U-u! Aquí vamos de nuevo: esta vez, he tomado prestados los personajes de Tolkien, Legolas y Elladan, para escribir una fanfiction en que todos los diálogos estuvieran realmente en élfico (traducido), puesto que no hay ninguno por ahí adelante. Al menos, lo he intentado: con la lengua Sindarin, que es mi favorita y tb pertenece a ese pedazo de genio, pero no sé cómo me quedó. El caso es que la historia tiene un Slash por aquello de tener algo que contar pero que no viene muy al caso ni está insinuado en ningún lugar ni nada por el estilo: todo ha salido de esta mente pervertida.xDDD! Aún así, a quién le guste el élfico, creo que se lo recomiendo: los primeros capítulos están algo cortos y faltos de diálogo, mayormente por que es bastante difícil escribir en una lengua como esa, pero estoy trabajndo en los siguientes y creo que pronto lograré que sean algo más aceptables: críticas, palos, piedras, flores, piropos o aplausos, ya sabéis al botoncito morado que le tenéis que dar!!!!


Mîn tâd eirdhyn (Entre dos mundos)


Hacía algunas horas que la barca de Arien había partido hacia su travesía subterránea de regreso a la Tierra Media. Las estrellas parecían brillar más intensamente que nunca en el aterciopelado manto negro que era la noche de Valinor, reflejando su gloria sobre las calmadas aguas del piélago, apenas ensombrecidas por algún que otro retazo neblinoso que no hacía sino ensalzar su inherente elegancia. Apenas había olas que lamieran las playas de Elendë, arena blanca salpicada de gemas centelleantes y construcciones marmóreas que sostenían trémulos fuegos de aspecto sagrado. Apenas se oía más que una brisa de aire glacial que cantaba desde el horizonte…

Sólo había una figura que daba la espalda al Reino Bendecido aquella noche. Alta y pálida constitución, de ligeras ropas blancas y vaporosas, cabellos de seda dorada almendrados ojos azules fijos en el lejano horizonte, dónde la oscuridad parecía más insondable para quién no tuviera los ojos de un elfo.

No había movimiento en aquel cuerpo tan parecido al de cualquier otro de los Primeros Nacidos, aunque indudablemente joven, en comparación con todo lo que le rodeaba; tampoco había luz en aquellas pupilas que escudriñaban el fin del océano, la cruel extensión por la que su espíritu vacilaba y el aura que debía mostrar su porte, como un orgulloso recuerdo de su linaje, se volvía más y más tenue conforme pasaban las horas.

Nadie había ido en su busca. Nadie se había percatado de su ausencia.

La fiesta anual en honor a Eru Ilúvatar había dado comienzo pocos días atrás, y los tres clanes de los elfos, incluidos los Noldor exiliados que habían regresado y habían recibido el perdón de los Valar, celebraban su grandeza sin preocuparse ya nunca más del mundo exterior que Melkor había dejado tan maltrecho.

Pero Legolas Hojaverde no podía olvidar con tanta facilidad…

Un soplo de aire le arrancó un suspiro, agitando levemente sus mechones rubios y la tela de sus ricos ropajes albos. El aire traía, de más allá del mar, el eco de una voz que habría deseado volver a escuchar una sola vez más…

Le velin…(Te amo…)

Las dulces palabras élficas, en su idioma natal, le llenaron el alma como un agradable sorbo de miruvor. Pero la reconfortante sensación que le invadió tan efímeramente pronto murió, devastada por la pena: sus ojos se llenaron de lágrimas y, sin que hiciera el más mínimo movimiento, liberaron sobre sus mejillas la sangre de su desgarrado corazón. Apenas tomó una bocanada de aire, el lamento huyó de sus labios como un quedo susurro de moribundo:

-Meleth nîn…anman awarthannech nin? (Amor mío…¿por qué me has abandonado?)

Sus párpados fueron de pronto más pesados que el plomo y cayeron, velando sus irises de azur eterno mientras dos nuevas muestras de su agónica aflicción se precipitaban hacia las plateadas arenas de las Costas Guardadas.

Y, cuándo impactaron sobre ellas, deshaciéndose en un millar de pedazos de cristal barridos por el viento, el sol amaneció en su recuerdo sobre las copas de los árboles del Bosque Negro, su primer hogar…allí dónde, aún siendo príncipe de los Sindar que allí habitaban, y todavía un niño entre los suyos, había entregado su cuerpo y su alma a alguien más, para el resto de sus días...


Y bien?? El siguiente capítulo, que subieré probablemente con este, será un flashback. Lo aviso por que me consta que es algo desconcertante al principio...