ADVERTENCIA: Continuidad alternativa. Diverge de la serie a partir
del episodio 24.

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SINFONÍA PARA EL DIABLO

Por Daniel Snyder
Versión castellana de Miguel García
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La lluvia caía como granallas en la noche de Hokkaido. Era abril,
lo que alguna vez había sido primavera, y el olor de la lluvia en
el centro de la ciudad, hacía poco reconstruido, lavaba por igual
el pavimento y el aire. La gente salía pese al aguacero, caminando
por la ciudad en busca de diversión y camaradería.

Una pareja joven caminaba del brazo. Ella vestía un impermeable
blanco abotonado al cuello. Con una mano impedía que basculase
en su cadera el bolso color rojo vivo, con la otra sostenía el
paraguas sobre las cabezas de ambos. Él llevaba chaqueta deportiva
y pantalones caqui. Se hacía tintinear ausentemente las monedas
en el bolsillo. Aunque los dos eran visitantes en la ciudad, él miraba
de un lado a otro, mostrándose inquieto, mientras ella caminaba con
paso decidido.

Se detuvieron fuera de un bar. Ella le dijo:

--Este es el local del que me habló Junko-san. ¿Entramos a ver
qué tal?

--Sí, por qué no --contestó él--. "Mark's"... ¿será el nombre del
dueño o algo así?

Ella asintió:

--Junko-san dijo que era extranjero. --Oyó por un momento los
sonidos provenientes del interior, luego añadió--: Pero no parece
lleno.

Quedaron en silencio, víctimas de su propia indecisión, antes de que
ella preguntara directamente:

--¿Entramos?

--Sí, por qué no --dijo él, repitiendo su veredicto anterior.

Ella sacudió la lluvia del paraguas, luego volvió a tomar el brazo
de él. Entraron.

El bar en sí estaba iluminado de manera casi dolorosa. La
decoración interior consistía de mesas blancas, sillas blancas, una
barra blanca, paredes cubiertas de espejos, e incandescentes luces
blancas. Los ojos de la pareja fueron atraídos por los únicos colores
del bar. Una corrida de botellas ocupaba la repisa detrás de donde
el barman servía tragos a una aglomeración de oficinistas. Hablaban
distendidamente en grupos de tres y cuatro.

--¿Buscamos una mesa? --preguntó ella, tratando de distinguir
dónde se hallaban las sillas en el entorno de blanco sobre blanco.
Al no recibir respuesta, lo punceteó con un dedo--. ¿Toji?

--Me lleva el carajo --dijo él--. ¿Sabes quién creo que es ese de allá
al final?

Este era claramente el rezagado, el invitado a última hora y casi
al pasar. Vestía de manera idéntica a sus colegas de traje opaco.
Traía el pelo castaño oscuro más desordenado que el de sus
compañeros. Encorvado sobre su trago, parecía estarse sujetando
al vaso para evitar fundirse y escurrir por el piso.

--¡Dios mío! --exclamó ella--. ¿Shinji? ¿Ikari Shinji? ¿De verdad
eres tú?

Él se volvió ante el sonido de su nombre, esclareciendo la pregunta.
Sus ojos, azules como el cielo al amanecer, no habían cambiado en
media década. Se volvió y saludó con una seña, sonriendo; volvió
a sentarse, mirando de reojo a sus colegas, luego se volvió hacia la
pareja una vez más.

--¡Hikari! ¡Toji!

--¡Hola, Shinji!

Los dos ya se habían adentrado en el bar. Shinji por fin se puso
de pie y les hizo una reverencia, y casi se dio en la cabeza con el
hombro de Hikari cuando ella lo abrazó. Mirando a Toji en busca de
ayuda, se encontró abrazado también por su mejor amigo, perdido
hacía tanto. Tras un momento de indecisión, Shinji a su vez los
rodeó con los brazos.

--Shinji, tantísimo tiempo sin verte. Cinco años, ¿verdad?

--Ehh... Todos nos perdimos la pista después del colegio. Así que
sí, ya van cinco años. Mira tú. --Rompieron el abrazo, y Shinji se
enderezó la corbata--. Parece que no fuera tanto tiempo, ¿cierto?

Toji y Hikari empezaron a conducirlo a una mesa, y Shinji dijo por
sobre un hombro:

--Kacho, ellos son viejos amigos míos, perdonen que me separe de
ustedes. --Se sentó frente a la pareja mientras Toji ayudaba a Hikari
con el impermeable--. No salgo mucho con los compañeros del
trabajo... Lo que me recuerda, leí en internet que tu libro va a ser
traducido y publicado en el extranjero. Felicidades.

--Gracias --dijo Hikari. Vestía un kimono color lavanda con un patrón
violeta de flores estampadas. Shinji recordaba a medias haberlo
visto antes, y se preguntó si sería una herencia familiar. Hikari
continuó--. ¿Has tenido oportunidad de leerlo?

--No, lamentablemente no.

