como siempre… completamente suya…

El roce era cada vez más salvaje y pronto la hombría de Sesshoumaru se hallaba dentro de ella… tan profundo… moviéndose lento y profundo…

- Amo que me hagas el amor así…- Por fin se escuchó la voz de Rin.

- Jamás te irás… serás mía por siempre… aún cuando la tierra se acabe… tú seguirás siendo mía…- Eran gruñidos, una bestia que marcaba a su presa por toda la existencia.

El vaivén de sus caderas se hizo aún más lento pero más profundo… la semilla del inuyoukai se derramó inagotablemente en su interior mientras los espasmos de la mujer incluso la cegaban.

Rin se hundió en el pecho de su demonio mientras los temblores de su cuerpo cedían. Delicadamente Sesshoumaru salió de su interior y en brazos la llevó a su futón.

La recostó suavemente mientras la cobijaba entre las mantas y la abrazaba posesivamente.

- Tendremos otro hermoso bebé…- Rin habló muy bajito. Sesshoumaru sonrió como solo lo hacía con ella.

- Sí… Rin…- Acarició sus labios con una de sus garras.- Todo tu ser me pertenece…- Rin se estremecía con sus palabras, con la profundidad de su mirada.- Eres mía por toda la eternidad… únicamente mía…

Rin sonrió ante aquellas palabras. Quizá para otra persona sería muy molesto pertenecerle a alguien… pero para ella no… esa era su historia… no importaba qué vendría después porque ambos estarían juntos… por siempre…

- ¿Escuchaste Rin?- Decía el Lord clavando sus pupilas doradas en la castañas.- Por siempre, únicamente mía…- Y la besó con desesperación mientras intentaba comenzar otra ronda de amor.

Finalizado el jueves 28 de febrero del 2008 a la 2:44 am.


Se acabó y deseo de todo corazón que les haya gustado!

Mil gracias a cada una de ustedes... gracias por sus buenos deseos y el gran apoyo que me han dado... casi 200 reviews!!!... yo no puedo creerlo jajaja me siento feliz y algo triste de que la historia se terminó, pero seguiré en esto ni lo duden jajaja

Gracias, mil garcias y en especial a: Kurouka, HawkAngel XD, olga aurora, sonia sandria, Mitsuki Himura, marielita-san, kaoruchan, Sakuyah, Tsukino, carmenklis, Kurau, - Tenshi of Valhalla -, okashira janet, Atori-chan, haruno soraya, Sakuratsu-Sama, GeminiIlion, Marlita-chan, Momo-1990, kaoru-uchiha, lois, SuKiDa y para todas las que me leyeron pero que quizá no dejaron review xD a ver si se animan ahora!

Por ahora me voy, pero ya me tendrán molestándolas, una vez más gracias por el apoyo y cariño, y que todo les vaya bien!

Con cariño

CaritoAC