--¡Jefe! --le gritó Toji al cantinero--. Una botella de sake, ¡y del
bueno, si es tan amable! --Le sonrió a Shinji--. Esta noche se
celebra, Shinji. Cinco años ya. Hay que ver cómo han cambiado las
cosas.

--Sí, noto que ahora tienes una especie de deformidad facial.

--Se llama bigote.

--¿Seguro? --dijo Shinji, sonriendo--. Me pareció que era espuma
de esa cerveza casera que trataste de hacer en el último año del
colegio.

--Pues no, no lo es. --Toji se sonrojó mientras Hikari intentaba no
reírse--. Pero bueno, hace años que no trato de hacerla. ¡Mira,
llegaron los tragos!

El cantinero dispuso una bandeja con una botella de sake y tres
tazas choko. Toji llenó con mano experta cada taza casi hasta el
borde. Brindaron a la buena salud y bebieron. El sake les supo seco
en la boca y les dejó un ardor tibio en el estómago. Toji suspiró.

--Ahh, se siente la calidad. Es del bueno. Hikari y yo nunca
gastábamos en buen trago cuando estábamos en la universidad.

--Ah, ¿así que fuiste a la universidad? --inquirió Shinji--. Me acuerdo
de que pasaste por un período en que hablabas de hacerte
carpintero o constructor, o algo así.

--Toji estuvo estudiando francés un tiempo --dijo Hikari--, y todavía
estamos tratando de entender por qué. Pero terminó con un título
en lo que llamaron "biodinámica", que no es biología pero tampoco es
educación física.

Toji asintió:

--Después de todo por lo que pasó mi hermana..., yo creo que me
gustaría aliviar un poco el sufrimiento de otra gente. Hasta el último
momento, ella fue una niñita alegre, valiente. Nunca voy a saber
cómo lo lograba, pero lo lograba. Ahora que tenemos algo de plata,
puedo empezar a estudiar para sacar la licencia de terapeuta físico.

--Es muy bueno oír eso. Buena suerte, Toji. --Shinji desplazó su
atención a Hikari--. Y tú estudiaste literatura. Me acuerdo de que
cuando salió tu primer libro, guardé el artículo del diario...

--¿Ese? --dijo Hikari en tono displicente--. No era más que una
novela corta y unos cuentos que junté mientras estudiaba. Con toda
sinceridad, Shinji, este libro va a ser mi primer libro de verdad. Lo
planeé, lo escribí, y yo siento que es lo que un libro de verdad tiene
que ser. En mi corazón, este es el número uno.

Se interrumpió mientras Toji le llenaba la taza, y todos bebieron.
El ambiente estaba mucho más distendido que apenas un momento
antes, resulta del sake y del humor de los degustadores. Hikari
aseveró:

--No nos has hablado de ti, Shinji. ¿Y?

--¿Ah? ¿"Y" qué cosa?

--¿Y, se juntaron alguna vez tú y Asuka?

Todo volvió a él, los recuerdos como LCL bullente. El dolor de esa
noche --hacía casi cinco años exactos, se percató-- se alzó dentro
de él. No podía ocultar de Hikari y Toji una expresión de
descontento, pero podía contarles una verdad a medias.

--Perdón. Se me había olvidado que el "¿Y?" y que preguntes por
Asuka van de la mano. --Se rieron con eso, como él había esperado
que hicieran, y se apresuró a continuar--. Asuka y yo no hemos
hablado desde que salimos del colegio. Ahí se fue de vuelta a
Alemania. No le escribí y ella no me escribió a mí. En eso quedó
todo.

--Ah, qué pena...

Hikari fue interrumpida por Toji:

--Gracias al altísimo. Ustedes dos no hubieran llegado a ningún lado.

--¡Toji!

--¡Es verdad! ¡Es verdad! Después que la ONU le quitó el poder a
SEELE y a NERV, Asuka con Shinji ya no tenían nada en común.
No se podían ni poner de acuerdo en si le echaban cerdo o vaca a
la comida, ¿cómo iban a poder tener una relación de verdad?

--Toji, en todo el tiempo que te conozco, tú nunca has entendido a
Sohryu Asuka Langley. Ahora bien, ella necesitaba a alguien en su
vida, y Shinji siempre ha sido la persona precisa para ella.

--Claaaro. Como costal humano, para pegarle. Eso buscaba la
demonia en una pareja.

--Toji, cielo, por favor no le digas demonia. Ella no es demonia.

--Ese no era un cintillo el que tenía en el pelo, ¡eran cuernos!

--No eran cuernos.

--¡Sí eran! Shinji, dile que eran cuernos.

Shinji exhibió una sonrisa paupérrima.

--¿Se acuerdan de cuando ustedes dos nos decían "Los casados"?
--dijo--. ¿Los dos están casados, no?

--Comprometidos --dijeron al unísono.

Shinji asintió, pero cambió el tema:

--Mandé solicitudes a las universidades que el orientador me sugirió.
Me aceptaron en un par. Elegí una de Kioto porque fue la primera
carta de admisión que llegó. No... no puedo decir que la haya
pasado bien o mal allá. Me llevé bien con mis compañeros de
dormitorio; eran bien tranquilos. Uno era guitarrista clásico, e hice
un par de presentaciones con él, tocando dúos que le ayudé a
escribir.

"Empecé a tomar cursos de psicología. Tal vez había sabido
siempre que tenía un desastre en la cabeza, y quería alguien que me
ayudara, o a lo mejor caí ahí por accidente. Pero ahí quedé. Cuatro
años de mi vida, y saqué la licenciatura en psicología. Me gustaba,
me gustó el trabajo. Conocí gente interesante e hice algunas cosas
interesantes. No creo haber destacado en eso ni nada, pero no
estaba mal. No, no más para mí, gracias, Toji.

"En el último año de universidad, me di cuenta de que tarde o
temprano iba a necesitar trabajo. Así que fui a una feria en la
universidad, de empresas que buscaban gente. Había una empresa
ahí... Tengan, dejen que les dé una tarjeta. --Shinji les pasó a Hikari
y Toji una tarjeta por encima de la mesa--. Obana Limitada, es
solamente una empresa de publicidad. Alguien leyó el currículo que
les dejé y pensó que un piloto de Evangelion haría bien de vocero,
para la empresa o alguna de nuestras cuentas. Bueno, yo no soy
muy fotogénico ni nada, así que eso no resultó. Me dieron un cargo
como empleado ejecutivo y me transfirieron acá a Hokkaido.

--¿Qué clase de trabajo haces ahora? --preguntó Hikari.

--Hasta hace unos meses, era responsable de mirar por la ventana
todo el día y firmar cualquier cosa que aterrizara en mi escritorio.
Después la empresa consiguió un contrato con un centro turístico,
unas termas, orientadas a la tercera edad. Para todos en Tokio la
cuenta era un estorbo, así que la mandaron a Hokkaido, donde me la
tiraron encima a mí.

--Unas termas --prorrumpió Toji--. Shinji, ¿no será el Centro de
Salud Hanagata?

--Ajá.

--¿Me estás diciendo --dijo él--, que TÚ eres el tipo al que se le
ocurrió la medusa que canta opera?

--Yo soy --declaró Shinji--. Incluso escribí la melodía de la canción.

--¡Estamos en presencia de un genio! --dijo Toji--. Hikari, tengamos
un bebé y pongámosle Shinji. ¿Qué dices?

Hikari se rió. --¿Y si es niña?

--Le ponemos Medusa. Shinji, eres un genio. ¿Y de ahí qué pasó?

--La plata mueve al mundo --dijo Shinji--. Me han empezado a llegar
proyectos de verdad. Es más, justo hoy terminé mi trabajo con el
monorriel de Kobe que están planeando. Supongo que soy un éxito
como publicista. Esa es mi historia.

Pasó un momento de silencio, luego Hikari preguntó:

--¿Pero no te has mantenido en contacto con nadie de antes?

--No, con nadie --contestó Shinji--. Asuka se volvió a Alemania
después de sacar el título en la Kantou Daigakku. Mi padre sigue
encarcelado en Nuremberg. Supe de Kensuke justo antes de que
empezara ese curso intensivo de inglés que estuvo tomando, para
poder reunirse con la capitana Ibuki en Nueva Amsterdam...
¿Conociste a la capitana Ibuki, Hikari? ¿Sí? Qué bueno. Y Rei...
Nunca supe qué le pasó después de la invasión de la ONU. Podría
estar en cualquier parte, no sé dónde. Esa es la única gente que
yo conocía, en realidad.

Shinji terminó el resto de su sake. Toji dijo:

--Busquémoslos.

--¿Eh?

--Mírenlo de la siguiente manera --dijo--. Shinji, recién terminaste
con tu coso del monorriel de Kobe, y Hikari, reina, esta era la
última parada de la gira del libro. Yo todavía no me inscribo en las
clases de terapia física. Hagámoslo. Vamos a buscarlos a todos.

Hikari empezó a decir, "Te volviste loco, Toji", pero al tratar de
explicarse por qué, no pudo encontrar un motivo. Más aún, por loco
que se pudiera haber vuelto Toji, tenía razón: era el mejor momento
para reflotar viejas amistades. Al otro lado de la mesa, frente a ella,
la mente de Shinji funcionaba como la de Hikari. Ahorrándole la
molestia de sacar su propia conclusión, ella dijo:

--Sí. Hagámoslo.

--Pero... Pero...

--Toji tiene razón, Shinji --le dijo Hikari--. Tú sigues siendo piloto
Evangelion. Dile a tu jefe que necesitas una semana para tener una
reunión con los demás pilotos. No te van a poner ningún problema.

--...Me imagino.

--Y no te olvides, cuando salga mi próximo libro tendrá que haber
una campaña publicitaria grande. ¿No dijiste que la plata mueve al
mundo?

Shinji asintió, muy despacio. Sonreía:

--De acuerdo. Hagámoslo.

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